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#BrujulaElectoral ¡Se rifan votos! por @nancyarellano

 

Democracia, ¡Oh Democracia!

¿dónde estás que no te veo?

¡Compre su ticket ya! tenemos 22’901.954 números. ¡Mientras más acumule más oportunidades!  ¿el premio? Una flamante presidencia de país suramericano, no tan nueva de paquete, pero con sus virtudes.  Obtendrá acceso a los fondos públicos, una residencia céntricamente ubicada y con servicio incluido.  Viajes completamente pagados para usted y su familia. Y, por supuesto, la posibilidad de incluir a sus amigos en el gabinete de gobierno. ¿Quiere más?  Pues le incluimos ¡el título de General en Jefe de las Fuerzas Armadas!  ¿Aún no se convence?  Pues le damos además la discrecionalidad sobre los presupuestos de seguridad, los cuales ¡no deberá detallar! 

Sólo necesita el 51% de los tickets en una primera vuelta o, de haber segunda, si queda entre los finalistas, podrá hacerse con los tickets de los que dejaron en la primera vuelta. ¡No lo dude! la suerte está de su lado.

Algo así creo que debería ser la campaña del JNE a la hora de hablar de elecciones. Ya que parece que en el Perú, como en otros sitios de Latinoamérica, no voy a exagerar; cualquier cosa es posible en elecciones.  Hoy, 12 de febrero, a menos de dos meses de la elección, Keiko ronda el 30%, Guzmán el 15% y el resto debajo del 13%.  Lo preocupante es cómo cambia la intención de voto cuando presentan a Keiko frente a otros candidatos.  Por ejemplo Guzmán.

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Según informa Datum hoy,  Keiko Vs Guzmán es 42% a 41; por lo que cualquiera podría ganar.  Esto muestra, nuevamente, lo que vengo repitiendo desde diciembre, no hay adhesión a proyectos políticos. El único proyecto que ha capitalizado a nivel macro es Fuerza Popular. Pero no ha logrado adherir a sectores clave, nadie lo ha hecho. Por lo cual se da una polarización absoluta entre la antipolítica y la apolítica vs la política superficial.  Me explico. Fuerza Popular es una mezcla entre la antipolítica representada por Alberto Fujimori y la política partidista que someramente se ha venido creando desde 2011.  No ha habido más hilación dentro del fujimorismo que el hecho de girar en torno a la figura de Alberto Fujimori y familia. Las propuestas personalistas como el peronismo en Argentina, el pinochetismo en Chile, el chavismo en Venezuela etc son volátiles y polarizantes. Por ello el tema de fujimorismo vs antifujimorismo.

El fenómeno Guzmán es un producto, con mucho respeto, de la mercadotecnia y la tecnocracia en un caldo de cultivo de la antipolítica y la apolítica. Al existir un clima adverso a la «cosa política» y la desactualización de los partidos, el elector promedio pasa a un estado de orfandad que es llenado por «adopción personalista». Parece que este fenómeno no es nuevo en el Perú. Me remito a los últimos 30 años. Ocurrió con Fujimori, luego con Toledo, luego con Humala y ahora con Guzmán.

El escenario Guzmán vs Keiko pudiese ser parecido al Vargas Llosa vs Fujimori. No porque se representen ambos perfiles de forma exacta. Sino porque tan híbrido era el fenómeno Vargas Llosa que tampoco era político-partidista sino un perfil político-intelectual; como el perfil de Keiko Fujimori que es producto de una mítica en torno a su padre. En todo caso, la afrenta sería en términos similares —aunque Vargas Llosa se moleste— hoy Keiko es parte de un establishment y con toques de anti-establishment.  Como lo era Vargas Llosa en su momento. Guzmán es más como el chino. Un outsider del que poco realmente sabemos. Como todo advenedizo puede resultar un premio para el país o un castigo. Puede venir financiado por Yambal para lograr evadir las variadas demandas salariales contra la empresa piramidal, o por el humalismo como algunos refieren por los actores allegados incluso en su defensa ante el JNE, o ser realmente un actor nuevo que logre comprar todos los tickets y ¡sacarse el carro! o la presidencia, perdón.  En todo caso su perfil Pro-TPP y Pro-Sistema tradicional dejan ver un perfil bastante peculiar de quien dice ser el «outsider».  Dos híbridos en combate en un terreno de arenas movedizas como lo es la antipolítica y la apolítica.  Si Keiko o Guzmán logran fortalecerse, insisto, con la capitalización seria y democrática de Grupos de Interés transversales, o determinados, y logran activar la Adhesión por Voluntariado Estratégico, lograrán no solo pasar directo a la celebración del 28 de julio, sino que encontrarán resultados que muestren un país con gobernanza multinivel y perfiles legítimos de representatividad.

La foto con los demás es Keiko Vs PPK (44% vs 37%), Keiko Vs Acuña (48% vs 22%). Y todos son híbridos entre la antipolítica y la apolítica. Fuera del sistema tradicional de partidos para tener fuertes presencias personalistas.

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El caso que más prueba esto es  Keiko vs Alan García (51% vs 16%) donde vemos claramente el rechazo a las figuras tradicionales asociada al sistema de partidos. El único simulacro que me gustaría ver y que no he encontrado es Keiko vs Barnechea, quien aún no figura (no sé por qué) para las encuestadoras.  ¿Poca visión política? ¿Más antipolítica y apolítica?

 

Otro tema es, insisto, qué giro darán las campañas. Aún hay tiempo peruano. En un escenario de «antis» cualquier cosa puede pasar, sobre todo si alguien se decide a apuntar hacia los grupos de interés y la segmentación de éstos, el match con el mensaje y las políticas públicas acertadas. Si alguien logra dibujar en el electorado la foto HD y hacer que cada peruano se vea en ella.

 

#SeguiremosPensando

¿Votos, seguidores y likes? Claves para una campaña digital exitosa por @nancyarellano

La campaña exitosa es la ganadora. El resto es academicismos o pérdida de dinero. Toda campaña es una inversión ¿Para qué? Para acceder al poder.  El poder puede definirse como la capacidad de un individuo u organización de hacer que los demás adopten una conducta deseada por los primeros: adherirlos al proyecto del líder.

Esa adhesión es la conexión entre las demandas sociales (microsegmentadas) y la oferta política para tener legitimidad, gobernabilidad y gobernanza. Por tanto, plantear el poder en redes nos lleva a preguntar ¿qué queremos que las personas hagan?  Si es en tiempos de campaña electoral, no queremos likes o fans, queremos votos: ¡ganar! para hacer operativa la oferta política a través del poder efectivo y legítimo.

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¿Likes, seguidores y votos son lo mismo?

 Depende. Si hablamos de los Millennials, población entre 18-35 años de las zonas urbanas —grandes o chicas—, sí, definitivamente sí la hay. ¿Se gana una elección por tener likes? No, definitivamente no.

¿Por seguidores adheridos? Sí. Mostremos, por los momentos, algunas de las distinciones a tener en cuenta.  La diferencia está en que un like es un hecho aislado, desordenado, a veces muestra del aburrimiento y del desenfreno del uso de las redes, incluso del endoso de simpatías de otra persona. Así que muchos likes pueden significar que tus 200 amigos tienen a su vez 200 amigos que dieron like a tu página porque «son amigos de tu amigo», pero no significa ni implica más nada, no expresamente.

¿Seguidores u observadores?: como categoría seguidores significa que «algo», un post o comentario, atrajo de tu página y la gente «quiere ver más». Te  «observan» no te están siguiendo, no aún.  Son meros observadores hasta que demuestren lo contrario. Seguidores son las personas que interactúan continuamente con tu página o fan page: dejan comentarios, comparten contenido y te mencionan en sus páginas, piensan en ti, por tu causa y entran en relación contigo. En política, eso significa que se ADHIEREN a tu liderazgo. Si están adheridos y adquieres PODER, lograrás que el «Call to Action» (llamado a la acción) sea efectivo, esto es, participación en tierra y votos.

¿Podemos medir eso? Sí, a través de la estrategia de POLITING© 3.0. Hablamos nuevamente del Call to Action, es decir, ir midiendo el poder de movilización a través de las redes para la organización de eventos «CON» el candidato —que es diferente a «POR» el candidato— donde logras que la gente se levante del computador, cierre la tableta,  suelte el smartphone (o te grabe con él) y se involucre con la proposición. Que pasen de estar frente al «aparato», a estar frente a ti. Y esto requiere: microsegmentación y pertinencia (coherencia con la ECC – Estrategia Central de Campaña + el segmento destino).

Las redes son un medio, pero para los Millennials, como nunca antes, el medio es el mensaje. Es decir, las formas de comunicación son parte esencial de lo comunicado y el medio, a diferencia de la televisión, está con él —o con ella— todo el tiempo, en todo lugar, y es personalísimo. Cuando la interacción en redes es continua, significa que hay una «conexión» porque el contenido es «elegible» y «descartable» por el usuario.

En un escenario como el Perú, donde los jóvenes —y el resto— votan obligatoriamente, tener su simpatía es una garantía de voto favorable.

El reto es politizar las tendencias naturales, no pretender «tendenciar» la campaña política.  Las tendencias están presentes en el ADN de las redes, causas y movimientos sociales que serán posibles políticas públicas y no pretender que la política, per se, sea una tendencia.

Aquí aparecen dos figuras básicas: El Community Manager y el Record Manager.

El primero es responsable de activar la estrategia online y el mapa de ruta a seguir para la generación de contenido. Es el operativo de la campaña que crea, analiza, entiende y direcciona los mensajes sobre el candidato» ( Línea Proactiva).

El segundo se encarga de supervisar la efectividad de la estrategia, y controlar la tendencia que genera; búsqueda, gestión y control de datos sobre la reputación del mensaje y/o candidato. Manteniendo la fidelidad e inalterabilidad de la información circulante» (Línea Prospectiva)

Cuando hablamos de Politing 3.0© hablamos de la comunicación política integrada y multiplataforma que opera como espacio de convivencia armónica entre el programa, las políticas públicas, el marketing y la comunicación política, en aire y tierra, para lograr la ADHESIÓN microsegmentada y minimizar el costo político de la toma de decisiones en el ejercicio del poder democrático.  En este sentido también hay que tomar en cuenta el gusto de una generación con un ojo entrenado, sobresaturado, y su estética; la verosimilitud del storytelling en una generación cínica, ética y glocal; el timing del mensaje en el tempo de la ciudad, la modalidad de «lectura», el dispositivo y la velocidad, la plaza que ocupa, la tendencia sobre la que se monta, los implicados directos, tácitos y emergentes, y la contra-tendencia.  A veces de la virtualidad a la realidad hay un abismo.

Las redes son una jungla íntima y podemos quedarnos en la fantasía. Un espacio de comunicación directa con el usuario que tiene su propio tiempo, y que es el resultado de su elección personal. Internet además tiene una memoria sin precedentes en medios, la información es volátil, pero está registrada y es recuperable, genera respuestas demoledoras, incontroladas, pero controlables, muchas de ellas sin rostro. No obstante, las redes manejadas con conocimiento, con Politing© 3.0, son el mejor —y único— medio para alcanzar y adherir a ciudadanos votantes entre 18 y 35 años inmersos, sin reservas, en la  era digital con completa naturalidad y llamarlos a la acción en este mundo real en el que saben y sienten que tienen derecho a habitar.

El viejo adagio dice «una cabeza un voto», no es que ahora sea «un smartphone es un voto», no seamos absurdos o ingenuos, pero si no lideras en el smarthphone te aseguro que perderás muchos votos.

Democracia directa e indirecta: necesario distinguir. #Opinemos

Imagen

En resumen, muy vago, pero que sea un punto de partida:

a) Democracia directa: Es aquella democracia donde las decisiones y el gobierno, lo tiene directamente el pueblo, y la ejerce a través de asambleas. Es el caso de la antigua Grecia (con las salvedades del otorgamiento de ciudadanía) y es, lo que, básicamente, propone el Estado Comunal.Estas democracias también pueden tener un ejecutivo, el cual se divide el poder con las asambleas territoriales.

b) Democracia indirecta: es aquella que se ejerce a través de representantes (democracia representativa).

Hay 2 tipos

1) Indirecta participativa: Aquí hay varias formas efectivas de participar para la ciudadanía, una es el plebiscito (consulta ciudadana) Ej: Bolivia, Francia, Venezuela.

2) Indirecta no participativa: La gente tiene 3 formas de participar

a) Sufragio.
b) Militancia en partidos políticos: para operar las demandas en la arena política. Son actores políticos.

c) Grupos de Presión Social: Son los que alzan causas y ejercen presión tanto a partidos, como a gobierno.  Son actores sociales.

¿Qué creen ustedes, y por qué es conveniente?

 

El carnaval bajtiniano en la democracia de Venezuela por @nancyarellano

Carnaval Solana


 

El único crimen consiste en ser superficial.

Todo lo que se comprende está bien-.

La reiteración de esta frase irrita, pero es reveladora.

Jean Cocteau

Agarro de mi biblioteca libros de venezolanos, latinoamericanos, europeos y americanos.  Hojeándolos, para ver si rememoro alguna fórmula estudiada, sólo logro recaer en la invariable aseveración: la realidad no tiene teoría, pero la teoría sigue brindando claves para entender a la realidad.  Las ciencias sociales son un fenómeno a posteriori, por ello, hurgar en mis libros, no dará respuestas precisas sólo indicios para entablar un diálogo.  Por tanto, sigue siendo la única forma racional de deconstruir y construir la realidad; porque, espero, me permita hallar indicios de cuáles serán las preguntas correctas en una conversación con el que me lea.

Digan lo que digan, no puedo sentirme a gusto con la realidad actual de mi país, o de varios países en estos momentos, tampoco puedo conformarme con las escuetas y dudosas aseveraciones que salen por los medios tradicionales o informáticos.  Unos están atravesados en las calles, otros celebrando carnavales.  Yo, y supongo unos cuantos más en el medio, intento trabajar, leer, pensar y escribir.  ¿Somos todos parte del mismo carnaval?

Pretendo escribir esto sin sobresaltos guiados por el twitterror o, pretendiendo, que no soy parte del carnaval bajtiniano, ése que se vive, no se “especta”.  Aquí haré un inciso, por lo interesante de la teoría de Mijail Bajtin (1895-1975) sobre “lo carnavalesco” y porque, guiada por Bajtín, puedo aserverar que estamos ante la celebración más auténtica de lo carnavalesco en Venezuela.  Me explico:

En su ensayo Carnaval y Literatura, el ruso Bajtín asevera que lo carnavalesco está omnipresente en los grandes clásicos y que su significado ha venido banalizándose luego del renacimiento, pasando de “una forma de espectáculo sincrético de carácter ritual” a “mascarada o, aún peor, bohemia vulgar”.  Mi lectura de estos días atiende al concepto, retomado por Bajtín, del carnaval.

Su punto de partida, desde el análisis de las civilizaciones griega y romana, es que lo carnavalesco ha estado presente de forma arquetípica en la literatura, y en la vida por tanto, para significar la libertad; al colocar todos los universos de la vida humana en un mismo nivel de discurso, al eliminar barreras sociales, morales, y todo límite a la interacción de elementos.  Lo ejemplifica con los famosos Diálogos de Platón: la simbología típica del diálogo abierto en plaza, arena propia de lo carnavalesco y popular, de contrastes burlescos (para la época) como mujer-sabia, la supresión de la distancia entre la aristocracia- pueblo, la disminución del personaje (Sócrates) haciéndolo familiar, aproximarlo al interlocutor (escucha-lector), humanizarlo; la ironía socrática, dice, «es una risa carnavalesca reducida».  Caso similar de carnavalización es el Nuevo Testamento de la Biblia; donde “Jesús dialoga”, trayendo elementos carnavalescos: Dios-hombre, eterno-mortal, pobre-rico, todos en un mismo lugar como excusa para un mensaje sin los límites cotidianos del orden “normal”.  Así, lo carnavalesco se constituye en una suerte de manipea frontal en el elemento dialógico y muestra el carácter universalizante de la carnavalización como profusión discursiva de elementos conjugados a un mismo nivel: liberador.  Se trata de la suspensión temporal de la coerción cotidiana.

¿Y por qué a un mismo nivel?  Primero debe entenderse que “Todos sus participantes son activos, todos comunican en el acto carnavalesco”.  Y cuando dudo, si formo parte o no del carnaval venezolano, Bajtín me responde: “No se mira el carnaval y, para ser más exactos, habría que decir que ni siquiera se lo representa sino que se lo vive”.  Así que solamente con advertirme en presencia de él, formo parte.  ¿Pero por qué decir que estamos ante lo carnavalesco?  Porque, desde mi punto de vista, lo carnavalesco es propio de la democracia latinoamericana, más aún en un orden subvertido y con la presencia de medios diversos para interactuar (redes sociales, teléfonos celulares, prensa, tv y radio); donde se han roto todos los esquemas tradicionales de orden social preestablecido.  La democracia venezolana ha venido mostrando características que la carnavalizan, regreso a Bajtín, quien señala que “se comienza por invertir el orden jerárquico y todas las formas de miedo que éste entraña: veneración, piedad, etiqueta, es decir todo lo que está dictado por la desigualdad social o cualquier otra (…) quedan abolidas también todas las distancias entre los hombres, para reemplazarlas por una actitud carnavalesca especial: un contacto libre y familiar”.  Si algo hay que reconocer del gobierno venezolano post 1999, es que eliminó todo orden jerárquico, acercando a ese contacto “libre y familiar” propio de lo carnavalesco.  Y admitiendo, por tanto, que todos los elementos discursivos tomen voz en la arena pública.

¿En qué se traduce eso? Toma la palabra Bajtín, “es una especia de vida al revés, un monde à l’envers” porque, así como en la profusa simbología de lo carnavalesco, la mutiplicidad de interlocutores en democracia popular traen mensajes disímiles y de contraste.  Y con ello “el pathos de la decadencia y el reemplazo, de la muerte y el renacimiento.  El carnaval es la fiesta del tiempo destructor y regenerador” porque el carnaval es una suerte de revolución del orden establecido.  A diferencia de los tiempos político-sociales, el carnaval,  tiene un término, un fin.  Por ello el viejo rito carnavalesco de la coronación del bufón, tiene ya la destitución.  “La entronización contiene ya la idea de la destronización futura: es ambivalente desde el comienzo”  Básicamente porque el carnaval nace y muere, así toda la significación de sus símbolos.  Y para hacer honor a sus contrastes “Se entroniza lo contrario a un verdadero rey, se entroniza a un esclavo o un bufón, y ese hecho esclarece en cierta forma el mundo al revés carnavalesco”.  Así  “todos contienen en perspectiva la negación y su contrario” y trae consigo los mensajes más legítimos.  Prueba de ello, lo carnavalesco en Don Quijote de la Mancha; donde el noble que combate molinos de viento trae consigo un mensaje contundente, la razón es Sancho. “El carnaval festeja el cambio, su proceso mismo, y no lo que sufre el cambio” por ello los molinos son excusas, Dulcinea o Sancho.  Porque su mensaje es el proceso mismo, el viaje hacia Ítaca de Odiseo, no así el destino. “Es por así decirlo no substancial sino funcional” como dice Bajtín.  Aquí la democracia ha de ser el viaje.

“El carnaval no conoce la negación ni la afirmación absolutas” tampoco la democracia, que no es una meta sino un camino de dispares que crean el espacio, la arena de convivencia.  “Si la ambivalencia carnavalesca se borra en las imágenes desentronizantes, aquellas degeneran en una simple denuncia negativa, de carácter moral o socio-político, que se desarrolla sobre un solo plano y pierde todo valor artístico”  Esto, es lo que ocurre en el carnaval venezolano cuyo escenario debe garantizarse como popular y amplio.  Y hay que recordar que  la imagen no es ambivalente; el poder es obtenido por elección popular, más allá de la presidencia, en una multiplicidad de cargos; y sus ocupantes profesan virtudes distintas y símbolos constrastantes.  En la actualidad no hay proceso de in-desentronización carnavalesca (sólo viene a mi memoria el 2002, con Carmona, sí como ejemplo del proceso carnavalizante de la política nacional).

Así que no podemos permitir que la crítica al gobierno nos sitúe en “La Oposición” (como brazo actor de la Derecha, proimperialista), pero tampoco que el estar de acuerdo con las políticas del gobierno nos vuelva “oficialistas acérrimos y comunistoides”; porque ni toda crítica nos hace opositores, ni todo aplauso nos muta en progobierno.  La crítica es el único ejercicio viable para el ser pensante que se encuentre fuera del campo de acción de la política en poder.  En un sistema democrático, la libertad supone eso, el ejercicio de nuestras aficiones y aptitudes; definitivamente las mías no versan sobre la evasión o la guarimba.  De aquí que mis palabras estén escritas para darle espejo no a los opositores radicales, tampoco a los chavistas a ultranza, sino a muchos venezolanos trabajadores que creo sienten que algo falta en nuestro país más allá del rojo rojito, o del azul azulito, aunque conteniéndolos.  El carnaval también nos representa, en la manipea obra que se desarrolla en nuestras calles y debates.

Más allá de la visión del chavismo, o de la oposición, creo que en ambos extremos, cuando son extremos, hay falacias, hay errores.  Tampoco considero que tengo la verdad, si pudiese argüir alguna característica, es la humildad con la que asumo el no tener todas las respuestas, no sabría decir cuáles.  Eso es lo que más me perturba de sendos bandos, en manos de sus voceros más furibundos; unos alegan poder resolver los problemas con el socialismo; aún sin delimitar, más allá de algunas vagas directrices compiladas en el Libro Azul de Chávez, qué significa exactamente este modelo que no ha logrado poner coto a desmanes de pequeños grupos con intereses egoístas que, sin plegarse a un pacto social desarrollista y nacionalista, han desangrado la finanzas estatales sin contribuir a la productivización de la nación.  Otros, alegan poder resolver esto con las fórmulas más trilladas del neoliberalismo contemporáneo, recetas manidas y que se han mostrado inviables para una realidad rentista como la venezolana; donde hay tanto en qué invertir socialmente para lograr la movilidad social, donde hay tantos que merecen la igualdad de oportunidades en igualdad de condiciones.  Sería un absurdo pretender volver sobre las fórmulas de los 70´s o de los 90’s.  Hay que asumir la contemporaneidad de la situación venezolana.

Vuelvo con la manía de los libros… Sartori afirma que “la civilización occidental es una civilización superior (…) siempre y cuando delimitemos esa tesis a la “buena ciudad” (civilidad) y a los valores ético-políticos que la sustancian.  Indicando, no obstante, cómo pueden confirmarse las preferencias de valor”  Menciono a Sartori porque él refiere esto a la preferibilidad de la democracia.  Y carnavalesca como es, en el sentido bajtiniano, la creo preferible por la abundancia de sus argumentos y presupuestos, porque su arena sigue siendo la calle donde un Sócrates buscaba ser partero de la verdad.  Creo que ambos bandos formalmente están de acuerdo en ello.  Luego, es comprensible que, cuando hablamos de civilidad, hablamos de la “vida libre en ciudad” la visión del ciudadano, aquél que está sometido a la autoridad de las normas, no de individuo alguno.  El primer caso es ciudadano, el segundo es súbdito.  También hay acuerdo en ello en ambos bandos, se supone que la preeminencia del cumplimiento cabal, íntegro, de nuestra carta magna no está en discusión: una apuesta al “Estado democrático, social de Derecho y de Justicia que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”. (Art. 2 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela).

Finalmente, que el carnaval sirva para comunicar, se ha entronado al caos, ahora restituyamos el orden y sigamos el camino democrático.

Les invito a seguirme en twitter @nancyarellano

Añado: Un artículo interesante, y de donde tomé la imagen de carnaval: http://sociologiadisidente.blogspot.com/2011/02/carnaval-inversion-y-subversion-y-ii.html

¡Qué difícil ser adeco!

Por: Nancy Arellano

Artículo originalmente publicado en http://acciondemocratica.org.ve/adport/que-dificil-ser-adeco-nancy-arellano/ el 24/12/2012

Un partido como Acción Democrática es un peso inmenso a tener en la espalda. El problema se inicia con una simple razón: ser adeco no es algo que se “elige” como se elige una camisa o un par de lentes. Ser adeco es algo que sucede cuando comprendes que la política es el camino para transformar a la realidad social y, al mismo tiempo, asumes que la única forma coherente de transformarla es en la socialdemocracia. Además entiendes que la lucha política no es algo que se saca de una caja de cereales, sino que deviene generacionalmente en un proceso dinámico y acumulativo de pensamiento social que comprende el valor de los valores y acepta la importancia de los principios como rectores de la conducta y del trabajo de grupo.

Campaña de Don Rómulo Gallegos, candidato de AD y primer presidente electo por voto universal, directo y secreto.

En ese sentido, admites que han existido hombres y mujeres que labraron un camino que merece ser continuado, y ese camino de la socialdemocracia en Venezuela lo ha labrado Acción Democrática. Así que no se elige a la socialdemocracia y a AD por el utilitario ejercicio de escoger una ideología política y un partido, sino nuevamente por el ejercicio personalísimo de entender que “el chamo del semáforo de la esquina” tiene el mismo derecho que “la hija de papá y mamá” de aspirar a buenos servicios, buena educación y disfrutar de los avances de la civilización. Y ves la lucha del siglo XX por esos valores y te atrapa. En dos palabras: igualdad de oportunidades.  Ser adeco es ver las diferencias sociales injustas e indignarse. Es ver el abuso de poder de un funcionario público y asquearse. Es escuchar a los que desprecian a nuestro país y sentirse insultados. Es sentir que tenemos todo para tener todos de todo y sentirnos impotentes ante tanta ineficiencia. Es creer en la igualdad, justicia y libertad –como reza nuestro himno-. Es querer que las cosas cambien y sentir que podemos lograrlo. Es querer a la gente sea rica, sea pobre, sea blanca, negra o verde; es escuchar al filósofo de la plaza o al artesano de la playa con el interés del que quiere conocer a su pueblo.  Es respetar a la gente por como es, no por quién es o lo que tiene.  Es aspirar al cambio, comprender que el Partido es un instrumento para ello y aspirar a ser parte de una historia larga y dura, con errores y con aciertos, pero una historia de lucha –física e intelectual- por la que vale la pena seguir luchando. 

Portada del diario El País del 21 de octubre de 1945

Mucha gente critica ese slogan de “Adeco es adeco hasta la muerte” porque creen que se trata de una filiación de “membresía”, como un club, y no comprenden que se trata de una conciliación íntima de la personalidad individual y la inscripción social en un esquema de valores y razones por las que se ejerce la política como servicio. Y esta es la misma interpretación que doy a la otra frase “Adeco es adeco desde el vientre materno” porque son los valores familiares los primeros que hacen a un adeco tal, no porque se crea en una “línea sucesoral”, sino porque el verdadero acciondemocratista forja a su familia para el venezolanismo, la democracia, la justicia social, el trabajo, el antiimperialismo y la insatisfacción perenne que trae consigo el asumir que somos un país perfectible y que el camino es largo y empinado. Y puede que no se haya tenido carnet, como dice otro compañero “los papás de Rómulo no eran adecos”. Así que va más allá de eso.Venezuela es adeca, aunque AD no sea gobierno. Y como dijo Andrés Eloy desde el exilio cuando ilegalizaron a AD “no pueden destruir a Acción Democrática por decreto, porque Acción Democrática no nació por decreto”

Campaña de Don Raúl Leoni, candidato de AD y tercer presidente electo por voto directo, universal y secreto, en 1963

Hoy día encontramos un escenario difícil, por la improvisación y varias generaciones que fueron indolentes con “el otro” –y lo siguen siendo-; encontramos un Estado que fue desviándose del rumbo inicial y cayó en la trampa del rentismo, hoy exacerbado. Con ello se pervirtió la función de la política social para transformarse en política clientelar. Y, desde hace años, muchos que se decían adecos dejaron de serlo, y otros que nunca lo fueron adquirieron la membresía y pervirtieron la lucha. Luego muchos de aquéllos cambiaron el carnet blanco por uno rojo, y siguieron cavando. Otros tantos sintiéndose invisibles guardaron el sentimiento adeco en el baúl de los recuerdos. Por ahí también hay confundidos, creyendo cuentos de caminos…

Logo del 70 aniversario de AD el 13/09/2011

En fin, aquí estamos los que estamos, pero sí estoy segura de que no estamos todos los que somos. Y es necesario que ese sentimiento adeco se haga eco, y enarbole más alto las banderas del Partido, esas banderas que comportan un real proyecto país con poderes públicos independientes, con funcionarios públicos entregados al servicio, una política económica de desarrollo sostenible y sustentable, una descentralización coherente, un empoderamiento popular real, una conciencia de trabajo genuina y una movilidad social consistente con la igualdad de oportunidades en igualdad de condiciones; y tenemos que hacerlo ferozmente, diseminados –pero en y como equipo-por el territorio nacional desde Macareo hasta Ureña, desde Mamo hasta San Simón de Cocuy; sin vacilar,porque ser adeco es más difícil que no serlo, pero no puede evitarse.

Y algo debe estar claro, hacen falta muchos adecos de verdad para transformar este país en el país que merecemos, ése por el que lucharon con sangre, sudor y lágrimas los fundadores de nuestro Partido. El testigo está esperando.

¡Qué difícil ser adeco! Pero es imposible dejar de serlo.

Suicidio popular por @nancyarellano

No puedes hacer una revolución para tener la democracia.

Debes tener la democracia para hacer una revolución.

Gilbert Keith Chesterton

G.K. Chesterton era un distributista inglés que creía en una tercera vía entre el capitalismo y el socialismo, decía que era injusto que los pocos tuvieran la propiedad de los medios de producción, como en el capitalismo; pero también que era igualmente injusto que la propiedad estuviese centralizada en unos pocos burócratas del Estado, como en el socialismo. Por tanto la opción era un camino medio donde “los muchos” pudiesen tener derechos de propiedad sobre la riqueza, una mayor distribución de los medios de generación. Se garantiza un sistema de redes entretejidas de producción donde se evita el monopolio.

Realmente en Venezuela la discusión versa no tanto sobre el tema ideológico, del derecho de los muchos a acceder a los recursos, en tanto que fines deseados de la política económica, como de praxis político-económica. Lo que a muchos nos preocupa del llamado Socialismo del Siglo XXI, ya en sí mismo de dudosa definición, no es tanto sus consignas de igualitarismo como su falta de coherencia entre postulados y práctica; y lo remanido de muchas de sus consignas que tienen un tufo de fracaso en el siglo XX.

Catorce años no han sido suficientes para dejarnos entender bajo qué esquema lógico se establecen las directrices de la política en materia económica, o cuál es el entramado jurídico que sustenta la viabilidad del proyecto “revolucionario” o cómo ellos quieren que realmente esos cambios, afianzados en programas sociales, perduren en el tiempo.

¿Por qué digo esto? Porque si bien las misiones tienen un fuerte contenido social plausible, necesario, esencial para garantizar la equidad en la sociedad venezolana; éstas distan mucho de lograr ser soluciones eficientes a los problemas nacionales. Por supuesto que educación, salud, alimentación y vivienda son cuatro ejes cardinales de cualquier gobierno social; pero las transferencias directas que suponen las misiones, sin garantías de autosustentabilidad, les hacen el instrumento perfecto de manipulación política. “¡Si no votas por mí, te eliminarán el Mercal! ¡Ellos acabarían con Barrio Adentro! ¡Olvídate de la vivienda si gana la oposición” etc etc etc”

¿Pero es que cuánto quieren a su pueblo como para no terminar de hacer de Mercal un aparato productivo con raíces propias, o de Barrio Adentro un plan asociado a la seguridad social por ejemplo? ¿Quién tocaría a Mercal si ello implicara directamente un sector productivo de cooperativas, pequeñas empresas y miles de empleos directos que son receptáculo de los egresados de las misiones o de las universidades bolivarianas? ¿Quién tocaría Barrio Adentro si los mismos trabajadores y las empresas, con sus aportes mensuales, son los que financian el sistema? ¿Para qué eliminar Misión Vivienda si éstas están financiadas por la banca y luego los beneficiarios acceden a ellas con créditos preferenciales que pagan con el sudor de su frente; o si se generara empleo directo con las construcciones porque es mano de obra 100% venezolana?… ¡Eso sí sería revolucionario! ¡Eso sí sería soberano!

Hoy el pueblo venezolano está dividido, prácticamente en dos toletes. El pueblo apunta al pueblo para destruirlo, destruirse. Es un suicidio popular donde todos perdemos por igual. Hace falta mucha falta de sensatez para desviar la mirada hacia las implicaciones que tiene el desconocer a la mitad del país, sea chavista-madurista u opositora. la democracia contempla a las minorías; su base cualitativa porque son personas, no números; que la llamada izquierda –tradicionalmente “marginada”- ahora en el poder- sí es incluyente… (Pero que también hay izquierda en la oposición aclaro)

Sólo veo más de los vicios que tanto criticaban, y cada vez se han ido afianzando las burdas formas de democracia cuantitativa que pisa la dignidad de nuestro gentilicio.“¿Qué es la democracia sino un conjunto de reglas para la solución del conflicto sin derramamiento de sangre” dice Shapiro y Cordon; o, y es la que más me agrada, Democracia como “poliarquía” como dice Dahl, donde se “requiere de la presencia de funcionarios electos, elecciones libres y competitivas, sufragio inclusivo, derecho a competir por los cargos públicos, libertad de expresión, existencia y disponibilidad de información alternativa y autonomía asociativa en tanto que elementos esenciales a la democracia”

 

Autores como Schedler hablan de los retos de la democracia, y mencionan por ejemplo: la personalización de la política, la descentralización del poder estatal, la introducción de mecanismos de democracia directa, la reforma judicial, el alivio de la pobreza y la estabilización económica.

Hipocresía política por @nancyarellano

 El hombre honrado es el que mide su derecho por su deber.

H. Lacordaire

 

No pretendo hablar de candidaturas. En este particular día no puedo obviar el hecho de que estamos en un país donde la sensibilidad se ha confundido con sensiblería, la política con elecciones de “reinas”, el servicio al prójimo con tácticas de marketing, y, en fin, toda clase de artilugios que dan fe de una mediocridad imperante; que ahora vitupera cualquier cosa que busque ser formal, consciente, racional, técnico, o producto de la inteligencia puesta en ejercicio.  Se alaba “lo informal” por “popular”… ¿Pero es que acaso el temita de lo “popular” no es lo que hace del consumo masivo irracional y alienante? ¿No estamos frente al consumismo indiscriminado de “popular” como si ello implicara magníficamente el “valor” de lo imperfecto, improvisado, falso y sin rumbo?  Eso no es un valor. Si mi pueblo necesita educación, necesita hablar mejor, necesita tecnificarse, necesita trabajos de calidad, necesita movilidad social… superarse.

Yo quiero a mi pobre pueblo, pero jamás querré a mi pueblo pobre. Así que esa sensiblería –me disculpan la palabra- ridícula de pensar que la pobreza dignifica, es absurdo. La pobreza física presenta retos, pero la pobreza mental de políticos que quieran perpetuar la pobreza física, es sólo producto de la indolencia y la actuación vulgar; de la politiquería.

Y quiero entonces recordar, porque siempre termino allí, a los griegos y todo ese sistema de conocimiento integral sobre el hombre y sus dinámicas universales que, sintetizada en la Paideia helénica, aún me deja boquiabierta.  El areté –palabra de difícil traducción- era algo así como “valor, prudencia y justicia ligados a la sabiduría”; según nos da a entender el filósofo Platón.  Éste era un valor ciudadano, una búsqueda de todos los hombres e implicaba una educación que portara consigo la creación del hombre integrado a la sociedad como parte de un ecosistema en equilibrio.  Otra lección admirable es que lo que no conocemos por la vía del pensamiento es meramente opinión de los hombres, y es inútil realmente; como dijera Parménides.

¿A dónde quiero llegar? Al simple hecho de que nuestra sociedad actual, y no me quedo sólo en Venezuela, está plagada de contradicciones y se impone un sentido común, sin sentido lógico.  Unas dinámicas intestinas donde se compran voluntades y se venden conciencias; y sufrimos necesidades materiales y vacíos espirituales.

“Lo que no conocemos por la vía del pensamiento es meramente opinión” por lo tanto, no podemos fijar nuestro destino en la opinión de nadie, ni dejar que nuestra libertad esté en manos de opinadores cotidianos que además hacen “leyes”. Doxa (opinión) Vs Episteme (conocimiento). ¿Qué buscamos en esta vida? ¿Qué busca usted en este artículo, en esta página, en esta hora? ¿Ananké? (Felicidad) quizás busca algún indicio de que es posible lograrla; de que el país no se volverá un espacio de guerra diaria donde asalten a las personas a las seis de la mañana y a punta de pistola, porque hay cola. (esa es la opinión… porque “hay cola”; no es porque NO hay autoridad, porque NO hay justicia o porque NO hay gobierno local, regional y nacional… No. La “lógica” es “porque hay cola, porque se es mujer, porque se tiene el vidrio un poco abajo”.

 Cuando tomo en mis manos el libro, al que siempre recurro, de Werner Jaeger “Paideia” extraigo reflexiones sobre las dinámicas humanas que datan de hace 2400 años; y me pregunto, confieso que con algo de angustia, ¿Por qué no hemos aprendido? ¿Cómo hemos olvidado? ¿Por qué tienen el poder un puñado de gente que no tiene sensibilidad social y conciencia de función política? ¿Por qué no hay servicio en la política?

Los temas de trascendencia, los temas sobre las búsquedas humanas más íntimas, sobre los valores que nos llevan a aprehender el bien, la justicia, el amor, la templanza, el equilibrio, la mesura, la honradez, la sabiduría, la destreza, las habilidades… la búsqueda de la felicidad y la paz. ¿Dónde están en medio de tantas necesidades materiales y tan poca preocupación efectiva por brindar el campo para que “lo justo” ocurra con todo nuestro pueblo, nuestros niños, nuestros ancianos, nuestros recursos naturales, nuestra flora y fauna? ¿Por qué el poder no sirve para hacer a esta sociedad más justa? ¿Por qué siempre hay conformismo?

Aquí muchas veces la clase media está sobreestimada y la clase baja subestimada; por ambos bandos.  Comiencen por respetar al otro, tomándole como espejo. Si usted desprecia al otro, sólo puedo decirle que se desprecia a sí mismo. Si usted no ve qué valores hay en el otro, si no es capaz de ver que la profundidad de Parménides eriza tanto como la de Gualberto Ibarreto o la señora de la panadería, entonces usted no posee sensibilidad; sino la misma sensiblería de las novelas que venden shampoo de noche por la televisión: usted no tiene alma. No sirve para la política.

Esto lo veo todos los días, y me duele; porque Venezuela sigo creyendo, lo tiene todo. Pero a nuestros dirigentes, les falta lo esencial.

Finalizo con Lacordaire otra vez: «La libertad no es posible más que en aquellos países donde el derecho predomina sobre las pasiones»

Mi twitter: @nancyarellano

Algunas reflexiones de Zigmunt Bauman

Modernidad líquida

“¿Qué es la «vida líquida»? – leía- La manera habitual de vivir en nuestras sociedades modernas contemporáneas. Se caracteriza por no mantener ningún rumbo determinado puesto que se halla inscrita en una sociedad que, en cuanto líquida, no mantiene por mucho tiempo una misma forma. Lo que define nuestras vidas es, por lo tanto, la precariedad y la incertidumbre constantes”

“44 cartas de este mundo líquido”, 2011

“Vivir en un mundo líquido del que se sabe que sólo admite una única certeza (la de que mañana no puede ser, no debe ser y no será como es hoy)…”

“Miedo líquido: La sociedad contemporánea y sus temores, 2007

 

Poblaciones superfluas o globalización

“Es demasiado pronto para prever la forma final de la cohabitación humana planetaria. Hay una cosa que sí puede postularse: la perspectiva de una comunidad global es un horizonte último en el que debemos medir la pertinencia de cada paso que demos hacia su consecución. Una comunidad, para merecer tal nombre, debe apoyarse en la idea de que sus miembros asumen una responsabilidad compartida por cada cual. No puede haber una comunidad sin un sentido y una práctica de la responsabilidad. Y si la capacidad de carga de los puentes se mide por la fuerza de sus pilares más débiles, la solidaridad de una comunidad se mide por el bienestar y la dignidad de sus miembros más débiles”

Entrevista para “El País”, 10 de Mayo del 2003.

“El proceso de la globalización es tortuoso. Hay fuerzas que están globalizadas: las finanzas, los mercados, el terrorismo, el tráfico de armas y de drogas. Mientras tanto, los poderes democráticos siguen siendo locales, nacionales.”

Entrevista para “El País”, 19 de Agosto del 2012.

“…las ciudades se han convertido en el basurero de los problemas engendrados globalmente. Los residentes de las ciudades y sus representantes electos deben enfrentarse a una tarea que de ninguna manera pueden asumir: la tarea de buscar soluciones locales para las contradicciones globales.”

“Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos”, 2005

 

La felicidad

Al no ser alcanzable el estado de felicidad estable, sólo la persecución de este objetivo porfiadamente huidizo puede mantener felices (por moderadamente que sea) a los corredores que la persiguen. La pista que conduce a la felicidad no tiene línea de meta. Los medios ostensibles se convierten en fines y el único consuelo disponible ante lo escurridizo de este soñado y codiciado ‘estado de felicidad’ consiste en seguir corriendo; mientras uno sigue en la carrera, sin caer agotado y sin ver una tarjeta roja, la esperanza de una victoria final sigue viva”.

“En una sociedad de compradores y una vida de compras, somos felices mientras no perdamos la esperanza de llegar a ser felices; estamos asegurados contra la infelicidad siempre que podamos mantener esta esperanza. Así, la llave de la felicidad y el antídoto contra la amargura consiste en mantener viva la esperanza de llegar a ser felices. Sin embargo, sólo puede mantenerse viva si se cumple la condición de una rápida sucesión de ‘nuevas oportunidades’ y ‘nuevos comienzos’, y con la perspectiva de una cadena infinita de nuevos comienzos”.

“El arte de la vida”, 2008.

 

Forma de gobierno

«La república es una institución que no considera la libertad de sus ciudadanos únicamente como libertad negativa, como una falta de limitaciones, sino como un poder capacitador, la libertad de participar; una institución que intenta —siempre de manera inconcluyente pero con constante celo y vigor— lograr un equilibrio entre la libertad del individuo de toda interferencia y el derecho de los ciudadanos a interferir»

«La democracia liberal, en otras palabras, aspira a lograr la cuadratura del círculo menos susceptible de convertirse en cuadrado: pretende preservar simultáneamente la libertad de actuación del Estado, los individuos y sus asociaciones, convirtiendo la libertad de cada uno de ellos en condición necesaria de la libertad de los otros»

“En búsqueda de la política”, 2001

De la Felicidad con relación al Estado por Aristóteles.

(Extracto de La Política)

Nos queda por averiguar si la felicidad, respecto del Estado, está constituida por elementos idénticos o diversos que la de los individuos. Evidentemente, todos convienen en que estos elementos son idénticos: si se hace consistir la felicidad del individuo en la riqueza no se vacilará en declarar que el Estado es completamente dichoso tan pronto como es rico; si se estima que para el individuo es la mayor felicidad el ejercer un poder tiránico el Estado será tanto más dichoso cuanto más vasta sea su dominación; si para el hombre la felicidad suprema consiste en la virtud, el Estado más virtuoso será igualmente el más afortunado. Dos puntos llaman aquí principalmente nuestra atención. En primer lugar, ¿debe preferir el individuo la vida política, la participación en los negocios del Estado, a vivir completamente extraño a ella y libre de todo compromiso público? Y en segundo, ¿qué constitución, qué sistema político, debe adoptarse con preferencia: el que admite a todos los ciudadanos sin excepción a la gestión de sus negocios, o el que, haciendo algunas excepciones, llama por lo menos a la mayoría? Esta última cuestión interesa a la ciencia y a las teorías políticas, que no se cuidan de las conveniencias individuales; y como precisamente son consideraciones de este género las que aquí nos ocupan, dejaremos aparte la segunda cuestión, para limitarnos a la primera, que constituirá el objeto especial de esta parte de nuestro tratado.

Por lo pronto, el Estado más perfecto es evidentemente aquel en que cada ciudadano, sea el que sea, puede, merced a las leyes, practicar lo mejor posible la virtud y asegurar mejor su felicidad. Aun concediendo que la virtud deba ser el fin capital de la vida, muchos se preguntan si la vida política y activa vale más que una vida extraña a toda obligación exterior y consagrada por entero a la meditación, única vida, según algunos, que es digna del filósofo. Los partidarios más sinceros que ha contado la virtud, así en nuestros días como en tiempos pasados, han abrazado todos una u otra de estas ocupaciones: la política o la filosofía. En este punto la verdad es de alta importancia, porque todo individuo, si es prudente, y lo mismo todo Estado, adoptarán necesariamente el camino que les parezca el mejor. Dominar sobre lo que nos rodea es a los ojos de algunos una horrible injusticia, si el poder se ejerce despóticamente; y cuando el poder es legal, cesa de ser injusto, pero se convierte en un obstáculo a la felicidad personal del que lo ejerce. Según una opinión diametralmente opuesta y que tiene también sus partidarios, se pretende que la vida práctica y política es la única que conviene al hombre, y que la virtud, bajo todas sus formas, lo mismo es patrimonio de los particulares que de los que dirigen los negocios generales de la sociedad. Los partidarios de esta opinión, y, por tanto, adversarios de la otra, persisten y sostienen que no hay felicidad posible para el Estado sino mediante la dominación y el despotismo; y, realmente, en algunos Estados la constitución y las leyes van encaminadas por entero a hacer la conquista de los pueblos vecinos; y, si, en medio de esta confusión general que presentan casi en todas partes los materiales legislativos, se ve en las leyes un fin único, no es otro que la dominación. Así en Lacedemonia y en Creta el sistema de la educación pública y la mayor parte de las leyes no están hechos sino para la guerra. Todos los pueblos a quienes es dado satisfacer su ambición hacen el mayor aprecio del valor guerrero, pudiendo citarse, por ejemplo, los persas, los escitas, los tracios, los celtas. Con frecuencia las mismas leyes fomentan esta virtud. En Cartago, por ejemplo, se tiene a orgullo llevar en los dedos tantos anillos como campañas se han hecho. En otro tiempo, en Macedonia la ley condenaba al guerrero a llevar un cabestro si no había dado muerte a algún enemigo. Entre los escitas, en ciertas comidas solemnes, corría la copa de mano en mano, pero no podía ser tocada por el que no había muerto a alguno en el combate. En fin, los iberos, raza belicosa, plantan sobre la tumba del guerrero tantas estacas de hierro como enemigos ha inmolado. Aún podrían citarse en otros pueblos muchos usos de este género, creados por las leyes o sancionados por las costumbres.

Basta reflexionar algunos instantes para encontrar extraño que un hombre de Estado pueda nunca meditar la conquista y dominación de los pueblos vecinos, consientan ellos o no en soportar el yugo. ¿Cómo el hombre político y el legislador habían de poder ocuparse de una cosa que no es ni siquiera legítima? Buscar el poder por todos los medios, no sólo justos, sino inicuos, es trastornar todas las leyes, porque el mismo triunfo puede no ser justo. Las otras ciencias no nos presentan nada que se parezca a esto. El médico y el piloto no piensan en persuadir ni en forzar, aquél a los enfermos que tiene en cura, éste a los pasajeros que conduce. Pero se dirá que, generalmente, se confunde el poder político con el poder despótico del señor; y lo que no encuentra uno equitativo ni bueno para sí mismo, quiere, sin ruborizarse, aplicarlo a otro; así se reclama resueltamente la justicia para sí y se olvida por completo tratándose de los demás. Todo despotismo es ilegítimo, excepto cuando el señor y el súbdito son tales respectivamente por derecho natural; y si este principio es verdadero sólo debe quererse reinar como dueño sobre seres destinados a estar sometidos a un señor, y no indistintamente sobre todos; a la manera que para un festín o un sacrificio se va a la caza, no de hombres, sino de animales que se pueden cazar a este fin, es decir, de animales salvajes y buenos de comer. Pero un Estado, en verdad, si se descubriese el medio de aislarle de todos los demás podría ser dichoso por sí mismo, con la sola condición de estar bien administrado y de tener buenas leyes. En una ciudad semejante la constitución no aspiraría ni a la guerra, ni a la conquista, ideas que nadie debe ni siquiera suponer en ella. Por tanto, es claro que las instituciones guerreras, por magníficas que ellas sean, no deben ser el fin supremo del Estado, sino tan sólo un medio para que aquél se realice. El verdadero legislador deberá proponerse tan sólo procurar a la ciudad toda, a los diversos individuos que la componen, y a todos los demás miembros de la asociación, la parte de virtud y de bienestar que les pueda pertenecer, modificando, según los casos, el sistema y las exigencias de sus leyes; y si el Estado tiene otros vecinos, la legislación tendrá cuidado de prever las relaciones que convenga mantener y los deberes que deba cumplir respecto de ellos. Esta materia se tratará más adelante como ella merece, cuando determinemos el fin a que debe tender el gobierno perfecto.

Entre tiempos jurídicos, tiempos políticos y el cultivo de peces por @nancyarellano

 

“En el juicio del pasado ante el futuro,

las memorias contemporáneas son los testigos,

 la historia es el juez, y el fallo es casi siempre una iniquidad,

ya sea por la falsedad de las declaraciones,

por su ausencia o por la ignorancia del tribunal.

Afortunadamente, la convocatoria sigue abierta para siempre,

y la luz de nuevos siglos,

proyectada desde lejos sobre los siglos transcurridos,

denuncia los juicios tenebrosos”

 

 Luis A. Blanqui

 

Cuando hablamos de Blanqui, es imposible no traer a la Comuna de París a colación. Pero no caeremos en su análisis por la inutilidad que presenta frente a nuestro tiempo político, y es que el mismo Blanqui dice “El hecho consumado tiene una potencia irresistible. Es el destino mismo” así que hablaremos de lo que ocurre hoy, ahora, aquí: el presidente Chávez fue electo para gobernar como presidente y, por ahora, no está presente. ¿Poder popular? Pues hablemos como pueblo.

 

Intento separarme de cualquier afecto hacia una tendencia política, y busco, evitando tropezar con inconsistencias, hacer un análisis de cuál es el lugar exacto y momento preciso en el que nos encontramos. Advierto al lector que no se trata de qué hizo o dejó de hacer la burocracia estatal a lo largo del siglo XX o XXI, sino de cuál es el deber ser y con qué contamos.

 

Venezuela sufrió un cambio importante en el S. XX.  Con Gómez se inicia una tesis desarrollista de la nación. El fin del Estado es procurar “ordenar” las capacidades y “crear” instituciones que superen los personalismos caudillistas –pese a ser él  mismo el “Gendarme necesario” o el “loquero” imprescindible; pero se comprende que la coacción –el poder de las armas- debe estar en manos de hombres que defiendan un valor superior.  Básicamente, aunque de forma rudimentaria y con las limitaciones del Gral. Gómez y el momento, se “enseria” al país. Luego vino una serie de profundizaciones que pusieron nombre y apellido a las aspiraciones nacionales y se perfiló un proyecto lo más acabado posible, buscando que la Institucionalidad se fundamentara en La Constitución. ¿Esto se logró cabalmente?

 

La pregunta es válida. Y más que válida, necesaria.  A prácticamente 100 años de ese proyecto de “orden” y “desarrollo” del país hemos logrado avances, eso es innegable, sean de donde vengan las opiniones.  El llamado sistema puntofijista trajo consigo el camino de la democracia, desarrolló infraestructura y apertura cultural, insertó la idea de una industria y amplificó el espectro político nacional –con las consideraciones y errores de un país que empezó a “pensarse” en el siglo XX, y tan es así que llevó al poder a un hombre como Hugo Chávez, quien luego de un intento de Golpe de Estado –por la razones válidas o inválidas- hizo campaña electoral en 1998 prometiendo además destruir a la Constitución que le llevaría al poder, pues califica a ésta como el centro del sistema “decadente” de la llamada Cuarta República.

 

Lo interesante de analizar someramente estos cien años de vida republicana (1913-2013) es que encontramos una tesis asociada al poder como “política de reparto justo” y es que ésta ha sido la bandera esgrimida por todos los gobiernos hijos de todas las constituciones que, si somos sinceros,  han tenido como aspiraciones unas ideas de “justicia” y “equidad” más ligadas a un poder capaz de distribuir la riqueza nacional que a generarla, al menos eso nos indica la práctica. Insisto en que tenemos que reparar en más que los discursos o propaganda política, para juzgar con algo de sensatez intelectual.

 

Pero aún estamos lejos de ser el país potencia, la economía boyante o la sociedad armónica que nos imaginamos merecer, y es que el descalabro que en varios momentos hemos vivido, responde a una falta de conciencia política real, -pongo el calificativo de real porque no se trata de las “palabras bellas” ni de “bálsamos de sábila” hechos de frases.  Se trata de que los libritos llamado “constituciones” no son poemas para enamorar, son pactos que deben comprometer a nuestra sociedad para consolidar un terreno fecundo para la generación de riqueza social y económica.  Nuestro principal capital no puede ser el petróleo, debe ser el talento de los venezolanos, asumiendo al petróleo como nuestro principal producto apalancador de una diversificación que permita expandir nuestras capacidades humanas.   Calidad educativa, una terapia de “electrochoques” a la conciencia venezolanista, por tanto patriota. Educar en la escuela, la calle, la casa; educar a la administración pública, la empresa privada; educar por todos los medios, de todas la formas, a todos los actores para la convivencia democrática.

 

Los gobiernos tienen que hacerse responsables de los males hechos, pero sobre todo de las fallas de una perspectiva centrada en el desarrollo banal de las potencialidades de nuestro país. Así, se centraron en la creación de “obras” y rápidamente descuidaron las bases humanas de la Gran Obra.  Muchos olvidaron que los edificios no sirven a los edificios, sino que son para ser habitados y su utilidad dependerá del uso que hombres y mujeres den a las instalaciones; así, parques, plazas, liceos y universidades. Particularmente creo que esto se asocia con algo que dice J. S. Mill,  La regla es hacer responsable a un individuo del mal que hace a los otros; la excepción, comparativamente se entiende, hacerle responsable del mal que no les evitó.”  ¿Eficiencia o nada? Sí. ¿Pero es que acaso eso se logra con una oficina de supervisión? ¿Se logra en un escenario de polarización social y política?

 

El tema social no es agenda nueva, aunque su visibilidad actual es sin precedente, pero ha sido la palabra usada como sable por generaciones de “políticos” a lo largo y ancho del país. El problema deviene cuando la “agenda social” se centra únicamente en “dar” cosas. Y aclaro que digo “únicamente” porque ¡claro que hay que darlas!, pero también hay que pedir a cambio. ¿A qué me refiero? A que no se puede ser absolutamente materialista, como tampoco absurdamente espiritualista. No se admite ser absurdamente revolucionario, como tampoco inútilmente conservador. El tema está en combinar la innovación material que imponga la renovación espiritual. El cambio que se advierte como movilizador y transformador del caos para dar paso al cosmos.  Dar el pescado, enseñar a pescar y que ¡Pesquen! Y luego… ¡que inventen un nuevo modo de pescar! Pero además que pesquen… ¡cultiven peces!

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Volviendo a Mill, él decía que “La verdad, en los grandes intereses prácticos de la vida, es ante todo una cuestión de combinación y de conciliación de los extremos; pero muy pocos hombres gozan del suficiente talento e imparcialidad para hacer este acomodo de una manera más o menos correcta: en este caso será llevado a cabo por el procedimiento violento de una lucha entre combatientes que militan bajo banderas hostiles” Y es que el peligro de la hostilidad es que no permite el aprovechamiento de los recursos disponibles, del talento complementario, sino que procura la indiscriminada lógica de la arbitrariedad para prejuzgar las capacidades de compromiso, utilidad e inutilidad de los talentos, por no decir lo peor: de los hombres y mujeres que no son vistos como útiles, sino como utilizables…; Y es que el escenario polarizante de modo abstracto -y de la política de contraste sólo superficial- crea una tensión anímica suficiente para desgastar cualquier intento prescriptivo de revolución como sistema de mejoramiento social sostenible y sustentable, mata cualquier intento de vanguardia real. Pues trae consigo el efecto de imponer tiempos políticos útiles sólo como ejercicio desde el poder, y ésos no se imponen, surgen hacia el poder para transformarlo. Son estallidos producto del cansancio de los músculos tensados por un tiempo imprudencial; porque, volviendo a Blanqui, el hecho consumado es el destino. Y los antecedentes inmediatos colocan en el centro de la dinámica la necesidad de la generación de una vanguardia genuina que sea conciencia prospectiva, producto de ver la riqueza y pobreza del ayer y el hoy, una que no busque ser sistema sino “moscardón que despierte a Atenas”; no guiada tanto por las formalidades de un libro-receta que, lamentablemente, nunca ha estado en real uso. Y voy más allá, y es que los tiempos jurídicos los dictan los juristas, pero los políticos los dictan los pueblos.

 

«Fueron hombres de otro cuño

los que han hecho de Inglaterra lo que ha sido;

y hombres de otro cuño serán necesarios

 para prevenir su decadencia»

 

 J. S. Mill (Sobre la Libertad)

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