Comunicación Política Vs Marketing Político

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Presentación en la Universidad Mayor de San Marcos

martes 8 de noviembre de 2016

Presentación Aquí

El problema no son los audios, sino la sordera

Columna publicada en @elmontonero
12 de Octubre del 2016drg
Detrás del audio está el silencio de los (pacientes) inocentes

El tema de los audios ha estado en agenda toda la semana: el caso del ex asesor presidencial Carlos Moreno, quien al parecer pretendía realizar negocios millonarios con el Sistema de Salud Integral. Pero fue grabado. ¿Y cuál es el problema que subyace a los audios? ¿No es acaso la sordera del sistema? ¿Es realmente relevante si se trataba de un funcionario público con régimen laboral o si era un asesor ad honorem? El delito se pacta fuera del decoro.

El tema de los audios plantea dos problemas de la política nacional: el tráfico de influencias y la farándula política. El primero retrata el dilema al que se enfrentan todos los Estados: tener acceso a un cuantioso número de recursos y el poder de influir en el destino, incluso pervirtiendo la función pública por conveniencias personales o grupales.

El segundo, retrata el drama de las vociferaciones vacías, esas que critican el proceder de un grupo, pero que luego caen en lo que critican; o en cosas peores, como las prácticas de tráfico de influencias. ¿Qué es bueno o qué es lo menos malo?, suelen preguntarse aquellos que frecuentan las instalaciones gubernamentales, con hábitos de monje y la cartera ávida de papelitos con la rúbrica del presidente del BCR. La vara para medir al otro no siempre coincide con la que se usa para determinar la estatura de nuestra propia moral y nuestro proceder.

El tema adicional de la farándula es el efecto distractor: humo, desvío. La atención de los medios, convertidos en moscas que huelen un cadáver, se dirige unineuronalmente sobre el hecho y los implicados. ¿Cuántos audios más faltan? ¿Cuántos audios mudos existirán hoy día?

Detrás del audio está el tema de la salud, la salud pública, el deber estatal de ayudar a superar el rezago que aqueja a millones de peruanos en términos de calidad de vida. Detrás del audio están las voces que callan, las que adeudan, las que se apagan por la impericia al establecer formas de conciliación entre el mercado y el Estado, de forma tal que esa realidad del poder político y su par económico resulten coherentes. Los mejores profesionales de un país deberían estar al servicio del proyecto socioeconómico que es el propio Estado; y de las relaciones justas de respeto para la realización del sector privado en las diferentes escalas.

¿Qué pasaría si esos altos asesores y funcionarios tuviesen grandes remuneraciones legales y frontales? ¿Qué podríamos exigirles? ¿De qué podríamos privarlos? ¿Qué perdería un CEO de una multinacional sitrafica con influencias y no propende a lo mejor para la empresa? El Estado no es una empresa, pero quizás debería parecérsele en la medida de lo posible. O entregamos la propiedad del subsuelo y nos vamos de cabeza a la noción de Estado mínimo.A veces lo que más molesta es la hipocresía.

Nancy Arellano

@nancyarellano

El Gran Diálogo se da en el Parlamento.

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Sorprende muchas veces leer a algunas personas en las redes sociales asentir ante lo acaecido en estos días en Nicaragua donde 28 diputados de la oposición, del Partido Liberal Independiente, han sido destituidos en una maniobra política absolutamente antidemocrática; donde la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, actúa bajo excusa de que la bancada del Partido Liberal Independiente ha decidido desconocer a las autoridades del partido, pese a que éstos finalmente habían decidido simplemente declararse independientes.

¿Pero por qué parte de los opositores del PLI desconocen a sus autoridades?  Básicamente hasta mayo de presente año Montealegre era el representante legal del partido y máximo dirigente, hasta que el 8 de junio de 2016, la Sala Constitucional de la Corte resolvió quitarle la representación jurídica de la agrupación a Eduardo Montealegre y dársela a la facción de Pedro Reyes, cuyo nombre aparece asociado a un trabajo político pírrico y, según algunas voces, es colaboracionista con el gobierno de Ortega.  En todo caso, de los 28, 24 diputados fueron electos bajo la casilla del PLI cuando su representante legal era Montealegre y los otros 4 son suplentes; si las diferencias de democracia interna en el partido existen, lo coherente es resolver lo relativo a tales insatisfacciones en función de la legitimidad intrapartidaria. Pero en vista del artículo 31 de la Constitución Política de Nicaragua, la cual establece que los escaños en el legislativo pertenecen al partido en el que fueron electos los diputados; los 28 decidieron declararse independientes; no obstante, el fallo de la Corte sigue en vigencia y la oposición pareciera liquidada en el Pleno.

Aún quedan 8 diputados y 12 suplentes del PLI que no se han pronunciado respecto a cuál facción apoyan y sobre éstos no ha habido mandato de separación de las curules.

Aquí hay tres puntos sobre orden y democracia. 1) La democracia es un valor en sí misma, y no puede sucumbir ante la tentativa de homogenización partidaria, es un exabrupto el pensar que un partido único puede ser símbolo de apertura y pluralismo. 2) La democracia como sistema de gobierno debe procurar que los procesos de democracia interna en los partidos se lleve a cabo; si bien es importante que las instituciones velen por ésta, no pueden cambiar el liderazgo partidario de facto, sin involucrar a las militancias de las propias agrupaciones; menos aún si el partido de gobierno es opositor al partido implicado en la diatriba interna. 3) El orden democrático —o la gobernanza— es producto de la convención pactada por las partes más disímiles que convergen en un proyecto de país.  De la tensión y distensión es que se procura enriquecer el debate democrático, si no, no hay democracia. Y el Congreso es básicamente el mayor símbolo de debate, del Gran Diálogo que es, en esencia, la democracia.

La política lo toca todo, tiene esa virtud de empoderar y destruir… es increíble que en pleno siglo XXI juntemos ladrillos derrumbados hace menos de 30 años, para volver a alzar muros. Y decir otra vez la bendita palabra: revolución. ¿Y la evolución qué?

La situación de Nicaragua es preocupante, tanto como la de Venezuela, o incluso, y en otros términos, la de España; sin caer en hablar de la afrenta Trump vs Hillary. La polarización está socavando el espíritu propio de la democracia pretendiendo hablar de verdades absolutas, de nuevos césares y llevándonos a retroceder en el «Gran Diálogo» que ha caracterizado a la civilización occidental.

El Gran Diálogo es una convención de contrarios, de mayorías y minorías, de pensamientos irruptores que han enriquecido a lo largo de nuestra historia las conquistas de las más variadas áreas del conocimiento; el Gran Diálogo se sucede al mismo tiempo en todos los espacios, en todos los lugares y todos los pensantes; el Gran Diálogo es democracia. El Gran Diálogo cobra vida, respira y late, en el Parlamento de las naciones. Sin el Gran Diálogo, y la diversidad parlamentaria como su aliento, la democracia desfallece.

¿Va el renovar? O de la tarea sísifica de negociar con los poderes fácticos 

 

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Cuenta el mito que Sísifo osó retar a los dioses griegos, algunos dicen que les robó el fuego, símbolo de conocimiento, otros que rechazó beber el néctar, ofendiéndolos. Sea como sea Sísifo era de otra generación y trajo consigo la tragedia del castigo eterno: subiría una pesada roca por la montaña, para verla nuevamente descender e iniciar la tarea infinita.

La renovación partidaria, más allá de los partidos tradicionales, la renovación de los partidos como concepción en el siglo XXI puede ser una tarea sísifica si no se aborda con la seriedad y compromiso necesario. En estos días publiqué una video-columna sobre la renovación partidaria, señalando que se trataba de revisar estructura, valores y dinámica pero, a qué obedecen estas tres características. Primero que nada atienden a la relación con el poder. Entendamos primero que el poder es la capacidad de persuasión, como influencia de comportamiento, de la masa para seguir u adoptar las actitudes esperadas por el líder.  Entonces retomando la idea de la renovación partidaria, debemos atender a la configuración social en la actualidad; ¿cómo un partido puede ser puente de demandas de los actores sociales en pleno siglo XXI?

Si debemos revisar en torno al poder, la persuasión ha perdido efectividad desde los partidos, la mayoría de las agrupaciones políticas van al son de los movimientos sociales, sean éstos de índole económica, social o de minorías. Para muestra tenemos lo ocurrido con la Ley Pulpín, Conga y Tía María o, ahora, la presión que existe con el tema de las sentencias en los casos de Violencia de Género con la marcha del 13 de agosto: Ni una menos.  ¿Consustanciación o conveniencia? Cuando los partidos se montan sobre la ola, parece más conveniencia lo que le hace perder capacidad de representar realmente lo que ocurre en la dinámica social.

En este sentido, es que señalo la revisión de la dinámica. ¿Cómo logran los partidos hoy día comunicarse con la peruanidad rural y urbana? establecer dinámicas sociopolíticas es fundamental para ser puente de demandas. No sólo seguir la fila en calle con carteles del partido. La dinámica son los flujos de información, negociación y determinación de estrategias para incidir en la política como escenario. Obedece esto al principio de bidireccionalidad y mutabilidad comunicacional.

Esto, además, no es posible si las estructuras partidarias, paquidérmicas algunas, no se mueven con la agilidad que demandas nuevos tiempos y nuevos medios. En este sentido, revisar la estructura impone determinar dónde estarán las plazas de comunicación donde la dinámica se lleva a cabo y quiénes son los responsables de monitorear y advertir cambios en la estructura social que impulsan cambios en la dinámica. Obedece esto al principio de adaptabilidad estructural.

Así, los partidos, files barcas que persiguen el poder, deben saber cómo lograr crear lazos de empatía, filiaciones que resultan de compartir valores. ¿por qué hablamos de valores? porque para modificar la conducta en función a la prescripción de un líder, debemos confiar en éste. Porque para delegar nuestra voluntad en un representante, debemos creer en su capacidad para ejercer la discrecionalidad. Obedece esto al principio de coherencia empática en axiología política.

Hablar de los partidos es hablar de la institucionalidad democrática pero además éstos deben estar en capacidad de producir líderes, funcionarios y políticas públicas. Es decir, visión de país, burocracia estatal (en el sentido funcional) y directrices claras para garantizar la dinámica armónica en el sentido económico: paz y progreso.

La crisis actual de partidos, por su obsolescencia o su ausencia, es un problema sistémico que debe abordarse con urgencia porque trae consigo la crisis de políticas públicas, de funcionarios y de liderazgo; lo que bien puede ser paleado por los poderes fácticos mientras el sistema arroje, así sea por aborto, cabezas funcionales al mando y consensos con los poderes de hecho. Pero siempre queda a merced de la elección, y de la fortuna, si cada 5 años estaremos a punto de infarto por la amenaza de un outsider que pueda cambiarlo todo o destruirlo todo. El pacto de renovación o se hace con los poderes fácticos o es una tarea inútil. Esto va más allá de los hoy llamados partidos.

El reto es asumir esta tarea de forma responsable. No caer en cambiar caras sin cambiar mentes o poniendo títeres, con una renovación partidaria que se parezca más a una colocación milagrosa de maquillaje que a una tez saludable. Si cayésemos en los trucos de cámara, veremos a Sísifo estirando la espalda para empezar otra vez a subir la montaña porque los dioses seguirán ofendidos.

 

Cohabitación en gobierno por @nancyarellano

 

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En estos días de preparar el terreno para la transición de gobierno hemos visto desfilar temas y opiniones por doquier. El papel de la opinión pública y de los actores políticos es de suma importancia para la tarea efectiva de la transición hacia un quinquenio productivo que llene las expectativas de la ciudadanía de cara a consolidar el sistema de democracia de libre mercado.

La discusión mundial sobre las falencias del libre mercado han sido, y siguen siendo, tema de afrenta; vemos cómo en Estados Unidos y España dos opciones con similitudes y diferencias, han puesto de manifiesto las inconformidades con el status quo; así, desde Bernie Sanders hasta Pablo Iglesias.  Ciertamente el modelo de libre mercado debe superar los escollos creados por él mismo; y en este punto quiero ser enfática, creados por él mismo.

Ningún sistema político económico ha creado mejores estándares de vida que la democracia de libre mercado y ningún sistema ha establecido tantos correctivos como la propia democracia de libre mercado; ningún otro sistema ha admitido su perfectibilidad como éste. Desde los años 50 hasta nuestros días las conquistas de derechos laborales, ambientales, sociales y económicos ha tensado la relación de los poderes y ha resuelto, con algunos fallos y retos, la ansiada movilidad social.

El Perú acaba de pasar una elección. Algunos señalan que el 80% del país es «de derecha». Particularmente no coincido con las cifras por razones varias, empezando porque el fujimorismo electoral no puede interpretarse a rajatabla como una opción de derecha y las propuestas electorales de PPK tampoco. Una cosa es la índole programática del partido, cuando éste lo posee, y otra la comunicación electoral, y aún más la práctica de gobierno. El discurso de derecha no ganó la elección, el discurso contra-izquierda lo hizo en la primera vuelta y el anti-fujimorismo en la segunda, por poco.  Pero tampoco podemos decir que había discursos propios de la derecha o de la izquierda.

¿A qué quiero llegar con esto? Lo que ocurre a nivel cuantitativo en democracia, no siempre refleja el nivel cualitativo. Así, las demandas comunes que se imponen en los sondeos de opinión hablan de una importante expectativa de intervención estatal, muy lejos de la tradicional derecha «minimalista». ¿Hablamos entonces de una derecha a la peruana? Si el caso es que el concepto de derecha se ha peruanizado y responde en realidad a una centro derecha sui géneris, en términos de garantizar la libertad económica y delimitar asuntos privados, entonces los puntos en común de las diversas opciones políticas pueden ser, aún, más. Porque a toda peruanización sui géneris tendría que venir su pendulación, es decir, la izquierda peruanizada. ¿Qué es esa izquierda? Si debo extraer algún indicio de la reciente contienda electoral la izquierda peruanizada se presenta como un collage de tendencias que van desde la izquierda tradicional trasnacional hasta la centro izquierda progresista cosmopolita; la que, por cierto, reclama las mismas cosas cotidianas. En cada tendencia están los «inventores» es decir aquéllos que quieren crear un Estado diferente, reinventar el agua tibia y ofrecer opciones de reformulación del todo para que haya «algo diferente». Pero no repararemos en ello.

En la segunda vuelta tenemos más de 1 millón de votos que no fueron adjudicados por inconsistencias (nulos) y más de 4,5 millones que no votó. Básicamente el sistema se definió con el 74,9 % de la población, por lo cual hablamos de una tibia diferencia de 37,5% en cada bando. Y me atrevo a decir que el sistema también se definió en el legislativo con mayoría fujimorista con más de 4 millones de votos.  Es decir, cuantitativa y electoralmente no es proporcional a la realidad hablar de mayorías.

¿Qué impone este escenario? La cohabitación. El entramado político (política como escenario y proceso) impone, bajo la lógica de la política como resultado, zanjar convergencias en función de la legitimación del sistema, la gobernabilidad y la gobernanza. Más allá de las buenas intenciones y discursos, en la generación de leyes y, sobre todo, la simplificación de normas y procesos en función de la Política Nacional de Modernización de la Gestión Pública; en términos de satisfacción de demandas y generación de indicadores de efectividad.  #LaConversaciónInicia.

 

¿Superarnos o atrasarnos? La urgencia de desarrollar un Plan de CityMarketing y Country Branding en el Perú

 

por @nancyarellano[1]

 

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En el artículo anterior hablé de «la necesidad de la retoma de la dinámica política en la sociedad actual, comprendiendo cómo llevan las «nuevas» generaciones la interrelación de poder, cómo comprenden la comunicación política y cómo participan de estructuras mutables y neuronales, en redes yuxtapuestas e hipercomplejas».

Y retomo el anterior señalamiento de cara al próximo quinquenio porque el Perú requiere de potenciar su Country Brand (Marca País) y el CityMarketing (Marca Ciudad) en un programa coordinado que permita posicionar adecuadamente nuestras características únicas como país y las de nuestras principales ciudades en aras de dinamizar nuestra economía, mejorar nuestra calidad de vida y capitalizar un «sentimiento» de pertenencia y orgullo, un «lazo emocional» que configure la ciudadanía de cara al Bicentenario y a los retos de los mercados trasnacionales en estos tiempos. Y esto, insisto, debe hacerse de la mano con la ciudadanía, no es un proceso prescriptivo, sino descriptivo.

Pero ¿Qué es eso de CityMarketing y de Country Branding? ¿Por qué es importante?  Primero que nada debemos señalar que dentro del Politingâ hablamos de la diferenciación de la política como estructura (el país, la ciudad y sus instituciones formales e informales), la política como proceso (leyes, normas y actores: dinámica social e interrelación y retroalimentación) y la política como resultado (políticas públicas); y es menester, además, reparar en la comprensión del juego de factores conjugados en la gobernanza multinivel.  Carlos Salazar Vargas señala «así como el Politingâ incluye todas aquellas actividades que se llevan a cabo para buscar conquistar y mantener el poder, el CityMarketing incluye aquellas que se llevan a cabo en una ciudad y cuyas autoridades/actores/y demás ciudadanos están decididos a apoyar y soportar el desarrollo del bienestar social y económico de ella con el fin de que permanezca competitiva y jerárquicamente importante comparada con otras»  Se trata de la competencia en un mundo globalizado; donde la ciudad, como hecho socio-económico, y el país, se disputan un mercado de bienes, servicios y ciudadanos para configurar un determinado perfil cultural y atractivo que lo distinga y revalore.

Desarrollar un Plan de CityMarketing no sólo es importante sino urgente; así como detallar el perfil de la Marca Perú y sus metas socioeconómicas a corto, mediano y largo plazo pasa por armonizar las políticas como estructura, proceso y resultado en consonancia con las estrategias de CityMarketing.  Sólo en una directriz clara y responsable de auténtica comunicación política intergubernamental, intragubernamental y interinstitucional lograremos perfilar políticas públicas exitosas, comprendiendo que las tres patas de este trípode son gobierno, sector empresarial y ciudadanos.

Para ello es imperativo que se establezca un Plan Nacional de Country Branding que vaya más allá del «mercadeo del país», en términos publicitarios, y comprenda la necesidad de posicionamiento competitivo en indicadores complejos de gobernanza que van desde el sistema de valores, estándares medioambientales, tolerancia, calidad de vida, salud y educación, estándar de vida, seguridad, deseos de vivir o estudiar en el país, ambiente para negocios, avance tecnológico, infraestructura, turismo arqueológico e histórico, herencia, cultura y arte, bellezas naturales, turismo y amenidades, productos «made in», productos de alta gama, denominaciones de origen controlado, y «deseabilidad» de sus productos…. Y esto no lo digo yo, sino el Country Brand Index y el propio concepto de gobernanza.

Al menos en las principales ciudades del Perú, hay que armonizar los planes de CityMarketing, en el caso de que se hayan perfilado, en función de la marca Perú y la prospectiva que involucra.

El plan de Politingâ ad intra/ad extra de gobiernos debe partir de una diagnóstico de sectores clave, de planes de responsabilidad social coordinados con las metas de «ciudadanización de las empresas», al dar el salto de actuar no como formas jurídicas que realizan «obra social» sino como ciudadanos corporativos responsables con su entorno y que comprenden el impacto que tienen en su localidad, y los ciudadanos de a pie que comprenden que son parte del alma de la ciudad desde cada uno de sus puestos de empleo y emprendimiento.  Todos en conjunto forman el corpus que da vida a la ciudad, al país, y bien puede ser una escena caótica y desordenada que espante la inversión extranjera, al turismo, la migración calificada y eternice los problemas sociales como delincuencia e informalidad; o puede iniciar la transformación desde municipios y entidades piloto para volcar el modelo socio-económico en uno altamente competitivo que nos haga saltar del puesto 49 al 30, en el «Country Brand Index» de FutureBrandâ. O simplemente en la realidad palpable de los ciudadanos, en los indicadores de gestión estatal, la armonía del sistema o erigirse como modelo de democracia cualitativa.

Ya el Perú logró una transformación importante en la primera década el siglo XXI, es hora de dar el siguiente paso antes de que se pierda el impulso que lo ha colocado en donde está. El reto es ahora.

 

 Si desea conocer algo más de marca país le invito a ver el video de Future Brand: https://www.youtube.com/watch?v=mQZPfIqMvlY

 

[1] Analista Político y Consultor en Politingâ y Estrategias de Mercados. Es Magister en Gobierno y Gestión Pública para América Latina de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (España); Especialista en Finanzas Internacionales y Licenciado en Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana de Caracas (Venezuela).

MEDIOCRACIA, socializando a los partidos por @nancyarellano

Más del 98% de los jóvenes no creen en la política partidaria, como señala el estudio de IPSOS Perú en noviembre de 2015, el desencanto es visible por doquier y sepulta a los partidos políticos tradicionales, tal y como quedó demostrado en las elecciones presidenciales. Apenas un 1,2% tiene interés en el sistema de partidos. Estas cifras son alarmantes porque ponen de manifiesto debilidades estructurales y la imposibilidad del recambio virtuoso dentro del sistema, nada más peligroso.

En este sentido, pasadas las elecciones, corresponde a los partidos políticos repensar la forma en la que se acercan a los jóvenes y cómo lograr hacer de la política un medio viable para el ordenamiento del poimgres-1.jpgder y para la labor necesaria que armonice las demandas sociales de forma pacífica y efectiva con las estructuras del Estado.

Las «nuevas generaciones», no tan nuevas ya, son más del 42% de la población electoral y serán más de la mitad para los próximos comicios; ya no es importante conectar con los jóvenes: es urgente.

En mi artículo anterior, señalé cuál podría entenderse como el espectro político actual en el Perú, y de ahí puede entenderse que hay un electorado que votó por las diferentes opciones y una gran parte que se dividió, electoralmente, entre la candidatura de derecha: popular y liberal; no obstante también sabemos que hay un efecto «anti» que ha marcado «el aspa» y que realmente no se «pone la camiseta» con la opción votada.

La desconexión de las agrupaciones políticas con las juventudes y los adultos jóvenes se hace patente en la cultura política y el compromiso ciudadano, en las militancias paupérrimas de las agrupaciones, en la percepción que se tiene de las instituciones políticas, la cantidad mínima de caras frescas en los liderazgos político-partidarios y en el descontento general con los cambios y dinamismo del sistema.  Pero también hay efervescencia, hay disparadores que vimos en la campaña: Julio Guzmán, Alfredo Barnechea y Verónika Mendoza. Sin desmerecer lo que Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski han hecho, ambas son candidaturas repetidas, por lo cual el fenómeno que nos ocupa queda en las nuevas caras que aglutinaron jóvenes alrededor: Juliobelievers, Barnechéveres y Verolovers.

Llama la atención que las tres candidaturas pueden, de una u otra forma, aglutinarse en la centro-izquierda liberal, centro-izquierda progresista e izquierda extendida (por no caer en determinar la amplitud de Frente Amplio). En todo caso hablamos de una noción ética de la política, sustentada en un «deber» del Estado en función de reivindicaciones sociales y una tesis tolerante, inclusiva, de ancha base y crítica al sistema imperante; al menos eso vendieron.  Quiero señalar que creo que hay imprecisiones electorales que permitieron capitalizar estos «afectos» y que dudo que, a la hora de cristalizar una ideología partidaria, los tres liderazgos puedan mantener las cuotas de mercado electoral como mercado político. Sin embargo, lo cierto es que despertaron un «acto de fe» que se pensaba olvidado y que crea un caldo de cultivo, por demás interesante, para los próximos dos años, en términos políticos y, obviamente, electorales. Hay que resignificar lo que es derecha, centro e izquierda en el siglo XXI.

La labor es para todos. PPK desde su partido y desde el poder ejecutivo, Keiko desde Fuerza Popular y desde el poder legislativo, Verónika y Barnechea con sus bancadas y agrupaciones y Julio desde su partido «brand new». Así mismo de un APRA que tiene un Congreso Nacional en puertas y un PPC que debe también hacer lo pertinente. Toda la clase política debe convocar a lo que yo llamo la socialización partidaria, la retoma de la dinámica política en la sociedad actual, comprendiendo cómo llevan las «nuevas» generaciones interrelación de poder, cómo comprenden la comunicación política y cómo participan de estructuras mutables y neuronales, en redes yuxtapuestas e hipercomplejas. No es fácil, no es simple pero tampoco es lento, ni imposible. El mismo estudio señaló que hay un 60% con interés en la política.  Insisto, las herramientas están allí y los métodos ya están estudiados.

Estamos en una mediocracia señores, no lo olviden; ya no son 15 minutos de fama, son 15 segundos de meme, pero son.

 

@nancyarellano

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