¿Votos, seguidores y likes? Claves para una campaña digital exitosa por @nancyarellano

La campaña exitosa es la ganadora. El resto es academicismos o pérdida de dinero. Toda campaña es una inversión ¿Para qué? Para acceder al poder.  El poder puede definirse como la capacidad de un individuo u organización de hacer que los demás adopten una conducta deseada por los primeros: adherirlos al proyecto del líder.

Esa adhesión es la conexión entre las demandas sociales (microsegmentadas) y la oferta política para tener legitimidad, gobernabilidad y gobernanza. Por tanto, plantear el poder en redes nos lleva a preguntar ¿qué queremos que las personas hagan?  Si es en tiempos de campaña electoral, no queremos likes o fans, queremos votos: ¡ganar! para hacer operativa la oferta política a través del poder efectivo y legítimo.

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¿Likes, seguidores y votos son lo mismo?

 Depende. Si hablamos de los Millennials, población entre 18-35 años de las zonas urbanas —grandes o chicas—, sí, definitivamente sí la hay. ¿Se gana una elección por tener likes? No, definitivamente no.

¿Por seguidores adheridos? Sí. Mostremos, por los momentos, algunas de las distinciones a tener en cuenta.  La diferencia está en que un like es un hecho aislado, desordenado, a veces muestra del aburrimiento y del desenfreno del uso de las redes, incluso del endoso de simpatías de otra persona. Así que muchos likes pueden significar que tus 200 amigos tienen a su vez 200 amigos que dieron like a tu página porque «son amigos de tu amigo», pero no significa ni implica más nada, no expresamente.

¿Seguidores u observadores?: como categoría seguidores significa que «algo», un post o comentario, atrajo de tu página y la gente «quiere ver más». Te  «observan» no te están siguiendo, no aún.  Son meros observadores hasta que demuestren lo contrario. Seguidores son las personas que interactúan continuamente con tu página o fan page: dejan comentarios, comparten contenido y te mencionan en sus páginas, piensan en ti, por tu causa y entran en relación contigo. En política, eso significa que se ADHIEREN a tu liderazgo. Si están adheridos y adquieres PODER, lograrás que el «Call to Action» (llamado a la acción) sea efectivo, esto es, participación en tierra y votos.

¿Podemos medir eso? Sí, a través de la estrategia de POLITING© 3.0. Hablamos nuevamente del Call to Action, es decir, ir midiendo el poder de movilización a través de las redes para la organización de eventos «CON» el candidato —que es diferente a «POR» el candidato— donde logras que la gente se levante del computador, cierre la tableta,  suelte el smartphone (o te grabe con él) y se involucre con la proposición. Que pasen de estar frente al «aparato», a estar frente a ti. Y esto requiere: microsegmentación y pertinencia (coherencia con la ECC – Estrategia Central de Campaña + el segmento destino).

Las redes son un medio, pero para los Millennials, como nunca antes, el medio es el mensaje. Es decir, las formas de comunicación son parte esencial de lo comunicado y el medio, a diferencia de la televisión, está con él —o con ella— todo el tiempo, en todo lugar, y es personalísimo. Cuando la interacción en redes es continua, significa que hay una «conexión» porque el contenido es «elegible» y «descartable» por el usuario.

En un escenario como el Perú, donde los jóvenes —y el resto— votan obligatoriamente, tener su simpatía es una garantía de voto favorable.

El reto es politizar las tendencias naturales, no pretender «tendenciar» la campaña política.  Las tendencias están presentes en el ADN de las redes, causas y movimientos sociales que serán posibles políticas públicas y no pretender que la política, per se, sea una tendencia.

Aquí aparecen dos figuras básicas: El Community Manager y el Record Manager.

El primero es responsable de activar la estrategia online y el mapa de ruta a seguir para la generación de contenido. Es el operativo de la campaña que crea, analiza, entiende y direcciona los mensajes sobre el candidato» ( Línea Proactiva).

El segundo se encarga de supervisar la efectividad de la estrategia, y controlar la tendencia que genera; búsqueda, gestión y control de datos sobre la reputación del mensaje y/o candidato. Manteniendo la fidelidad e inalterabilidad de la información circulante» (Línea Prospectiva)

Cuando hablamos de Politing 3.0© hablamos de la comunicación política integrada y multiplataforma que opera como espacio de convivencia armónica entre el programa, las políticas públicas, el marketing y la comunicación política, en aire y tierra, para lograr la ADHESIÓN microsegmentada y minimizar el costo político de la toma de decisiones en el ejercicio del poder democrático.  En este sentido también hay que tomar en cuenta el gusto de una generación con un ojo entrenado, sobresaturado, y su estética; la verosimilitud del storytelling en una generación cínica, ética y glocal; el timing del mensaje en el tempo de la ciudad, la modalidad de «lectura», el dispositivo y la velocidad, la plaza que ocupa, la tendencia sobre la que se monta, los implicados directos, tácitos y emergentes, y la contra-tendencia.  A veces de la virtualidad a la realidad hay un abismo.

Las redes son una jungla íntima y podemos quedarnos en la fantasía. Un espacio de comunicación directa con el usuario que tiene su propio tiempo, y que es el resultado de su elección personal. Internet además tiene una memoria sin precedentes en medios, la información es volátil, pero está registrada y es recuperable, genera respuestas demoledoras, incontroladas, pero controlables, muchas de ellas sin rostro. No obstante, las redes manejadas con conocimiento, con Politing© 3.0, son el mejor —y único— medio para alcanzar y adherir a ciudadanos votantes entre 18 y 35 años inmersos, sin reservas, en la  era digital con completa naturalidad y llamarlos a la acción en este mundo real en el que saben y sienten que tienen derecho a habitar.

El viejo adagio dice «una cabeza un voto», no es que ahora sea «un smartphone es un voto», no seamos absurdos o ingenuos, pero si no lideras en el smarthphone te aseguro que perderás muchos votos.

#BrújulaElectoral, no se enamore por internet por @nancyarellano

Cuando muchos hemos escuchado aquello de «relaciones virtuales» nos parece una locura.  Hablo de relaciones creadas por internet, que es diferente a las relaciones de «larga distancia», aquellas en las que la pareja está separada, por un tiempo, por diversas razones. Del 100% de las relaciones virtuales, digamos que el 98% son fallidas. La razón es simple, una relación virtual no responde a necesidades cotidianas y, como Dr. House diría, la gente siempre, siempre, miente. Así es en la política.

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Cuando «vemos” a un candidato en un afiche, en el Facebook, en un mitin o en una entrevista nos encontramos ante la posibilidad de una relación «virtual». Esto significa entregar nuestro tiempo, dinero y afecto a una persona que puede ser completamente diferente a lo que deseamos como «pareja política». Y quiero presentar este término responsablemente. Una pareja conoce tus preocupaciones, te apoya, ayuda y  comprende; asumen juntos el reto de labrarse un mejor futuro. Así es en política, también. En el sentido que hablo, nuestros políticos son nuestras parejas democráticas: los elegimos para que nos acompañen a labrar el camino personal. ¡E incluso nos repartimos tareas! Nosotros trabajamos, y ellos reciben parte de nuestro trabajo en impuestos; nosotros invertimos en industria, y ellos reciben parte de las ganancias a través de los ingresos fiscales.  Ellos deciden sobre un determinado recurso que poseen, y nosotros realizamos la comercialización. Ellos deciden la calidad educativa de nuestros hijos, o los medios de transporte que vamos a usar, o qué conciertos pueden o cuáles no celebrarse en nuestra ciudad. Qué marcas de vehículos usamos o qué cadenas de hoteles pueden prestar servicios en el país. Incluso deciden qué aerolíneas podemos usar para viajar. El Estado está en todo, y nuestro «compañeros políticos» son los que deciden cómo se harán las cosas y cómo podemos nosotros hacer las cosas.

Vuelvo entonces. El noviazgo es el período electoral. Allí nos «enamoran» para que demos el «sí» y nos comprometamos. Ellos prometen fidelidad a sus promesas, no traicionarnos cuando estén en posición de hacerlo, esto es, cuando tengan en sus manos el poder. Nosotros nos comprometemos a entregar lo que nos corresponde, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad.  Desposar políticamente a un político es darle el voto. ¿Creemos en sus promesas? ¿No nos volverá a pegar? ¿Cambiará una vez casado?  Son interrogantes nerviosas que hacemos, si es que las hacemos.

Cuando un sistema político está cansado es como un solterón/ solterona de 50 años que teme a la soledad. Entonces se casa «con el primero que venga» y… ¡cuidado! Él o ella puede vérselas negras. Quizás el remedio es peor que la enfermedad. El matrimonio y el voto son cosa seria,  no hay vuelta atrás, o darla es costosísimo.

¿Cómo protegernos? ¿Cómo decidir bien? Pues así como escogeríamos una pareja. Pensemos en conocerlo/ conocerla, preguntemos por la viabilidad de sus propuestas, leamos un poco sobre cada candidato /candidata, repasemos su historia, pensemos qué es lo más importante para nosotros. Un candidato/candidata que se acerque a nuestra realidad. Que entienda lo rural o lo urbano o, mejor, que entienda ambas realidades; que tenga un equipo para jóvenes y adultos mayores, que comprenda el juego real del poder y los retos del narcotráfico o del terrorismo. Hay que buscar a quien tiene patente democrática y, como en el amor, hay que ver qué defectos creemos tolerables. No hay candidato perfecto, es cierto, pero sí hay candidatos que pueden representarnos más acertadamente, veámonos en el espejo ¿Quiénes somos? ¿Qué queremos? ¿Quién puede realmente crear mejores condiciones para nuestras demandas y proyectos más personales? ¿Con quién me caso democráticamente? ¿A quién le doy mi dinero, y afecto, durante parte de mi vida?

Seguiremos pensando.

@nancyarellano

#BrújulaElectoral, un mejor sentido del gusto por @nancyarellano

 

La alquimia del Marketing Electoral es absolutamente dañina para el debate democrático. Y muchos adoran crear «etiquetas» nuevas a viejos productos y les succionan el alma. Y hablo de «viejos» no por descalificar, sino por dar justo valor a la preeminencia de determinadas ideas. Platón plantea el «mundo de las ideas» y «el mundo de los sentidos» en el s.IV aC. Nadie discute eso. Recuerdo que cuando salió The Matrix (la película) se habló de que la creación de la realidad virtual engañosa era el Mundo de Los Sentidos y que la realidad de los cuerpos conectados a la Matriz, era el mundo real o mundo de las ideas platónica. El mito de las cavernas de Platón llevado al sigo XXI. Los hermanos Wachowski habían «innovado» respecto a Platón y con base en Platón, actualizando las teorías para plantear de otra forma lo mismo y hacerlo cercano al público contemporáneo.  Así en política es deseable unos Wachowski que innoven, pero no es lo que domina. Lo normal no es encontrar asesores políticos o secretarías de doctrina que logren actualizar el mensaje esencial que nos define, sino que optan por «mutar» a mensajes «potables» que «agraden» supuestamente a más gente.

 

La política es el arte -o ciencia- de conseguir y mantener el poder. El Poder es la capacidad de un sujeto —líder— para inducir un comportamiento deseado en muchos sujetos contra toda adversidad. La democracia el sistema político preferible, como diría Sartori, para fragmentar El Poder (con P mayúscula) y equilibrar a la sociedad: armonizarla en libertad creando fragmentos de poder a través de la separación de poderes en el Estado, la temporalidad de los mandatos y el pluralismo político, asociado a la tolerancia y diferencia. El capitalismo es el sistema económico dominante a escala mundial, preferible por su coherencia con la psicología humana — y de masas— que quiere que su esfuerzo se vea recompensado. El mercado es el espacio donde se da el intercambio entre una oferta —de bienes, servicios o ideas— y una demanda —de bienes, servicios o ideas— que la sociedad, los grupos o individuos convienen que son necesarias. Una cosa es la política, otra el sistema político, otro el sistema económico y otra el mercado.  Respecto del último se plantea si el mercado es «una inteligencia superior» que se regula a sí mismo. El bendito Laissez Faire. Y se ha concluido que hay fallos, y fallos de mercado que cuestan tiempo, y no cualquier tiempo sino el tiempo de las personas que nacen en ese lugar —o viven en ese lugar— y en ese momento: el determinismo geográfico e histórico. ¿Es justo que una persona esté excluida del mercado porque nació pobre en una zona subdesarrollada? Si la respuesta es Si, No o Depende, empieza la belleza: las ideologías.

 

Las ideologías son sistemas de valores que se admiten como regidores de la forma de actuar de los políticos —o de las personas— cuando se trata de formas de administración del poder en el Estado y el funcionamiento económico son ideologías políticas, cuando se trata de las prácticas sociales privadas por lo general son ideologías religiosas o sistemas de creencias.  En sí una ideología determina y exige «una forma de ser y de actuar» en todos los ámbitos. Lo interesante en política es que la ideología crea «conductas esperables» de los políticos y sanciones grupales cuando hay desvíos. Por eso, para mí , las ideologías en nuestras latitudes son importantísimas. Y en este mismo sentido los partidos son los alberges y templos de las ideologías políticas, logrando consensos y motivando la difusión de éstas, su debate, centrando posiciones de acuerdo al sistema de creencias y convicciones (nunca, nunca, por meros fines electorales).

 

Un sistema de partidos  fuerte ayuda a que las personas con sistemas de valores parecidos de junten, pero además convengan esas conductas comunes y exijan su cumplimiento en la identidad grupal y en su quehacer social y político. Son garantía de representación para la diversidad de grupos sociales en una sociedad democrática. ¡Necesitamos partidos! para que haya debate democrático y garantía de quiénes son nuestros políticos y cuál es el debate en el que usan nuestras voces como principio de legitimidad —como patente de corso—.

 

Las estrategias de Marketing electoral que reetiquetan a las ideologías, las mezclan, las confunden y las hacen potables, «atractivas» como el cuento del ponquecito, la magdalena o quequito, el muffin y el cupcake.  Donde el primero es una masita dulce, el segundo una masita dulce con un papelito lindo, y el tercero con papelito y chispitas de colores. Y la gente los compra por «moda». Pero en esencia siguen siendo una masita dulce, el mismo quequito. Eso es el Marketing Político electoralista. Una salida a la calle y tropezarse con un atractivo cupcake. Pero… no podemos vivir de cupkakes, pero tampoco debemos vivir sin la posibilidad de tener un cupcake.

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En democracia, necesitamos la harina que no solo sirve para quequitos sino para infinidad de cosas más, necesitamos el azúcar, la mantequilla, la levadura, el papelito y las chispas… cada ingrediente —y muchos más—para una construcción social compleja, para muchas recetas, incluido el bendito postre pero con ofertas más allá. Si no, tendremos una democracia de reposteros de verano, personalismos como quien crea una marca de dulces o regenta un negocio a pedido del público, y no de ingredientes con posibilidades infinitas de creación culinaria para todos los gustos. En la interacción de partidos con sistemas de valores (ingredientes) para una especialidad culinaria.

 

Los partidos son propuestas con ingredientes esenciales (valores), la comunicación política puede asirse de armar un buffet electoral con sus ingredientes, pero cuando los partidos son reducidos a ser unas cocinas sin personalidad cuya carta va a la moda, son un peligro porque no se especializan en nada y tendrás a cevicheros haciendo «cupcakes» y el mes siguiente —en el poder— haciendo parilla con carne seca. No esperen una alta gastronomía de reposteros improvisados «a la moda», ni una política seria de políticos que se acomodan.

 

 

El peligro de dejar que «lo nuevo»destruya la innovación

o apuntes de la economía post-global

por @nancyarellano

 

«En la etapa fluida de la modernidad, la mayoría sedentaria

es gobernada por una élite nómade y extraterritorial»

Z. Bauman en Modernidad Líquida

 

Estamos ante una sociedad que ha innovado en sus relaciones y se presenta como un subproducto de un sistema económico —y tecnológico— trasnacional: post-global.  ¿Debe preocuparnos? Sí, absolutamente. No digo que la preocupación derive en una visión negativa del estado actual de las cosas. Sino que deviene del estado actual de las cosas. Las cosas cambiaron, sufrieron los golpeteos del tiempo y del sistema de eliminación de fronteras en pro de un «mercado trasnacional» o post-global.

Hace unos años estudiaba la evolución de la noción de soberanía, específicamente en Europa, durante el proceso de creación de la Unión Europea donde se transformó ésta en apuesta de una soberanía comunitaria o supraestatal; específicamente para fortalecer el posicionamiento económico y, por ende, político de Europa frente a los retos de la trasnacionalización de los mercados ¿Pero qué ocurre en el resto del mundo? Igualmente dos fenómenos han «debilitado» la noción de soberanía: los mercados financieros y la tecnología.

Los mercados financieros han comprometido a todo el mundo, con todo el mundo. Un fenómeno que acontece en un país, afecta inmediatamente las inversiones de varios países; sin mencionar las bolsas financieras.  Esto no debe alarmarnos, no necesariamente. Esta «debilidad» se traduce en que el sistema dominante es el capitalismo, en su significado más esencial.

¿A qué llamo capitalismo esencial? Un sistema económico que trata de la producción de bienes y servicios (oferta) en un mercado a un valor de canje (determinado por la demanda) a través de un signo monetario (dinero). El flujo de dinero de cada «usuario» del sistema (poder adquisitivo) está determinado por la oferta que, a su vez, hace cada individuo de talento y experticia frente a la demanda (requerimientos) del mercado laboral (quienes contratan personas para la producción de esos bienes y servicios) y que determina la oferta económica (sueldos y remuneraciones) que las empresas hacen a los individuos a cambio de su talento y experticias.

Básicamente el «Sueño Capitalista», el de los comerciales, es el American Dream es decir, «la promesa de que con tu esfuerzo logras capacitarte para conseguir un empleo remunerado para satisfacer las necesidades básicas e incluso lujos: la movilidad social (ascender de clase social) y lograr una mejor «calidad de vida».

Ahora bien, como no todo lo que dicen los comerciales de TV es cierto, no al menos como lo dibujan, la realidad impone varios retos.  Entre ellos podemos mencionar, sólo para ilustrar:

1) La lógica capitalista «esencial» se ve exponenciada —ficticiamente— con los mercados financieros (el efecto «Farándula y Casino» de la economía real).  Todo el sistema se «exagera» en términos de valor pactado (ficticio) por el mercado financiero. Una empresa entra en Bolsa y cotiza por rumores, informaciones y tendencias de compra de «acciones», inflando/disminuyendo ficticiamente su valor, su presupuesto, su nivel de gasto y sus proyectos de expansión. Causando además que gente (sin talento o experticia) obtenga una ganancia / pérdida sobre un capital que no es producto del intercambio en el mercado laboral/ de producción; sino por la «creación» del mercado de valores. Un casino mundial.

Otro ejemplo es cuando compras a crédito, el dinero que usas es un dinero inexistente en la economía, sólo producto de acuerdos de papel entre los bancos centrales y los bancos privados (cuando esa distinción existe) al que se llama «Multiplicador Monetario». Por tanto tu poder de compra no es real, sino más «farándula y casino» de la economía financiera.

Ejemplo: Si Luis coloca 10.000$ en el «Banco A», el banco está obligado a retener (por Coeficiente de Caja o Encaje Legal) el 10% y puede prestar el resto. Digamos que el «Banco A» presta a Rafael los 9.000$ y Rafael los deposita en el «Banco B». El «Banco B» ahora retiene 900$ y presta 8.100$ a Luisa. Luisa deposita 8.100$ en el «Banco C» y su banco retiene 810$ y presta el resto.  El dinero que realmente tiene cada banco es: 1000$ (Banco A),  900$ (Banco B), 810$ (Banco C). ¿Qué pasa si Luis, Rafael y Luisa van a sus bancos a sacar al mismo tiempo sus depósitos? El sistema sólo dispone realmente de 2.710$ en sus bóvedas, para responder a 27.100$ de dinero «creado» en la economía financiera.  Porque a todas éstas, en la economía real, sólo se produjeron 10.000$ por la vía del dinero transado en el mercado laboral. Este fenómeno es mundial.

2) La remuneración de talento y experticia se ve afectada por la creciente oferta demográfica (muchas personas que absorber en el mercado laboral) y las prácticas nocivas de explotación humana y de recursos (dumping social y ecológico) de países especialmente en Asia; que reduce la demanda laboral en los países con legislaciones beneficiosas a los trabajadores.  Para nadie es secreto que en el Asia todo puede ser más barato. Es la lógica del mercantilismo económico de principios del s.XIX (o el despotismo hidráulico) que oferta más barato para ganar cuotas de mercado, sin importar cómo vive la gente que trabaja o condicionando el acceso a determinados servicios o beneficios. Este fenómeno es de afección mundial y en nombre del mercado mundial se quiere tomar lo que conviene, para cifrar ganancias en el mundo «libre» pero ¿a qué costo? El costo es nuestra propia industria occidental. Entonces nos «obligan» a que los occidentales tengamos que ser mentes maestras para entrar en el mercado en una —imposible— profesionalización masiva o el peligro del «Neolumpen».  Me refiero a que el working class por ejemplo ya no sirve, no realmente. Está «subsidiado» en su «lifestyle» por el mercado financiero. Se convierten en Neolumpen en su extremo, los llamados NINJA —No Income, No Jobs or Assets— de la crisis de 2008. La solución es la diversificación industrial y ventajas competitivas de recursos y administración del poder sobre los recursos.

3) Las brechas de innovación entre regiones a nivel mundial y local. En un mundo marcado por la oferta de productos y servicios «diferenciados» la brecha en innovación es un problema real. La capacidad para ofertar al mercado nuevos productos que supongan «nuevas necesidades» —como la tecnología— determina tanto la absorción laboral, la gerencia de talentos y los niveles de deuda nacional. Así mismo el impacto de las economías locales en el mundo post-global. Ese «crédito» personal que explico en el punto uno, también ocurre a nivel de empresas y países. La I&D debe acelerarse en los países occidentales de segundo orden, en vías de desarrollo, o sus economías primarias colapsarán a medida de que se controlen los precios de los commodities y el crecimiento demográfico les descarte como mano de obra y no les imponga nuevas vacantes de talento.

4) La constante creación de «necesidades» agregadas —producto de la innovación—a la lógica de consumo, y sus efectos en los mercados financieros a través del «dinero deuda» (factor multiplicador) que explico en el punto 1. La creación de necesidades es el alma del capitalismo y de la humanidad: sociedad líquida y de consumo. Siempre que hablamos de evolución, hablamos de mejoras y sofisticaciones en nuestras tecnologías y formas de vida. Pero esto comporta el acceso a tales avances, y un valor de adquisición. Cuando la gente quiere pero no puede, se endeuda. Cuando se endeuda, se «crea» dinero y cuando se crea dinero y la gente compra a las empresas les va muy bien, por lo que sus acciones en bolsa suben, y más gente pone dinero en la rueda. ¿Me explico?

El «sistema» encuentra su balance en que todas las piezas sigan funcionando, haya confianza y se motive el ahorro lo suficiente como para que no haya Luis, Rafa y Luisa que quieran sacar su dinero al mismo tiempo. El que haya más gente que se endeude es vital, pero debe haber más gente que produzca nuevas necesidades, innove.  Cuando un país está al margen de influir con generación de innovación (economía real) o de multiplicación de dinero (mercados financieros): es subdesarrollado

Ahora retomo el título. Quien diga que puede destruir todo este sistema desde la presidencia de algún país, es un estafador sediento de poder o un ignorante. En cualquier caso un peligro que tenga firma en nombre de un Estado.  El sistema que describo gobierna el mundo entero. Hay países que crean leyes para minimizar el impacto de los desvíos, de la competencia desleal, el impacto ecológico, para corregir las desigualdades en oportunidades, o para promover su industria. Pero no hay forma de destruir un sistema que toca a absolutamente casi todos los 7.348.452.626 (y naciendo) de personas en el mundo.  A menos que brinques a un sistema autárquico, y excluyas a tu país del sistema; con sus correspondientes consecuencias en atraso. No podemos dejar que la mentira de «lo nuevo» nos lleve por un precipicio.

Hay que tener mucho cuidado con que «lo nuevo» destruya la innovación que nos ancla en el sistema para posicionarnos positivamente y que trunquen las oportunidades del «Sueño Capitalista» (para mí el «Sueño Occidental») de movilidad social en libertad y con mejores estándares de vida para la clase trabajadora. Todo esto es un trabajo para la clase política latinoamericana y occidental.  Construir una gran capa media que garantice y legitime al propio capitalismo y a la democracia. ¿Estamos preparados para ello?

 

 

Si no ayuda, no estorbe por @nancyarellano

«la verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimiento,

sino el hecho de negarse a adquirirlos» K. Popper

Muchos critican el estado actual de las cosas. Es cómodo criticar, no impone responsabilidad alguna. Lanzar la pelota al otro, o al vacío, es mucho más fácil que crear el equipo de futbol exitoso, ése es otro tema. Así en la política, en la economía o en los medios.

Aun me causa asombro ver a los «masoquistas de la contemporaneidad» que se dedican a criticar a diestra y siniestra con supuesto dolor el estado de las cosas: sufren, pero no hacen nada.  En estos días escuchaba con atención a dos «viejitos» —con todo respeto— de la televisión peruana, hablar desde la «élite» sobre cómo la política y la televisión atraviesan por «su peor momento». Inmediatamente me causa curiosidad qué papel jugaron estos dos señores en la descomposición que señalan de la política y de la televisión. Me causa curiosidad qué hacen hoy día para mejorar la situación; además, claro está, de hablar.

Luego uno de ellos, ya para aniquilar cualquier respeto hacia el discurso que escuchaba, comenta sobre «la esperanza que Pablo Iglesias, de Podemos, en España le da». ¿La esperanza en otro? ¿La esperanza en la «indignación»? ¿En la queja «desafinada»? ¿La comodidad nuevamente a través de los grupillos que quieren «lo nuevo»?  Me parece que optan, como todas las élites zombies del siglo XX que deambulan por este siglo, por mirar la realidad desde el balcón donde ellos mismos colocan su «superioridad», o de olvidarse de la historia que dicen conocer con todos sus «itsmos».  Dicen comprender que los tiempos han cambiado, pero ¿realmente comprenden?,  porque valoran con viejos sistemas de medidas una realidad de la que no son parte, o no quiere ser parte por mera inercia. Y encuentran, supongo, un placer solipsista en sentirse de «otro nivel». Entonces no hay cilicio, sino justificación. Es encontrar una forma de supervivencia y visibilidad a través del medio cómodo e inútil de criticar sin proponer. Se anula además la única posibilidad de incidir, que es responsabilizarse por lo propuesto.

Desde una perspectiva liberal, no pertenecen a este gran mercado plural. Por tanto, no están en capacidad de establecer los «benchmarks«. Su propio discurso los excluye de la posibilidad real de incidir; no inciden porque el mercado los excluye al no estar ellos a la altura de interpretar las demandas posibles y efectivas. La serpiente se muerde la cola. Comprender que la esperanza está en «lo nuevo» no es responsable, cuando lo nuevo no es evolución, innovación, sino disrupción y atraso. Nada más peligroso, por los resultados inciertos —o repetidos—.

Volviendo a Popper, «La toma de conciencia de que necesitamos la ayuda de otros conduce a la tolerancia basada en nuestra ignorancia: es el fundamento de la democracia». Cuando «las élites del Brandy» se dedican a la crítica superficial del estado actual de las cosas, me hacen pensar en la pobre noción de democracia, y los retos que de suyo implica, presente en sus mentes «instruidas». Recuerdo el caso del venezolano Arturo Uslar Pietri.  Muy versado, muy «razonable» pero ajeno, por no decir incompatible, con el mercado de la democracia venezolana. Ávido por reivindicarse teóricamente en su estatus de superioridad y no por “ensuciarse” con propósito para cambiar efectivamente el status quo: quizás no era su propósito.  Se cita su célebre frase «Sembrar petróleo», repetida por tantos los venezolanos, y que no fue más que la actualización del pensamiento del Alberto Adriani,  —de quien Pietri, por cierto, fue discípulo— en «El Café y Nosotros» (mayo, 1929): «Nunca se insistirá lo bastante en lo deplorable de la situación de un país cuya economía descansa sobre uno o pocos cultivos». Adriani despreciaba al petróleo, decía «esa industria es precaria; está en manos extranjeras; es, desde el punto de vista económico, una provincia extranjera enclavada en el territorio nacional«.  Adriani  identificó el problema central del atraso económico en una única razón: «nuestra incapacidad para enfrentar sus problemas de manera racional y científica«.  Ciertamente la industria petrolera no se mostraba en 1929 como la opción sobre la que toda nuestra economía versaría —en el Perú son los minerales—.  Pero Adriani había ya señalado el problema central de la dependencia, y proponía enfrentarlo con diversificación productiva: con ciencia e innovación. ¿Suena familiar? No puedo menos que decir que Adriani hizo lo que pudo, la muerte le sorprende a los 38 años en plena reforma agrícola en Venezuela.

Los problemas de las economías rentistas se agudizan además si son monoproductoras y exportadoras: los shocks económicos. El problema real es que son economías dependientes del mercado internacional, subordinadas de la innovación —del consumo— de los países desarrollados.  El problema no es el sistema, sino cómo lo abordamos.  En la medida en que la oferta de nuestros países esté concentrada en la materia prima, su vulnerabilidad es una constante. No hay auténtica soberanía económica si nos dedicamos a ser proveedores de insumos primarios —sea petróleo, gas, oro, cobre o carbón—  de los países que sí generan la demanda.  El mercado no es ya un simple agregado de necesidades básicas, es la «modernidad líquida» —a lo Bauman— de consumidores que buscan satisfacer necesidades que se ofertan día con día, desde la innovación. Si no innovamos, nos subordinamos. Pero atención, la solución tampoco es tan simple. Y cuidado con quienes, dándoselas de Robin Hood, pretendan presentarlas en fórmulas electoralistas. A los D. Hood Morados españoles, propongo verlos con absoluto recelo. Entienden al mundo por la «mirilla» del siglo XX, vendiéndonos soluciones a nuestros problemas como si del último producto de «Como lo ví en TV» se tratara. Si fuese tan fácil ¿No sería ya un hecho?

Y para cerrar, una vez más Popper, «La sociedad abierta es una en la que los hombres han aprendido a ser hasta cierto punto críticos de los tabúes, y a basar las decisiones en la autoridad de su propia inteligencia», y basar las decisiones en la autoridad de su propia inteligencia radica en identificar problemas para plantear soluciones, para innovar, para entender las oportunidades en el mercado. Repito, en el mercado. Luchar por cambiar al mercado, trastocar el sistema, es una estafa. La globalización económica, tecnológica y de las comunicaciones, no es una forma de hablar, que se niegue con palabras, o reversible a través de medidas locales, es un hecho que tomó lugar a escala mundial. El tiempo pasado no fue mejor, simplemente pasó. Quien que no mire hacia adelante es un subordinado más, quien puede elegir ser un masoquista, del presente. O un estafador que estorba, habla, y habla, del futuro al que no sabe cómo llegar porque no está, no realmente, en el presente.

Demasiada información necesaria, no es suficiente por @nancyarellano

«…con el pasar de los años he descubierto que el exceso

de información es peor que la escasez.

Ahora los temas cambian continuamente.

El interés de las personas fluctúa con enorme facilidad.»

Zigmunt Bauman – El País 19/08/2012

Vivimos en un mundo interconectado. Las migraciones se suceden sin restricción alguna, o casi. Amanece, y nuestro marco de influencia es otro.  No en vano Bauman, sociólogo que respeto, señala que estamos ante la era «líquida».  Una realidad que ya no obedece «estándares», porque éstos cambian a una velocidad angustiosa, aquélla que impone la lógica de la sociedad de consumo. El siglo XXI está marcado por la cultura de «tienda por departamentos» objetos, accesorios, gadgets, ideas y personalidades que nos seducen con sus ofertas y que nos confrontan al sentimiento constante de insatisfacción y obsolescencia; con casi ningún reparo en por qué la «nueva propuesta» realmente «supera» a la anterior.  «La simple novedad» …manda.

 

El escenario comunicacional del 2.0 se presenta como una realidad inmediata y como una ventana -más presente que nunca- hacia el mundo.  No pasaron horas, ni una, para que desde todas las latitudes se empezaran a filtrar comentarios, información y noticias sobre los hechos de París.  Tampoco pasó mucho tiempo para que se hicieran eco de las elecciones legislativas venezolanas, o sobre los «resultados» de la COP21 en términos de limitación de emisiones y aportes de los países desarrollados.  Esto sin reparar en las «tendencias» locales y las noticias nacionales, así como las costumbres «mediáticas» del momento: la farándula y los memes. La política navega, con los motores apagados, al ritmo de este caótico mar de tendencias y novedades.

 

Perú no es la excepción. El escenario peruano sigue dudosos caminos. Las principales candidaturas no muestran nada innovador, ni distinto, sólo se mueven. La «tienda por departamentos» de la política peruana reetiqueta viejos productos.  La «angustia» tiene más que ver con la apatía que con una sinfín de ofertas novedosas.  La inercia y la resurrección  se alzan como banderas. Keiko tiene a sus fieles seguidores «heredados» haciendo barra. Toledo sigue capturando la atención de los clientes del espectáculo. Y PPK ya se rodea del clientelismo que tiene sus «cheques post-fechados» desde la elección pasada, con una rigidez y falta de verbo político que lo hacen inaccesible para los sectores mayoritarios.  Todos, a excepción de la Sra. Fujimori, sobrepasan los 60 años, y se nota. Sin embargo la propuesta «AlberKo» (Alberto y Keiko) tampoco es jovial.  Todos siguen apostando al personalismo, la figura del César (o Cesarina) que vendrá a resolver los males de la sociedad. El Mesías que comprende cómo encauzar el caos del Perú. La reciente alianza anunciada entre el APRA y el PPC se muestra bien como «dos abuelitos que se mudan a vivir juntos para no morir solos» o como una profunda reflexión de puntos de encuentro entre dos partidos que son instituciones en el Perú; si es la última, deben reforzar su comunicación política y electoral. Espero que se trate de ésta.

 

Entre los candidatos del menor al 5% hay de todo. Más caras resurrectas, más de las tendencias continuistas. Una que otra diferenciadora pero sin el «punch» que requieren estos tiempos de sobreexposición a la información.

 

¿Alguien aparecerá a hablar desde el s.XXI? ¿Será que el Apra y el PPC serán los protagonistas del viraje de la oferta política del Perú? Sería grandioso que dos de los protagonistas de la política democrática del s.XX realmente trasciendan y reescriban los escenarios.

 

Hace unos días leía un post de una profesora venezolana, ella argüía que no entendía cómo en Latinoamérica, esta región tan versátil para las creaciones culinarias «fusión», tan dada para la generación de propuestas desde la síntesis del «viejo» y «nuevo» mundo (Europa y Estados Unidos) no haya logrado apostar a resolver los problemas de la afrenta «capitalismo» vs «socialismo».  El exceso de información quizás nos está paralizando. O siguen mediando los viejos intereses, el electoralismo y la visión pacata y egoísta del poder.

 

Quisiera creer que, más allá de las figuras, encontraremos en enero unas campañas que pertenezcan a nuestros tiempos, atractivas para los jóvenes que representan casi el 50% del electorado peruano. Que limiten las informaciones, y apuesten a la formación de criterios. Lo necesario y suficiente.

 

Unas campañas que hayan optimizado presupuesto y verbo, y que desde las bancadas tradicionales se atrevan a apostar por la renovación de estructuras, la ruptura de las versiones modernas de «Saturno devorando a sus hijos» de los líderes de los partidos. Campañas que trabajen las propuestas por grupos de interés, que trabajen la comunicación de políticas públicas, la idea de las ciudades como «hechos económicos y sociales», que reevalúen cuáles son los mercados competitivos para el Perú, que promuevan la cualificación para la industria peruana. Campañas que comprendan que «seguridad» es una noción prospectiva, que «educación» es un concepto de competencias y asimilación laboral. Finalmente que se trata de «calidad de vida» para el ciudadano y «sostenibilidad» para las instituciones y planes, de movilidad social y garantía de acceso a las oportunidades. En fin, de lo que ya la profesora venezolana hablaba: encontrar la solución entre el socialismo y el capitalismo. Comprender políticamente las lógicas económicas y la fragmentación del poder como una oportunidad de alianzas coopetitivas.

 

Ojalá que en enero de 2016, algo del s.XXI tome lugar en los titulares de las páginas de política, y no sólo en el Perú. Menos información y más formación para la democracia.

 

 

 

El reto de la opción política 

“El único modo de resolver los problemas es conociéndolos,  saber que existen. El simplismo los cancela y, así, los agrava”  G. Sartori

La política está en serios problemas en latinoamérica. Hemos acordado que la democracia es el sistema preferible en Occidente, en América Latina, pero no hemos reparado en cómo alcanzarla o qué retos reales impone como sistema. No hablo de la construcción de mayorías, no hablo de estar todos de acuerdo; sino de celebrar la creación de espacios de convivencia.

Los partidos políticos se presentan como paquidermos de difícil adaptación a los tiempos actuales. Los jóvenes constituyen entre el 30% y 50% -más o menos según el país del que se trate- del electorado y nadie habla, realmente, con los jóvenes desde la política. La decepción y apatía, y su consecuencia natural, la anti-política calcina los puentes de conexión entre actores sociales, económicos y políticos.  Los mismos de antes y algunos nuevos imitadores de los mismos, salen a vociferar sobre los males y posibles cambios, pero no CONECTAN con la población o grupos de interés. Tampoco se perfilan como hábiles interlocutores entre la masa y las necesidades de producción, equilibrios y consensos.  Siguen enfrascados, en muchos caos, en la vieja visión «suma-cero». Como si el poder, a escala mundial, no estuviese fragmentado.

El reto entonces se plantea en unas democracias débiles sólo influidas por representaciones parciales de las inquietudes de la masa. La representación no es real y las políticas públicas están a una distancia perjudicialmente lejana, del comportamiento del entramado social. El real papel debe estar segmentado por las necesidades. Lo «glocal» toma protagonismo desde principios de siglo, aunque los actores políticos no quieran o puedan advertirlo.

Desde la indumentaria, el verbo, los gestos y la creación de redes de intercambio de inquietudes y soluciones hasta las estrategias de posicionamiento, se ven tristemente reducidas a tres o cuatro lugares comunes de la historia política. Se repiten una y otra vez, cada vez con menos efectividad para conducir preferencias y más allegados a la dinámicas del  descarte. En una frase sencilla: quién es el menos malo.

Acaso ¿será tan difícil construir un piso político-institucional en los sistemas latinoamericanos? Las sociedades con mayores niveles de estabilidad lo han logrado creando puentes de comunicación por segmentos “hitos”, para su autorregulación económica, cultural y social. Pero de ello se desprende que debe haber un primer paso desde la política.

El ganador son todos; porque desde la comprensión multifocal de la realidad puede construirse un mejor análisis, diseñar políticas públicas coherentes y concertadas, disponer efectivamente los recursos, propender al crecimiento productivo y crear ADHESIÓN a una visión y modo de país, de región o de localidad. Se fortalece la labor propia de cada actor y su permanencia en la arena. El «costo político» disminuye.  De lo contrario sólo tendremos «pobre política» porque ésta, la Política como oficio, duela a quien duela, jamás desaparecerá.

Seguimos pensado @nancyarellano

El regreso de los prófugos #Literatura

Nunca he sido capaz de poner verbo al odio

He sufrido decepciones innombrables.

Injusticia.

He visto cometer crímenes.

Y nunca he puesto verbo al odio,

a mis contrarios he deseado fortuna,

no por bondad, sino por egoísmo.

Que el destino le depare remanso,

—así distraen sus ansias de destrucción—

Pasarán de largo por la montaña

sin reparar en sus flores cercanas

persiguiendo estrellas fugaces.

Captura de pantalla 2015-12-31 a las 7.21.07 p.m.

No saben ver la belleza— y no me importa—

esa queda para los amigos.

He escuchado la voz del odio pronunciar mi nombre

— provoca tristeza ver un alma oscura conjugando verbos en solitario—

 

Hay soledades acompañadas que hablan de fe ante cristos carbonizados en su ira.

Mi tristeza espero pase cuando les resuciten los reales

que deambulan ignorados en una tarde gris.

Entonces no serán códigos

—Templos —

—O palabras—

las que sacien la sed de armonía que sus espíritus claman.

La fe no está escrita, se vive —y la tengo—

Espero que en este 2016 la miseria salga de viaje,

y los amigos celebren el regreso de los prófugos.

Politing® 3.0: Acercamiento al apalancamiento digital

Con bastante frecuencia repito que “los griegos lo dijeron todo” y la razón de ello es que, como padres de la filosofía y las ciencias, los principios de la comprensión tanto de las estructuras como de los sistemas que rigen la inteligencia y la inteligibilidad del mundo están explicados, o al menos esbozados, por ellos.  Han cambiado las formas, pero el fondo sigue allí incólume; sólo que algunos prefieren ignorar tal hecho y pretender decir que inventan cosas nuevas.  La novedad no es más que un acercamiento suficiente –y necesario- para destapar las realidades subyacentes a la primera realidad observada; pero sin la primera, es imposible llegar a la segunda. Por tanto no se trata tanto de innovación como de acercamiento y perfeccionamiento con nuevas disponibilidades de datos: exactitud y precisión.

En política, entendida muy helénicamente como “arte o ciencia de la polis”, hemos comprendido gracias a los acercamientos de Comte (sociología), Weber (Estado) o Bodino (Estado- Nación) los planteamientos de Sócrates, Platón y Aristóteles, sólo por mencionar a los más conocidos.  Pero la comprensión nunca será efectiva para el consultor político o asesor en marketing político, o comunicador político si es que no parte de la premisa clara: el acercamiento con la lupa facilitada –o la palanca arquimídica- de los griegos.

Empecemos por el concepto de Polis: En griego significa “Ciudad” y refiere a la “Ciudad – Estado” que se alzaba en la antigua Grecia como una unidad política; Atenas entonces fue una polis, con constitución y órganos políticos, jurídicos, administrativos y militares autónomos y diferentes de otras ciudades- estado, como la polis espartana, por ejemplo. Hablamos de “estados” –en el sentido griego- con un reducido número de habitantes, alta participación política de sus ciudadanos y sistemas políticos diversos a lo largo de su historia: desde la tiranía, monarquía, aristocracia hasta la democracia, sólo por mencionar algunos.  Lo importante aquí no es la historia griega, sino el legado.

Citando a Carlos Salazar, padre del acercamiento diferenciado que es el Politing®, se “pregona que toda acción se inicie en y desde el mercado”  por tanto el  acercamiento parte de un proceso tradicionalmente aristotélico, la observación. El gran sistematizador de Aristóteles ya establecía en el s IV a.C. que el científico, filósofo, debía inducir principios explicativos a partir de los fenómenos que se han de explicar, y después deducir enunciados acerca de los fenómenos a partir de premisas que incluyen estos principios.

Si aplicamos el principio inductivo-deductivo el proceso de conocimiento del politing® 3.0 debe enmarcarse entonces en el mercado, como afirma Salazar.  Observación del comportamiento del “mercado segmentado”  para luego establecer principios explicativos del comportamiento y deducir los enunciados o paradigmas que incluyen a los principios.  En este sentido se produce el “engagement virtual” que permite iniciar una estrategia 3.0 en politing®.

La figura del político o comunicador político pasa a ser líder de opinión y por tanto logra establecer el vínculo entre el actor civil –usuario del servicio prestado por la política- y el actor político; en términos griegos “demagogo” –demos: pueblo / agos: conductor; no así en el sentido actual de “manipulador de masas”. Me abstengo de usar el término tradicional de “actor social”, y empleo actor civil,  por la carga particular que éste tiene en el entramado de relaciones políticas y su correspondiente asimilación a ONG, Asociaciones Civiles y Centros de Pensamiento.  No es que no sean actores clave, sino que en Politing® 3.0 se trata de la individualización de la comunicación entre el actor político del que se trate y el “actor civil” como usuario de la ciudad y de la herramienta del internet como canal de intercambio, obedece a tres paradigmas del 3.0:  Inmediatez, Tendencia, Progresividad.

Inmediatez entendida como la comunicación viral, rápida, individual pero masiva –personalizada- e íntima; dado que se produce en el artefacto, por lo general personal, del individuo.

Tendencia comprendida como la capacidad de situar en escalada un mensaje en cortos términos de tiempo y mutar sus contenidos por interpretación y respuesta.

Progresividad Diversa asimilada a tendencia impone una dinámica acumulativa del mensaje, donde debe preverse la respuesta en amplio espectro producto de la inmediatez del mensaje, la tendencia que se fabrica o sobre la que se monta y la progresiva respuesta con finitas posibilidades de acuerdo al target.

 

Estos paradigmas entonces, nos llevan a las características base del Politing® 3.0:

1.- Microsegmentación de la audiencia o cómo crear un mensaje que desee ser escuchado.

2.- Multidireccionalidad de los mensajes microsegmentados o cómo crear un mensaje- atleta.

3.- Adaptabilidad: a las plataformas o Multimedia en Multiplataforma.

4.- Comprensibilidad: Entender el lenguaje o cómo coquetear a los ojos.

5.- Corregibilidad: Corrección Política vs Cobardía

6.- Visibilidad: Ideología e Imagen

7.- Viralidad de los contenidos o cómo esquivar el amarillismo

En los subsiguientes artículos repararé en cada una de las características del Politing® 3.0. o la palanca efectiva de Arquímides para hacer politing en el marco del Pentágono del Politing® creado por el Dr. Carlos Salazar y que constituye el pull de herramientas para hacer politing® y empoderarse con la práctica del Politing® 3.0.

Una isla #Poema

Una isla en medio de un mar inmenso

lleno de vacío, de algas, de oscuridad

una isla se alza como un estrella solitaria en el firmamento

llena de formas, de verde, de sal

Una isla con todo y cascadas

con sombras, con frutos, con mar

Un océano solitario que hace que la isla justifique su propia existencia

Una isla, como un cabello intacto en un campo minado que ha cumplido su labor

Un océano como un recordatorio de que siempre existe Dios

Y la brisa matutina que trae los olores del mar y sus vivencias; del hombre que no habita

            del pájaro que no vuela

de todo lo que existe y lo que no.

Una isla, es un encuentro de posibilidad 

  como tú y como yo: 

                                         dos náufragos de un barco de amores como camisas.

Qué vivan las islas que nos habitan.

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