un poema de amor

un poema de amor puede decir muchas cosas

un poema de amor puede ser una promesa

puede ser un tributo

una memoria

adiós.

un poema de amor puede hablar de cuerpos

puede hablar de espacios

de tiempo

dolor.

un poema de amor puede ser un concierto

puede ser una caricia

una fragancia

voz.

Un poema de amor puede ser pretensión

puede ser soledad

un guiño

ficción.

Un poema de amor puede ser un reencuentro

puede ser la espera

el ansia

emoción.

Un poema de amor puede ser tantas cosas, falsas, ciertas, grandes, chicas, redondas, cuadradas, nobles, raras, obsoletas, repetidas, femeninas, masculinas, andróginas, invisibles, lejanas, agobiantes, exactas, efímeras, seductoras, indomesticables, eternas o mudas.

Un poema de amor, a veces, sólo a veces, raras y maravillosas, es el espacio a tu lado donde falta un cuerpo, su cuerpo, y el alma que lo contiene.

Un poema de amor a veces, sólo a veces, raras y maravillosas,  no puede ser escrito; porque la verdad, como la nada, es indemostrable.

Un poema de amor a veces, sólo a veces, raras y maravillosas, comienza a escribirse solo en el trascurrir de los años con palabras de un lenguaje desconocido.

Así, declaro mi incapacidad para escribirte, con estas letras, un poema de amor.

Günter Grass; palabras… lo único que se mantiene.

Dejo aquí algunas frases, poemas y un ensayo …. en fin… palabras de Grass.

Nas

Imagen

“Europa no conseguirá sobrevivir sin inmigración. No debería tenerse tanto miedo de eso: todas las grandes culturas surgieron a partir de formas de mestizaje”. G.Grass.

“Los cementerios siempre han tenido un atractivo para mí. Ellos están bien mantenidos, libres de ambigüedad, lógicos, viriles, y vivos.” G. Grass

 

Danza en la nieve

Después de tantos cambios de tiempo, 
duros se levantaban unos árboles ante un gris mojado, 
ninguna otra cosa se le ocurría al invierno- 
¡nieva!, ¡nieva! 
Sobre el este y el oeste cae nieve, 
cubre, iguala, 
como si, por obra del tiempo, 
hubiera vencido el socialismo 
y Mariano Medina, el hombre del tiempo que empuja las nubes, 
fuera -inmediatamente después del telediario- 
su profeta. 

Bailemos en la nieve, así, 
mientras siga aquí, dejaremos huellas 
en el blanco que crepita, 
huellas que queden, huellas que queden, 
hasta que -está anunciado- llegue el deshielo, 
este u oeste, desnudos de nuevo 
y sin manto, se puedan distinguir. 

Bailemos en la nieve.

Versión de Eustaquio Barjau

……………………..

Varados

Tras empinado ascenso,
hasta llegar más alto que las nubes
y más arriba aún,
Ícaro e Ícara se precipitan
más rápido de lo previsto,
pero aterrizan suavemente en las dunas,
donde -más empinado aún-
planean el siguiente vuelo.

Versión de Eustaquio Barjau  

…………………………………………….

GÜNTER GRASS – Kafka y sus ejecutantes

 

 —JUZGA tú mismo —dijo Olga—, la cosa parece muy sencilla y al principio no se comprende cómo puede tener una gran importancia. En El Castillo hay un funcionario muy importante que se llama Sortini.
 —Me han hablado ya de él —dijo K.—, fue uno de los que intervinieron en el asunto de mi llamada.
 —No lo creo —dijo Olga—, Sortini apenas se muestra en público. ¿No le confundirás con Sordini, escrito con “d”?
 —Tienes razón —dijo K. —, era Sordini.
 —Sí —dijo Olga—, Sordini es muy conocido, uno de los funcionarios más diligentes, del que se habla mucho; Sortini, en cambio, es muy retraído y no trata con casi nadie. Hace más de tres años que lo vi por primera y última vez. Fue el tres de julio, con motivo de una fiesta del servicio de incendios, El Castillo participaba también y había comprado una bomba nueva. Sortini, que se tenía que ocupar en parte de los asuntos de los bomberos (o que quizás ostentase la representación de otro, porque los funcionarios se representan unos a otros, con lo que es muy difícil saber de qué se ocupa uno u otro de los funcionarios), participaba en la entrega de la bomba; naturalmente habían acudido además otras personas del Castillo, funcionarios y criados, y Sortini estaba, como correspondía a su carácter, totalmente apartado, al fondo…
 Esta cita de la novela El Castillo de Franz Kafka, la cual empezó a escribir en 1922 y dejó incompleta, lo mismo que Amerika y El proceso, pretende servir de introducción a algunas reflexiones en torno al décimo aniversario de la ocupación de Checoslovaquia, como modelo del carácter “kafkiano” de la burocracia y punto de partida literario. Puesto que no escasean los análisis políticos de los sucesos que condujeron al 21 de agosto de 1968, quiero derivar de esta visión de Kafka sobre la administración total algunas preguntas acerca de las estructuras a que las sociedades del Este y del Oeste, dejando aparte su poderío militar, económico e ideológico, están más que nunca sometidas.
 ¿En qué forma prosigue la actividad de Sortini y de Sordini? ¿Qué persona o qué agente inevitable encubre sus competencias? ¿En qué se basan las atribuciones para todo y nada? ¿Cuál es la relación recíproca entre el aumento o el descenso de la burocracia y la corrupción? ¿En qué momento los aparatos administrativos comienzan a volverse inmateriales y parabólicos, en el sentido establecido por Kafka?
 No es posible dar una respuesta unívoca a estas preguntas, pues la naturaleza de la burocracia, incluso en el ámbito insignificante de la antesala, es ambigua: aproximarse al Castillo significa perder de vista sus contornos. No importa la ideología que acompañe: en la expansión del poder por múltiples y aparentemente confusas vías administrativas radica su ubicuidad, la cual ya no posee el anticuado estilo imperial y real que conociera el escritor Kafka, sino que tiene una vigencia actual y perspectivas para el futuro, es decir, está provista de tecnologías modernas, si bien conserva el carácter anónimo que a lo sumo permita vacilar entre Sortini y Sordini. Sigue dominando a la sociedad humana, a la cual sabe clasificar y afirma salvaguardar; hace valer su control sobre el individuo —sea éste funcionario o ciudadano— o lo enreda en infracciones, en nombre de ciertas leyes tanto con aire antiguo como alteradas.
 La burocracia es la única organización internacional colocada por encima de las potencias ideológicas que en todo el mundo defienden su pretensión a ser los dueños únicos de la verdad, que con base en ella se excluyen mutuamente y a menudo se enfrascan en luchas hasta la destrucción total. Se considera omnipotente. Sola se certifica. Después de cualquier cambio en el sistema ideológico continúa trabajando, casi sin trastornos, porque sabe integrarse en los respectivos sistemas nuevos, sin atender a consideraciones de valores. Nada es capaz de sustituirla. Aun durante los tiempos de máxima agitación política, en medio del caos revolucionario, confiará en su propia legalidad: sobrevive e incluso guarda su olor.
 Tal calidad convence. Cuando todo se hace pedazos, hay una gran demanda de estabilidad. ¿Qué sabríamos sobre nosotros mismos y sobre los demás si no perdurasen (como perpetuas rendiciones de cuentas) la cédula de identidad, el Cuestionario, el legajo personal, el expediente? Nada saldría a la luz, de no ser por estas secreciones de papel de la existencia humana, llamadas documentos.
 Sin la intervención de la burocracia, que todo lo conserva, no se hubiera logrado, por ejemplo, hacer reconocible, hasta un grado excesivo de claridad, el retrato del juez de la marina y posterior presidente del Consejo de Ministros, Hans Filbinger. Espanta el hecho de deber tanto conocimiento a la burocracia. La circunstancia de que Filbinger, dedicado a hacer averiguaciones sobre otros, se haya convertido él mismo en una víctima de este método, no mitiga la naturaleza problemática del asunto, sino muestra que el disimulo partidista y aún más la piedad son ajenos a la esencia burocrática. Ni rango ni nombre hacen mella en su memoria. Si Filbinger se llamara Fildinger y admitiera una confusión parecida a la de los funcionarios del Castillo de Kafka, Sortini y Sordini, Fildinger, que no ascendió a presidente del Consejo de Ministros sino siguió ejerciendo con éxito su carrera de abogado, no tendría nada qué temer, aunque el conocimiento que por medio de la burocracia pudiera adquirirse acerca de él fuese más aterrador todavía que la revelación que nos espantara con respecto a Filbinger. Sólo se constituyó en un caso importante por haber sido presidente del Consejo de Ministros.
 Sin tener en cuenta la autoridad de su cargo y la sensibilidad que muestra la democracia hacia los dignatarios elevados, tanto Filbinger como Fildinger supo llevar a cabo sin contratiempos el cambio de la estructura de poder bajo el imperio pangermanista del nacionalsocialismo a la República Federal de Alemania: comprometido siempre con la ley, se ocupó con la complicación de conocimientos sobre otros. Aunque Filbinger ya no tenga permiso para ello, Fildinger no deja de trabajar con diligencia.
 En este sentido, Sortini y Sordini se han mantenido fieles a sí mismos: en coordinación con distintos servicios de reconocimiento, cumplían y cumplen con su deber. Se reconocen por la posibilidad de confundirlos.
 Pueden ser intercambiados mutuamente. Son idénticos sólo a aquellos procesos de papel, legalmente asegurados en todo momento y que entretanto se antojan eternos, que representan la esencia de la burocracia, pero nunca a adjudicaciones ideológicas que se dejen evocar y de las que se pueda abjurar.
 Después de la caída del aparato de poder fascista, y pese a las reformas democráticas esforzadas, por regla general, el carácter de la administración que sobrevivió al sistema no fue dañado en su sustancia y retuvo fuerza suficiente para vencer, con la ayuda de un vigoroso alimento, como por ejemplo el llamado decreto de radicales, todas las barreras erigidas por las reformas, volviendo a desplegar su actividad en una forma desmedidamente libre de valores, es decir, bastándose a sí misma. De igual manera se conservó la sustancia de la administración en el país que brindara sus realidades gráficas al escritor Franz Kafka: pese a las confusas peripecias ideológicas ocurridas desde los remotos tiempos imperialistas y monárquicos hasta la actualidad del comunismo real, El Castillo de la novela del mismo nombre ha podido guardar, como metáfora, su multiplicidad de significados, ha rechazado y desgastado a miles de agrimensores lo mismo que a los buscadores de la verdad. Ha penetrado, incluso, en todas las dimensiones. Más alto, más ancho, provisto de diversos sótanos nuevos, El Castillo por fin descansa también sobre un fundamento ideológico.
 Desde que el comunismo de cuño leninista-estalinista impusiera la burocracia de partido a la burocracia general consagrada por el uso, para decirlo de alguna manera, y desde que logró reunir a todos los órganos detrás de una sola voluntad, el poder anónimo de la burocracia engloba totalmente al ser humano individual.
 En la novela El proceso de Kafka, el acusado Josef K. no averigua nunca de qué se le acusa ni quién lo condena. El agrimensor K. traba, ciertamente, conocimiento con algunos señores del Castillo y funcionarios de nivel medio, en parte debido a su tenacidad y en parte por conducto de las mujeres a las que usa astutamente, pero no avanza hasta El Castillo, hasta la estructura interna del poder que lo envuelve también a él. El agrimensor K. se embrolla en acciones y episodios. A menudo parece haber olvidado las razones de sus esfuerzos. Se hace culpable. Se desgasta. Se agota con las tramitaciones oficiales.
 Dicha pasión existe desde hace décadas como literatura y se cuenta entre los clásicos modernos. Asimismo, el modelo utópico que el autor nos legó, una visión tan precisa como significativa, fue alcanzado y se ha vuelto realidad en todas las naciones totalitarias, en todos los lugares donde coinciden el poder y la administración. Una de ellas es su tierra de origen. La República Socialista de Checoslovaquia ha salvado sin perjuicio la estructura de poder de su burocracia partidista, pese al vehemente intento de reforma de la “primavera de Praga”. Es cierto que la ocupación de Checoslovaquia fijó hace diez años una fecha de poderío político, pero los motores de los tanques de las potencias de la ocupación habían sido encendidos desde mucho tiempo antes. A principios de la década de 1960 surgieron las fuerzas y las contrafuerzas. Un suceso periférico servirá para reflejar esa ostentación de poder. Resulta más adecuado que las conocidas acciones del Estado para poner al descubierto las causas del persistente conflicto. Entre otras cosas, se habló también del agrimensor K.
 El 27 y 28 de mayo de 1963 un grupo de letrados, filósofos y escritores se reunió en El castillo Liblice de Bohemia para hablar sobre un autor cuyos libros hasta entonces habían sido desacreditados, si no es que tabús, y cuya edición como obras completas hasta la fecha ha resultado imposible en las naciones del bloque oriental. Al dar por sentado que desde el 20° Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética no sólo había cobrado importancia la tesis política de la coexistencia sino que también se permitía, dentro de ciertos límites, la crítica al estalinismo, principalmente bajo el lema de “La pasada fase del culto a la personalidad”, es posible concebir la conferencia sobre Kafka llevada a cabo en El castillo Liblice como una temprana señal de la primavera de Praga.
 Los participantes en dicha conferencia se consideraban, sin excepción, como marxistas. Todas las ponencias, 27 en total, expedían al escritor Franz Kranz el certificado más o menos franco, en algunos casos vergonzante y sujeto a restricciones, a menudo rimbombante pero fiel, en términos generales, a la doctrina del marxismo, de haber sido, pese a su concepto pesimista de la vida, un escritor humanístico y de formar parte, por lo tanto, del patrimonio humanístico comunista. Fue calificado de progresista.
 Si bien actualmente estos dictámenes parecen ridículos, en ese entonces fueron muy necesarios: sólo esa muletilla admitía discutir a Kafka. Presentárase con convicción o guiñando el ojo, el testimonio de que el escritor hasta entonces proscrito o callado fuese un humanista despejó el camino para reflexiones ulteriores.
 A manera de resumen, más tarde se hizo la siguiente declaración:
 La conferencia se esforzó por lograr una aclaración ideológica de los problemas literarios relacionados con la obra de Kafka. Algunas ponencias plantearon asimismo, naturalmente, preguntas referentes a la política cultural de ciertos países, sobre todo la cuestión de si deberían editarse las obras de Kafka. El intercambio de opiniones fue provechoso también a este respecto, aunque la conferencia desde luego no gozaba de la autoridad como para participar en la solución de estos asuntos, ni podía tenerla.
 El posterior destino de algunos asistentes a la conferencia pone de manifiesto las conmociones que han afectado al comunismo desde entonces. El presidente de la misma, Eduard Goldstücker, lo fue también de la asociación checoslovaca de escritores durante el efímero periodo de Dubcek; actualmente vive como emigrado en Inglaterra. El austríaco Ernst Fischer fue expulsado del Partido Comunista de su país por protestar contra la ocupación de Checoslovaquia. Roger Garaudy tuvo que abandonar el Partido Comunista de Francia por decisión de su Comité Central.
 Para finalizar su intervención, Garaudy cita un diálogo entre Kafka y Gustav Janouch, amigo de éste, sobre Picasso. Con motivo de la primera exposición cubista en Praga, el amigo dice: “Es un deformador petulante.” Y Kafka replica: “No lo creo. Sólo hace constar las desfiguraciones que aún no penetran en nuestra conciencia: el arte es un espejo que ‘se adelanta’ como un reloj… a veces.”
 La comparación entre Picasso y Kafka no tuvo eco en las otras ponencias. Ninguno de los participantes deseaba ir tan lejos. Fueron más frecuentes los intentos de demostrar una temprana relación del joven Kafka con el socialismo. Una y otra vez se aseveró que Kafka había logrado, especialmente, revelar la enajenación del ser humano dentro del sistema capitalista. La crítica burguesa del oeste fue censurada por mistificar a Kafka y suprimir su posición crítica ante la sociedad.
 A esto, el filósofo polaco Román Karst respondió en la siguiente forma:
 “…la crítica burguesa ha sido acusada de falsear el sentido de la obra de Kafka; es más, incluso se afirma la necesidad de defender a Kafka contra ella. Tales asertos olvidan, sin embargo, que durante muchos años después de la última Guerra Mundial no escribimos una sola palabra sobre Kafka, sino que lo callamos. Muchos nos han exhortado a leer de manera racional a Kafka; pero ¿es posible siquiera leer racionalmente a un novelista? En mi opinión debe ser leído y, sobre todo, impreso.
 Ernst Fischer, por su parte, pidió una aplicación práctica al socialismo:
 Kafka es un novelista que nos atañe a todos. La enajenación del ser humano, pintada por él con máxima intensidad, alcanza dimensiones monstruosas en el mundo capitalista. Sin embargo, el mundo socialista no la ha superado tampoco, de ningún modo. Vencerla paso a paso, mediante la lucha contra el dogmatismo y el burocratismo, en nombre de la democracia, la iniciativa y la responsabilidad socialistas, constituye un proceso que tomará mucho tiempo y representa un enorme cometido. La lectura de obras como El proceso y El Castillo es indicada para contribuir a la solución de dicha labor. El lector socialista hallará en ellas algunos trazos de su propia problemática y el funcionario socialista se verá obligado a presentar argumentos mejor documentados y diferenciados con respecto a muchas cuestiones.
 El publicista y traductor Alexej Kusák, de Praga, se adelantó un paso más:
 Sobre todo el hecho de que Kafka sea también el narrador de nuestras absurdidades, de que las situaciones kafkianas sirvan como modelo de ciertas circunstancias que en los países socialistas conocemos desde la época del culto a la personalidad, habla en favor de Kafka y de su capacidad genial para tipificar, o sea, de su método artístico, el cual lo puso en condiciones de reconocer que determinado grado de opacidad en las relaciones sociales y el absolutismo del poder institucional engendran, día con día, situaciones absurdas en las que inocentes son acusados de crímenes que no cometen…
 Otras colaboraciones llegaron al extremo de comparar al siempre activo, insistente y ambicioso agrimensor K. de la novela del Castillo, que a veces llega incluso a las manos, con el pasivo, huidizo y evasivo Josef K. de El proceso, equiparación que adjudica al agrimensor un papel de precursor o revolucionario. Goldstücker sugiere que en el agrimensor se vea al repartidor de tierras. Con razón se levantaron protestas contra este intento de sacar provecho de Kafka, para el uso doméstico del comunismo, no sólo como humanista sino también como revolucionario. Franz Kafka no se deja asignar a ninguna ideología; previo la evolución de todas las corrientes ideológicas de sus tiempos.
 En su biografía de Kafka, Heinz Politzer cita un acontecimiento del año 1920 incluido en las Gespräche mit Kafka [Conversaciones con Kafka] de Gustav Janouch. Los interlocutores se topan con un grupo de obreros que, cargados de banderas y estandartes, salen de una asamblea. Kafka dice: “Esa gente tiene tanto aplomo, seguridad de sí y buen ánimo. Domina la calle y por consiguiente cree dominar al mundo. En realidad se equivoca. Detrás de ellos ya están los secretarios, los funcionarios, los políticos, todos los sultanes modernos para los que preparan el camino al poder. Y cuando Janouch pregunta, a continuación, si Kafka no cree que vaya a difundirse la Revolución rusa, éste contesta: “Cuanto más se extiende una inundación, menos profunda y más turbia se vuelve el agua. La revolución se evapora y sólo queda el fango de una nueva burocracia. Las ataduras de la humanidad vejada son de papel oficio.”
 Alguien que habla así no sacará ningún mito progresista del apremiante proceso de la historia, sino que la sufre. El concepto que Kafka tuvo del mundo era ca-tastrofista. De ello también se habló, en forma contradictoria, durante la conferencia del castillo Liblice. Al fin y al cabo, se trataba de preparar una nueva fase histórica después del pretendido término del estalinismo: dentro de un “comunismo humano”, tal como aspiraban a él los reformadores checoslovacos de la “primavera de Praga”, también Kafka, interpretado de una o de otra manera, debía ser posible.
 Ya es un lugar común denominar “kafkiano” al mundo de los trámites administrativos, a la reducción de la existencia humana a un expediente de actas y al despliegue de la burocracia y la corrupción. El cuadro exacto de la jerarquía burocrática y el contraste, que una y otra vez adquiere trazas de metáfora, entre el celo burocrático y una negligencia dedicada sólo a alborotar el polvo de las actas, ese mundo constituido totalmente de papel y construido de palabras que cobra realidad para el lector mediante la novela de Kafka El Castillo, admite la comparación con una realidad ajena a la literatura. No obstante, al mismo tiempo la obra de Kafka se reduce si en su conjunto es limitada a esta única interpretación, según la cual el agrimensor K. lucha contra un mal doble: la burocracia y la corrupción. Cor fundamentos igualmente justificados es posible interpretar la actividad del agrimensor como una búsqueda de Dios y de la verdad. El Castillo, que en su impenetrabilidad permanece inalcanzable, puede ser entendido como metáfora del concepto teológico de la misericordia. Asimismo, de la novela El proceso el lector pudiera derivar, pese a que el libro recrea el aparato triturador de la justicia terrena hasta en sus más terribles detalles, una divina instancia suprema. Al agrimensor K. le han sido atribuidos rasgos fáusticos. Y si se subordinara la obra de Kafka al concepto “laberíntico”, sería posible respaldarlo en forma concluyente con los términos de la mística judía. El gran número de interpretaciones posibles, incluso las extravagantes, sólo pone en evidencia que las obras literarias —como toda obra artística— poseen y deben poseer significados múltiples, porque no obedecen a los ritos de la lógica sino a las leyes de la estética.
 El afán de la interpretación única, correcta y de valor universal, se debe, la mayoría de las veces, a exigencias ideológicas o morales. En todos los lugares donde hay una sola forma de existir, con todo y una doctrina y moral de la verdad, surge también la pobre urgencia de una única interpretación cierta de las obras artísticas. (Allí, el arte es la vaca que se ordeña. Y lo que produce, aunque tenga un sabor amargo, debe corresponder a la idea común de la leche.)
 Por lo tanto, mi intento de interpretar la novela El Castillo de Franz Kafka, de manera particular en relación con la burocracia total, sólo se refiere a un aspecto parcial en la obra de este escritor. El hecho de que dicho aspecto parcial puede documentarse queda comprobado no sólo por el desarrollo de la trama, saturada de detalles, sino también por la retoñada realidad de nuestro mundo actual, que diariamente vuelve a ganarse como calificativo el lugar común “kafkiano”.
 Puesto que las burocracias del este y del oeste se igualan cada vez más, su pretensión total de dominio sobre el ser humano, como un ser definido mediante las actas, es expresada en una forma tan ubicua (y como fuera de todo control terreno) que les corresponde esa dimensión difusa, hasta trascendente, que no obstante puede denominarse divina y kafkiana.
 Pretendo afirmar que el orden fragmentario creado por Franz Kafka con recursos literarios, como la metáfora del Castillo, tuvo un carácter visionario, en cuanto a su significado burocrático trivial así como al teológico, en el momento de ser plasmado por escrito; ahora se ha transformado en una realidad ajena a la literatura. La visión fue alcanzada; la utopía, superada. En Praga y en nuestra propia casa, Kafka ha encontrado a sus ejecutantes.
 En todo el mundo se propagan las excrecencias burocráticas cuyo despotismo no sólo se sustrae al control democrático procurado aquí y allá, sino que también se cierra a toda razón sensata de ser. En su absurdidad, la burocracia de nuestros días se aproxima a Dios. Aunque fabricada y manejada por seres humanos, es superior a éstos en su funcionamiento espontáneo; y es sólo ahora, cerca de alcanzar la perfección, que muestra su modelo sobrehumano, que el autor Kafka debió representarse como algo real.
 Parece que la burocracia de nuestros tiempos ya no pertenece en suficiente grado a este mundo como para ser eliminada mediante reformas administrativas o, mucho menos, con un cataclismo revolucionario. Ya hubo intenciones semejantes. ¡Mayor cercanía al ciudadano! ¡Atreverse a una mayor democracia!, rezaban las consignas. Miles se levantaron en protesta para emprender la “marcha a través de las instituciones”. ¿Dónde quedaron? ¿En qué oficinas empezaron a confundirse entre sí, como Sortini y Sordini?
 A más tardar desde la reciente ampliación de la potencia burocrática general por medio de la tecnología nos hemos percatado del peligro inherente a los todopoderosos aparatos, como conceptos objetivados de Dios. Ya no nos enfrentamos a inconveniencias burocráticas que con todo pudieran mitigarse, sino con el destino correctamente impuesto. Así, debemos someternos: en Praga o en nuestra propia casa. Así, nos atrevemos, en Praga o aquí, a protestar contra ese poder universal. Al igual que el agrimensor K., tratamos de descifrar la jerarquía de la administración del Castillo, de obtener la famosa “admisión”, de entrar al Castillo… aunque sólo lo logremos por medio de sobornos.
 El Castillo se muestra benévolo con nosotros. Así como al agrimensor K. fueron asignados los llamados ayudantes, Jeremías y Arthur, a nosotros también nos conceden espías, en forma de micrófonos ocultos o la clásica pareja. Nos ayudan, son nuestros ángeles de la guarda. Se encargan de que no erremos en un sentido más elevado. Presienten nuestras acciones. Se alimentan con más datos referentes a nosotros de los que pudiéramos retener, en vista de la falta mortal de memoria que padecemos. Son una de las demostraciones divinas de benevolencia ofrecidas por la burocracia universal, con implicaciones vulgares y realistas y, a la vez, trascendentes.
 Puesto que los secretarios y los señores del Castillo de Kafka se quejan, como nuestros funcionarios de nivel inferior, medio y alto, de la carga y la responsabilidad que implica su deber burocrático —de la misma manera como el ciudadano afectado se queja de la protección y la pesada benevolencia de la burocracia— y, además, porque los funcionarios con deseos reformadores se empeñan, por iniciativa propia o a petición de los ciudadanos administrados, en reducir el tiempo de circulación de las actas, en fortalecer la jurisdicción administrativa a manera de contraburocracia, en humanizar los despachos oficiales con la ayuda de plantas de interior, en volver, de manera democrática, más transparente la actividad de los espías y en proteger nuestros datos, una vez recogidos, contra nosotros mismos y otros, es posible afirmar, con razón y sin admitir excepciones, que todos —los señores del Castillo y el agrimensor K., nuestros funcionarios medios y altos y los ciudadanos afectados—, todos los involucrados son trabajadores en la viña del Señor.
 Pues así quiere la burocracia, en Praga y en nuestra propia casa, que se le conciba. Aunque no podamos abarcar todo el conjunto —sea éste el que fuera: El Castillo o la viña o el Estado, con sus pretensiones absolutas—, formamos parte de él y se nos considera imprescindibles mientras sigamos trabajando en la viña del Señor. Debemos labrar y se nos permite quejarnos. Tenemos que guardar conciencia de nuestras relativas limitaciones; no todo el mundo puede saber y mucho menos hacerlo todo. Incluso desde una posición elevada, el conjunto a menudo resulta incomprensible. De ahí que ciertos encumbrados señores, de los que uno supondría que son poderosos y tienen todo bajo control, hayan sido capaces, últimamente, de hacer ademanes de impotencia.
 Hace poco, por ejemplo, se oyó al presidente del Consejo de Estado, Erich Honecker, exhortar a la burocracia de la otra nación alemana a ser, por Marx y Engels —y por el hombre socialista—, menos burocrática. Por supuesto, dicha exhortación quedó sin respuesta. Pese a la multiplicidad de sus formas, la burocracia no tiene boca.
 Y aquí, entre nosotros, el canciller y sus ministros se quejan elocuentemente de una impotencia que, si bien no puede compararse con aquélla, sí se le asemeja. Encuentran lamentable el hecho de ya no reconocer, simplemente, sus proyectos de canciller o de ministros, una vez que éstos son introducidos en la burocracia ministerial y devueltos nuevamente a ellos después del debido tiempo de circulación. Es cierto que la maquinaria aún funciona sin contratiempos, es más, con menos contratiempos que nunca antes, pero ya no de una manera conforme a sus instrucciones.
 Leemos, por ejemplo: en el fondo, el llamado decreto de radicales es nulo desde hace mucho tiempo. Sin embargo, la burocracia no quiere reconocer esta declaración de nulidad hecha por el poder gubernamental. En cambio, redobla los esfuerzos por realizar, hasta en sus últimas consecuencias, un decreto lanzado hace años, condicionado desde entonces en varias ocasiones y, finalmente, casi abolido. Salta a la vista que la burocracia se ha independizado. Hay que admitirlo, lamentablemente, por mucho que se aprecie la eficiencia de nuestros funcionarios.
 De esta manera, se habría identificado al culpable, si fuese posible dirigirle la palabra. Los poderosos se zafan del asunto: la burocracia tiene la culpa. Es la que convierte las leyes progresistas en su opuesto reaccionario. Constituye un Estado dentro del Estado. ¿No sería, pues, razonable y provechoso que el Estado constitucional introdujera al mayor número posible de radicales en el servicio público, a fin de acabar con ese Estado dentro del Estado?
 Hace diez años la gente estaba decidida, en Praga y en nuestra propia casa, a tomar por asalto los castillos burocráticos y vencer al Estado dentro del Estado. Recuérdese que la primavera de Praga tuvo su efímera correspondencia entre nosotros, en forma de la protesta estudiantil. En todas partes: París, Varsovia, Berlín, Praga, la “imaginación [aspiraba] al poder”, se invocaba el “principio de la esperanza”. No obstante, sólo en Praga la cosa no quedó en la protesta.
 A los pocos años de la conferencia literaria efectuada sobre Kafka en El castillo Liblice, primer impulso de una evolución trascendente, la primavera de Praga empezó a adquirir peso político. Coincidió con esa época mi primer viaje a Checoslovaquia, seguido por muchas visitas hasta el año siguiente a la ocupación. Más o menos por el mismo periodo también tuvo comienzo mi correspondencia abierta con el escritor checo Pavel Kohout, la cual fue publicada primero, bajo el título general “Cartas a través de la frontera”, en el semanario Die Zeit y luego en el periódico Student de Praga.
 Era insólito el simple hecho de que un escritor comunista y otro socialdemócrata se tomasen la libertad, que debía ser natural, de entablar una discusión crítica y autocrítica en forma epistolar, teniendo como fondo político la era posestalinista de Novotny en Checoslovaquia y el paralizador desconcierto del Partido Socialdemócrata de Alemania dentro de la Gran Coalición que regía en ese entonces; refutaba la triste experiencia histórica que había hecho de comunistas y socialdemócra-tas enemigos a muerte. Por escépticas que fuesen las actitudes de Kohout y mías ante nuestras propias posiciones políticas y las del otro, las cartas no estaban desprovistas de esperanza: Kohout creía al comunismo susceptible de reformas; yo confiaba en la capacidad de los socialdemócratas para realizar profundas transformaciones y en una síntesis entre la democracia y el socialismo. Ambos opinábamos que dicha síntesis tenía futuro.
 Cuando se obligó a Novotny a renunciar, y con el comienzo de una nueva era bajo Alexander Dubcek, parecía que en Checoslovaquia, el único país comunista  con una tradición democrática, podría moverse la montaña y nuestras esperanzas hacerse realidad. Durante unos pocos meses se puso de manifiesto, en la vida cotidiana de Checoslovaquia, que la democracia y el socialismo se motivan solidariamente. Al parecer se habían sacudido el yugo de la burocracia ubicua del Partido. Todo el mundo hablaba abiertamente y ensayaba su libre expresión como un lujo desacostumbrado, la lucía en público y por ello creía haberse librado de los espías de siempre, condenándolos al desempleo. Con orgullo, si bien con un poco de incredulidad y asombro todavía, era demostrado recíprocamente que la libertad de opiniones y el comunismo no tienen que ser mutuamente excluyentes. Ya se conjeturaba que las otras naciones comunistas habrían reconocido la utilidad que una reforma de esta naturaleza pudiera tener también para ellas, cuando el comunismo propagado por los tanques de la Unión Soviética llegó a poner fin a este gran ensayo fundado en la teoría y, no obstante, espontáneo.
 Para formularlo con mayor precisión: dentro de la esfera del poder soviético el intento de rajar la estructura leninista-estalinista del comunismo dogmático y también, por lo tanto, la dictadura ejercida por la burocracia del Partido, fue reprimido violentamente; en el oeste, sin embargo, el impulso emanado de Praga sigue vigente hasta la fecha. Sin él, los partidos comunistas de la Europa Occidental se hubiesen desarrollado de manera menos concreta, con mayores diferencias en su relación recíproca, y no se hubieran desprendido de la influencia soviética. La manifestación y el fracaso del socialismo democrático en Checoslovaquia volvieron a poner delante de los ojos de los partidos socialistas y socialdemócratas de la Europa Occidental sus propias demandas, les fijaron una escala. Sólo la “nueva izquierda” —residuo de las protestas estudiantiles— se interesaba aún en la teoría y se desintegró en grupos y sectas; vana fue para ella la lección de Praga.
 No obstante, opino que todos los análisis de esos acontecimientos, desde los cuales han transcurrido, entretanto, diez años, seguirán siendo insuficientes si se limitan a buscar las causas de aquéllos en la esfera militar, económica e ideológica. Baso la conclusión de que Kafka ha hallado a sus ejecutantes en el incremento de poder de la burocracia. En forma anónima, tal como corresponde a su naturaleza, sobrevivió al cambio político en Checoslovaquia, de Novotny a Dubcek y de Dubcek a Husak. Inmediatamente, entró otra vez en funcionamiento. Es probable que ni siquiera haya suspendido su actividad durante el interludio democrático. En todo caso, se habrá permitido, como siempre le será posible, dejar la marcha en vacío, confiando en la imposibilidad de ser sustituida. Se traspasa, es independiente de la moda. La demanda perpetua de seguridad que tenemos los seres humanos alimenta sus órganos. Cada nueva ley —por bienintencionado que sea su deseo de simplificar las disposiciones de seguridad vigentes hasta ese momento— engendra nuevos departamentos administrativos que, después de fusionar las secciones nuevas con las más antiguas, se multiplican sin fin mediante la derivación de divisiones subordinadas y diarias pruebas de su utilidad.
 La seguridad social que necesita el ser humano, la cual a menudo ha ingresado al plano legal sólo después de décadas enteras de luchas políticas, exige organización, aparatos que funcionen y una operación regular, libre de valores ideológicos, para garantizar al individuo y a la sociedad la pensión, la educación escolar y vocacional y el sitio en la universidad, para asegurarlo contra enfermedades y accidentes, proporcionar el mínimo necesario para la existencia a los afectados por la pérdida de su empleo, defender a todo mundo, en términos generales, contra un gran número de peligros e incluso para ofrecer seguridad contra los enemigos del Estado y de la sociedad.
 Necesitamos, pues, la burocracia. De poder y querer deshacernos de ella, quedaríamos sin defensas, en el caos. Franz Kafka fue durante muchos años empleado e investigador de casos en la oficina para los seguros de obreros contra accidentes. Pese al agobio, apreciaba la utilidad de su trabajo en vista del gran número de accidentes sufridos por los obreros y la insuficiencia del servicio de seguros contra accidentes. De ser necesario, sería posible sustituir una fuente de energía faltante —petróleo o electricidad— por otra, pero nada serviría para remplazar una burocracia faltante, a menos que se propusiera como opción una burocracia nueva, más universal todavía, moderna y que racionalizara nuestra creciente demanda de seguridad.
 Por ese camino vamos. El tiempo de las oficinas con olor a enmohecido y de los estorbosos archiveros se acerca a su fin. En ocasiones se ha dicho, en defensa de la burocracia, que crea y conserva puestos de trabajo, pero en el futuro este argumento ya no podrá hacerse valer porque en el curso de la racionalización general, incluso en la esfera administrativa, con su alto número de puestos de trabajo, las computadoras grandes y minúsculas, los sistemas de almacenamiento de datos, las instalaciones electrónicas una y otra vez mejoradas, los centros de informática que trabajan por diversos medios de comunicación y los otros productos de la segunda revolución técnica remplazarán o, para decirlo en forma más agradable, liberarán a los señores y los secretarios del Castillo de Kafka y a sus sucesores, los empleados y funcionarios de la burocracia.
 Lo llamamos progreso y nos infunde un poco de miedo. Ciertamente, dichas evoluciones progresistas abolirán, y en parte ya lo están haciendo, nuestros conceptos consuetudinarios del trabajo como realización de uno mismo o como esclavitud; pero los trabajadores así “liberados”, los empleados y los funcionarios se sentirán tan enajenados con este excesivo tiempo de ocio como antes en sus empleos acostumbrados. Peor aún: este cambio previsible, que no obstante habrá de tomarnos desprevenidos, no modificará el carácter de la burocracias En todo caso, será más perfecta. Se multiplicará, porque tanta inactividad en los complejos espacios de ocio requerirá ser administrada, asegurada y protegida contra los abusos. Las masas inactivas tienden a salirse fuera de control. Se apelotonan, son capaces de emociones irracionales. Ya que supuestamente han quedado sin rumbo fijo, es posible que busquen un sentido y se fijen objetivos fuera del orden legal. Mientras que el agrimensor K. arremetía inútilmente contra El Castillo, la masa K. podría tener éxito en su acción destructora y romper los aparatos que la liberaron.
 No obstante, la nueva burocracia se asegurará también contra estos peligros preprogramados: alimentará a la sociedad del ocio con efímeras razones de ser y permitirá, incluso, restringidos juegos revolucionarios; o bien, desarrollará ulteriormente el moderno Estado policiaco en un sentido orwelliano. Con toda seguridad, el oeste dominará más pronto la evolución del futuro, pero no es posible descartar la posibilidad de que el este, a pesar de su cerrazón ideológica, lo iguale en ello, aunque sea con el retraso de siempre. Al resto del mundo, sea de orientación occidental u oriental, no le quedará más que aprender de ellos e imitarlos, máxime cuando las masas asiáticas, africanas y sudamericanas todavía se encuentran desempleadas o en el estado liberado de acuerdo con la estructura tradicional; es decir, a causa de su demanda acumulada desarrollarán la clasificación administrativa, asegurada y afianzadora de las masas y, por consiguiente, la burocracia total.
 Esta dimensión futura ya se anuncia. Es inevitable para todas las ideologías. La pregunta de una alternativa sólo puede contestarse en forma radical, es decir, llegando hasta su raíz. El que desee sustraerse al sistema de seguridad de la burocracia deberá elegir, en lugar de la seguridad, el riesgo. El que elija el riesgo decaerá en el terrorismo o tendrá que disponerse a una larga y penosa lucha política. El que quiera el riesgo deberá empeñarse, como el agrimensor K. de Franz Kafka, en penetrar en un Castillo cada vez más lejano. El que actúe como el agrimensor K. pudiera llamarse Rudolf Bahro, quien escogió el riesgo. Puso por escrito lo que pasaba en El Castillo. No buscaba esa seguridad total. Se liberó de la oferta de esa seguridad. Ahora El Castillo cree tenerlo bajo llave. Pero con todo se hace oír. Es imposible tener sus palabras bajo llave. Su voz, empañada por el riesgo, se nos antoja conocida. Con la misma precisión, con la misma falta de seguridad, con la misma humanidad hablaron muchos hace diez años: en Praga y en Bratislava. El manifiesto de las dos mil palabras. Finalmente, dirigieron sus palabras contra los tanques.
 Hoy son los portavoces de la Carta 77 los que, como Rudolf Bahro, como el agrimensor K. de Kafka, han elegido el riesgo a pesar de la opción de la seguridad total. No importa que la novela El Castillo de Franz Kafka sea interpretada como auténtica imagen de la burocracia total o como metáfora de la verdad absoluta que debe buscarse: todos los aludidos se encuentran en camino hacia El Castillo. No sabemos si consigan llegar. Esta pregunta no ha sido planteada al riesgo. La novela de Kafka también quedó en el fragmento.
 Al echar una ojeada retrospectiva al 21 de agosto de 1968 no me interesaba redactar otro análisis más sobre las ya familiares estructuras del poder, ni un estudio que evaluara tan sólo el aspecto político e ideológico del comunismo de la reforma checoslovaca y su aborto, sino que en calidad de escritor tenía la intención de hacer girar mis reflexiones en torno a la conferencia realizada sobre Kafka en El castillo Liblice, la cual, si bien periférica, anunciaba la primavera de Praga. Por lo tanto, me quedaré con la literatura y sus efectos en esta última arremetida.
 El escritor Franz Kafka no sólo ha sido interpretado hasta volverse totalmente impenetrable, sino que también ha engendrado epígonos. Estos fenómenos fundados, por una parte, en su ambigüedad y sujetos, por otra, a la moda, no deben disfrazar el hecho de que algunos autores han logrado seguir los pasos de Kafka sin renunciar a su individualidad.
 El año pasado se publicó en la República Federal el libro Versuchte Nähe [Intento de cercanía] de mi colega Hans Joachim Schädlich. La delgada antología de cuentos no había encontrado editor en la RDA, y Schädlich emigró con su familia a la República Federal. Aún más que el relato que da el título al libro, la breve narración “Unter den achtzehn Türmen der María vor dem Teyn” [Debajo de las 18 torres de la María vor dem Teyn], escrita en 1971, nos muestra la forma modificada en que El Castillo de Kafka perdura hoy en día y la manera en que el servicio de seguridad del Estado se asegura de los ciudadanos que tiene a su merced, como burocracia y con la ayuda de la tecnología moderna. Con algunos cambios insignificantes, la historia podría llevarse a cabo en la República Federal, pero está ubicada en la Praga del 1968 y en Berlín Oriental: dos jóvenes ciudadanos de la RDA presencian el arribo de los tanques. Instalados debajo del arco de una puerta, contestan las preguntas de un reportero de la televisión occidental. Los espías de la RDA no pueden identificarlos: estaban con la espalda hacia la cámara; pero atraparon sus voces. Un dialecto matiza estas voces. Existen personas que estudian los dialectos. Por rendir un servicio a la seguridad del Estado, una de ellas está dispuesta, mediante grabaciones de las más diversas variantes dialectales, a confrontar, cercar y fijar en una población determinada las voces captadas. Después, resulta fácil encontrar a los dos jóvenes viajeros a Praga entre el conjunto de los pocos que fueron registrados en dicha población, arrestarlos e interrogarlos hasta que confiesan.
 Cito a continuación el octavo parágrafo del relato de Schädlich:
 Un supuesto portafolios cruza la puerta del instituto de la lengua vernácula. Siete armarios en un rincón bajo, abarrotados sin recelo con los productos de las extensas compilaciones efectuadas por conocedores aficionados al idioma materno, por el momento degeneran en siete factores de seguridad. Sobre 1 500 cintas y dentro de siete armarios sobreviven las arbitrariedades cometidas localmente —al norte, al este, al sur, al oeste y al centro— contra el resto de la lengua nacional.
 Unas manos comisionadas corren los pasadores en las cerraduras del portafolios, el pulgar y el índice derechos extraen de su custodia portátil una grabadora, dos voces atrapadas.
 La técnica adecuada induce a las voces a repetir opiniones de protesta; su capricho lingüístico los señala como habitantes de cierta región. ¿De cuál?
 Dos de los tres conocedores de lo vernáculo que se tienen a la mano no responden a las atentas exhortaciones, a las advertencias amables, a las encarecidas demandas.
 El tercero y el comisionado desdoblan el territorio de la nación asequible, deliberan con pericia sobre la ubicación de la zona buscada y cierran la trampa con un plumón azul. Abren los armarios llenos de la perecedera lengua, recorren la trampa a lo largo de los cortes frontales establecidos por las cajas en los armarios, comparan el idioma atrapado con los restos del lenguaje rural que la mitad del pueblo de buen grado dejó guardar en las cajas, desechan, confirman la orientación de la empresa y se aproximan, con base en sonidos imposibles de pasar por alto, a los habitantes de cierta región. De esta región. Más precisamente, de este distrito.
 En la novela El Castillo de Franz Kafka, en medio del ambiente pobre del pueblo, aparece al principio de la narración un teléfono, el único instrumento de naturaleza técnica. Está asignado a la comunicación con El Castillo.
 Hasta ahí habían llegado a comienzos del siglo. Hace diez años ya se sabía aprovechar grabaciones televisivas y magnetofónicas. Entretanto, hemos logrado mayores adelantos, tanto aquí como del otro lado. El agrimensor K. tiene que mantenerse al corriente. El Castillono caduca.
 
Grass, Günter. Ensayos sobre literatura. Fondo de Cultura Económica, México, D.F.  1990. Traducción de Angelik Scherp.

Del Amor y el Placer, entre tantas cosas…

De todos nuestros juegos, es el único que amenaza trastornar el alma, y el único donde el jugador se abandona por fuerza al delirio del cuerpo” como afirma M. Youcenar  un juego de deleite que trastoca las posibilidades del tablero, que le da vuelta, que lo aglutina, que lo contiene y desafía. Un juego donde perderse es la forma de ganar.

Cuántas veces me he preguntado qué es el amor, y sigo sin hallar las palabras exactas que satisfagan mis sentidos, mis mediatos sentidos, y el sentido supremo del que habla Wyslawa el de “la participación”. Quizá ahí se desdibuja la clave que debe esbozarlo en “participar de él”. Y es que definirlo es aprisionarlo y el amor nunca puede estar cautivo.  Seducción.  Eros, como el amor, es el deseo, decía Platón en El Banquete, se desea lo bueno, por tanto el amor es bello y bueno, es deseable. Lo bueno es bello, lo bello es bueno. Hay una interacción recíproca entre lo bello y lo bueno que imposibilita la existencia del uno sin el otro.

El deseo es incitación, satisfacción parcial, continua recordación de imposibilidad de satisfacción. Es inacabado.  ¿Acaso hay fin para la belleza? ¿Acaso puede entenderse una belleza absoluta? Darle meta a la belleza es darle muerte.  Y darle muerte a la belleza es condenar a la seducción. Por tanto la belleza ha de ser incompleta y buena. Y su deseo insatisfecho es la seducción.  Tampoco puede apresarse a la belleza porque eso es el canon, y el canon varía. Por ello no podemos acabar a la belleza, sino desearle.  ¿Cómo pensar en el deseo? ¿Es carencia? Algo así también se esbozaba en el Banquete. Diciendo que Eros era hijo de Penía (la pobreza) y Poros.  Debe entonces  se instancia intermedia entre lo bello y la carencia, la forma de memoria de lo temporal.  La seducción es la incitación que invita a la satisfacción temporal.  Una vez escribí “placer perfecto es el que incita pero no satisface” sino que invita a recomenzar.

Casi doce años de visitar el mismo cuerpo… perdón… Nunca es el mismo. Por ello me maravilla sus instancias intermedias, sus evocaciones lujuriosas, sus sentidos mediatos e infinitos a la vez.  La voz que reclama la continuidad del placer, la caricia constante, la sombra que cambia con la luz del ambiente, los dibujos de unos dedos curiosos, de una mano firme, un temblor repentino, un pequeño grito de muerte -como decía Cortázar- que da vida.  El olor familiar y la gama de nuevos descubrimientos.  El constante cambio. Los mil cuerpos de tu cuerpo, como escribió O. Paz.

Llamo a Heráclito el Oscuro “bajo dos veces al mismo cuerpo, y la segunda vez ni el cuerpo ni yo somos los mismos” – prefiero el cuerpo que el río. Bajo durante doce años y cada vez no somos los mismos… pero nos reconocemos y exploramos con efusiva calma, con clandestinidad y con la paciencia del naufragio elegido en la pareja. Ése que permite la exploración del destino entendiendo que no hay otro lugar, ése que impone buscar con deseo, con cautela, con apetito, con avidez y astucia.

Regreso a Youcenar: “El juego misterioso que va del amor a un cuerpo al amor de una persona me ha parecido lo bastante bello como para consagrarle parte de mi vida. Las palabras engañan, puesto que la palabra placer abarca realidades contradictorias, comporta a la vez las nociones de tibieza, dulzura, intimidad de los cuerpos, y las de violencia, agonía y grito”

Quizás hay en cada forma un poco de agonía y renacimiento… quizá no hay engaño posible porque abarca la incitación de todo mundo posible y consentido entre dos.

Bauman “libertad es lo que hace un ser en tanto que ser y racional”. Reparo entonces del Amor, del placer, de la seducción… todo lo consentido por tocar el infinito y, eso sí, después olvidarlo… sólo para recomenzar.

Volveré entonces por la mañana a mirarte a los ojos para asemejarlos a algún elemento de la naturaleza… y sentirte temblar.

Así… te quiero siempre, te deseo.

 

Democracia directa e indirecta: necesario distinguir. #Opinemos

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En resumen, muy vago, pero que sea un punto de partida:

a) Democracia directa: Es aquella democracia donde las decisiones y el gobierno, lo tiene directamente el pueblo, y la ejerce a través de asambleas. Es el caso de la antigua Grecia (con las salvedades del otorgamiento de ciudadanía) y es, lo que, básicamente, propone el Estado Comunal.Estas democracias también pueden tener un ejecutivo, el cual se divide el poder con las asambleas territoriales.

b) Democracia indirecta: es aquella que se ejerce a través de representantes (democracia representativa).

Hay 2 tipos

1) Indirecta participativa: Aquí hay varias formas efectivas de participar para la ciudadanía, una es el plebiscito (consulta ciudadana) Ej: Bolivia, Francia, Venezuela.

2) Indirecta no participativa: La gente tiene 3 formas de participar

a) Sufragio.
b) Militancia en partidos políticos: para operar las demandas en la arena política. Son actores políticos.

c) Grupos de Presión Social: Son los que alzan causas y ejercen presión tanto a partidos, como a gobierno.  Son actores sociales.

¿Qué creen ustedes, y por qué es conveniente?

 

Herramientas de análisis político: Tres textos-vitamina para el diálogo. #DemocraciaCrítica

Dejo cuatro textos que, en mi opinión, constituyen un compendio importante de discursos a tomar en cuenta para el debate democrático.  En un próximo post, empezaré por el paper de González Ricoy sobre Democracia Competitiva, para comprender su punto de vista desde el axioma del egoísmo y el conflicto de intereses en el poder.  Luego en Ferrajoli tenemos la perspectiva de los Derechos Fundamentales, y una crítica a Ferrajoli, hecha desde el conflicto entre los Derechos Fundamentales de Ferrajoli elaborada por Giorgio Pino.  Por último un ensayo que me parece interesante sobre el conflicto, la tensión, entre el constitucionalismo y el “deseo” de las mayorías en la democracia.

En Venezuela, todos estos temas tienen una vigencia impresionante. Creo que el debate sobre estos puntos ha quedado por debajo de la mesa.  Obviamente, el ciudadano común, difícilmente quiera caer en esta discusión, pero, con los altos grados de “politización” que se respira en el aire, sería interesante que algunos participaran de este debate con algunas herramientas de pensamiento político que permitan elevar el discurso más allá del debate estéril de la efervescencia politiquera.

Debatir, discutir, dialogar, es un proceso democrático que exige mucho de nosotros. Exige un papel crítico sustentado. No debe tomarse a la ligera; ésa, al menos, es mi opinión.

 

DEMOCRACIA COMPETITIVA

Derechos Y Garantias (La Ley Del Mas Debil) – Ferrajoli

Crítica a Ferrajoli

La tensión entre constitucionalismo y democracia

Textos fundamentales de Acción Democrática como propuesta, para debatir democráticamente.

Aquí la segunda compilación.

Aquí coloco dos niveles.

Por un lado los textos predecesores a Acción Democrática (Plan de Barranquilla, Con quién y contra quién estamos, Primera Conferencia PDN)

Plan de Barranquilla

Con Quien Estamos Y Contra Quien Estamos

Primera conferencia nacional del PDN

Constitución de 1947 y de 1961

CONSTITUCION 1947  CONSTITUCION 1961

Organizaciones Internacionales a las que se adscribe:

Internacional socialista y la democracia global

IUSY_Global_Political_Manifesto_

http://www.lainternacionalsocialista.org/viewArticle.cfm?ArticleID=31

EL Pacto de Punto Fijo

Pacto de PuntoFijo

Compilación de Textos del fundador de AD: Rómulo Betancourt

Seleccion de escritos politicos de Romulo Betancourt

Estatutos de AD (1996)

estatutosAD1996

Espero, podamos debatir sobre éste como con el PSUV.

Para los próximos post, voy con el MAS, COPEI, PCV. Luego PJ, UNT, ABP, VP, TUPAMAROS, REDES. Pueden sugerir con cuál seguir…. pero primero me gustaría empezar por debatir sobre PSUV y AD (ultimas dos entradas)

Democracia, es diálogo.

Textos fundamentales del “chavismo” como propuesta; a debatir democráticamente.

Durante estos días, estaré publicando los textos fundamentales de las propuestas políticas más importantes en el espectro político venezolano.

Mi idea es contribuir activamente en el Diálogo por la Paz; creo que para ello, tenemos que ver y entender a cada uno de los voceros que se aproximan, y haber estudiado sus propuestas y premisas.

Dejo, para empezar, los textos más resaltantes de la Biblioteca Chavista:

Programa-Patria-2013-2019

Libro-Azul-Web

LINEAS-ESTRATEGICAS-PSUV1

Libro-Rojo

Leyes del Poder Popular

Hagan click en el link para descargar.

Espero podamos iniciar algún debate democrático y fructífero!

LA HORMIGA OBRERA DEL NEOLIBERALISMO MUNDIAL (entrevista a Hernando De Soto) Reflexiones sobre el sistema capitalista.

Más allá de algunos juicios de valor de Sandro Cruz, creo interesante la perspectiva que brinda la entrevista sobre los puentes entre bandos de derecha, izquierda y centro en base a la realidad de los países. Dejo a ustedes las opiniones.
tomado de: http://www.voltairenet.org/article120090.html
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Hernando de Soto economista peruano, estudió la primaria y secundaria en Suiza en un colegio anglo-americano. Su padre se encontraba en este país porque se había exiliado por razones políticas, encontrando trabajo en la OIT (Organización Internacional del Trabajo con sede en Ginebra). De Soto estudiará y vivirá más tarde en los EEUU en donde es recuperado por el movimiento neoliberal para que cumpla una misión en los paises en desarrollo muy importante para los intereses de estos ideólogos capitalistas neoliberales.


¿Es Ud. un pensador y defensor de la política neoliberal?

Entiendo por neoliberal la aplicación de proyectos de estabilización monetaria, de equilibrio fiscal, de privatizaciones macro-económicas y yo creo en eso. Podría ser un liberal atípico, porque también estoy influenciado por Marx y su discurso de clases sociales, por Adam Smith y otros más. Me intereso en los mercados ilegales (informales y negros) de los sectores pobres del Tercer Mundo. Tengo fe en la libertad, que ha permitido desarrollarnos. Estoy contra los gobiernos neoliberales que no respectan la democracia.
(Nota de la redacción: Hernando de Soto no sólo fue asesor económico del ex presidente peruano Alan García sino que también del dictador Fujimori actualmente fugado en Japón y buscado por la justicia.)

¿La mundialización es un producto del neoliberalismo?

Non. Comenzó hace mucho más. Yo por ejemplo, soy un producto de la mundialización. Tengo antepasados peruanos indios y españoles. La gente cree que la mundialización pertenece a un contexto neoliberal porque los últimos progresos tecnológicos han sido únicamente provechosos a las grandes compañías multinacionales. Verdadero o falso, bueno o malo, una cosa si es cierta, desde la caída del comunismo, los pobres del mundo han sido ignorados por el capitalismo.

¿Ignorados?….quiere decir explotados…

Si toma mi país el Perú, u otros como México, Filipinas o Egipto donde trabajo actualmente, verá que solo 10% de la población se siente tocada por la mundialización. ¡Los 90% restantes no participan! Porque para participar en el mundo capitalista hay que utilizar sus instrumentos de representación que son los pagarés, títulos, acciones, bonos, etc. a los cuales los pobres no pueden acceder. No poseen ni siquiera títulos de propiedad, sus empresas no son legales. 70% a 80% de los empleos se encuentran en el sector informal.

El comunismo predicaba un futuro mejor para la Humanidad y ha terminado en un caos. ¿Que le asegura que la mundialización que predica lo mismo no terminará igual?

Se corre un gran peligro si el proceso es exclusivo. Somos 6 mil millones de seres humanos en la Tierra. Mil millones de personas es la población de los países adelantados. Los 5 mil millones restantes pertenecen a los países en desarrollo trabajando en una economía informal. Si se ignora a ésta mayoría, es evidente que el sistema va hacia su destrucción. Cómo lo decía Marx en su critica al capitalismo del siglo XIX, si el sistema no hace participar a la mayoría, como es el caso en Europa y Estados Unidos hoy en día, efectivamente vamos hacia una catástrofe.

La Historia muestra que los países que han llegado a ser grandes potencias industriales, como Estados Unidos, Japón o Inglaterra -por citar algunos-, han protegido su mercado, el famoso proteccionismo. ¿Porqué los países pobres o en desarrollo no deben hacer la misma cosa?

Si la idea es proteger mercados para crear un empresariado popular competitivo, estaría dispuesto a estudiar el caso, aún más proclive a estudiarlo en un contexto de integración regional. Regresar al proteccionismo que conocimos antes, que era sólo un pretexto para que una cierta burguesía peruana o latinoamericana pueda cobrarnos al resto de nosotros, tres, cuatro o diez veces más del precio mundial por un producto tan sencillo como un automóvil o una escobilla de dientes, la respuesta es ¡no! Además, eso no ha permitido la industrialización del país, sino lo contrario y reducido los niveles de vida.

Estaría dispuesto a examinar a un nivel intelectual si los proteccionismos de antaño estaban verdaderamente justificados. A estudiar si no hubiese sido más rápido el desarrollo mismo de Inglaterra sin ese proteccionismo. No quiero de ninguna manera abrirle la puerta a las oligarquías latinoamericanas de los años treinta y noventa.

Ud. declaró que la gente marginalizada del sistema encontrará sus propias soluciones (la informalidad, mercado negro, etc.) a sus problemas. Dio el ejemplo de Europa en el siglo XIX donde los marginados del sistema inventaron el comunismo. Entonces, se puede afirmar que son las elites financieras mundiales y las potencias económicas las que han creado la mundialización?

Pensar que es el resultado de un acuerdo de multinacionales es un error. Más bien ésta esfera no comprende lo que está pasando, no saben en que dirección va el mundo. En el campo académico-político si hay personas que saben, que han asesorado el gobierno de Thatcher, de Reagan, Bush y el mismo Clinton. Gente que ve un mundo más entretejido, más interdependiente y prefieren eso a un aislamiento, tipo dictadura Pol-Pot o Hitleriana. No es, como sospecha mucha gente, parte de una conspiración por las elites financieras. La mundialización es el resultado de fuerzas incluso más poderosas que las multinacionales.

El hecho que nadie haya podido controlar los movimientos de capital, que se están universalizando. La gente mueve su dinero con gran facilidad y quien se cierra a eso está desprovisto de capital. La incapacidad de las fronteras a encapsular geográficamente a la gente, turcos en Alemania, una cantidad enorme de latinoamericanos en Estados Unidos. Ocurre que los sectores privados, con una mejor imagen financiada han sabido labrarse un mundo más beneficioso que la clase trabajadora, ¡eso sí!

Los anglo-sajones fundadores de los «think tanks» (centros de reflexión también llamados institutos) hacen la distinción entre los verdaderos «think tanks» que buscan una investigación política independiente, objetiva y los « advocacy tanks » que sólo difunden su pensamiento. ¿A qué categoría pertenece su think tank Instituto Libertad y Democracia?

Es una mezcla de «think tank» con gerencia de proyectos. No somos un «advocacy tank» porque hemos contribuido al análisis con cosas nuevas. The Economist hizó la guía de los buenos «think tanks» en el mundo y nos dio la segunda posición. La mayor parte de nuestra actividad se realiza en el campo con proyectos y la participación de 180 profesionales en todo el mundo, la implementación de proyectos no es típica de un «think tank» que en general son personas sentadas en un escritorio estudiando documentos. Pero también promovemos lo poco que publicamos y en es caso podemos ser un «advocacy tank».

¿Quiénes financian vuestro instituto ILD?

Son 14 financieras que apoyan al ILD (Instituto Libertad y Democracia) que van desde financiadoras sociales cristinas como la Konrad Adenauer, el PNUD organismo de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, la UECIAD y algunas financieras privadas. Lo que nos da esa imagen, -como insinúa su pregunta-, es que siempre hemos sido bien recibidos por los neo-conservadores.

¿Y eso por qué?

Al investigar el lado oscuro de la economía -el mercado negro, el sector informal-, hemos documentado de que manera funciona y es en el fondo una economía de mercado. Esto es muy placentero a los conservadores. Anteriormente había la idea de que era un mundo comunitario que no lograba insertarse dentro de un mundo socialmente estructurado. Muchas de nuestras propuestas no proponen una sociedad distinta sino una sociedad mejorada.

La mayor parte del capital financiero mundial trabaja en la especulación y no tiene relación con la economía real. ¿Qué le parece eso?

Lo especulativo, lo que se llama capital «golondrina» que entra y sale con gran facilidad de un país al otro, es peligroso. Y eso pasó en Chile. Cuando trabajamos en el gobierno peruano seguimos una política de no prestarle facilidades y cuando vino la última crisis latinoamericana, el Perú fue menos afectado que Chile por haberse protegido contra ese capital especulativo.

¿Existe una «Tercera Vía» a su punto de vista?

La «Tercera Vía» no la veo como una opción económica, sino como una opción política. El excelente trabajo de Anthony Giddens -su ideólogo- fue encontrar una forma política de compatibilizar un gobierno de izquierda con los instrumentos liberales que son los únicos aceptables mundialmente. Si en el tema económico no se puede hablar de una novedad, en el tema político ha hecho posible gobiernos que van desde Schroder al de Tony Blair y me parece muy razonable.

Puede el capitalismo dar soluciones a los grandes desafíos, incluso al enorme desempleo dentro de los países industrializados o ecológicos como el recalentamiento de la atmósfera?

El capitalista no ha dado respuesta a todo, pero es el que más respuestas eficientes ha dado hasta ahora. ¿Cuántos europeos occidentales han emigrado a Europa oriental? Una mínima cantidad. Las grandes migraciones de hoy son de países no capitalistas a países capitalistas y estos últimos están resolviendo bastante mejor sus problemas que cualquier otra alternativa.
(Nota de la redacción: hubiese sido más interesante escuchar al Sr. de Soto comparar los muchísimos países históricamente capitalistas de América Latina, Asia o África actualmente en ruinas o rezagados con los países industrializados de Europa. Es cierto que hay evidentes diferencias entre los países de Europa (Este-Oeste), pero estos países antiguamente socialistas como la ex-Checoslovaquía, Hungría, Polonia, por citar algunos, no conocen la miseria del Tercer Mundo y están atrapando muy rápido el standarde la Unión Europea donde una gran mayoría acaba de ingresar.)

Otra reflexión nos muestra que los países que tienen menor desempleo son los más capitalistas, como Suiza y los Estados Unidos. Países europeos con bastante desempleo como Francia y Alemania son los que tiene mayor cantidad de controles. En cuanto al medio ambiente, los desastres en lo que fue la Unión Soviética todavía no se dan en Occidente. El desarrollo sustentable es un objetivo digno de atención. Las primeras políticas del nuevo presidente Bush que parecen darle la espalda a lo ecológico van a cambiar a medida que ese gobierno se vaya topando con la realidad, y estos últimos días ya ha comenzado a cambiar.

La Organización Mundial del Comercio es muy criticada, ¿qué reproche le hace Ud.?

Es una organización manejada por los gobiernos miembros, cuando yo trabajé en lo que era el GATT, constaté que el Secretariado tenía muy poco que ver con la orientación de la organización. Los países en desarrollo siempre han gustado apoyarse sobre organizaciones secundarias, por eso se creó la UNCTAD. En eso estoy de acuerdo con algunos países africanos que expresan sus inquietudes a la mundialización, que un 80% del tercer mundo no entra a la economía global pero si tampoco puede entrar a la economía legal local! En ese sentido, efectivamente los acuerdos de l’OMC no abarcan todo y tiene que hacer mucho más, pero yo no sé si es la culpa de l’OMC o culpa de todos los países.

Libro: «El Misterio del Capital»
LA ÚLTIMA OBRA DE HERNANDO DE SOTO RECIBE ELOGIOS DE MARGARET THATCHER Y MILTON FRIEDMAN

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El libro “El Misterio del Capital” muy apreciado en los medios conservadores y liberales ha recibido elogios por parte de Margaret Thatcher y Milton Friedman.

¿Son los medios financieros y liberales los que apoyan sus publicaciones?

Los editores de mi último libro «El Misterio del Capital» Random House (Inglaterra) y Basic Books (USA), ninguno son de la corriente neoliberal. En Inglaterra, el libro fue lanzado por el «think tank» de Tony Blair -centro izquierda- y presentado por su asesor Jeff Mulgan. En Estados Unidos fueron conjuntamente un instituto de izquierda norteamericana llamado Broklyns y un instituto conservador The American Enterprises, quienes lo presentaron. No sólo lo avala Margaret Tatcher sino Bill Bradley, el candidato más izquierdista en las últimas elecciones norteamericanas. Mi primer libro, «El Otro Sendero» el 70% de las publicaciones fueron por editoriales de izquierdas.

¿Qué cosa lo inspiró a escribir y cómo decidió publicarlo?

Fueron las experiencias en el terreno en los diversos países que me inspiró. Tengo la suerte de trabajar con cinco jefes de Estado y tener un acceso a informarme y ver lo que piensa la gente. Había remarcado que en lo académico faltaban estudios que demostrasen la relación entre marginalidad y Derecho.

Ud. quiere legalizar la economía informal, dar títulos de propiedad a los pobres e integrarlos al capitalismo de mercado. Ud. da el ejemplo que en Europa cualquier propietario que busca capital lo puede obtener hipotecando su bien. En el Tercer Mundo hay gente con títulos de propiedad pero los bancos no aceptan este juego. ¿No cree qué es más compleja la situación?

El problema en si no es la hipoteca. Una parcela de tierra en el Perú, por ejemplo, ha sido titulada -en media- 22 veces. Hay la posibilidad que existan otros 21 títulos, y ésta es la razón del rechazo de los bancos. La inseguridad del sistema es tal que un banco peruano -según los estudios-, antes de otorgar las muy raras hipotecas, debe gastar 3200 dólares para investigar si el título es correcto o no. Queremos por tal motivo modificar el sistema de titulación. En el Tercer Mundo los títulos no faltan, lo que faltan son los buenos títulos.

¿Por qué el capitalismo triunfa en Occidente y fracasa en el resto del mundo?

Porque el sistema capitalista es un circuito legal, constituido de contratos, de representaciones estables que son la moneda y los títulos de propiedad. Estas reglas de juego solo tocan hoy día al 10% o 15% de la población del Tercer Mundo compuesta de cinco mil millones de seres humanos.

Muchas gracias

De nada y muchas gracias también por la entrevista.

Moscú invierte los papeles en Kiev por Thierry Meyssan

La situación no es sencilla y la ignorancia sobre los acontecimientos de ese país hacen difícil asumir posiciones firmes.  Comprender la realidad post-colonialismo soviético nunca será sencillo de digerir desde Occidente; no obstante creo que Meyssan hace un balance, no excento de conjeturas y opiniones, sobre la situación de Crimea.

Dejo aquí sus observaciones.

______________
Mientras los dirigentes de la OTAN se regocijan por el golpe de Estado en Kiev, presentado a la opinión pública de Occidente como una nueva revolución, en el terreno se invierte la situación. Después de desplazar a un gobierno de delincuentes que buscaban el mejor postor entre Washington y Moscú, ahora son los agentes de Estados Unidos quienes se ven obligados –ya en el ejercicio del poder– a enfrentar los disturbios que anteriormente organizaron. El problema es que el país está arruinado y nadie, sea quien sea, podrá sacarlo rápidamente de la bancarrota. Y ahora Rusia puede defender sus intereses sin tener por ello que asumir las consecuencias de los 20 años de corrupción que antecedieron la nueva situación.
RED VOLTAIRE | DAMASCO | 2 DE MARZO DE 2014 

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Durante los Juegos de Sochi, Rusia no reaccionó ante los acontecimientos ucranianos [1]. Mientras se producían los graves desórdenes registrados en Kiev y en otras capitales de provincias ucranianas, la prensa rusa siguió dedicando sus titulares a las hazañas de sus deportistas. El Kremlin consideraba, en efecto, que en cualquier momento los enemigos de Rusia podían tratar aún de convertir la fiesta deportiva en un baño de sangre.

Tal y como estaba previsto, para el momento de la clausura de los Juegos, el poder ya había cambiado de manos en Kiev. Ampliamente desinformada, la opinión pública occidental tuvo la impresión de que se había producido una revolución proeuropea.

Sin embargo, la divulgación de una conversación telefónica entre la secretaria de Estado adjunta, Victoria Nuland, y el embajador de Estados Unidos en Kiev, Geoffrey R. Pyatt, no deja lugar a dudas sobre la existencia del complot estadounidense [2]. A golpe de imágenes falsas, un gobierno de corruptos [3] fue presentado a la opinión como una banda de torturadores rusófilos [4]. Como en todas las demás «revoluciones de colores», misteriosos francotiradores posicionados en los techos dispararon contra la multitud y también contra la policía, y se responsabilizó al gobierno con esos hechos.

En medio de la confusión, la opinión pública occidental tuvo la impresión de que «el pueblo» se había apoderado de los palacios nacionales. La realidad es que, mientras los activistas –en su mayoría nazis– se batían en la plaza Maidan bajo los lentes de las cámaras de televisión, en otros lugares de la ciudad eran los politiqueros quienes penetraban discretamente en los palacios nacionales. Por ese lado, los europeos pueden dormir tranquilos: no fueron los nazis quienes se instalaron en el poder.

Los nazis ucranianos nada tienen que ver con la extrema derecha que se conoce en Europa occidental, por lo general abiertamente sionista (con excepción del Frente Nacional francés). Durante la guerra fría, los nazis ucranianos fueron incorporados a las redes stay-behind de la OTAN para sabotear la economía soviética. Posteriormente, Polonia [5] y Lituania se encargaron de arroparlos. Durante los pasados 3 meses de manifestaciones se les unieron islamistas tártaros especialmente traídos de regreso desde Siria, donde estaban en plena yihad [6]. Habitantes históricos de Crimea, a los que Stalin decidió dispersar por haberse unido a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, los tártaros viven hoy principalmente en Ucrania y Turquía. En la plaza Maidan demostraron la pericia adquirida en Siria: mutilando policías y sacándoles los ojos [7].

La revolución de la plaza Maidan sirve para enmascarar un golpe de Estado extremadamente clásico [8]. En presencia de «diplomáticos» estadounidenses, la Rada [parlamento ucraniano] violó la Constitución abrogándola sin referéndum. Destituyó, sin debate ni proceso, al presidente en ejercicio y puso los poderes legislativos y ejecutivos en manos del ex jefe de los servicios secretos, Alexander Turchinov.

Este nuevo dictador designó como primer ministro a Arseni Yatseniuk, lo cual coincide –¡Oh casualidad!– con los cálculos expresados desde mucho antes –en la conversación telefónica anteriormente mencionada– por la secretaria de Estado adjunta Victoria Nuland. El nuevo primer ministro conformó un gabinete que fue presentado a los manifestantes en la plaza Maidan. Estos últimos, ahora mucho más numerosos y en una proporción en la que los nazis ya vienen siendo sólo una tercera parte, abuchearon a varios de miembros del nuevo gabinete porque son judíos.

En Crimea, donde está basada la flota rusa del Mar Negro y la mayoría de la población es rusa, el parlamento regional, también presa de una «inspiración revolucionaria», derrocó el gobierno local (fiel a Kiev) y nombró uno nuevo (pro-ruso). Simultáneamente, hombres uniformados, pero sin bandera ni insignias, tomaron el control de los edificios oficiales y del aeropuerto, impidiendo así la posible llegada de fuerzas enviadas por el nuevo gobierno de Kiev.

En Kiev, la Rada denunciaba un acto de injerencia rusa y llamaba a que se respete el Memorándum de Budapest. En 1994, Estados Unidos, el Reino Unido y Rusia firmaron un acuerdo sobre el congelamiento de las fronteras de Ucrania a cambio de su renuncia al arma nuclear [9]. Para Moscú, sin embargo, ese acuerdo perdió toda vigencia desde que fue violado por Washington y Londres en el momento de la «revolución naranja» de 2004 [10] y, con más razón aún, con el golpe de Estado de la semana pasada.

¿Qué va a pasar ahora? El 25 de mayo tendrá lugar la elección del Parlamento Europeo y Kiev organiza una elección presidencial mientras que Crimea realizará un referéndum de autodeterminación. Cuando Crimea sea independiente podrá optar por reintegrarse a la Federación Rusa, de la que formó parte hasta 1954.

Por su parte, la Unión Europea tendrá que ver cómo se las arregla para responder a las esperanzas que tanto se esforzó por suscitar en Ucrania, y tendrá por lo tanto que pagar –no se sabe con qué fondos– al menos una parte de los 35 000 millones de deuda ucraniana. Por su parte, los nazis de la plaza Maidan no regresarán a la clandestinidad sino que van a exigir formar parte del gobierno.

Pero la historia no parará ahí porque todavía quedarán por resolver, para el Kremlin, los problemas de la parte oriental de Ucrania –con una numerosa población rusa y una importante industria de defensa– y también de Transnitria (la antigua Besarabia, que sirvió en el pasado de centro de investigación para la cohetería soviética). Este pequeño país, de población rusa, que no aparece en los mapas porque no es miembro de la ONU–, proclamó su independencia en el momento de la disolución de la URSS pero aún está considerado como parte de Moldavia. Resistió valientemente a la guerra que contra él desataron en 1992 Moldavia, la fuerza aérea rumana y los consejeros de la OTAN [11]. Logró conservar el modelo social soviético, adoptando a la vez instituciones democráticas, y hoy en día una «fuerza de paz» rusa garantiza su seguridad [12]. Como mínimo, una veintena de kilómetros cuadrados de territorio ucraniano podrían sublevarse y unirse a Transnitria, ofreciéndole así una salida al Mar Negro, pero Ucrania se vería entonces separada de su apéndice occidental. En el mejor de los casos, para unir territorialmente la península de Crimea con el territorio de Transnitria habría que tomar varios cientos de kilómetros de costa, incluyendo la ciudad de Odesa.

Por lo tanto, continuarán los desórdenes en Ucrania. Con la diferencia de que Estados Unidos y la Unión Europea se verán ahora en la situación del «cazador cazado» y será su turno de enfrentar el caos. Además de la pesada carga financiera, ¿cómo van a arreglárselas para controlar a sus victoriosos aliados nazis y yihadistas? La demostración de fuerza orquestada por Washington se halla ahora a punto de convertirse en un fiasco [13].

Fuente
Al-Watan (Siria)

[2] «Conversación entre la secretaria de Estado adjunta y el embajador de Estados Unidos en Ucrania», Oriental Review/Red Voltaire, 8 de febrero de 2014.

[3] «L’Ukraine brade son secteur énergétique aux Occidentaux», por Ivan Lizan, ОднакоRed Voltaire, 2 de marzo de 2013.

[4] «Imágenes falsas en Ucrania», Red Voltaire, 6 de febrero de 2014.

[5] «Polonia, nueva cabeza de playa en el plan desestabilizador de la OTAN», por Andrew Korybko, Oriental ReviewRed Voltaire, 28 de febrero de 2014.

[6] «Yihadistas dan servicio de seguridad a los manifestantes de Kiev»,Red Voltaire, 4 de diciembre de 2013.

[7] «Евротвари выкололи глаз и отрубили руку пленному бойцу»,YouTube, 21 de febrero de 2014.

[8] «Golpe de Estado proestadounidense en Ucrania», Red Voltaire, 24 de febrero de 2014.

[9] “Memorandum on Security Assurances in connection with Ukraine’s accession to the Treaty on the Non-Proliferation of Nuclear Weapons”,Voltaire Network, 5 de diciembre de 1994.

[10] «Moscú y Washington se enfrentan en Ucrania», por Emilia Nazarenko; «Ucrania: la calle contra el pueblo», Red Voltaire, 24 y 29 de noviembre de 2004.

[11] «En 1992, Estados Unidos trató de aplastar militarmente la Transnistria», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 17 de abril de 2010.

[12] «Tiraspol, base avancée de l’armée russe?», por Arthur Lepic,Réseau Voltaire, 15 de agosto de 2007.

[13] «¿Puede Washington derrocar tres gobiernos a la vez?», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria), Red Voltaire, 23 de febrero de 2014.

El carnaval bajtiniano en la democracia de Venezuela por @nancyarellano

Carnaval Solana


 

El único crimen consiste en ser superficial.

Todo lo que se comprende está bien-.

La reiteración de esta frase irrita, pero es reveladora.

Jean Cocteau

Agarro de mi biblioteca libros de venezolanos, latinoamericanos, europeos y americanos.  Hojeándolos, para ver si rememoro alguna fórmula estudiada, sólo logro recaer en la invariable aseveración: la realidad no tiene teoría, pero la teoría sigue brindando claves para entender a la realidad.  Las ciencias sociales son un fenómeno a posteriori, por ello, hurgar en mis libros, no dará respuestas precisas sólo indicios para entablar un diálogo.  Por tanto, sigue siendo la única forma racional de deconstruir y construir la realidad; porque, espero, me permita hallar indicios de cuáles serán las preguntas correctas en una conversación con el que me lea.

Digan lo que digan, no puedo sentirme a gusto con la realidad actual de mi país, o de varios países en estos momentos, tampoco puedo conformarme con las escuetas y dudosas aseveraciones que salen por los medios tradicionales o informáticos.  Unos están atravesados en las calles, otros celebrando carnavales.  Yo, y supongo unos cuantos más en el medio, intento trabajar, leer, pensar y escribir.  ¿Somos todos parte del mismo carnaval?

Pretendo escribir esto sin sobresaltos guiados por el twitterror o, pretendiendo, que no soy parte del carnaval bajtiniano, ése que se vive, no se “especta”.  Aquí haré un inciso, por lo interesante de la teoría de Mijail Bajtin (1895-1975) sobre “lo carnavalesco” y porque, guiada por Bajtín, puedo aserverar que estamos ante la celebración más auténtica de lo carnavalesco en Venezuela.  Me explico:

En su ensayo Carnaval y Literatura, el ruso Bajtín asevera que lo carnavalesco está omnipresente en los grandes clásicos y que su significado ha venido banalizándose luego del renacimiento, pasando de “una forma de espectáculo sincrético de carácter ritual” a “mascarada o, aún peor, bohemia vulgar”.  Mi lectura de estos días atiende al concepto, retomado por Bajtín, del carnaval.

Su punto de partida, desde el análisis de las civilizaciones griega y romana, es que lo carnavalesco ha estado presente de forma arquetípica en la literatura, y en la vida por tanto, para significar la libertad; al colocar todos los universos de la vida humana en un mismo nivel de discurso, al eliminar barreras sociales, morales, y todo límite a la interacción de elementos.  Lo ejemplifica con los famosos Diálogos de Platón: la simbología típica del diálogo abierto en plaza, arena propia de lo carnavalesco y popular, de contrastes burlescos (para la época) como mujer-sabia, la supresión de la distancia entre la aristocracia- pueblo, la disminución del personaje (Sócrates) haciéndolo familiar, aproximarlo al interlocutor (escucha-lector), humanizarlo; la ironía socrática, dice, “es una risa carnavalesca reducida”.  Caso similar de carnavalización es el Nuevo Testamento de la Biblia; donde “Jesús dialoga”, trayendo elementos carnavalescos: Dios-hombre, eterno-mortal, pobre-rico, todos en un mismo lugar como excusa para un mensaje sin los límites cotidianos del orden “normal”.  Así, lo carnavalesco se constituye en una suerte de manipea frontal en el elemento dialógico y muestra el carácter universalizante de la carnavalización como profusión discursiva de elementos conjugados a un mismo nivel: liberador.  Se trata de la suspensión temporal de la coerción cotidiana.

¿Y por qué a un mismo nivel?  Primero debe entenderse que “Todos sus participantes son activos, todos comunican en el acto carnavalesco”.  Y cuando dudo, si formo parte o no del carnaval venezolano, Bajtín me responde: “No se mira el carnaval y, para ser más exactos, habría que decir que ni siquiera se lo representa sino que se lo vive”.  Así que solamente con advertirme en presencia de él, formo parte.  ¿Pero por qué decir que estamos ante lo carnavalesco?  Porque, desde mi punto de vista, lo carnavalesco es propio de la democracia latinoamericana, más aún en un orden subvertido y con la presencia de medios diversos para interactuar (redes sociales, teléfonos celulares, prensa, tv y radio); donde se han roto todos los esquemas tradicionales de orden social preestablecido.  La democracia venezolana ha venido mostrando características que la carnavalizan, regreso a Bajtín, quien señala que “se comienza por invertir el orden jerárquico y todas las formas de miedo que éste entraña: veneración, piedad, etiqueta, es decir todo lo que está dictado por la desigualdad social o cualquier otra (…) quedan abolidas también todas las distancias entre los hombres, para reemplazarlas por una actitud carnavalesca especial: un contacto libre y familiar”.  Si algo hay que reconocer del gobierno venezolano post 1999, es que eliminó todo orden jerárquico, acercando a ese contacto “libre y familiar” propio de lo carnavalesco.  Y admitiendo, por tanto, que todos los elementos discursivos tomen voz en la arena pública.

¿En qué se traduce eso? Toma la palabra Bajtín, “es una especia de vida al revés, un monde à l’envers” porque, así como en la profusa simbología de lo carnavalesco, la mutiplicidad de interlocutores en democracia popular traen mensajes disímiles y de contraste.  Y con ello “el pathos de la decadencia y el reemplazo, de la muerte y el renacimiento.  El carnaval es la fiesta del tiempo destructor y regenerador” porque el carnaval es una suerte de revolución del orden establecido.  A diferencia de los tiempos político-sociales, el carnaval,  tiene un término, un fin.  Por ello el viejo rito carnavalesco de la coronación del bufón, tiene ya la destitución.  “La entronización contiene ya la idea de la destronización futura: es ambivalente desde el comienzo”  Básicamente porque el carnaval nace y muere, así toda la significación de sus símbolos.  Y para hacer honor a sus contrastes “Se entroniza lo contrario a un verdadero rey, se entroniza a un esclavo o un bufón, y ese hecho esclarece en cierta forma el mundo al revés carnavalesco”.  Así  “todos contienen en perspectiva la negación y su contrario” y trae consigo los mensajes más legítimos.  Prueba de ello, lo carnavalesco en Don Quijote de la Mancha; donde el noble que combate molinos de viento trae consigo un mensaje contundente, la razón es Sancho. “El carnaval festeja el cambio, su proceso mismo, y no lo que sufre el cambio” por ello los molinos son excusas, Dulcinea o Sancho.  Porque su mensaje es el proceso mismo, el viaje hacia Ítaca de Odiseo, no así el destino. “Es por así decirlo no substancial sino funcional” como dice Bajtín.  Aquí la democracia ha de ser el viaje.

“El carnaval no conoce la negación ni la afirmación absolutas” tampoco la democracia, que no es una meta sino un camino de dispares que crean el espacio, la arena de convivencia.  “Si la ambivalencia carnavalesca se borra en las imágenes desentronizantes, aquellas degeneran en una simple denuncia negativa, de carácter moral o socio-político, que se desarrolla sobre un solo plano y pierde todo valor artístico”  Esto, es lo que ocurre en el carnaval venezolano cuyo escenario debe garantizarse como popular y amplio.  Y hay que recordar que  la imagen no es ambivalente; el poder es obtenido por elección popular, más allá de la presidencia, en una multiplicidad de cargos; y sus ocupantes profesan virtudes distintas y símbolos constrastantes.  En la actualidad no hay proceso de in-desentronización carnavalesca (sólo viene a mi memoria el 2002, con Carmona, sí como ejemplo del proceso carnavalizante de la política nacional).

Así que no podemos permitir que la crítica al gobierno nos sitúe en “La Oposición” (como brazo actor de la Derecha, proimperialista), pero tampoco que el estar de acuerdo con las políticas del gobierno nos vuelva “oficialistas acérrimos y comunistoides”; porque ni toda crítica nos hace opositores, ni todo aplauso nos muta en progobierno.  La crítica es el único ejercicio viable para el ser pensante que se encuentre fuera del campo de acción de la política en poder.  En un sistema democrático, la libertad supone eso, el ejercicio de nuestras aficiones y aptitudes; definitivamente las mías no versan sobre la evasión o la guarimba.  De aquí que mis palabras estén escritas para darle espejo no a los opositores radicales, tampoco a los chavistas a ultranza, sino a muchos venezolanos trabajadores que creo sienten que algo falta en nuestro país más allá del rojo rojito, o del azul azulito, aunque conteniéndolos.  El carnaval también nos representa, en la manipea obra que se desarrolla en nuestras calles y debates.

Más allá de la visión del chavismo, o de la oposición, creo que en ambos extremos, cuando son extremos, hay falacias, hay errores.  Tampoco considero que tengo la verdad, si pudiese argüir alguna característica, es la humildad con la que asumo el no tener todas las respuestas, no sabría decir cuáles.  Eso es lo que más me perturba de sendos bandos, en manos de sus voceros más furibundos; unos alegan poder resolver los problemas con el socialismo; aún sin delimitar, más allá de algunas vagas directrices compiladas en el Libro Azul de Chávez, qué significa exactamente este modelo que no ha logrado poner coto a desmanes de pequeños grupos con intereses egoístas que, sin plegarse a un pacto social desarrollista y nacionalista, han desangrado la finanzas estatales sin contribuir a la productivización de la nación.  Otros, alegan poder resolver esto con las fórmulas más trilladas del neoliberalismo contemporáneo, recetas manidas y que se han mostrado inviables para una realidad rentista como la venezolana; donde hay tanto en qué invertir socialmente para lograr la movilidad social, donde hay tantos que merecen la igualdad de oportunidades en igualdad de condiciones.  Sería un absurdo pretender volver sobre las fórmulas de los 70´s o de los 90’s.  Hay que asumir la contemporaneidad de la situación venezolana.

Vuelvo con la manía de los libros… Sartori afirma que “la civilización occidental es una civilización superior (…) siempre y cuando delimitemos esa tesis a la “buena ciudad” (civilidad) y a los valores ético-políticos que la sustancian.  Indicando, no obstante, cómo pueden confirmarse las preferencias de valor”  Menciono a Sartori porque él refiere esto a la preferibilidad de la democracia.  Y carnavalesca como es, en el sentido bajtiniano, la creo preferible por la abundancia de sus argumentos y presupuestos, porque su arena sigue siendo la calle donde un Sócrates buscaba ser partero de la verdad.  Creo que ambos bandos formalmente están de acuerdo en ello.  Luego, es comprensible que, cuando hablamos de civilidad, hablamos de la “vida libre en ciudad” la visión del ciudadano, aquél que está sometido a la autoridad de las normas, no de individuo alguno.  El primer caso es ciudadano, el segundo es súbdito.  También hay acuerdo en ello en ambos bandos, se supone que la preeminencia del cumplimiento cabal, íntegro, de nuestra carta magna no está en discusión: una apuesta al “Estado democrático, social de Derecho y de Justicia que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”. (Art. 2 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela).

Finalmente, que el carnaval sirva para comunicar, se ha entronado al caos, ahora restituyamos el orden y sigamos el camino democrático.

Les invito a seguirme en twitter @nancyarellano

Añado: Un artículo interesante, y de donde tomé la imagen de carnaval: http://sociologiadisidente.blogspot.com/2011/02/carnaval-inversion-y-subversion-y-ii.html

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