Menexeno de Platón

“Digo que a nuestro juicio, lo bello es lo útil”

Platón en el Hipías Mayor (295c)

Ubicación Cronológica del Texto:

Menéxeno es una de las obras más breves de Platón, se ubica en el período de juventud, cronológicamente en el año 386 aC. [1], y, pese a su corta extensión, representa uno de los escritos con mayores dificultades de interpretación.

La División del Texto:

Si bien el Menéxeno representa un texto de compleja interpretación su estructura es muy clara; se divide en dos partes (Prefacio y postfacio), las cuales enmarcan respectivamente –al principio y al final- al Discurso fúnebre.

El prefacio introduce al texto, y responde a la primera parte dialogada entre los dos –y únicos personajes- que interactúan: Sócrates y Menéxeno. En este Sócrates es informado por Menéxeno de que se está solicitando quién haga la Oración Fúnebre de la ciudad, y ante su comentario, Sócrates responde con una abierta burla hacia este tipo de discursos. “No te pierdes ninguna ocasión, Sócrates, para reírte de los oradores” (235b)

En el medio encontramos como tal “El discurso fúnebre” -elaborado siguiendo minuciosamente los parámetros clásicos[2]– el cual, dudoso por las burlas que puede suscitar, pronuncia Sócrates -habiéndolo aprendido de “su maestra de retórica” Aspasia de Mileto –dice Sócrates: “A ella[3], en efecto, me refiero y Connos[4], hijo de Metrobio: esos son mis dos maestros, el uno de música, y el otro de elocuencia” (236c)-.

Respecto al postfacio, que prosigue al discurso fúnebre, retoma el diálogo entre Menéxeno y Sócrates, y deja bien en claro lo que siente Sócrates por este tipo de discursos –vergüenza, claro está- al pedirle a Menéxeno: “Pero procura no denunciarme, si quieres que te refiera aún otros muchos discursos bellos sobre política, pronunciados por ella” (249e)

El Texto:

Se ha aludido –en variados casos- a una burla (como se ha vaticinado desde el comienzo) de los discursos fúnebres, que, en manos de Sócrates, se hace evidente en los juicios irónicos del Prefacio:

¡Por mi vida, Menéxeno! Parece que hay muchas ventajas en morir en la guerra. Uno consigue una bella y magnífica sepultura, aun cuando uno haya acabado sus días en la pobreza; y, además, aunque uno carezca de valor, se os hacen elogios a cargo de doctos personajes, que hacen sus alabanzas no al azar, sino en discursos preparados con un largo trabajo (…) cuando, a propósito de cada uno, las cualidades que les pertenecen y las que le son extrañas, con el ornato de un lenguaje maravilloso, ellos embrujan nuestras almas. Celebran la ciudad de todas formas; los muertos de las guerra, todos los antepasados que nos han precedido e incluso nosotros que estamos en vida, somos glorificados por ellos (…) falta muy poco para que yo crea vivir en la isla de los Bienaventurados; ¡Así son de hábiles nuestros oradores! ” (235b)

Además, la presencia de constantes anacronismos históricos[5] en el discurso que, habiendo aprendido de Aspasia, pronuncia ante Menéxeno porque “están solos[6]” (236c) nos da a entender que está repitiendo una perorata que no repara entre verdades y mentiras (sabemos que Sócrates era un seguidor de la Verdad, así como que Platón no ignoraba la histórica de su tiempo, por tanto es una mofa a las exageraciones adulonas del discurso de este tipo).

Detrás de la anterior también se podría hablar del por qué de esta crítica (en este punto resulta más interesante el análisis). Pero antes que nada vale hacer referencia a lo que dice Grube (: 16) “Platón fue tan dramaturgo como filósofo, y, aun como filósofo, jamás redujo su pensamiento a un sistema desarrollado de forma ordenada” entonces cabe detenerse en la interrelación de sus diálogos, nos encontramos ante un sistema en el cual los puntos desarrollados individualmente se complementan. Volviendo a Grube (:10), podemos justificar el encadenamiento, pues “La mente de Platón es más bien sintética que analítica. Jamás se ocupa de temas por separado. Esta es la razón de que los comentaristas consideren imposible explicar su estética, por ejemplo, sin explicar e la vez el reto de su filosofía”. Ahora bien, ¿Cuál es la relación más directa?

Habría que hacer referencia al Gorgias, debido a la fuerte crítica que se hace sobre la retórica[7] y el hecho de que esta no es una verdadera y propia techné, entendida como arte de la educación, porque no tiene como fin un bien humano” (Napolitano, 2004:2) y la evidente relación con la crítica del género fúnebre- por su carencia de fin humano y porque no hace más que persuadir al público de las maravillas de los muertos y su ciudad[8].

Sobre éstos – los caídos- se dirá “las cualidades que les pertenecen y las que le son extrañas, con el ornato de un lenguaje maravilloso, ellos embrujan nuestras alma(234d) en este punto, Sócrates, aún si entrar de lleno en el discurso, sino a penas dando su opinión sobre el discurso fúnebre, ya ha previsto qué habremos de escuchar, qué puede esperarse de un discurso carente de veracidad –sabemos que el “pronunciado por Aspasia” no posee verosimilitud con la historia- y que se dedica “embrujante” a alabar con excelsas palabras a la ciudad y los ciudadanos(235b) como lo hacen todos los de esta clase… se puede rememorar a Sócrates cuando hace admitir a Polo que “el fin de la retórica es el placer” (Gorg: 462c) y que, por tanto, “no es más que una forma de adulación” (Grube: 318). Así pues es coherente aseverar que, como también afirma Cappelletti (p.50) “La crítica contra la oratoria fúnebre del prefacio de Menéxeno se vincula con la crítica de la retórica en general que encontramos en el Gorgias. (…)” Porque en ambos se habla de un discurso desprovisto de conocimiento, que hace oír a los escuchas lo que ellos –lo que sabemos- quieren oír, y por tanto sólo aduce al goce y deleite pueril.

Incluso podemos referirnos al propio diálogo con el sentimiento que, el bello[9] discurso, despierta en la audiencia y el “poder de la palabra” como persuasión; como encantamiento que conduce a la vana alabanza –zalamería incluso- que hace que los acompañantes de Sócrates –extranjeros- sientan por él mayor admiración que antes: “ellos experimentan respecto a mí estos mismos sentimientos que sienten para con la ciudad ante la palabra persuasiva; ellos me juzgan más admirable que anteriormente” (235b)

Además, causa curiosidad que Sócrates aclare que de pronunciar un discurso de este tipo, probablemente no sacaría nada de su propio fondo o haber (236c) Lo cual se confronta directamente con los principios Socráticos que buscan la Verdad en el fondo del ser, y el trabajo de Sócrates como “partera” o “comadrona[10]” del real conocimiento; el cual es producto del innatismo que sabemos que Sócrates apoyaba. Y, se entiende que, estableciendo un paralelismo directo con el Gorgias, este tipo de discursos son “por el contrario, una forma de adulación y de seducción. Al no tener un proyecto, ella se fundamenta sólo en la experiencia” (Napolitano: 2).

Sócrates continúa en el prefacio, “difamando con una sutileza admirable” a la oración fúnebre, cuando admite que “la misma improvisación, en una materia como ésta, no tiene nada de difícil” (235b) sobre todo cuando lo que se persigue es una alabanza y retahíla de “encomios” a la ciudad y al pueblo al cual, además, se pertenece; no hay allí ninguna búsqueda de auténtico conocimiento, ni se presenta ninguna dificultad dada la materia a trabajar. Por el contrario “Si se tratara de alabar a los atenienses ante gentes del Peloponeso o a los peloponesios antes gentes de Atenas, se precisaría un buen orador para persuadir al auditorio y obtener renombre” (235b)

Ahora bien, ya sabemos la conexión existente entre Menéxeno y Gorgias: la retórica o más bien la crítica a ésta, pero ¿Se limita a la crítica a la retórica únicamente? De ser así: ¿No bastarían las argumentaciones –muy específicas y bien desarrolladas- del Gorgias? ¿Por qué poner este discurso en manos de Aspasia? Y ¿Por qué se habla de la oración fúnebre? Para responder a estos cuestionamientos debemos basarnos en el análisis hecho por A. Cappelletti quien nos dice: la cuestión de la retórica constituye el punto de partida para la dilucidación del problema más importante: de qué manera es preciso vivir o quién es feliz y quién no lo es” (Cappelletti: 50) Así pues, en la ejemplificación de Menéxeno, la crítica de que “cabe enseñarles –al pueblo- que algo es verdad y cabe hacer que lo crean, sin darles ningún conocimiento acerca del tema en cuestión (…)” (Grube: 317) está latente. Se trata de demostrar que “las bellas palabras”, las gustosas para quien las oye, las que embrujan, no están –per se– en capacidad de transmitir –siempre- verdades, ni de enseñarnos el camino, son vulgares “charlatanerías”; y –si nos limitamos a esto- recaemos en la retórica y su evidente perjuicio; así pues, hay que trascender a este marco y detenerse a pensar que talvez –como argumenta Cappelletti (p. 50)

(…)en el Menéxeno, la crítica de los oradores fúnebres y del público que los escucha y aplaude es también una crítica más profunda e importante, a saber, la dirigida contra la Atenas democrática, contra sus instituciones, sus costumbres y su espíritu(…)

Recordemos otras palabras pronunciadas por Sócrates “¿No es acaso esencial a un discurso bueno y bien hecho que el que habla conozca la verdad acerca de las cosas que pretende tratar?” (En Fedro: 259e) y, ahora preguntamos: ¿es decir la verdad limitarse a dar una versión de los hechos, de las cualidades de las personas y de la ciudad, exageradamente magnificados y sin un análisis de aspectos negativos? ¿Es acaso “conocer las cosas de las que se pretende hablar” mostrar, ante la audiencia, a una Atenas invicta y esplendorosa sin reparar en sus vicios y errores políticos?

Nos encontramos entonces con la situación descrita en el Gorgias donde “Cuando un orador no distingue el bien del mal intenta persuadir a una ciudad tan ignorante como él (…) ensalzando el mal como si fuera el bien” (en Gorgias: 260b)

En el caso de aceptar el punto de vista de Cappelletti sobre una crítica a la democracia, el personaje de Aspasia[11] tiene una significación de suma importancia, pues pasa de ser un simple personaje referencial a ser una metáfora:

(…) en ella encarna, al parecer, Platón la democracia, casi como si dijera que Pericles ama y es amado por la democracia ateniense, bella y brillante, pero sin duda anómala y patológicamente apartada de la tradición, que pone el gobierno en manos de los “aristoi y a la mujer en el seno del geniceo(…) (Cappelleti, 197?: 51)

La “ciudad” puede ser, y es, el “alma”, la “ciudad interior”, como dice Poratti, la política se vive y se hace al formar parte de la ciudad, al ser ciudadanos; y, pronunciar discursos bellos que pueden cegar a sus oyentes, haciéndolos pensar que su ciudad es perfecta, es un acto carente de justicia, carente de realidad; es un acto indigno para con la ciudad, es una burla de y para la ciudadanía. ¿Cómo construir una ciudad digna desde las falsas palabras? “la mentira es la base de la adulación; la adulación envuelta en las galas del verbo retórico es la base de su éxito –el de los oradores – ante el pueblo” (Cappelletti: 49) Es una crítica inequívoca hacia quien los pronuncia y quien los oye, pues este falso encomio de virtudes se extiende de los muertos a los vivos, y de los vivos al Estado: Es en efecto el régimen político el que forma los hombres: hombres valientes si el régimen es bueno; hombres malos si es lo contrario” (237d) así pues, podemos decir que éste es el régimen “maravilloso”, porque fue el que formó a estos hombres “virtuosos” caídos en batalla; por tanto se extiende del virtuoso régimen al virtuoso individuo. Mas, ¿qué pasa cuando la virtuosidad de los hombres es falsa?, acaso ¿no debemos concluir –por las palabras de Sócrates- que el régimen virtuoso es inexistente o falso?

Más claro aún se hace este punto de crítica cuando nos detenemos a pensar sobre el origen de Platón, hijo de Aristón –pariente de Codro, último rey de Atenas- y de Aristipa –emparentada con Solón, reformador de las leyes atenienses-. En todo caso, se podría decir que está vivo –y latente- el sentimiento del noble postergado por la plebe -ignorante y corrupta- que ha desdeñado los derechos de los descendientes de los “héroes” que sacrificaron su vida por Atenas, como argumenta Cappelletti.

“Odi et amo” dice Cappelletti (:52) citando a Friedlander, debe ser la clave para entender Menéxeno, pues hay tensiones presentes que se conjugan al mismo tiempo en alabanza y crítica, juez y amante de Atenas.

Y llega al punto álgido –en términos comunes- cuando se dedica a hablar del sistema de gobierno (237d/238e), primeramente invalida el término de democracia cuando dice: “Es importante demostrar que nuestros antepasados[12] fueron educados bajo un buen gobierno” (sabemos que no ha sido siempre la democracia), prosigue luego “a él es a quien han debido su virtud, como los hombres de hoy en día, de los que forman parte los muertos que tenemos aquí presentes” ¿A qué gobierno: los treinta tiranos, la aristocracia… cuál? “Existía, en efecto, entonces el mismo régimen de nuestros días, el gobierno de la selección que actualmente nos gobierna, y que siempre, desde época lejana, se ha mantenido en la mayor parte del tiempo” Aquí se muestra claro que no habla de la democracia, que pone de manifiesto la deuda contraída por Atenas con la Aristocracia, mucho más cuando habla del “gobierno de la selección” (recordemos que aristocracia es “el gobierno de los mejores”); y más enfática es la invalidación cuando añade: “Unos lo llaman democracia, otros con cualquier otro nombre que les agrade; pero se trata en realidad del gobierno de los selectos con la aprobación de la muchedumbre[13](…)” sería algo como que la democracia es simplemente una aristocracia populista, en la cual, los aristócratas viendo despreciado su valor ancestral, recurren a medios de conquista de las masas (en este caso la retórica es un arma hábil para tal fin); luego continúa:

pero el poder de la ciudad pertenece en su gran mayoría a la multitud; las magistraturas y la autoridad son confiadas por ella a los que en cada momento se han mostrado mejores(…) no hay más que una norma: el hombre considerado capaz y honrado posee la autoridad y las magistraturas; y lo que motiva la existencia entre nosotros de este régimen político es la igualdad de nacimiento (238e)

Y en este momento cabe preguntarse ¿El hombre capaz y honrado? ¿O el que mejor haga creer que es honrado y capaz?… Vale volver al diálogo y recordar lo que dice: “la belleza y el vigor físico puestos en un cobarde y en un malo producen el efecto no de un adorno adecuado, sino de una inconveniencia(…) (246a) ¿No nos estará hablando de la belleza de la democracia, de su igualitarismo y de su propugnación de justicia y equidad, donde, en realidad, se falsean en “discursos bellos” los hechos, donde se manipula al pueblo a conveniencia de los dirigentes haciéndoles creer que son soberanos, cuando son sólo borregos que caminan embelezados por sus dirigentes? ¿No será que nos quiere decir que la fortaleza y belleza de la democracia, en manos de corruptos y manipuladores, es un inconveniente para Atenas? Y podría respondernos el mismo Platón, cuando Sócrates dice: “en fin toda ciencia separada de la justicia y de las demás virtudes, parece una pillería, no una sabiduría[14] (246a) Así pues, todo acto injusto y desvirtuado –como el discurso vano, como la retórica de los aristócratas “demócratas”, como la democracia “autocrática” de Pericles- es una trastada a la sociedad.

Porque si evaluamos la situación histórica de Grecia nos podemos preguntar: ¿Es cierta esa igualdad? Primeramente porque es sabido que, a pesar del espíritu demócrata, los hijos de atenienses con extranjeros no podían ser ciudadanos –de ejemplo, curioso por cierto dado el origen del discurso, el hijo de Pericles con Aspasia-; las mujeres no tenían ninguna intervención política –la misma Aspasia fue víctima de ello, pese a sus aspiraciones, lo único que logra es –y mal vista- opinar en la voz de Pericles. Dice Montanelli (:131) “Progresista en el Parlamento, los atenienses eran conservadores en la familia” (se pregunta si la familia no vive de lo social, por ende de lo político) “y no quedaron edificados por el ejemplo de aquel autokrator (y hay que reparar en este adjetivo para con Pericles) que trataba a la concubina de igual a igual, le besaba la mano y la hacía partícipe de su vida y de sus preocupaciones” de esta manera vemos cómo, nuevamente, una cosa era la teoría y otra la práctica, y cómo el discurso de Sócrates es una chanza a la democracia, es más, queda evidenciado hasta el por qué se elige a Aspasia[15] como creadora de éste.

Platón siempre ha sido un enemigo de la democracia ateniense, ejercita su ironía (como dice Popper, citado pro Cappelletti) cuando refiere a la democracia como el gobierno de los mejores y hace referencia al igualitarismo político como norma de la naturaleza, pero que, a pesar de todo esto, Platón sintió debilidad por el régimen, y debió luchar consigo mismo para no olvidar que era un adverso al sistema.

Así pues, podemos concluir, admitiendo la influencia de la crítica de Cappelletti, que Menéxeno constituye una sátira de los oradores y del público, evidentemente entra aquí la crítica a la retórica; así mismo al uso de ésta dado por los políticos, donde entraría Pericles –como alumno de esta “mediocre” maestra- y sus partidarios; explayándose luego al ataque directo de la democracia, de sus hijos -falsamente virtuosos[16] y falsamente encomiables (vivos o muertos, si el punto de valoración de sus virtudes es el sistema de gobierno en el que nacieron) y sus instituciones -falsamente buenas, falsamente perfectas y falsamente populares.

Y para finalizar valdría hacer referencia al epígrafe de este ensayo –tomado del Hipías Mayor “Digo que a nuestro juicio, lo bello es lo útil” (295c) y hacernos dos preguntas finales: ¿Es útil el discurso pueril, llámese éste fúnebre, llámese político, llámese encomio? Y ¿Podrán ser bellos los discursos inútiles, simples adornos –innecesarios además para el encuentro del bien de la ciudad?


Lista de Referencias

Cappelletti, A. (197?) Sobre Tres Diálogos Menores de Platón. Caracas:

Equinoccio.

Ferrater-Mora, J. (1994) Diccionario de Filosofía (Edición Actualizada por la

Cátedra Ferrater Mora)(Vols.1-4).Barcelona: Ariel Referencia.

Grube. G. (1984) El Pensamiento de Platón. (Trad. T. Calvo) (2da. ed.)Madrid:

Gredos.(Original en inglés, 1970)

Montanelli, I. (1998) Historia de los Griegos. (Trad. Domingo Pruna) Barcelona:

Plaza Janés.( Original en italiano, 1959)

Napolitano, A. (2004) Gorgias o de la Retórica (Comentario integral del texto).

manuscrito no publicado, Escuela de Estudios Liberales, Universidad

Metropolitana, Caracas.

Platón. (1990)Obras Completas. (2da. ed.)Madrid: Aguilar.

Poratti, A. (s/f) Teoría política y práctica en Platón II, [en línea]. Argentina:

Universidad Nacional de Rosario-CONICET. Disponible en:

http://www.galeon.com/filoesp/Akademos/colabora/arp_pol2.htm

[consulta: 2004, Febrero 9]


[1] Al respecto Constantin Ritter (citado por Grube: 16) asevera que Menéxeno se ubica en el Primer período, junto con: Hipias Menor, Laques, Protágoras, Cármides, Eutifrón, Apología de Sócrates, Critón, Gorgias, Menón, Eutidemo, Crátilo, Lisis, Banquete y Fedón.

[2] Consta de: El Exordio (que justifica el discurso y pone de manifiesto el plan a seguir en la alabanza a los muertos); El Elogio (que sigue el “orden natural”, la buena cuna primero, luego su educación y finalmente sus hazañas); y Los Consejos (Exhortación a las buenas acciones y Consolación a los padres e hijos del difunto). ( Véase el Preámbulo a Menéxeno: 416)

[3] A Aspasia quien era una mujer extranjera, que tras ser amante de Sócrates, se convirtió en la concubina de Pericles.

[4] Connos: citarista ateniense.

[5] Como la “la magnífica victoria ateniense, contra medio millón de soldados mandados por el Gran Rey” cuando fueron doscientos mil en realidad; o que en Maratón los atenienses ganaron “sin ayuda” cuando se sabe que un ejército de mil soldados fue enviado por Platea, por citar algún ejemplo. Pero es claro que simplemente Platón se burla de la jerga patriótica de Atenas. De este modo, podríamos decir que los “errores” en fechas y hazañas de la historia de Atenas que sabemos que sólo un ignorante cometería, estos se convierten en burdos errores, sin embargo muy sutiles, que demuestran el carácter persuasivo y zalamero del “encomio” fúnebre.

[6] lo que lleva a deducir que lo considera una acto vergonzoso, como si le pidiese que se quitase el manto y se dispusiera a danzar (236c).

[7] Dice Grube (:316 -317) “la retórica –la ciencia de la palabra hablada, está- para Platón más estrechamente vinculada con la poesía y la literatura en general (…) De ahí que (…) en el Gorgias se pase de la condena de la retórica a la condena de la poesía, sin que conscientemente se opere ningún cambio en la temática”. Y cabe perfectamente hacer la misma crítica al Menéxeno.

[8] Respecto a la Retórica y al retórico: “Es evidente que tanto el que aprende como el que tiene una creencia están persuadidos. Sin embargo, la diferencia es obvia: la que depara la ciencia (episteme) proporciona un saber y no puede ser falsa, mientras que la que depara la retórica es mera artesanía de la persuasión”. (Napolitano:1)

[9] Se hace la salvedad de que el término bello no está siendo usado, bajo ningún concepto, en el sentido que Platón desarrollaría más tarde en el Banquete respecto a “lo bello” y “lo bueno” o a la kalokagatía.

[10] Recordemos la máxima Socrática: “Atenas es un caballo dormido y yo soy el moscardón que intenta despertarla y mantenerla viva”.

[11] Ya sabemos que ella era la amante y maestra de Pericles, a la cual conoce porque ella era “amante de Sócrates, quien, poco apegado a las mujeres, se la cedió con gusto y siguió siendo su amigo” (Montanelli: 131). Pero además de esto Sócrates (en Menéxeno) dice: “Yo tengo la suerte de tener como maestro a una de las mujeres más distinguidas en el arte de la oratoria. Entre muchos buenos oradores que ella ha formado, hay incluso uno que es el primero en Grecia, Pericles, hijo de Jantipo” (236c) Sabemos que esta es una burla directa porque “al asociar el nombre de esta al del citarista Connos (236c) nos da a entender que sus dos maestros eran igual de mediocres”(Preámbulo a Menéxeno: 419) Además nos cuenta Montanelli (:130-131) que “era una intelectual que luchaba por la emancipación de la mujer, quería sustraerla del geniceo y hacerla partícipe de la vida pública, en paridad de derechos con el hombre” sin que ello implicase que tuviera una verdadera valoración entre los atenienses, como se aclarará más adelante.

[12]Anteriormente se hacía referencia al buen nacimiento de las gentes de Grecia: “el cual tuvo como primer fundamento el origen de sus antepasados, quienes, en lugar de se unos inmigrados y hacer de sus descendientes unos metecos en el país a que ellos habrían ido a parar desde fuera, eran autóctonos” (237d). Sabemos que éste es un argumento falso, porque las mejores familias atenienses se adjudicaban origen extranjero, de aquí se despliega una de las primeras incongruencias del discurso. A parte de las ya mencionadas.

[13] Pues hasta el mismo Pericles era un aristócrata, pero ligado ideológicamente al partido demócrata. (como cuenta Montanelli: 129)

[14] Igualmente en Critón (246e) dice que nada vale sin la virtud y que toda ciencia es sin ella una habilidad trapacera.

[15] Incluso Menéxeno, ante la admiración causada por las bellas palabras de Sócrates dice: “(…) siento un profundo reconocimiento hacia Aspasia o hacia el que te haya recitado este discurso” (249e) dudando evidentemente que haya sido Aspasia –una mujer- la que creara tan bello discurso. “Por Zeus! Sócrates, Aspasia es muy dichosa, según dices, si ella, una simple mujer, puede componer discursos como éste” (249e)

[16] Para ilustrar esto basta con las palabras de Sócrates: “nada es más vergonzoso que adornarse con un honor que no se debe a sus propios méritos, sino a la fama de sus antepasados” (247b)por tanto no cabe que alabemos al pueblo ateniense por las acciones pasadas sino por las presentes, por el ahora… –quizá un ahora poco loable si nos acordamos del famoso “mito de las edades” donde el hombre actual está en el detrimento de un pasado glorioso-.Pero ¿No sería más sensato encaminar al hombre en una búsqueda de la superación misma; en lugar de hacerlo mediocremente conforme cegándolo con la idea de ser un ser cuasi-divino, haciéndolo creer que “está en la Isla de los Bienaventurados”?

Menexeno de Platón

“Digo que a nuestro juicio, lo bello es lo útil”

Platón en el Hipías Mayor (295c)

Ubicación Cronológica del Texto:

Menéxeno es una de las obras más breves de Platón, se ubica en el período de juventud, cronológicamente en el año 386 aC. [1], y, pese a su corta extensión, representa uno de los escritos con mayores dificultades de interpretación.

La División del Texto:

Si bien el Menéxeno representa un texto de compleja interpretación su estructura es muy clara; se divide en dos partes (Prefacio y postfacio), las cuales enmarcan respectivamente –al principio y al final- al Discurso fúnebre.

El prefacio introduce al texto, y responde a la primera parte dialogada entre los dos –y únicos personajes- que interactúan: Sócrates y Menéxeno. En este Sócrates es informado por Menéxeno de que se está solicitando quién haga la Oración Fúnebre de la ciudad, y ante su comentario, Sócrates responde con una abierta burla hacia este tipo de discursos. “No te pierdes ninguna ocasión, Sócrates, para reírte de los oradores” (235b)

En el medio encontramos como tal “El discurso fúnebre” -elaborado siguiendo minuciosamente los parámetros clásicos[2]– el cual, dudoso por las burlas que puede suscitar, pronuncia Sócrates -habiéndolo aprendido de “su maestra de retórica” Aspasia de Mileto –dice Sócrates: “A ella[3], en efecto, me refiero y Connos[4], hijo de Metrobio: esos son mis dos maestros, el uno de música, y el otro de elocuencia” (236c)-.

Respecto al postfacio, que prosigue al discurso fúnebre, retoma el diálogo entre Menéxeno y Sócrates, y deja bien en claro lo que siente Sócrates por este tipo de discursos –vergüenza, claro está- al pedirle a Menéxeno: “Pero procura no denunciarme, si quieres que te refiera aún otros muchos discursos bellos sobre política, pronunciados por ella” (249e)

El Texto:

Se ha aludido –en variados casos- a una burla (como se ha vaticinado desde el comienzo) de los discursos fúnebres, que, en manos de Sócrates, se hace evidente en los juicios irónicos del Prefacio:

¡Por mi vida, Menéxeno! Parece que hay muchas ventajas en morir en la guerra. Uno consigue una bella y magnífica sepultura, aun cuando uno haya acabado sus días en la pobreza; y, además, aunque uno carezca de valor, se os hacen elogios a cargo de doctos personajes, que hacen sus alabanzas no al azar, sino en discursos preparados con un largo trabajo (…) cuando, a propósito de cada uno, las cualidades que les pertenecen y las que le son extrañas, con el ornato de un lenguaje maravilloso, ellos embrujan nuestras almas. Celebran la ciudad de todas formas; los muertos de las guerra, todos los antepasados que nos han precedido e incluso nosotros que estamos en vida, somos glorificados por ellos (…) falta muy poco para que yo crea vivir en la isla de los Bienaventurados; ¡Así son de hábiles nuestros oradores! ” (235b)

Además, la presencia de constantes anacronismos históricos[5] en el discurso que, habiendo aprendido de Aspasia, pronuncia ante Menéxeno porque “están solos[6]” (236c) nos da a entender que está repitiendo una perorata que no repara entre verdades y mentiras (sabemos que Sócrates era un seguidor de la Verdad, así como que Platón no ignoraba la histórica de su tiempo, por tanto es una mofa a las exageraciones adulonas del discurso de este tipo).

Detrás de la anterior también se podría hablar del por qué de esta crítica (en este punto resulta más interesante el análisis). Pero antes que nada vale hacer referencia a lo que dice Grube (: 16) “Platón fue tan dramaturgo como filósofo, y, aun como filósofo, jamás redujo su pensamiento a un sistema desarrollado de forma ordenada” entonces cabe detenerse en la interrelación de sus diálogos, nos encontramos ante un sistema en el cual los puntos desarrollados individualmente se complementan. Volviendo a Grube (:10), podemos justificar el encadenamiento, pues “La mente de Platón es más bien sintética que analítica. Jamás se ocupa de temas por separado. Esta es la razón de que los comentaristas consideren imposible explicar su estética, por ejemplo, sin explicar e la vez el reto de su filosofía”. Ahora bien, ¿Cuál es la relación más directa?

Habría que hacer referencia al Gorgias, debido a la fuerte crítica que se hace sobre la retórica[7] y el hecho de que esta no es una verdadera y propia techné, entendida como arte de la educación, porque no tiene como fin un bien humano” (Napolitano, 2004:2) y la evidente relación con la crítica del género fúnebre- por su carencia de fin humano y porque no hace más que persuadir al público de las maravillas de los muertos y su ciudad[8].

Sobre éstos – los caídos- se dirá “las cualidades que les pertenecen y las que le son extrañas, con el ornato de un lenguaje maravilloso, ellos embrujan nuestras alma(234d) en este punto, Sócrates, aún si entrar de lleno en el discurso, sino a penas dando su opinión sobre el discurso fúnebre, ya ha previsto qué habremos de escuchar, qué puede esperarse de un discurso carente de veracidad –sabemos que el “pronunciado por Aspasia” no posee verosimilitud con la historia- y que se dedica “embrujante” a alabar con excelsas palabras a la ciudad y los ciudadanos(235b) como lo hacen todos los de esta clase… se puede rememorar a Sócrates cuando hace admitir a Polo que “el fin de la retórica es el placer” (Gorg: 462c) y que, por tanto, “no es más que una forma de adulación” (Grube: 318). Así pues es coherente aseverar que, como también afirma Cappelletti (p.50) “La crítica contra la oratoria fúnebre del prefacio de Menéxeno se vincula con la crítica de la retórica en general que encontramos en el Gorgias. (…)” Porque en ambos se habla de un discurso desprovisto de conocimiento, que hace oír a los escuchas lo que ellos –lo que sabemos- quieren oír, y por tanto sólo aduce al goce y deleite pueril.

Incluso podemos referirnos al propio diálogo con el sentimiento que, el bello[9] discurso, despierta en la audiencia y el “poder de la palabra” como persuasión; como encantamiento que conduce a la vana alabanza –zalamería incluso- que hace que los acompañantes de Sócrates –extranjeros- sientan por él mayor admiración que antes: “ellos experimentan respecto a mí estos mismos sentimientos que sienten para con la ciudad ante la palabra persuasiva; ellos me juzgan más admirable que anteriormente” (235b)

Además, causa curiosidad que Sócrates aclare que de pronunciar un discurso de este tipo, probablemente no sacaría nada de su propio fondo o haber (236c) Lo cual se confronta directamente con los principios Socráticos que buscan la Verdad en el fondo del ser, y el trabajo de Sócrates como “partera” o “comadrona[10]” del real conocimiento; el cual es producto del innatismo que sabemos que Sócrates apoyaba. Y, se entiende que, estableciendo un paralelismo directo con el Gorgias, este tipo de discursos son “por el contrario, una forma de adulación y de seducción. Al no tener un proyecto, ella se fundamenta sólo en la experiencia” (Napolitano: 2).

Sócrates continúa en el prefacio, “difamando con una sutileza admirable” a la oración fúnebre, cuando admite que “la misma improvisación, en una materia como ésta, no tiene nada de difícil” (235b) sobre todo cuando lo que se persigue es una alabanza y retahíla de “encomios” a la ciudad y al pueblo al cual, además, se pertenece; no hay allí ninguna búsqueda de auténtico conocimiento, ni se presenta ninguna dificultad dada la materia a trabajar. Por el contrario “Si se tratara de alabar a los atenienses ante gentes del Peloponeso o a los peloponesios antes gentes de Atenas, se precisaría un buen orador para persuadir al auditorio y obtener renombre” (235b)

Ahora bien, ya sabemos la conexión existente entre Menéxeno y Gorgias: la retórica o más bien la crítica a ésta, pero ¿Se limita a la crítica a la retórica únicamente? De ser así: ¿No bastarían las argumentaciones –muy específicas y bien desarrolladas- del Gorgias? ¿Por qué poner este discurso en manos de Aspasia? Y ¿Por qué se habla de la oración fúnebre? Para responder a estos cuestionamientos debemos basarnos en el análisis hecho por A. Cappelletti quien nos dice: la cuestión de la retórica constituye el punto de partida para la dilucidación del problema más importante: de qué manera es preciso vivir o quién es feliz y quién no lo es” (Cappelletti: 50) Así pues, en la ejemplificación de Menéxeno, la crítica de que “cabe enseñarles –al pueblo- que algo es verdad y cabe hacer que lo crean, sin darles ningún conocimiento acerca del tema en cuestión (…)” (Grube: 317) está latente. Se trata de demostrar que “las bellas palabras”, las gustosas para quien las oye, las que embrujan, no están –per se– en capacidad de transmitir –siempre- verdades, ni de enseñarnos el camino, son vulgares “charlatanerías”; y –si nos limitamos a esto- recaemos en la retórica y su evidente perjuicio; así pues, hay que trascender a este marco y detenerse a pensar que talvez –como argumenta Cappelletti (p. 50)

(…)en el Menéxeno, la crítica de los oradores fúnebres y del público que los escucha y aplaude es también una crítica más profunda e importante, a saber, la dirigida contra la Atenas democrática, contra sus instituciones, sus costumbres y su espíritu(…)

Recordemos otras palabras pronunciadas por Sócrates “¿No es acaso esencial a un discurso bueno y bien hecho que el que habla conozca la verdad acerca de las cosas que pretende tratar?” (En Fedro: 259e) y, ahora preguntamos: ¿es decir la verdad limitarse a dar una versión de los hechos, de las cualidades de las personas y de la ciudad, exageradamente magnificados y sin un análisis de aspectos negativos? ¿Es acaso “conocer las cosas de las que se pretende hablar” mostrar, ante la audiencia, a una Atenas invicta y esplendorosa sin reparar en sus vicios y errores políticos?

Nos encontramos entonces con la situación descrita en el Gorgias donde “Cuando un orador no distingue el bien del mal intenta persuadir a una ciudad tan ignorante como él (…) ensalzando el mal como si fuera el bien” (en Gorgias: 260b)

En el caso de aceptar el punto de vista de Cappelletti sobre una crítica a la democracia, el personaje de Aspasia[11] tiene una significación de suma importancia, pues pasa de ser un simple personaje referencial a ser una metáfora:

(…) en ella encarna, al parecer, Platón la democracia, casi como si dijera que Pericles ama y es amado por la democracia ateniense, bella y brillante, pero sin duda anómala y patológicamente apartada de la tradición, que pone el gobierno en manos de los “aristoi y a la mujer en el seno del geniceo(…) (Cappelleti, 197?: 51)

La “ciudad” puede ser, y es, el “alma”, la “ciudad interior”, como dice Poratti, la política se vive y se hace al formar parte de la ciudad, al ser ciudadanos; y, pronunciar discursos bellos que pueden cegar a sus oyentes, haciéndolos pensar que su ciudad es perfecta, es un acto carente de justicia, carente de realidad; es un acto indigno para con la ciudad, es una burla de y para la ciudadanía. ¿Cómo construir una ciudad digna desde las falsas palabras? “la mentira es la base de la adulación; la adulación envuelta en las galas del verbo retórico es la base de su éxito –el de los oradores – ante el pueblo” (Cappelletti: 49) Es una crítica inequívoca hacia quien los pronuncia y quien los oye, pues este falso encomio de virtudes se extiende de los muertos a los vivos, y de los vivos al Estado: Es en efecto el régimen político el que forma los hombres: hombres valientes si el régimen es bueno; hombres malos si es lo contrario” (237d) así pues, podemos decir que éste es el régimen “maravilloso”, porque fue el que formó a estos hombres “virtuosos” caídos en batalla; por tanto se extiende del virtuoso régimen al virtuoso individuo. Mas, ¿qué pasa cuando la virtuosidad de los hombres es falsa?, acaso ¿no debemos concluir –por las palabras de Sócrates- que el régimen virtuoso es inexistente o falso?

Más claro aún se hace este punto de crítica cuando nos detenemos a pensar sobre el origen de Platón, hijo de Aristón –pariente de Codro, último rey de Atenas- y de Aristipa –emparentada con Solón, reformador de las leyes atenienses-. En todo caso, se podría decir que está vivo –y latente- el sentimiento del noble postergado por la plebe -ignorante y corrupta- que ha desdeñado los derechos de los descendientes de los “héroes” que sacrificaron su vida por Atenas, como argumenta Cappelletti.

“Odi et amo” dice Cappelletti (:52) citando a Friedlander, debe ser la clave para entender Menéxeno, pues hay tensiones presentes que se conjugan al mismo tiempo en alabanza y crítica, juez y amante de Atenas.

Y llega al punto álgido –en términos comunes- cuando se dedica a hablar del sistema de gobierno (237d/238e), primeramente invalida el término de democracia cuando dice: “Es importante demostrar que nuestros antepasados[12] fueron educados bajo un buen gobierno” (sabemos que no ha sido siempre la democracia), prosigue luego “a él es a quien han debido su virtud, como los hombres de hoy en día, de los que forman parte los muertos que tenemos aquí presentes” ¿A qué gobierno: los treinta tiranos, la aristocracia… cuál? “Existía, en efecto, entonces el mismo régimen de nuestros días, el gobierno de la selección que actualmente nos gobierna, y que siempre, desde época lejana, se ha mantenido en la mayor parte del tiempo” Aquí se muestra claro que no habla de la democracia, que pone de manifiesto la deuda contraída por Atenas con la Aristocracia, mucho más cuando habla del “gobierno de la selección” (recordemos que aristocracia es “el gobierno de los mejores”); y más enfática es la invalidación cuando añade: “Unos lo llaman democracia, otros con cualquier otro nombre que les agrade; pero se trata en realidad del gobierno de los selectos con la aprobación de la muchedumbre[13](…)” sería algo como que la democracia es simplemente una aristocracia populista, en la cual, los aristócratas viendo despreciado su valor ancestral, recurren a medios de conquista de las masas (en este caso la retórica es un arma hábil para tal fin); luego continúa:

pero el poder de la ciudad pertenece en su gran mayoría a la multitud; las magistraturas y la autoridad son confiadas por ella a los que en cada momento se han mostrado mejores(…) no hay más que una norma: el hombre considerado capaz y honrado posee la autoridad y las magistraturas; y lo que motiva la existencia entre nosotros de este régimen político es la igualdad de nacimiento (238e)

Y en este momento cabe preguntarse ¿El hombre capaz y honrado? ¿O el que mejor haga creer que es honrado y capaz?… Vale volver al diálogo y recordar lo que dice: “la belleza y el vigor físico puestos en un cobarde y en un malo producen el efecto no de un adorno adecuado, sino de una inconveniencia(…) (246a) ¿No nos estará hablando de la belleza de la democracia, de su igualitarismo y de su propugnación de justicia y equidad, donde, en realidad, se falsean en “discursos bellos” los hechos, donde se manipula al pueblo a conveniencia de los dirigentes haciéndoles creer que son soberanos, cuando son sólo borregos que caminan embelezados por sus dirigentes? ¿No será que nos quiere decir que la fortaleza y belleza de la democracia, en manos de corruptos y manipuladores, es un inconveniente para Atenas? Y podría respondernos el mismo Platón, cuando Sócrates dice: “en fin toda ciencia separada de la justicia y de las demás virtudes, parece una pillería, no una sabiduría[14] (246a) Así pues, todo acto injusto y desvirtuado –como el discurso vano, como la retórica de los aristócratas “demócratas”, como la democracia “autocrática” de Pericles- es una trastada a la sociedad.

Porque si evaluamos la situación histórica de Grecia nos podemos preguntar: ¿Es cierta esa igualdad? Primeramente porque es sabido que, a pesar del espíritu demócrata, los hijos de atenienses con extranjeros no podían ser ciudadanos –de ejemplo, curioso por cierto dado el origen del discurso, el hijo de Pericles con Aspasia-; las mujeres no tenían ninguna intervención política –la misma Aspasia fue víctima de ello, pese a sus aspiraciones, lo único que logra es –y mal vista- opinar en la voz de Pericles. Dice Montanelli (:131) “Progresista en el Parlamento, los atenienses eran conservadores en la familia” (se pregunta si la familia no vive de lo social, por ende de lo político) “y no quedaron edificados por el ejemplo de aquel autokrator (y hay que reparar en este adjetivo para con Pericles) que trataba a la concubina de igual a igual, le besaba la mano y la hacía partícipe de su vida y de sus preocupaciones” de esta manera vemos cómo, nuevamente, una cosa era la teoría y otra la práctica, y cómo el discurso de Sócrates es una chanza a la democracia, es más, queda evidenciado hasta el por qué se elige a Aspasia[15] como creadora de éste.

Platón siempre ha sido un enemigo de la democracia ateniense, ejercita su ironía (como dice Popper, citado pro Cappelletti) cuando refiere a la democracia como el gobierno de los mejores y hace referencia al igualitarismo político como norma de la naturaleza, pero que, a pesar de todo esto, Platón sintió debilidad por el régimen, y debió luchar consigo mismo para no olvidar que era un adverso al sistema.

Así pues, podemos concluir, admitiendo la influencia de la crítica de Cappelletti, que Menéxeno constituye una sátira de los oradores y del público, evidentemente entra aquí la crítica a la retórica; así mismo al uso de ésta dado por los políticos, donde entraría Pericles –como alumno de esta “mediocre” maestra- y sus partidarios; explayándose luego al ataque directo de la democracia, de sus hijos -falsamente virtuosos[16] y falsamente encomiables (vivos o muertos, si el punto de valoración de sus virtudes es el sistema de gobierno en el que nacieron) y sus instituciones -falsamente buenas, falsamente perfectas y falsamente populares.

Y para finalizar valdría hacer referencia al epígrafe de este ensayo –tomado del Hipías Mayor “Digo que a nuestro juicio, lo bello es lo útil” (295c) y hacernos dos preguntas finales: ¿Es útil el discurso pueril, llámese éste fúnebre, llámese político, llámese encomio? Y ¿Podrán ser bellos los discursos inútiles, simples adornos –innecesarios además para el encuentro del bien de la ciudad?


Lista de Referencias

Cappelletti, A. (197?) Sobre Tres Diálogos Menores de Platón. Caracas:

Equinoccio.

Ferrater-Mora, J. (1994) Diccionario de Filosofía (Edición Actualizada por la

Cátedra Ferrater Mora)(Vols.1-4).Barcelona: Ariel Referencia.

Grube. G. (1984) El Pensamiento de Platón. (Trad. T. Calvo) (2da. ed.)Madrid:

Gredos.(Original en inglés, 1970)

Montanelli, I. (1998) Historia de los Griegos. (Trad. Domingo Pruna) Barcelona:

Plaza Janés.( Original en italiano, 1959)

Napolitano, A. (2004) Gorgias o de la Retórica (Comentario integral del texto).

manuscrito no publicado, Escuela de Estudios Liberales, Universidad

Metropolitana, Caracas.

Platón. (1990)Obras Completas. (2da. ed.)Madrid: Aguilar.

Poratti, A. (s/f) Teoría política y práctica en Platón II, [en línea]. Argentina:

Universidad Nacional de Rosario-CONICET. Disponible en:

http://www.galeon.com/filoesp/Akademos/colabora/arp_pol2.htm

[consulta: 2004, Febrero 9]


[1] Al respecto Constantin Ritter (citado por Grube: 16) asevera que Menéxeno se ubica en el Primer período, junto con: Hipias Menor, Laques, Protágoras, Cármides, Eutifrón, Apología de Sócrates, Critón, Gorgias, Menón, Eutidemo, Crátilo, Lisis, Banquete y Fedón.

[2] Consta de: El Exordio (que justifica el discurso y pone de manifiesto el plan a seguir en la alabanza a los muertos); El Elogio (que sigue el “orden natural”, la buena cuna primero, luego su educación y finalmente sus hazañas); y Los Consejos (Exhortación a las buenas acciones y Consolación a los padres e hijos del difunto). ( Véase el Preámbulo a Menéxeno: 416)

[3] A Aspasia quien era una mujer extranjera, que tras ser amante de Sócrates, se convirtió en la concubina de Pericles.

[4] Connos: citarista ateniense.

[5] Como la “la magnífica victoria ateniense, contra medio millón de soldados mandados por el Gran Rey” cuando fueron doscientos mil en realidad; o que en Maratón los atenienses ganaron “sin ayuda” cuando se sabe que un ejército de mil soldados fue enviado por Platea, por citar algún ejemplo. Pero es claro que simplemente Platón se burla de la jerga patriótica de Atenas. De este modo, podríamos decir que los “errores” en fechas y hazañas de la historia de Atenas que sabemos que sólo un ignorante cometería, estos se convierten en burdos errores, sin embargo muy sutiles, que demuestran el carácter persuasivo y zalamero del “encomio” fúnebre.

[6] lo que lleva a deducir que lo considera una acto vergonzoso, como si le pidiese que se quitase el manto y se dispusiera a danzar (236c).

[7] Dice Grube (:316 -317) “la retórica –la ciencia de la palabra hablada, está- para Platón más estrechamente vinculada con la poesía y la literatura en general (…) De ahí que (…) en el Gorgias se pase de la condena de la retórica a la condena de la poesía, sin que conscientemente se opere ningún cambio en la temática”. Y cabe perfectamente hacer la misma crítica al Menéxeno.

[8] Respecto a la Retórica y al retórico: “Es evidente que tanto el que aprende como el que tiene una creencia están persuadidos. Sin embargo, la diferencia es obvia: la que depara la ciencia (episteme) proporciona un saber y no puede ser falsa, mientras que la que depara la retórica es mera artesanía de la persuasión”. (Napolitano:1)

[9] Se hace la salvedad de que el término bello no está siendo usado, bajo ningún concepto, en el sentido que Platón desarrollaría más tarde en el Banquete respecto a “lo bello” y “lo bueno” o a la kalokagatía.

[10] Recordemos la máxima Socrática: “Atenas es un caballo dormido y yo soy el moscardón que intenta despertarla y mantenerla viva”.

[11] Ya sabemos que ella era la amante y maestra de Pericles, a la cual conoce porque ella era “amante de Sócrates, quien, poco apegado a las mujeres, se la cedió con gusto y siguió siendo su amigo” (Montanelli: 131). Pero además de esto Sócrates (en Menéxeno) dice: “Yo tengo la suerte de tener como maestro a una de las mujeres más distinguidas en el arte de la oratoria. Entre muchos buenos oradores que ella ha formado, hay incluso uno que es el primero en Grecia, Pericles, hijo de Jantipo” (236c) Sabemos que esta es una burla directa porque “al asociar el nombre de esta al del citarista Connos (236c) nos da a entender que sus dos maestros eran igual de mediocres”(Preámbulo a Menéxeno: 419) Además nos cuenta Montanelli (:130-131) que “era una intelectual que luchaba por la emancipación de la mujer, quería sustraerla del geniceo y hacerla partícipe de la vida pública, en paridad de derechos con el hombre” sin que ello implicase que tuviera una verdadera valoración entre los atenienses, como se aclarará más adelante.

[12]Anteriormente se hacía referencia al buen nacimiento de las gentes de Grecia: “el cual tuvo como primer fundamento el origen de sus antepasados, quienes, en lugar de se unos inmigrados y hacer de sus descendientes unos metecos en el país a que ellos habrían ido a parar desde fuera, eran autóctonos” (237d). Sabemos que éste es un argumento falso, porque las mejores familias atenienses se adjudicaban origen extranjero, de aquí se despliega una de las primeras incongruencias del discurso. A parte de las ya mencionadas.

[13] Pues hasta el mismo Pericles era un aristócrata, pero ligado ideológicamente al partido demócrata. (como cuenta Montanelli: 129)

[14] Igualmente en Critón (246e) dice que nada vale sin la virtud y que toda ciencia es sin ella una habilidad trapacera.

[15] Incluso Menéxeno, ante la admiración causada por las bellas palabras de Sócrates dice: “(…) siento un profundo reconocimiento hacia Aspasia o hacia el que te haya recitado este discurso” (249e) dudando evidentemente que haya sido Aspasia –una mujer- la que creara tan bello discurso. “Por Zeus! Sócrates, Aspasia es muy dichosa, según dices, si ella, una simple mujer, puede componer discursos como éste” (249e)

[16] Para ilustrar esto basta con las palabras de Sócrates: “nada es más vergonzoso que adornarse con un honor que no se debe a sus propios méritos, sino a la fama de sus antepasados” (247b)por tanto no cabe que alabemos al pueblo ateniense por las acciones pasadas sino por las presentes, por el ahora… –quizá un ahora poco loable si nos acordamos del famoso “mito de las edades” donde el hombre actual está en el detrimento de un pasado glorioso-.Pero ¿No sería más sensato encaminar al hombre en una búsqueda de la superación misma; en lugar de hacerlo mediocremente conforme cegándolo con la idea de ser un ser cuasi-divino, haciéndolo creer que “está en la Isla de los Bienaventurados”?

Petkoff: Un acercamiento al pensamiento de la izquierda de los setenta

Teodoro Petkoff “Proceso a la Izquierda” de 1976

Antes que nada procedamos a recordar lo que, para 1976, era un personaje como Teodoro Petkoff (que poco tiene que ver con el Teodoro de los editoriales de Tal Cual que hoy leemos o con el que fuera ministro de Caldera). Por lo menos en cuanto a sus posturas políticas pareciera haber cursado el mismo camino del difunto Betancourt.

Teodoro Petkoff Malec era (y sigue siendo) un zuliano nacido en Bobures. Viene al mundo el 3 de enero de 1932; hijo de Petko Petkoff e Ida Malec, una pareja de inmigrantes búlgaros- judíos. Tiene dos hermanos Luben y Milko. Los cuales también estarían ligados a movimientos insurrecionales. Cursó estudios en el Liceo Andrés Bello y luego pasaría a estudiar economía en la Universidad Central de Venezuela. Allí, desde los veinte años, ingresó en las filas del Partido Comunista Venezolano donde alcanzó posiciones de dirección en el Buró Político. Actuó en la resistencia estudiantil contra la dictadura Pérez Jiménez y fue guerrillero del comando de Douglas Bravo (en Trujillo, Falcón y Portuguesa) durante el gobierno de Betancourt. Estuvo preso en varias ocasiones y logró fugarse en dos de ellas, durante la época de las guerrillas utilizó los seudónimos «Roberto» y «Teódulo Perdomo». Su última fuga fue del Cuartel San Carlos por medio de un túnel en febrero de 1967, cuando se escapó junto a Pompeyo Márquez y Guillermo García Ponce. Para el 69 deja la vida de guerrillero y pasa al entorno político tras la pacificación copeyana con Caldera. Pero sólo un año después abandona el PCV, por diferencias sustanciales con el Partido, para fundar el Movimiento al Socialismo. (MAS)[1]

Yéndonos a la época en la cual se inscribe el texto que pretendemos analizar, encontramos que estamos en 1976 es decir, con Carlos Andrés Pérez al poder desde 1974 y con un vasto plan de reformas entre las cuales se cuenta la nacionalización de los hidrocarburos[2] El ensayo de Petkoff tiene el valor de asumir, por una parte, las derrotas del socialismo- comunismo en el mundo y de asumir lo que compete a la evolución de la izquierda nacional. Además señala los crasos errores que decantan del “socialismo real” e incluso del marxismo dogmático (como es la exclusión de las capas medias). Allí el primer valor. Cuando un hombre del PCV se atreve primero a juzgar la invasión de Checoslovaquia por parte de la URSS y luego a afirmar en un texto como éste que Marx se equivocó cuando desdeñó el papel de la clase media y pensó que ésta estaba condenada a morir para pasar a formar parte del proletariado tenemos frente a nosotros a una suerte de escrito herético (Sobre todo entendiendo que nos hallamos ante plena guerra fría). Además resulta interesante el papel que le asigna a ésta dentro del proceso socialista y cómo es indispensable su contribución para la “construcción socialista” a través de sus técnicos, científicos e intelectuales.

El valor del autor es la honestidad con la que analiza la realidad del comunismo mundial y cómo ve en las dificultades que éste ha atravesado las líneas a esquivar en Venezuela. Específicamente el pensar que el procese socialista debe desligarse de cualquier proceso de izquierda mundial o con esquemas prefijados o importados; básicamente insiste en un socialismo made in Venezuela. Nos relata de los problemas que enfrentó el socialismo Chileno o las circunstancias que permitieron el ascenso del gobierno revolucionario en Cuba; las cuales en definitiva serían irrepetibles. No obstante, quizás desilusiona un poco el hecho de que persista en llamar socialismo a un modelo que en definitiva plantea como una democracia y que por tanto resulta incompatible con algún tipo de “dictadura” llámenla sutilmente “nuevo bloque social” o hagan entender que bajo la “democracia actual” se vive una dictadura de la burguesía. Realmente resulta algo decepcionante que un hombre que expone con tanta claridad las situaciones que circundan al mundo, al país y al PCV o a la izquierda tradicional así como a las mismas razones por las cuales el MAS no obtuvo la victoria en las elecciones del 73, no se detenga a replantear cuáles son las condiciones por las que aboga en el llamado sistema socialista o que realmente las numeradas no difieren de un sistema democrático consolidado aunque insista en decir que el camino inexorable del MAS es la construcción del socialismo y que eso lo diferencia de AD o de Betancourt.

Ello nos condujo a escudriñar en las entrevistas realizadas por Carlos Rangel y Sofía Imber a Petkoff en aquélla época y tampoco produjo resultados satisfactorios. Sólo nos encontramos con un epílogo a su libro. Muchas quejas sobre las condiciones del país, la típica caracterización del imperialismo como culpable y la burguesía nacional como cómplice y los partidos como serviles, de la expansión capitalista, la lucha de clases, la injusticia social imperante y la “vanguardia” reivindicadora etc. sin realmente establecer puntos claves sobre cómo, cuándo y dónde y por qué llamarlo socialismo y no social democracia si es cierto que la propuesta es democrática y pregona la justicia social. Y es que hablar de cogestión por ejemplo en las empresas no termina por sepultar al capitalismo sino por dar paso a un fenómeno que ya existe como las PyMes o hablar de las MicroPyMes o en el caso de “tomar” empresas de gran tamaño sería ingenuo pensar que las decisiones en una empresa de 10.000 trabajadores como pudiera ser Banesco hoy día las decisiones de impacto (como la cartera de inversión) van a ser tomadas por consenso cuando la mayor parte de la nómina responde al personas de perfil inferior a gerentes. En ese caso, nuevamente, se crearía una cúpula que tomaría decisiones. Pero esto es un tema amplio y difuso que habría que desarrollar en otro momento.

La primera parte del libro es un análisis a las razones que condujeron al MAS a la derrota en las elecciones de 1973 y un balance positivo de los logros obtenidos. Luego nos muestra una visión casi pragmática de la “nueva izquierda” que está inmersa en el juego político y nos muestra una cantidad de respuestas a lo que serían los argumentos de la “izquierda tradicional” por la escisión que ellos representan, por las posturas moderadas frente al reformismo adeco o lo que Petkoff cataloga un falsa conducta revolucionaria que terminan por hacerle el juego a los centros de poder socialista y dejan de lado las realidades de sus países. Por lo cual, al final contribuyen con el poder capitalista burgués al desprestigiar al movimiento de izquierda nacional. Además nos realiza un recuento por las actuaciones tradicionales de la izquierda y esboza algunos elementos diferenciadores con éstas.

Pero deteniéndonos en el modo con el que aborda los defectos del sistema democrático venezolano cotejando o poniendo de relieve que el desprestigio de la izquierda se debe a la astuta artimaña de la burguesía para hacerlos ver como “guerrilleros” “totalitarios” “antidemocráticos” etc. Bajo el esquema de un poder cultural que hace servil al pueblo; es bastante difícil de roer. Primariamente porque se comprende que estamos en un periodo posterior al proceso de pacificación iniciado por Caldera y que hay pleno ejercicio de las libertades democráticas, se entiende entonces que las iniciativas políticas y culturales, así como el contacto con las masas es abierto y además cabría decir que si AD pudo construir una alternativa política en un escenario como el gomecismo y los dos periodos posteriores mucho más fácil era para esta suerte de “socialistas light” hacerse escuchar en ese periodo histórico. Si el pueblo desconfiaba por los desatinos de ¡todo! el socialismo real (URSS, China y Cuba) y por la característica bien señalada de los Partidos Comunistas mundiales como sucursales del bolchevique entonces ¿De dónde se puede sacar que el socialismo es positivo para la democracia? Si el mismo Petkoff tuvo que salirse de las filas del PCV por disentir ¿Cómo podemos creer en las ideas democráticas de éste si en la página 242 de su ensayo alaba, a través de las palabras de Ludovico Silva. Al genio múltiple de Marx? Sólo disiente de éste en lo de la clase media que ya se ha señalado y casi que nos dice que hubo un error de “mercadotecnia” al llamar dictadura del proletariado a la dictadura del proletariado que la gente no se asusta por la “dictadura de la burguesía” pero es que justamente lo absurdo es darle tal terminología; porque si bien es cierto que existió en Venezuela una élite dominante, no es menos cierto que la estabilidad democrática (esa exenta de golpes militares y de guerrillas urbanas) es un camino reciente y que es la necesaria base para las transformaciones sociales que de hecho, se sucedieron desde 1989 con el proceso de descentralización. Además realiza un encomio desmesurado a Lenin y cómo organizó la revolución rusa.

Es necesario volver al punto del “poder cultural” de la burguesía, el cual es ejercido a través de los medios de comunicación y de la manipulación de las masas. Ciertamente se considera que los medios son un poder en la sociedad. Pero no es menos cierto que ese mismo argumento puede argüirse respecto a Cuba o la URSS, no es menos cierto que sea el Estado Socialista o el llamado Estado Burgués siempre el poder ha estado ligado a la manipulación de la información; pero en ese caso no es una alternativa hablar de un sistema cuyo enceguecimiento dogmático siempre habrá de conducir como condición necesaria a la tergiversación de la información o bien la censura. Porque si el capitalismo vive del consumo, la moda y la acumulación de capital su proceso responde análogamente a la llamada “mano invisible”, al mercado; no al grupo reducido de ideólogos-políticos que deciden cuál información es consecuente con la “vanguardia” o cuáles no. Si el proceso capitalista es meramente económico; el socialista, basado en la relación social de los actores económicos, termina por arraigarse en una suerte de lo pseudo-teológico. Básicamente porque sus premisas responden al proceso del materialismo dialéctico de la historia que trae como síntesis obligatoria al comunismo por lo cual de alguna manera se “obliga” a los hombres a ir en procura de un sistema de libertad impuesta y de abolición del Estado en primera instancia. Así pues, si es cierto lo que preconizaba Marx el proceso de la lucha de clases concluiría cuando el capitalismo “pariera” al socialismo, como respuesta natural al proceso insostenible de la lucha de clases y éste el comunismo; de ahí que proponer construir el socialismo o el comunismo sea prácticamente contrario al proceso “natural” del determinismo histórico marxista. Esto no lo expone Petkoff así, sino que propone ir a la construcción de éste que no es el bolchevique ni el cubano, es propio, es diferente, pero no sabemos qué es. El mismo problema del Socialismo del Siglo XXI lo encontramos en el siglo XX con la propuesta del MAS, entre los cuales se cuenta a Petkoff como uno de sus más resaltantes ideólogos.

Es acertado, mas no novedoso, el análisis que hace del Estado Venezolano como el gran empleador, latifundista y centro de nuestra economía petrolera (Ya se lee en los textos de Uslar Pietri, Betancourt, Pérez Alfonso o Caldera). Así mismo se percibe como certera la idea de que se vive en Venezuela un capitalismo principalmente dominado por el Estado que con su poder económico ha de mantener a las clases sociales más favorecidas. Pero lo que realmente subyace ahí es la falta de un parque industrial privado y la falta de inversión en la diversificación de la producción como necesaria voluntad nacional a fin de que el Estado disminuya su poder y la economía logre su necesaria autonomía; así mismo la sociedad civil.

Es un poco trasnochado el argumento de que las cosas que afectan a la clase media sean razones que la amalgamen a la lucha “proletaria” puesto que admite que la clase media es una gran mayoría y ella misma es el producto de la movilidad social y de los beneficios del sistema ya que a través de la profesionalización ha logrado una “vida digna” (cubrir las necesidades básicas y hasta permitirse ciertos lujos; pasar de empleado a empleador inclusive). Y como básicamente a que esa clase media es producto de la admitida movilidad de clases sociales, con lo cual la “lucha” entre ellas es una quimera; lo que realmente sería necesario es hablar de reivindicaciones sociales y de condiciones de inversión y expansión de la industria nacional, consecuentemente con ello la expansión de una clase media y mayor equidad en la distribución de la riqueza. Si hoy día fuese así y el proletariado representase una minoría como en aquella época otra sería la historia actual de nuestro país. Quizás eso es lo que hoy podemos reflexionar, sólo el Viernes Negro, el Caracazo y el paquete de Miguel Rodríguez le dieron paso al socialismo en nuestro país. Se extremaron los márgenes de diferencia entre clases y ahora con una devaluación acumulada de más del 900% desde los 80´s los cantos de sirena del socialismo colaron por Miraflores. Aunque paradójicamente el MAS apoyara a Chávez sin un Petkoff en sus filas.

Volviendo al texto de Petkoff, es certero lo que señala de la contribución que la burguesía hace al poder y cómo el Estado, aunque parece contravenirla en algún momento, lo que hace es salvar al sistema en la que ésta se inscribe; pero es un poco absurdo que se señale que se trata de los procesos del imperialismo mundial que finalmente nos ponen en el escenario capitalista imperante porque aún en los países socialistas como Cuba o la URSS, vemos al “capitalismo” desfilar, por ejemplo la inversión española en hotelería en Cuba y la venta de petróleo y armamento que solía hacer la URSS). Porque lo que se instaura es un capitalismo de Estado. Y es que así como pasa con el comunismo o la lucha de clases como procesos internacionales, ha de entenderse que económicamente el paso del feudalismo al capitalismo implicó que se dejaran las economías autárquicas. Claro, aún no se hablaba de globalización, pero ya estábamos inmersos en ella desde que en Venezuela se tenían teléfonos, radios y televisores. Ahora bien, el mantenimiento del sistema no depende exclusivamente del gobierno, ni puede pensarse que le “hacía” el juego a la burguesía nacional puesto que sencillamente el Estado (como en Cuba o la URSS) usa las cartas que tiene a la mano para sufragar los gastos y, obviamente, los gastos nacionales (en términos de transferencias netas por ejemplo en un país semi-industrializado) sólo podrán costearse con el comercio de nuestros recursos inútiles en nuestra tierra. (¿O qué podíamos hacer con todo el petróleo aquí en Venezuela? ¿Saciar el hambre o satisfacer las demandas de educación de los pobres?) Pero este no es el tema a desarrollar y sería bastante extenso puntualizar las consideraciones en torno a este tema.

Es interesante, luego de entender la lucha armada que traía la izquierda nacional, ver la postura Moderada del Partido MAS, la postura de acceder a colaborar con el reformismo adeco de CAP I aunque se entienda que no se ve con absoluta confianza pero no adversa caprichosamente las decisiones que satisfagan demandas de los colectivos como antes haría el PCV.

En este sentido, resulta también interesante la carga de posturas reflexivas como la crítica a Stalin y el partido único como el gran dictador en el socialismo ruso, con lo que confirma el carácter revisionista de Pettkoff, pero aún se conservan esos elogios casi apologéticos a Marx o a las ideas de Lenin como rastros de una vieja fe no totalmente superada. Y si a esto se le une que no se propone nada concreto como programa de gobierno (de la alternativa masista), más allá de la típica esperanza cifrada sobre un sistema distinto y sobre un socialismo “bueno” para todos y de no caer en la “falsa conducta revolucionaria” tan dañina para la revolución porque ha sido la que sentenció a muerte a la vanguardia revolucionaria; se termina el lector de desencantar del texto al entenderlo como uno de los eslabones de la construcción de la alternativa política del MAS. De hecho, y creemos que ahí el valor actual de la edición venida de un Petkoff que ya no milita en ningún lado, este texto tiene un singular valor histórico porque nos relata, desde la filas de la izquierda, los acontecimientos más importantes de la Venezuela de los setenta. El análisis va más en el camino de mostrarnos los “contra” del resto (capitalismo y marxismo-stanlinista) y el panorama del bloque socialista para el momento que de establecer algunos puntos concretos de actuación de este “nuevo socialismo”.

Sobre todo queda abierto el asunto de cómo el socialismo democrático puede moverse como elección definitiva si la sociedad venezolana se halla inscrita en un escenario mundial, sobre todo bajo el esquema que el autor plantea de la “revolución en solitario” y las circunstancias económicas del petróleo.

El libro de Petkoff aparece como el himno de desencanto hacia la izquierda vieja –ortodoxa- y la excusa para la “creación” de una izquierda nueva (representada o abanderada en el Movimiento al Socialismo MAS que categóricamente rompe con el marxismo tradicional y que incorpora en sus filas a instituciones tradicionales como el catolicismo); pero más allá de hablar de un “socialismo humano y democrático” no plantea realmente los métodos para su consecución en el sentido expreso de cuáles son los “sustitutos” de los sistemas actuales. Así mismo, busca ser la nueva cartilla para despertar una conciencia colectiva que está despertando en parte, por la política reformista de Pérez. Pero insistimos en que más allá de hablar de una lucha que no lleve al resentimiento social y de raíces profundamente democráticas este socialismo de corte “humano” parece más un destructor del sistema imperante porque “está mal” que el constructor de una alternativa diferente ya que no la plantea. Y es que una democracia con justicia social es deseable, una democracia sin clientelismo partidista, sin discriminación, con ayudas para los marginados tradicionalmente, una democracia transparente, efectiva para resolver los problemas sociales, que vaya en contra de los monopolios y que muestre una vocación de servicio, una democracia no corrupta, ni partidista, ni servil con cualquier potencia extranjera (capitalista o socialista), que no procure la desigual distribución de la riqueza y favorezca la equidad; pero es que ¿eso no es la democracia en su deber ser? ¿Esa no debiera ser la meta democrática luego de la promulgación de los Derechos Humanos?

En una entrevista hecha por Carlos Rangel y Sofía Imber[3] con razón de la publicación de su libro Checoslovaquia el Socialismo como Problema; Petkoff señaló:

Lejos de haber una quiebra del marxismo, hay un refrescamiento, un interés renovado por el pensamiento marxista en el mundo. Desde luego que hay sectores seudo-marxistas, dogmáticos, ortodoxos, aferrados a interpretaciones anquilosadas, que no tienen remedio, pero hay otros grupos que buscan soluciones, no en el marxismo bastardeado por Stalin, sino en una concepción renovada del marxismo auténtico. Toda la concepción stalinista no es sino el marxismo sin debate. El marxismo de Lenin y Marx es el producto de una polémica gigantesca, de un debate interminable.

Aquí claramente muestra su ruptura con los partidos comunistas tradicionales; que en definitiva siguen la línea stalinista. Así mismo, ya se ven las ideas de los “falsos revolucionarios” que son justamente una de las ideas combativas recurrentes en Proceso a la Izquierda y son justamente esos “seudo-marxistas, ortodoxos” los que han desprestigiado al marxismo que Petkoff quiere salvar luego con el MAS.

Otro programa interesante fue el del 1ro de febrero de 1973, donde aborda más directamente el tema del socialismo que propone y donde Carlos Rangel hace patente que el de dudosa credibilidad tal propuesta:

Teodoro Petkoff: Ésta es una diferencia sustancial en el planteamiento nuestro. Nosotros entendemos que la sociedad no puede estar exclusivamente en manos del Estado. Por el contrario, el diseño socialista, tan viejo como Marx, indica esto así…


Carlos Rangel: Pero no ha pasado en ningún lado…


TP: No, no ha pasado, pero efectivamente es así. El diseño socialista incluye eso… No ha pasado, pero nosotros no sólo nos planteamos la posibilidad de que sea así sino que entendemos que es perfectamente posible que el Estado venezolano sea concebido como un ente de transición en vías de destrucción y de desaparición… Y por ello ponemos mucho interés y colocamos el acento en que la propiedad sobre los medios, sobre las fábricas, los barcos, las tierras, que hoy en día están en manos de los capitalistas, sean en el período inicial de transición producto de la congestión, de la codirección entre los comités de trabajadores y el Estado…


CR: ¿Por qué esto no ha sucedido aún en ninguna parte?, dijo Carlos. Y muchos lo han intentado. Y no ha podido ser hecho en ninguna parte…


TP: Yo te expliqué, y lamentablemente tendrá que ser otro estereotipo, que las circunstancias históricas que se vivieron en casi todos los países socialistas desviaron con frecuencia el ideal… La vida real del ideal…


CR: Pero es que son muchos países en circunstancias distintas –dijo Carlos-…


TP: Catorce, nada más…


CR: Pero catorce que van desde la URSS, el país más extenso del mundo, con una de las mayores poblaciones, recursos naturales como ningún otro país y un desarrollo capitalista previo a la revolución bastante considerable, hasta países como Cuba que es parecido a Venezuela… No es aceptable ya la explicación del fracaso alegando circunstancias históricas en cada caso… No puede seguir siendo dicho…

Lo que queda evidenciado en esta entrevista es que el socialismo propuesto por Petkoff redunda en las mismas propuestas que no han sido llevadas a cabo por los países que ya han estados incursos en el socialismo y de hecho en todos –hasta hoy día casi 33 años después- el Estado no ha sido abolido sino que se ha reforzado. ¿Cómo creer en un proceso a la izquierda democrático que pretende eliminar al Estado como ente regulador de la vida social y no ser capitalista y que asiente ante Cuba o la URRS? Además que hay que tener cuidado porque si la circunstancia histórica conspira nos pueden desviar la frecuencia del ideal y terminar con un capitalismo de estado totalitario. Quizás sería que en Venezuela aún no se iba ni por la tesis.


[1] S/A (2006) Teodoro Petkoff. Protagonistas en Tal Cual Digital. Caracas- Venezuela (En línea) Disponible en: http://www.talcualdigital.com/Especiales/protagonistas_petkoff.asp (Consultado el 21 de enero de 2008)

[2] En su primer año de gobierno creó la Biblioteca Ayacucho y el Programa de Becas Gran Mariscal de Ayacucho, que permitía a venezolanos sin recursos acceder a los centros universitarios más prestigiosos del mundo acorde a sus méritos y con facilidades de pago. En 1975 nacionaliza la industria del hierro y el 1ro enero de 1976 la industria del Petróleo.

[3] Entrevista en el programa Buenos Días. Transmitida por VTV el 16 de diciembre de 1970. Tomada de: http://200.2.12.152/cic/sofiadigital/paginas/archivodigital.html (Consultada el 25 de enero de 2008)

Petkoff: Un acercamiento al pensamiento de la izquierda de los setenta

Teodoro Petkoff “Proceso a la Izquierda” de 1976

Antes que nada procedamos a recordar lo que, para 1976, era un personaje como Teodoro Petkoff (que poco tiene que ver con el Teodoro de los editoriales de Tal Cual que hoy leemos o con el que fuera ministro de Caldera). Por lo menos en cuanto a sus posturas políticas pareciera haber cursado el mismo camino del difunto Betancourt.

Teodoro Petkoff Malec era (y sigue siendo) un zuliano nacido en Bobures. Viene al mundo el 3 de enero de 1932; hijo de Petko Petkoff e Ida Malec, una pareja de inmigrantes búlgaros- judíos. Tiene dos hermanos Luben y Milko. Los cuales también estarían ligados a movimientos insurrecionales. Cursó estudios en el Liceo Andrés Bello y luego pasaría a estudiar economía en la Universidad Central de Venezuela. Allí, desde los veinte años, ingresó en las filas del Partido Comunista Venezolano donde alcanzó posiciones de dirección en el Buró Político. Actuó en la resistencia estudiantil contra la dictadura Pérez Jiménez y fue guerrillero del comando de Douglas Bravo (en Trujillo, Falcón y Portuguesa) durante el gobierno de Betancourt. Estuvo preso en varias ocasiones y logró fugarse en dos de ellas, durante la época de las guerrillas utilizó los seudónimos «Roberto» y «Teódulo Perdomo». Su última fuga fue del Cuartel San Carlos por medio de un túnel en febrero de 1967, cuando se escapó junto a Pompeyo Márquez y Guillermo García Ponce. Para el 69 deja la vida de guerrillero y pasa al entorno político tras la pacificación copeyana con Caldera. Pero sólo un año después abandona el PCV, por diferencias sustanciales con el Partido, para fundar el Movimiento al Socialismo. (MAS)[1]

Yéndonos a la época en la cual se inscribe el texto que pretendemos analizar, encontramos que estamos en 1976 es decir, con Carlos Andrés Pérez al poder desde 1974 y con un vasto plan de reformas entre las cuales se cuenta la nacionalización de los hidrocarburos[2] El ensayo de Petkoff tiene el valor de asumir, por una parte, las derrotas del socialismo- comunismo en el mundo y de asumir lo que compete a la evolución de la izquierda nacional. Además señala los crasos errores que decantan del “socialismo real” e incluso del marxismo dogmático (como es la exclusión de las capas medias). Allí el primer valor. Cuando un hombre del PCV se atreve primero a juzgar la invasión de Checoslovaquia por parte de la URSS y luego a afirmar en un texto como éste que Marx se equivocó cuando desdeñó el papel de la clase media y pensó que ésta estaba condenada a morir para pasar a formar parte del proletariado tenemos frente a nosotros a una suerte de escrito herético (Sobre todo entendiendo que nos hallamos ante plena guerra fría). Además resulta interesante el papel que le asigna a ésta dentro del proceso socialista y cómo es indispensable su contribución para la “construcción socialista” a través de sus técnicos, científicos e intelectuales.

El valor del autor es la honestidad con la que analiza la realidad del comunismo mundial y cómo ve en las dificultades que éste ha atravesado las líneas a esquivar en Venezuela. Específicamente el pensar que el procese socialista debe desligarse de cualquier proceso de izquierda mundial o con esquemas prefijados o importados; básicamente insiste en un socialismo made in Venezuela. Nos relata de los problemas que enfrentó el socialismo Chileno o las circunstancias que permitieron el ascenso del gobierno revolucionario en Cuba; las cuales en definitiva serían irrepetibles. No obstante, quizás desilusiona un poco el hecho de que persista en llamar socialismo a un modelo que en definitiva plantea como una democracia y que por tanto resulta incompatible con algún tipo de “dictadura” llámenla sutilmente “nuevo bloque social” o hagan entender que bajo la “democracia actual” se vive una dictadura de la burguesía. Realmente resulta algo decepcionante que un hombre que expone con tanta claridad las situaciones que circundan al mundo, al país y al PCV o a la izquierda tradicional así como a las mismas razones por las cuales el MAS no obtuvo la victoria en las elecciones del 73, no se detenga a replantear cuáles son las condiciones por las que aboga en el llamado sistema socialista o que realmente las numeradas no difieren de un sistema democrático consolidado aunque insista en decir que el camino inexorable del MAS es la construcción del socialismo y que eso lo diferencia de AD o de Betancourt.

Ello nos condujo a escudriñar en las entrevistas realizadas por Carlos Rangel y Sofía Imber a Petkoff en aquélla época y tampoco produjo resultados satisfactorios. Sólo nos encontramos con un epílogo a su libro. Muchas quejas sobre las condiciones del país, la típica caracterización del imperialismo como culpable y la burguesía nacional como cómplice y los partidos como serviles, de la expansión capitalista, la lucha de clases, la injusticia social imperante y la “vanguardia” reivindicadora etc. sin realmente establecer puntos claves sobre cómo, cuándo y dónde y por qué llamarlo socialismo y no social democracia si es cierto que la propuesta es democrática y pregona la justicia social. Y es que hablar de cogestión por ejemplo en las empresas no termina por sepultar al capitalismo sino por dar paso a un fenómeno que ya existe como las PyMes o hablar de las MicroPyMes o en el caso de “tomar” empresas de gran tamaño sería ingenuo pensar que las decisiones en una empresa de 10.000 trabajadores como pudiera ser Banesco hoy día las decisiones de impacto (como la cartera de inversión) van a ser tomadas por consenso cuando la mayor parte de la nómina responde al personas de perfil inferior a gerentes. En ese caso, nuevamente, se crearía una cúpula que tomaría decisiones. Pero esto es un tema amplio y difuso que habría que desarrollar en otro momento.

La primera parte del libro es un análisis a las razones que condujeron al MAS a la derrota en las elecciones de 1973 y un balance positivo de los logros obtenidos. Luego nos muestra una visión casi pragmática de la “nueva izquierda” que está inmersa en el juego político y nos muestra una cantidad de respuestas a lo que serían los argumentos de la “izquierda tradicional” por la escisión que ellos representan, por las posturas moderadas frente al reformismo adeco o lo que Petkoff cataloga un falsa conducta revolucionaria que terminan por hacerle el juego a los centros de poder socialista y dejan de lado las realidades de sus países. Por lo cual, al final contribuyen con el poder capitalista burgués al desprestigiar al movimiento de izquierda nacional. Además nos realiza un recuento por las actuaciones tradicionales de la izquierda y esboza algunos elementos diferenciadores con éstas.

Pero deteniéndonos en el modo con el que aborda los defectos del sistema democrático venezolano cotejando o poniendo de relieve que el desprestigio de la izquierda se debe a la astuta artimaña de la burguesía para hacerlos ver como “guerrilleros” “totalitarios” “antidemocráticos” etc. Bajo el esquema de un poder cultural que hace servil al pueblo; es bastante difícil de roer. Primariamente porque se comprende que estamos en un periodo posterior al proceso de pacificación iniciado por Caldera y que hay pleno ejercicio de las libertades democráticas, se entiende entonces que las iniciativas políticas y culturales, así como el contacto con las masas es abierto y además cabría decir que si AD pudo construir una alternativa política en un escenario como el gomecismo y los dos periodos posteriores mucho más fácil era para esta suerte de “socialistas light” hacerse escuchar en ese periodo histórico. Si el pueblo desconfiaba por los desatinos de ¡todo! el socialismo real (URSS, China y Cuba) y por la característica bien señalada de los Partidos Comunistas mundiales como sucursales del bolchevique entonces ¿De dónde se puede sacar que el socialismo es positivo para la democracia? Si el mismo Petkoff tuvo que salirse de las filas del PCV por disentir ¿Cómo podemos creer en las ideas democráticas de éste si en la página 242 de su ensayo alaba, a través de las palabras de Ludovico Silva. Al genio múltiple de Marx? Sólo disiente de éste en lo de la clase media que ya se ha señalado y casi que nos dice que hubo un error de “mercadotecnia” al llamar dictadura del proletariado a la dictadura del proletariado que la gente no se asusta por la “dictadura de la burguesía” pero es que justamente lo absurdo es darle tal terminología; porque si bien es cierto que existió en Venezuela una élite dominante, no es menos cierto que la estabilidad democrática (esa exenta de golpes militares y de guerrillas urbanas) es un camino reciente y que es la necesaria base para las transformaciones sociales que de hecho, se sucedieron desde 1989 con el proceso de descentralización. Además realiza un encomio desmesurado a Lenin y cómo organizó la revolución rusa.

Es necesario volver al punto del “poder cultural” de la burguesía, el cual es ejercido a través de los medios de comunicación y de la manipulación de las masas. Ciertamente se considera que los medios son un poder en la sociedad. Pero no es menos cierto que ese mismo argumento puede argüirse respecto a Cuba o la URSS, no es menos cierto que sea el Estado Socialista o el llamado Estado Burgués siempre el poder ha estado ligado a la manipulación de la información; pero en ese caso no es una alternativa hablar de un sistema cuyo enceguecimiento dogmático siempre habrá de conducir como condición necesaria a la tergiversación de la información o bien la censura. Porque si el capitalismo vive del consumo, la moda y la acumulación de capital su proceso responde análogamente a la llamada “mano invisible”, al mercado; no al grupo reducido de ideólogos-políticos que deciden cuál información es consecuente con la “vanguardia” o cuáles no. Si el proceso capitalista es meramente económico; el socialista, basado en la relación social de los actores económicos, termina por arraigarse en una suerte de lo pseudo-teológico. Básicamente porque sus premisas responden al proceso del materialismo dialéctico de la historia que trae como síntesis obligatoria al comunismo por lo cual de alguna manera se “obliga” a los hombres a ir en procura de un sistema de libertad impuesta y de abolición del Estado en primera instancia. Así pues, si es cierto lo que preconizaba Marx el proceso de la lucha de clases concluiría cuando el capitalismo “pariera” al socialismo, como respuesta natural al proceso insostenible de la lucha de clases y éste el comunismo; de ahí que proponer construir el socialismo o el comunismo sea prácticamente contrario al proceso “natural” del determinismo histórico marxista. Esto no lo expone Petkoff así, sino que propone ir a la construcción de éste que no es el bolchevique ni el cubano, es propio, es diferente, pero no sabemos qué es. El mismo problema del Socialismo del Siglo XXI lo encontramos en el siglo XX con la propuesta del MAS, entre los cuales se cuenta a Petkoff como uno de sus más resaltantes ideólogos.

Es acertado, mas no novedoso, el análisis que hace del Estado Venezolano como el gran empleador, latifundista y centro de nuestra economía petrolera (Ya se lee en los textos de Uslar Pietri, Betancourt, Pérez Alfonso o Caldera). Así mismo se percibe como certera la idea de que se vive en Venezuela un capitalismo principalmente dominado por el Estado que con su poder económico ha de mantener a las clases sociales más favorecidas. Pero lo que realmente subyace ahí es la falta de un parque industrial privado y la falta de inversión en la diversificación de la producción como necesaria voluntad nacional a fin de que el Estado disminuya su poder y la economía logre su necesaria autonomía; así mismo la sociedad civil.

Es un poco trasnochado el argumento de que las cosas que afectan a la clase media sean razones que la amalgamen a la lucha “proletaria” puesto que admite que la clase media es una gran mayoría y ella misma es el producto de la movilidad social y de los beneficios del sistema ya que a través de la profesionalización ha logrado una “vida digna” (cubrir las necesidades básicas y hasta permitirse ciertos lujos; pasar de empleado a empleador inclusive). Y como básicamente a que esa clase media es producto de la admitida movilidad de clases sociales, con lo cual la “lucha” entre ellas es una quimera; lo que realmente sería necesario es hablar de reivindicaciones sociales y de condiciones de inversión y expansión de la industria nacional, consecuentemente con ello la expansión de una clase media y mayor equidad en la distribución de la riqueza. Si hoy día fuese así y el proletariado representase una minoría como en aquella época otra sería la historia actual de nuestro país. Quizás eso es lo que hoy podemos reflexionar, sólo el Viernes Negro, el Caracazo y el paquete de Miguel Rodríguez le dieron paso al socialismo en nuestro país. Se extremaron los márgenes de diferencia entre clases y ahora con una devaluación acumulada de más del 900% desde los 80´s los cantos de sirena del socialismo colaron por Miraflores. Aunque paradójicamente el MAS apoyara a Chávez sin un Petkoff en sus filas.

Volviendo al texto de Petkoff, es certero lo que señala de la contribución que la burguesía hace al poder y cómo el Estado, aunque parece contravenirla en algún momento, lo que hace es salvar al sistema en la que ésta se inscribe; pero es un poco absurdo que se señale que se trata de los procesos del imperialismo mundial que finalmente nos ponen en el escenario capitalista imperante porque aún en los países socialistas como Cuba o la URSS, vemos al “capitalismo” desfilar, por ejemplo la inversión española en hotelería en Cuba y la venta de petróleo y armamento que solía hacer la URSS). Porque lo que se instaura es un capitalismo de Estado. Y es que así como pasa con el comunismo o la lucha de clases como procesos internacionales, ha de entenderse que económicamente el paso del feudalismo al capitalismo implicó que se dejaran las economías autárquicas. Claro, aún no se hablaba de globalización, pero ya estábamos inmersos en ella desde que en Venezuela se tenían teléfonos, radios y televisores. Ahora bien, el mantenimiento del sistema no depende exclusivamente del gobierno, ni puede pensarse que le “hacía” el juego a la burguesía nacional puesto que sencillamente el Estado (como en Cuba o la URSS) usa las cartas que tiene a la mano para sufragar los gastos y, obviamente, los gastos nacionales (en términos de transferencias netas por ejemplo en un país semi-industrializado) sólo podrán costearse con el comercio de nuestros recursos inútiles en nuestra tierra. (¿O qué podíamos hacer con todo el petróleo aquí en Venezuela? ¿Saciar el hambre o satisfacer las demandas de educación de los pobres?) Pero este no es el tema a desarrollar y sería bastante extenso puntualizar las consideraciones en torno a este tema.

Es interesante, luego de entender la lucha armada que traía la izquierda nacional, ver la postura Moderada del Partido MAS, la postura de acceder a colaborar con el reformismo adeco de CAP I aunque se entienda que no se ve con absoluta confianza pero no adversa caprichosamente las decisiones que satisfagan demandas de los colectivos como antes haría el PCV.

En este sentido, resulta también interesante la carga de posturas reflexivas como la crítica a Stalin y el partido único como el gran dictador en el socialismo ruso, con lo que confirma el carácter revisionista de Pettkoff, pero aún se conservan esos elogios casi apologéticos a Marx o a las ideas de Lenin como rastros de una vieja fe no totalmente superada. Y si a esto se le une que no se propone nada concreto como programa de gobierno (de la alternativa masista), más allá de la típica esperanza cifrada sobre un sistema distinto y sobre un socialismo “bueno” para todos y de no caer en la “falsa conducta revolucionaria” tan dañina para la revolución porque ha sido la que sentenció a muerte a la vanguardia revolucionaria; se termina el lector de desencantar del texto al entenderlo como uno de los eslabones de la construcción de la alternativa política del MAS. De hecho, y creemos que ahí el valor actual de la edición venida de un Petkoff que ya no milita en ningún lado, este texto tiene un singular valor histórico porque nos relata, desde la filas de la izquierda, los acontecimientos más importantes de la Venezuela de los setenta. El análisis va más en el camino de mostrarnos los “contra” del resto (capitalismo y marxismo-stanlinista) y el panorama del bloque socialista para el momento que de establecer algunos puntos concretos de actuación de este “nuevo socialismo”.

Sobre todo queda abierto el asunto de cómo el socialismo democrático puede moverse como elección definitiva si la sociedad venezolana se halla inscrita en un escenario mundial, sobre todo bajo el esquema que el autor plantea de la “revolución en solitario” y las circunstancias económicas del petróleo.

El libro de Petkoff aparece como el himno de desencanto hacia la izquierda vieja –ortodoxa- y la excusa para la “creación” de una izquierda nueva (representada o abanderada en el Movimiento al Socialismo MAS que categóricamente rompe con el marxismo tradicional y que incorpora en sus filas a instituciones tradicionales como el catolicismo); pero más allá de hablar de un “socialismo humano y democrático” no plantea realmente los métodos para su consecución en el sentido expreso de cuáles son los “sustitutos” de los sistemas actuales. Así mismo, busca ser la nueva cartilla para despertar una conciencia colectiva que está despertando en parte, por la política reformista de Pérez. Pero insistimos en que más allá de hablar de una lucha que no lleve al resentimiento social y de raíces profundamente democráticas este socialismo de corte “humano” parece más un destructor del sistema imperante porque “está mal” que el constructor de una alternativa diferente ya que no la plantea. Y es que una democracia con justicia social es deseable, una democracia sin clientelismo partidista, sin discriminación, con ayudas para los marginados tradicionalmente, una democracia transparente, efectiva para resolver los problemas sociales, que vaya en contra de los monopolios y que muestre una vocación de servicio, una democracia no corrupta, ni partidista, ni servil con cualquier potencia extranjera (capitalista o socialista), que no procure la desigual distribución de la riqueza y favorezca la equidad; pero es que ¿eso no es la democracia en su deber ser? ¿Esa no debiera ser la meta democrática luego de la promulgación de los Derechos Humanos?

En una entrevista hecha por Carlos Rangel y Sofía Imber[3] con razón de la publicación de su libro Checoslovaquia el Socialismo como Problema; Petkoff señaló:

Lejos de haber una quiebra del marxismo, hay un refrescamiento, un interés renovado por el pensamiento marxista en el mundo. Desde luego que hay sectores seudo-marxistas, dogmáticos, ortodoxos, aferrados a interpretaciones anquilosadas, que no tienen remedio, pero hay otros grupos que buscan soluciones, no en el marxismo bastardeado por Stalin, sino en una concepción renovada del marxismo auténtico. Toda la concepción stalinista no es sino el marxismo sin debate. El marxismo de Lenin y Marx es el producto de una polémica gigantesca, de un debate interminable.

Aquí claramente muestra su ruptura con los partidos comunistas tradicionales; que en definitiva siguen la línea stalinista. Así mismo, ya se ven las ideas de los “falsos revolucionarios” que son justamente una de las ideas combativas recurrentes en Proceso a la Izquierda y son justamente esos “seudo-marxistas, ortodoxos” los que han desprestigiado al marxismo que Petkoff quiere salvar luego con el MAS.

Otro programa interesante fue el del 1ro de febrero de 1973, donde aborda más directamente el tema del socialismo que propone y donde Carlos Rangel hace patente que el de dudosa credibilidad tal propuesta:

Teodoro Petkoff: Ésta es una diferencia sustancial en el planteamiento nuestro. Nosotros entendemos que la sociedad no puede estar exclusivamente en manos del Estado. Por el contrario, el diseño socialista, tan viejo como Marx, indica esto así…


Carlos Rangel: Pero no ha pasado en ningún lado…


TP: No, no ha pasado, pero efectivamente es así. El diseño socialista incluye eso… No ha pasado, pero nosotros no sólo nos planteamos la posibilidad de que sea así sino que entendemos que es perfectamente posible que el Estado venezolano sea concebido como un ente de transición en vías de destrucción y de desaparición… Y por ello ponemos mucho interés y colocamos el acento en que la propiedad sobre los medios, sobre las fábricas, los barcos, las tierras, que hoy en día están en manos de los capitalistas, sean en el período inicial de transición producto de la congestión, de la codirección entre los comités de trabajadores y el Estado…


CR: ¿Por qué esto no ha sucedido aún en ninguna parte?, dijo Carlos. Y muchos lo han intentado. Y no ha podido ser hecho en ninguna parte…


TP: Yo te expliqué, y lamentablemente tendrá que ser otro estereotipo, que las circunstancias históricas que se vivieron en casi todos los países socialistas desviaron con frecuencia el ideal… La vida real del ideal…


CR: Pero es que son muchos países en circunstancias distintas –dijo Carlos-…


TP: Catorce, nada más…


CR: Pero catorce que van desde la URSS, el país más extenso del mundo, con una de las mayores poblaciones, recursos naturales como ningún otro país y un desarrollo capitalista previo a la revolución bastante considerable, hasta países como Cuba que es parecido a Venezuela… No es aceptable ya la explicación del fracaso alegando circunstancias históricas en cada caso… No puede seguir siendo dicho…

Lo que queda evidenciado en esta entrevista es que el socialismo propuesto por Petkoff redunda en las mismas propuestas que no han sido llevadas a cabo por los países que ya han estados incursos en el socialismo y de hecho en todos –hasta hoy día casi 33 años después- el Estado no ha sido abolido sino que se ha reforzado. ¿Cómo creer en un proceso a la izquierda democrático que pretende eliminar al Estado como ente regulador de la vida social y no ser capitalista y que asiente ante Cuba o la URRS? Además que hay que tener cuidado porque si la circunstancia histórica conspira nos pueden desviar la frecuencia del ideal y terminar con un capitalismo de estado totalitario. Quizás sería que en Venezuela aún no se iba ni por la tesis.


[1] S/A (2006) Teodoro Petkoff. Protagonistas en Tal Cual Digital. Caracas- Venezuela (En línea) Disponible en: http://www.talcualdigital.com/Especiales/protagonistas_petkoff.asp (Consultado el 21 de enero de 2008)

[2] En su primer año de gobierno creó la Biblioteca Ayacucho y el Programa de Becas Gran Mariscal de Ayacucho, que permitía a venezolanos sin recursos acceder a los centros universitarios más prestigiosos del mundo acorde a sus méritos y con facilidades de pago. En 1975 nacionaliza la industria del hierro y el 1ro enero de 1976 la industria del Petróleo.

[3] Entrevista en el programa Buenos Días. Transmitida por VTV el 16 de diciembre de 1970. Tomada de: http://200.2.12.152/cic/sofiadigital/paginas/archivodigital.html (Consultada el 25 de enero de 2008)

De la Comunidad Económica a la Unión Europea

El proceso de construcción europea, de la CEE a la Unión Europea

Antonio Moreno Juste

(Análisis crítico)

Historia… testis temporum, lux veritatis,

vita memoriae, magistra vitae, nuntia vetustis

(M. Tullius Cicero, De Oratore 2.36 )

Uno de los ensayos del pensador español Jorge Semprúm, en su libro Pensar en Europa, tiene una frase que podría decirse “justifica” la existencia del texto de Moreno Juste; él plantea la necesidad de “definir un concepto de Europa, el concepto de una visión global de la Europa global, no sólo desde el punto de vista territorial o geográfico sino desde un punto de vista histórico(…)” y es justamente esto lo que nos ofrece, en líneas generales, Moreno Juste, una visión histórica de la Europa global, de la Europa construida en más de cuarenta años desde el término de la II Guerra Mundial. El texto no pretende ser exhaustivo, es obvio, pero si enuncia los temas determinantes de la profundización (y obstaculización) del proceso de integración.

Ahora bien, sea como sea esta necesidad de abordar el escenario europeo responde a que es uno de los principales temas de interés en el escenario mundial; Europa está incursa en un proceso de integración que, iniciándose en lo económico, está ya dando el gran paso para afianzar el proceso de la unión política y social; lo cual finalmente se dibuja en el trazo de una Europa que busca establecer una unión identitaria[1] (en términos de Semprúm)[2] y una unión que ganara peso político (en términos de Moreno Juste).

Hay una frase que realmente se me hizo difícil de comprender en este texto: “(…)se viene observando el desarrollo de una historia de la integración europea con un acento más jurídico que político, más constitucional que democrático (…)” (subrayado nuestro) (Moreno: 482). La dificultad se halla en que la confrontación es difícilmente obligatoria; es decir, dentro de la clasificación existente en la teoría constitucional; los “pactos fundacionales” entendidos como “la suma de factores reales de poder” (Lasalle) o bien “un supuesto que le otorga validez al sistema jurídico en su conjunto” (Kelsen); por su origen, pueden diferenciarse cuatro tipos; y si bien existen constituciones impuestas y otorgadas no es menos cierto que existen las pactadas y las aprobadas por soberanía popular en el caso de los referendos constituyentes y aprobatorios. De ahí que me parezca algo “sospechosa” la premisa de la que parte el autor. Mas no es menos cierto que tal vez lo que el autor pretende hacer patente es que en el seno de la UE lo que se ha pretendido es el reforzamiento legal –en su más estricto sentido y patentado en la búsqueda de promulgar una constitución- en lugar de profundizar las relaciones “paneuropeas” en el debate clásicamente democrático de una idea de europeidad como identidad compartida.

El autor nos lleva a lo largo de cinco décadas y nos encamina en las razones que llevaron a un grupo reducido de países a “pactar” en la creación de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA); donde dos titanes como Francia y Alemania se dan la mano. Es sumamente interesante el constatar cómo el devenir de la integración se halló plagado de contratiempos (debate funcionalistas – federalistas, papel de Reino Unido dentro de los convenios, papel de la Francia gaullista o simplemente si la integración era sólo económica o se ampliaba hasta lo político; incluído el debate sobre la existencia de una Comunidad Europea de Defensa, fracasada posteriormente).

Aunque iniciándose en el CECA, ya que de ahí parte la contraposición de federalistas y funcionalistas (Monnet) puede entenderse que el Tratado Constitutivo de la Comunidad Económica Europea o Tratado Fundacional, de 1957, significó el inicio real de una Comunidad Económica; en tanto que se “crean entes supranacionales con personalidad propia” y se pone en marcha un aporte importantísimo como la PAC o Política Agraria Común (en gran parte responsable de la estabilidad interna de muchas de las economías europeas para las próximas décadas y una de las causas principales del resquemor, por parte de agricultores como los franceses, a la ratificación de Maastricht o a la aprobación de una Constitución común. Así mismo tenemos el referente de la crisis causada por la política comunitaria de De Gaulle en Francia, la cual mantuvo una actitud tajante respecto del ingreso de Reino Unido a la Comunidad.

Moreno Juste también nos habla de un periodo denominado “euroesclerosis” o estancamiento comunitario. Finalizando la década de los setenta, los países de la Comunidad experimentan “una falta de competitividad y crecimiento económico”. Esto llevaría a la serie de negociaciones que finalmente a buscar un medio a través del cual la Comunidad “ganara peso político” y se “aumentar la legitimidad democrática” de las instituciones.

Luego de la ampliación de seis a nueve y de nueve a doce, para 1992, se hizo necesario el fortalecer, mediante un nuevo tratado que reformara –complementara- a los anteriores en la formación real de una Unión Europea; esto se logró a través del polémico TUE o Tratado de la Unión Europea (Tratado de Maastricht). El aporte de éste, resumido en el texto, se entiende en dos planos: internamente en cuanto a la consagración de las cuatro libertades (circulación de personas –en la creación de una ciudadanía europea[3]-, mercancías, capitales y servicios) y externamente en el desarrollo de una Política Exterior y de Seguridad Común y las acciones emprendidas para la transición democrática de los países del este centro de Europa (sobre todo ante la reunificación alemana tras la caída de la URSS)

Así mismo, se avanzó en la introducción de la moneda única, la cooperación en el ámbito de la justicia y los asuntos de interior. En el primer punto con la creación del banco Central Europeo y el convenio de “alinear” las políticas monetarias y fiscales de los Estados Miembros. (Punto el cual representó fuertes reticencias por parte de los nacionales de diferentes países y la no adhesión de Reino Unido y Dinamarca en este aspecto, pues para muchos es interpretada como una pérdida de soberanía)

El Tratado de Amsterdam fue aprobado por el Consejo Europeo (16 y 17 de junio de 1997) y su objetivo fue el modificar ciertas disposiciones del Tratado de la Unión Europea, de los tratados constitutivos de las Comunidades Europeas (Paris y Roma) y de algunos actos relacionados con los mismos. El Tratado afirma que Unión Europea se basa en los principios de libertad, democracia, respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales y del Estado de Derecho. Posteriormente; en el Tratado de Niza, en el 2001, los Estados miembros concluyen un acuerdo sobre la revisión de los Tratados, y la reforma institucional; así mismo el debate profundo sobre el futuro de la Unión, en el marco de cuál sería la dirección que tomaría en el inicio del nuevo milenio.

El quinto apartado sobre El Futuro de la Construcción Europea en un mundo globalizado nuestro autor muestra los escenarios de integración que pueden plantearse para el momento en el que el autor escribe tal ensayo[4]. En este sentido, se plantea una especie de “nueva euroesclerosis” en tanto que se enfrenta a una nueva crisis institucional que puede estar sustentada (como plantea Moreno) en la falta de crecimiento o de identidad y donde gana más peso en intergubernamentalismo que la acción comunitaria.

Cuatro posiciones definen las perspectivas –casi históricas- de la Unión, cuatro concepciones del “mundo europeo” donde por un parte se visualiza a éste como un Gran mercado intergubernamental (un proyecto más económico que político, preferencia tradicionalmente británica); la Construcción Europea como un camino paso a paso (proyecto originalmente ideado por Monnet, visión más continuista de la tradición comunitaria, donde no se desechan opciones y se basa en varios “núcleos duros” al mismo tiempo –euro, defensa, cooperación. Instituciones- por lo cual se traduce en seguir reforzando las instituciones existentes); Avanzar en la construcción europea a través de un núcleo duro; es decir, profundizar la reforma institucional iniciándose con los países de la zona euro, y se propendería hacia la convivencia entonces de una Europa política fuerte, una zona gris de los escépticos y un gran mercado intergubernamental; por último la Europa del Federalismo Renovado, entendida como la retoma de la idea de federalismo clásico planteado en términos actuales en la creación de un Estado-Nación europeo con un gobierno supranacional –dimanado del Consejo- y sustentado en una Constitución y en el Parlamento Europeo.

El autor concluye mostrando una postura –muy española por demás- a favor de la integración, señala básicamente que la respuesta comunitaria es una forma de recuperar colectivamente la soberanía que se perdía en el mercado mundial y las tendencias de la globalización. Así mismo es consciente de que los retos están pendientes en materia de consolidación de las instituciones, necesidad de respuestas colectivas, necesidad de definir un camino a seguir –entendiendo las premisas difusas y las variables y factores internos y externos, culturales y políticos, espirituales y económicos- y de lograr una cohesión interna, hoy día aún pendiente- que permita un avance sincero y perdurable, escenario que dadas las circunstancias expresas, el autor no siente posible; más afirma lograble. Esta necesidad se hizo patente en la no ratificación –Francia y Países Bajos- posterior del Tratado por el que se establece una Constitución para Europa y hoy día la necesidad pujante de consolidar una identidad europea auténtica que permita a la Unión estrechar lazos democráticamente en términos de legitimidad y gobernanza. El debate iniciado en 1992 –propiamente- está aún sobre la mesa, queda mucho por decir.


[1] La unión identitaria de Semprúm refiere a la búsqueda de la europeidad más allá de los intereses comunes en el hoy; sino en rasgos culturales de la formación del viejo continente. Es decir, desde la filosofía de la historia europea.

[2] También lo señala Juste cuando dice que “(…) la política de la Comisión y el Parlamento europeos por impulsar el sentimiento de una «Identidad Europea» a través del mejor conocimiento del proceso de construcción europea y de sus realizaciones, presente en el ámbito institucional desde la “Declaración de Identidad Europea” adoptada por los Jefes de Estado y Gobierno de los países de la Comunidad el 15 de diciembre de 1973. (Moreno, J. (1997) La Construcción Europea e historia de las relaciones internacionales. En Cuadernos de Historia Contemporánea. Nº 19. Universidad Complutense de Madrid :162)

[3] Punto álgido hasta nuestros días, por considerarse que no existe una real identidad compartida; lo cual dificulta la integración “real” de la Unión.

[4] Inserto en el libro Historia de las Relaciones Internacionales Contemporáneas fechado en 2001 y publicado por Ariel.

De la Comunidad Económica a la Unión Europea

El proceso de construcción europea, de la CEE a la Unión Europea

Antonio Moreno Juste

(Análisis crítico)

Historia… testis temporum, lux veritatis,

vita memoriae, magistra vitae, nuntia vetustis

(M. Tullius Cicero, De Oratore 2.36 )

Uno de los ensayos del pensador español Jorge Semprúm, en su libro Pensar en Europa, tiene una frase que podría decirse “justifica” la existencia del texto de Moreno Juste; él plantea la necesidad de “definir un concepto de Europa, el concepto de una visión global de la Europa global, no sólo desde el punto de vista territorial o geográfico sino desde un punto de vista histórico(…)” y es justamente esto lo que nos ofrece, en líneas generales, Moreno Juste, una visión histórica de la Europa global, de la Europa construida en más de cuarenta años desde el término de la II Guerra Mundial. El texto no pretende ser exhaustivo, es obvio, pero si enuncia los temas determinantes de la profundización (y obstaculización) del proceso de integración.

Ahora bien, sea como sea esta necesidad de abordar el escenario europeo responde a que es uno de los principales temas de interés en el escenario mundial; Europa está incursa en un proceso de integración que, iniciándose en lo económico, está ya dando el gran paso para afianzar el proceso de la unión política y social; lo cual finalmente se dibuja en el trazo de una Europa que busca establecer una unión identitaria[1] (en términos de Semprúm)[2] y una unión que ganara peso político (en términos de Moreno Juste).

Hay una frase que realmente se me hizo difícil de comprender en este texto: “(…)se viene observando el desarrollo de una historia de la integración europea con un acento más jurídico que político, más constitucional que democrático (…)” (subrayado nuestro) (Moreno: 482). La dificultad se halla en que la confrontación es difícilmente obligatoria; es decir, dentro de la clasificación existente en la teoría constitucional; los “pactos fundacionales” entendidos como “la suma de factores reales de poder” (Lasalle) o bien “un supuesto que le otorga validez al sistema jurídico en su conjunto” (Kelsen); por su origen, pueden diferenciarse cuatro tipos; y si bien existen constituciones impuestas y otorgadas no es menos cierto que existen las pactadas y las aprobadas por soberanía popular en el caso de los referendos constituyentes y aprobatorios. De ahí que me parezca algo “sospechosa” la premisa de la que parte el autor. Mas no es menos cierto que tal vez lo que el autor pretende hacer patente es que en el seno de la UE lo que se ha pretendido es el reforzamiento legal –en su más estricto sentido y patentado en la búsqueda de promulgar una constitución- en lugar de profundizar las relaciones “paneuropeas” en el debate clásicamente democrático de una idea de europeidad como identidad compartida.

El autor nos lleva a lo largo de cinco décadas y nos encamina en las razones que llevaron a un grupo reducido de países a “pactar” en la creación de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA); donde dos titanes como Francia y Alemania se dan la mano. Es sumamente interesante el constatar cómo el devenir de la integración se halló plagado de contratiempos (debate funcionalistas – federalistas, papel de Reino Unido dentro de los convenios, papel de la Francia gaullista o simplemente si la integración era sólo económica o se ampliaba hasta lo político; incluído el debate sobre la existencia de una Comunidad Europea de Defensa, fracasada posteriormente).

Aunque iniciándose en el CECA, ya que de ahí parte la contraposición de federalistas y funcionalistas (Monnet) puede entenderse que el Tratado Constitutivo de la Comunidad Económica Europea o Tratado Fundacional, de 1957, significó el inicio real de una Comunidad Económica; en tanto que se “crean entes supranacionales con personalidad propia” y se pone en marcha un aporte importantísimo como la PAC o Política Agraria Común (en gran parte responsable de la estabilidad interna de muchas de las economías europeas para las próximas décadas y una de las causas principales del resquemor, por parte de agricultores como los franceses, a la ratificación de Maastricht o a la aprobación de una Constitución común. Así mismo tenemos el referente de la crisis causada por la política comunitaria de De Gaulle en Francia, la cual mantuvo una actitud tajante respecto del ingreso de Reino Unido a la Comunidad.

Moreno Juste también nos habla de un periodo denominado “euroesclerosis” o estancamiento comunitario. Finalizando la década de los setenta, los países de la Comunidad experimentan “una falta de competitividad y crecimiento económico”. Esto llevaría a la serie de negociaciones que finalmente a buscar un medio a través del cual la Comunidad “ganara peso político” y se “aumentar la legitimidad democrática” de las instituciones.

Luego de la ampliación de seis a nueve y de nueve a doce, para 1992, se hizo necesario el fortalecer, mediante un nuevo tratado que reformara –complementara- a los anteriores en la formación real de una Unión Europea; esto se logró a través del polémico TUE o Tratado de la Unión Europea (Tratado de Maastricht). El aporte de éste, resumido en el texto, se entiende en dos planos: internamente en cuanto a la consagración de las cuatro libertades (circulación de personas –en la creación de una ciudadanía europea[3]-, mercancías, capitales y servicios) y externamente en el desarrollo de una Política Exterior y de Seguridad Común y las acciones emprendidas para la transición democrática de los países del este centro de Europa (sobre todo ante la reunificación alemana tras la caída de la URSS)

Así mismo, se avanzó en la introducción de la moneda única, la cooperación en el ámbito de la justicia y los asuntos de interior. En el primer punto con la creación del banco Central Europeo y el convenio de “alinear” las políticas monetarias y fiscales de los Estados Miembros. (Punto el cual representó fuertes reticencias por parte de los nacionales de diferentes países y la no adhesión de Reino Unido y Dinamarca en este aspecto, pues para muchos es interpretada como una pérdida de soberanía)

El Tratado de Amsterdam fue aprobado por el Consejo Europeo (16 y 17 de junio de 1997) y su objetivo fue el modificar ciertas disposiciones del Tratado de la Unión Europea, de los tratados constitutivos de las Comunidades Europeas (Paris y Roma) y de algunos actos relacionados con los mismos. El Tratado afirma que Unión Europea se basa en los principios de libertad, democracia, respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales y del Estado de Derecho. Posteriormente; en el Tratado de Niza, en el 2001, los Estados miembros concluyen un acuerdo sobre la revisión de los Tratados, y la reforma institucional; así mismo el debate profundo sobre el futuro de la Unión, en el marco de cuál sería la dirección que tomaría en el inicio del nuevo milenio.

El quinto apartado sobre El Futuro de la Construcción Europea en un mundo globalizado nuestro autor muestra los escenarios de integración que pueden plantearse para el momento en el que el autor escribe tal ensayo[4]. En este sentido, se plantea una especie de “nueva euroesclerosis” en tanto que se enfrenta a una nueva crisis institucional que puede estar sustentada (como plantea Moreno) en la falta de crecimiento o de identidad y donde gana más peso en intergubernamentalismo que la acción comunitaria.

Cuatro posiciones definen las perspectivas –casi históricas- de la Unión, cuatro concepciones del “mundo europeo” donde por un parte se visualiza a éste como un Gran mercado intergubernamental (un proyecto más económico que político, preferencia tradicionalmente británica); la Construcción Europea como un camino paso a paso (proyecto originalmente ideado por Monnet, visión más continuista de la tradición comunitaria, donde no se desechan opciones y se basa en varios “núcleos duros” al mismo tiempo –euro, defensa, cooperación. Instituciones- por lo cual se traduce en seguir reforzando las instituciones existentes); Avanzar en la construcción europea a través de un núcleo duro; es decir, profundizar la reforma institucional iniciándose con los países de la zona euro, y se propendería hacia la convivencia entonces de una Europa política fuerte, una zona gris de los escépticos y un gran mercado intergubernamental; por último la Europa del Federalismo Renovado, entendida como la retoma de la idea de federalismo clásico planteado en términos actuales en la creación de un Estado-Nación europeo con un gobierno supranacional –dimanado del Consejo- y sustentado en una Constitución y en el Parlamento Europeo.

El autor concluye mostrando una postura –muy española por demás- a favor de la integración, señala básicamente que la respuesta comunitaria es una forma de recuperar colectivamente la soberanía que se perdía en el mercado mundial y las tendencias de la globalización. Así mismo es consciente de que los retos están pendientes en materia de consolidación de las instituciones, necesidad de respuestas colectivas, necesidad de definir un camino a seguir –entendiendo las premisas difusas y las variables y factores internos y externos, culturales y políticos, espirituales y económicos- y de lograr una cohesión interna, hoy día aún pendiente- que permita un avance sincero y perdurable, escenario que dadas las circunstancias expresas, el autor no siente posible; más afirma lograble. Esta necesidad se hizo patente en la no ratificación –Francia y Países Bajos- posterior del Tratado por el que se establece una Constitución para Europa y hoy día la necesidad pujante de consolidar una identidad europea auténtica que permita a la Unión estrechar lazos democráticamente en términos de legitimidad y gobernanza. El debate iniciado en 1992 –propiamente- está aún sobre la mesa, queda mucho por decir.


[1] La unión identitaria de Semprúm refiere a la búsqueda de la europeidad más allá de los intereses comunes en el hoy; sino en rasgos culturales de la formación del viejo continente. Es decir, desde la filosofía de la historia europea.

[2] También lo señala Juste cuando dice que “(…) la política de la Comisión y el Parlamento europeos por impulsar el sentimiento de una «Identidad Europea» a través del mejor conocimiento del proceso de construcción europea y de sus realizaciones, presente en el ámbito institucional desde la “Declaración de Identidad Europea” adoptada por los Jefes de Estado y Gobierno de los países de la Comunidad el 15 de diciembre de 1973. (Moreno, J. (1997) La Construcción Europea e historia de las relaciones internacionales. En Cuadernos de Historia Contemporánea. Nº 19. Universidad Complutense de Madrid :162)

[3] Punto álgido hasta nuestros días, por considerarse que no existe una real identidad compartida; lo cual dificulta la integración “real” de la Unión.

[4] Inserto en el libro Historia de las Relaciones Internacionales Contemporáneas fechado en 2001 y publicado por Ariel.

Chipre: dos naciones en un país

Turco Chipriotas y Greco Chipriotas:

o de la decepción humana.


El conflicto “interno” de la isla de Chipre es un hecho lamentable; no sólo por el extenso tiempo que lleva latente e irresoluto (desde 1963) sino porque la pretendida secesión no ha traído consigo más que severas violaciones a los Derechos Humanos de cada una de las partes sino que además se ha visto “al margen” la aplicabilidad del Derecho Internacional Humanitario por variadas causas, el repetido silencio de la Comisión Europea en muchos casos, el de la Corte Europea de Derechos Humanos y por uno de los hechos más confusos de su historia reciente: la “existencia” de una República Turca del Norte de Chipre (sólo reconocida internacionalmente por Turquía).

No obstante, las opiniones disidentes dentro de las instituciones internacionales son una clara muestra de que el alcance del conflicto chipriota es mucho mayor al que le han adjudicado –de hecho- las instituciones supranacionales; y aunque sea un caso de difícil interpretación por las variables ya conocidas es necesario que se busque darle curso a las reivindicaciones que contempla el Derecho Internacional Público.

Los factores que inciden sobre este caso son variados; pero básicamente pueden resumirse en la existencia de un plurinacionalismo; por una parte los greco-chipriotas (mayoría numérica descendientes de los griegos) y por otro lado los turco-chipriotas (minoría, descendientes de los turcos). La hostilidad que se halla en la isla no es respuesta únicamente de un movimiento secesionista por parte de los turco-chipriotas, ni la búsqueda de la enosis por parte de la parte griega, sino que recuenta las antiguas rivalidades entre la Magna Grecia y el Imperio Otomano por la ocupación de los territorios, y entre ellos, la isla. Cada uno de los grupos hoy presentes tiene profundas raíces históricas dentro de la isla, y por tanto cuenta con una configuración cultural propia.

La comunidad turco-chipriota, por su parte, ha sido objeto de un “embargo económico” de hecho, por parte de la comunidad internacional y sobre todo por la Unión Europea, el no ser reconocida ni tener representación a nivel internacional, lo cual termina por excluirles de cualquier foro de este nivel; así mismo, a una serie de medidas restrictivas que han minado su economía y restringido la libertad de movimiento de sus nacionales. Es lógico en cuanto a que no se reconoce a la autoproclamada república, pero cabe preguntarse ¿es correcto que se hallen al margen de la política internacional?

En el seno de las violaciones graves a los DDHH tenemos que cientos de chipriotas (de uno u otro lado) han muerto en manos de compatriotas (por lo cual las hostilidades pueden clasificarse como un conflicto armado no internacional, en el caso de asumirse como una sola República o guerra civil), violaciones, escarnio público, imposibilidad de libre tránsito en el territorio nacional, enajenación de propiedades etc.

Así mismo la sucesiva violación al Derecho Internacional Humanitario (en los Convenios de Ginebra y sus Protocolos Adicionales) en lo que refiere al incumplimiento de los tratados en cuanto al debido trato a los prisioneros de guerra, protección de la población civil (por parte de la reconocida República de Chipre y la República de Turquía) y a las Convenciones de la Haya en lo referente a la destrucción de bienes culturales (templos griegos, mezquitas islámicas ambos fechados a.C., y obras arquitectónicas recientes también perdidas en las hostilidades o seriamente afectadas)

En el caso de la República Turca del Norte de Chipre, ésta no se ha hecho responsable de ninguna de las violaciones dado que, al no reconocerla internacionalmente, se halla al margen de los tratados o convenios internacionales del derecho internacional público. Esto, a su vez, a dificultado el establecer procesos efectivos en el caso de violaciones de DDHH y determinar el alcance y tratamiento del conflicto en lo referente a su tipificación y alcance.

Desde los sesenta la ONU ha ejercido diferentes formas de mediación: desde establecer la conocida línea verde que separa a los dos grupos y a la isla, hasta la elaboración del fallido Plan Annan en el 2002, que pretendía poner fin a la diatriba entre los chipriotas y reunificar la isla. Sin embargo, queda claro –luego de los errores mostrados en las negociaciones de ratificación por ambas partes- que dicho plan debe ajustarse de modo que refleje las realidades creadas por la admisión de Chipre en la UE así como las nuevas dimensiones introducidas en el marco de la adopción de un tratado “constitución” de la Unión Europea, luego de la retoma en la reciente cumbre de Bruselas. El reto actual, pues, es doble: de un lado crear las condiciones dentro de la comunidad griega de Chipre para aprobar una «federación bizonal-bicomunal» como solución al conflicto chipriota y, de otro lado, evitar la desilusión dentro de la comunidad turca y conservar su voluntad mostrada en ese 65% a favor de la adopción de una solución que admite que son parte de una “casa común” como afirmaba el Plan.

El juego de poder entre cada uno de los grupos ha dificultado más aún las negociaciones, y mantener la situación lo único que logra es hacer latente las pugnas entre estos dos grupos que en líneas generales no comparten una identidad nacional y muy por el contrario si la noción de rivalidad y desconfianza que hace difícil, en términos de gobernanza, lograr llevar adelante un gobierno común.

Pese a que los informes de 2007 clasifican a la situación en Chipre como “bien”, se entiende que las hostilidades han cedido ante la coyuntura del ingreso de Turquía a la Unión Europea, la presión de la Unión respecto de Turquía para alcanzar los llamados criterios de convergencia y la pasada (2004) aceptación de la República de Chipre como miembro pleno de la Unión. Así mismo que la “línea verde” y la presencia de Reino Unido (de quien se independizó la isla en los 60´ y quedó como guardian por tratado firmado entre griego-chipriotas y turco-chipriotas) sigue en la isla como garantes de la paz.

Finalmente, desde que los greco-chipriotas rechazaron el Plan Annan para reunificar la isla en abril de 2004, han sido considerados como el mayor obstáculo para alcanzar un acuerdo. Así pues, pareciera que un cambio en las políticas mantenidas por el sur de la isla, y una presión real por parte de la UE para favorecer la reunificación –no como adhesión del norte de la isla y punto- podría favorecer a la resolución del conflicto. Así mismo, la no intromisión de otras potencias como Grecia o Turquía pareciera hacerse cada vez más necesaria; pero ¿cómo evitarla?

Chipre: dos naciones en un país

Turco Chipriotas y Greco Chipriotas:

o de la decepción humana.


El conflicto “interno” de la isla de Chipre es un hecho lamentable; no sólo por el extenso tiempo que lleva latente e irresoluto (desde 1963) sino porque la pretendida secesión no ha traído consigo más que severas violaciones a los Derechos Humanos de cada una de las partes sino que además se ha visto “al margen” la aplicabilidad del Derecho Internacional Humanitario por variadas causas, el repetido silencio de la Comisión Europea en muchos casos, el de la Corte Europea de Derechos Humanos y por uno de los hechos más confusos de su historia reciente: la “existencia” de una República Turca del Norte de Chipre (sólo reconocida internacionalmente por Turquía).

No obstante, las opiniones disidentes dentro de las instituciones internacionales son una clara muestra de que el alcance del conflicto chipriota es mucho mayor al que le han adjudicado –de hecho- las instituciones supranacionales; y aunque sea un caso de difícil interpretación por las variables ya conocidas es necesario que se busque darle curso a las reivindicaciones que contempla el Derecho Internacional Público.

Los factores que inciden sobre este caso son variados; pero básicamente pueden resumirse en la existencia de un plurinacionalismo; por una parte los greco-chipriotas (mayoría numérica descendientes de los griegos) y por otro lado los turco-chipriotas (minoría, descendientes de los turcos). La hostilidad que se halla en la isla no es respuesta únicamente de un movimiento secesionista por parte de los turco-chipriotas, ni la búsqueda de la enosis por parte de la parte griega, sino que recuenta las antiguas rivalidades entre la Magna Grecia y el Imperio Otomano por la ocupación de los territorios, y entre ellos, la isla. Cada uno de los grupos hoy presentes tiene profundas raíces históricas dentro de la isla, y por tanto cuenta con una configuración cultural propia.

La comunidad turco-chipriota, por su parte, ha sido objeto de un “embargo económico” de hecho, por parte de la comunidad internacional y sobre todo por la Unión Europea, el no ser reconocida ni tener representación a nivel internacional, lo cual termina por excluirles de cualquier foro de este nivel; así mismo, a una serie de medidas restrictivas que han minado su economía y restringido la libertad de movimiento de sus nacionales. Es lógico en cuanto a que no se reconoce a la autoproclamada república, pero cabe preguntarse ¿es correcto que se hallen al margen de la política internacional?

En el seno de las violaciones graves a los DDHH tenemos que cientos de chipriotas (de uno u otro lado) han muerto en manos de compatriotas (por lo cual las hostilidades pueden clasificarse como un conflicto armado no internacional, en el caso de asumirse como una sola República o guerra civil), violaciones, escarnio público, imposibilidad de libre tránsito en el territorio nacional, enajenación de propiedades etc.

Así mismo la sucesiva violación al Derecho Internacional Humanitario (en los Convenios de Ginebra y sus Protocolos Adicionales) en lo que refiere al incumplimiento de los tratados en cuanto al debido trato a los prisioneros de guerra, protección de la población civil (por parte de la reconocida República de Chipre y la República de Turquía) y a las Convenciones de la Haya en lo referente a la destrucción de bienes culturales (templos griegos, mezquitas islámicas ambos fechados a.C., y obras arquitectónicas recientes también perdidas en las hostilidades o seriamente afectadas)

En el caso de la República Turca del Norte de Chipre, ésta no se ha hecho responsable de ninguna de las violaciones dado que, al no reconocerla internacionalmente, se halla al margen de los tratados o convenios internacionales del derecho internacional público. Esto, a su vez, a dificultado el establecer procesos efectivos en el caso de violaciones de DDHH y determinar el alcance y tratamiento del conflicto en lo referente a su tipificación y alcance.

Desde los sesenta la ONU ha ejercido diferentes formas de mediación: desde establecer la conocida línea verde que separa a los dos grupos y a la isla, hasta la elaboración del fallido Plan Annan en el 2002, que pretendía poner fin a la diatriba entre los chipriotas y reunificar la isla. Sin embargo, queda claro –luego de los errores mostrados en las negociaciones de ratificación por ambas partes- que dicho plan debe ajustarse de modo que refleje las realidades creadas por la admisión de Chipre en la UE así como las nuevas dimensiones introducidas en el marco de la adopción de un tratado “constitución” de la Unión Europea, luego de la retoma en la reciente cumbre de Bruselas. El reto actual, pues, es doble: de un lado crear las condiciones dentro de la comunidad griega de Chipre para aprobar una «federación bizonal-bicomunal» como solución al conflicto chipriota y, de otro lado, evitar la desilusión dentro de la comunidad turca y conservar su voluntad mostrada en ese 65% a favor de la adopción de una solución que admite que son parte de una “casa común” como afirmaba el Plan.

El juego de poder entre cada uno de los grupos ha dificultado más aún las negociaciones, y mantener la situación lo único que logra es hacer latente las pugnas entre estos dos grupos que en líneas generales no comparten una identidad nacional y muy por el contrario si la noción de rivalidad y desconfianza que hace difícil, en términos de gobernanza, lograr llevar adelante un gobierno común.

Pese a que los informes de 2007 clasifican a la situación en Chipre como “bien”, se entiende que las hostilidades han cedido ante la coyuntura del ingreso de Turquía a la Unión Europea, la presión de la Unión respecto de Turquía para alcanzar los llamados criterios de convergencia y la pasada (2004) aceptación de la República de Chipre como miembro pleno de la Unión. Así mismo que la “línea verde” y la presencia de Reino Unido (de quien se independizó la isla en los 60´ y quedó como guardian por tratado firmado entre griego-chipriotas y turco-chipriotas) sigue en la isla como garantes de la paz.

Finalmente, desde que los greco-chipriotas rechazaron el Plan Annan para reunificar la isla en abril de 2004, han sido considerados como el mayor obstáculo para alcanzar un acuerdo. Así pues, pareciera que un cambio en las políticas mantenidas por el sur de la isla, y una presión real por parte de la UE para favorecer la reunificación –no como adhesión del norte de la isla y punto- podría favorecer a la resolución del conflicto. Así mismo, la no intromisión de otras potencias como Grecia o Turquía pareciera hacerse cada vez más necesaria; pero ¿cómo evitarla?

Otras preguntas y respuestas del pasado político venezolano

Cuando los autores positivistas venezolanos impugnaban el pensamiento ‘especulativo’,

¿Qué comentario ofrecían acerca de la tradición política previa en Venezuela?

En comunión con los principios positivistas europeos, aunque no de modo dogmático, los positivistas venezolanos asumieron una actitud de rechazo al pensamiento especulativo, mostrando una “postura escéptica frente a la especulación (religiosa, filosófica, moral) un interés por universalizar el ‘método’ científico” Aveledo, G (2007)[1]. Así mismo, muestran tener una visión casi orgánica de la sociedad y por tanto de su evolución mostrando una tendencia evidente a llevar los problemas, por la vía de la explicación científica, al estadio de las ciencias naturales y de desmentir algunos de los argumentos que la tradición conservadora imperante había impuesto por la vía especulativa y que contribuían a continuar el caos que diagnosticaban.

Básicamente si hubiera que resumir en dos palabras la visión de los positivistas sobre la tradición política previa en Venezuela sería una “anarquía popular” dominada por pasiones grupales y no por ideales contrarios. Y no es de extrañar esto, ya que como señalan varios autores, se cuentan en varios centenares el número de revoluciones o insurrecciones y alzamientos en el siglo XIX.

El comentario de Vildal (1983) sobre el positivismo en Venezuela resulta ilustrativo:

(…)El positivismo resultó una reacción contra el clericalismo, contra la filosofía católica, contra la enseñanza estrecha de la universidad, contra la crítica literaria formalista, contra la política entendida y practicada como oficio lucrativo, contra la enseñanza de la historia memorista y no como una ciencia de progreso social (…)[2]

Se concibe a la sociedad como producto de leyes fijas, y como un organismo vivo, sujeto a éstas. Autores como Vallenilla Lanz dan una postura enfocada, por ejemplo, en el problema de razas (mestizaje), influida por Comte y Spencer, apoya la idea de que el medio tiene una influencia crucial en la formación del carácter de la raza y ésta sobre la nación. De ahí deriva, que la “raza” formada por los llaneros (que es más allá de los negros o blancos una especie configurada por la llanura, por el medio) haya tenido una influencia tan decisiva en el proceso independentista y se constituyen en elementos caóticos de poder –que se encontrarán en lucha permanente- haciendo patente su característica de “nómades”[3] y la del “conflicto natural” de nuestra sociedad. Nuestra mezcla fue explosiva para el orden; teníamos entre nosotros a una mayoría de razas inferiores (negra e india frente a la blanca) y luego a esa mezcla de mentalidad violenta y apasionada que eran los llaneros, que finalmente se hicieron en el poder.

Esta visión tiene su epicentro en la comprensión del papel de los caudillos (líderes político- militares cuyo poder es carismático y regional[4]) y de las facciones creadas en torno a éstos en la historia de la Venezuela decimonónica. De hecho Vallenilla Lanz ve en ellos las figuras que logran un mínimo de orden; mientras que Mijares encuentra que fueron el escollo para la realización del proyecto republicano legalista (Pérez Perdomo: 359) En todo caso un personalismo que hizo imposible la consolidación de un programa político coherente y que despertó cualquier cantidad de antagonismos sangrientos.

El problema de nuestra nación se enfocaba entonces en la necesidad de una reorganización, a través de la integración progresiva de sus elementos dispersos, para que pueda surgir una suerte de organismo complejo en el que habite la libertad dentro del orden (Anaya, C. 1999) y allí entra el papel del gendarme necesario (cabe destacar que Vallenilla ve como superior en civilización a los pueblos pastores: los andes)

Adicionalmente, Vallenilla señala que los partidos existente en Venezuela “no profesaron doctrinas definidas” y, si unimos esta idea con un claro heredero del positivismo como es Adriani, entendemos que esa falta de “seriedad y estudio” sobre la caracterización de las circunstancias que rondan a los problemas nacionales, termina por influir en los programas de gobierno haciéndolos ineficientes y no ajustados a la realidad del país (El Café y Nosotros); desde una perspectiva pesimista (la “interpretación pesimista de la sociología venezolana” )la única forma de combatir ese imperio del caos que ha reinado en Venezuela desde su nacimiento republicano es con el “gendarme necesario” (César democrático de Vallenilla Lanz) o bien bajo las conclusiones de que sólo un nómada puede combatir y someter a otro nómada (ese pueblo semibárbaro que son los llaneros[5]). Se hace necesario que se imponga un caudillo más fuerte que someta al resto para poder llegar a cumplir la premisa positivista por antonomasia: Orden y Progreso. (Gómez, andino y gran caudillo civilizador para Vallenilla; el loquero necesario) De ahí deriva que muchos de los positivistas terminaran por ser hábiles propagandistas del régimen de Juan Vicente Gómez[6].

Por otra parte, un resumen interesante hace Luís López Méndez (Mosaico de Política y Literatura); cuando señala que el dogmatismo que aún pervive en nuestro país es producto de la colonia, y que justamente ese dogmatismo es lo que nubla nuestro progreso y “pretende detener el vuelo de la razón”; es posible enraizar esto con la idea de que parte de la influencia negativa que ha mantenido latente el caos social, se debe a que la dirección de la sociedad se ha mantenido en manos dogmáticas de teólogos e iluminados que se fortalecieron en el papel de la iglesia.

Además cabe apuntar el señalamiento de una moral plagada de vicios y la falta de seriedad en la dirigencia política que manejaba formulas de “compadrazgo” y clientelismo a través del situado constitucional, para controlar a los caudillos locales[7]. Para los positivistas la política debe ser la ciencia de lo experimental.

Por su parte Gil Fortoul señala que se ha buscado anteponer dogmáticamente la teoría a los hechos, la hipótesis a la experimentación; es decir, para él la política debe dirigirse en la observación “directa de la vida colectiva”. Y de hecho afirma que la necesidad es pasar del la idea de que gobernar es dominar y dirigir a la idea de que es “inspirarse en la opinión pública” obtener “autoridad Moral”. El fin debe ser la armonía social[8] (la cual obviamente no se había logrado en casi 60 años de vida republicana) Así mismo señala que el Estado debe comenzar a instrumentar leyes derivadas del análisis social (en comunión con un heredero positivista como Adreani, quien, en su texto El Café y nosotros que se debe analizar la economía nacional enteramente y no pretender instaurar soluciones importadas de otros países).

Una crítica común ha sido la forma errónea en que se ha analizado a la sociedad; señala López Méndez (citado por Vilda: 23) “bajo el nombre de federales hemos permanecido siendo centralistas (…) nadie tiene derecho a decir que la federación ha sido infructuosa porque no ha sido practicada”, al igual que extendida está la frase de Antonio Leocadio Guzmán sobre que los liberales eran federalistas porque los conservadores eran centralistas, “si aquéllos hubieran dicho federación nosotros hubiéramos dicho centralismo”.

Así mismo pasa con la idea de la Guerra Federal; dos posiciones se contrastan en la comprensión de la pugna de los dos partidos tradicionales. Por una parte Gil Fortoul señalaba que se trataba de una lucha de clases sociales y atribuía a la lucha la búsqueda de la igualación de clases; citado por Pedro Manuel Arcaya[9], Gil Fortoul señala que en el país las gentes incultas (que eran mayoría) ni siquiera sabían la significación de la palabra federalismo y terminaban equiparándola a cualquier clase de reivindicación social y política; luego, el partido liberal asumiría para sí la lucha inspirada en el proletariado; pero Arcaya señala que algunos escritores venezolanos jóvenes aducen que fue al revés, y fue el partido entonces el que sembró esas ideas en la plebe en aras de exaltar al proletariado. Así mismo Arcaya señala que Vallenilla Lanz apoya la idea de la lucha de clases desde la independencia y que el partido liberal es la continuación de esa contienda entre las razas pobladoras de nuestro territorio cuyo mestizaje es producto de las revoluciones. Pero la interpretación final de Arcaya no va de la mano de ninguno de los autores; se inclina por la idea de que se trata de rivalidades de grupos y que el partido Liberal sólo fue la agrupación de aquéllos que ricos, pobres, blancos, negros y sin estar en el poder deseaban acceder a él y lanzar a los que lo detentan desde las alturas. En fin que hasta la comprensión de la realidad estaba viciada por la falta de claridad de movimientos políticos ostentaran una estrategia sólida y unificada.

La Guerra Federal por lo tanto terminó por ser (porque en el inicio sólo fue la continuación de las pugnas de los caudillos regionales en el ejercicio de su espíritu nómada- bélico[10]) el conflicto producto de esa búsqueda por obtener -de aquéllos- y mantener -de éstos- el poder político en el país. Y es que el país siempre se mantuvo en el antagonismo irracional no de ideales sino de representar, sin reparo, las dos esquinas contrapuestas (si éstos creaban la Ley del 10 de abril y salía mal, aquéllos tomaban la bandera de abrogarla; buenos y malos se consideraban unos y calificaban al otro como lo contrario). Para Arcaya había sólo dos clases “los reclutables” (que era una plebe que trabaja para obtener su “diaria y rústica subsistencia”) y los “no reclutables” (que van desde los escribientes hasta los más adinerados); no se trataba de la riqueza como tal sino de “distinguirse en algo por trabajo o talento”. Y para él en Venezuela era muy fácil pasar de una clase a otra, por lo cual la lucha de clases queda descartada. En definitiva para Arcaya la tradición anterior fue demarcada por el llamado carácter nacional que está dotado de impulsividad e imprevisión. En otras palabras una sociedad suicida y desordenada.

Finalmente para los positivistas la Venezuela del siglo XIX fue una suerte de caos de guerras intestinas producto de una cruenta lucha entre intereses particulares y un manejo dogmático de la política.

DIFERENCIAS Y COINCIDENCIAS DE ADRIANI Y USLAR PIETRI

A) Con la tradición positivista anterior. (Vallenilla, Arcaya y Gil Fortoul)

Entre los herederos del pensamiento positivista en Venezuela tenemos a dos figuras centrales: Adriani (1898 -1936) y Uslar Pietri (1906-2001); ambas figuras tienen una herencia positivista en el método de enfrentar los problemas nacionales, en tanto que buscan realizar un análisis de la realidad desde el punto de vista acucioso de la ciencia, se alimentan de datos y reflexionan en sus textos sobre la realidad más allá de las conjeturas con premisas constatables; mas no tienden al punto de vista exclusivo del cientificismo dogmático sino que buscan ante todo la correspondencia con la realidad venezolana y consideran algunos valores espirituales (más Uslar Pietri que Adriani) que los positivistas dejaron de lado. Era natural la influencia pues la tendencia extendida era positivista en Venezuela para aquel entonces. Es obvio que analizar a Adriani resulta un tanto más sencillo debido a que su pensamiento no tuvo oportunidad de evolucionar en el tiempo como ocurrió en el caso de Uslar Pietri; su prematura muerte le impidió ver el desenlace de una república que apenas estaba entrando en el siglo XX, con todas las connotaciones que este siglo tuvo para la historia político-económica de nuestro país.

Aunque hay un aparente rechazo a su tendencia autoritaria, se da una eventual admisión de la sagacidad de los positivistas y de la impronta de éstos sobre sus ideas (especialmente en Uslar Pietri). En ellos hay desprecio al caudillismo, pero ánimo por el elitismo. (Aveledo, 2007)

Por su parte Adriani (tal y como se señala en la pregunta anterior) afirma (El Café y Nosotros) que es necesario el estudio de industria cafetalera, de la economía entera del país para elaborar programas coherentes; y que es necesario que se sufrague la investigación en Venezuela para propender a más aciertos, en las decisiones económicas. Por lo tanto vemos una aversión a la especulación política (compatible con todos los autores positivistas). Por otra parte tenemos que Adriani podría haber recibido una herencia de Vallenilla Lanz en tanto que retoma el problema de las razas, pero no en la formación del carácter nacional como tal, sino en el caso de la inmigración (Venezuela y sus problemas de inmigración) el territorio y el influjo que éstas tienen en la sociedad; pone de manifiesto que la raza blanca europea es deseable para mejorar nuestro capital humano (el cual ha venido descendiendo por el éxodo campesino producto de la industria petrolera) y elevarle lo suficiente como para que ello tenga un impacto positivo en la economía nacional. No se enfoca en la caracterización del llanero, ni en el análisis de la formación de la raza dirigente, sino en el impacto negativo que puede traer la entrada de mano de “obra barata” (negros y amarillos) por parte de las empresas extranjeras.

Por otra parte, coincide con Arcaya, en ese mismo texto, en tanto que ve a Venezuela como un país sin lucha de clases y señala que las revoluciones comunistas no son posibles en un país como el nuestro con propiedad distribuida (sin diferenciación extrema de clases sociales –entre dueños de los medios de producción y proletariado). No se enfoca en ningún problema de clases entre “reclutables o no” sino en que es necesario que se cree una población más culta y numerosa que sirva de mano de obra y que mejore la cultura nacional.

Con Gil Fortoul; éste habla de la necesidad de hacer leyes derivadas del análisis social (debido a la improvisación) y Adriani en El Café y Nosotros habla es de la incapacidad para enfrentar los problemas de manera científica y racional de la que adolece nuestro país (tendente a improvisar). Ambos puntos se tocan claramente. Así mismo en su texto La Vieja Plaga y Nosotros retoma el tema de la Guerra Federal y analiza a la sociedad venezolana; allí muestra acuerdo con la vieja premisa positivista de “orden y progreso” en tanto que insta a la unión para la superación de los problemas del país; pero el énfasis está en la idea de progreso que parece preocuparle más que el tema del orden, que quizás ya ve superado parcialmente. Además vuelve sobre la idea de Arcaya de que la Guerra Federal fue una lucha “creada”; a la cual califica de insensata, incorrecta e hipócrita iniciativa donde imperaron los ideólogos que no supieron resolver los problemas del país. No lo ve como una lucha “casual” en forma y “causada impulsividad de los bandos” en el fondo; sino como una “hechura de la peste de los ideólogos”.

Así mismo coincide con Gil Fortoul en la idea de que los bandos de centralismo y federalismo no eran consortes con la realidad de lucha. Finalmente eran sólo etiquetas que terminan por seguir conduciendo a la “sociedad suicida” (cuando dice “sería trágico que nos entretuviéramos en luchar con cuál etiqueta vamos a marchar hacia la ruina”) que ya calificaban los positivistas. Así mismo coincide en el pesimismo con respecto a la política de masas; en tanto que ve con cierto desdén, y se observa en la necesidad de una inmigración blanca europea, el recurso humano con el que contamos (y de hecho ve como un agravante del deterioro de nuestra raza a la Guerra Federal). Pero además ve con dificultad que en Venezuela pueda haber una democracia o un nacional socialismo pues no hay condiciones y critica severamente que la “peste de los ideólogos tropicales” se aleje tanto de la realidad de nuestro país. No hay industria, no hay capital, no hay mano de obra y no hay conciencia. Una visión pesimista bastante acorde con el positivismo precedente. No lleva esto al gendarme necesario (de la democracia hecha hombre) sino a un Estado Orgánico que sea interventor, colectivista y nacionalista, predominio del ejecutivo, elitista e integrador. De hecho señala “El Estado fuerte no significa gobierno tiránico o arbitrario, que nunca aseguró la continuidad de ningún esfuerzo social ni la concordia, y no justifica caudillos voraces e indecentes” (Crisis Actual y Estado Orgánico) Mostrando allí otro punto de desencuentro con el positivismo antecedente.

Por su parte, Uslar Pietri va a mostrar rasgos heredados del positivismo en tanto que se vale del método para hacer sus observaciones sobre la realidad venezolana. Un ejemplo claro del acuerdo con Gil Fortoul fue la idea de un gobierno representativo; es decir, que sea fiel a las demandas del colectivo (la idea de armonía en Gil F). No por ello de masas, por el contrario se inclina a la élite.

Una diferencia directa que tiene con los positivistas (Vallenilla Lanz si he de nombrar a alguno) es que para Uslar Pietri una autoridad sostenida por la fuerza es una autoridad precaria porque carece de legitimidad; a diferencia de la idea del gendarme necesario o césar democrático de Vallenilla, para el cual una autoridad tal es requerida, surgida por la necesidad natural del caos que los nómadas (caudillos) y las razas inferiores dominantes representaban. Para Pietri no vale que gobierne uno, a menos que no sea por derecho divino; en el caso de no haberlo, gobiernan todos a través de la representación. De ahí que para Uslar Pietri la sociedad se halla representada en un complejo aparato que se relaciona entre sí y no subordinado a un férreo dictador que controla las pasiones de una sociedad caótica.

Además, a diferencia de Arcaya para quien la historia es un proceso natural[11], no cree que sea así sino que asevera que es “un proceso de cambio continuo” determinado por la contraposición de las fuerzas del yin y del yan (fuerza conservadora y la de cambio). No obstante, en la idea de que la fuerza antagónica se apoya en las clases insatisfechas, coincide con las teorías planteadas por Arcaya y por Gil Fortoul de que aquéllos que no estaban conformes con el poder imperante se enlistaron en las filas del partido contrario (liberal) no por lo una comprensión de ideales sino por formar parte de lo que creyeron las fuerzas de cambio. De hecho Uslar coincide, con Gil Fortoul y con Arcaya, que los partidos del siglo XIX eran oportunistas de las circunstancias y por lo tanto no eran partidos profesionales (con ideología) sino de adhesión (a personalismos o antagonismos).

Para Uslar Pietri, a diferencia de la mayoría de los positivistas, la sociedad se vuelve mucho más compleja, y ve factores adicionales y necesarios como la moral. Ve a la sociedad (y al Estado) como un engranaje que se ha ido complicando mundialmente con el pasar del tiempo y que no podemos ignorar (aunque ve en el abultamiento del Estado algo negativo). Su preocupación escapa de lo meramente político en lo relativo al orden y se enfoca más en el progreso y en el papel de todos los actores políticos y sociales para lograr el cambio, esencialmente en lo económico (con la preocupación por la dependencia del petróleo y la escasa inversión de la renta) y lo cultural. No tiene una visión tan negativa de la sociedad (aunque asume la falta de cohesión y la exacerbación de los vicios producto del petróleo) y pero ve en la educación útil, en el papel de los partidos, de la sociedad civil y del Estado la posibilidad de transformarla. Así entonces ve en el mestizaje la razón de ciertas características que se van a ver enfatizadas con la bonanza petrolera; por ejemplo la “viveza” la irracionalidad, el sentimentalismo, lo temerario, irresponsable, parasitario y poco trabajador de nuestro pueblo. Pero cree que es posible cambiar esto con una educación no dada a la especulación.

Muestra preocupaciones éticas en los caminos paradójicos de la política, cosa que no ocurría en el pragmatismo de la mayoría de los positivistas, en lo referente a la libertad y la igualdad distributiva; así mismo, entre la satisfacción de demandas sociales y el ahorro necesario para la inversión requerida a fin de propender al desarrollo nacional. A diferencia de los positivistas, entiende que la política no es una ciencia, sino que es el arte de la posibilidad y es un arte muy complejo.

B) Entre ellos mismos:

En lo relativo a las semejanzas que tienen ambos autores tenemos que ambos tienen una marcada preocupación por el tema económico aunque sus enfoques de las soluciones tienen algunos puntos diferenciadores; mientras Uslar Pietri aboga por un Estado Liberal (aunque comprende algún tipo de intervención en las décadas 30 a 50) Adriani se inclina por un Estado Interventor, calificando al estado liberal como un “fracaso”. Adriani muestra una preferencia por la intervención estatal en la economía (en el control de la inmigración, con una visión racial bastante cruda) y todas las esferas de la vida social (es un estado autoritario mas no arbitrario) y Uslar Pietri (hasta en 1992 en su texto Sin Sembrar el Petróleo) muestra una oposición a esta tendencia en Latinoamérica pues cree que es antinatural que se pretenda controlar a la economía y que la economía de mercado tiene la “virtud de la correspondencia con los mecanismos psicológicos del ser humano”.

Adriani plantea la necesidad de “enfrentar los problemas –del país- de una forma racional y científica” (en su texto El Café y Nosotros) y señala que aunque hay otros problemas vitales el de la agricultura es medular para trazarnos el porvenir que requerimos. Uslar Pietri, aunque entiende la necesidad de llevar una política racional y científica (y que los políticos deberían saber casi de todo), también comprende que la política como difícil arte, debe dotarse de una suerte de sexto sentido que permita actuar en conformidad con los colectivos. Por lo tanto se decanta de allí que no basta con enfrentar los problemas del país de la forma en la que Adriani pensaba.

Desde el principio Uslar Pietri plantea la necesidad además de ahorrar o acortar el gasto público en tanto que es una urgencia el propender al desarrollo de una industria nacional; aunque consciente de las necesidades que una nación como la nuestra tiene, comprende que existe una contradicción entre las necesidades del bienestar social y las necesidades del desarrollo; asume que no es fácil lograrlo pero es urgente lograr conciliarlas; aunque se presume que ve con algún empeño que se apunte al ahorro para invertir y lograr el crecimiento necesario; esta preferencia se denota en su frase “el desarrollo de los países se ha hecho generalmente a base de tremendos ahorros sociales impuestos con mano de hierro” (Hacia el Humanismo Democrático); con ello no se desea dar a entender que Uslar Pietri estaba de acuerdo con la forma en que en Rusia se hizo pero si que asume que existe una necesidad de hacer esos recortes en beneficios sociales pues cree que un estado que no invierta termina por ser un “parásito de la riqueza petrolera” lo que convierte al país en una “sociedad totalmente subsidiada y con muy escasa capacidad productiva propia” (En su texto Sin Sembrar el Petróleo) . De hecho habla de la necesidad de una “voluntad de sacrificio compartida” para expresar que es necesario que la gente aprenda a vivir de su trabajo y no de la renta.

En los puntos de encuentro tenemos además el hecho de que ambos tienen una visión negativa del crecimiento del país en el siglo XIX y que creen esencial aprender de los errores del pasado para poder realizar la acometida necesaria para enrumbar a nuestro país. Urgente es iniciar cambios como la diversificación de la economía; Uslar Pietri con su frase “sembrar petróleo” nos relata del sueño suicida que es depender del petróleo y Adriani por su parte con la idea de “libertarnos de la pesadilla del café” de la urgencia de analizar nuestra economía nacional y de implantar programas adecuados para salir de la mono-producción; ambas son posiciones que se tocan en la idea de crear unas bases sólidas que permitan sanear nuestra economía nacional y no depender de factores ajenos al desarrollo de nuestra economía. En este sentido, ambos están preocupados por el tema del descenso en la producción agrícola y la necesidad de racionalizar –en el sentido más puro- la producción.

El tema del capital humano muestra una diferencia crucial; por una parte Adriani hace toda una argumentación sobre el carácter de la población venezolana y la urgencia de introducir una raza que favorezca a nuestro país (los europeos) y Uslar Pietri aunque cree que debemos fomentar la inmigración pero no ve en ella la solución a los problemas de carácter, de hecho asume -desde 1935- que hay virtudes y vicios en nuestro pueblo, que hay que aprovechar los primeros y erradicar los segundos (unos de los grandes males que verá fortalecerse son la corrupción, la flojera, el desapego a la tierra y la viveza producto del rentismo petrolero y del mestizaje); en su texto Sin Sembrar el Petróleo aduce que debemos analizar las causas reales de los fracasos de la política nacional que han llevado al empobrecimiento de nuestra nación para afinar los criterios y “ no caer en la simpleza de atribuirle el fracaso a posibles inferioridades de los habitantes de la región o a fatalidades geográficas o históricas de muy dudosa validez”; con lo cual contraría la tesis de Adriani de los beneficios que la inmigración europea traería a nuestra nación al educarnos y mejorar nuestra raza. Tal vez si Adriani hubiese vivido lo que Uslar, que vio la inmigración europea de los 50´, también hubiera aseverado esto en el año 1992.

Adriani no cree en la democracia parlamentaria y partidista, ni en la división de poderes sino en un Estado centralizado, casi omnipotente; para Uslar es casi absurdo ignorar el cambio que imprime la masa en el juego político y las conquistas de las libertades, aunque muestra sus reservas para con la democracia de masas y su preferencia por la de élites (ya que la masa es susceptible de fortalecer a los demagogos que nada bueno traen a la búsqueda de desarrollo); así mismo se muestra partidario del Estado Liberal con una sociedad y una economía autónomas, con un Estado que no interventor y con partidos profesionales y no fanáticos o personalistas (aunque ve difícil ello en un país como el nuestro que no está organizado social y económicamente).


[1] Aveledo, G. (2007) El Positivismo Venezolano (Material visual de la cátedra de Pensamiento Político Económico de Venezuela) Unimet: s/e.

[2] Vilda, C (1983) Proceso de la Cultura en Venezuela II. Caracas: Centro Gumilla.

[3] Otra de las características atribuibles al positivismo venezolano fue la idea de que “la humanidad marcha en su historia a través de etapas determinadas y, por tanto, el momento de anarquía social que se vive durante el siglo XIX no es un punto de llegada, sino un momento de transición hacia un nuevo orden” Anaya, C; Díaz, C; Gourmets, Y. y Petrizzo M. (1999) La Corriente Positivista en el pensamiento político venezolano (en línea) Disponible en: http://www.faces.ula.ve/~petrizzo/Positivismo.htm (Consultado el 12 de diciembre de 2007)

[4] Pérez Perdomo, R. (1990) La Organización del Estado en Venezuela en el siglo (1830-1899) en Politeia pp. 349-404. Caracas: Faces- UCV.

[5] A los cuales Vallenilla atribuye el volcamiento de la guerra de independencia de ser una revolución municipal y oligárquica a una verdadero revolución que trajo consigo la mezcla de razas y una violenta acción contra la civilización colonial y las instituciones de origen europeo (pp. 348 y 349) Por lo tanto, su carácter de guerreros, sanguinarios, con profundo desprecio por las poblaciones sedentarias, por la urbe, con un arraigado sentimiento de independencia y libertad sólo son sometibles a un ante alguien que demuestre una superioridad por la fuerza. (pp. 344-347) Allí entra el gendarme necesario para combatir las guerrillas intestinas que infestan a nuestra historia (Guerra Federal por ejemplo).

[6] Gil Fortoul, Zumeta, Arcaya, Vallenilla Lanz fijaron en sus textos prácticamente la piedra angular para justificar la autocracia y llegan a defenderla casi como una necesidad histórica.

[7] Pérez Perdomo (1990) : 371.

[8] Paz como base, orden como principio y libertad como guía (Gil Fortoul, J. (1898) en Política Ideológica y Política Experimental: 251)

[9] En su texto Federación y Democracia en Venezuela (1917)

[10] Y por la caracterización del llanero, en el cual resurge por aquélla época el “cerebro salvaje” y el instinto “carnicero, depredatorio y destructor” producto del mestizaje; se volvía imposible que las ideas de federación fuesen el leit motiv de la contienda. Sólo fue un “llamado instintivo a la guerra” al retorno a la vida de nómada. Finalmente la lucha fue contra Los godos (los del gobierno) más por las circunstancias que les llevaron a involucrarse en la revuelta al estar de por si en contra de las autoridades locales.

[11] Geografía, tierra, raza, clima conforman al hombre tropical para un destino de resignación, de pasividad, de atraso. Nuestra historia, por tanto, no es otra cosa que la historia natural de nuestro país(…) (Vilda: 25)

Otras preguntas y respuestas del pasado político venezolano

Cuando los autores positivistas venezolanos impugnaban el pensamiento ‘especulativo’,

¿Qué comentario ofrecían acerca de la tradición política previa en Venezuela?

En comunión con los principios positivistas europeos, aunque no de modo dogmático, los positivistas venezolanos asumieron una actitud de rechazo al pensamiento especulativo, mostrando una “postura escéptica frente a la especulación (religiosa, filosófica, moral) un interés por universalizar el ‘método’ científico” Aveledo, G (2007)[1]. Así mismo, muestran tener una visión casi orgánica de la sociedad y por tanto de su evolución mostrando una tendencia evidente a llevar los problemas, por la vía de la explicación científica, al estadio de las ciencias naturales y de desmentir algunos de los argumentos que la tradición conservadora imperante había impuesto por la vía especulativa y que contribuían a continuar el caos que diagnosticaban.

Básicamente si hubiera que resumir en dos palabras la visión de los positivistas sobre la tradición política previa en Venezuela sería una “anarquía popular” dominada por pasiones grupales y no por ideales contrarios. Y no es de extrañar esto, ya que como señalan varios autores, se cuentan en varios centenares el número de revoluciones o insurrecciones y alzamientos en el siglo XIX.

El comentario de Vildal (1983) sobre el positivismo en Venezuela resulta ilustrativo:

(…)El positivismo resultó una reacción contra el clericalismo, contra la filosofía católica, contra la enseñanza estrecha de la universidad, contra la crítica literaria formalista, contra la política entendida y practicada como oficio lucrativo, contra la enseñanza de la historia memorista y no como una ciencia de progreso social (…)[2]

Se concibe a la sociedad como producto de leyes fijas, y como un organismo vivo, sujeto a éstas. Autores como Vallenilla Lanz dan una postura enfocada, por ejemplo, en el problema de razas (mestizaje), influida por Comte y Spencer, apoya la idea de que el medio tiene una influencia crucial en la formación del carácter de la raza y ésta sobre la nación. De ahí deriva, que la “raza” formada por los llaneros (que es más allá de los negros o blancos una especie configurada por la llanura, por el medio) haya tenido una influencia tan decisiva en el proceso independentista y se constituyen en elementos caóticos de poder –que se encontrarán en lucha permanente- haciendo patente su característica de “nómades”[3] y la del “conflicto natural” de nuestra sociedad. Nuestra mezcla fue explosiva para el orden; teníamos entre nosotros a una mayoría de razas inferiores (negra e india frente a la blanca) y luego a esa mezcla de mentalidad violenta y apasionada que eran los llaneros, que finalmente se hicieron en el poder.

Esta visión tiene su epicentro en la comprensión del papel de los caudillos (líderes político- militares cuyo poder es carismático y regional[4]) y de las facciones creadas en torno a éstos en la historia de la Venezuela decimonónica. De hecho Vallenilla Lanz ve en ellos las figuras que logran un mínimo de orden; mientras que Mijares encuentra que fueron el escollo para la realización del proyecto republicano legalista (Pérez Perdomo: 359) En todo caso un personalismo que hizo imposible la consolidación de un programa político coherente y que despertó cualquier cantidad de antagonismos sangrientos.

El problema de nuestra nación se enfocaba entonces en la necesidad de una reorganización, a través de la integración progresiva de sus elementos dispersos, para que pueda surgir una suerte de organismo complejo en el que habite la libertad dentro del orden (Anaya, C. 1999) y allí entra el papel del gendarme necesario (cabe destacar que Vallenilla ve como superior en civilización a los pueblos pastores: los andes)

Adicionalmente, Vallenilla señala que los partidos existente en Venezuela “no profesaron doctrinas definidas” y, si unimos esta idea con un claro heredero del positivismo como es Adriani, entendemos que esa falta de “seriedad y estudio” sobre la caracterización de las circunstancias que rondan a los problemas nacionales, termina por influir en los programas de gobierno haciéndolos ineficientes y no ajustados a la realidad del país (El Café y Nosotros); desde una perspectiva pesimista (la “interpretación pesimista de la sociología venezolana” )la única forma de combatir ese imperio del caos que ha reinado en Venezuela desde su nacimiento republicano es con el “gendarme necesario” (César democrático de Vallenilla Lanz) o bien bajo las conclusiones de que sólo un nómada puede combatir y someter a otro nómada (ese pueblo semibárbaro que son los llaneros[5]). Se hace necesario que se imponga un caudillo más fuerte que someta al resto para poder llegar a cumplir la premisa positivista por antonomasia: Orden y Progreso. (Gómez, andino y gran caudillo civilizador para Vallenilla; el loquero necesario) De ahí deriva que muchos de los positivistas terminaran por ser hábiles propagandistas del régimen de Juan Vicente Gómez[6].

Por otra parte, un resumen interesante hace Luís López Méndez (Mosaico de Política y Literatura); cuando señala que el dogmatismo que aún pervive en nuestro país es producto de la colonia, y que justamente ese dogmatismo es lo que nubla nuestro progreso y “pretende detener el vuelo de la razón”; es posible enraizar esto con la idea de que parte de la influencia negativa que ha mantenido latente el caos social, se debe a que la dirección de la sociedad se ha mantenido en manos dogmáticas de teólogos e iluminados que se fortalecieron en el papel de la iglesia.

Además cabe apuntar el señalamiento de una moral plagada de vicios y la falta de seriedad en la dirigencia política que manejaba formulas de “compadrazgo” y clientelismo a través del situado constitucional, para controlar a los caudillos locales[7]. Para los positivistas la política debe ser la ciencia de lo experimental.

Por su parte Gil Fortoul señala que se ha buscado anteponer dogmáticamente la teoría a los hechos, la hipótesis a la experimentación; es decir, para él la política debe dirigirse en la observación “directa de la vida colectiva”. Y de hecho afirma que la necesidad es pasar del la idea de que gobernar es dominar y dirigir a la idea de que es “inspirarse en la opinión pública” obtener “autoridad Moral”. El fin debe ser la armonía social[8] (la cual obviamente no se había logrado en casi 60 años de vida republicana) Así mismo señala que el Estado debe comenzar a instrumentar leyes derivadas del análisis social (en comunión con un heredero positivista como Adreani, quien, en su texto El Café y nosotros que se debe analizar la economía nacional enteramente y no pretender instaurar soluciones importadas de otros países).

Una crítica común ha sido la forma errónea en que se ha analizado a la sociedad; señala López Méndez (citado por Vilda: 23) “bajo el nombre de federales hemos permanecido siendo centralistas (…) nadie tiene derecho a decir que la federación ha sido infructuosa porque no ha sido practicada”, al igual que extendida está la frase de Antonio Leocadio Guzmán sobre que los liberales eran federalistas porque los conservadores eran centralistas, “si aquéllos hubieran dicho federación nosotros hubiéramos dicho centralismo”.

Así mismo pasa con la idea de la Guerra Federal; dos posiciones se contrastan en la comprensión de la pugna de los dos partidos tradicionales. Por una parte Gil Fortoul señalaba que se trataba de una lucha de clases sociales y atribuía a la lucha la búsqueda de la igualación de clases; citado por Pedro Manuel Arcaya[9], Gil Fortoul señala que en el país las gentes incultas (que eran mayoría) ni siquiera sabían la significación de la palabra federalismo y terminaban equiparándola a cualquier clase de reivindicación social y política; luego, el partido liberal asumiría para sí la lucha inspirada en el proletariado; pero Arcaya señala que algunos escritores venezolanos jóvenes aducen que fue al revés, y fue el partido entonces el que sembró esas ideas en la plebe en aras de exaltar al proletariado. Así mismo Arcaya señala que Vallenilla Lanz apoya la idea de la lucha de clases desde la independencia y que el partido liberal es la continuación de esa contienda entre las razas pobladoras de nuestro territorio cuyo mestizaje es producto de las revoluciones. Pero la interpretación final de Arcaya no va de la mano de ninguno de los autores; se inclina por la idea de que se trata de rivalidades de grupos y que el partido Liberal sólo fue la agrupación de aquéllos que ricos, pobres, blancos, negros y sin estar en el poder deseaban acceder a él y lanzar a los que lo detentan desde las alturas. En fin que hasta la comprensión de la realidad estaba viciada por la falta de claridad de movimientos políticos ostentaran una estrategia sólida y unificada.

La Guerra Federal por lo tanto terminó por ser (porque en el inicio sólo fue la continuación de las pugnas de los caudillos regionales en el ejercicio de su espíritu nómada- bélico[10]) el conflicto producto de esa búsqueda por obtener -de aquéllos- y mantener -de éstos- el poder político en el país. Y es que el país siempre se mantuvo en el antagonismo irracional no de ideales sino de representar, sin reparo, las dos esquinas contrapuestas (si éstos creaban la Ley del 10 de abril y salía mal, aquéllos tomaban la bandera de abrogarla; buenos y malos se consideraban unos y calificaban al otro como lo contrario). Para Arcaya había sólo dos clases “los reclutables” (que era una plebe que trabaja para obtener su “diaria y rústica subsistencia”) y los “no reclutables” (que van desde los escribientes hasta los más adinerados); no se trataba de la riqueza como tal sino de “distinguirse en algo por trabajo o talento”. Y para él en Venezuela era muy fácil pasar de una clase a otra, por lo cual la lucha de clases queda descartada. En definitiva para Arcaya la tradición anterior fue demarcada por el llamado carácter nacional que está dotado de impulsividad e imprevisión. En otras palabras una sociedad suicida y desordenada.

Finalmente para los positivistas la Venezuela del siglo XIX fue una suerte de caos de guerras intestinas producto de una cruenta lucha entre intereses particulares y un manejo dogmático de la política.

DIFERENCIAS Y COINCIDENCIAS DE ADRIANI Y USLAR PIETRI

A) Con la tradición positivista anterior. (Vallenilla, Arcaya y Gil Fortoul)

Entre los herederos del pensamiento positivista en Venezuela tenemos a dos figuras centrales: Adriani (1898 -1936) y Uslar Pietri (1906-2001); ambas figuras tienen una herencia positivista en el método de enfrentar los problemas nacionales, en tanto que buscan realizar un análisis de la realidad desde el punto de vista acucioso de la ciencia, se alimentan de datos y reflexionan en sus textos sobre la realidad más allá de las conjeturas con premisas constatables; mas no tienden al punto de vista exclusivo del cientificismo dogmático sino que buscan ante todo la correspondencia con la realidad venezolana y consideran algunos valores espirituales (más Uslar Pietri que Adriani) que los positivistas dejaron de lado. Era natural la influencia pues la tendencia extendida era positivista en Venezuela para aquel entonces. Es obvio que analizar a Adriani resulta un tanto más sencillo debido a que su pensamiento no tuvo oportunidad de evolucionar en el tiempo como ocurrió en el caso de Uslar Pietri; su prematura muerte le impidió ver el desenlace de una república que apenas estaba entrando en el siglo XX, con todas las connotaciones que este siglo tuvo para la historia político-económica de nuestro país.

Aunque hay un aparente rechazo a su tendencia autoritaria, se da una eventual admisión de la sagacidad de los positivistas y de la impronta de éstos sobre sus ideas (especialmente en Uslar Pietri). En ellos hay desprecio al caudillismo, pero ánimo por el elitismo. (Aveledo, 2007)

Por su parte Adriani (tal y como se señala en la pregunta anterior) afirma (El Café y Nosotros) que es necesario el estudio de industria cafetalera, de la economía entera del país para elaborar programas coherentes; y que es necesario que se sufrague la investigación en Venezuela para propender a más aciertos, en las decisiones económicas. Por lo tanto vemos una aversión a la especulación política (compatible con todos los autores positivistas). Por otra parte tenemos que Adriani podría haber recibido una herencia de Vallenilla Lanz en tanto que retoma el problema de las razas, pero no en la formación del carácter nacional como tal, sino en el caso de la inmigración (Venezuela y sus problemas de inmigración) el territorio y el influjo que éstas tienen en la sociedad; pone de manifiesto que la raza blanca europea es deseable para mejorar nuestro capital humano (el cual ha venido descendiendo por el éxodo campesino producto de la industria petrolera) y elevarle lo suficiente como para que ello tenga un impacto positivo en la economía nacional. No se enfoca en la caracterización del llanero, ni en el análisis de la formación de la raza dirigente, sino en el impacto negativo que puede traer la entrada de mano de “obra barata” (negros y amarillos) por parte de las empresas extranjeras.

Por otra parte, coincide con Arcaya, en ese mismo texto, en tanto que ve a Venezuela como un país sin lucha de clases y señala que las revoluciones comunistas no son posibles en un país como el nuestro con propiedad distribuida (sin diferenciación extrema de clases sociales –entre dueños de los medios de producción y proletariado). No se enfoca en ningún problema de clases entre “reclutables o no” sino en que es necesario que se cree una población más culta y numerosa que sirva de mano de obra y que mejore la cultura nacional.

Con Gil Fortoul; éste habla de la necesidad de hacer leyes derivadas del análisis social (debido a la improvisación) y Adriani en El Café y Nosotros habla es de la incapacidad para enfrentar los problemas de manera científica y racional de la que adolece nuestro país (tendente a improvisar). Ambos puntos se tocan claramente. Así mismo en su texto La Vieja Plaga y Nosotros retoma el tema de la Guerra Federal y analiza a la sociedad venezolana; allí muestra acuerdo con la vieja premisa positivista de “orden y progreso” en tanto que insta a la unión para la superación de los problemas del país; pero el énfasis está en la idea de progreso que parece preocuparle más que el tema del orden, que quizás ya ve superado parcialmente. Además vuelve sobre la idea de Arcaya de que la Guerra Federal fue una lucha “creada”; a la cual califica de insensata, incorrecta e hipócrita iniciativa donde imperaron los ideólogos que no supieron resolver los problemas del país. No lo ve como una lucha “casual” en forma y “causada impulsividad de los bandos” en el fondo; sino como una “hechura de la peste de los ideólogos”.

Así mismo coincide con Gil Fortoul en la idea de que los bandos de centralismo y federalismo no eran consortes con la realidad de lucha. Finalmente eran sólo etiquetas que terminan por seguir conduciendo a la “sociedad suicida” (cuando dice “sería trágico que nos entretuviéramos en luchar con cuál etiqueta vamos a marchar hacia la ruina”) que ya calificaban los positivistas. Así mismo coincide en el pesimismo con respecto a la política de masas; en tanto que ve con cierto desdén, y se observa en la necesidad de una inmigración blanca europea, el recurso humano con el que contamos (y de hecho ve como un agravante del deterioro de nuestra raza a la Guerra Federal). Pero además ve con dificultad que en Venezuela pueda haber una democracia o un nacional socialismo pues no hay condiciones y critica severamente que la “peste de los ideólogos tropicales” se aleje tanto de la realidad de nuestro país. No hay industria, no hay capital, no hay mano de obra y no hay conciencia. Una visión pesimista bastante acorde con el positivismo precedente. No lleva esto al gendarme necesario (de la democracia hecha hombre) sino a un Estado Orgánico que sea interventor, colectivista y nacionalista, predominio del ejecutivo, elitista e integrador. De hecho señala “El Estado fuerte no significa gobierno tiránico o arbitrario, que nunca aseguró la continuidad de ningún esfuerzo social ni la concordia, y no justifica caudillos voraces e indecentes” (Crisis Actual y Estado Orgánico) Mostrando allí otro punto de desencuentro con el positivismo antecedente.

Por su parte, Uslar Pietri va a mostrar rasgos heredados del positivismo en tanto que se vale del método para hacer sus observaciones sobre la realidad venezolana. Un ejemplo claro del acuerdo con Gil Fortoul fue la idea de un gobierno representativo; es decir, que sea fiel a las demandas del colectivo (la idea de armonía en Gil F). No por ello de masas, por el contrario se inclina a la élite.

Una diferencia directa que tiene con los positivistas (Vallenilla Lanz si he de nombrar a alguno) es que para Uslar Pietri una autoridad sostenida por la fuerza es una autoridad precaria porque carece de legitimidad; a diferencia de la idea del gendarme necesario o césar democrático de Vallenilla, para el cual una autoridad tal es requerida, surgida por la necesidad natural del caos que los nómadas (caudillos) y las razas inferiores dominantes representaban. Para Pietri no vale que gobierne uno, a menos que no sea por derecho divino; en el caso de no haberlo, gobiernan todos a través de la representación. De ahí que para Uslar Pietri la sociedad se halla representada en un complejo aparato que se relaciona entre sí y no subordinado a un férreo dictador que controla las pasiones de una sociedad caótica.

Además, a diferencia de Arcaya para quien la historia es un proceso natural[11], no cree que sea así sino que asevera que es “un proceso de cambio continuo” determinado por la contraposición de las fuerzas del yin y del yan (fuerza conservadora y la de cambio). No obstante, en la idea de que la fuerza antagónica se apoya en las clases insatisfechas, coincide con las teorías planteadas por Arcaya y por Gil Fortoul de que aquéllos que no estaban conformes con el poder imperante se enlistaron en las filas del partido contrario (liberal) no por lo una comprensión de ideales sino por formar parte de lo que creyeron las fuerzas de cambio. De hecho Uslar coincide, con Gil Fortoul y con Arcaya, que los partidos del siglo XIX eran oportunistas de las circunstancias y por lo tanto no eran partidos profesionales (con ideología) sino de adhesión (a personalismos o antagonismos).

Para Uslar Pietri, a diferencia de la mayoría de los positivistas, la sociedad se vuelve mucho más compleja, y ve factores adicionales y necesarios como la moral. Ve a la sociedad (y al Estado) como un engranaje que se ha ido complicando mundialmente con el pasar del tiempo y que no podemos ignorar (aunque ve en el abultamiento del Estado algo negativo). Su preocupación escapa de lo meramente político en lo relativo al orden y se enfoca más en el progreso y en el papel de todos los actores políticos y sociales para lograr el cambio, esencialmente en lo económico (con la preocupación por la dependencia del petróleo y la escasa inversión de la renta) y lo cultural. No tiene una visión tan negativa de la sociedad (aunque asume la falta de cohesión y la exacerbación de los vicios producto del petróleo) y pero ve en la educación útil, en el papel de los partidos, de la sociedad civil y del Estado la posibilidad de transformarla. Así entonces ve en el mestizaje la razón de ciertas características que se van a ver enfatizadas con la bonanza petrolera; por ejemplo la “viveza” la irracionalidad, el sentimentalismo, lo temerario, irresponsable, parasitario y poco trabajador de nuestro pueblo. Pero cree que es posible cambiar esto con una educación no dada a la especulación.

Muestra preocupaciones éticas en los caminos paradójicos de la política, cosa que no ocurría en el pragmatismo de la mayoría de los positivistas, en lo referente a la libertad y la igualdad distributiva; así mismo, entre la satisfacción de demandas sociales y el ahorro necesario para la inversión requerida a fin de propender al desarrollo nacional. A diferencia de los positivistas, entiende que la política no es una ciencia, sino que es el arte de la posibilidad y es un arte muy complejo.

B) Entre ellos mismos:

En lo relativo a las semejanzas que tienen ambos autores tenemos que ambos tienen una marcada preocupación por el tema económico aunque sus enfoques de las soluciones tienen algunos puntos diferenciadores; mientras Uslar Pietri aboga por un Estado Liberal (aunque comprende algún tipo de intervención en las décadas 30 a 50) Adriani se inclina por un Estado Interventor, calificando al estado liberal como un “fracaso”. Adriani muestra una preferencia por la intervención estatal en la economía (en el control de la inmigración, con una visión racial bastante cruda) y todas las esferas de la vida social (es un estado autoritario mas no arbitrario) y Uslar Pietri (hasta en 1992 en su texto Sin Sembrar el Petróleo) muestra una oposición a esta tendencia en Latinoamérica pues cree que es antinatural que se pretenda controlar a la economía y que la economía de mercado tiene la “virtud de la correspondencia con los mecanismos psicológicos del ser humano”.

Adriani plantea la necesidad de “enfrentar los problemas –del país- de una forma racional y científica” (en su texto El Café y Nosotros) y señala que aunque hay otros problemas vitales el de la agricultura es medular para trazarnos el porvenir que requerimos. Uslar Pietri, aunque entiende la necesidad de llevar una política racional y científica (y que los políticos deberían saber casi de todo), también comprende que la política como difícil arte, debe dotarse de una suerte de sexto sentido que permita actuar en conformidad con los colectivos. Por lo tanto se decanta de allí que no basta con enfrentar los problemas del país de la forma en la que Adriani pensaba.

Desde el principio Uslar Pietri plantea la necesidad además de ahorrar o acortar el gasto público en tanto que es una urgencia el propender al desarrollo de una industria nacional; aunque consciente de las necesidades que una nación como la nuestra tiene, comprende que existe una contradicción entre las necesidades del bienestar social y las necesidades del desarrollo; asume que no es fácil lograrlo pero es urgente lograr conciliarlas; aunque se presume que ve con algún empeño que se apunte al ahorro para invertir y lograr el crecimiento necesario; esta preferencia se denota en su frase “el desarrollo de los países se ha hecho generalmente a base de tremendos ahorros sociales impuestos con mano de hierro” (Hacia el Humanismo Democrático); con ello no se desea dar a entender que Uslar Pietri estaba de acuerdo con la forma en que en Rusia se hizo pero si que asume que existe una necesidad de hacer esos recortes en beneficios sociales pues cree que un estado que no invierta termina por ser un “parásito de la riqueza petrolera” lo que convierte al país en una “sociedad totalmente subsidiada y con muy escasa capacidad productiva propia” (En su texto Sin Sembrar el Petróleo) . De hecho habla de la necesidad de una “voluntad de sacrificio compartida” para expresar que es necesario que la gente aprenda a vivir de su trabajo y no de la renta.

En los puntos de encuentro tenemos además el hecho de que ambos tienen una visión negativa del crecimiento del país en el siglo XIX y que creen esencial aprender de los errores del pasado para poder realizar la acometida necesaria para enrumbar a nuestro país. Urgente es iniciar cambios como la diversificación de la economía; Uslar Pietri con su frase “sembrar petróleo” nos relata del sueño suicida que es depender del petróleo y Adriani por su parte con la idea de “libertarnos de la pesadilla del café” de la urgencia de analizar nuestra economía nacional y de implantar programas adecuados para salir de la mono-producción; ambas son posiciones que se tocan en la idea de crear unas bases sólidas que permitan sanear nuestra economía nacional y no depender de factores ajenos al desarrollo de nuestra economía. En este sentido, ambos están preocupados por el tema del descenso en la producción agrícola y la necesidad de racionalizar –en el sentido más puro- la producción.

El tema del capital humano muestra una diferencia crucial; por una parte Adriani hace toda una argumentación sobre el carácter de la población venezolana y la urgencia de introducir una raza que favorezca a nuestro país (los europeos) y Uslar Pietri aunque cree que debemos fomentar la inmigración pero no ve en ella la solución a los problemas de carácter, de hecho asume -desde 1935- que hay virtudes y vicios en nuestro pueblo, que hay que aprovechar los primeros y erradicar los segundos (unos de los grandes males que verá fortalecerse son la corrupción, la flojera, el desapego a la tierra y la viveza producto del rentismo petrolero y del mestizaje); en su texto Sin Sembrar el Petróleo aduce que debemos analizar las causas reales de los fracasos de la política nacional que han llevado al empobrecimiento de nuestra nación para afinar los criterios y “ no caer en la simpleza de atribuirle el fracaso a posibles inferioridades de los habitantes de la región o a fatalidades geográficas o históricas de muy dudosa validez”; con lo cual contraría la tesis de Adriani de los beneficios que la inmigración europea traería a nuestra nación al educarnos y mejorar nuestra raza. Tal vez si Adriani hubiese vivido lo que Uslar, que vio la inmigración europea de los 50´, también hubiera aseverado esto en el año 1992.

Adriani no cree en la democracia parlamentaria y partidista, ni en la división de poderes sino en un Estado centralizado, casi omnipotente; para Uslar es casi absurdo ignorar el cambio que imprime la masa en el juego político y las conquistas de las libertades, aunque muestra sus reservas para con la democracia de masas y su preferencia por la de élites (ya que la masa es susceptible de fortalecer a los demagogos que nada bueno traen a la búsqueda de desarrollo); así mismo se muestra partidario del Estado Liberal con una sociedad y una economía autónomas, con un Estado que no interventor y con partidos profesionales y no fanáticos o personalistas (aunque ve difícil ello en un país como el nuestro que no está organizado social y económicamente).


[1] Aveledo, G. (2007) El Positivismo Venezolano (Material visual de la cátedra de Pensamiento Político Económico de Venezuela) Unimet: s/e.

[2] Vilda, C (1983) Proceso de la Cultura en Venezuela II. Caracas: Centro Gumilla.

[3] Otra de las características atribuibles al positivismo venezolano fue la idea de que “la humanidad marcha en su historia a través de etapas determinadas y, por tanto, el momento de anarquía social que se vive durante el siglo XIX no es un punto de llegada, sino un momento de transición hacia un nuevo orden” Anaya, C; Díaz, C; Gourmets, Y. y Petrizzo M. (1999) La Corriente Positivista en el pensamiento político venezolano (en línea) Disponible en: http://www.faces.ula.ve/~petrizzo/Positivismo.htm (Consultado el 12 de diciembre de 2007)

[4] Pérez Perdomo, R. (1990) La Organización del Estado en Venezuela en el siglo (1830-1899) en Politeia pp. 349-404. Caracas: Faces- UCV.

[5] A los cuales Vallenilla atribuye el volcamiento de la guerra de independencia de ser una revolución municipal y oligárquica a una verdadero revolución que trajo consigo la mezcla de razas y una violenta acción contra la civilización colonial y las instituciones de origen europeo (pp. 348 y 349) Por lo tanto, su carácter de guerreros, sanguinarios, con profundo desprecio por las poblaciones sedentarias, por la urbe, con un arraigado sentimiento de independencia y libertad sólo son sometibles a un ante alguien que demuestre una superioridad por la fuerza. (pp. 344-347) Allí entra el gendarme necesario para combatir las guerrillas intestinas que infestan a nuestra historia (Guerra Federal por ejemplo).

[6] Gil Fortoul, Zumeta, Arcaya, Vallenilla Lanz fijaron en sus textos prácticamente la piedra angular para justificar la autocracia y llegan a defenderla casi como una necesidad histórica.

[7] Pérez Perdomo (1990) : 371.

[8] Paz como base, orden como principio y libertad como guía (Gil Fortoul, J. (1898) en Política Ideológica y Política Experimental: 251)

[9] En su texto Federación y Democracia en Venezuela (1917)

[10] Y por la caracterización del llanero, en el cual resurge por aquélla época el “cerebro salvaje” y el instinto “carnicero, depredatorio y destructor” producto del mestizaje; se volvía imposible que las ideas de federación fuesen el leit motiv de la contienda. Sólo fue un “llamado instintivo a la guerra” al retorno a la vida de nómada. Finalmente la lucha fue contra Los godos (los del gobierno) más por las circunstancias que les llevaron a involucrarse en la revuelta al estar de por si en contra de las autoridades locales.

[11] Geografía, tierra, raza, clima conforman al hombre tropical para un destino de resignación, de pasividad, de atraso. Nuestra historia, por tanto, no es otra cosa que la historia natural de nuestro país(…) (Vilda: 25)

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