Democracia directa e indirecta: necesario distinguir. #Opinemos

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En resumen, muy vago, pero que sea un punto de partida:

a) Democracia directa: Es aquella democracia donde las decisiones y el gobierno, lo tiene directamente el pueblo, y la ejerce a través de asambleas. Es el caso de la antigua Grecia (con las salvedades del otorgamiento de ciudadanía) y es, lo que, básicamente, propone el Estado Comunal.Estas democracias también pueden tener un ejecutivo, el cual se divide el poder con las asambleas territoriales.

b) Democracia indirecta: es aquella que se ejerce a través de representantes (democracia representativa).

Hay 2 tipos

1) Indirecta participativa: Aquí hay varias formas efectivas de participar para la ciudadanía, una es el plebiscito (consulta ciudadana) Ej: Bolivia, Francia, Venezuela.

2) Indirecta no participativa: La gente tiene 3 formas de participar

a) Sufragio.
b) Militancia en partidos políticos: para operar las demandas en la arena política. Son actores políticos.

c) Grupos de Presión Social: Son los que alzan causas y ejercen presión tanto a partidos, como a gobierno.  Son actores sociales.

¿Qué creen ustedes, y por qué es conveniente?

 

El carnaval bajtiniano en la democracia de Venezuela por @nancyarellano

Carnaval Solana


 

El único crimen consiste en ser superficial.

Todo lo que se comprende está bien-.

La reiteración de esta frase irrita, pero es reveladora.

Jean Cocteau

Agarro de mi biblioteca libros de venezolanos, latinoamericanos, europeos y americanos.  Hojeándolos, para ver si rememoro alguna fórmula estudiada, sólo logro recaer en la invariable aseveración: la realidad no tiene teoría, pero la teoría sigue brindando claves para entender a la realidad.  Las ciencias sociales son un fenómeno a posteriori, por ello, hurgar en mis libros, no dará respuestas precisas sólo indicios para entablar un diálogo.  Por tanto, sigue siendo la única forma racional de deconstruir y construir la realidad; porque, espero, me permita hallar indicios de cuáles serán las preguntas correctas en una conversación con el que me lea.

Digan lo que digan, no puedo sentirme a gusto con la realidad actual de mi país, o de varios países en estos momentos, tampoco puedo conformarme con las escuetas y dudosas aseveraciones que salen por los medios tradicionales o informáticos.  Unos están atravesados en las calles, otros celebrando carnavales.  Yo, y supongo unos cuantos más en el medio, intento trabajar, leer, pensar y escribir.  ¿Somos todos parte del mismo carnaval?

Pretendo escribir esto sin sobresaltos guiados por el twitterror o, pretendiendo, que no soy parte del carnaval bajtiniano, ése que se vive, no se “especta”.  Aquí haré un inciso, por lo interesante de la teoría de Mijail Bajtin (1895-1975) sobre “lo carnavalesco” y porque, guiada por Bajtín, puedo aserverar que estamos ante la celebración más auténtica de lo carnavalesco en Venezuela.  Me explico:

En su ensayo Carnaval y Literatura, el ruso Bajtín asevera que lo carnavalesco está omnipresente en los grandes clásicos y que su significado ha venido banalizándose luego del renacimiento, pasando de “una forma de espectáculo sincrético de carácter ritual” a “mascarada o, aún peor, bohemia vulgar”.  Mi lectura de estos días atiende al concepto, retomado por Bajtín, del carnaval.

Su punto de partida, desde el análisis de las civilizaciones griega y romana, es que lo carnavalesco ha estado presente de forma arquetípica en la literatura, y en la vida por tanto, para significar la libertad; al colocar todos los universos de la vida humana en un mismo nivel de discurso, al eliminar barreras sociales, morales, y todo límite a la interacción de elementos.  Lo ejemplifica con los famosos Diálogos de Platón: la simbología típica del diálogo abierto en plaza, arena propia de lo carnavalesco y popular, de contrastes burlescos (para la época) como mujer-sabia, la supresión de la distancia entre la aristocracia- pueblo, la disminución del personaje (Sócrates) haciéndolo familiar, aproximarlo al interlocutor (escucha-lector), humanizarlo; la ironía socrática, dice, “es una risa carnavalesca reducida”.  Caso similar de carnavalización es el Nuevo Testamento de la Biblia; donde “Jesús dialoga”, trayendo elementos carnavalescos: Dios-hombre, eterno-mortal, pobre-rico, todos en un mismo lugar como excusa para un mensaje sin los límites cotidianos del orden “normal”.  Así, lo carnavalesco se constituye en una suerte de manipea frontal en el elemento dialógico y muestra el carácter universalizante de la carnavalización como profusión discursiva de elementos conjugados a un mismo nivel: liberador.  Se trata de la suspensión temporal de la coerción cotidiana.

¿Y por qué a un mismo nivel?  Primero debe entenderse que “Todos sus participantes son activos, todos comunican en el acto carnavalesco”.  Y cuando dudo, si formo parte o no del carnaval venezolano, Bajtín me responde: “No se mira el carnaval y, para ser más exactos, habría que decir que ni siquiera se lo representa sino que se lo vive”.  Así que solamente con advertirme en presencia de él, formo parte.  ¿Pero por qué decir que estamos ante lo carnavalesco?  Porque, desde mi punto de vista, lo carnavalesco es propio de la democracia latinoamericana, más aún en un orden subvertido y con la presencia de medios diversos para interactuar (redes sociales, teléfonos celulares, prensa, tv y radio); donde se han roto todos los esquemas tradicionales de orden social preestablecido.  La democracia venezolana ha venido mostrando características que la carnavalizan, regreso a Bajtín, quien señala que “se comienza por invertir el orden jerárquico y todas las formas de miedo que éste entraña: veneración, piedad, etiqueta, es decir todo lo que está dictado por la desigualdad social o cualquier otra (…) quedan abolidas también todas las distancias entre los hombres, para reemplazarlas por una actitud carnavalesca especial: un contacto libre y familiar”.  Si algo hay que reconocer del gobierno venezolano post 1999, es que eliminó todo orden jerárquico, acercando a ese contacto “libre y familiar” propio de lo carnavalesco.  Y admitiendo, por tanto, que todos los elementos discursivos tomen voz en la arena pública.

¿En qué se traduce eso? Toma la palabra Bajtín, “es una especia de vida al revés, un monde à l’envers” porque, así como en la profusa simbología de lo carnavalesco, la mutiplicidad de interlocutores en democracia popular traen mensajes disímiles y de contraste.  Y con ello “el pathos de la decadencia y el reemplazo, de la muerte y el renacimiento.  El carnaval es la fiesta del tiempo destructor y regenerador” porque el carnaval es una suerte de revolución del orden establecido.  A diferencia de los tiempos político-sociales, el carnaval,  tiene un término, un fin.  Por ello el viejo rito carnavalesco de la coronación del bufón, tiene ya la destitución.  “La entronización contiene ya la idea de la destronización futura: es ambivalente desde el comienzo”  Básicamente porque el carnaval nace y muere, así toda la significación de sus símbolos.  Y para hacer honor a sus contrastes “Se entroniza lo contrario a un verdadero rey, se entroniza a un esclavo o un bufón, y ese hecho esclarece en cierta forma el mundo al revés carnavalesco”.  Así  “todos contienen en perspectiva la negación y su contrario” y trae consigo los mensajes más legítimos.  Prueba de ello, lo carnavalesco en Don Quijote de la Mancha; donde el noble que combate molinos de viento trae consigo un mensaje contundente, la razón es Sancho. “El carnaval festeja el cambio, su proceso mismo, y no lo que sufre el cambio” por ello los molinos son excusas, Dulcinea o Sancho.  Porque su mensaje es el proceso mismo, el viaje hacia Ítaca de Odiseo, no así el destino. “Es por así decirlo no substancial sino funcional” como dice Bajtín.  Aquí la democracia ha de ser el viaje.

“El carnaval no conoce la negación ni la afirmación absolutas” tampoco la democracia, que no es una meta sino un camino de dispares que crean el espacio, la arena de convivencia.  “Si la ambivalencia carnavalesca se borra en las imágenes desentronizantes, aquellas degeneran en una simple denuncia negativa, de carácter moral o socio-político, que se desarrolla sobre un solo plano y pierde todo valor artístico”  Esto, es lo que ocurre en el carnaval venezolano cuyo escenario debe garantizarse como popular y amplio.  Y hay que recordar que  la imagen no es ambivalente; el poder es obtenido por elección popular, más allá de la presidencia, en una multiplicidad de cargos; y sus ocupantes profesan virtudes distintas y símbolos constrastantes.  En la actualidad no hay proceso de in-desentronización carnavalesca (sólo viene a mi memoria el 2002, con Carmona, sí como ejemplo del proceso carnavalizante de la política nacional).

Así que no podemos permitir que la crítica al gobierno nos sitúe en “La Oposición” (como brazo actor de la Derecha, proimperialista), pero tampoco que el estar de acuerdo con las políticas del gobierno nos vuelva “oficialistas acérrimos y comunistoides”; porque ni toda crítica nos hace opositores, ni todo aplauso nos muta en progobierno.  La crítica es el único ejercicio viable para el ser pensante que se encuentre fuera del campo de acción de la política en poder.  En un sistema democrático, la libertad supone eso, el ejercicio de nuestras aficiones y aptitudes; definitivamente las mías no versan sobre la evasión o la guarimba.  De aquí que mis palabras estén escritas para darle espejo no a los opositores radicales, tampoco a los chavistas a ultranza, sino a muchos venezolanos trabajadores que creo sienten que algo falta en nuestro país más allá del rojo rojito, o del azul azulito, aunque conteniéndolos.  El carnaval también nos representa, en la manipea obra que se desarrolla en nuestras calles y debates.

Más allá de la visión del chavismo, o de la oposición, creo que en ambos extremos, cuando son extremos, hay falacias, hay errores.  Tampoco considero que tengo la verdad, si pudiese argüir alguna característica, es la humildad con la que asumo el no tener todas las respuestas, no sabría decir cuáles.  Eso es lo que más me perturba de sendos bandos, en manos de sus voceros más furibundos; unos alegan poder resolver los problemas con el socialismo; aún sin delimitar, más allá de algunas vagas directrices compiladas en el Libro Azul de Chávez, qué significa exactamente este modelo que no ha logrado poner coto a desmanes de pequeños grupos con intereses egoístas que, sin plegarse a un pacto social desarrollista y nacionalista, han desangrado la finanzas estatales sin contribuir a la productivización de la nación.  Otros, alegan poder resolver esto con las fórmulas más trilladas del neoliberalismo contemporáneo, recetas manidas y que se han mostrado inviables para una realidad rentista como la venezolana; donde hay tanto en qué invertir socialmente para lograr la movilidad social, donde hay tantos que merecen la igualdad de oportunidades en igualdad de condiciones.  Sería un absurdo pretender volver sobre las fórmulas de los 70´s o de los 90’s.  Hay que asumir la contemporaneidad de la situación venezolana.

Vuelvo con la manía de los libros… Sartori afirma que “la civilización occidental es una civilización superior (…) siempre y cuando delimitemos esa tesis a la “buena ciudad” (civilidad) y a los valores ético-políticos que la sustancian.  Indicando, no obstante, cómo pueden confirmarse las preferencias de valor”  Menciono a Sartori porque él refiere esto a la preferibilidad de la democracia.  Y carnavalesca como es, en el sentido bajtiniano, la creo preferible por la abundancia de sus argumentos y presupuestos, porque su arena sigue siendo la calle donde un Sócrates buscaba ser partero de la verdad.  Creo que ambos bandos formalmente están de acuerdo en ello.  Luego, es comprensible que, cuando hablamos de civilidad, hablamos de la “vida libre en ciudad” la visión del ciudadano, aquél que está sometido a la autoridad de las normas, no de individuo alguno.  El primer caso es ciudadano, el segundo es súbdito.  También hay acuerdo en ello en ambos bandos, se supone que la preeminencia del cumplimiento cabal, íntegro, de nuestra carta magna no está en discusión: una apuesta al “Estado democrático, social de Derecho y de Justicia que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”. (Art. 2 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela).

Finalmente, que el carnaval sirva para comunicar, se ha entronado al caos, ahora restituyamos el orden y sigamos el camino democrático.

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Añado: Un artículo interesante, y de donde tomé la imagen de carnaval: http://sociologiadisidente.blogspot.com/2011/02/carnaval-inversion-y-subversion-y-ii.html

Hay que pensar en el suelo que pisamos por @nancyarellano

En estos momentos que vive Venezuela nuevamente nos desconciertan las realidades enfrentadas. Por un lado el conflicto social es visto como un “orquestaje” político que hunde sus raíces en los intereses corporatistas trasnacionales; por otro, el conflicto es visto como una expresión popular que nace en el seno del descontento por la inseguridad vivida en las casas de estudio y que luego se amplía y magnifica en torno a las inconformidades, varias, en materia socio económica.  Pensar que sólo un bando tiene la razón es adolecer de la misma miopía que cada bando, al menos en los medios de comunicación, muestra.

No soy quién para decidir quién tiene la razón o quién posee la verdad.  En todo caso, la razón o la verdad, son un ejercicio más de ego que de la realidad social.  La armonía política es un tema de mesura, equilibrios y puntos de acuerdo; sustentados y con límites en la Constitución Nacional.  El problema en Venezuela, desde mi perspectiva, es de la creación y mantenimiento de espacios amplios para entrar todos.  Como dijera el grandioso Ruiz Pineda “pienso que en el suelo de la Patria, bajo nuestro cielo, cabemos sin estorbarnos, todos los venezolanos”  Y esta frase, responde específicamente, a un periodo de nuestra historia pasada que parece vigente.

Lo he dicho desde hace tiempo: la violencia es un medio prepolítico.  Llamar a la paz no es un acto de simple acatamiento.  Llamar a la paz no es un acto de sumisión.  Llamar a la paz no es un acto de cortesía, abulia, indiferencia o comodidad.  En un acto de conciencia cívica y de respeto.  No juzgo las razones que puedan tener los grupos que se hayan “rebelado” contra el gobierno que preside el ciudadano Nicolás Maduro, pero tiendo a preguntarme si realmente comprenden lo que es rebelarse contra un gobierno.  No es lo mismo rebelarse que protestar.  Rebelarse es el acto de “sublevarse, levantar a alguien haciendo que falte a la obediencia debida” por lo tanto desconocer toda institución del orden imperante; protestar, por otro lado implica exigir el cumplimiento de los deberes del Estado, pactados en la Constitución, y exigir el respeto de los derechos cívicos.  El primero suele estar unido a la resolución de acabar con el orden reinante; el segundo en corregir el desvío de conductas.  Repito: la violencia es un medio prepolítico que nos lleva al estadio salvaje.

Queriendo exigir condiciones, queriendo defender los derechos consagrados en la Constitución, parece que hay más personas en protesta que en rebeldía.  La protesta es pacífica, la rebeldía es armada.  Eso también debemos tenerlo claro.  Y la preocupación cotidiana que atañe a los problemas comunes, compartidos por sendos bandos, de inseguridad, escasez, inflación, desempleo y corrupción atienden a un desconocimiento del orden establecido y consagrado en la Constitución.  Necesaria es la corrección de conducta, no de modelo de Estado.  La protesta.

Estando claros de que el clamor generalizado dentro de la oposición es de fallo en la garantía de las condiciones de vida que nuestra Constitución establece; el rol de los actores sociales, hoy encabezado por los estudiantes, debe continuar con el ciclo democrático de enarbolarse en demandas políticas.  Recapitulo: de la protesta de los actores sociales, se pasa a las actuación de los actores políticos.  Si han de ser las juventudes de los partidos que lo sean, pero que sean personas dispuestas a traducir el clamor social en políticas públicas.  De lo contrario, todas las demandas quedarán como efímeras guarimbas en el medio de la calle.

El gobierno nacional es el gobierno nacional.  Confundir los fallos del gobierno con su deslegitimación es ignorar que el proceso electoral que da origen a la legitimidad de todos los gobernantes, incluidos los de oposición, es válido.  Ignorar que está establecido un periodo de “prueba” antes del revocatorio es ignorar a la Constitución de la cual están exigiendo su cumplimiento.  Cualquier observación a la metodología de elegir, legitimar o revocar debería hacerse en una solicitud formal de enmienda constitucional o bien en la solicitud de una nueva constituyente.

En este sentido, la única forma constructiva de capitalizar políticamente el descontento es a través de las organizaciones políticas, puesto que ellas, insisto, deben traducir las demandas sociales en políticas puntuales.  Así, la primera protesta si bien es contra el gobierno, porque es gobierno, también debería ir contra la inoperancia de las organizaciones políticas secuestradas por una élites que no cumplen su papel de oposición seria y democrática en el propio seno de sus agrupaciones.  Y no hablo sólo del papel del gobierno central, sino de los gobiernos locales; y no hablo nada más de gobierno y oposición nacional, sino también de locales donde PSUV es oposición y partidos de la MUD son gobierno.  La crisis en Venezuela es del “deber ser” y de quién debe hacer qué.

Estoy a favor de muchas cosas que dice el gobierno, estoy a favor de muchas cosas que dice la oposición.  No estoy en contra de todo lo que hace el gobierno, no estoy en contra de todo lo que hace la oposición.  Estoy en contra de todo lo que esté fuera del orden constitucional, y del país que dibujamos en ella.  Hablar de “derecha” vs “izquierda” en un país rentista es, y perdóneme quien así lo crea, tonto.  La derecha es amoral y por tanto no falla en sus “virtudes” puesto que no apela a ellas; la izquierda moralista, vela por el bien, y tiene más que perder, dado que su “moralidad es su talón de Aquiles” (como dijo G. Sartori en su libro La Democracia en 30 Lecciones) puesto que sus fallos la vuelven hipócrita.  Si se me pregunta creo que hay izquierda y derecha en gobierno, con las particularidades caribeñas y rentistas, y hay izquierda y derecha en la oposición.  En todo caso ambas están atadas por la Constitución y ésta es democrática y de corte social.

Mi reclamo hoy día, porque como ciudadana siempre tendré reclamos, es la falta de pertinencia de muchas políticas, la falta de articulación para los fines que están dispuestos en la Constitución, y para las pretensiones desarrollistas y soberanas.  Espero que la protesta expresa en calles, y la silente en casa, espero que la protesta roja, amarilla, azul, verde y negra, sea recogida y efectivizada por los actores políticos.  Si no, la oposición nunca cumplirá su papel democrático de apuntador al gobierno y éste no podrá materializar los correctivos necesarios e imposibles de asumir desde el poder.  ¿La razón? Son poder y creen hacer lo debido.  Justamente por los peligros que supone estar en el poder es que la oposición existe en todo sistema democrático.  Su utilidad o inutilidad está en ver y aprovechar la capitalización del clamor social; así mismo con los gobiernos a la escala que sea.

¿Creo en la guarimba? No.  Es el espacio ideal para generar violencia.  ¿Creo en la pertinencia de la protesta social? Si, organizadamente y actores políticos que viabilicen resultados.  ¿Rebelarse? Es un medio prepolítico.  Recordemos que los golpes los dan los militares, los civiles IMPOSIBLE.  La razón es simple: cuando se da el pacto social que constituye al Estado, se da la renuncia a las leyes naturales que nos permiten el principio de preservación.  Un golpe es retroceder en nuestra evolución como país democrático.  ¿Excesos en la Guardia Nacional? Deberán ser juzgados y responsables como ha sido en el Táchira, con el General Noel Darío Bermúdez Pírela, quien fuera destituido por el Alto Mando Militar.  Las leyes militares hacen responsables penalmente a los funcionarios por sus actuaciones de forma individual.  Aquí la responsabilidad es compartida: Gobierno, Oposición, Empresarios y Medios de Comunicación.  El resto, sí son víctimas que claman orden.

En este país hace falta orden.  Más caos sólo trae frustración. Hay que pensar en el futuro que queremos, hay que pensar en el suelo que pisamos.

El llamado es a la Paz, trabajo, coherencia y pertinencia.  Somos todos responsables de lograr el país que queremos. ¡Alerta! Toda trasgresión al orden democrático es una violación a la Constitución, no hagamos lo que no deseamos que nos hagan.  La violencia sólo genera violencia.

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La pasión paciente de Hanni Ossott #Literatura #Venezolana

Hanni es una de esas poetas y ensayistas que crean adicción con el soberbio peligro de ya no estar presente, por ello las dosis deben ser bajas pero suficientes para dejar macerar la multiplicación de su arte. Ése que por esencial e inacabado, también se viste de infinito. Sin más, algo de Hanni.
………
Hanni Ossott

LA PASIÓN PACIENTE

El arte es un sacramento fundado en lo carnal.
THOMAS MANN
Hay un poema hermosísimo de Kavafis, llamado Ítaca, que puede explicarnos la relación de la literatura con el erotismo. En este poema, Kavafis nos habla de un largo viaje que debemos emprender a Ítaca y nos dice que lo retardemos en lo posible, pues en la travesía encontraremos las más finas mercancías, el esplendor del coral, ébano y perfumes. Ítaca es el cese, el fin. La muerte. La literatura y el erotismo son la travesía, el espacio de la riqueza. El tiempo otorgado a la seducción, la gran aventura del cuerpo y del alma. Ítaca no es el goce. Por ello, eros y muerte se hermanan. Lo importante en la literatura no es terminar un libro, sino vivirlo, hacerlo, pulsarlo. El tiempo empleado en su elaboración, las caricias, la lentitud en sus correcciones, la vibración en su relectura, constituyen la máxima expresión de su eros.
El final es Ítaca, la muerte del amante y el comienzo del lector. Toda obra de arte verdadera surge al amparo de muchos dioses, pero sin eros no hay obra. Esto nos lo enseñó Platón en El banquete.
Existe también un cuento de Borges que nos habla de ello. Se llama Las ruinas circulares. Se trata de la historia de un hombre que quiso soñar a otro hombre y después de numerosos fracasos, soñó con un >>corazón que latía<<. Ese hombre soñó (creo) desde el centro de la pasión, pero es preciso saber retardar la llegada a un centro de concentración y consumación. Se trata de una paciencia en la pasión y en la seducción por la palabra. La literatura es cuerpo, es carnalidad vuelta alma y espíritu. El eros de la literatura es un viaje y un canto hacia un centro improbable, un centro intuible que va haciéndose en travesía, en los encuentros y en la escucha de otro. Eros y amor.

Ossott, Hanni. “La pasión paciente”, en Cómo leer la poesía. Caracas: Bid y co. editor, 2005.

Suicidio popular por @nancyarellano

No puedes hacer una revolución para tener la democracia.

Debes tener la democracia para hacer una revolución.

Gilbert Keith Chesterton

G.K. Chesterton era un distributista inglés que creía en una tercera vía entre el capitalismo y el socialismo, decía que era injusto que los pocos tuvieran la propiedad de los medios de producción, como en el capitalismo; pero también que era igualmente injusto que la propiedad estuviese centralizada en unos pocos burócratas del Estado, como en el socialismo. Por tanto la opción era un camino medio donde “los muchos” pudiesen tener derechos de propiedad sobre la riqueza, una mayor distribución de los medios de generación. Se garantiza un sistema de redes entretejidas de producción donde se evita el monopolio.

Realmente en Venezuela la discusión versa no tanto sobre el tema ideológico, del derecho de los muchos a acceder a los recursos, en tanto que fines deseados de la política económica, como de praxis político-económica. Lo que a muchos nos preocupa del llamado Socialismo del Siglo XXI, ya en sí mismo de dudosa definición, no es tanto sus consignas de igualitarismo como su falta de coherencia entre postulados y práctica; y lo remanido de muchas de sus consignas que tienen un tufo de fracaso en el siglo XX.

Catorce años no han sido suficientes para dejarnos entender bajo qué esquema lógico se establecen las directrices de la política en materia económica, o cuál es el entramado jurídico que sustenta la viabilidad del proyecto “revolucionario” o cómo ellos quieren que realmente esos cambios, afianzados en programas sociales, perduren en el tiempo.

¿Por qué digo esto? Porque si bien las misiones tienen un fuerte contenido social plausible, necesario, esencial para garantizar la equidad en la sociedad venezolana; éstas distan mucho de lograr ser soluciones eficientes a los problemas nacionales. Por supuesto que educación, salud, alimentación y vivienda son cuatro ejes cardinales de cualquier gobierno social; pero las transferencias directas que suponen las misiones, sin garantías de autosustentabilidad, les hacen el instrumento perfecto de manipulación política. “¡Si no votas por mí, te eliminarán el Mercal! ¡Ellos acabarían con Barrio Adentro! ¡Olvídate de la vivienda si gana la oposición” etc etc etc”

¿Pero es que cuánto quieren a su pueblo como para no terminar de hacer de Mercal un aparato productivo con raíces propias, o de Barrio Adentro un plan asociado a la seguridad social por ejemplo? ¿Quién tocaría a Mercal si ello implicara directamente un sector productivo de cooperativas, pequeñas empresas y miles de empleos directos que son receptáculo de los egresados de las misiones o de las universidades bolivarianas? ¿Quién tocaría Barrio Adentro si los mismos trabajadores y las empresas, con sus aportes mensuales, son los que financian el sistema? ¿Para qué eliminar Misión Vivienda si éstas están financiadas por la banca y luego los beneficiarios acceden a ellas con créditos preferenciales que pagan con el sudor de su frente; o si se generara empleo directo con las construcciones porque es mano de obra 100% venezolana?… ¡Eso sí sería revolucionario! ¡Eso sí sería soberano!

Hoy el pueblo venezolano está dividido, prácticamente en dos toletes. El pueblo apunta al pueblo para destruirlo, destruirse. Es un suicidio popular donde todos perdemos por igual. Hace falta mucha falta de sensatez para desviar la mirada hacia las implicaciones que tiene el desconocer a la mitad del país, sea chavista-madurista u opositora. la democracia contempla a las minorías; su base cualitativa porque son personas, no números; que la llamada izquierda –tradicionalmente “marginada”- ahora en el poder- sí es incluyente… (Pero que también hay izquierda en la oposición aclaro)

Sólo veo más de los vicios que tanto criticaban, y cada vez se han ido afianzando las burdas formas de democracia cuantitativa que pisa la dignidad de nuestro gentilicio.“¿Qué es la democracia sino un conjunto de reglas para la solución del conflicto sin derramamiento de sangre” dice Shapiro y Cordon; o, y es la que más me agrada, Democracia como “poliarquía” como dice Dahl, donde se “requiere de la presencia de funcionarios electos, elecciones libres y competitivas, sufragio inclusivo, derecho a competir por los cargos públicos, libertad de expresión, existencia y disponibilidad de información alternativa y autonomía asociativa en tanto que elementos esenciales a la democracia”

 

Autores como Schedler hablan de los retos de la democracia, y mencionan por ejemplo: la personalización de la política, la descentralización del poder estatal, la introducción de mecanismos de democracia directa, la reforma judicial, el alivio de la pobreza y la estabilización económica.

Hipocresía política por @nancyarellano

 El hombre honrado es el que mide su derecho por su deber.

H. Lacordaire

 

No pretendo hablar de candidaturas. En este particular día no puedo obviar el hecho de que estamos en un país donde la sensibilidad se ha confundido con sensiblería, la política con elecciones de “reinas”, el servicio al prójimo con tácticas de marketing, y, en fin, toda clase de artilugios que dan fe de una mediocridad imperante; que ahora vitupera cualquier cosa que busque ser formal, consciente, racional, técnico, o producto de la inteligencia puesta en ejercicio.  Se alaba “lo informal” por “popular”… ¿Pero es que acaso el temita de lo “popular” no es lo que hace del consumo masivo irracional y alienante? ¿No estamos frente al consumismo indiscriminado de “popular” como si ello implicara magníficamente el “valor” de lo imperfecto, improvisado, falso y sin rumbo?  Eso no es un valor. Si mi pueblo necesita educación, necesita hablar mejor, necesita tecnificarse, necesita trabajos de calidad, necesita movilidad social… superarse.

Yo quiero a mi pobre pueblo, pero jamás querré a mi pueblo pobre. Así que esa sensiblería –me disculpan la palabra- ridícula de pensar que la pobreza dignifica, es absurdo. La pobreza física presenta retos, pero la pobreza mental de políticos que quieran perpetuar la pobreza física, es sólo producto de la indolencia y la actuación vulgar; de la politiquería.

Y quiero entonces recordar, porque siempre termino allí, a los griegos y todo ese sistema de conocimiento integral sobre el hombre y sus dinámicas universales que, sintetizada en la Paideia helénica, aún me deja boquiabierta.  El areté –palabra de difícil traducción- era algo así como “valor, prudencia y justicia ligados a la sabiduría”; según nos da a entender el filósofo Platón.  Éste era un valor ciudadano, una búsqueda de todos los hombres e implicaba una educación que portara consigo la creación del hombre integrado a la sociedad como parte de un ecosistema en equilibrio.  Otra lección admirable es que lo que no conocemos por la vía del pensamiento es meramente opinión de los hombres, y es inútil realmente; como dijera Parménides.

¿A dónde quiero llegar? Al simple hecho de que nuestra sociedad actual, y no me quedo sólo en Venezuela, está plagada de contradicciones y se impone un sentido común, sin sentido lógico.  Unas dinámicas intestinas donde se compran voluntades y se venden conciencias; y sufrimos necesidades materiales y vacíos espirituales.

“Lo que no conocemos por la vía del pensamiento es meramente opinión” por lo tanto, no podemos fijar nuestro destino en la opinión de nadie, ni dejar que nuestra libertad esté en manos de opinadores cotidianos que además hacen “leyes”. Doxa (opinión) Vs Episteme (conocimiento). ¿Qué buscamos en esta vida? ¿Qué busca usted en este artículo, en esta página, en esta hora? ¿Ananké? (Felicidad) quizás busca algún indicio de que es posible lograrla; de que el país no se volverá un espacio de guerra diaria donde asalten a las personas a las seis de la mañana y a punta de pistola, porque hay cola. (esa es la opinión… porque “hay cola”; no es porque NO hay autoridad, porque NO hay justicia o porque NO hay gobierno local, regional y nacional… No. La “lógica” es “porque hay cola, porque se es mujer, porque se tiene el vidrio un poco abajo”.

 Cuando tomo en mis manos el libro, al que siempre recurro, de Werner Jaeger “Paideia” extraigo reflexiones sobre las dinámicas humanas que datan de hace 2400 años; y me pregunto, confieso que con algo de angustia, ¿Por qué no hemos aprendido? ¿Cómo hemos olvidado? ¿Por qué tienen el poder un puñado de gente que no tiene sensibilidad social y conciencia de función política? ¿Por qué no hay servicio en la política?

Los temas de trascendencia, los temas sobre las búsquedas humanas más íntimas, sobre los valores que nos llevan a aprehender el bien, la justicia, el amor, la templanza, el equilibrio, la mesura, la honradez, la sabiduría, la destreza, las habilidades… la búsqueda de la felicidad y la paz. ¿Dónde están en medio de tantas necesidades materiales y tan poca preocupación efectiva por brindar el campo para que “lo justo” ocurra con todo nuestro pueblo, nuestros niños, nuestros ancianos, nuestros recursos naturales, nuestra flora y fauna? ¿Por qué el poder no sirve para hacer a esta sociedad más justa? ¿Por qué siempre hay conformismo?

Aquí muchas veces la clase media está sobreestimada y la clase baja subestimada; por ambos bandos.  Comiencen por respetar al otro, tomándole como espejo. Si usted desprecia al otro, sólo puedo decirle que se desprecia a sí mismo. Si usted no ve qué valores hay en el otro, si no es capaz de ver que la profundidad de Parménides eriza tanto como la de Gualberto Ibarreto o la señora de la panadería, entonces usted no posee sensibilidad; sino la misma sensiblería de las novelas que venden shampoo de noche por la televisión: usted no tiene alma. No sirve para la política.

Esto lo veo todos los días, y me duele; porque Venezuela sigo creyendo, lo tiene todo. Pero a nuestros dirigentes, les falta lo esencial.

Finalizo con Lacordaire otra vez: “La libertad no es posible más que en aquellos países donde el derecho predomina sobre las pasiones”

Mi twitter: @nancyarellano

Entre tiempos jurídicos, tiempos políticos y el cultivo de peces por @nancyarellano

 

“En el juicio del pasado ante el futuro,

las memorias contemporáneas son los testigos,

 la historia es el juez, y el fallo es casi siempre una iniquidad,

ya sea por la falsedad de las declaraciones,

por su ausencia o por la ignorancia del tribunal.

Afortunadamente, la convocatoria sigue abierta para siempre,

y la luz de nuevos siglos,

proyectada desde lejos sobre los siglos transcurridos,

denuncia los juicios tenebrosos”

 

 Luis A. Blanqui

 

Cuando hablamos de Blanqui, es imposible no traer a la Comuna de París a colación. Pero no caeremos en su análisis por la inutilidad que presenta frente a nuestro tiempo político, y es que el mismo Blanqui dice “El hecho consumado tiene una potencia irresistible. Es el destino mismo” así que hablaremos de lo que ocurre hoy, ahora, aquí: el presidente Chávez fue electo para gobernar como presidente y, por ahora, no está presente. ¿Poder popular? Pues hablemos como pueblo.

 

Intento separarme de cualquier afecto hacia una tendencia política, y busco, evitando tropezar con inconsistencias, hacer un análisis de cuál es el lugar exacto y momento preciso en el que nos encontramos. Advierto al lector que no se trata de qué hizo o dejó de hacer la burocracia estatal a lo largo del siglo XX o XXI, sino de cuál es el deber ser y con qué contamos.

 

Venezuela sufrió un cambio importante en el S. XX.  Con Gómez se inicia una tesis desarrollista de la nación. El fin del Estado es procurar “ordenar” las capacidades y “crear” instituciones que superen los personalismos caudillistas –pese a ser él  mismo el “Gendarme necesario” o el “loquero” imprescindible; pero se comprende que la coacción –el poder de las armas- debe estar en manos de hombres que defiendan un valor superior.  Básicamente, aunque de forma rudimentaria y con las limitaciones del Gral. Gómez y el momento, se “enseria” al país. Luego vino una serie de profundizaciones que pusieron nombre y apellido a las aspiraciones nacionales y se perfiló un proyecto lo más acabado posible, buscando que la Institucionalidad se fundamentara en La Constitución. ¿Esto se logró cabalmente?

 

La pregunta es válida. Y más que válida, necesaria.  A prácticamente 100 años de ese proyecto de “orden” y “desarrollo” del país hemos logrado avances, eso es innegable, sean de donde vengan las opiniones.  El llamado sistema puntofijista trajo consigo el camino de la democracia, desarrolló infraestructura y apertura cultural, insertó la idea de una industria y amplificó el espectro político nacional –con las consideraciones y errores de un país que empezó a “pensarse” en el siglo XX, y tan es así que llevó al poder a un hombre como Hugo Chávez, quien luego de un intento de Golpe de Estado –por la razones válidas o inválidas- hizo campaña electoral en 1998 prometiendo además destruir a la Constitución que le llevaría al poder, pues califica a ésta como el centro del sistema “decadente” de la llamada Cuarta República.

 

Lo interesante de analizar someramente estos cien años de vida republicana (1913-2013) es que encontramos una tesis asociada al poder como “política de reparto justo” y es que ésta ha sido la bandera esgrimida por todos los gobiernos hijos de todas las constituciones que, si somos sinceros,  han tenido como aspiraciones unas ideas de “justicia” y “equidad” más ligadas a un poder capaz de distribuir la riqueza nacional que a generarla, al menos eso nos indica la práctica. Insisto en que tenemos que reparar en más que los discursos o propaganda política, para juzgar con algo de sensatez intelectual.

 

Pero aún estamos lejos de ser el país potencia, la economía boyante o la sociedad armónica que nos imaginamos merecer, y es que el descalabro que en varios momentos hemos vivido, responde a una falta de conciencia política real, -pongo el calificativo de real porque no se trata de las “palabras bellas” ni de “bálsamos de sábila” hechos de frases.  Se trata de que los libritos llamado “constituciones” no son poemas para enamorar, son pactos que deben comprometer a nuestra sociedad para consolidar un terreno fecundo para la generación de riqueza social y económica.  Nuestro principal capital no puede ser el petróleo, debe ser el talento de los venezolanos, asumiendo al petróleo como nuestro principal producto apalancador de una diversificación que permita expandir nuestras capacidades humanas.   Calidad educativa, una terapia de “electrochoques” a la conciencia venezolanista, por tanto patriota. Educar en la escuela, la calle, la casa; educar a la administración pública, la empresa privada; educar por todos los medios, de todas la formas, a todos los actores para la convivencia democrática.

 

Los gobiernos tienen que hacerse responsables de los males hechos, pero sobre todo de las fallas de una perspectiva centrada en el desarrollo banal de las potencialidades de nuestro país. Así, se centraron en la creación de “obras” y rápidamente descuidaron las bases humanas de la Gran Obra.  Muchos olvidaron que los edificios no sirven a los edificios, sino que son para ser habitados y su utilidad dependerá del uso que hombres y mujeres den a las instalaciones; así, parques, plazas, liceos y universidades. Particularmente creo que esto se asocia con algo que dice J. S. Mill,  La regla es hacer responsable a un individuo del mal que hace a los otros; la excepción, comparativamente se entiende, hacerle responsable del mal que no les evitó.”  ¿Eficiencia o nada? Sí. ¿Pero es que acaso eso se logra con una oficina de supervisión? ¿Se logra en un escenario de polarización social y política?

 

El tema social no es agenda nueva, aunque su visibilidad actual es sin precedente, pero ha sido la palabra usada como sable por generaciones de “políticos” a lo largo y ancho del país. El problema deviene cuando la “agenda social” se centra únicamente en “dar” cosas. Y aclaro que digo “únicamente” porque ¡claro que hay que darlas!, pero también hay que pedir a cambio. ¿A qué me refiero? A que no se puede ser absolutamente materialista, como tampoco absurdamente espiritualista. No se admite ser absurdamente revolucionario, como tampoco inútilmente conservador. El tema está en combinar la innovación material que imponga la renovación espiritual. El cambio que se advierte como movilizador y transformador del caos para dar paso al cosmos.  Dar el pescado, enseñar a pescar y que ¡Pesquen! Y luego… ¡que inventen un nuevo modo de pescar! Pero además que pesquen… ¡cultiven peces!

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Volviendo a Mill, él decía que “La verdad, en los grandes intereses prácticos de la vida, es ante todo una cuestión de combinación y de conciliación de los extremos; pero muy pocos hombres gozan del suficiente talento e imparcialidad para hacer este acomodo de una manera más o menos correcta: en este caso será llevado a cabo por el procedimiento violento de una lucha entre combatientes que militan bajo banderas hostiles” Y es que el peligro de la hostilidad es que no permite el aprovechamiento de los recursos disponibles, del talento complementario, sino que procura la indiscriminada lógica de la arbitrariedad para prejuzgar las capacidades de compromiso, utilidad e inutilidad de los talentos, por no decir lo peor: de los hombres y mujeres que no son vistos como útiles, sino como utilizables…; Y es que el escenario polarizante de modo abstracto -y de la política de contraste sólo superficial- crea una tensión anímica suficiente para desgastar cualquier intento prescriptivo de revolución como sistema de mejoramiento social sostenible y sustentable, mata cualquier intento de vanguardia real. Pues trae consigo el efecto de imponer tiempos políticos útiles sólo como ejercicio desde el poder, y ésos no se imponen, surgen hacia el poder para transformarlo. Son estallidos producto del cansancio de los músculos tensados por un tiempo imprudencial; porque, volviendo a Blanqui, el hecho consumado es el destino. Y los antecedentes inmediatos colocan en el centro de la dinámica la necesidad de la generación de una vanguardia genuina que sea conciencia prospectiva, producto de ver la riqueza y pobreza del ayer y el hoy, una que no busque ser sistema sino “moscardón que despierte a Atenas”; no guiada tanto por las formalidades de un libro-receta que, lamentablemente, nunca ha estado en real uso. Y voy más allá, y es que los tiempos jurídicos los dictan los juristas, pero los políticos los dictan los pueblos.

 

“Fueron hombres de otro cuño

los que han hecho de Inglaterra lo que ha sido;

y hombres de otro cuño serán necesarios

 para prevenir su decadencia”

 

 J. S. Mill (Sobre la Libertad)

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La nueva torre de Babel está en curso por @nancyarellano

Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno,

y todos estos tienen un solo lenguaje;

y han comenzado la obra,

y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer.

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“Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda la que habla su compañero.” Y se crearon las lenguas, y se desunió el pueblo; dejaron de construir la Torre de Babel y abandonaron la Ciudad. Hay quien dice que esa torre es lo que hoy conocemos como el zigurat de Etemenanqui en la antigua Babilonia, pero quién sabrá la verdad sobre el hecho. Lo que sí podemos afirmar es que, en efecto, la lengua pareciese una de las cosas más importantes para hacer de un pueblo, pueblo. La lengua en ejercicio, es decir, la comunicación es el aglutinante por excelencia, porque viene a significar pasado, presente y futuro de una nación que comparte costumbres, historia y deseos: cultura y metas.

Nos reconocemos los unos a los otros como compañeros en la lucha por erigir una nueva torre de babel que, sin desafiar a Dios, quiere desafiar a las fuerzas dominantes en el orden mundial. Tenemos que hacerlo en nombre de la justicia, en acto justo frente a los dones que hemos recibido en tierra, mente y espíritu. ¿Podremos?

Es necesario luchar frontalmente contra los males de una sociedad llevada por la banalidad, cosa que va desde el show mediático hasta el ya mentado consumismo. Pero no me refiero al manido discurso contra “El Imperio” sino al simple hecho de empezar a acumular “cosas” por el simple gusto de llenar vacíos en nuestras vidas. Y hago esta aclaratoria porque la trampa del consumo abarca incluso el consumo irrestricto de “nociones” para llenar los vacíos intelectuales o sentido: identidad. Y peor aún creemos que la identidad se hace en el rechazo, en el contraste, y no en la unidad, en la construcción.

La perversión de este tipo de consumo es que es tan alienante como aquél del que tanto se hacen banderas en contra, el de esclavizarse con la compra de cosas. El tema aquí de mayor importancia es que el consumo enajenante de ideas, termina por escindir al individuo y resquebrajar a la sociedad de la que forma parte. Se pierden entonces criterios para distinguir la verdad vivida, experimentada, necesaria, de la verdad dada como cápsula –e incluso ajena, importada-.

Venezuela sigue siendo un país de “la periferia” como dijeran las teorías desarrollistas desde 1950 en adelante. Los países industrializados o de primer mundo, llevan la batuta del consumo mundial; mientras que la periferia, somos las economías  rezagadas desde la perspectiva tecnológica y organizativa; contamos con una heterogénea estructura productiva y nos centramos en productos primarios (petróleo, hierro, aluminio etc).  La tan mentada teoría “centroperiferia” atribuida al argentino Prebisch, que hizo ver que la relación entre las regiones disímiles (de los países poderosos y los demás) es una brecha creciente que tiende a ensancharse, pues aquéllos manejan nuestras economías al establecer los términos de intercambio del comercio internacional. Además de, por supuesto, procurar la situación de ser ellos la “demanda” (quienes compran) que controla los precios de la “oferta” (quienes venden) es decir nosotros.  En los años 70 se buscó entonces “afectar” ese orden de cosas con “la sustitución de importaciones” buscando procurar el desarrollo de una industria nacional, procesando nuestra materia prima y abasteciendo al mercado interno. Pero… los costos de implementar tales modelos sin la debida precisión, y precaución, se tradujo en intentar erigir la Torre de Babel para desafiar al cielo sin hablar la misma lengua entre nosotros. Así se cayó en la terrible década pérdida que, tras el Viernes Negro de 1983 para Venezuela, termina con las medidas económicas de 1989, vuelta a nuestra esquina “periférica” dependiente del FMI.

Desde hace algunos años el presidente Chávez vino hablando de que “Nuestro norte, es el sur” buscando reavivar la idea de que seamos nuestro propio centro y periferia, constituyendo un bloque y procurando hacernos de los ladrillos que erijan una nueva Torre de Babel. Si bien algunos proyectos ambiciosos se han mencionado con este fin, no es menos cierto que seguimos siendo la “oferta” del consumo directo de los países desarrollados; por un lado porque es del petróleo que se financian todos los proyectos nacionales y nuestros compradores son justamente los líderes de consumo mundial: China y EEUU. (los cuales tienen un negocio completo entre mano de obra barata el primero, patentes industriales el segundo; bonos del tesoro el primero sobre el segundo y mercado de consumo masivo el segundo que enriquece al primero) Conclusión: Ellos sí tienen “centroperiferia” mutua. (Si es bueno, malo, qué pasa con sus poblaciones, es algo que prefiero dejar por fuera; por razones varias). Por otro lado se esquiva la necesaria transferencia tecnológica necesaria para avanzar en tan ardua tarea y se elude la tarea urgente de diseñar modelos que promuevan la eficiencia en la ejecución de proyectos, simple lógica de castigo y premio a quienes entorpezcan o favorezcan la gestión de los recursos para los fines planteados.

El punto al que quiero llegar es que nuestro proyecto nacional de liberación cultural y económica, o proyecto nacionalista de independencia, soberanía, antiimperialismo etc… no puede ser posible a menos que comprendamos las ventajas comparativas que tenemos como nación y se tomen con manos firmes, colectivas, las medidas necesarias para ello. Desde nuestra ubicación geoestratégica, pasando por nuestros recursos naturales, siguiendo por el potencial turístico, y continuando por nuestra extensión territorial y unidad lingüística y cultural: hablamos la misma lengua y tenemos nuestra propia realidad civil y democrática.

No obstante tenemos una población pequeña, la mayoría dedicada a la burocracia estatal (1)  y no al campo productivo; más allá de discutir si la propiedad de los medios de producción debiera estar en manos del Estado de la forma que hoy está, lo cierto es que ese aparataje productivo adolece de tecnología que permita optimizar costos, procesos encauzados a la eficiencia y estándares de calidad que propendan a la exportación de productos terminados que se ubiques eficazmente en los mercados regionales y permitan hacer del Bolívar una moneda fuerte, más que en títulos. ¿Usted quiere que el dólar no sea un tema diario? Empiece por favorecer la diversificación de las exportaciones, para ello hay que trabajar.

¿Pero cuál es el problema? El problema es que nos hemos dedicado al consumo indiscriminado de las palabras, y no hemos digerido las ideas. Hemos deglutido ideas hambrientos de sentido y no hemos comprendido la responsabilidad común que implican.  Nos hemos embriagado de discursos y proclamas, y no hemos reparado en la sobriedad necesaria para llevarlas al campo de acción. Hemos visto que somos un país con menos del 10% de la población total del llamado “enemigo del norte” y nos hemos dedicado ha hablar distintas lenguas, enfrentados inútilmente, para “erigir” la Torre de Babel que ponga a temblar al que nos supera en 1000% de tamaño. Eso, sin hablar de China.

¿Acaso creemos que podemos fabricar suficientes ladrillos con un pueblo dividido? Sólo nos condenamos a terminar abandonando la ciudad, y dejando el zigurat a medio hacer… Empecemos por hablar venezolano.

Les invito a seguirme en twitter: @nancyarellano

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(1) Aclaro el punto de “Burocracia Estatal” como término extendido:  explico, la nómina estatal ocupa más de 2.558.131 personas (21,3% de la población ocupada) -digo más porque esa cifra es 2011 así que está ya un poco desactualizada). Ésa es la nómina directa. Ahora bien, si tomamos las cifras del INE para noviembre 2012 la población del sector formal es 7.313.064. Si pensamos cuánto representan esos 2.558.131 de los 7.313.064 tenemos que es el 35% (34,9%)…  Y eso considerando al sector formal cuyo concepto abarca a todo el que ” labora en empresas que tienen cinco personas empleadas o más, tanto del sector público como del sector privado. También se incluye a los trabajadores por cuenta propia profesionales universitarios.”

Es decir, “trabajadores por cuenta propia” y “profesionales universitarios”…. ¿Para quién trabajan muchos de ellos? ¿Acaso no trabajan muchos para “empresas” que luego brindan servicios de “tercerización” para el Estado? … el petróleo es la gasolina de este carro…  (Por ejemplo: http://www.aporrea.org/oposicion/a149932.html)

La “economía privada” es una economía satelital de la economía estatal, por lo cual, finalmente se forma parte de la “burocracia estatal” (por ejemplo, el caso de las proveedoras de PDVSA que caían en mora cuando la estatal no pagaba a tiempo, esto impacto en 2009 -si mal no recuerdo- en el caso de las cartas de crédito de la banca privada, las empresas adolecen del mismo problema que un ministerio o instituto del estado (si no le han bajado recursos, se complica la cosa).  De hecho sería interesante analizar como se han “burocratizado” sectores como la educación universitaria, la banca privada, e incluso las empresas mixtas.  (Jerarquías verticales, procedimientos largos e ineficientes, cuotas de poder por escalafones etc)

Quizá no apunté a precisar los términos de la burocracia estatal medular y la satelital; pero ésta en conjunto supera a la mitad de la población ocupada en el sector formal, creo que eso es innegable…  ya que el 95,42% de los ingresos totales del país (fuente BCV 2012) son producto del petróleo (empresa estatal). Es decir, la economía viene “movida” por el Estado; los demás están sujetos satelitalmente al aparato burocrático para poder percibir de ese ingreso, ya que “propiamente” no lo producen. Y digo “producen” porque “ganan dinero” pero no “generan riqueza”. Las empresas satelitales empiezan a “crecer” burocráticamente,incluso contratando personal que atienda a la burocracia estatal (caso de departamentos de licitaciones, encargados de “finanzas” dedicados a Cadivi, Sitme, o departamentos de cobranzas abocados a las gestiones con las estatales)… papeles, papeles y más papeles…

Oxígeno vital en la política venezolana por @nancyarellano

Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia,

el derecho a no tolerar a los intolerantes.

K. Popper “La Sociedad Abierta y Sus Enemigos”

Claro, no se puede confiar ciegamente en nadie. Tampoco en Popper quien en su propio texto tiene ciertos parcialismos que lo alejan de la crítica descarnada. En este sentido, seamos tolerantes con Popper porque alega por la tolerancia con los tolerantes. Así que, sin pretender auscultar en este Karl por liberal, ni tampoco en el otro, pues hablemos de ese valor manoseado y tan poco entendido como la tolerancia en un país como el nuestro. No pretendo, así que detenga su lectura aquí si eso es lo que desea, hacer un tratado teórico-académico del tema. Pretendo hablar, esbozar en realidad, sobre el énfasis político que debe ser comprendido finalmente. La tolerancia en efecto es un valor. Pero no un valor moral –como el de las “señoras” que se dan golpes de pecho por los pobres en la iglesia, y luego piden a los obreros que tomen agua en sus casas con pitillo- sino el valor que abraza éticamente a la persona para hacerle vivir principios complementarios como “igualdad” y “solidaridad”. No podemos entender a la tolerancia si no comprendemos antes que se trata de una tríada inseparable. Una que no se usa en palabras, como si fuese una gorra a llevar en la playa, sino que se ejercita cotidianamente.

Alguna vez escuché en una conversación entre adultos, estando en esa curiosidad infantil que aún no logra aprehender muchas cosas, que en Venezuela lo que se buscó con la guerra de la independencia no era tanto la libertad –entendida como la posibilidad de que los venezolanos criollos se dieran su propio gobierno y leyes- sino la igualdad. En aquel momento no entendí mucho de qué se trataba, hasta que pasando unos añitos, en la adolescencia, fui pupila del que fuese un gran historiador, Vinicio Romero Martínez –guarde el lector por favor cualquier consideración sobre la vida del que fuera mi maestro en historia, y preserve sólo la imagen de investigador incansable que efectivamente fue el hijo de otro grande, Adolfo Romero Luego-. Vinicio me introdujo en ese mar de piezas inconclusas que es la historia de nuestro país, de su mano fui desde Leonardo Chirinos hasta Páez y el nacimiento del sistema republicano que impera hasta hoy. –No nos dio tiempo de más, por razones que todos ya saben-. El hecho es que Vinicio, y su esposa Carmen, me adoptaron una temporada para que comprendiera la historia de nuestro país, de su mano aprendí que las luchas en Venezuela no iban ni por el tema de rechazar a la Corona por Corona, sino por pretender excluir a buena parte de la gente de aquel tiempo. Los esclavos y campesinos, los mestizos, y pobres se suman a la lucha independentista por la promesa de la igualdad. Claro que aquello implicaba la obtención de la libertad, pero ante todo la idea de que todos éramos los mismos; por ello la exclusión no cabía, y por tanto la tolerancia debe regir la dinámica social. Hoy día además, luego de la profundización de valores en nuestra sociedad, se comprende que la igualdad y la tolerancia traen coletilla: la solidaridad. Ese entendimiento ha fallado a lo largo de nuestra historia, la tolerancia ha sido sustantiva –no ejercitada- y la solidaridad ha sido precaria –endilgada muchas veces al Estado únicamente.

Entender a la tolerancia como “aguantarse al otro” es caer en la hipocresía de la señora de los pitillos, pues no se trata de disimular el desagrado por otra persona, sino “abrazar la diferencia” prestando oídos, escuchando, al otro para entenderlo. Es un ejercicio de apertura que implica poder abrirnos dentro de la escala de valores que signamos en nuestra Carta Magna, como pacto social, -y que aclaro son valores presentes en varias de nuestras constituciones, por si hay dudas- porque forman parte de nuestra identidad como nación producto del mestizaje y movilidad social. ¿O es que la Caracas mantuana alguien cree que existió como aristocracia real? Sería ridículo que un país cuya riqueza es “obra y gracia del Espíritu Santo” (como país rentista, minero y petrolero) los que primero sacaron provecho de esa fuente intrínseca de dinero, sientan que son superiores a los que no han podido obtener tal lucro. Así mismo es casi ridículo pensar que con crear títulos de inclusión e integración de los pueblos indígenas realmente se les comprende, se ejercita cabalmente la tolerancia; y es que nosotros, los “Supanioros” (en Pemón “los que hablan español”) distamos mucho de comprender que tolerar implica respetar y que como sociedad mayoritaria, así nos ven, podemos protegerles –debemos hacerlo- pero no podemos absorberlos en un sistema que es ajeno a sus costumbres y que incluso amenaza sus orígenes y la preservación de su historia, costumbres y legado. Claro que deben estar representados para que nuestro sistema no los perjudique y tengamos contacto y nos enriquezcamos de su comprensión del mundo, pero la integración tolerante también implica respetar sus costumbres y la relación vital que tienen con una tierra que les convierte, además, en poblaciones de nacionalismo pluriestatal (caso de los Pemones de Kumarakapay, los Wayúu, los Barí, los Baniva, los Piapoko; entre otros). Hay que tener mucho cuidado hasta qué punto se ejerce un imperialismo criollo o tiranía de la mayoría.

Por supuesto no puedo finalizar el presente esbozo sin caer en el tema de la afrenta cuantitativa de quién es mayoría entre oficialismo y oposición, tampoco de quién es mayoría interna en sendos bandos; pero nuevamente apelo al valor ético en democracia de la tolerancia –que insisto siempre debe ser practicada entendiendo a la igualdad y la solidaridad- pues es indigno –éticamente- pensar en democracia como tiranía de la mayoría. Ya advertía Alexis de Tocqueville sobre ese peligro, al que encuentra cura con la ausencia de centralización definitiva “pues la mayoría nacional –Estado Central en nosotros- no tiene la idea de hacerlo todo”, unido esto a la libertad de asociación que “ha llegado a ser una garantía necesaria contra la tiranía de la mayoría” (Ver Democracia en América). La creación de fuerzas que sopesen el poder político, desde el poder político-administrativo local, y la admisión de fuerzas sociales que controlen al poder político desde el poder social. Su convivencia es un ejercicio de tolerancia, comprendiendo que su principio legitimador es la igualdad en el debate, y su ejercicio efectivo se da en la solidaridad, que lleva incluso, a su financiación –por supuesto que con los límites que impone la tolerancia democrática-.

¿Y cuáles son los límites? Pues vuelvo a Popper: la intolerancia. No se puede ejercer la tolerancia ante individuos o grupos que no crean en la tolerancia, que promuevan el odio, la afrenta, y por supuesto la desigualdad y la insolidaridad. Se trata entonces de grupos que va en contra de la paz social y, fundamentalmente, del Pacto Social que nos hace nación o, me atrevo a decir, un Estado Plurinacional, si queremos ser coherentes con lo que señalo sobre nuestros poblados indigenas.

¿Es idílico mi texto? No se trata de cuán cerca o lejos estemos de practicar a cabalidad estos valores democráticos; no se puede retornar a la senda a menos que tengamos la ruta, la meta y tomemos conciencia de nuestra ubicación actual. Insisto la práctica de la tolerancia, la igualdad y la solidaridad son indispensables para vivir en democracia, tanto como unos oídos que escuchen y una cabeza pensante que rompan la inercia del medio. Ésa es la fórmula del oxígeno vital para la política venezolana.

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