LA NUEVA IZQUIERDA NO ESTÁ PATENTADA

En el artículo anterior hablé de algunas cosas que vale la pena tener en mente en la construcción diaria –y sin papeles- que es la política y los retos de un mundo solidario. Hablo de izquierda porque, más allá de la clasificación clásica, el reconocimiento del otro como igual es un lazo que tenemos con la izquierda tradicional. Sí, hoy todo es diferente, y podemos sentirnos a gusto hablando libremente… Soy mujer, latinoamericana, venezolana, y tengo voz y voto. Este logro habla de que la nueva izquierda asume nuevos retos más allá de los Derechos Políticos en los Económicos, Sociales y Culturales.

No voy a negar que hay personas que me han tachado de idealista; porque ellos tienden a pensar que la Constitución y  la formación ideológica y teórica del político son “inútiles” frente a los males que aquejan a la praxis política.

En mi caso particular puedo ilustrar el tema de la siguiente forma: la política es como la medicina. No se prepara el médico para atender a pacientes sanos únicamente, sino que se prepara para los males que aquejan al cuerpo humano. En el caso de la política hay que comprender dos cosas: El deber ser y Cómo son las cosas.  Nadie pretende que el juego político se lleve a cabo únicamente en el deber ser; porque justamente a partir de las desviaciones de la teoría a la práctica es que se asumió finalmente que el marxismo ortodoxo es utópico e inviable.  Pero tampoco podemos sumirnos en un pragmatismo absoluto del “como son las cosas” al punto de perder las formas correctas. Sería como si el médico mal preparado extrajese un riñón en vez del apéndice –se da cuenta- extrae el apéndice, y deja al paciente igual sin riñón porque “de todos modos esta vivo”… y luego cada vez que tiene que hacer la operación pues “saquemos el riñón” porque “la otra vez salió vivo. No bien… pero vivo”.  Sería inadmisible que tal cosa fuese una práctica, pero así ocurre en la política.

La gente teme un cambio que hable del deber ser. La gente se vuelve agnóstica y duda de todo negándose a vivir con dos riñones –como debe ser- porque el médico aquél –que opera mal- igual saca “medio vivo” al paciente.

En la política el papel de las generaciones nuevas tiene que ser recordarle a aquellos que “ya tienen callo en la piel” que debajo de ese callo aún se siente. Tienen que recordar que el deber ser es la meta.  Tienen que saber que meterse en política es luchar por servir al otro, y –ante todo- servir a la Constitución.

Nuestra Constitución es muy joven; de hecho, quien haya nacido en 1999 aún no tiene edad para votar. Pero esa joven Constitución es el pacto de refundación de nuestro país. Ese librito es nuestra meta; y sus metas están enmarcadas en un país que es Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político” (art.2)

Además en el art.3 señala: El Estado tiene como fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes consagrados en esta Constitución”

Yo me siento orgullosa de esa meta. Y quiero que todos los venezolanos llevemos en la mente, el corazón y el espíritu (en ese orden) a nuestra Carta Magna cuando vayamos a votar.  No podemos seguir siendo conformistas con los pacientes medio vivos; no podemos seguir pensando que las palabras de nuestra Constitución son letra muerta. Nuestra joven Carta Magna es letra viva mientras nosotros como ciudadanos le demos aire. La política tiene EL DEBER de someterse a las reglas del juego que marca el Soberano quien, en acción directa, actuó en el poder constituyente.  Venezuela es un país que lo tiene todo para ser una potencia, que lo tiene todo para tener paz, seguridad, progreso, estabilidad y un nacionalismo boyante porque tenemos millones de cosas por la que sentirnos orgullosos. Pero necesitamos querernos más como país, querer más a nuestra industria, nuestros suelos, nuestro Estado. Necesitamos reconocernos los unos a los otros venezolanos todos, suficientes y necesarios para lograr la transformación nacional y el cumplimiento de las metas que nos trazamos en el 99.

A quienes lideran en la política: queremos un país tal cual como dijimos que lo queríamos en nuestra Constitución.  No queremos dádivas, sino cumplimiento. No queremos sectarismo sino inclusión y solidaridad. No queremos marramucias sino ética y justicia. Queremos lo que ya –como Soberano- pactamos. No me vengan con que sin un riñón igual se vive; quiero mis dos riñones.  La nueva izquierda no está patentada por un sector, está pactada en la Constitución. Un gobierno con, para, por y desde el Pueblo.

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