América Latina es una ficción, es pequeña para ser interesante, rural, está sobrepoblada; ¡no!, Tiene más bien muy poca población. Latinoamérica es machista, los latinoamericanos son flojos y su mezcla cultural es la causa de su subdesarrollo, además son poco educados, antidemocráticos, con profundas desigualdades económicas y muy pobres.  Estos son los doce mitos que Rolando Arellano destruye con su libro “Somos más que siesta y fiesta”. Así el autor nos presenta esos mitos sobre América Latina que no son más que una visión “simplista y distorsionada” de la realidad.

Para empezar, nos alienta a ver el mundo en su justa dimensión. El territorio latinoamericano es más grande que China. Sí, la superpotencia económica del siglo XXI. Colombia es el doble de España, Perú duplica a Francia, Ecuador es más grande que Gran Bretaña. Sólo Brasil es casi del mismo tamaño que China. Son datos que permiten comprender que la idea de Latinoamérica, como una unidad, es una fuerte presencia a nivel mundial.

Otra idea bastante difundida es que América Latina no es más que un montón de países pobres que están en el subcontinente americano, y que eso es lo que tienen en común. Arellano nos invita a pensar ¿Qué tienen más en común, un español y un griego o un mexicano y un peruano? Hay dos hechos clave: el idioma español y la religión católica. Luego detalla sobre la urbanidad en A.L. y demuestra que es más urbana que Europa o Asia, con un 79% de su población total viviendo en ciudades.

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La otra idea es esa imagen de una familia pobre con muchos hijos, mucha gente para pocos recursos. Nada más lejos de la realidad. Arellano nuevamente demuestra que A.L. tiene una densidad poblacional similar a Estados Unidos y muy por debajo de Europa o Asia. En contraste con esta percepción, está la idea de que A.L. tiene muy poca población para ser un mercado apetecible; Arellano nos expone un fenómeno por demás interesante. Él lo llama “bono poblacional” dado que actualmente América Latina tiene muchos jóvenes y poca gente mayor. Esto nos hará altamente productivos en poco tiempo, a diferencia de Europa donde la pirámide está invertida. Mientras Europa tiene 61 millones de jóvenes, A.L. tiene 109 millones en una población total de 650millones de habitantes frente a los 505 de Europa.

Luego aborda los típicos mitos latinoamericanos: machistas, flojos, poco educados, dictatoriales, pobres, muy desiguales y con una mezcla cultural que les impide desarrollarse. En pocas palabras señala Arellano que las cifras demuestran todo lo contrario.

El machismo es fácilmente rebatible dado que A.L. tiene una participación de más del 57% en la fuerza laboral por mujeres, cifra muy cercana a la de Europa con un 58.6%.

De la “flojera” latinoamericana, Arellano habla de cómo la construcción de indicadores afecta la supuesta brecha productiva que hay entre América Latina y el mundo. Si se usan estadísticas más realistas como el PIB Real o el PIB PPA per cápita, donde se evalúan los resultados con base en el poder adquisitivo las distorsiones del consto de vida en Europa o Estados Unidos frente a América Latina, dejarán ver una realidad menos distante. A esto hay que añadir un fenómeno bastante extendido en nuestra región: la economía informal.

Respecto al tema de educación Arellano habla de dos cosas: uno, que la realidad de años en educación, en el sistema, ha venido mejorando consistentemente en A.L. y dos, que es necesario analizar el “analfabetismo funcional” donde pese a las cifras de escolaridad, el comportamiento de países como Italia deja más que desear. El tema de la democracia es rebatible con una sola realidad: la mayoría de los países con excepción de Cuba se declaran y funcionan democráticamente.

En conclusión, el libro de Arellano es un texto para leer con calma, pensar un poco en la realidad que nos rodea y prepararnos para voltear y salir de la caverna, como dijera Platón. Muchas veces estamos acostumbrados a la visión eurocentrista o americentrista donde las únicas posibilidades de desarrollo pasan por la senda de la realidad europea o norteamericana. Cada región ha vivido un proceso cultural, histórico, político distinto; mientras Europa se formó a partir de los imperios y reinos, una sociedad de castas, luego de clases, donde prevalecieron las monarquías hasta casi el s. XIX en todo el territorio y hoy siguen latiendo… o bien una Norte América que se formó a partir de las persecuciones religiosas de esos reinados europeos. Nuestra Latino América es el producto de la pervivencia cultural de las civilizaciones precolombinas, las migraciones europeas colonialistas, la conformación de una sociedad mixta, y la migración de las guerras mundiales. Somos un producto diverso y distinto al mundo occidental pero contenemos tanta occidentalidad como cultura propia. Latinoamérica interpreta la occidentalidad desde su propia identidad. Eso hay que entenderlo. Les invito a revisar el libro de Arellano y mirarse en un espejo propio.

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