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Moscú invierte los papeles en Kiev por Thierry Meyssan

La situación no es sencilla y la ignorancia sobre los acontecimientos de ese país hacen difícil asumir posiciones firmes.  Comprender la realidad post-colonialismo soviético nunca será sencillo de digerir desde Occidente; no obstante creo que Meyssan hace un balance, no excento de conjeturas y opiniones, sobre la situación de Crimea.

Dejo aquí sus observaciones.

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Mientras los dirigentes de la OTAN se regocijan por el golpe de Estado en Kiev, presentado a la opinión pública de Occidente como una nueva revolución, en el terreno se invierte la situación. Después de desplazar a un gobierno de delincuentes que buscaban el mejor postor entre Washington y Moscú, ahora son los agentes de Estados Unidos quienes se ven obligados –ya en el ejercicio del poder– a enfrentar los disturbios que anteriormente organizaron. El problema es que el país está arruinado y nadie, sea quien sea, podrá sacarlo rápidamente de la bancarrota. Y ahora Rusia puede defender sus intereses sin tener por ello que asumir las consecuencias de los 20 años de corrupción que antecedieron la nueva situación.
RED VOLTAIRE | DAMASCO | 2 DE MARZO DE 2014 

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Durante los Juegos de Sochi, Rusia no reaccionó ante los acontecimientos ucranianos [1]. Mientras se producían los graves desórdenes registrados en Kiev y en otras capitales de provincias ucranianas, la prensa rusa siguió dedicando sus titulares a las hazañas de sus deportistas. El Kremlin consideraba, en efecto, que en cualquier momento los enemigos de Rusia podían tratar aún de convertir la fiesta deportiva en un baño de sangre.

Tal y como estaba previsto, para el momento de la clausura de los Juegos, el poder ya había cambiado de manos en Kiev. Ampliamente desinformada, la opinión pública occidental tuvo la impresión de que se había producido una revolución proeuropea.

Sin embargo, la divulgación de una conversación telefónica entre la secretaria de Estado adjunta, Victoria Nuland, y el embajador de Estados Unidos en Kiev, Geoffrey R. Pyatt, no deja lugar a dudas sobre la existencia del complot estadounidense [2]. A golpe de imágenes falsas, un gobierno de corruptos [3] fue presentado a la opinión como una banda de torturadores rusófilos [4]. Como en todas las demás «revoluciones de colores», misteriosos francotiradores posicionados en los techos dispararon contra la multitud y también contra la policía, y se responsabilizó al gobierno con esos hechos.

En medio de la confusión, la opinión pública occidental tuvo la impresión de que «el pueblo» se había apoderado de los palacios nacionales. La realidad es que, mientras los activistas –en su mayoría nazis– se batían en la plaza Maidan bajo los lentes de las cámaras de televisión, en otros lugares de la ciudad eran los politiqueros quienes penetraban discretamente en los palacios nacionales. Por ese lado, los europeos pueden dormir tranquilos: no fueron los nazis quienes se instalaron en el poder.

Los nazis ucranianos nada tienen que ver con la extrema derecha que se conoce en Europa occidental, por lo general abiertamente sionista (con excepción del Frente Nacional francés). Durante la guerra fría, los nazis ucranianos fueron incorporados a las redes stay-behind de la OTAN para sabotear la economía soviética. Posteriormente, Polonia [5] y Lituania se encargaron de arroparlos. Durante los pasados 3 meses de manifestaciones se les unieron islamistas tártaros especialmente traídos de regreso desde Siria, donde estaban en plena yihad [6]. Habitantes históricos de Crimea, a los que Stalin decidió dispersar por haberse unido a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, los tártaros viven hoy principalmente en Ucrania y Turquía. En la plaza Maidan demostraron la pericia adquirida en Siria: mutilando policías y sacándoles los ojos [7].

La revolución de la plaza Maidan sirve para enmascarar un golpe de Estado extremadamente clásico [8]. En presencia de «diplomáticos» estadounidenses, la Rada [parlamento ucraniano] violó la Constitución abrogándola sin referéndum. Destituyó, sin debate ni proceso, al presidente en ejercicio y puso los poderes legislativos y ejecutivos en manos del ex jefe de los servicios secretos, Alexander Turchinov.

Este nuevo dictador designó como primer ministro a Arseni Yatseniuk, lo cual coincide –¡Oh casualidad!– con los cálculos expresados desde mucho antes –en la conversación telefónica anteriormente mencionada– por la secretaria de Estado adjunta Victoria Nuland. El nuevo primer ministro conformó un gabinete que fue presentado a los manifestantes en la plaza Maidan. Estos últimos, ahora mucho más numerosos y en una proporción en la que los nazis ya vienen siendo sólo una tercera parte, abuchearon a varios de miembros del nuevo gabinete porque son judíos.

En Crimea, donde está basada la flota rusa del Mar Negro y la mayoría de la población es rusa, el parlamento regional, también presa de una «inspiración revolucionaria», derrocó el gobierno local (fiel a Kiev) y nombró uno nuevo (pro-ruso). Simultáneamente, hombres uniformados, pero sin bandera ni insignias, tomaron el control de los edificios oficiales y del aeropuerto, impidiendo así la posible llegada de fuerzas enviadas por el nuevo gobierno de Kiev.

En Kiev, la Rada denunciaba un acto de injerencia rusa y llamaba a que se respete el Memorándum de Budapest. En 1994, Estados Unidos, el Reino Unido y Rusia firmaron un acuerdo sobre el congelamiento de las fronteras de Ucrania a cambio de su renuncia al arma nuclear [9]. Para Moscú, sin embargo, ese acuerdo perdió toda vigencia desde que fue violado por Washington y Londres en el momento de la «revolución naranja» de 2004 [10] y, con más razón aún, con el golpe de Estado de la semana pasada.

¿Qué va a pasar ahora? El 25 de mayo tendrá lugar la elección del Parlamento Europeo y Kiev organiza una elección presidencial mientras que Crimea realizará un referéndum de autodeterminación. Cuando Crimea sea independiente podrá optar por reintegrarse a la Federación Rusa, de la que formó parte hasta 1954.

Por su parte, la Unión Europea tendrá que ver cómo se las arregla para responder a las esperanzas que tanto se esforzó por suscitar en Ucrania, y tendrá por lo tanto que pagar –no se sabe con qué fondos– al menos una parte de los 35 000 millones de deuda ucraniana. Por su parte, los nazis de la plaza Maidan no regresarán a la clandestinidad sino que van a exigir formar parte del gobierno.

Pero la historia no parará ahí porque todavía quedarán por resolver, para el Kremlin, los problemas de la parte oriental de Ucrania –con una numerosa población rusa y una importante industria de defensa– y también de Transnitria (la antigua Besarabia, que sirvió en el pasado de centro de investigación para la cohetería soviética). Este pequeño país, de población rusa, que no aparece en los mapas porque no es miembro de la ONU–, proclamó su independencia en el momento de la disolución de la URSS pero aún está considerado como parte de Moldavia. Resistió valientemente a la guerra que contra él desataron en 1992 Moldavia, la fuerza aérea rumana y los consejeros de la OTAN [11]. Logró conservar el modelo social soviético, adoptando a la vez instituciones democráticas, y hoy en día una «fuerza de paz» rusa garantiza su seguridad [12]. Como mínimo, una veintena de kilómetros cuadrados de territorio ucraniano podrían sublevarse y unirse a Transnitria, ofreciéndole así una salida al Mar Negro, pero Ucrania se vería entonces separada de su apéndice occidental. En el mejor de los casos, para unir territorialmente la península de Crimea con el territorio de Transnitria habría que tomar varios cientos de kilómetros de costa, incluyendo la ciudad de Odesa.

Por lo tanto, continuarán los desórdenes en Ucrania. Con la diferencia de que Estados Unidos y la Unión Europea se verán ahora en la situación del «cazador cazado» y será su turno de enfrentar el caos. Además de la pesada carga financiera, ¿cómo van a arreglárselas para controlar a sus victoriosos aliados nazis y yihadistas? La demostración de fuerza orquestada por Washington se halla ahora a punto de convertirse en un fiasco [13].

Fuente
Al-Watan (Siria)

[2] «Conversación entre la secretaria de Estado adjunta y el embajador de Estados Unidos en Ucrania», Oriental Review/Red Voltaire, 8 de febrero de 2014.

[3] «L’Ukraine brade son secteur énergétique aux Occidentaux», por Ivan Lizan, ОднакоRed Voltaire, 2 de marzo de 2013.

[4] «Imágenes falsas en Ucrania», Red Voltaire, 6 de febrero de 2014.

[5] «Polonia, nueva cabeza de playa en el plan desestabilizador de la OTAN», por Andrew Korybko, Oriental ReviewRed Voltaire, 28 de febrero de 2014.

[6] «Yihadistas dan servicio de seguridad a los manifestantes de Kiev»,Red Voltaire, 4 de diciembre de 2013.

[7] «Евротвари выкололи глаз и отрубили руку пленному бойцу»,YouTube, 21 de febrero de 2014.

[8] «Golpe de Estado proestadounidense en Ucrania», Red Voltaire, 24 de febrero de 2014.

[9] “Memorandum on Security Assurances in connection with Ukraine’s accession to the Treaty on the Non-Proliferation of Nuclear Weapons”,Voltaire Network, 5 de diciembre de 1994.

[10] «Moscú y Washington se enfrentan en Ucrania», por Emilia Nazarenko; «Ucrania: la calle contra el pueblo», Red Voltaire, 24 y 29 de noviembre de 2004.

[11] «En 1992, Estados Unidos trató de aplastar militarmente la Transnistria», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 17 de abril de 2010.

[12] «Tiraspol, base avancée de l’armée russe?», por Arthur Lepic,Réseau Voltaire, 15 de agosto de 2007.

[13] «¿Puede Washington derrocar tres gobiernos a la vez?», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria), Red Voltaire, 23 de febrero de 2014.

El carnaval bajtiniano en la democracia de Venezuela por @nancyarellano

Carnaval Solana


 

El único crimen consiste en ser superficial.

Todo lo que se comprende está bien-.

La reiteración de esta frase irrita, pero es reveladora.

Jean Cocteau

Agarro de mi biblioteca libros de venezolanos, latinoamericanos, europeos y americanos.  Hojeándolos, para ver si rememoro alguna fórmula estudiada, sólo logro recaer en la invariable aseveración: la realidad no tiene teoría, pero la teoría sigue brindando claves para entender a la realidad.  Las ciencias sociales son un fenómeno a posteriori, por ello, hurgar en mis libros, no dará respuestas precisas sólo indicios para entablar un diálogo.  Por tanto, sigue siendo la única forma racional de deconstruir y construir la realidad; porque, espero, me permita hallar indicios de cuáles serán las preguntas correctas en una conversación con el que me lea.

Digan lo que digan, no puedo sentirme a gusto con la realidad actual de mi país, o de varios países en estos momentos, tampoco puedo conformarme con las escuetas y dudosas aseveraciones que salen por los medios tradicionales o informáticos.  Unos están atravesados en las calles, otros celebrando carnavales.  Yo, y supongo unos cuantos más en el medio, intento trabajar, leer, pensar y escribir.  ¿Somos todos parte del mismo carnaval?

Pretendo escribir esto sin sobresaltos guiados por el twitterror o, pretendiendo, que no soy parte del carnaval bajtiniano, ése que se vive, no se “especta”.  Aquí haré un inciso, por lo interesante de la teoría de Mijail Bajtin (1895-1975) sobre “lo carnavalesco” y porque, guiada por Bajtín, puedo aserverar que estamos ante la celebración más auténtica de lo carnavalesco en Venezuela.  Me explico:

En su ensayo Carnaval y Literatura, el ruso Bajtín asevera que lo carnavalesco está omnipresente en los grandes clásicos y que su significado ha venido banalizándose luego del renacimiento, pasando de “una forma de espectáculo sincrético de carácter ritual” a “mascarada o, aún peor, bohemia vulgar”.  Mi lectura de estos días atiende al concepto, retomado por Bajtín, del carnaval.

Su punto de partida, desde el análisis de las civilizaciones griega y romana, es que lo carnavalesco ha estado presente de forma arquetípica en la literatura, y en la vida por tanto, para significar la libertad; al colocar todos los universos de la vida humana en un mismo nivel de discurso, al eliminar barreras sociales, morales, y todo límite a la interacción de elementos.  Lo ejemplifica con los famosos Diálogos de Platón: la simbología típica del diálogo abierto en plaza, arena propia de lo carnavalesco y popular, de contrastes burlescos (para la época) como mujer-sabia, la supresión de la distancia entre la aristocracia- pueblo, la disminución del personaje (Sócrates) haciéndolo familiar, aproximarlo al interlocutor (escucha-lector), humanizarlo; la ironía socrática, dice, «es una risa carnavalesca reducida».  Caso similar de carnavalización es el Nuevo Testamento de la Biblia; donde “Jesús dialoga”, trayendo elementos carnavalescos: Dios-hombre, eterno-mortal, pobre-rico, todos en un mismo lugar como excusa para un mensaje sin los límites cotidianos del orden “normal”.  Así, lo carnavalesco se constituye en una suerte de manipea frontal en el elemento dialógico y muestra el carácter universalizante de la carnavalización como profusión discursiva de elementos conjugados a un mismo nivel: liberador.  Se trata de la suspensión temporal de la coerción cotidiana.

¿Y por qué a un mismo nivel?  Primero debe entenderse que “Todos sus participantes son activos, todos comunican en el acto carnavalesco”.  Y cuando dudo, si formo parte o no del carnaval venezolano, Bajtín me responde: “No se mira el carnaval y, para ser más exactos, habría que decir que ni siquiera se lo representa sino que se lo vive”.  Así que solamente con advertirme en presencia de él, formo parte.  ¿Pero por qué decir que estamos ante lo carnavalesco?  Porque, desde mi punto de vista, lo carnavalesco es propio de la democracia latinoamericana, más aún en un orden subvertido y con la presencia de medios diversos para interactuar (redes sociales, teléfonos celulares, prensa, tv y radio); donde se han roto todos los esquemas tradicionales de orden social preestablecido.  La democracia venezolana ha venido mostrando características que la carnavalizan, regreso a Bajtín, quien señala que “se comienza por invertir el orden jerárquico y todas las formas de miedo que éste entraña: veneración, piedad, etiqueta, es decir todo lo que está dictado por la desigualdad social o cualquier otra (…) quedan abolidas también todas las distancias entre los hombres, para reemplazarlas por una actitud carnavalesca especial: un contacto libre y familiar”.  Si algo hay que reconocer del gobierno venezolano post 1999, es que eliminó todo orden jerárquico, acercando a ese contacto “libre y familiar” propio de lo carnavalesco.  Y admitiendo, por tanto, que todos los elementos discursivos tomen voz en la arena pública.

¿En qué se traduce eso? Toma la palabra Bajtín, “es una especia de vida al revés, un monde à l’envers” porque, así como en la profusa simbología de lo carnavalesco, la mutiplicidad de interlocutores en democracia popular traen mensajes disímiles y de contraste.  Y con ello “el pathos de la decadencia y el reemplazo, de la muerte y el renacimiento.  El carnaval es la fiesta del tiempo destructor y regenerador” porque el carnaval es una suerte de revolución del orden establecido.  A diferencia de los tiempos político-sociales, el carnaval,  tiene un término, un fin.  Por ello el viejo rito carnavalesco de la coronación del bufón, tiene ya la destitución.  “La entronización contiene ya la idea de la destronización futura: es ambivalente desde el comienzo”  Básicamente porque el carnaval nace y muere, así toda la significación de sus símbolos.  Y para hacer honor a sus contrastes “Se entroniza lo contrario a un verdadero rey, se entroniza a un esclavo o un bufón, y ese hecho esclarece en cierta forma el mundo al revés carnavalesco”.  Así  “todos contienen en perspectiva la negación y su contrario” y trae consigo los mensajes más legítimos.  Prueba de ello, lo carnavalesco en Don Quijote de la Mancha; donde el noble que combate molinos de viento trae consigo un mensaje contundente, la razón es Sancho. “El carnaval festeja el cambio, su proceso mismo, y no lo que sufre el cambio” por ello los molinos son excusas, Dulcinea o Sancho.  Porque su mensaje es el proceso mismo, el viaje hacia Ítaca de Odiseo, no así el destino. “Es por así decirlo no substancial sino funcional” como dice Bajtín.  Aquí la democracia ha de ser el viaje.

“El carnaval no conoce la negación ni la afirmación absolutas” tampoco la democracia, que no es una meta sino un camino de dispares que crean el espacio, la arena de convivencia.  “Si la ambivalencia carnavalesca se borra en las imágenes desentronizantes, aquellas degeneran en una simple denuncia negativa, de carácter moral o socio-político, que se desarrolla sobre un solo plano y pierde todo valor artístico”  Esto, es lo que ocurre en el carnaval venezolano cuyo escenario debe garantizarse como popular y amplio.  Y hay que recordar que  la imagen no es ambivalente; el poder es obtenido por elección popular, más allá de la presidencia, en una multiplicidad de cargos; y sus ocupantes profesan virtudes distintas y símbolos constrastantes.  En la actualidad no hay proceso de in-desentronización carnavalesca (sólo viene a mi memoria el 2002, con Carmona, sí como ejemplo del proceso carnavalizante de la política nacional).

Así que no podemos permitir que la crítica al gobierno nos sitúe en “La Oposición” (como brazo actor de la Derecha, proimperialista), pero tampoco que el estar de acuerdo con las políticas del gobierno nos vuelva “oficialistas acérrimos y comunistoides”; porque ni toda crítica nos hace opositores, ni todo aplauso nos muta en progobierno.  La crítica es el único ejercicio viable para el ser pensante que se encuentre fuera del campo de acción de la política en poder.  En un sistema democrático, la libertad supone eso, el ejercicio de nuestras aficiones y aptitudes; definitivamente las mías no versan sobre la evasión o la guarimba.  De aquí que mis palabras estén escritas para darle espejo no a los opositores radicales, tampoco a los chavistas a ultranza, sino a muchos venezolanos trabajadores que creo sienten que algo falta en nuestro país más allá del rojo rojito, o del azul azulito, aunque conteniéndolos.  El carnaval también nos representa, en la manipea obra que se desarrolla en nuestras calles y debates.

Más allá de la visión del chavismo, o de la oposición, creo que en ambos extremos, cuando son extremos, hay falacias, hay errores.  Tampoco considero que tengo la verdad, si pudiese argüir alguna característica, es la humildad con la que asumo el no tener todas las respuestas, no sabría decir cuáles.  Eso es lo que más me perturba de sendos bandos, en manos de sus voceros más furibundos; unos alegan poder resolver los problemas con el socialismo; aún sin delimitar, más allá de algunas vagas directrices compiladas en el Libro Azul de Chávez, qué significa exactamente este modelo que no ha logrado poner coto a desmanes de pequeños grupos con intereses egoístas que, sin plegarse a un pacto social desarrollista y nacionalista, han desangrado la finanzas estatales sin contribuir a la productivización de la nación.  Otros, alegan poder resolver esto con las fórmulas más trilladas del neoliberalismo contemporáneo, recetas manidas y que se han mostrado inviables para una realidad rentista como la venezolana; donde hay tanto en qué invertir socialmente para lograr la movilidad social, donde hay tantos que merecen la igualdad de oportunidades en igualdad de condiciones.  Sería un absurdo pretender volver sobre las fórmulas de los 70´s o de los 90’s.  Hay que asumir la contemporaneidad de la situación venezolana.

Vuelvo con la manía de los libros… Sartori afirma que “la civilización occidental es una civilización superior (…) siempre y cuando delimitemos esa tesis a la “buena ciudad” (civilidad) y a los valores ético-políticos que la sustancian.  Indicando, no obstante, cómo pueden confirmarse las preferencias de valor”  Menciono a Sartori porque él refiere esto a la preferibilidad de la democracia.  Y carnavalesca como es, en el sentido bajtiniano, la creo preferible por la abundancia de sus argumentos y presupuestos, porque su arena sigue siendo la calle donde un Sócrates buscaba ser partero de la verdad.  Creo que ambos bandos formalmente están de acuerdo en ello.  Luego, es comprensible que, cuando hablamos de civilidad, hablamos de la “vida libre en ciudad” la visión del ciudadano, aquél que está sometido a la autoridad de las normas, no de individuo alguno.  El primer caso es ciudadano, el segundo es súbdito.  También hay acuerdo en ello en ambos bandos, se supone que la preeminencia del cumplimiento cabal, íntegro, de nuestra carta magna no está en discusión: una apuesta al “Estado democrático, social de Derecho y de Justicia que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”. (Art. 2 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela).

Finalmente, que el carnaval sirva para comunicar, se ha entronado al caos, ahora restituyamos el orden y sigamos el camino democrático.

Les invito a seguirme en twitter @nancyarellano

Añado: Un artículo interesante, y de donde tomé la imagen de carnaval: http://sociologiadisidente.blogspot.com/2011/02/carnaval-inversion-y-subversion-y-ii.html

Suicidio popular por @nancyarellano

No puedes hacer una revolución para tener la democracia.

Debes tener la democracia para hacer una revolución.

Gilbert Keith Chesterton

G.K. Chesterton era un distributista inglés que creía en una tercera vía entre el capitalismo y el socialismo, decía que era injusto que los pocos tuvieran la propiedad de los medios de producción, como en el capitalismo; pero también que era igualmente injusto que la propiedad estuviese centralizada en unos pocos burócratas del Estado, como en el socialismo. Por tanto la opción era un camino medio donde “los muchos” pudiesen tener derechos de propiedad sobre la riqueza, una mayor distribución de los medios de generación. Se garantiza un sistema de redes entretejidas de producción donde se evita el monopolio.

Realmente en Venezuela la discusión versa no tanto sobre el tema ideológico, del derecho de los muchos a acceder a los recursos, en tanto que fines deseados de la política económica, como de praxis político-económica. Lo que a muchos nos preocupa del llamado Socialismo del Siglo XXI, ya en sí mismo de dudosa definición, no es tanto sus consignas de igualitarismo como su falta de coherencia entre postulados y práctica; y lo remanido de muchas de sus consignas que tienen un tufo de fracaso en el siglo XX.

Catorce años no han sido suficientes para dejarnos entender bajo qué esquema lógico se establecen las directrices de la política en materia económica, o cuál es el entramado jurídico que sustenta la viabilidad del proyecto “revolucionario” o cómo ellos quieren que realmente esos cambios, afianzados en programas sociales, perduren en el tiempo.

¿Por qué digo esto? Porque si bien las misiones tienen un fuerte contenido social plausible, necesario, esencial para garantizar la equidad en la sociedad venezolana; éstas distan mucho de lograr ser soluciones eficientes a los problemas nacionales. Por supuesto que educación, salud, alimentación y vivienda son cuatro ejes cardinales de cualquier gobierno social; pero las transferencias directas que suponen las misiones, sin garantías de autosustentabilidad, les hacen el instrumento perfecto de manipulación política. “¡Si no votas por mí, te eliminarán el Mercal! ¡Ellos acabarían con Barrio Adentro! ¡Olvídate de la vivienda si gana la oposición” etc etc etc”

¿Pero es que cuánto quieren a su pueblo como para no terminar de hacer de Mercal un aparato productivo con raíces propias, o de Barrio Adentro un plan asociado a la seguridad social por ejemplo? ¿Quién tocaría a Mercal si ello implicara directamente un sector productivo de cooperativas, pequeñas empresas y miles de empleos directos que son receptáculo de los egresados de las misiones o de las universidades bolivarianas? ¿Quién tocaría Barrio Adentro si los mismos trabajadores y las empresas, con sus aportes mensuales, son los que financian el sistema? ¿Para qué eliminar Misión Vivienda si éstas están financiadas por la banca y luego los beneficiarios acceden a ellas con créditos preferenciales que pagan con el sudor de su frente; o si se generara empleo directo con las construcciones porque es mano de obra 100% venezolana?… ¡Eso sí sería revolucionario! ¡Eso sí sería soberano!

Hoy el pueblo venezolano está dividido, prácticamente en dos toletes. El pueblo apunta al pueblo para destruirlo, destruirse. Es un suicidio popular donde todos perdemos por igual. Hace falta mucha falta de sensatez para desviar la mirada hacia las implicaciones que tiene el desconocer a la mitad del país, sea chavista-madurista u opositora. la democracia contempla a las minorías; su base cualitativa porque son personas, no números; que la llamada izquierda –tradicionalmente “marginada”- ahora en el poder- sí es incluyente… (Pero que también hay izquierda en la oposición aclaro)

Sólo veo más de los vicios que tanto criticaban, y cada vez se han ido afianzando las burdas formas de democracia cuantitativa que pisa la dignidad de nuestro gentilicio.“¿Qué es la democracia sino un conjunto de reglas para la solución del conflicto sin derramamiento de sangre” dice Shapiro y Cordon; o, y es la que más me agrada, Democracia como “poliarquía” como dice Dahl, donde se “requiere de la presencia de funcionarios electos, elecciones libres y competitivas, sufragio inclusivo, derecho a competir por los cargos públicos, libertad de expresión, existencia y disponibilidad de información alternativa y autonomía asociativa en tanto que elementos esenciales a la democracia”

 

Autores como Schedler hablan de los retos de la democracia, y mencionan por ejemplo: la personalización de la política, la descentralización del poder estatal, la introducción de mecanismos de democracia directa, la reforma judicial, el alivio de la pobreza y la estabilización económica.

La nueva torre de Babel está en curso por @nancyarellano

Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno,

y todos estos tienen un solo lenguaje;

y han comenzado la obra,

y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer.

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“Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda la que habla su compañero.” Y se crearon las lenguas, y se desunió el pueblo; dejaron de construir la Torre de Babel y abandonaron la Ciudad. Hay quien dice que esa torre es lo que hoy conocemos como el zigurat de Etemenanqui en la antigua Babilonia, pero quién sabrá la verdad sobre el hecho. Lo que sí podemos afirmar es que, en efecto, la lengua pareciese una de las cosas más importantes para hacer de un pueblo, pueblo. La lengua en ejercicio, es decir, la comunicación es el aglutinante por excelencia, porque viene a significar pasado, presente y futuro de una nación que comparte costumbres, historia y deseos: cultura y metas.

Nos reconocemos los unos a los otros como compañeros en la lucha por erigir una nueva torre de babel que, sin desafiar a Dios, quiere desafiar a las fuerzas dominantes en el orden mundial. Tenemos que hacerlo en nombre de la justicia, en acto justo frente a los dones que hemos recibido en tierra, mente y espíritu. ¿Podremos?

Es necesario luchar frontalmente contra los males de una sociedad llevada por la banalidad, cosa que va desde el show mediático hasta el ya mentado consumismo. Pero no me refiero al manido discurso contra “El Imperio” sino al simple hecho de empezar a acumular “cosas” por el simple gusto de llenar vacíos en nuestras vidas. Y hago esta aclaratoria porque la trampa del consumo abarca incluso el consumo irrestricto de “nociones” para llenar los vacíos intelectuales o sentido: identidad. Y peor aún creemos que la identidad se hace en el rechazo, en el contraste, y no en la unidad, en la construcción.

La perversión de este tipo de consumo es que es tan alienante como aquél del que tanto se hacen banderas en contra, el de esclavizarse con la compra de cosas. El tema aquí de mayor importancia es que el consumo enajenante de ideas, termina por escindir al individuo y resquebrajar a la sociedad de la que forma parte. Se pierden entonces criterios para distinguir la verdad vivida, experimentada, necesaria, de la verdad dada como cápsula –e incluso ajena, importada-.

Venezuela sigue siendo un país de “la periferia” como dijeran las teorías desarrollistas desde 1950 en adelante. Los países industrializados o de primer mundo, llevan la batuta del consumo mundial; mientras que la periferia, somos las economías  rezagadas desde la perspectiva tecnológica y organizativa; contamos con una heterogénea estructura productiva y nos centramos en productos primarios (petróleo, hierro, aluminio etc).  La tan mentada teoría “centroperiferia” atribuida al argentino Prebisch, que hizo ver que la relación entre las regiones disímiles (de los países poderosos y los demás) es una brecha creciente que tiende a ensancharse, pues aquéllos manejan nuestras economías al establecer los términos de intercambio del comercio internacional. Además de, por supuesto, procurar la situación de ser ellos la “demanda” (quienes compran) que controla los precios de la “oferta” (quienes venden) es decir nosotros.  En los años 70 se buscó entonces “afectar” ese orden de cosas con “la sustitución de importaciones” buscando procurar el desarrollo de una industria nacional, procesando nuestra materia prima y abasteciendo al mercado interno. Pero… los costos de implementar tales modelos sin la debida precisión, y precaución, se tradujo en intentar erigir la Torre de Babel para desafiar al cielo sin hablar la misma lengua entre nosotros. Así se cayó en la terrible década pérdida que, tras el Viernes Negro de 1983 para Venezuela, termina con las medidas económicas de 1989, vuelta a nuestra esquina “periférica” dependiente del FMI.

Desde hace algunos años el presidente Chávez vino hablando de que “Nuestro norte, es el sur” buscando reavivar la idea de que seamos nuestro propio centro y periferia, constituyendo un bloque y procurando hacernos de los ladrillos que erijan una nueva Torre de Babel. Si bien algunos proyectos ambiciosos se han mencionado con este fin, no es menos cierto que seguimos siendo la “oferta” del consumo directo de los países desarrollados; por un lado porque es del petróleo que se financian todos los proyectos nacionales y nuestros compradores son justamente los líderes de consumo mundial: China y EEUU. (los cuales tienen un negocio completo entre mano de obra barata el primero, patentes industriales el segundo; bonos del tesoro el primero sobre el segundo y mercado de consumo masivo el segundo que enriquece al primero) Conclusión: Ellos sí tienen “centroperiferia” mutua. (Si es bueno, malo, qué pasa con sus poblaciones, es algo que prefiero dejar por fuera; por razones varias). Por otro lado se esquiva la necesaria transferencia tecnológica necesaria para avanzar en tan ardua tarea y se elude la tarea urgente de diseñar modelos que promuevan la eficiencia en la ejecución de proyectos, simple lógica de castigo y premio a quienes entorpezcan o favorezcan la gestión de los recursos para los fines planteados.

El punto al que quiero llegar es que nuestro proyecto nacional de liberación cultural y económica, o proyecto nacionalista de independencia, soberanía, antiimperialismo etc… no puede ser posible a menos que comprendamos las ventajas comparativas que tenemos como nación y se tomen con manos firmes, colectivas, las medidas necesarias para ello. Desde nuestra ubicación geoestratégica, pasando por nuestros recursos naturales, siguiendo por el potencial turístico, y continuando por nuestra extensión territorial y unidad lingüística y cultural: hablamos la misma lengua y tenemos nuestra propia realidad civil y democrática.

No obstante tenemos una población pequeña, la mayoría dedicada a la burocracia estatal (1)  y no al campo productivo; más allá de discutir si la propiedad de los medios de producción debiera estar en manos del Estado de la forma que hoy está, lo cierto es que ese aparataje productivo adolece de tecnología que permita optimizar costos, procesos encauzados a la eficiencia y estándares de calidad que propendan a la exportación de productos terminados que se ubiques eficazmente en los mercados regionales y permitan hacer del Bolívar una moneda fuerte, más que en títulos. ¿Usted quiere que el dólar no sea un tema diario? Empiece por favorecer la diversificación de las exportaciones, para ello hay que trabajar.

¿Pero cuál es el problema? El problema es que nos hemos dedicado al consumo indiscriminado de las palabras, y no hemos digerido las ideas. Hemos deglutido ideas hambrientos de sentido y no hemos comprendido la responsabilidad común que implican.  Nos hemos embriagado de discursos y proclamas, y no hemos reparado en la sobriedad necesaria para llevarlas al campo de acción. Hemos visto que somos un país con menos del 10% de la población total del llamado “enemigo del norte” y nos hemos dedicado ha hablar distintas lenguas, enfrentados inútilmente, para “erigir” la Torre de Babel que ponga a temblar al que nos supera en 1000% de tamaño. Eso, sin hablar de China.

¿Acaso creemos que podemos fabricar suficientes ladrillos con un pueblo dividido? Sólo nos condenamos a terminar abandonando la ciudad, y dejando el zigurat a medio hacer… Empecemos por hablar venezolano.

Les invito a seguirme en twitter: @nancyarellano

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(1) Aclaro el punto de «Burocracia Estatal» como término extendido:  explico, la nómina estatal ocupa más de 2.558.131 personas (21,3% de la población ocupada) -digo más porque esa cifra es 2011 así que está ya un poco desactualizada). Ésa es la nómina directa. Ahora bien, si tomamos las cifras del INE para noviembre 2012 la población del sector formal es 7.313.064. Si pensamos cuánto representan esos 2.558.131 de los 7.313.064 tenemos que es el 35% (34,9%)…  Y eso considerando al sector formal cuyo concepto abarca a todo el que » labora en empresas que tienen cinco personas empleadas o más, tanto del sector público como del sector privado. También se incluye a los trabajadores por cuenta propia profesionales universitarios.»

Es decir, «trabajadores por cuenta propia» y «profesionales universitarios»…. ¿Para quién trabajan muchos de ellos? ¿Acaso no trabajan muchos para «empresas» que luego brindan servicios de «tercerización» para el Estado? … el petróleo es la gasolina de este carro…  (Por ejemplo: http://www.aporrea.org/oposicion/a149932.html)

La «economía privada» es una economía satelital de la economía estatal, por lo cual, finalmente se forma parte de la «burocracia estatal» (por ejemplo, el caso de las proveedoras de PDVSA que caían en mora cuando la estatal no pagaba a tiempo, esto impacto en 2009 -si mal no recuerdo- en el caso de las cartas de crédito de la banca privada, las empresas adolecen del mismo problema que un ministerio o instituto del estado (si no le han bajado recursos, se complica la cosa).  De hecho sería interesante analizar como se han «burocratizado» sectores como la educación universitaria, la banca privada, e incluso las empresas mixtas.  (Jerarquías verticales, procedimientos largos e ineficientes, cuotas de poder por escalafones etc)

Quizá no apunté a precisar los términos de la burocracia estatal medular y la satelital; pero ésta en conjunto supera a la mitad de la población ocupada en el sector formal, creo que eso es innegable…  ya que el 95,42% de los ingresos totales del país (fuente BCV 2012) son producto del petróleo (empresa estatal). Es decir, la economía viene «movida» por el Estado; los demás están sujetos satelitalmente al aparato burocrático para poder percibir de ese ingreso, ya que «propiamente» no lo producen. Y digo «producen» porque «ganan dinero» pero no «generan riqueza». Las empresas satelitales empiezan a «crecer» burocráticamente,incluso contratando personal que atienda a la burocracia estatal (caso de departamentos de licitaciones, encargados de «finanzas» dedicados a Cadivi, Sitme, o departamentos de cobranzas abocados a las gestiones con las estatales)… papeles, papeles y más papeles…

Oxígeno vital en la política venezolana por @nancyarellano

Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia,

el derecho a no tolerar a los intolerantes.

K. Popper “La Sociedad Abierta y Sus Enemigos”

Claro, no se puede confiar ciegamente en nadie. Tampoco en Popper quien en su propio texto tiene ciertos parcialismos que lo alejan de la crítica descarnada. En este sentido, seamos tolerantes con Popper porque alega por la tolerancia con los tolerantes. Así que, sin pretender auscultar en este Karl por liberal, ni tampoco en el otro, pues hablemos de ese valor manoseado y tan poco entendido como la tolerancia en un país como el nuestro. No pretendo, así que detenga su lectura aquí si eso es lo que desea, hacer un tratado teórico-académico del tema. Pretendo hablar, esbozar en realidad, sobre el énfasis político que debe ser comprendido finalmente. La tolerancia en efecto es un valor. Pero no un valor moral –como el de las “señoras” que se dan golpes de pecho por los pobres en la iglesia, y luego piden a los obreros que tomen agua en sus casas con pitillo- sino el valor que abraza éticamente a la persona para hacerle vivir principios complementarios como “igualdad” y “solidaridad”. No podemos entender a la tolerancia si no comprendemos antes que se trata de una tríada inseparable. Una que no se usa en palabras, como si fuese una gorra a llevar en la playa, sino que se ejercita cotidianamente.

Alguna vez escuché en una conversación entre adultos, estando en esa curiosidad infantil que aún no logra aprehender muchas cosas, que en Venezuela lo que se buscó con la guerra de la independencia no era tanto la libertad –entendida como la posibilidad de que los venezolanos criollos se dieran su propio gobierno y leyes- sino la igualdad. En aquel momento no entendí mucho de qué se trataba, hasta que pasando unos añitos, en la adolescencia, fui pupila del que fuese un gran historiador, Vinicio Romero Martínez –guarde el lector por favor cualquier consideración sobre la vida del que fuera mi maestro en historia, y preserve sólo la imagen de investigador incansable que efectivamente fue el hijo de otro grande, Adolfo Romero Luego-. Vinicio me introdujo en ese mar de piezas inconclusas que es la historia de nuestro país, de su mano fui desde Leonardo Chirinos hasta Páez y el nacimiento del sistema republicano que impera hasta hoy. –No nos dio tiempo de más, por razones que todos ya saben-. El hecho es que Vinicio, y su esposa Carmen, me adoptaron una temporada para que comprendiera la historia de nuestro país, de su mano aprendí que las luchas en Venezuela no iban ni por el tema de rechazar a la Corona por Corona, sino por pretender excluir a buena parte de la gente de aquel tiempo. Los esclavos y campesinos, los mestizos, y pobres se suman a la lucha independentista por la promesa de la igualdad. Claro que aquello implicaba la obtención de la libertad, pero ante todo la idea de que todos éramos los mismos; por ello la exclusión no cabía, y por tanto la tolerancia debe regir la dinámica social. Hoy día además, luego de la profundización de valores en nuestra sociedad, se comprende que la igualdad y la tolerancia traen coletilla: la solidaridad. Ese entendimiento ha fallado a lo largo de nuestra historia, la tolerancia ha sido sustantiva –no ejercitada- y la solidaridad ha sido precaria –endilgada muchas veces al Estado únicamente.

Entender a la tolerancia como “aguantarse al otro” es caer en la hipocresía de la señora de los pitillos, pues no se trata de disimular el desagrado por otra persona, sino “abrazar la diferencia” prestando oídos, escuchando, al otro para entenderlo. Es un ejercicio de apertura que implica poder abrirnos dentro de la escala de valores que signamos en nuestra Carta Magna, como pacto social, -y que aclaro son valores presentes en varias de nuestras constituciones, por si hay dudas- porque forman parte de nuestra identidad como nación producto del mestizaje y movilidad social. ¿O es que la Caracas mantuana alguien cree que existió como aristocracia real? Sería ridículo que un país cuya riqueza es “obra y gracia del Espíritu Santo” (como país rentista, minero y petrolero) los que primero sacaron provecho de esa fuente intrínseca de dinero, sientan que son superiores a los que no han podido obtener tal lucro. Así mismo es casi ridículo pensar que con crear títulos de inclusión e integración de los pueblos indígenas realmente se les comprende, se ejercita cabalmente la tolerancia; y es que nosotros, los “Supanioros” (en Pemón “los que hablan español”) distamos mucho de comprender que tolerar implica respetar y que como sociedad mayoritaria, así nos ven, podemos protegerles –debemos hacerlo- pero no podemos absorberlos en un sistema que es ajeno a sus costumbres y que incluso amenaza sus orígenes y la preservación de su historia, costumbres y legado. Claro que deben estar representados para que nuestro sistema no los perjudique y tengamos contacto y nos enriquezcamos de su comprensión del mundo, pero la integración tolerante también implica respetar sus costumbres y la relación vital que tienen con una tierra que les convierte, además, en poblaciones de nacionalismo pluriestatal (caso de los Pemones de Kumarakapay, los Wayúu, los Barí, los Baniva, los Piapoko; entre otros). Hay que tener mucho cuidado hasta qué punto se ejerce un imperialismo criollo o tiranía de la mayoría.

Por supuesto no puedo finalizar el presente esbozo sin caer en el tema de la afrenta cuantitativa de quién es mayoría entre oficialismo y oposición, tampoco de quién es mayoría interna en sendos bandos; pero nuevamente apelo al valor ético en democracia de la tolerancia –que insisto siempre debe ser practicada entendiendo a la igualdad y la solidaridad- pues es indigno –éticamente- pensar en democracia como tiranía de la mayoría. Ya advertía Alexis de Tocqueville sobre ese peligro, al que encuentra cura con la ausencia de centralización definitiva “pues la mayoría nacional –Estado Central en nosotros- no tiene la idea de hacerlo todo”, unido esto a la libertad de asociación que “ha llegado a ser una garantía necesaria contra la tiranía de la mayoría” (Ver Democracia en América). La creación de fuerzas que sopesen el poder político, desde el poder político-administrativo local, y la admisión de fuerzas sociales que controlen al poder político desde el poder social. Su convivencia es un ejercicio de tolerancia, comprendiendo que su principio legitimador es la igualdad en el debate, y su ejercicio efectivo se da en la solidaridad, que lleva incluso, a su financiación –por supuesto que con los límites que impone la tolerancia democrática-.

¿Y cuáles son los límites? Pues vuelvo a Popper: la intolerancia. No se puede ejercer la tolerancia ante individuos o grupos que no crean en la tolerancia, que promuevan el odio, la afrenta, y por supuesto la desigualdad y la insolidaridad. Se trata entonces de grupos que va en contra de la paz social y, fundamentalmente, del Pacto Social que nos hace nación o, me atrevo a decir, un Estado Plurinacional, si queremos ser coherentes con lo que señalo sobre nuestros poblados indigenas.

¿Es idílico mi texto? No se trata de cuán cerca o lejos estemos de practicar a cabalidad estos valores democráticos; no se puede retornar a la senda a menos que tengamos la ruta, la meta y tomemos conciencia de nuestra ubicación actual. Insisto la práctica de la tolerancia, la igualdad y la solidaridad son indispensables para vivir en democracia, tanto como unos oídos que escuchen y una cabeza pensante que rompan la inercia del medio. Ésa es la fórmula del oxígeno vital para la política venezolana.

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La oposición necesaria o en respuesta al llamado de Chávez y Maduro por @nancyarellano

Artículo publicado en aporrea.org http://www.aporrea.org/actualidad/a156707.html el 28/12/2012.

A los de oposición que quieran patria los llamamos,

 están convocados.

 Invocamos a su corazón de venezolanos (…)

Bienvenido el que quiera venir a trabajar por la patria”

Nicolás Maduro, Vicepresidente de la República. 28/12/2012 

 

Quien escribe estas líneas es demócrata y de izquierda; si es necesario hacer esa aclaratoria. Antes que nada debo decir que agradezco a aporrea.org por publicar estas líneas como muestra de su amplitud democrática, pues no soy pro-oficialista pero si comulgo con muchos proyectos del proceso –o no sería realmente de izquierda democrática-.  En dos platos, soy entonces lo que se llama “oposición” y espero que nadie prejuzgue por ese hecho.

 

Mi carta obedece a que la oposición como dijera el mismo Presidente Chávez es necesaria, pero una oposición seria, como también añadiría él, el mismo 7 de octubre en la noche. Como venezolanos, no podemos contentarnos con tener a dos equipos de lucha libre cayéndose a insultos, horadando la integridad nacional a diestra y siniestra, o dedicados a enfrentarse y sacarse los trapitos sucios que a nadie interesan. Evidentemente no hablo de los buenos hombres y mujeres que cada uno de los bandos tiene, no hablo de los chavistas y opositores nacionalistas y sensibles socialmente –que en ambos casos los hay- y eso debe decirse en voz alta.    

 

Para este año nuevo, tenemos que sentarnos a pensar. Por un lado –y eso siempre ha sido así- las facciones en gobierno marcan una pauta producto de un plan establecido y con el cual se hicieron con el poder, por otro lado la oposición, entendida no como partido o masa homogénea, sino como alternativas y opciones políticas que difieren del gobierno, tiene el papel –esencial en democracia- de “ajustar” lo propuesto por el gobierno para que no vaya en contra de diversas minorías y para que tome en cuenta intereses diversos en la variopinta sociedad. La oposición debe demandar causas justas, debe ser el primer contralor de la mano de los venezolanos. Así mismo el chavismo crítico que no es poder, debe estar atento al uso de los dineros del Estado. 

 

Y aquí viene mi crítica a secas: no podemos pretender que esos intereses sean tomados en cuenta, cuando el debate termina siempre en quién es peor que quién.  Un cacareo entre “la 4ta podrida” y “los boliburgueses corruptos”, una estigmatización sobre que todo opositor es de la “derecha fascista e imperialista” o que el chavismo es “comunista trasnochado y aburguesado”; perpetuando la discusión y quedando de espaldas al Pueblo y sus problemas cotidianos.  Honestamente creo que basta del tema.  Si hay gente de la mal-llamada 4ta República que deba algo, pues que el gobierno termine de dar curso a los procesos judiciales correspondientes; si hay personeros del actual gobierno que deban algo, pues que se introduzcan las pruebas de ello y empiece el debido proceso. Pero no puede ser que se siga eternamente en la afrenta estéril, que no soluciona los problemas reales y que deja al Pueblo mirando el show político como un programa al mejor estilo de aquél de origen peruano que modera la señora rubia.

 

La autoinvisibilización de la oposición parte de buscar siempre descalificar al gobierno actual como si fuera un “todo o nada”; desconociendo logros puntuales como la protección económica al preservar la economía real frente a los artilugios de los mercados financieros (que esa economía real hay que mejorarla sí, pero la discusión versará en torno a eso); logros como la masificación de la salud a través de la red Barrio Adentro I y II (que debiera apuntalarse el sistema de interacción entre la red hospitalaria y Barrio Adentro, sí. Y sobre eso debe hablarse); la masificación de la educación básica, media e inclusión en universidades (que debería hacerse una revisión muy acuciosa sobre los planes de estudio y la calidad; sí. Y ése debería ser un punto de debate, porque no es justo que en aras de la cantidad, se descuide la calidad de la educación de nuestros hombres y mujeres); además se han ampliado las capacidades productivas con muchos núcleos en diversos sectores, sí. ¿Y debe hacerse seguimiento al tema para apuntalar el parque industrial? Sí. Sobre ello debe discutirse seriamente, porque es el dinero del Pueblo el que se ha metido en muchos proyectos que han quedado a la mitad, o cuyos resultados productivos son deficientes. Y así puedo hablar de logros en sectores diversos, como la lucha antidiscriminación étnica, de género; de discapacidades físicas, psíquicas, sensoriales o la discriminación sexual; la asunción del multiculturalismo, el nacionalismo que debe profundizarse seriamente;  temas todos que han sido puntos puestos en agenda por el gobierno actual con un ahínco nunca visto, pero que en muchos casos se han quedado con iniciativas temerosas y superficiales. ¡Ése es el papel de la oposición! Entrar a exigir la profundización de esos temas, de exigir políticas públicas puntuales, vigilar el avance… Ésa es la oposición seria, la oposición necesaria.  La que recuerda las demandas populares, la que apunta a la mejoría de las condiciones de la población.  La que hace política, no televisión.

 

Y también quiero decir que esa oposición histérica, denigrante, racista, clasista, antinacionalista, y sinvergüenza flaca labor hace a nuestro país; por el contrario, esa derecha “tropical” lo único que logra es pervertir el papel que cumple en cualquier proceso político el adversario digno, aquél que pone en los “palitos” al gobierno para que no se “achinchorre” en el poder –porque eso pasa, seamos honestos-; y es que esa oposición mediática, comprable, hija de las técnicas de fabricación en oficinas con muebles capitoneados, a la que le dan asco las mayorías populares, lo único que logra es profundizar el caos –del cual pareciese beneficiarse-. Y no seria justa si no advirtiera que hay muchos “revolucionarios” que salen de esas mismas oficinas… y a los cuales el chavismo también debe ponerle el ojo. Los trapos se lavan en casa, es así.  En estos días un intelectual venezolano hablaba de “la oposición de la oposición”; claro, lo hablaba como si eso fuese algo malo, como si esa “oposición de la oposición” entorpece, hace el juego al “chavismo”; “aquélla que desconoce desde el 7 de octubre a Capriles” dice…. En fin, no entienden que no se trata de ese señor, la “oposición de la oposición” ¡no cumple el papel de versar en torno a un candidato! Es, como el chavismo crítico, la oposición que tiene que hacerle el juego ¡Al pueblo! No una que aparezca sólo electoralmente.

 

Escribo entonces esta reflexión para los compatriotas del chavismo sincero y para los compatriotas de la oposición seria, porque teniendo muchos puntos de desencuentro en la forma, sé que tenemos muchos más de acuerdo en el fondo. Al final ambos compartimos el suelo patrio, las ansias de liberación nacional y de desarrollo de potencial para nuestro maravilloso país.  Le hago esta respuesta al Vicepresidente Maduro quien en la toma de posesión del gobernador Istúriz, dijo: A los de oposición que quieran patria los llamamos, están convocados. Invocamos a su corazón de venezolanos (…) Bienvenido el que quiera venir a trabajar por la patria”  Pues le digo, ¡Aquí estamos!

 

Pero también publico esto en Aporrea, porque el chavismo debe darnos un voto de confianza, como oposición, para que nos sentemos a hablar y discutir las cosas puntuales: el poder comunal, la agenda nacional, las agendas estadales, las políticas específicas por gremio, sector… y así también al chavismo que es opositor en los gobiernos regionales, tiene también tienen que cumplir su papel de contralor. Porque la mejor afrenta a los apátridas, a los que no quieren al Pueblo, a los de la telepolítica, es que empecemos un debate serio desde abajo, ése que de ejemplo y termine de aniquilar a los que nos entorpecen el desarrollo al dividirnos en “dos toletes”.

 

¡Hagamos patria entonces! Con respeto y siempre reconociendo la voluntad del pueblo expresada en elecciones, pero sin desconocer que la democracia implica pluralismo necesario para enriquecer la ejecución y los proyectos.

 

¡Un gran saludo de una venezolanista a ultranza!

 

nancyarellano@gmail.com

 

La Venezuela de los venezolanos por @nancyarellano

«La historia exige una aseveración de verdad surgida del fondo de nuestra íntima experiencia»
Benedetto Croce

La venezolanidad implica una conciencia real de pertenencia a un grupo diverso y fluido. Se entiende como una construcción de más de cinco siglos donde, con profundos cambios sociales a lo interno y externo de nuestra maravillosa nación, hemos erigido una identidad basada en una sola realidad: somos diversos y esa diversidad nos enriquece como un corpus social sólido.

Mucho preocupa hoy día que algunos sectores de la población caigan en la trampa de la «creación» de una subcultura que los defina falsamente como un grupo identitario distinto o -peor aún- que los lleve a auto definirse como mayoría y que aquello justifique falazmente la imposición de formas sociales que contravienen justamente esa cualidad variopinta que nos define. A lo anterior hay que sumar el hecho de que muchos venezolanos, lamentablemente, continúan despreciando a nuestro país y se regocijan al pasearse por tierras foráneas de estar «lejos del caos» que es nuestra patria. Si bien debemos ver aguzando la vista a aquellos que pretenden hacerse protagonistas de la dictadura de la mayoría – como dijera el Sr. Tocqueville- también debemos adversar a los apátridas – o parias- que piensan que criticar al país los hace superiores. Los problemas de nuestra nación son «trapitos que se lavan en casa» y estas adversidades son, en su mayoría, la consecuencia de un actuar diario que nos involucra a todos los ciudadanos del país, no sólo a los grupos en el poder, ni únicamente al resto cuando hay elecciones o se ocupan cargos enunciativos dentro de un consejo comunal o institución de carácter público o mediático.

Las responsabilidades que implica el ser venezolanos pasan por la elección popular, la contraloría social y sigue por la actuación en un carrito por puesto o en la cola de un banco. La civilidad es una noción que tenemos que construir desde niños y que tiene su ejercicio diario y silente en cada actuación de nuestra vida. No se requiere a un tercero que nos perciba o la palestra pública para atestiguar nuestra convicción nacionalista. Si usted quiere un país distinto entonces empiece por decirse como el Mariscal Sucre que «está tranquilo con su conciencia» pero no venga de «aplastar» las libertades del otro o pregone indolente las deficiencias de su entorno, si no se ha tomado la molestia de protagonizar el «pequeño gran cambio» de hacer país. Muérdase la lengua antes de cometer el sacrilegio de desdeñar al país que le ha dado cobijo y futuro, que si usted está donde está se lo debe a Venezuela. Y si siente que Venezuela merece más es porque ella le ha dado justamente ese horizonte amplio para que se responsabilice en alcanzarlo.

Hay que asumir desde el fondo de nuestra íntima experiencia la aseveración de nuestra verdad como venezolanos para construir la historia que queremos sea escrita por las futuras generaciones. Esto no puede ser tarea de un grupo, ni de los actores políticos únicamente; si bien el papel de aquéllos es fundamental en el antagonismo histórico de los diferentes sectores de la política, es en la conjunción de actores políticos y sociales que confluyen los intereses que hacen que la unidad surja de la diversidad y que ésta – principal protagonista de nuestra historia patria- sea la base igualitaria de la necesidad de democracia que, desde principios del siglo XX, se hizo latente y ruidosa en las almas de nuestros conciudadanos tanto como en la labor de nuestros líderes sociales que pelearon férreamente contra los regímenes caudillistas, militaristas y autoritarios.

La Venezuela de los venezolanos es la Venezuela que aspiramos y ésta es responsabilidad de todos los que compartimos la nacionalidad; la partida de nacimiento no es un papel que yace en nuestros archivos, ha de ser la conciencia de pertenencia a un suelo rico en recursos y necesidades de una construcción colectiva que sea el reflejo de nuestra abundancia y diversidad étnica, religiosa y cultural para la meta trazada en nuestra Constitución como proyecto social de liberación continua en y para la democracia.

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El poeta de la Revolución

Coloquio bajo la palma.

Autor Andrés Eloy Blanco.

Lo que hay que ser es mejor
y no decir que se es bueno
ni que se es malo,
lo que hay que hacer es amar
lo libre en el ser humano,
lo que hay que hacer es saber,
alumbrarse ojos y manos
y corazón y cabeza
y después ir alumbrando.

Lo que hay que hacer es dar más
sin decir lo que se ha dado,
lo que hay que dar es un modo
de no tener demasiado
y un modo de que otros tengan
su modo de tener algo,
trabajo es lo que hay que dar
y su valor al trabajo
y al que trabaja en la fábrica
y al que trabaja en el campo,
y al que trabaja en la mina
y al que trabaja en el barco,
lo que hay que darles es todo,
luz y sangre, voz y manos,
y la paz y la alegría
que han de tener aquí abajo,
que para las de allá arriba,
no hay por qué apurarse tanto,
si ha de ser disposición
de Dios para el hombre honrado
darle tierra al darlo a luz,
darle luz al enterrado.

Por eso quiero, hijo mío,
que te des a tus hermanos,
que para su bien pelees
y nunca te estés aislado;
bruto y amado del mundo
te prefiero a solo y sabio.

A Dios que me dé tormentos,
a Dios que me de quebrantos,
pero que no me de un hijo
de corazón solitario.

* * * * * *
Una verdadera revolución social está en la conciencia del hombre y su sentido social de superación individual y colectiva. Hasta siempre Andrés Eloy!

Pueblo Amplio más que Grande por @nancyarellano

Hace unos meses, o más, desde el mismo chavismo se habló del concepto de Pueblo Grande. El concepto es realmente interesante por aquello de que pretende aludir a la mayoría de “invisibles” (los apartados históricos del poder).

Pero, más allá del Pueblo Grande (por no caer en mediciones) me gustaría que empezásemos, desde esta esquina, a hablar de Pueblo Amplio.

Este concepto propuesto trata de la síntesis del antagonismo histórico de las clases sociales –en su superación-; en vez de pensar un Estado dirigido a un grupo cuantitativo, y en detrimento del otro ( sin comprender que la afección a una capa perjudica a la otra) deberíamos empezar a pensar en la función real, no dañina, que una clase produce a la otra y cómo, a través de su superación, mejoraremos las condiciones de la otra. Sobre todo porque, si reflexionamos desde la visión de “los dueños de medios de producción” en Venezuela, es inevitable ver que aquí el gran poseedor del capital es el propio Estado (la industria petrolera y empresas básicas que ocupan el 80% del ingreso).

Puntualmente veo cómo, desde la capa media que no es si no producto del derrame económico de la producción nacional centrada en el petróleo, se genera un efecto centrífuga para el resto de la dinámica social. La clase media debería funcionar justamente como el aglutinante en un proceso democrático de corte social; pues, duélale a quien le duela, tienen más que ver con las clases bajas que con las clases altas. Las pretensiones de “pequeño burgués” sólo revelan que la clase media tiene una conciencia bastante tonta de sí misma; en realidad son el experimento exitoso de cómo el Estado –en el siglo XX- logró que un grupo –más pequeño de lo deseable- superara las barreras de la pobreza y mejorara su calidad de vida.   

Hoy día, producto del dinero que mueve el Estado, se inyecta dinero a la economía nacional y se generan los “mercados” privados de productos y servicios que satisface las demandas de las capas bajas, medias y altas.  Específicamente –y hay miles de artículos al respecto- las capas bajas, como gran mercado, se han vuelto el target deseado para el mercadeo masivo –político, y de productos y servicios- pero no se ha buscado reparar en cómo garantizar la debida movilidad social deseable y consistente;  sino que se han vuelto consumidores ideológicos y de productos y servicios apetecibles para las capas superiores y/o la clase política. ¿Será que justamente en la pervivencia antagónica es que está el secreto del mercadeo político/económico actual tanto para la clase política como la económica dominante? Yo creo que si. Por ello, si empezamos a comprender el concepto de Pueblo Amplio, quizás logremos entender que somos los mismos de antes y ajustemos el sistema para producir superación social.