¿Superarnos o atrasarnos? La urgencia de desarrollar un Plan de CityMarketing y Country Branding en el Perú

 

por @nancyarellano[1]

 

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En el artículo anterior hablé de «la necesidad de la retoma de la dinámica política en la sociedad actual, comprendiendo cómo llevan las «nuevas» generaciones la interrelación de poder, cómo comprenden la comunicación política y cómo participan de estructuras mutables y neuronales, en redes yuxtapuestas e hipercomplejas».

Y retomo el anterior señalamiento de cara al próximo quinquenio porque el Perú requiere de potenciar su Country Brand (Marca País) y el CityMarketing (Marca Ciudad) en un programa coordinado que permita posicionar adecuadamente nuestras características únicas como país y las de nuestras principales ciudades en aras de dinamizar nuestra economía, mejorar nuestra calidad de vida y capitalizar un «sentimiento» de pertenencia y orgullo, un «lazo emocional» que configure la ciudadanía de cara al Bicentenario y a los retos de los mercados trasnacionales en estos tiempos. Y esto, insisto, debe hacerse de la mano con la ciudadanía, no es un proceso prescriptivo, sino descriptivo.

Pero ¿Qué es eso de CityMarketing y de Country Branding? ¿Por qué es importante?  Primero que nada debemos señalar que dentro del Politingâ hablamos de la diferenciación de la política como estructura (el país, la ciudad y sus instituciones formales e informales), la política como proceso (leyes, normas y actores: dinámica social e interrelación y retroalimentación) y la política como resultado (políticas públicas); y es menester, además, reparar en la comprensión del juego de factores conjugados en la gobernanza multinivel.  Carlos Salazar Vargas señala «así como el Politingâ incluye todas aquellas actividades que se llevan a cabo para buscar conquistar y mantener el poder, el CityMarketing incluye aquellas que se llevan a cabo en una ciudad y cuyas autoridades/actores/y demás ciudadanos están decididos a apoyar y soportar el desarrollo del bienestar social y económico de ella con el fin de que permanezca competitiva y jerárquicamente importante comparada con otras»  Se trata de la competencia en un mundo globalizado; donde la ciudad, como hecho socio-económico, y el país, se disputan un mercado de bienes, servicios y ciudadanos para configurar un determinado perfil cultural y atractivo que lo distinga y revalore.

Desarrollar un Plan de CityMarketing no sólo es importante sino urgente; así como detallar el perfil de la Marca Perú y sus metas socioeconómicas a corto, mediano y largo plazo pasa por armonizar las políticas como estructura, proceso y resultado en consonancia con las estrategias de CityMarketing.  Sólo en una directriz clara y responsable de auténtica comunicación política intergubernamental, intragubernamental y interinstitucional lograremos perfilar políticas públicas exitosas, comprendiendo que las tres patas de este trípode son gobierno, sector empresarial y ciudadanos.

Para ello es imperativo que se establezca un Plan Nacional de Country Branding que vaya más allá del «mercadeo del país», en términos publicitarios, y comprenda la necesidad de posicionamiento competitivo en indicadores complejos de gobernanza que van desde el sistema de valores, estándares medioambientales, tolerancia, calidad de vida, salud y educación, estándar de vida, seguridad, deseos de vivir o estudiar en el país, ambiente para negocios, avance tecnológico, infraestructura, turismo arqueológico e histórico, herencia, cultura y arte, bellezas naturales, turismo y amenidades, productos «made in», productos de alta gama, denominaciones de origen controlado, y «deseabilidad» de sus productos…. Y esto no lo digo yo, sino el Country Brand Index y el propio concepto de gobernanza.

Al menos en las principales ciudades del Perú, hay que armonizar los planes de CityMarketing, en el caso de que se hayan perfilado, en función de la marca Perú y la prospectiva que involucra.

El plan de Politingâ ad intra/ad extra de gobiernos debe partir de una diagnóstico de sectores clave, de planes de responsabilidad social coordinados con las metas de «ciudadanización de las empresas», al dar el salto de actuar no como formas jurídicas que realizan «obra social» sino como ciudadanos corporativos responsables con su entorno y que comprenden el impacto que tienen en su localidad, y los ciudadanos de a pie que comprenden que son parte del alma de la ciudad desde cada uno de sus puestos de empleo y emprendimiento.  Todos en conjunto forman el corpus que da vida a la ciudad, al país, y bien puede ser una escena caótica y desordenada que espante la inversión extranjera, al turismo, la migración calificada y eternice los problemas sociales como delincuencia e informalidad; o puede iniciar la transformación desde municipios y entidades piloto para volcar el modelo socio-económico en uno altamente competitivo que nos haga saltar del puesto 49 al 30, en el «Country Brand Index» de FutureBrandâ. O simplemente en la realidad palpable de los ciudadanos, en los indicadores de gestión estatal, la armonía del sistema o erigirse como modelo de democracia cualitativa.

Ya el Perú logró una transformación importante en la primera década el siglo XXI, es hora de dar el siguiente paso antes de que se pierda el impulso que lo ha colocado en donde está. El reto es ahora.

 

 Si desea conocer algo más de marca país le invito a ver el video de Future Brand: https://www.youtube.com/watch?v=mQZPfIqMvlY

 

[1] Analista Político y Consultor en Politingâ y Estrategias de Mercados. Es Magister en Gobierno y Gestión Pública para América Latina de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (España); Especialista en Finanzas Internacionales y Licenciado en Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana de Caracas (Venezuela).

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MEDIOCRACIA, socializando a los partidos por @nancyarellano

Más del 98% de los jóvenes no creen en la política partidaria, como señala el estudio de IPSOS Perú en noviembre de 2015, el desencanto es visible por doquier y sepulta a los partidos políticos tradicionales, tal y como quedó demostrado en las elecciones presidenciales. Apenas un 1,2% tiene interés en el sistema de partidos. Estas cifras son alarmantes porque ponen de manifiesto debilidades estructurales y la imposibilidad del recambio virtuoso dentro del sistema, nada más peligroso.

En este sentido, pasadas las elecciones, corresponde a los partidos políticos repensar la forma en la que se acercan a los jóvenes y cómo lograr hacer de la política un medio viable para el ordenamiento del poimgres-1.jpgder y para la labor necesaria que armonice las demandas sociales de forma pacífica y efectiva con las estructuras del Estado.

Las «nuevas generaciones», no tan nuevas ya, son más del 42% de la población electoral y serán más de la mitad para los próximos comicios; ya no es importante conectar con los jóvenes: es urgente.

En mi artículo anterior, señalé cuál podría entenderse como el espectro político actual en el Perú, y de ahí puede entenderse que hay un electorado que votó por las diferentes opciones y una gran parte que se dividió, electoralmente, entre la candidatura de derecha: popular y liberal; no obstante también sabemos que hay un efecto «anti» que ha marcado «el aspa» y que realmente no se «pone la camiseta» con la opción votada.

La desconexión de las agrupaciones políticas con las juventudes y los adultos jóvenes se hace patente en la cultura política y el compromiso ciudadano, en las militancias paupérrimas de las agrupaciones, en la percepción que se tiene de las instituciones políticas, la cantidad mínima de caras frescas en los liderazgos político-partidarios y en el descontento general con los cambios y dinamismo del sistema.  Pero también hay efervescencia, hay disparadores que vimos en la campaña: Julio Guzmán, Alfredo Barnechea y Verónika Mendoza. Sin desmerecer lo que Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski han hecho, ambas son candidaturas repetidas, por lo cual el fenómeno que nos ocupa queda en las nuevas caras que aglutinaron jóvenes alrededor: Juliobelievers, Barnechéveres y Verolovers.

Llama la atención que las tres candidaturas pueden, de una u otra forma, aglutinarse en la centro-izquierda liberal, centro-izquierda progresista e izquierda extendida (por no caer en determinar la amplitud de Frente Amplio). En todo caso hablamos de una noción ética de la política, sustentada en un «deber» del Estado en función de reivindicaciones sociales y una tesis tolerante, inclusiva, de ancha base y crítica al sistema imperante; al menos eso vendieron.  Quiero señalar que creo que hay imprecisiones electorales que permitieron capitalizar estos «afectos» y que dudo que, a la hora de cristalizar una ideología partidaria, los tres liderazgos puedan mantener las cuotas de mercado electoral como mercado político. Sin embargo, lo cierto es que despertaron un «acto de fe» que se pensaba olvidado y que crea un caldo de cultivo, por demás interesante, para los próximos dos años, en términos políticos y, obviamente, electorales. Hay que resignificar lo que es derecha, centro e izquierda en el siglo XXI.

La labor es para todos. PPK desde su partido y desde el poder ejecutivo, Keiko desde Fuerza Popular y desde el poder legislativo, Verónika y Barnechea con sus bancadas y agrupaciones y Julio desde su partido «brand new». Así mismo de un APRA que tiene un Congreso Nacional en puertas y un PPC que debe también hacer lo pertinente. Toda la clase política debe convocar a lo que yo llamo la socialización partidaria, la retoma de la dinámica política en la sociedad actual, comprendiendo cómo llevan las «nuevas» generaciones interrelación de poder, cómo comprenden la comunicación política y cómo participan de estructuras mutables y neuronales, en redes yuxtapuestas e hipercomplejas. No es fácil, no es simple pero tampoco es lento, ni imposible. El mismo estudio señaló que hay un 60% con interés en la política.  Insisto, las herramientas están allí y los métodos ya están estudiados.

Estamos en una mediocracia señores, no lo olviden; ya no son 15 minutos de fama, son 15 segundos de meme, pero son.

 

@nancyarellano

¿Qué esperamos para el Segundo Round este domingo?

 

por @nancyarellano[1]

Estamos ante un escenario de asimetría de la motivación política, que causa la inacción/ ineficiencia estatal y la banalización política. Me explico, la asimetría queda establecida cuando:

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  1. a) la percepción de la agrupación A es que sus motivos o razones para actuar en el escenario político son por valores (digámosle Amor) y que las motivaciones de B para actuar son anti-valores (llamémosle Odio)
  2. b) la percepción de la agrupación B es que sus motivos o razones para actuar en el escenario político son por valores (digámosle Amor) y que las motivaciones de A para actuar son anti-valores (llamémosle Odio)

 

Ambos piensan igual. Por esta razón se crea un escenario polarizante: A vs B.  A y B no pueden negociar, conciliar, entenderse porque anulan los argumentos del contrario, al dar por sentado que las motivaciones del otro son antivalores y entrar en choque; por tanto sólo su opción política y sus argumentos, son los válidos al perseguir fines virtuosos.

 

Este escenario se está dando actualmente en varios países, desde Estados Unidos a España, pasando por Perú. Es lo que llamo el escenario post-muro de Berlín o de la ausencia de enemigo externo[2].  Hemos visto una segunda vuelta, nuevamente, polarizada: fujimoristas vs ppkausas.

 

Para los fujimoristas ellos son la única opción virtuosa, están guiados por «amor»  al pobre, al «Perú profundo» que han visitado los últimos 6 años, apuestan por los pequeños motores económicos (PyMes), la inclusión de sectores marginados, por salvaguardar la vida de los peruanos (entiéndase acabar con la delincuencia), establecer un Estado fuerte, presente y arbitral. La visión estandarizada, por mediática, del fujimorismo sobre Peruanos por el Kambio es que son oportunistas, «vende patria», entreguistas, lobbystas, sin real apego a la peruanidad rezagada, apuestan a las grandes corporaciones y, por tanto, son elitescos y aprovechados, estableciendo una mafia al poder.

 

Por su parte, Peruanos por el Kambio, apelan a ser los verdaderos representantes del «amor» al Perú, son los meritocráticos, conciliadores, configurados desde la diversidad política que ha trabajado por la inclusión de todos los sectores desde los inicios, y recuperación, de la democracia en el Perú; y comprenden el lazo de la contemporaneidad entre lo público y lo privado como solventador de la vida social, buscan un Estado honesto, eficiente y justo. Para ellos, a nivel mediático, los fujimoristas son los autocráticos, los insolventes moralmente, los obsesos con el poder por el poder, que entregan el país a las fuerzas oscuras y concentran la acción estatal de forma populista para quedarse eternamente allí y establecer una mafia al poder.

 

Al calor del debate del domingo vimos la polarización hacer gala; y en resumen diría que vimos un PPK serio, racional, parco y mesurado que se mantuvo monótono casi todo el tiempo, pese a que toda su exposición fue sin lectura; y tuvimos a una Keiko Fujimori voluble en el tono, emotiva en la lectura y de reacciones calculadas. Me llama la atención que PPK dejó de lado su matiz irónico y risueño frente a la ofensa y optó por verse casi, impasible, contraatacando con un mal uso del timing; frente a una Keiko que mimetizó la cadencia de Veronika Mendoza al responder los ataques, siendo visual, emotiva, defensiva y de contraataque inmediato aunque acartonado.

 

Si tuviésemos que hablar de una proporción diría que el 97% de la percepción política es emocional, frente a un 3% de racionalidad pura.  El politizado, partidario o no, 43%[3], ya tiene un equipo al que pertenecer y sólo se «pondrá la camiseta», ése ya tiene emociones claras por cada opción política, sea como el «mal absoluto», «mal menor», «voto crítico» o en apoyo pleno y positivo; tiene su voto claro y lo ejerció en primera vuelta, con algunos pequeños matices que no discutiré ahorita.

Pero si hablamos del común denominador, ese 97% de la población, no repara tanto en el fondo del discurso (racionalidad de la política pública planteada) como en la «sensación» que transmite y cómo roza o golpea en sus emociones, entendiendo que las emociones son producto de los valores culturales, los valores y experiencia personal e íntima: miedos y aspiraciones. Por ello quien logre abanderar suficientes emociones y además capitalice el amor/placer como emoción, transmitirla efectivamente, capturará más votos. Pero, en líneas generales, no fue lo que vimos. Hubo emociones pero no se cerró el círculo.

 

¿Qué emociones tocaron?

 

Se puede decir que en cuanto a cantidad de emociones, PPK logró abarcar más.  En su discurso logró tocar el Desprecio y el Asco, la tristeza y el miedo.  Los dos primeros producto del recuerdo del fujimorismo de los 90 y sus efectos sobre la democracia peruana y el asco frente a la corrupción desmesurada que arrebató 6.000 millones del erario público. La corrupción tiene un efecto: la desconfianza, lo que capitaliza la abstención. Y PPK alude al tema cuando señala «La gente están frustrada, por eso hay un voto de protesta». Cuando habló del agua, de la educación y del rezago de gran parte del Perú (8.000.000 de personas) buscó aludir a la tristeza. Por último debemos decir que pretendió aludir al miedo, cuando hizo referencia a la amenaza de un narcoestado y buscó asociar esta amenaza al alce de la delincuencia en el territorio; asociando narcotráfico, corrupción e ineficiencia estatal.   Pero, no logró cerrar con el placer/ amor.  No logró hacer creer, que todo el sentimiento producido por la realidad dibujada «puede cambiar y cambiará», no lo logró pese a tocar historias familiares, porque fue parco; no lo logró pese a citar a su madre, porque lo hizo sin énfasis. PPK no logró hacernos hijos a todos de los inmigrantes que «eligieron al Perú» por un acto de soberana voluntad y amor. No enarboló las banderas lo suficientemente alto para que se avizorara desde cualquier lugar del territorio.

 

Por su parte, Keiko tocó un menor registro de emociones pero aludió a dos altamente potentes: miedo y sorpresa. El primero devino del tema injusticia, pobreza y rezago social, colocando a PPK en el papel de entreguista, elitesco y capaz de conculcar los derechos laborales de los ciudadanos para favorecer a las grandes empresas. Además sacó a colación, sin que fuera parte del temario, la inseguridad. Y usó la sorpresa, como evento no creado por la campaña, al citar los eventos recientes de los 11 muertos en 11 días.  Buscó entonces posicionarse como quien tiene la mano firme, decisión política y equipo para enfrentar el peligro de perder la vida. ¿Por qué este miedo primario es potente? porque alude al cerebro reptil, son emociones básicas e instintivas: salvaguardar la vida es una reacción, por tanto un disparador del voto contundente y sólo superable por el placer/amor; emoción que quedó sin participación en el debate.

 

El placer/amor es una recordación de lo positivo, íntimo y cercano: lo deseado conscientemente. Logra hacernos creer que revivimos esa buena experiencia y que nuestro candidato es capaz de saber qué nos gusta y qué queremos disfrutar en la vida. El placer como emoción, toca lo instintivo por rectilíneo (al sentir un espacio seguro) y lo límbico (emotivo) al producir satisfacción; esto ocurre cuando activamos la amigdala, como centro de operaciones que controla la respuesta emocional, siempre y cuando estimulemos con los disparadores correctos a los grupos específicos, es decir, los que están ávidos de tal sensación. El efectismo de una campaña puede disiparse o apuntalarse cuando cuidamos los disparadores en función de un conocimiento no de la realidad como resultado de metas estatales, sino de la realidad como sumatoria de pequeñas realidades emocionales: humanas.

 

 

En mi opinión el segundo debate debería enfocarse en la combinación que logre disparar el placer/amor, como cierre del círculo de emociones a los que aludan los candidatos para explicar sus planes de gobierno. Las políticas públicas no como decisiones sólo técnicamente pensadas, sino como humanamente diseñadas en torno a micro-realidades emocionales específicas de la peruanidad diversa. Creo que la estrategia polarizante, amigo/enemigo, ya tocó su techo y finalmente no resulta positiva para el concurso de fuerzas que debería ser el próximo gobierno, dado los retos que debe enfrentar.

 

Veremos qué emociones toman el micrófono este domingo.

 


Columna publicada originalmente en el diario arequipeño, El Pueblo.

[1] Analista Político y Consultor en Politingâ y Estrategias de Mercados. Es Magister en Gobierno y Gestión Pública para América Latina de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (España); Especialista en Finanzas Internacionales y Licenciado en Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana de Caracas (Venezuela).

[2] Cada país con sus particularidades e historia. No repararé en detallar cómo se han venido configurando las polarizaciones  en cada país, por temas de espacio, pero sólo señalaré que han sido procesos ligados a la globalización, acceso a la tecnología, asentamiento de los valores democráticos y la parálisis de la dinámica orgánico-institucional de los sistemas sociopolíticos locales en función de conciliación de DDHH y los imperativos económicos (Gobernanza).

[3] Según encuesta de GFK de noviembre 2015 sobre el Interés en la Política de los Peruanos.

¿Quién ganó? por @nancyarellano[1]

En este momento, mientras escribo esta columna, hay básicamente 8.300.000 peruanos que optaron por Keiko y 8.300.000 que optaron por PPK. La diferencia menor a 50.000 votos, sinceramente, debe leerse con cuidado, respeto e interpretarse democráticamente. Van cuatro procesos ininterrumpidos y eso es algo digno de resaltar, pero no suficiente para aplaudir ciegamente. Toda democracia es perfectible y la peruana no es la excepción.

Cuantitativamente puede ganar PPK o Keiko, con mayores probabilidades a estas horas de que sea PPK. Pero con una diferencia de menos del 0,5% su victoria está lejos de ser un mensaje de aprobación mayoritaria y cualitativa, y debe verse como un mensaje de alerta y de necesaria revisión del escenario de fuerzas políticas y de la cultura político-institucional.

La polarización, que he mencionado en mi artículo anterior, cuando hablaba de la asimetría en la motivación política, no deja de ser fuente de análisis electoral y post-electoral. La afrenta podríamos dividirla, si se quiere, en varios grupos:

  • Fujimoristas: Seguidores del estilo de gobierno de Alberto Fujimori, por lo general concebido como pragmático de derecha, populista. Ven, en los logros de los años 90, la única posibilidad del momento y creen que los crímenes cometidos fueron daños colaterales necesarios frente a amenazas más peligrosas como el terrorismo y la crisis económica. Siguen a Keiko Fujimori por lealtad al apellido y reconocen en ella un liderazgo meramente sucesoral.
  • Post-fujimoristas o fuerzapopulistas: Seguidores también del estilo de gobierno de Alberto Fujimori, advierten errores en la gestión de los 90, pero creen que son deficiencias ya superadas y que los culpables están pagando sus delitos, por lo cual el fujimorismo de hoy es un capítulo nuevo. Siguen a Keiko Fujimori como heredera, con personalidad propia, de Alberto Fujimori; reconociendo en ella un liderazgo labrado.
  • Anti-fujimoristas: Un sector no partidario propiamente que ven en el fujimorismo actual una amenaza latente a la democracia. No podemos decir que sea una opción política, pero sí que es un comportamiento político (electoral y de matriz de opinión) que aglutina fuerzas diversas en rechazo al fujimorismo. En líneas generales no reconoce al post-fujimorismo, y cree que cualquier validación de éste implica asentir vergonzosamente a las violaciones a los DDHH y la ruptura del hilo democrático de finales del siglo XX. Apoyan a Pedro Pablo Kuczynski, electoralmente. Dentro de éstos:
  • Anti- sistema: Por lo general asimilado a la izquierda peruana, los anti-sistema creen que el modelo económico y político del Perú debe ser reformado en su totalidad; empezando por la Constitución. Tiene representación en Verónika Mendoza y en Goyo Santos y matices varios dentro de sus tendencias.
  • Demócratas Liberales: Creen que el sistema político tiene falencias importantes y que el establishment político debe ser reformado, renovado y purgado. No cree en cambios económicos sino en el apuntalamiento de la formalización y la eficiencia en políticas públicas. En esta línea estuvo la candidatura de Julio Guzmán que bien podría entenderse como centro-derecha liberal. Pero es una opción que aún no cobra un corpus partidario sólido sino que se ha venido expresando electoralmente en líderes como Guzmán y el propio Pedro Pablo Kuczynski.
  • Progresismo Partidario: La centro izquierda peruana ha estado vagamente representada en el siglo XXI por dos fuerzas, tradicionalmente antifujimoristas, APRA y Acción Popular. No obstante del APRA podemos decir que su antifujimorismo, como agrupación, es electoralmente fuerte y políticamente light; así como las posturas progresistas que se han desdicho orgánicamente desde 2006, lo cual ha favorecido a la opción anti-sistema que ha capitalizado parte del sector de centro-izquierda.
  • Conservadores Partidarios: La centro derecha peruana puede identificarse con el PPC, no obstante gran parte de sus simpatizantes se han inclinado por PPK, de forma utilitaria y al perder el PPC la dinámica de bases. Incluso, cabe señalar que hay parte de los conservadores con el fuerzapopulismo.

En resumen, estamos en un escenario fragmentado, donde la credibilidad de la mitad del país está en juego, y con ello la armonía necesaria. Nunca los países están en perfecta armonía, pero sí en sana tensión.  Apartando el porcentaje radical antisistema, que es menor al obtenido por Mendoza y por Santos, pero eso es otro tema a analizar, más del 80% de la población está de acuerdo en puntos clave del sistema político-económico peruano, no así en la forma de gestionar el poder dentro del sistema, eso es lo que, a partir del 28 de julio, sea quien sea el que ocupe la silla, deberá conciliar para recuperar la credibilidad de las mayorías en la preferibilidad del sistema democrático pluripartidista.

[1] artículo originalmente publicado en http://www.elmontonero.pe ppk-keiko-fujimori-Noticia-708524.jpg

Primer Round: Emociones en Piura y las pendientes desde Lima por @nancyarellano

Hace unos días escribí sobre la asimetría de la motivación política, como causa de la inacción/ ineficiencia estatal. Me explico, la asimetría queda establecida cuando:

 

a) la percepción de la agrupación A es que sus motivos o razones para actuar en el escenario político son por valores (digámosle Amor) y que las motivaciones de B para actuar son anti-valores (llamémosle Odio)

b) la percepción de la agrupación B es que sus motivos o razones para actuar en el escenario político son por valores (digámosle Amor) y que las motivaciones de A para actuar son anti-valores (llamémosle Odio)

 

Ambos piensan igual. Por esta razón se crea un escenario polarizante: A vs B. A y B no pueden negociar, conciliar, entenderse porque anulan los argumentos del contrario, al dar por sentado que las motivaciones del otro son antivalores y entrar en choque; por tanto sólo su opción política y sus argumentos, son los válidos al perseguir fines virtuosos.

 

Este escenario se está dando actualmente en varios países, desde Estados Unidos a España, pasando por Oriente Medio y sin dejar de lado a Venezuela o, incluso, Perú. Es lo que llamo el escenario post-muro de Berlín o de la ausencia de enemigo externo. Hemos visto una segunda vuelta, nuevamente, polarizada: fujimoristas vs ppkausas.

 

Para los fujimoristas ellos son la única opción virtuosa, están guiados por «amor» al pobre, al «Perú profundo» que han visitado los últimos 6 años, apuestan por los pequeños motores económicos (PyMes), la inclusión de sectores marginados, por salvaguardar la vida de los peruanos (entiéndase acabar con la delincuencia), establecer un Estado fuerte, presente y arbitral. La visión estandarizada, por mediática, del fujimorismo sobre Peruanos por el Kambio es que son oportunistas, «vende patria», entreguistas, lobbystas, sin real apego a la peruanidad rezagada, apuestan a las grandes corporaciones y, por tanto, son elitescos y aprovechados, estableciendo una mafia al poder.

 

Por su parte, Peruanos por el Kambio, apelan a ser los verdaderos representantes del «amor» al Perú, son los meritocráticos, conciliadores, configurados desde la diversidad política que ha trabajado por la inclusión de todos los sectores desde los inicios, y recuperación, de la democracia en el Perú; y comprenden el lazo de la contemporaneidad entre lo público y lo privado como solventador de la vida social, buscan un Estado honesto, eficiente y justo. Para ellos, a nivel mediático, los fujimoristas son los autocráticos, los insolventes moralmente, los obsesos con el poder por el poder, que entregan el país a las fuerzas oscuras y concentran la acción estatal de forma populista para quedarse eternamente allí y establecer una mafia al poder.

 

Al calor del debate del domingo vimos la polarización hacer gala; y si bien es cierto que es un show útil para las conversaciones de calle o medios, incluso creo que algunos hacen catarsis con esto; no es productivo para una democracia del siglo XXI con tantos pendientes y con tanta necesidad de fuerzas en concurso.

 

En resumen diría que vimos un PPK serio, racional, parco y mesurado que se mantuvo monótono casi todo el tiempo, pese a que toda su exposición fue sin lectura; y tuvimos a una Keiko Fujimori voluble en el tono, emotiva en la lectura y de reacciones calculadas. Me llama la atención que PPK dejó de lado su matiz irónico y risueño frente a la ofensa y optó por verse casi, impasible, contraatacando con un mal uso del timing; frente a una Keiko que mimetizó la cadencia de Veronika Mendoza al responder los ataques, siendo visual, emotiva, defensiva y de contraataque inmediato aunque acartonado.

 

Si tuviésemos que hablar de una proporción diría que el 97% de la percepción política es emocional, frente a un 3% de racionalidad pura. El politizado, partidario o no, 43%, ya tiene un equipo al que pertenecer y sólo se «pondrá la camiseta», ése ya tiene emociones claras por cada opción política, sea como el «mal absoluto», «mal menor», «voto crítico» o en apoyo pleno y positivo; tiene su voto claro y lo ejerció en primera vuelta, con algunos pequeños matices que no discutiré ahorita.

Pero si hablamos del común denominador, ese 97% de la población, no repara tanto en el fondo del discurso (racionalidad de la política pública planteada) como en la «sensación» que transmite y cómo roza o golpea en sus emociones, entendiendo que las emociones son producto de los valores culturales, los valores y experiencia personal e íntima: miedos y aspiraciones. Por ello quien logre abanderar suficientes emociones y además capitalice el amor/placer como emoción, transmitirla efectivamente, capturará más votos. Pero, en líneas generales, no fue lo que vimos. Hubo emociones pero no se cerró el círculo.

 

¿Qué emociones tocaron?

 

Se puede decir que en cuanto a cantidad de emociones, PPK logró abarcar más. En su discurso logró tocar el Desprecio y el Asco, la tristeza y el miedo. Los dos primeros producto del recuerdo del fujimorismo de los 90 y sus efectos sobre la democracia peruana y el asco frente a la corrupción desmesurada que arrebató 6.000 millones del erario público. La corrupción tiene un efecto: la desconfianza, lo que capitaliza la abstención. Y PPK alude al tema cuando señala «La gente están frustrada, por eso hay un voto de protesta». Cuando habló del agua, de la educación y del rezago de gran parte del Perú (8.000.000 de personas) buscó aludir a la tristeza. Por último debemos decir que pretendió aludir al miedo, cuando hizo referencia a la amenaza de un narcoestado y buscó asociar esta amenaza al alce de la delincuencia en el territorio; asociando narcotráfico, corrupción e ineficiencia estatal. Pero, no logró cerrar con el placer/ amor. No logró hacer creer, que todo el sentimiento producido por la realidad dibujada «puede cambiar y cambiará», no lo logró pese a tocar historias familiares, porque fue parco; no lo logró pese a citar a su madre, porque lo hizo sin énfasis. PPK no logró hacernos hijos a todos de los inmigrantes que «eligieron al Perú» por un acto de soberana voluntad y amor. No enarboló las banderas lo suficientemente alto para que se avizorara desde cualquier lugar del territorio.

 

El placer/amor es una recordación de lo positivo, íntimo y cercano: lo deseado conscientemente. Logra hacernos creer que revivimos esa buena experiencia y que nuestro candidato es capaz de saber qué nos gusta y qué queremos disfrutar en la vida. El placer como emoción, toca lo instintivo por rectilíneo (al sentir un espacio seguro) y lo límbico (emotivo) al producir satisfacción; esto ocurre cuando activamos la amigdala, como centro de operaciones que controla la respuesta emocional, siempre y cuando estimulemos con los disparadores correctos a los grupos específicos, es decir, los que están ávidos de tal sensación. El efectismo de una campaña puede disiparse o apuntalarse cuando cuidamos los disparadores en función de un conocimiento no de la realidad como resultado de metas estatales, sino de la realidad como sumatoria de pequeñas realidades emocionales: humanas.

 

Por su parte, Keiko tocó un menor registro de emociones pero aludió a dos altamente potentes: miedo y sorpresa. El primero devino del tema injusticia, pobreza y rezago social, colocando a PPK en el papel de entreguista, elitesco y capaz de conculcar los derechos laborales de los ciudadanos para favorecer a las grandes empresas. Además sacó a colación, sin que fuera parte del temario, la inseguridad. Y usó la sorpresa, como evento no creado por la campaña, al citar los eventos recientes de los 11 muertos en 11 días. Buscó entonces posicionarse como quien tiene la mano firme, decisión política y equipo para enfrentar el peligro de perder la vida. ¿Por qué este miedo primario es potente? porque alude al cerebro reptil, son emociones básicas e instintivas: salvaguardar la vida es una reacción, por tanto un disparador del voto contundente y sólo superable por el placer/amor; emoción que quedó sin participación en el debate.

 

En mi opinión el segundo debate debería enfocarse en la combinación que logre disparar el placer/amor, como cierre del círculo de emociones a los que aludan los candidatos para explicar sus planes de gobierno. Las políticas públicas no como decisiones sólo técnicamente pensadas, sino como humanamente diseñadas en torno a micro-realidades emocionales específicas de la peruanidad diversa. Creo que la estrategia polarizante, amigo/enemigo, ya tocó su techo y finalmente no resulta positiva para el concurso de fuerzas que debería ser el próximo gobierno, dado los retos que debe enfrentar.

 

Sólo por dejar un dato: los jóvenes reaccionan de forma más efusiva al miedo que los adultos, los cuales requieren más especificidad en la imagen para activar la respuesta emotiva porque han establecido mayores filtros producto de la decepción política.

 

Veremos qué emociones toman el micrófono este domingo.

¿A quién odiar en estas elecciones? por @nancyarellano[1]

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«Nosotros somos los buenos. Ellos son los que están llenos de odio». Ha sido una de las frases más acuñadas durante los últimos procesos electorales a largo y ancho del mundo. Esto es lo que se llama en psicología social «Political Motive Asymmetry»[2] o Asimetría de las motivaciones políticas. Atribuir a las acciones de mi enemigo motivaciones de odio por mi, por encima del amor a su causa. La enfermedad existe sólo falta que los enfermos la admitan. Es parte de una retórica construida por el enemigo común externo, el problema es que cuando no existe el enemigo externo, lo creamos internamente.

Se ha transitado desde el siglo XX hacia el XXI con la consigna de la democracia bajo la premisa de que es el sistema que asegura la armonía social en términos de libertad, igualdad, fraternidad; hija de la Revolución Francesa combinada con la democracia liberal inglesa en el sentido económico, y con el añadido de dos guerras mundiales que nos enseñaron a temer del poder político sin control. Por esta experiencia trágica decidimos, como civilización, crear el Sistema de Derechos Humanos, pero ya esto no basta.  El siguiente hito fue la caída del muro de Berlín, y asentimos fuertemente al libre mercado.  Y ahí está China, sin democracia pero con capitalismo de libre mercado y crecimiento. Y ahí está Estados Unidos, con democracia y con capitalismo de libre mercado y crecimiento. Ambos con las mismas brechas de desigualdad social pese a tener dos modelos de Estado.

¿Qué es más importante ser libre o ser iguales? ¿Crecimiento económico o reducción de pobreza? ¿Más Estado o más privado?  Las preguntas no dejan de hacerse porque estamos lejos de lograr la libertad, igualdad y fraternidad. Mientras esto sea así muchos discurrirán en teorías como soluciones mágicas a los problemas de la contemporaneidad.

¿Cuáles son los problemas? Los de siempre y algunos nuevos.

Mientras el mundo luchaba contra Hitler, los aliados del «mundo libre» e incluso los comunistas de la Unión Soviética, lograron trabajar en conjunto para destruir el mal. Ellos y nosotros.  Luego la Guerra Fría presentó una nueva dicotomía: ellos y nosotros; los buenos y los malos. Pero al caer el Muro de Berlín se perdió esa «tensión bipolar» que mantenía a casi todo Occidente de la mano luchando contra «ellos». Ya Samuel Huntington habla en su libro Choque de Civilizaciones sobre las nuevas afrentas, ahora multipolares yo añadiría que macro y micro multipolares.   Pero lo que más preocupa en este momento es la polarización interna: la micropolarización.  Estados Unidos, España, Colombia, Chile, Brasil, puedo seguir hasta ejemplos como Venezuela y, si somos más drásticos podemos reparar en Oriente Medio. Todos países donde, en mayor o menor grado, la polarización se ha intensificado trayendo años de reducción, desaceleración, estancamiento en la dinámica económica y social. Más o menos grave según los puntos salvados entre ellos, sobre todo: la economía.

La esfera económica ha quedado en muchos casos como una zona fuera de la política democrática. Aunque todos sepamos que la política lo toca todo, absolutamente todo. Así sea a la economía para separarla de su esfera de influencia directa o entregarla a tecnocracia. Con esto no digo que la economía no sea responsabilidad política, pero sí que el control político —más que estatal— ha dejado al ámbito trasnacional y al libre mercado controlar parte importante de los flujos de capitales y de la generación de valor sin responder a la lógica de la «cosa funcional» propia de la política como un todo. La libertad de mercado se ejerce, se defiende y se pregona políticamente. No nos confundamos.

No es menos cierto que también hemos venido ampliando, con las generaciones de DDHH, la cobertura del acuerdo Occidental. Los DDHH han sido el centro retórico del discurso político. Y Perú, tanto en la polarización paralizante, como en la verborrea sobre DDHH no queda atrás. Discursivamente hemos visto chorros de palabras, grandes, chicas, suaves, ásperas, técnicas y populares predicar, vehementes o no, sobre cómo lograr: libertad, igualdad y fraternidad. Todo hablante momentáneo, es el bueno, y el otro, el resto, son los malos.

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El electorado de hoy está tras una armonía imperfecta, la «sana tensión democrática» que es lograble con tolerancia democrática, con elegir correctamente al enemigo común. Muchos, jóvenes y mayores, están cansados de la afrenta inútil, paralizante, de bandos.  La afrenta simple parte de interpretación de las motivaciones de las agrupaciones políticas: amor al país, al pueblo, al pobre, al excluido, al minusválido, a los jóvenes, a los viejitos, a los trabajadores, a los docentes, a los campesinos… Y como todos hablan a todos, todos quieren verse como «el bueno guiado por el amor» y hacer ver al contendor como «el malo guiado por el odio».

El domingo pasado vimos esta retórica de la motivación política tomar el debate técnico, donde ni hubo pericia técnica ni hubo debate. ¿Qué veremos este domingo? Me atrevo a decir que más de lo mismo. La asimetría de la motivación política tomará el micrófono. PPK será el bueno y Keiko será la mala. Keiko será el amor por el Perú y PPK el odio por el país. Y esto ocurrirá hasta zanjar alguna estrecha diferencia que el 5 de junio ponga a alguno de los dos en la silla presidencial.  Y el resto, si son condenados a ser los malos, sólo fortalecerán la tensión insana.

¿Cuál es el peligro? La parálisis estatal. Estamos ante un mundo escindido en dos lotes que han creado una narrativa de dicotomías. Derecha vs Izquierda, Liberales vs Conservadores, Nacionalistas vs Internacionalistas. Pero dentro de cada bando ellos son los buenos vs los malos; ellos son el amor vs odio.  Cuando esto ocurre se vuelve imposible hablar de negociación, compromisos y respeto: armonía. Siempre habrá bandos, es nuestra naturaleza, pero debemos determinar la personalidad política sobre cuáles son los enemigos reales y comunes: la pobreza, la desigualdad, el estancamiento económico, el autoritarismo. Todo lo que atente a los derechos humanos como centro. Y la personalidad de cada agrupación es el enfoque de prioridades, de métodos, de planes, de fases y de costos.  Hay que tamizar el discurso inútil que sólo crea conflicto y no permite zanjar soluciones.

Si queremos crecer como país, debemos salir del «Cuento de Hadas» de la polarización, comprendiendo que lo que ha permitido que más de 2 billones de personas hayan salido de la pobreza en los últimos 40 años en el mundo ha sido el concurso de fuerzas, el pluralismo político en la democracia, el emprendimiento, la innovación y, por supuesto, el libre mercado. ¿Que aún hay fallos? ¡Claro! Ahí es dónde debe empezar el debate. Los fallos son el enemigo. Nosotros contendores que debemos trabajar en el concurso de fuerzas desde nuestra personalidad política como agrupación ¿O no tienen cuotas reales de poder político?  Si es así, empecemos por trabajar a los propios partidos antes de pretender crear ejércitos disciplinados sólo con mercenarios.

[1] Consultor en Politingâ y Estrategias de Mercados. Es Magister en Gobierno y Gestión Pública para América Latina de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (España); Especialista en Finanzas Internacionales y Licenciado en Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana de Caracas (Venezuela).

[2] El término como tal fue acuñado por Arthur Brooks en la conferencia TED (2015) e inspirado por el paper «Motive attribution asymmetry for love vs. hate drives intractable conflict» de Waytz, A; Young, L y Ginges, J. (2014)

#Proposición: Diagrama Político para el Siglo XXI

Hablar del espectro político nos conduce casi siempre a:

  1. La división clásica de derecha vs izquierda: en el sentido de intervención del Estado en la economía. O tamaño del Estado inclusive.
  2. El diagrama de Nolan que considera las libertades económicas y sociopolíticas como consecuencia de la intervención estatal.

Algunos críticos dicen que el diagrama tiene un sesgo libertario. Veamos el diagrama:

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Diagrama de Nolan (1969)

En pleno siglo XXI es indudable que hay cambios que se han sucedido, muchos sin poder ser advertidos. En lo particular me obsesiona la vigencia del Estado como ente rector de la «vida política» y los nuevos fenómenos menos informes como el terrorismo: teocrático como el caso de ISIS o anómico/ amoral como el del paramilitarismo o los mercenarios terroristas.

Otro fenómeno es el post-capitalismo producto de la masificación tecnológica. En 1969 poco podía pensarse de los efectos que tendría la tecnología en la economía. La idea de que se cree un nuevo escenario de relaciones sociales a partir de un ordenador/computador era impensable. ¿Cómo afecta esto nuestra relación con el Estado? ¿Cómo influye en la idea de izquierda y derecha? ¿Cuál es el papel de la innovación en este sentido? ¿Cuándo una propuesta destruye la noción de Estado? ¿Dónde están los límites donde peligra el Estado como ente rector de la tolerancia?

Entendiendo que la «tolerancia» como espacio de realización de la diferencia es crucial en el siglo XXI para salvaguardar a la democracia y orbita en torno a los Derechos Humanos.

Mi propuesta, aún en construcción, es la siguiente:

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  1. En el centro (utópico) encontramos al equilibrio perfecto entre derecha e izquierda, conservadurismo  y liberalismo moral en respeto absoluto a los Derechos Humanos de 1, 2, 3 e incluso 4ta generación. Es utópico porque tendríamos que lograr la armonía social perfecta y discrecionalidad respetuosa. Para que ello ocurra tendrían que estar zanjadas las diferencias sociales de clase, debería haber pleno empleo o capacidades productivas y un control extendido sobre la Agenda Pública. Tolerancia perfecta.
  2. Luego vemos derecha o izquierda:  Mientras más Estado nos acercamos a la noción de izquierda y mientras menos Estado a la noción de derecha: lo público (Bien Común por masificación: la masa sobre el individuo) y lo privado (Bien Común por agregados: individuo sobre la masa). Cuando la intervención estatal  de Izquierda es absoluta y el Estado toma todo en la sociedad los límites entre Estado y Sociedad se desvanecen para dar paso a la utopía comunista. Cuando la privatización es absoluta, el Estado pierde poder sobre el individuo y se destruye dando paso a la anarquía. En ambos supuestos se busca el bien común pero prescriben métodos distintos. La izquierda presupone que el Estado debe ampliarse para reglar la dinámica social, zanjando diferencias, y procurar la solidaridad. La derecha cree que el estado debe replegarse para permitir que los individuos actúen por solidaridad y arreglo de intereses, sin causar distorsiones.
  3. La concepción de conservadurismo deriva de la noción de «autoridad moral» (llámese Vaticano, Pastor, Rabino o Imán etc. Quien ejerce un «poder moral» sobre la sociedad y regla la conducta de la masa. En los liberales entiendo la ausencia de tal noción moral-autoritaria para dar paso a una ética personal frente al «mores» (moralidad).  Se trata de la conducta racionalizada frente a la conducta aprendida.  Cuando se recae en el extremo hablamos de amoralidad y por tanto no se acata ningún tipo de racionalidad: conducta hedonista. En el otro extremo está la discresionalidad de la autoridad divina, conducta absolutista. Ambas destruyen al Estado como espacio de tolerancia. En este sentido se cae en la ausencia de Estado. Sea de Derecha o de Izquierda.
  4. Si la autoridad moral o la amoralidad reina el resultado cae en la destrucción del Estado, se pierde por noción básica el monopolio de la fuerza coactiva y se cae en las formas de terrorismo: teocrático (absolutismo) o anómico (caos).
  5. Si la derecha es absoluta entonces caemos en una anarquía que impone una ética social equilibrada, pero destruye al Estado como garante; y si se cae en la izquierda absoluta se destruye igualmente al Estado en el nombre de una ética social equilibrada.  Ambas armonías se consideran utópicas.
  6. El circulo grande es la existencia del Estado como rector de la dinámica social y vigilante del respeto a los derechos humanos. Cuando nos salimos por combinación de ejes del círculo el Estado en función de 1) monopolio de la fuerza coactiva 2)protector de la imposición de cúpulas de poder 3) actor de mediación y tolerancia se ve en peligro. Mientas más me alejo del circulo más peligro se advierte.

 

 

 

 

#SeguiremosPensando

 

Crisis de haceedores de políticas públicas o de la necesidad de partidos neuronales por @nancyarellano

[1]

 Los partidos políticos forjan la realidad política de un país. No hay otra forma de hacer política en naciones contemporáneas que persigan la calidad democrática. Los partidos políticos son esenciales para el sistema democrático, ningún demócrata se atrevería a negarlo. Son la forma de organización en la disputa democrática del poder y la garantía de orden del sistema. Los partidos nacen como representantes del cambio y se terminan asimilando al propio paradigma que critican o crean un nuevo paradigma criticable. Si algo no funciona, llame a la gerencia.

Los partidos son «fábricas» de funcionarios públicos, de políticas públicas, de agendas públicas y de fiscalizadores a gobierno, en el caso de ser oposición; y necesitamos esas fábricas. La dinámica democrática se produce en el espacio donde las diferencias se plantean abiertamente con la mentalidad de lograr puntos de encuentro que satisfagan las demandas de los distintos sectores de la sociedad y, por supuesto, limiten el poder del Estado.

Hoy muchos discuten si el «modelo» funciona o no. Y caen en el error de decir que el «modelo» es un tema meramente económico y de cuánta intervención del Estado es suficiente.  La economía social de mercado no es un invento de la Constitución del 93 y las «garantías» que se establecieron en ésta para la iniciativa privada no necesariamente son la causa de las diferencias sociales, la falta de inversión social o la ralentización de la movilidad social. El problema real, a mi modo de ver las cosas, es de falta de partidos políticos neuronales y consustanciados con la peruanidad actual.

Entiéndase: 1) Falta de profesionalización de los liderazgos políticos con herramientas que les permitan comprender la política como estructura, proceso y resultado (Como la explica Carlos Salazar Vargas). 2) Falta de «creatividad política» para ofrecer alternativas y soluciones sostenibles y sustentables a los problemas cotidianos 3) Falta de «innovación en políticas públicas» que las hagan más eficientes, eficaces  y legítimas 4) Crisis de representación efectiva o de socialización de los partidos en contacto con grupos de interés que sientan que los liderazgos son verosímiles y creíbles 5) Ausencia de ciudadanización en el común de la población por la vía de la comunicación como intercambio y acuerdos de base.

Cambiar el «modelo» sin cambiar la mentalidad de los que conducen a los fallos del sistema, es como pretender que cambiando el plato sabrá mejor la comida. El modelo no es el problema porque no limita la elaboración de políticas eficientes y eficaces, éstas no se elaboran y ejecutan por otras razones. Son los partídos.

¿De dónde venimos?

Los partidos políticos de primera generación (siglo XIX), llamados de cuadros y definidos como elitescos, funcionales y técnicos, eran partidos de «notables» y se dieron en un momento no muy democrático, razón por la cual al masificar el voto empezaron a perder validez.

La segunda generación, los partidos de masas, advinieron a una sociedad que buscó democratizarse y ampliar la participación política; son articulados, combativos y rígidos en su estructura.  Un aparato administrativo al servicio del Estado y una poderosa maquinaria electoral.  El objetivo era ampliar su militancia de estructura vertical y dogmática. Tuvieron gran éxito en el siglo XX, pero su paquidérmica estructura los fue alejando a finales de siglo, como consecuencia de la dinámica social y del propio éxito de su democratización «caótica» y «omniabarcante», tanto como ineficiente. Perdieron poder de disciplina, mutando en tercera generación. El APRA, PPC son ejemplos de ésta.

La tercera generación se corresponde con los partidos electorales, consecuencia de la clientelización de los partidos de masas o de la generación más o menos circunstancial de agrupaciones «atrapatodo» que por lo general tienen una postura antisistema y pragmática. Son en este sentido electoralistas, clientelares y masivos. Relajan los valores y principios en función de atender al «mercado de votos» y usa el marketing para estos fines. Se inicia entonces la política de «casino» donde apuestas a «ganador», mides probabilidades de ofertas electorales y empiezan las crisis de credibilidad. Nuevamente podemos hablar del APRA, como de los «outsiders» desde Fujimori, Toledo, Humala, PPK o Mendoza.

La cuarta generación son los partidos ciudadanos, partidos fractales o de «mosaico» se definen como relacionales, solventadores, horizontales, mediáticos y descentralizados. Buscan ciudadanizar la política.

Un ejemplo muy efímero fue Guzmán en las pretensiones de la «Ola Morada» y «la Liga de los 500» en la partidización ciudadana, pero en realidad aún no vemos alguna que realmente haya apostado a esta estructura. Podemos entonces hablar del Partido de Ciudadanos de Catalunya el cual orgánicamente tiene una estructura descentralizada y mutable, donde resaltan «Las Agrupaciones» como parte de la estructura y dotan de organicidad al partido como fracciones y relaciones. Los ciudadanos están adscritos a una agrupación principal y una secundaria. No más.  El fallo de estas iniciativas es su capacidad de empoderar cambios reales. Exigen mucho de la ciudadanía al partidizarla y terminan igualmente creando «cúpulas de representación» que giran en torno a un «ciudadano virtuoso» o líder central. En el caso de Ciudadanos es Albert Ribera y sus posturas terminan siendo blanco de críticas por demasiado utilitarias; así mismo hallan difícil capitalizar votos que no sean «voto castigo».  Su mayor debilidad es que son más simpáticos que empáticos. Prescriben mucho y describen poco, pretender formar, informar, relacionar e influir desde una perspectiva de «lo bueno», «lo deseable» y «lo ético». Y todo es importante, pero terminan sólo cambiando el plato.

¿A dónde deberíamos ir?

La quinta generación de partidos, el necesario. Partidos descriptivos de redes hipercomplejas o partidos neuronales, nacidos de la asociación de intereses de los distintos factores de la sociedad contemporánea.

Serán funcionales, mutables y empáticos; consustanciados con los principios de la sociedad del s.XXI y no con las críticas al sistema sino con la sistematización social de la glocalización[2].

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El aditivo es justamente su carácter empático y realista.  Asumirá la política como hecho social y parte de la interdependencia entre actores sociales y políticos. Comprenderán la constante yuxtaposición de fuerzas de la sociedad contemporánea, los flujos de información, las migraciones, la economía trasnacional,  los grupos de interés transversales y la fragmentación actual del poder. Usarán a lo interno una combinación entre el Hard Power y el Soft Power para constituir el Smart Power de Joseph Nye.  Partirán de los gestores de éxito naturales.

Su estructuración debe forjarse a partir del diagnóstico de objetivos comunes y la necesidad de constituir una cadena relacional y bidireccional que responda a las metas de armonía social, sin partidizar a la sociedad sino socializando a los partidos. Esto significa que se identifiquen líderes naturales en diversos ámbitos y establezcan lazos empáticos en función a un programa mínimo que deriva de la asunción de los Derechos Humanos de 1era, 2da, 3ra y el reto de la 4ta generación.

Establecerán satelitalmente sus fuerzas electorales y se moverán en periodos no-electorales socializando con grupos de interés definidos y ayudando a formar liderazgos sociales, económicos y sectoriales. En éstos el concurso de la Academia, los movimientos sociales, las agrupaciones de oficio, los grupos de interés y la clase política constituyen un «nuevo ente» con fines naturalmente políticos que definen, con el programa mínimo, esquemas de comunicación y actualización constantes donde los medios de comunicación tradicionales y nuevos cumplen un rol amalgamador: el debate, disenso y consenso público. El Ágora Digital, Mediática y cotidiana.

Deberán lograr una dirigencia gestora de actividad que se articule en función del estímulo (energía) impuesto por la dinámica de la sociedad contemporánea, en una suerte de sinapsis de intereses en coyuntura. La empatía entonces como esa «energía» debe ser medida, cuantificada y estratégicamente sopesada para el diseño de políticas públicas eficaces y eficientes, producto de la «especialización» de la dirigencia. «Fabricar» liderazgos empáticos por grupos estratégicos que se mantengan en constante sociabilización con sus representados; lo que permitirá adherir votos a las figuras centrales en periodos electorales.

 

¿Cómo construirlos? Seguiremos en el siguiente artículo.

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[1] Analista Político y Consultor en Politing y Estrategias de Mercados. Es Magister en Gobierno y Gestión Pública para América Latina de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (España); Especialista en Finanzas Internacionales y Licenciado en Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana de Caracas (Venezuela).

[2] Término que habla de lo Global y lo Local, en respuesta a la dinámica de la globalización y el reconocimiento de las identidades nacionales, regionales y locales. Este escenario comporta el imperativo del paso de la gobernabilidad a la gobernanza multinivel.

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