Quizás hay algo de morbo en el arte. Algo de decadencia como habla Hanni Ossot o como dice ella de Rilke. Todo angel es terrible. Las punciones de las formas atormentan al artista más estoico. Quizás la memoria de lo vivido o los problemas irresolubles de la mímesis. En todo caso, siempre hay algo de tormento en la poiesis. Porque la creación siempre es un fantasma del creador, porque las palabras son sordas a las sensaciones y porque la plástica se limita al espacio. Casi es un problema físico; tiempo y espacio delimitan a la creación que nunca es actual en tanto en inacabada. Apenas en el instante minúsculo del último brochazo, de último cincel, existe. Con acabada imperfección para sentirse presente. Pero igual yace sin vida, y en su continuo devenir es producto de todos los agentes que la afectan y que terminan por ser más creador que el que la ideó. ¿Cómo puede no sentirse turbado el artista? Espinoza quizás tenía razón. La libertad no existe.

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