Cuando votar no significa elegir, o de la trampa del madurismo con unas elecciones inconstitucionales.

Por @nancyarellano

La democracia consiste en poner bajo control el poder político.

Karl Popper

Hoy no hay democracia en Venezuela. Ha habido elecciones, pero el sistema no está siendo implementado. La ganancia en 2015 del parlamento trajo consigo dos violaciones constitucionales: la creación de la Asamblea Nacional Constituyente por medio no constitucionales y la arremetida del Tribunal Supremo de Justicia contra el poder legislativo. A eso se suman: presos políticos, vulneraciones a la inmunidad parlamentaria y amedrentamiento y amenazas a los diputados electos democráticamente.

A este escenario se suma la celebración de una elección viciada del presidente de la república, con la sola intención de hacer permanecer a Nicolás Maduro en el poder. Lo que ha significado el secuestro frontal del poder ejecutivo: la usurpación. A ello, devino el vacío de poder que pasa, constitucionalmente, a ser llenado por el presidente de la Asamblea Nacional: Juan Guaidó.

Nicolás Maduro ha apagado al sistema y la guardia pretoriana que lo protege, cuida celosamente que no se encienda el motor democrático: las elecciones directas, universales, secretas, con participación de todos los factores, con observación internacional y con un ente rector imparcial y electo constitucionalmente. Elecciones con condiciones. 

 El gobierno interino, es el último eslabón de la democracia constitucional; por mandato de la constitución vigente y en un escenario donde la articulación de los factores por el fin último, no debe admitir distracciones. No hay “media democracia”, el motor democrático está encendido o apagado.

Los fallos que admite la democracia jamás serán de legitimidad de origen. O se es producto de una elección que es constitucionalmente habilitante, o no hay democracia. Cualquier “negociación” que parta de celebrar elecciones amañadas, poco transparentes y sesgadas elimina cualquier posibilidad de que entre combustible al motor democrático. Lo contamina.

La democracia es el sistema que Venezuela ha decidido darse; así lo establece la tradición  constitucional del siglo XX y XXI y por ello nuestra causa debe permanecer incólume ante quienes quieran con partidos secuestrados, un CNE ilegítimo, una Asamblea Constituyente írrita, un usurpador en el ejecutivo y un TSJ sesgado; generar un disfraz de democracia. No, no nos haría ningún bien pretender asumir ir a un evento que ultraje el proceso de inicio a fin y que no garantice que la voluntad de los venezolanos sea debidamente respetada. 

Sería un suicidio que la dirigencia que dice saber de política, convoque a las masas a legitimar a un proceso claramente anti democrático. Sería absurdo que hoy dijeran que hay que pagar la deuda electoral del legislativo, cuando aún no se ha pagado la deuda con los venezolanos sobre el ejecutivo desde el 10 de enero de 2019. 

El gobierno interino ha estado llenando un vacío de poder que hay en el ejecutivo y la prioridad tiene que ser elecciones presidenciales, tanto como deben celebrarse las de la Asamblea. Si amparamos unas elecciones sobre la segunda deuda electoral, sin considerar la primera: están legitimando a la usurpación.

¿Qué posibilidad de democracia puede nacer en esas condiciones? Solo un pacto interesado por quienes pretendan hacerse un lugar en el poder de facto que hoy mantienen, no solo quienes acompañan a Maduro frontalmente, sino aquellos que, ligados al narcotráfico y al terrorismo trasnacional, hacen uso de las plataformas del Estado y canalizan el uso de la fuerza para-estatal con la complacencia de quienes deberían proteger a la nación de tan peligrosas amenazas. Es una componenda que atenta contra los DDHH, el Estado de Derecho y la vida de cada uno de los venezolanos.

No podemos admitir una democracia elástica que se adapte a las ambiciones de quienes cooperan para su destrucción. La democracia tiene un límite claro: los antidemócratas. Y con ellos, no hay espacio de acuerdo posible. Empezando porque acuden a medios prepolíticos (la violencia) para el control social y porque desconocen el primer pacto de la nación: la constitución; que es la garantía de tus derechos ante el poder que supone el Estado y su fuerza coactiva. Lo único que puede “acordarse” son las condiciones de entrega, de rendición. Como ante cualquier secuestro, ante cualquier transgresión a las normas y frente a la autoridad competente. 

Venezuela merece volver a ser democrática, nosotros merecemos volver a la Venezuela de las posibilidades. Y no podemos conformarnos con menos, porque es elegir la nada.

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