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EXTRAÑOS TOCAN A TU PUERTA por @nancyarellano

Reflexiones a propósito de la migración en suramérica y de la conflictidad social en torno como peligrosa propaganda política.

No pretende ser este un texto conclusivo, solo colocar el acento en algunos aspectos a veces poco comentados sobre la migración, la política migratoria y la gobernanza migratoria en el mundo contemporáneo.

«Las grandes mentiras producen grandes miedos que producen grandes ansias de grandes hombres fuertes»

Roger Cohen, en The New York Times citado por Bauman.

El “otro”, “nosotros vs ellos” categorías constantes en nuestra vida social. Desde la concepción de clase, raza… por no decir género o nacionalidad o, incluso, religión.  Estamos acostumbrados a un mundo de divisiones donde, irónicamente, somos cada día más interdependientes.

Entonces esos “otros” suelen tener un poder increíble sobre “eso” de lo que nos “sentimos orgullosos” porque siempre hay “algo” que apreciamos. Nuestro modelo de vida, aún el más precario, tiene en sí mismo algo “defendible” sobre lo cual opera la “amenaza”.

Se crea entonces lo que Bauman señala es la «intensificación del miedo (…) cuando se acompaña de un adversario concreto, visible y tangible». Los “otros” son diferentes. Es lo primero que tenemos que tener claro. ¿Cuán diferentes? es la discusión. Pero basta con generar ese aspecto específico: color de piel, símbolo en el cuello, extracto bancario, apellido… pasaporte. Depende también de la ubicación de cada uno. Ser blanco dónde, qué tan blanco, blanco para quién… ser negro, mestizo o zambo… qué tan zambo, para quién y dónde. Ser de clase alta ¿qué tan alta? ¿apellido en dónde? Probablemente nuestro estatus está más condicionado al lugar, que ser un valor absoluto. Quizás depende además de cuántos cruces. ¿Negra, pobre, musulmana en una ciudad conservadora del sur de Estados Unidos? ¿Un peruano millonario en New York? ¿Ser latino y pobre en una ciudad “nacionalista” en España? ¿Un Messi en Barcelona? ¿Ser un indígena sin recursos en Lima? ¿Ser un cholo propietario de decenas de depas en Jesús María? ¿Ser un venezolano pobre y mestizo en Trujillo? ¿Ser un venezolano, blanco, estudiado, en Miraflores? No. No es igual. La relativización de los motivadores de discriminación existen.

Es un viejo adagio político el materializar los miedos. Azuzar la idea de que hay un enemigo anterior, interior y exterior que nos convoca a unirnos. El hombre como lobo del hombre. El eterno estado de guerra de todos contra todos. Nos corresponde enfrentar ¡Por la patria! ¡Por la familia! ¡Por el pasado! ¡Por la lealtad a nuestros aborígenes! Se activa el cerebro reptil, bajamos al mínimo nuestra racionalidad; emocionalidad pura combinada con un espíritu incólume de supervivencia. Somos 100% adrenalina. ¿Y la paz, armonía y progreso que nos hemos ganado como nunca en los últimos 100 años? Quedará como el tesoro a custodiar por el hombre fuerte capaz de contener las amenazas siempre, convenientemente, latentes. ¡Despertad al Leviatán! ¿A qué costo? ¿Libertad? ¿Igualdad? ¿Solidaridad? 1, 2, 3.

Bauman nos relata que las encuestas en Hungría señalaban que «Detrás de la migración masiva hay ciertas fuerzas impulsoras externas no identificadas» dejando ver entonces un plan secreto, de fuerzas más allá. Como si del fuego los hombres y mujeres no buscaran alejarse naturalmente, sin que medie palabra. La migración, como fenómeno que suma a cientos o miles de personas, responde más a la reacción humana repetida por humanidad que por política concertada. Los sirios no deciden invadir Europa, los ucranianos tampoco. Los venezolanos igual. Estos tres casos son reacciones humanas, colectivizadas frente al conflicto. Pero podría resultar cómodo tener un “comodín” libre de costo en términos de votos. ¿Estamos seguros?

La migración sur sur, no es nueva. Por el contrario, que Venezuela recibiera millones de suramericanos por décadas no es un tema muy distinto al Perú de principios del siglo XX o el Estados Unidos de postguerra o si me voy antes, la llegada de los sabios de Bizancio a la Florencia del Renacimiento… o la llegada de los Toltecas a la peninsula Maya para el renacimento Tolteco-Maya, si queremos deseuropeizarnos un rato.  Y no lo señalo como un tema de “deuda histórica” sino de “lazos históricos” que no es lo mismo. La migración constituye nuestra historia humana.  Entre 160,000 y 300,000 según fuentes diversas, dicen que era la comunidad peruana en Venezuela. Hoy +150mil se encuentran en Perú bajo la categoría de “peruanos retornados”, peruanos e hijos de peruanos. Doble nacionalidad.  A ellos se suman, +60mil niños y niñas, peruanos y peruanas, nacidos de padre, madre o ambos, extranjeros. Son peruanos de primera generación. ¿Qué tan distintos? Poco, muy poco. Más es un matiz a la diversidad del propio Perú que una alteración cultural de fondo.

Pero regresemos al punto de los “otros” como tales. La categoría extranjero. Y cómo la idea de “otredad” de no-pertenece-a-aquí, de “cuerpo extraño”… tensa la relación entre la comunidad migrante y la de acogida o receptora.  Los “extraños que tocan a tu puerta” son concebidos como elementos distorsionadores de la relación y “armonía” social.  ¿Existe tal cosa como la sociedad perfectamente armónica? No. La tensión continua es parte de la dinámica social y justamente ha sido el “pacto” de la generación de medios de desfogue y mediación lo que nos ha permitido la construcción de un cuerpo tendente a la armonía. Sin embargo, ese “corpus político” que pacta la relación y sus términos encuentra fascinante determinar enemigos comunes como forma de cohesión última. Frente a estructuras anquilosadas, el espíritu de supervivencia frente a “un mal mayor” resulta hechizante para erigir líderes fuertes, para otorgar poderes extraordinarios al Soberano. Vieja fórmula de monarcas, emperadores y caudillos.  Como resultado, el “otro”, ahora “enemigo” resulta menos que humano, no puede ser objeto de simpatías, misericordias o solidaridad. Por el contrario, es necesario aumentar sus dotes maléficas, es necesario privarle de su humanidad.

Es por ello que «La política de la securitización ayuda a sofocar por adelantado nuestros remordimientos de conciencia (los nuestros, los de los circunstantes) por el sufrimiento de los blancos humanos de dicha política; provoca la adiaforización de la cuestión de los migrantes, es decir, que hace que tanto ellos como lo que se les hace se abstraiga de toda evaluación moral». En consecuencia, ¿Por qué debe importarnos la suerte del virus que amenaza nuestro pacto? La invitación es a erradicarlo, porque-no-es-igual-a-mi. Nada muy distinto a lo que ocurre con la ultrapolarización en los procesos de deconstrucción «nacional» o «estatal» donde se relega a categoría de amenaza mortal a un grupo o sector de la población.

Aclaro que esto no implica que no existan categorías amenazantes en el mundo trasnacional, donde el crimen organizado, el paramilitarismo, la trasnacionalización del narcotráfico, el tráfico de armas o la trata, sean realidades que amenazan la seguridad nacional o regional. Hablo de que la confusión generada por intereses grupales o partidarios muchas veces desdibujan la necesaria comprensión de los fenómenos y comportamientos humanos complejos, entorpeciendo, por los fines menos probos, el manejo de la seguridad.

En este punto ud. se preguntará ¿Entonces qué hacer? Bauman invita a aumentar los grados de solidaridad, Rifkin a retomar la empatía humana. Podemos decir que concebir que los “extraños” no lo son, sería el primer paso. Comprender que en el siglo XXI tenemos la suficiente globalización e historia compartida como Occidente, como latinoamericanos, además de los medios tecnológicos, la trazabilidad financiera, los mercados formales para lograr la inclusión real de las personas como personas, incluso, para hacer frente a las amenazas del mundo contemporáneo, que por supuesto existen y que deben manejarse con claridad.

Somos un gran nosotros, por los valores compartidos: democracia, igualdad, derechos humanos, el valor de la innovación y del trabajo; la libertad y el libre desarrollo de la personalidad… nuestras pequeñas otredades no son más que el color de un paisaje que nos constituye como civilización. Una que merece ser protegida por quienes la constituyen.

¿Y sí hay solución para Venezuela finalmente?

Por @nancyarellano (twitter) – @nancyarellanos (instagram)

“Algún día será verdad. El progreso penetrará en la llanura y la barbarie retrocederá vencida”.  

Rómulo Gallegos

Como venezolana puedo decir que el régimen y sus secuaces nos han atacado desde todos los frentes: violación de derechos humanos ya probada desde los sucesos de las protestas 2014, nombramiento anticipado de los rectores del CNE, declaración de desacato a una Asamblea Nacional de mayoría opositora, Asamblea Nacional Constituyente ilegitima, nombramiento inconstitucional de magistrados del TSJ, uso político del TSJ, celebración inconstitucional de elecciones presidenciales, FAES, GNB y alto mando como ejército pretoriano… paralelismos institucionales, corrupción, escasez, inflación, devaluación, crisis económica, sanitaria, educativa y laboral y Secuestro de los símbolos de los partidos políticos de oposición … narcotráfico, terrorismo, lavado de activos. Todo lo que podía pasar, ha pasado. Pero no ha pasado desapercibido, no más.  

Foto Propiedad de Jon Cárdenas

Así que ello incluye una respuesta contundente del sistema democrático internacional: casi 60 países dijeron ¡no más! al régimen, y más aún, han admitido el informe independiente del Consejo de DDHH de las Naciones Unidas; han respetado nuestra Constitución y mantenido un apoyo irrestricto a la Asamblea Nacional legítima y al gobierno interino desprendido de la activación de los artículos 350, 333 y 233. Nada ha sido en vano.

El escenario democrático internacional ha convenido establecer medidas de sanción para los ejecutores de las violaciones de derechos humanos. Estas medidas en un país férreamente controlado por una camarilla de delincuentes por supuesto que, lamentablemente, ha impactado en el ciudadano de a pie, como todo lo que nos han hecho desde 1999 ha impactado en todos. Sin embargo, es fundamental comprender que las sanciones han afectado porque el régimen ha infectado a todo el sistema económico venezolano: destrucción de nuestra principal fuente de exportación (el petróleo). Detengámonos ahí, en 2016, ya en crisis económica por cierto y sin sanciones, se producían 2,4 millones de barriles que eran vendidos de la siguiente forma: “China e India reciben el 60% del total. Un 20% se vende a EE. UU. y un 20% al resto del mundo” Como señalaba un artículo de la DW.

El artículo sigue “Para equilibrar su presupuesto, Venezuela necesita un precio de 118 dólares por barril. De los 40 euros del precio de venta, no todo queda en las arcas del Estado: producir el crudo cuesta entre 8 y 19 dólares por barril, según donde se extraiga.” y añade “Las ventas a China y la India representan el 54% de las exportaciones totales de crudo, cifradas actualmente en unos 2,4 millones de barriles diarios. Si a ello se le agrega un 6% que va a hacia Singapur, pero cuyo destino final es mayormente China, se llega a un 60% del total.” 

Esto quiere decir que, aún con las sanciones, si aún produjésemos 2,4 millones de barriles (cosa que no pasa) el 60% encontraría comprador en Asia, quizás no India; pero definitivamente China podría haber jugado un papel fundamental; sin embargo, con los apagones y la corrupción, la producción cayó, y es más fácil simplemente plegarse al discurso de “las sanciones tienen la culpa”.  En lugar de asumir que nunca trabajaron para una real soberanía petrolera, no hicieron más que sobreendeudarnos y que se han peleado con los principales aliados históricos – y serios- en cuanto a financiamiento. Subordinaron a una agenda ideológica de partido hegemónico las bases de sostenibilidad económica y salud de las finanzas públicas. Y nos quebraron. 

La agenda hoy por ello debe ser contundente. Hay que reformar el sistema de facto que el régimen ha creado. Por esa razón hay que volver al orden constitucional y revivir la voz real del soberano: la consulta popular, a la que la sociedad civil, con el apoyo de la Asamblea y el Gobierno interino están convocando, dentro y fuera de Venezuela.  

Solo con la consulta popular; seria, centrada, con alta participación y con garantías de auditabilidad podremos dejar zanjado nuevamente lo que los países que hoy nos apoyan a los demócratas, y que básicamente representan no sólo el mundo democrático sino a más del 60% del PIB mundial; saben; que Venezuela quiere un cambio, que los interlocutores de la Asamblea Nacional no hablan en nombre propio sino de la nación y que Venezuela quiere expresarse y quiere un cambio real y no una estafa electoral como la del 6D que no es más que la continuación – y extremación- de la farsa de 2018 (presidenciales) y de 2017(ANC).  ¿Que ya lo dijimos el 16J? Sí, pero de 2017. Cuando no había pasado ni la ANC, ni la farsa de la presidencial, ni el Informe de las Naciones Unidas, ni la crisis humanitaria y migratoria que hoy suma más de 6 millones. 

No no es igual, tampoco teníamos el apoyo expreso de casi 60 países, ni teníamos la encargara de ejecutivo que, junto al legislativo, pudiese generar una plataforma única para que nuestra voz sea escuchada.  La fórmula definitiva es “hacer sentir la voz indubitable del soberano venezolano”: tu voz, mi voz, la voz de todos y todas, clara y contundentemente.  El presidente Clinton dijo una vez ¡Es la economía estúpido! hoy hay que decir ¡Es la legitimidad! y nosotros sí podremos demostrarla. 

Pero aclaro algo, necesitamos el apoyo de los actores sociales, gremiales, políticos y de toda la sociedad democrática en el extranjero, necesitamos que también los demócratas del mundo, más allá simplemente de los Estados, nos acompañen en esta lucha que es la lucha por la libertad, los Derechos Humanos y la democracia. Una lucha al final que no tiene frontera y que, frente al drama de crisis institucional de la región, nos convoca a todos. 

Ud. estimado lector, que probablemente no sea venezolano… ¿Es capaz de conmoverse y apoyar esta causa? Si su respuesta es favorable, por favor comparta este artículo, publique un tweet o un post de facebook o instagram diciendo «Estamos contigo #Venezuela, #AlzaTuVoz». Mañana podría ser al revés, y también contaremos con Venezuela para apoyar al mundo.

Maestros venezolanos, víctimas del mayor crimen posible: asesinar a la educación

Por @narellano


Cuando se habla de educación siempre se señala la importancia de los docentes. Desde niños nos hicieron aprendernos los pensamientos del libertador, Simón Bolívar “Moral y Luces son nuestras primeras necesidades” ¡qué ironía que una revolución “bolivariana” (obvio que no lo es) sea la que más haya maltratado a nuestros maestros! Tan así, que el hoy ministro de educación; quien viniese de las filas del sindicato docente sea quien pretenda acallar las voces del reclamo. Los maestros venezolanos merecen un sueldo digno y un contrato colectivo que les aporte para vivir como docentes; ser capaces no sólo de satisfacer sus necesidades y de su familia, sino poder seguirse formando para seguir formando al país.Nunca en nuestra historia los docentes han estado tan mala pagados y reconocidos. Los colegios y liceos en un estado inconcebible y la deserción escolar por las nubes. Hoy se calcula que más del 54% de los estudiantes han dejado el aula y no es por el Coronavirus; esta es una cifra que antecede a la pandemia y que sucede al régimen que tiene a Venezuela secuestrara del futuro promisorio que merecemos. Dejan el aula porque no hay luz, porque no hay desayuno, porque no hay libros o porque los maestros no pueden llegar al aula porque no hay gasolina.Aquí se han olvidado que por mucho menos, en países con democracia, los dirigentes se apartan del poder.

La huelga que inicia hoy es una reacción directa a los vejámenes de larga data al sistema educativo venezolano

El pueblo, en su mayoría, y de eso se trata la democracia, no quiere a Maduro y Compañia; no reconoce la elección es de 2018 y no acepta el sistema inconstitucional, sanguinario e irresponsable que han instaurado.Los docentes han sido víctimas en todos los sentidos posibles; desde la destrucción del salario y sistema educativo, pasando por los perversos cambios en la curricula académica, la eliminación de las humanidades en el bachillerato o las medidas de mediocridad con la obligación de aprobar al 80% de la clase o deben repetirse eternamente los exámenes. Esto sin detallar la reescritura de la historia o la ideologización en los contenidos. Es un desastre sin precedentes pero no sin consecuencias.

Destruir a la educación es el mayor crimen hacia el futuro; y no ha sido fácil seguir en el ruedo para los miles de docentes venezolanos que han sido asediados por el régimen desde todas las perspectivas.

Por ese este paro está más que justificado, es una voz genuina y coherente; un reclamo de justicia que debe escucharse y atenderse. Es la voz de nuestro mañana que hoy reclama ser respetado. Es la voz de conciencia más importante de la sociedad venezolana. Sin educación no hay nada.Hoy todos los venezolanos del mundo nos solidarizamos con nuestros maestros. Hoy quienes somos producto del esfuerzo de esos hombres y mujeres que se esforzaron en darnos criterio, cultura y enseñarnos herramientas para valernos en el mundo queremos usarlas para defender la dignidad del magisterio. Desde el exterior, frente al paro nacional del magisterio, tenemos solo la palabra, y la usamos para decirles ¡estamos con ustedes!

Cuando votar no significa elegir, o de la trampa del madurismo con unas elecciones inconstitucionales.

Por @nancyarellano

La democracia consiste en poner bajo control el poder político.

Karl Popper

Hoy no hay democracia en Venezuela. Ha habido elecciones, pero el sistema no está siendo implementado. La ganancia en 2015 del parlamento trajo consigo dos violaciones constitucionales: la creación de la Asamblea Nacional Constituyente por medio no constitucionales y la arremetida del Tribunal Supremo de Justicia contra el poder legislativo. A eso se suman: presos políticos, vulneraciones a la inmunidad parlamentaria y amedrentamiento y amenazas a los diputados electos democráticamente.

A este escenario se suma la celebración de una elección viciada del presidente de la república, con la sola intención de hacer permanecer a Nicolás Maduro en el poder. Lo que ha significado el secuestro frontal del poder ejecutivo: la usurpación. A ello, devino el vacío de poder que pasa, constitucionalmente, a ser llenado por el presidente de la Asamblea Nacional: Juan Guaidó.

Nicolás Maduro ha apagado al sistema y la guardia pretoriana que lo protege, cuida celosamente que no se encienda el motor democrático: las elecciones directas, universales, secretas, con participación de todos los factores, con observación internacional y con un ente rector imparcial y electo constitucionalmente. Elecciones con condiciones. 

 El gobierno interino, es el último eslabón de la democracia constitucional; por mandato de la constitución vigente y en un escenario donde la articulación de los factores por el fin último, no debe admitir distracciones. No hay “media democracia”, el motor democrático está encendido o apagado.

Los fallos que admite la democracia jamás serán de legitimidad de origen. O se es producto de una elección que es constitucionalmente habilitante, o no hay democracia. Cualquier “negociación” que parta de celebrar elecciones amañadas, poco transparentes y sesgadas elimina cualquier posibilidad de que entre combustible al motor democrático. Lo contamina.

La democracia es el sistema que Venezuela ha decidido darse; así lo establece la tradición  constitucional del siglo XX y XXI y por ello nuestra causa debe permanecer incólume ante quienes quieran con partidos secuestrados, un CNE ilegítimo, una Asamblea Constituyente írrita, un usurpador en el ejecutivo y un TSJ sesgado; generar un disfraz de democracia. No, no nos haría ningún bien pretender asumir ir a un evento que ultraje el proceso de inicio a fin y que no garantice que la voluntad de los venezolanos sea debidamente respetada. 

Sería un suicidio que la dirigencia que dice saber de política, convoque a las masas a legitimar a un proceso claramente anti democrático. Sería absurdo que hoy dijeran que hay que pagar la deuda electoral del legislativo, cuando aún no se ha pagado la deuda con los venezolanos sobre el ejecutivo desde el 10 de enero de 2019. 

El gobierno interino ha estado llenando un vacío de poder que hay en el ejecutivo y la prioridad tiene que ser elecciones presidenciales, tanto como deben celebrarse las de la Asamblea. Si amparamos unas elecciones sobre la segunda deuda electoral, sin considerar la primera: están legitimando a la usurpación.

¿Qué posibilidad de democracia puede nacer en esas condiciones? Solo un pacto interesado por quienes pretendan hacerse un lugar en el poder de facto que hoy mantienen, no solo quienes acompañan a Maduro frontalmente, sino aquellos que, ligados al narcotráfico y al terrorismo trasnacional, hacen uso de las plataformas del Estado y canalizan el uso de la fuerza para-estatal con la complacencia de quienes deberían proteger a la nación de tan peligrosas amenazas. Es una componenda que atenta contra los DDHH, el Estado de Derecho y la vida de cada uno de los venezolanos.

No podemos admitir una democracia elástica que se adapte a las ambiciones de quienes cooperan para su destrucción. La democracia tiene un límite claro: los antidemócratas. Y con ellos, no hay espacio de acuerdo posible. Empezando porque acuden a medios prepolíticos (la violencia) para el control social y porque desconocen el primer pacto de la nación: la constitución; que es la garantía de tus derechos ante el poder que supone el Estado y su fuerza coactiva. Lo único que puede “acordarse” son las condiciones de entrega, de rendición. Como ante cualquier secuestro, ante cualquier transgresión a las normas y frente a la autoridad competente. 

Venezuela merece volver a ser democrática, nosotros merecemos volver a la Venezuela de las posibilidades. Y no podemos conformarnos con menos, porque es elegir la nada.

Con voz y voto ¡todos!

Por @nancyarellano

La estafa del régimen de pretender unas “elecciones de sastre”, a medida, de un Tribunal “Bufete”, a medida y con una “oposición compinche”, a medida; son parte del estratagema para la edición del siglo XXI, del Manual para Deconstruir una Democracia.

Hemos vivido 20 años de aplicación de la siniestra receta de manipulación y elasticidad institucional a tal punto de ahogarnos en la generación de todas las condiciones que ponen el acento en las pasiones sociales e individuales:

a) Aprovechar el talante democrático para generar un “electoralismo” perverso, que mantenga la campaña permanente, desproporcionada y distraiga la institucionalidad. Ese que buscaba destruir el sistema de partidos y comprar (con el dinero del Estado) a políticos y líderes. No alcanzó ni el aceite, ni la plata, ni rallar el poder como un queso con un para estado comunal.

B) Aprovechar las necesidades básicas y deseos de superación para generar un despilfarro y corrupción aberrante con una sobrevaluación del Bolívar y un control de cambio que comprometió miles de millones, empujó el consumismo y quebró al país. Esas que crearon empresas de maletín por doquier y jugosas importaciones. No alcanzó el invento de misiones, los paralelismos institucionales, ni las carnetizaciones para someternos.

C) Aprovechar nuestra convicción por la igualdad para arrastrarnos a la precarización social y el falso empoderamiento de las masas. Esa que pretendió una recentralización del poder, pérdida de la descentralización y tirar por la borda los 40 años de avance en la modernización del Estado. No alcanzó la creación de una ANC irrita, ni la destrucción del aparato productivo, la expropiacion de tierras y empresas, ni la campaña de odio racial y clasismo desde el aparato mediático descomunal que construyeron.

¿Ahora quieren otra vez manipularnos? No. Esta farsa se acabó. Se acabó en enero de 2019 aunque aún no quieran entenderlo o se nieguen a asumir la responsabilidad ante la justicia y la historia. Han violado la constitución, han violando los DDHH y han creado a la mayor emigración forzada de nuestra historia. Claro que queremos ir a elecciones pero ¡con condiciones!

Por eso hoy, 5 de julio de 2020, tenemos que luchar como nunca por recuperar la Venezuela democrática. Con una votación en el marco constitucional y garantías. Sin nadie usurpando el poder, secuestrando las armas de la republica y pactando con regímenes oprobiosos en el mundo no democrático.

Donde además nosotros, los más de 6 millones de venezolanos que estamos fuera de Venezuela, víctimas directas del régimen tanto como quienes se encuentran dentro, seamos parte de un proceso electoral amplio, justo, con condiciones.

Un voto Universal, directo, secreto y con garantías debe incorporar a ese 25% del padrón electoral que hoy está fuera. Debemos ser Incorporados en la elección presidencial adeudada desde 2018 y tanto como en la legislativa que debe celebrarse. Solo falta el ejercicio de la voluntad política para hacerlo, voluntad que sabemos existe. Adosar a la circunscripción de origen, la última declarada ante el CNE, la votación desde el exterior, podría ser una especificación a añadir en la normativa electoral que hoy regula las circunscripciones. Es decir si ud votaba en Guárico o en Vargas antes de verse forzado a salir, su voto continuaría contando para su lugar de origen; sitio donde debe aún tener su casa, a la mitad de su familia y muy probablemente el hogar al que quiere y merece volver, contando con la representación que ud elija tener.

Imagino celebrar el 5 de julio de 2021 habiendo pasado por una elección general donde hayamos podido elegir, en condiciones justas y constitucionales, al presidente de la República y a los diputados de la AN con la participación de ¡todos los venezolanos! Incluidos lo que estamos en el exterior. Imagino una elección donde la abstención sea ínfima y que selle el Acuerdo Nacional de un nuevo capítulo en nuestra historia. Voz y voto sin fronteras. ¿Y tú qué imaginas?

El retorno necesario

Por @nancyarellano 

 
Entonces los muertos podrán volver, pues todas las barreras entre muertos y vivos están rotas (…) y volverán, (…) como entonces está en preparación una nueva Creación, les es dado esperar un retorno a la vida, duradero y concreto. 

Mircea Eliade «El mito del eterno retorno»

Hoy más que nunca, hay que retornar a la política y entender su papel
igualador. En Venezuela, estamos en medio del discurrir de una guerra:
asimétrica, multidimensional, interdependiente, con y sin cuartel, y donde ellos borran todas las reglas; donde las facciones se multiplican y los cobardes pactan, y es imperativo asirnos de lo más concreto, los principios que validan y legitiman a los liderazgos dentro de la República. Lo que hace del Estado ser Estado. Estos principios no son etéreos, no hay nada que inventar, todo está escrito en el derecho internacional y en las constituciones. No es una aspiración, es el resultado de más de 500 años de realidad política. De un siglo XX que escribió con sangre la importancia de las instituciones y la democracia en Europa. Y Venezuela es un país donde hoy se escribe la versión contemporánea de aquél terrible sistema.


El retorno a estos principios es, como punto de partida, paradójicamente, lo
que nos une en democracia. La Venezuela democrática se volvió una suerte de Ítaca y algunos marineros sucumbieron al canto de las sirenas. Sin embargo, hay suficientes cuerdas para amarrarnos al mástil quienes tenemos a Ítaca presente.  Retornar no es un acto involuntario y no es una decisión ligera. Volver implica, un viaje y tener a dónde volver.  El retorno impone el compromiso de llenar los espacios vacíos y ejercer en función de lo que se busca recuperar como Estado: proteger al ciudadano. La validez del Estado está en su capacidad para proteger, ese es el pacto mínimo.

La Venezuela democrática es una Penélope que espera pacientemente
tejiendo la más preciada prenda: el tiempo.  No implica eso que no haya dolor, impaciencia, molestia, tristeza… porque la hay. Pero es constitutivo de la mínima noción de Estado que garantice la seguridad de sus ciudadanos. Tanto como es constitutivo de la Venezuela republicana la búsqueda de igualdad. Parece una obviedad; pero en la práctica, no lo es. 

La Venezuela de aspiración democrática es una Venezuela igualitaria, inconforme, consciente de los recursos que posee y cuya mentalidad colectiva exige y demanda, igualdad. El mayor error de quienes han pretendido destruir la democracia es no entender que la esencia de nuestra historia republicana radica en que «todos somos iguales ante la ley» a que «todos los votos valen igual» a que «todos tienen derechos» y que nuestra tolerancia a las «élites» es minúscula como colectivo. Tan minúscula que hasta en la construcción de élites hemos buscado la igualdad; no creemos en élites predestinadas o de legados.

 
Y es detrás de esa igualdad que reposa nuestra noción de libertad y de propiedad. «Todos tenemos el mismo derecho a ser libres» «Todos tenemos derecho a ser y a tener».  Y ese es el talón de Aquiles que tendrán las pretensiones comunistoides y las ultraliberales.

Venezuela es igualitariamente libertaria y propietaria. Y es capaz de tolerar un ratico a la élite siempre que la élite no amenace a la igualdad como aspiración; el derecho a ser igualmente libres e igualmente propietarios. Si cualquier grupo que detente el poder para sostenerse, requiriese aumentar
contrastes y negar la igualdad, está condenado a fracasar. 

El éxito de Bolívar – y su fracaso- radicó allí. Los conflictos del s.XIX estuvieron ahí. El éxito del Gomecismo como sistema – y su fracaso- estuvo allí. Él éxito de la Revolución de Octubre y del trienio, estuvo allí y la condena del perejimenzmo estuvo ahí. El éxito de la democracia bipartidista – y su fracaso – se entiende allí; el éxito del chavismo – y su fracaso- está allí. No podemos a estas alturas permanecer en el ciclo, eterno retorno, sobre el punto. 

Bandera cubana ondeando ante las milicias venezolanas

Espero podamos romper la inercia y creo que el punto de inflexión está en algo: La memoria. Para todo viaje es necesario definir el destino y acordar la ruta. Ese es el primer paso. Hoy quienes ocupan la dirección, los múltiples líderes de las fuerzas democráticas, deben entender que el pacto es por defender esos principios que arrancan, en su ejercicio, con elecciones auténticamente libres para todos y en condiciones de imparcialidad del árbitro. Cualquier tolerancia puede terminar sepultando a los tolerantes.

Venezolanos en Perú y el acecho del régimen en medio de la pandemia

«El poder es un medio, no un fin. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace una revolución para establecer una dictadura.» George Orwell

Lima/ Por Nancy Arellano.- La situación actual es catastrófica, el mundo está socioeconómicamente infectado. Detenido; en una pausa selectiva que empuja a unos al abismo y a otros al centro de sí mismos. No, no es igual esta pausa para quienes tienen un techo, servicios, un trabajo estable – hasta con opción a hacerse remoto-, ahorros o productos crediticios suficientes y un seguro de salud. No, no es igual para quienes tienen condiciones de riesgo, y menos aún para quienes la afrontan en una indefensión económica absoluta, casi equiparable a la de una muerte civil en toda su extensión. Las víctimas del COVID19 se cuentan en contagiados y en excluidos. Y si somos venezolanos, en una especie de apatridia impuesta desde quienes usurpan el poder.

Maduro se ha convertido en las últimas semanas en el foco de infección y propagación  del COVID19 dentro y fuera de Venezuela. La inoperancia de un gobierno que desde 2013 hasta 2018 pavimentó el declive de nuestro país y destruyó el sistema social y económico, como solo quien realmente hubiese articulado un plan enfocado en socavar hasta el último pilar de desarrollo. Enfocado tozudamente en desnudar, desnutrir y deconstruir.  Dejarnos indefensos frente a la historia y sus caprichos.

Desde 2019 la Asamblea Nacional ha buscado restituir el orden constitucional, apeló al 350, 333 y 233 de la Constitución y, con un ímpetu que pocos imaginaban, ha luchado desde la asunción del gobierno encargado, encabezado por el presidente (E) Juan Guaidó, por devolver la dignidad y la coherencia al Estado venezolano. Ésas que las FFAA, convertidas en una suerte de ejército pretoriano, han secuestrado junto a Nicolás Maduro & Cía. El BCV, PDVSA (nuestra principal fuente de ingresos estatales), el gabinete ministerial o los mecanismos de endeudamiento internacional, siguen en un espacio donde el marco de maniobra está limitado por las armas de la República sirviendo al narcotráfico y dando la espalda al pueblo. Se ha denunciado en todos los foros posibles, se han presentado informes de la Alta Comisionada de DDHH de la ONU, se ha dicho y 60 países reconocen la legitimidad del gobierno interino y los exabruptos del régimen. Existen violadores de DDHH y defensores de DDHH. Estos son los dos únicos bandos. Pero con una realidad de papel, nuestra gente no come, no compra, no se cura y no sostiene el techo en su cabeza, ni dentro ni fuera de Venezuela.

La protección consular de la migración venezolana es precaria, en tanto que las embajadas designadas, si hemos hecho esfuerzos para restituir derechos, falta aún espacio de maniobra. Sigue siendo insuficiente por dos razones simples: 1) competencia incompleta en mecanismos de identificación y movilidad migratoria por la permanencia del madurismo en el SAIME y SAREN ( además de los otros órganos del Ejecutivo) y poder judicial, electoral y ciudadano; secuestrados con nombramientos ilegítimos y artilugios inconstitucionales. 2) Falta de presupuesto ordinario para las misiones diplomáticas que permita desarrollar planes de atención sostenida y concurrente con la cooperación internacional para atender el desplazamiento forzado que se ha producido desde 2018, con una fuerza sin precedentes.

Devolver la dignidad a nuestro país pasa por una salida inmediata del régimen y la asunción completa de competencias por parte del gobierno de transición para ir a elecciones. No por el mero anhelo electoral, sino para recuperar un Estado al servicio de la ciudadanía y unas FFAA supeditadas a la Constitución. No vamos a tener “salud” como ciudadanos venezolanos hasta que volvamos a ser ciudadanos venezolanos y sea el Estado venezolano el que nos responda y nos obligue, siempre en el marco de nuestras leyes y no de la dirigencia mafiosa que hoy secuestra a Venezuela.

Hace falta cooperación internacional para apoyar a los millones que radican fuera, al tiempo que es urgente y necesario que contemos con embajadas con plenas competencias y recursos. Hemos asumido sin temor la tarea titánica y sísifica de apoyar a nuestra comunidad en el exterior, pero esto no será realmente viable ni sostenible, sin las competencias absolutas diplomáticas y consulares que den soporte a los esfuerzos de los funcionarios y comprometan entre Estados soluciones para lograr la integración efectiva, la movilidad segura y el disfrute pleno de derechos fundamentales que siguen siendo violados a miles de kms de distancia. Maduro acecha a la migración porque impide que los legítimos representantes del Estado venezolano en el exterior podamos servir como corresponde. Más en esta crisis de la pandemia que hoy nos persigue sin posibilidad de huida.

Democracia directa e indirecta: necesario distinguir. #Opinemos

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En resumen, muy vago, pero que sea un punto de partida:

a) Democracia directa: Es aquella democracia donde las decisiones y el gobierno, lo tiene directamente el pueblo, y la ejerce a través de asambleas. Es el caso de la antigua Grecia (con las salvedades del otorgamiento de ciudadanía) y es, lo que, básicamente, propone el Estado Comunal.Estas democracias también pueden tener un ejecutivo, el cual se divide el poder con las asambleas territoriales.

b) Democracia indirecta: es aquella que se ejerce a través de representantes (democracia representativa).

Hay 2 tipos

1) Indirecta participativa: Aquí hay varias formas efectivas de participar para la ciudadanía, una es el plebiscito (consulta ciudadana) Ej: Bolivia, Francia, Venezuela.

2) Indirecta no participativa: La gente tiene 3 formas de participar

a) Sufragio.
b) Militancia en partidos políticos: para operar las demandas en la arena política. Son actores políticos.

c) Grupos de Presión Social: Son los que alzan causas y ejercen presión tanto a partidos, como a gobierno.  Son actores sociales.

¿Qué creen ustedes, y por qué es conveniente?

 

El carnaval bajtiniano en la democracia de Venezuela por @nancyarellano

Carnaval Solana


 

El único crimen consiste en ser superficial.

Todo lo que se comprende está bien-.

La reiteración de esta frase irrita, pero es reveladora.

Jean Cocteau

Agarro de mi biblioteca libros de venezolanos, latinoamericanos, europeos y americanos.  Hojeándolos, para ver si rememoro alguna fórmula estudiada, sólo logro recaer en la invariable aseveración: la realidad no tiene teoría, pero la teoría sigue brindando claves para entender a la realidad.  Las ciencias sociales son un fenómeno a posteriori, por ello, hurgar en mis libros, no dará respuestas precisas sólo indicios para entablar un diálogo.  Por tanto, sigue siendo la única forma racional de deconstruir y construir la realidad; porque, espero, me permita hallar indicios de cuáles serán las preguntas correctas en una conversación con el que me lea.

Digan lo que digan, no puedo sentirme a gusto con la realidad actual de mi país, o de varios países en estos momentos, tampoco puedo conformarme con las escuetas y dudosas aseveraciones que salen por los medios tradicionales o informáticos.  Unos están atravesados en las calles, otros celebrando carnavales.  Yo, y supongo unos cuantos más en el medio, intento trabajar, leer, pensar y escribir.  ¿Somos todos parte del mismo carnaval?

Pretendo escribir esto sin sobresaltos guiados por el twitterror o, pretendiendo, que no soy parte del carnaval bajtiniano, ése que se vive, no se “especta”.  Aquí haré un inciso, por lo interesante de la teoría de Mijail Bajtin (1895-1975) sobre “lo carnavalesco” y porque, guiada por Bajtín, puedo aserverar que estamos ante la celebración más auténtica de lo carnavalesco en Venezuela.  Me explico:

En su ensayo Carnaval y Literatura, el ruso Bajtín asevera que lo carnavalesco está omnipresente en los grandes clásicos y que su significado ha venido banalizándose luego del renacimiento, pasando de “una forma de espectáculo sincrético de carácter ritual” a “mascarada o, aún peor, bohemia vulgar”.  Mi lectura de estos días atiende al concepto, retomado por Bajtín, del carnaval.

Su punto de partida, desde el análisis de las civilizaciones griega y romana, es que lo carnavalesco ha estado presente de forma arquetípica en la literatura, y en la vida por tanto, para significar la libertad; al colocar todos los universos de la vida humana en un mismo nivel de discurso, al eliminar barreras sociales, morales, y todo límite a la interacción de elementos.  Lo ejemplifica con los famosos Diálogos de Platón: la simbología típica del diálogo abierto en plaza, arena propia de lo carnavalesco y popular, de contrastes burlescos (para la época) como mujer-sabia, la supresión de la distancia entre la aristocracia- pueblo, la disminución del personaje (Sócrates) haciéndolo familiar, aproximarlo al interlocutor (escucha-lector), humanizarlo; la ironía socrática, dice, «es una risa carnavalesca reducida».  Caso similar de carnavalización es el Nuevo Testamento de la Biblia; donde “Jesús dialoga”, trayendo elementos carnavalescos: Dios-hombre, eterno-mortal, pobre-rico, todos en un mismo lugar como excusa para un mensaje sin los límites cotidianos del orden “normal”.  Así, lo carnavalesco se constituye en una suerte de manipea frontal en el elemento dialógico y muestra el carácter universalizante de la carnavalización como profusión discursiva de elementos conjugados a un mismo nivel: liberador.  Se trata de la suspensión temporal de la coerción cotidiana.

¿Y por qué a un mismo nivel?  Primero debe entenderse que “Todos sus participantes son activos, todos comunican en el acto carnavalesco”.  Y cuando dudo, si formo parte o no del carnaval venezolano, Bajtín me responde: “No se mira el carnaval y, para ser más exactos, habría que decir que ni siquiera se lo representa sino que se lo vive”.  Así que solamente con advertirme en presencia de él, formo parte.  ¿Pero por qué decir que estamos ante lo carnavalesco?  Porque, desde mi punto de vista, lo carnavalesco es propio de la democracia latinoamericana, más aún en un orden subvertido y con la presencia de medios diversos para interactuar (redes sociales, teléfonos celulares, prensa, tv y radio); donde se han roto todos los esquemas tradicionales de orden social preestablecido.  La democracia venezolana ha venido mostrando características que la carnavalizan, regreso a Bajtín, quien señala que “se comienza por invertir el orden jerárquico y todas las formas de miedo que éste entraña: veneración, piedad, etiqueta, es decir todo lo que está dictado por la desigualdad social o cualquier otra (…) quedan abolidas también todas las distancias entre los hombres, para reemplazarlas por una actitud carnavalesca especial: un contacto libre y familiar”.  Si algo hay que reconocer del gobierno venezolano post 1999, es que eliminó todo orden jerárquico, acercando a ese contacto “libre y familiar” propio de lo carnavalesco.  Y admitiendo, por tanto, que todos los elementos discursivos tomen voz en la arena pública.

¿En qué se traduce eso? Toma la palabra Bajtín, “es una especia de vida al revés, un monde à l’envers” porque, así como en la profusa simbología de lo carnavalesco, la mutiplicidad de interlocutores en democracia popular traen mensajes disímiles y de contraste.  Y con ello “el pathos de la decadencia y el reemplazo, de la muerte y el renacimiento.  El carnaval es la fiesta del tiempo destructor y regenerador” porque el carnaval es una suerte de revolución del orden establecido.  A diferencia de los tiempos político-sociales, el carnaval,  tiene un término, un fin.  Por ello el viejo rito carnavalesco de la coronación del bufón, tiene ya la destitución.  “La entronización contiene ya la idea de la destronización futura: es ambivalente desde el comienzo”  Básicamente porque el carnaval nace y muere, así toda la significación de sus símbolos.  Y para hacer honor a sus contrastes “Se entroniza lo contrario a un verdadero rey, se entroniza a un esclavo o un bufón, y ese hecho esclarece en cierta forma el mundo al revés carnavalesco”.  Así  “todos contienen en perspectiva la negación y su contrario” y trae consigo los mensajes más legítimos.  Prueba de ello, lo carnavalesco en Don Quijote de la Mancha; donde el noble que combate molinos de viento trae consigo un mensaje contundente, la razón es Sancho. “El carnaval festeja el cambio, su proceso mismo, y no lo que sufre el cambio” por ello los molinos son excusas, Dulcinea o Sancho.  Porque su mensaje es el proceso mismo, el viaje hacia Ítaca de Odiseo, no así el destino. “Es por así decirlo no substancial sino funcional” como dice Bajtín.  Aquí la democracia ha de ser el viaje.

“El carnaval no conoce la negación ni la afirmación absolutas” tampoco la democracia, que no es una meta sino un camino de dispares que crean el espacio, la arena de convivencia.  “Si la ambivalencia carnavalesca se borra en las imágenes desentronizantes, aquellas degeneran en una simple denuncia negativa, de carácter moral o socio-político, que se desarrolla sobre un solo plano y pierde todo valor artístico”  Esto, es lo que ocurre en el carnaval venezolano cuyo escenario debe garantizarse como popular y amplio.  Y hay que recordar que  la imagen no es ambivalente; el poder es obtenido por elección popular, más allá de la presidencia, en una multiplicidad de cargos; y sus ocupantes profesan virtudes distintas y símbolos constrastantes.  En la actualidad no hay proceso de in-desentronización carnavalesca (sólo viene a mi memoria el 2002, con Carmona, sí como ejemplo del proceso carnavalizante de la política nacional).

Así que no podemos permitir que la crítica al gobierno nos sitúe en “La Oposición” (como brazo actor de la Derecha, proimperialista), pero tampoco que el estar de acuerdo con las políticas del gobierno nos vuelva “oficialistas acérrimos y comunistoides”; porque ni toda crítica nos hace opositores, ni todo aplauso nos muta en progobierno.  La crítica es el único ejercicio viable para el ser pensante que se encuentre fuera del campo de acción de la política en poder.  En un sistema democrático, la libertad supone eso, el ejercicio de nuestras aficiones y aptitudes; definitivamente las mías no versan sobre la evasión o la guarimba.  De aquí que mis palabras estén escritas para darle espejo no a los opositores radicales, tampoco a los chavistas a ultranza, sino a muchos venezolanos trabajadores que creo sienten que algo falta en nuestro país más allá del rojo rojito, o del azul azulito, aunque conteniéndolos.  El carnaval también nos representa, en la manipea obra que se desarrolla en nuestras calles y debates.

Más allá de la visión del chavismo, o de la oposición, creo que en ambos extremos, cuando son extremos, hay falacias, hay errores.  Tampoco considero que tengo la verdad, si pudiese argüir alguna característica, es la humildad con la que asumo el no tener todas las respuestas, no sabría decir cuáles.  Eso es lo que más me perturba de sendos bandos, en manos de sus voceros más furibundos; unos alegan poder resolver los problemas con el socialismo; aún sin delimitar, más allá de algunas vagas directrices compiladas en el Libro Azul de Chávez, qué significa exactamente este modelo que no ha logrado poner coto a desmanes de pequeños grupos con intereses egoístas que, sin plegarse a un pacto social desarrollista y nacionalista, han desangrado la finanzas estatales sin contribuir a la productivización de la nación.  Otros, alegan poder resolver esto con las fórmulas más trilladas del neoliberalismo contemporáneo, recetas manidas y que se han mostrado inviables para una realidad rentista como la venezolana; donde hay tanto en qué invertir socialmente para lograr la movilidad social, donde hay tantos que merecen la igualdad de oportunidades en igualdad de condiciones.  Sería un absurdo pretender volver sobre las fórmulas de los 70´s o de los 90’s.  Hay que asumir la contemporaneidad de la situación venezolana.

Vuelvo con la manía de los libros… Sartori afirma que “la civilización occidental es una civilización superior (…) siempre y cuando delimitemos esa tesis a la “buena ciudad” (civilidad) y a los valores ético-políticos que la sustancian.  Indicando, no obstante, cómo pueden confirmarse las preferencias de valor”  Menciono a Sartori porque él refiere esto a la preferibilidad de la democracia.  Y carnavalesca como es, en el sentido bajtiniano, la creo preferible por la abundancia de sus argumentos y presupuestos, porque su arena sigue siendo la calle donde un Sócrates buscaba ser partero de la verdad.  Creo que ambos bandos formalmente están de acuerdo en ello.  Luego, es comprensible que, cuando hablamos de civilidad, hablamos de la “vida libre en ciudad” la visión del ciudadano, aquél que está sometido a la autoridad de las normas, no de individuo alguno.  El primer caso es ciudadano, el segundo es súbdito.  También hay acuerdo en ello en ambos bandos, se supone que la preeminencia del cumplimiento cabal, íntegro, de nuestra carta magna no está en discusión: una apuesta al “Estado democrático, social de Derecho y de Justicia que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”. (Art. 2 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela).

Finalmente, que el carnaval sirva para comunicar, se ha entronado al caos, ahora restituyamos el orden y sigamos el camino democrático.

Les invito a seguirme en twitter @nancyarellano

Añado: Un artículo interesante, y de donde tomé la imagen de carnaval: http://sociologiadisidente.blogspot.com/2011/02/carnaval-inversion-y-subversion-y-ii.html

Hay que pensar en el suelo que pisamos por @nancyarellano

En estos momentos que vive Venezuela nuevamente nos desconciertan las realidades enfrentadas. Por un lado el conflicto social es visto como un «orquestaje» político que hunde sus raíces en los intereses corporatistas trasnacionales; por otro, el conflicto es visto como una expresión popular que nace en el seno del descontento por la inseguridad vivida en las casas de estudio y que luego se amplía y magnifica en torno a las inconformidades, varias, en materia socio económica.  Pensar que sólo un bando tiene la razón es adolecer de la misma miopía que cada bando, al menos en los medios de comunicación, muestra.

No soy quién para decidir quién tiene la razón o quién posee la verdad.  En todo caso, la razón o la verdad, son un ejercicio más de ego que de la realidad social.  La armonía política es un tema de mesura, equilibrios y puntos de acuerdo; sustentados y con límites en la Constitución Nacional.  El problema en Venezuela, desde mi perspectiva, es de la creación y mantenimiento de espacios amplios para entrar todos.  Como dijera el grandioso Ruiz Pineda “pienso que en el suelo de la Patria, bajo nuestro cielo, cabemos sin estorbarnos, todos los venezolanos”  Y esta frase, responde específicamente, a un periodo de nuestra historia pasada que parece vigente.

Lo he dicho desde hace tiempo: la violencia es un medio prepolítico.  Llamar a la paz no es un acto de simple acatamiento.  Llamar a la paz no es un acto de sumisión.  Llamar a la paz no es un acto de cortesía, abulia, indiferencia o comodidad.  En un acto de conciencia cívica y de respeto.  No juzgo las razones que puedan tener los grupos que se hayan “rebelado” contra el gobierno que preside el ciudadano Nicolás Maduro, pero tiendo a preguntarme si realmente comprenden lo que es rebelarse contra un gobierno.  No es lo mismo rebelarse que protestar.  Rebelarse es el acto de “sublevarse, levantar a alguien haciendo que falte a la obediencia debida” por lo tanto desconocer toda institución del orden imperante; protestar, por otro lado implica exigir el cumplimiento de los deberes del Estado, pactados en la Constitución, y exigir el respeto de los derechos cívicos.  El primero suele estar unido a la resolución de acabar con el orden reinante; el segundo en corregir el desvío de conductas.  Repito: la violencia es un medio prepolítico que nos lleva al estadio salvaje.

Queriendo exigir condiciones, queriendo defender los derechos consagrados en la Constitución, parece que hay más personas en protesta que en rebeldía.  La protesta es pacífica, la rebeldía es armada.  Eso también debemos tenerlo claro.  Y la preocupación cotidiana que atañe a los problemas comunes, compartidos por sendos bandos, de inseguridad, escasez, inflación, desempleo y corrupción atienden a un desconocimiento del orden establecido y consagrado en la Constitución.  Necesaria es la corrección de conducta, no de modelo de Estado.  La protesta.

Estando claros de que el clamor generalizado dentro de la oposición es de fallo en la garantía de las condiciones de vida que nuestra Constitución establece; el rol de los actores sociales, hoy encabezado por los estudiantes, debe continuar con el ciclo democrático de enarbolarse en demandas políticas.  Recapitulo: de la protesta de los actores sociales, se pasa a las actuación de los actores políticos.  Si han de ser las juventudes de los partidos que lo sean, pero que sean personas dispuestas a traducir el clamor social en políticas públicas.  De lo contrario, todas las demandas quedarán como efímeras guarimbas en el medio de la calle.

El gobierno nacional es el gobierno nacional.  Confundir los fallos del gobierno con su deslegitimación es ignorar que el proceso electoral que da origen a la legitimidad de todos los gobernantes, incluidos los de oposición, es válido.  Ignorar que está establecido un periodo de “prueba” antes del revocatorio es ignorar a la Constitución de la cual están exigiendo su cumplimiento.  Cualquier observación a la metodología de elegir, legitimar o revocar debería hacerse en una solicitud formal de enmienda constitucional o bien en la solicitud de una nueva constituyente.

En este sentido, la única forma constructiva de capitalizar políticamente el descontento es a través de las organizaciones políticas, puesto que ellas, insisto, deben traducir las demandas sociales en políticas puntuales.  Así, la primera protesta si bien es contra el gobierno, porque es gobierno, también debería ir contra la inoperancia de las organizaciones políticas secuestradas por una élites que no cumplen su papel de oposición seria y democrática en el propio seno de sus agrupaciones.  Y no hablo sólo del papel del gobierno central, sino de los gobiernos locales; y no hablo nada más de gobierno y oposición nacional, sino también de locales donde PSUV es oposición y partidos de la MUD son gobierno.  La crisis en Venezuela es del “deber ser” y de quién debe hacer qué.

Estoy a favor de muchas cosas que dice el gobierno, estoy a favor de muchas cosas que dice la oposición.  No estoy en contra de todo lo que hace el gobierno, no estoy en contra de todo lo que hace la oposición.  Estoy en contra de todo lo que esté fuera del orden constitucional, y del país que dibujamos en ella.  Hablar de “derecha” vs “izquierda” en un país rentista es, y perdóneme quien así lo crea, tonto.  La derecha es amoral y por tanto no falla en sus “virtudes” puesto que no apela a ellas; la izquierda moralista, vela por el bien, y tiene más que perder, dado que su “moralidad es su talón de Aquiles” (como dijo G. Sartori en su libro La Democracia en 30 Lecciones) puesto que sus fallos la vuelven hipócrita.  Si se me pregunta creo que hay izquierda y derecha en gobierno, con las particularidades caribeñas y rentistas, y hay izquierda y derecha en la oposición.  En todo caso ambas están atadas por la Constitución y ésta es democrática y de corte social.

Mi reclamo hoy día, porque como ciudadana siempre tendré reclamos, es la falta de pertinencia de muchas políticas, la falta de articulación para los fines que están dispuestos en la Constitución, y para las pretensiones desarrollistas y soberanas.  Espero que la protesta expresa en calles, y la silente en casa, espero que la protesta roja, amarilla, azul, verde y negra, sea recogida y efectivizada por los actores políticos.  Si no, la oposición nunca cumplirá su papel democrático de apuntador al gobierno y éste no podrá materializar los correctivos necesarios e imposibles de asumir desde el poder.  ¿La razón? Son poder y creen hacer lo debido.  Justamente por los peligros que supone estar en el poder es que la oposición existe en todo sistema democrático.  Su utilidad o inutilidad está en ver y aprovechar la capitalización del clamor social; así mismo con los gobiernos a la escala que sea.

¿Creo en la guarimba? No.  Es el espacio ideal para generar violencia.  ¿Creo en la pertinencia de la protesta social? Si, organizadamente y actores políticos que viabilicen resultados.  ¿Rebelarse? Es un medio prepolítico.  Recordemos que los golpes los dan los militares, los civiles IMPOSIBLE.  La razón es simple: cuando se da el pacto social que constituye al Estado, se da la renuncia a las leyes naturales que nos permiten el principio de preservación.  Un golpe es retroceder en nuestra evolución como país democrático.  ¿Excesos en la Guardia Nacional? Deberán ser juzgados y responsables como ha sido en el Táchira, con el General Noel Darío Bermúdez Pírela, quien fuera destituido por el Alto Mando Militar.  Las leyes militares hacen responsables penalmente a los funcionarios por sus actuaciones de forma individual.  Aquí la responsabilidad es compartida: Gobierno, Oposición, Empresarios y Medios de Comunicación.  El resto, sí son víctimas que claman orden.

En este país hace falta orden.  Más caos sólo trae frustración. Hay que pensar en el futuro que queremos, hay que pensar en el suelo que pisamos.

El llamado es a la Paz, trabajo, coherencia y pertinencia.  Somos todos responsables de lograr el país que queremos. ¡Alerta! Toda trasgresión al orden democrático es una violación a la Constitución, no hagamos lo que no deseamos que nos hagan.  La violencia sólo genera violencia.

Les invito a seguirme en twitter @nancyarellano