Thelma Golden: How art gives shape to cultural change

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¿Por qué el arte? (respuesta a dos hemisferios)

Una de las razones por las que he ido incursionando en el mundo del arte es porque siento que es una de las pocas cosas que pueden conservar un halo de pureza. Creo que si tuviera que relatar mi relación con el arte tendría que comenzar por un día en el que me sentí asustada por un libro.

Tenía unos 8 años aproximadamente, estaba en la biblioteca de mi casa y vi un libro grande, delgado, que se mezclaba con los miles de papeles y guías de mi hermana que estudiaba Derecho. Agarré el libro y me pareció espantosa, visceralmente espantosa, aquella portada: era el cuadro Autorretrato con Mono de Frida Kahlo de 1938. Aquella mujer, Frida, me pareció tan antiestética que no pude resistirme a abrir las página y sumergirme en su fealdad. Ya lo decía antes, citando a Rilke, «todo ángel es terrible»; y creo que Frida, en la terribilidad, me sedujo al arte. Tanto así que, casi diez años después, hice mi «tesis» (trabajo de grado) de bachillerato sobre Frida Kahlo.

Luego, en mi inhabilidad de pintar, y mi facilidad para escribir (creo) me decanté por estudiar letras. Aún fiel enamorada de las artes… aún seducida por su poder hipnótico. Dejé letras luego de dos años, honestamente, porque sentía que no había arte en aquello; no sentía la pasión correr por los pasillos de aquella escuela que sentí algo acartonada. Leía mucho, sí. Pero escribir, escribir con el alma en vilo frente a la hoja de papel no. Nada de eso. Claro que hubo profesores maravillosos; pero me faltaba algo. No supe qué era. Sólo salí de allí con la esperanza de cambiarme de universidad a una donde las letras no sólo se estudiaran sino que se respiraran. El cambio tardaría más de dos años; así que en medio de mi «angustia contemporánea» me hablaron de una carrera novísima: Estudios Liberales.

Empecé a estudiar Estudios Liberales, estudié política, economía, filosofía, historia… política internacional… leí otra vez mucho; estudié casi todas las ramas humanistas. Tomé electivas de mitología, de literartura de vanguardia, de sociología, de fotografía… Me fascinó la libertad de la nueva casa de estudios… Supe entonces que no se trataba de la universidad, que se trataba de entregarme yo misma al arte. Irónicamente, un semestre inscribí Historia del Arte (volvía a los brazos del amado) pero fue terrible. No en la terribilidad de Rilke, sino en la pesadez de aquéllos que hacen del arte un tedio. Terminé retirando la materia y disfrutando más ver los libros de la Ed. Taschen que aquellas clases magistrales insensibles. Luego vi un curso de Literatura y Arte de Vanguardia que me hizo volver a sentir la emoción de la búsqueda: Duchamp, Tzara, Marinetti, Dalí, Bretón (no los pongo en orden sino como fluyen) y la memoria de la piel (a lo Kavafis) me recordó por qué amaba tanto al arte.

Al final, volvía a las letras con un Diplomado de escritura creativa, y volvía a las artes leyendo a Wilde, Sontag, Van Gogh, Gombrich, Hauser… leyendo sobre arte, leyendo artistas, leyendo sobre estética, porque aún leyendo a Hegel, a Hume, a Nietzsche o a Russell, vuelve a aparecerse el fantasma del arte como una sombra.

Luego, en el posgrado, hablando de finanzas internacionales, sigo apasionandome por el arte; veo el Indice Mei Moses, o Artactic o ArtPrice, veo las sumas de Sotherbys o Christie’s; reviso las inversiones en este magnífico mercado, tendencias, cifras, crecimiento, impacto, índice de confianza, y en ello soy capaz de ver a la humanidad apostando a la «poiesis», divagando sobre «el ser», asintiendo ante la más dura crítica del consumismo o diciendo que «el talento» de Degas es sublime. Veo a la gente «comprando» masivamente críticas al consumismo… veo las ironías de la sociedad envilecerse y reirse. Veo el miedo, el éxito, el fracaso, la decadencia y la cobardía, veo a la conciencia pasearse entre los pasillos del arte ¿O por qué en las guerras guardan las grandes piezas en búnkers? Veo en el arte la respuesta de las élites (y las masas) a la cultura, veo (con ojo antropológico)a la humanidad a través del arte. La belleza y la fealdad (si pueden lean a Eco con su Ha de la Belleza y la de la fealdad), la armonía y el caos, la visión de lo bueno y lo malo; las dicotomías del mundo están en el arte. Basta ver el arte barroco para comprender el miedo de la Iglesia Católica frente al desarrollo de las ciencias. O basta ver el Pop Art para comprender cuál fue el papel del capitalismo en el siglo XX.

A la pregunta de por qué el arte, intento responder cada día… ¿por qué dedicar mi vida al arte?

El arte es pasión, primero que nada, y es búsqueda. La búsqueda apasionada de un sentido. Este sentido, es, para todos, una forma esencial de la existencia. En esta línea de pensamiento, queda sólo decir que el arte es un medio común y es un objeto extendido de consumo. ¿creo que el arte carece de valor? No, creo que tiene un valor inestimable. ¿Creo que hay un precio? Si, no porque el arte tenga precio, sino porque vivir en este mundo lo tiene, y como los artistas son seres que viven en este mundo, pues creo que el arte ha tenido que tener precio; además el deseo extendido sobre las piezas (la demanda) ha terminado por poner precio a las pequeñas grandes muestras de sentido que son las piezas de arte (oferta).

Dedico entonces mi vida al arte en dos sentidos: quiero vivir el arte, apasionadamente y en mi propia búsqueda de sentido; y creo en vivir del arte, porque es la objetivación de nuestras pasiones y sentido de trascendencia; por tanto el mejor «producto» con el que contribuir al PIB y una de las mejores formas de inversión.

Mi misión, como la veo hoy día, es lograr hacer arte y que miles de artistas puedan vivir del arte, hacer del arte una profesión redituable, una inversión que ofrezca ganancias y en todo, como todo en la vida, que sea una pasión vívida.

Hoy, asumo que soy una de las fieles amantes del arte.

Para mí, el arte excita a los dos hemisferios…

¿Por qué el arte? (respuesta a dos hemisferios)

Una de las razones por las que he ido incursionando en el mundo del arte es porque siento que es una de las pocas cosas que pueden conservar un halo de pureza. Creo que si tuviera que relatar mi relación con el arte tendría que comenzar por un día en el que me sentí asustada por un libro.

Tenía unos 8 años aproximadamente, estaba en la biblioteca de mi casa y vi un libro grande, delgado, que se mezclaba con los miles de papeles y guías de mi hermana que estudiaba Derecho. Agarré el libro y me pareció espantosa, visceralmente espantosa, aquella portada: era el cuadro Autorretrato con Mono de Frida Kahlo de 1938. Aquella mujer, Frida, me pareció tan antiestética que no pude resistirme a abrir las página y sumergirme en su fealdad. Ya lo decía antes, citando a Rilke, «todo ángel es terrible»; y creo que Frida, en la terribilidad, me sedujo al arte. Tanto así que, casi diez años después, hice mi «tesis» (trabajo de grado) de bachillerato sobre Frida Kahlo.

Luego, en mi inhabilidad de pintar, y mi facilidad para escribir (creo) me decanté por estudiar letras. Aún fiel enamorada de las artes… aún seducida por su poder hipnótico. Dejé letras luego de dos años, honestamente, porque sentía que no había arte en aquello; no sentía la pasión correr por los pasillos de aquella escuela que sentí algo acartonada. Leía mucho, sí. Pero escribir, escribir con el alma en vilo frente a la hoja de papel no. Nada de eso. Claro que hubo profesores maravillosos; pero me faltaba algo. No supe qué era. Sólo salí de allí con la esperanza de cambiarme de universidad a una donde las letras no sólo se estudiaran sino que se respiraran. El cambio tardaría más de dos años; así que en medio de mi «angustia contemporánea» me hablaron de una carrera novísima: Estudios Liberales.

Empecé a estudiar Estudios Liberales, estudié política, economía, filosofía, historia… política internacional… leí otra vez mucho; estudié casi todas las ramas humanistas. Tomé electivas de mitología, de literartura de vanguardia, de sociología, de fotografía… Me fascinó la libertad de la nueva casa de estudios… Supe entonces que no se trataba de la universidad, que se trataba de entregarme yo misma al arte. Irónicamente, un semestre inscribí Historia del Arte (volvía a los brazos del amado) pero fue terrible. No en la terribilidad de Rilke, sino en la pesadez de aquéllos que hacen del arte un tedio. Terminé retirando la materia y disfrutando más ver los libros de la Ed. Taschen que aquellas clases magistrales insensibles. Luego vi un curso de Literatura y Arte de Vanguardia que me hizo volver a sentir la emoción de la búsqueda: Duchamp, Tzara, Marinetti, Dalí, Bretón (no los pongo en orden sino como fluyen) y la memoria de la piel (a lo Kavafis) me recordó por qué amaba tanto al arte.

Al final, volvía a las letras con un Diplomado de escritura creativa, y volvía a las artes leyendo a Wilde, Sontag, Van Gogh, Gombrich, Hauser… leyendo sobre arte, leyendo artistas, leyendo sobre estética, porque aún leyendo a Hegel, a Hume, a Nietzsche o a Russell, vuelve a aparecerse el fantasma del arte como una sombra.

Luego, en el posgrado, hablando de finanzas internacionales, sigo apasionandome por el arte; veo el Indice Mei Moses, o Artactic o ArtPrice, veo las sumas de Sotherbys o Christie’s; reviso las inversiones en este magnífico mercado, tendencias, cifras, crecimiento, impacto, índice de confianza, y en ello soy capaz de ver a la humanidad apostando a la «poiesis», divagando sobre «el ser», asintiendo ante la más dura crítica del consumismo o diciendo que «el talento» de Degas es sublime. Veo a la gente «comprando» masivamente críticas al consumismo… veo las ironías de la sociedad envilecerse y reirse. Veo el miedo, el éxito, el fracaso, la decadencia y la cobardía, veo a la conciencia pasearse entre los pasillos del arte ¿O por qué en las guerras guardan las grandes piezas en búnkers? Veo en el arte la respuesta de las élites (y las masas) a la cultura, veo (con ojo antropológico)a la humanidad a través del arte. La belleza y la fealdad (si pueden lean a Eco con su Ha de la Belleza y la de la fealdad), la armonía y el caos, la visión de lo bueno y lo malo; las dicotomías del mundo están en el arte. Basta ver el arte barroco para comprender el miedo de la Iglesia Católica frente al desarrollo de las ciencias. O basta ver el Pop Art para comprender cuál fue el papel del capitalismo en el siglo XX.

A la pregunta de por qué el arte, intento responder cada día… ¿por qué dedicar mi vida al arte?

El arte es pasión, primero que nada, y es búsqueda. La búsqueda apasionada de un sentido. Este sentido, es, para todos, una forma esencial de la existencia. En esta línea de pensamiento, queda sólo decir que el arte es un medio común y es un objeto extendido de consumo. ¿creo que el arte carece de valor? No, creo que tiene un valor inestimable. ¿Creo que hay un precio? Si, no porque el arte tenga precio, sino porque vivir en este mundo lo tiene, y como los artistas son seres que viven en este mundo, pues creo que el arte ha tenido que tener precio; además el deseo extendido sobre las piezas (la demanda) ha terminado por poner precio a las pequeñas grandes muestras de sentido que son las piezas de arte (oferta).

Dedico entonces mi vida al arte en dos sentidos: quiero vivir el arte, apasionadamente y en mi propia búsqueda de sentido; y creo en vivir del arte, porque es la objetivación de nuestras pasiones y sentido de trascendencia; por tanto el mejor «producto» con el que contribuir al PIB y una de las mejores formas de inversión.

Mi misión, como la veo hoy día, es lograr hacer arte y que miles de artistas puedan vivir del arte, hacer del arte una profesión redituable, una inversión que ofrezca ganancias y en todo, como todo en la vida, que sea una pasión vívida.

Hoy, asumo que soy una de las fieles amantes del arte.

Para mí, el arte excita a los dos hemisferios…

¿PARA QUÉ SIRVE EL ARTE?

En definitiva no hay irreverencia en el arte cuando no hay aporte real.

Explico.

Andando en la búsqueda de un libro por la web, caí en un blog (http://elpintordehierro.blogspot.com/2008/08/para-que-sirve-al-arte.html) que tenía un extracto del magnífico libro de John Carey What Good Are the Arts?… aquí les dejo lo que encontré… yo creo en definitiva que es necesario repensar algunas cosas.

Aquí el texto:

«Según Robert Hughes, el papel que le ha tocado al arte en nuestra sociedad de medios de comunicación de masas es «ser capital de inversión». Un arte político eficaz es imposible en nuestros días, porque los artistas deben ser famosos para que les escuchen, y a medida que ellos ganan fama su arte gana valor, e ipso facto se vuelve inofensivo. «En lo referente a la política, la mayor parte del arte aspira a la condición de hilo musical. Aporta una melodía de fondo al poder». Hughes volvió al ataque en un discurso pronunciado ante la Royal Academy en junio de 2004, después de que un Picasso de su primera época fuera vendido en Sotheby’s por cien millones de dólares el mes anterior. Esa suma equivale al PIB de algunos estados caribeños y africanos, y, señala Hughes, «algo está muy podrido» si los muy ricos de Occidente pueden gastar esa cantidad en una pintura: «Actos como ese no honran al arte. Lo envilecen, porque vuelven patológico el deseo de arte». Citó las palabras del amigo y biógrafo autorizado de Picasso, John Richardson, que dijo que ninguna pintura valía tanto y que el comprador «tendría que haber entregado ese dinero para una causa mucho más importante». En clara alusión al tiburón sumergido en formaldehído de Damien Hirst [The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living, 1991], Hughes condenó la confianza del arte contemporáneo en las tácticas de impacto: «Sé, como la mayoría sabemos en el fondo de nuestro corazón, que en una cultura donde todo vale el término ‘vanguardia’ ha perdido hasta el último vestigio de su significado original». El crítico del posmodernismo Fredric Jameson comparte el pesimismo de Hughes, casi siempre por las mismas razones: «En líneas generales, la producción estética actual se ha integrado en la producción de artículos de consumo (…)»En julio de 2004 tuvimos una muestra de la reacción pública a estas tendencias cuando una celebrada obra de arte contemporáneo sufrió un accidente fatal. La obra en cuestión era un busto de la cabeza del escultor Marc Quinn realizado con casi cinco litros de su propia sangre congelada y titulado Self. Había sido comprada en 1991 por Charles Saatchi -por 13.000 libras esterlinas, según se dijo- y conservada en un frigorífico, como su naturaleza requería. Los albañiles que remodelaron la cocina en la casa de Saatchi en Eaton Square, al desconocer el contenido de la nevera, la desconectaron, y dos días después advirtieron que estaba rodeada de un charco de sangre. La ligereza con que la prensa británica se refirió al incidente no admite dudas. (…) El Times recordó sarcástico otros «accidentes» sufridos por algunas obras de arte moderno. Una creación abstracta de John Chamberlain realizada a partir de chatarra de automóviles fue retirada por los barrenderos cuando alguien la dejó momentáneamente sobre la acera a la puerta de una galería de Nueva York. Los mozos de una casa de subastas retiraron el envoltorio de papel de embalar de una silla sin darse cuenta de que era parte integral de una escultura de Christo.

(…) Tanta irreverencia resultó ser un mero anticipo de la explosión humorística provocada por le incendio del almacén del Momart en mayo de 2004. Entre las víctimas se contaron dos de las obras más celebradas de la colección Saatchi: la tienda de campaña de Tracey Emin (adornada con los nombres de todas las personas con las que se había acostado) y Hell, de los hermanos Chapman (un tableau de soldados de juguete mutilados por los que Saatchi había pagado medio millón de libras esterlinas). El artista Sebastian Horley expresó la reacción general, aunque en términos menos comedidos que la mayoría:

Lo único que lamento es que los artistas no hayan estado en la pira funeraria. Eso sí que hubiera sido grandioso […]. Los artistas desempeñan el bien remunerado papel de bufones de la corte […]. ¿Por qué han permitido que les ocurriera a ellos? Los premios Saatchi, Jopling, Turner… son premios para tránsfugas y desertores, para forajidos de cartón que se ponen de rodillas para ser premiados por una sociedad a la que juran despreciar. ¿Dónde ha quedado el desafío? ¿Por qué la generación punk se ha vuelto tan dócil, tan impotente? ¿Por qué estrecha la mano de la realeza del mundillo artístico y se mueve en los mismos círculos que su obra supuestamente denuesta?

Extracto de ¿PARA QUÉ SIRVE AL ARTE?, John Carey, 2005

¿PARA QUÉ SIRVE EL ARTE?

En definitiva no hay irreverencia en el arte cuando no hay aporte real.

Explico.

Andando en la búsqueda de un libro por la web, caí en un blog (http://elpintordehierro.blogspot.com/2008/08/para-que-sirve-al-arte.html) que tenía un extracto del magnífico libro de John Carey What Good Are the Arts?… aquí les dejo lo que encontré… yo creo en definitiva que es necesario repensar algunas cosas.

Aquí el texto:

«Según Robert Hughes, el papel que le ha tocado al arte en nuestra sociedad de medios de comunicación de masas es «ser capital de inversión». Un arte político eficaz es imposible en nuestros días, porque los artistas deben ser famosos para que les escuchen, y a medida que ellos ganan fama su arte gana valor, e ipso facto se vuelve inofensivo. «En lo referente a la política, la mayor parte del arte aspira a la condición de hilo musical. Aporta una melodía de fondo al poder». Hughes volvió al ataque en un discurso pronunciado ante la Royal Academy en junio de 2004, después de que un Picasso de su primera época fuera vendido en Sotheby’s por cien millones de dólares el mes anterior. Esa suma equivale al PIB de algunos estados caribeños y africanos, y, señala Hughes, «algo está muy podrido» si los muy ricos de Occidente pueden gastar esa cantidad en una pintura: «Actos como ese no honran al arte. Lo envilecen, porque vuelven patológico el deseo de arte». Citó las palabras del amigo y biógrafo autorizado de Picasso, John Richardson, que dijo que ninguna pintura valía tanto y que el comprador «tendría que haber entregado ese dinero para una causa mucho más importante». En clara alusión al tiburón sumergido en formaldehído de Damien Hirst [The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living, 1991], Hughes condenó la confianza del arte contemporáneo en las tácticas de impacto: «Sé, como la mayoría sabemos en el fondo de nuestro corazón, que en una cultura donde todo vale el término ‘vanguardia’ ha perdido hasta el último vestigio de su significado original». El crítico del posmodernismo Fredric Jameson comparte el pesimismo de Hughes, casi siempre por las mismas razones: «En líneas generales, la producción estética actual se ha integrado en la producción de artículos de consumo (…)»En julio de 2004 tuvimos una muestra de la reacción pública a estas tendencias cuando una celebrada obra de arte contemporáneo sufrió un accidente fatal. La obra en cuestión era un busto de la cabeza del escultor Marc Quinn realizado con casi cinco litros de su propia sangre congelada y titulado Self. Había sido comprada en 1991 por Charles Saatchi -por 13.000 libras esterlinas, según se dijo- y conservada en un frigorífico, como su naturaleza requería. Los albañiles que remodelaron la cocina en la casa de Saatchi en Eaton Square, al desconocer el contenido de la nevera, la desconectaron, y dos días después advirtieron que estaba rodeada de un charco de sangre. La ligereza con que la prensa británica se refirió al incidente no admite dudas. (…) El Times recordó sarcástico otros «accidentes» sufridos por algunas obras de arte moderno. Una creación abstracta de John Chamberlain realizada a partir de chatarra de automóviles fue retirada por los barrenderos cuando alguien la dejó momentáneamente sobre la acera a la puerta de una galería de Nueva York. Los mozos de una casa de subastas retiraron el envoltorio de papel de embalar de una silla sin darse cuenta de que era parte integral de una escultura de Christo.

(…) Tanta irreverencia resultó ser un mero anticipo de la explosión humorística provocada por le incendio del almacén del Momart en mayo de 2004. Entre las víctimas se contaron dos de las obras más celebradas de la colección Saatchi: la tienda de campaña de Tracey Emin (adornada con los nombres de todas las personas con las que se había acostado) y Hell, de los hermanos Chapman (un tableau de soldados de juguete mutilados por los que Saatchi había pagado medio millón de libras esterlinas). El artista Sebastian Horley expresó la reacción general, aunque en términos menos comedidos que la mayoría:

Lo único que lamento es que los artistas no hayan estado en la pira funeraria. Eso sí que hubiera sido grandioso […]. Los artistas desempeñan el bien remunerado papel de bufones de la corte […]. ¿Por qué han permitido que les ocurriera a ellos? Los premios Saatchi, Jopling, Turner… son premios para tránsfugas y desertores, para forajidos de cartón que se ponen de rodillas para ser premiados por una sociedad a la que juran despreciar. ¿Dónde ha quedado el desafío? ¿Por qué la generación punk se ha vuelto tan dócil, tan impotente? ¿Por qué estrecha la mano de la realeza del mundillo artístico y se mueve en los mismos círculos que su obra supuestamente denuesta?

Extracto de ¿PARA QUÉ SIRVE AL ARTE?, John Carey, 2005

Arte

Quizás hay algo de morbo en el arte. Algo de decadencia como habla Hanni Ossot o como dice ella de Rilke. Todo angel es terrible. Las punciones de las formas atormentan al artista más estoico. Quizás la memoria de lo vivido o los problemas irresolubles de la mímesis. En todo caso, siempre hay algo de tormento en la poiesis. Porque la creación siempre es un fantasma del creador, porque las palabras son sordas a las sensaciones y porque la plástica se limita al espacio. Casi es un problema físico; tiempo y espacio delimitan a la creación que nunca es actual en tanto en inacabada. Apenas en el instante minúsculo del último brochazo, de último cincel, existe. Con acabada imperfección para sentirse presente. Pero igual yace sin vida, y en su continuo devenir es producto de todos los agentes que la afectan y que terminan por ser más creador que el que la ideó. ¿Cómo puede no sentirse turbado el artista? Espinoza quizás tenía razón. La libertad no existe.

Arte

Quizás hay algo de morbo en el arte. Algo de decadencia como habla Hanni Ossot o como dice ella de Rilke. Todo angel es terrible. Las punciones de las formas atormentan al artista más estoico. Quizás la memoria de lo vivido o los problemas irresolubles de la mímesis. En todo caso, siempre hay algo de tormento en la poiesis. Porque la creación siempre es un fantasma del creador, porque las palabras son sordas a las sensaciones y porque la plástica se limita al espacio. Casi es un problema físico; tiempo y espacio delimitan a la creación que nunca es actual en tanto en inacabada. Apenas en el instante minúsculo del último brochazo, de último cincel, existe. Con acabada imperfección para sentirse presente. Pero igual yace sin vida, y en su continuo devenir es producto de todos los agentes que la afectan y que terminan por ser más creador que el que la ideó. ¿Cómo puede no sentirse turbado el artista? Espinoza quizás tenía razón. La libertad no existe.

CREATIVIDAD

Leyendo algunos artículos en la web, me encontré con éste interesantísimo y simple artículo. A continuación remito entonces el artículo de Pablo Félix en la página web argentina PM de mercadeo de farmacia.

Lo dejo a su consideración,

Publicado en Febrero de 2009.

El líder resiliente en época de crisis

En ciencias sociales, “resiliencia” alude a la capacidad humana de ser transformado por las experiencias adversas. En épocas de crisis, el líder resiliente sabe enfrentar las circunstancias desfavorables, sobreponerse a ellas y salir fortalecido.

Tome una lata de gaseosa vacía y presiónela con su mano…. Muy bien…. Ahora afloje la presión: la lata quedó aplastada. Ahora tome una pelota de tenis y vuelva a presionar con toda su fuerza. Ahora suelte. La pelota ha vuelto a su forma original.
En física, esta propiedad de algunos cuerpos se llama resiliencia, y refiere a la capacidad que tienen los materiales de volver a su forma original cuando son forzados a deformarse.
El término resiliencia también es usado en las ciencias sociales para hacer referencia a la capacidad humana de enfrentar, sobreponerse y de salir fortalecido e incluso transformado por las experiencias adversas.
¿Podemos entonces hablar de resiliencia en las organizaciones? ¿Cómo aplicar este concepto para pensar en los líderes dentro de ellas?

Hacia la “incomodidad creativa”

En su camino hacia la excelencia, un líder debe ir desarrollando varias competencias. Una de ellas, fundamental en estos tiempos donde los cambios son constantes y la crisis golpea cada mañana a nuestras puertas, es la capacidad de conducir a su gente hacia una zona de “incomodidad creativa”. Esto consiste en ser capaz de lograr que la gente mire la crisis como un desafío del cuál se saldrá fortalecido, de desarrollar todos los sentidos para encontrar modelos interesantes de crecimiento, de hacer que el área se convierta en un “semillero creativo” generando recursos propios desde la misma gente.
Sin embargo, pareciera ser que el modelo que impera en el management es aquél que indica que, frente a una crisis, lo primero a realizar dentro de una empresa es eliminar o reducir al mínimo la capacitación. Esta visión describe el modelo de “Capitán” elegido para conducir la nave-organización: uno que no toma en forma creativa y visionaria su conducción, sino que tira marineros y botes salvavidas por la borda con el objetivo de reducir el cargamento.
Cuando una organización entra en una etapa de crecimiento más lento o en una meseta, está en un momento ideal para rearmarse. El hecho de que su producción haya descendido le brinda más tiempo para dedicar a aquello que, en la matriz de Urgencia e Importancia, llamamos “No Urgente/Importante”.
Manos a la obra
Es hora de mirar hacia adentro y comenzar a valorar y a hacer uso de las capacidades de nuestra gente, de tomar en cuenta nuestros propios recursos, la riqueza intelectual con que cuenta la organización, de ver quién aporta qué. Conocer a nuestra gente es lo fundamental para que este modelo funcione.

Volvamos un poco atrás. Aplicado a una organización, el término resiliencia alude a su capacidad para volver a estar en forma luego de superada una crisis, y dentro de la organización de tomar a cada equipo y que ellos sigan también en forma. Las empresas que no comprendan y prendan todos sus motores de desarrollo, creatividad y escucha interna, verán muy obstaculizado su camino al éxito.

Por lo tanto, el líder deberá hacerse las siguientes preguntas:
· ¿Está mi equipo preparado para afrontar esta crisis en forma creativa?
· ¿Cuáles son las fortalezas de mi equipo al respecto?
· ¿Qué dejaré de hacer (y, por lo tanto, delegaré) para enfocarme en lo importante para mi función durante esta etapa?
· ¿De qué modo puede contribuir cada uno de los integrantes para nutrir a los demás?
· ¿Cómo voy a capacitar a mi gente?
· ¿Cómo podemos contribuir a la organización, es decir, cómo contribuiremos a nuestros clientes internos?
· ¿Estamos haciendo lo mismo de siempre, o encaramos esta crisis de un modo distinto?
· ¿Quiénes son las personas dentro o fuera de la organización que nos darán soporte?
· ¿Cómo voy a inspirar a mi gente a llevar este desafío con éxito?
· ¿Quiénes van a capacitarnos dentro de la organización?
· ¿Qué nuevas alianzas haré dentro y fuera de la organización?¿Qué más haré para que mi gente se sienta más motivada durante este proceso?
· ¿Cómo celebraremos el éxito?
El líder resiliente toma a la crisis como oportunidad de crecimiento, toma al desafío con una visión pro-activa y contagia esta energía al resto de su gente, creando un campo mórfico que podría ser percibido por otras áreas.
Así, comienza a contagiar este modo posible y positivo para salir adelante. Los líderes son las llaves fundamentales para que una organización crezca tomando al espiral virtuoso como camino.
Por supuesto que esto requiere trabajo y foco en la gente y su potencial, pero bien vale la pena aclarar que no hay mayor motivador que este modelo.
Visita nuestros PATROCINADORES y colabora con PMFARMA!

CREATIVIDAD

Leyendo algunos artículos en la web, me encontré con éste interesantísimo y simple artículo. A continuación remito entonces el artículo de Pablo Félix en la página web argentina PM de mercadeo de farmacia.

Lo dejo a su consideración,

Publicado en Febrero de 2009.

El líder resiliente en época de crisis

En ciencias sociales, “resiliencia” alude a la capacidad humana de ser transformado por las experiencias adversas. En épocas de crisis, el líder resiliente sabe enfrentar las circunstancias desfavorables, sobreponerse a ellas y salir fortalecido.

Tome una lata de gaseosa vacía y presiónela con su mano…. Muy bien…. Ahora afloje la presión: la lata quedó aplastada. Ahora tome una pelota de tenis y vuelva a presionar con toda su fuerza. Ahora suelte. La pelota ha vuelto a su forma original.
En física, esta propiedad de algunos cuerpos se llama resiliencia, y refiere a la capacidad que tienen los materiales de volver a su forma original cuando son forzados a deformarse.
El término resiliencia también es usado en las ciencias sociales para hacer referencia a la capacidad humana de enfrentar, sobreponerse y de salir fortalecido e incluso transformado por las experiencias adversas.
¿Podemos entonces hablar de resiliencia en las organizaciones? ¿Cómo aplicar este concepto para pensar en los líderes dentro de ellas?

Hacia la “incomodidad creativa”

En su camino hacia la excelencia, un líder debe ir desarrollando varias competencias. Una de ellas, fundamental en estos tiempos donde los cambios son constantes y la crisis golpea cada mañana a nuestras puertas, es la capacidad de conducir a su gente hacia una zona de “incomodidad creativa”. Esto consiste en ser capaz de lograr que la gente mire la crisis como un desafío del cuál se saldrá fortalecido, de desarrollar todos los sentidos para encontrar modelos interesantes de crecimiento, de hacer que el área se convierta en un “semillero creativo” generando recursos propios desde la misma gente.
Sin embargo, pareciera ser que el modelo que impera en el management es aquél que indica que, frente a una crisis, lo primero a realizar dentro de una empresa es eliminar o reducir al mínimo la capacitación. Esta visión describe el modelo de “Capitán” elegido para conducir la nave-organización: uno que no toma en forma creativa y visionaria su conducción, sino que tira marineros y botes salvavidas por la borda con el objetivo de reducir el cargamento.
Cuando una organización entra en una etapa de crecimiento más lento o en una meseta, está en un momento ideal para rearmarse. El hecho de que su producción haya descendido le brinda más tiempo para dedicar a aquello que, en la matriz de Urgencia e Importancia, llamamos “No Urgente/Importante”.
Manos a la obra
Es hora de mirar hacia adentro y comenzar a valorar y a hacer uso de las capacidades de nuestra gente, de tomar en cuenta nuestros propios recursos, la riqueza intelectual con que cuenta la organización, de ver quién aporta qué. Conocer a nuestra gente es lo fundamental para que este modelo funcione.

Volvamos un poco atrás. Aplicado a una organización, el término resiliencia alude a su capacidad para volver a estar en forma luego de superada una crisis, y dentro de la organización de tomar a cada equipo y que ellos sigan también en forma. Las empresas que no comprendan y prendan todos sus motores de desarrollo, creatividad y escucha interna, verán muy obstaculizado su camino al éxito.

Por lo tanto, el líder deberá hacerse las siguientes preguntas:
· ¿Está mi equipo preparado para afrontar esta crisis en forma creativa?
· ¿Cuáles son las fortalezas de mi equipo al respecto?
· ¿Qué dejaré de hacer (y, por lo tanto, delegaré) para enfocarme en lo importante para mi función durante esta etapa?
· ¿De qué modo puede contribuir cada uno de los integrantes para nutrir a los demás?
· ¿Cómo voy a capacitar a mi gente?
· ¿Cómo podemos contribuir a la organización, es decir, cómo contribuiremos a nuestros clientes internos?
· ¿Estamos haciendo lo mismo de siempre, o encaramos esta crisis de un modo distinto?
· ¿Quiénes son las personas dentro o fuera de la organización que nos darán soporte?
· ¿Cómo voy a inspirar a mi gente a llevar este desafío con éxito?
· ¿Quiénes van a capacitarnos dentro de la organización?
· ¿Qué nuevas alianzas haré dentro y fuera de la organización?¿Qué más haré para que mi gente se sienta más motivada durante este proceso?
· ¿Cómo celebraremos el éxito?
El líder resiliente toma a la crisis como oportunidad de crecimiento, toma al desafío con una visión pro-activa y contagia esta energía al resto de su gente, creando un campo mórfico que podría ser percibido por otras áreas.
Así, comienza a contagiar este modo posible y positivo para salir adelante. Los líderes son las llaves fundamentales para que una organización crezca tomando al espiral virtuoso como camino.
Por supuesto que esto requiere trabajo y foco en la gente y su potencial, pero bien vale la pena aclarar que no hay mayor motivador que este modelo.
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RETROFUTURISMO

F
U
R e t r o
U
R
I
S
M
O

La paradoja del “momento”…

Por: Nancy H. Arellano S.
nancyarellano@gmail.com

Toparse con una revista estadounidense de los noventa llamada “RETROFUTURISM” y pasar de ahí a la semana de la moda de Milán de 2008: “Versace: bailarinas del retrofuturismo”. ¿Pero qué es esto de Retrofuturismo? Es algo que tiene más de veinte años autodefiniéndose y que intentaremos dilucidar a lo largo de este artículo.

Empecemos por lo más reciente: El portal de terra.es no vacila en catalogar de retrofuturista a la colección primavera- verano 2009 de Donatella Versace; la cual, según Terra, “navegaba entre un ballet del Lago de los Cisnes y 2001: Odisea en el espacio”. Una visión de lo clásico combinada con una proyección pasada del futuro. (¿Qué ahora es pasado?)

La curiosidad nos hace presa y salta la idea de un Tommaso Marinetti (padre del futurismo) que resucitado volviera a decirnos que “Un carro de carreras con su capó adornado con gruesos tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo… un automóvil rugiente, que parece correr sobre la ráfaga, es más bello que la Victoria de Samotracia”; y no sería sorpresa dado que, para 1909, aún el apogeo de las carreras de autos no era el que tenemos hoy día: Mercedes Benz ganó en 1914 su primer Grand Prix y Ferrari aún no había sido fundada.

El auge de la tecnología que a principios del siglo XX inspiró a Marinetti ha sobrepasado todas las fronteras imaginadas… Pero si el futurismo pregonaba ideas como: cantar al peligro, la audacia, la rebelión; exaltar la el movimiento agresivo, el insomnio febril, el salto mortal, el cachetazo y puñetazo… la belleza de la de la velocidad, de la lucha, del asalto violento contra las fuerzas desconocidas… La glorificación de la guerra “única higiene del mundo” ¿Qué es esto del Retrofuturismo? ¿Tiene algo que ver con el Futurismo de Marinetti?

Vamos en la búsqueda de qué nos querían decir con este neologismo. Finalmente y con algún trabajo –más allá de las cinco o seis líneas de Wikipedia-, con un concepto de este “retrofuturismo”:

“Sustantivo masculino. Tendencia a realizar creaciones artísticas basándose en obras que, en el pasado, sobre todo hasta mediados del siglo XX, tuvieron como referente el tiempo futuro. Del inglés retrofuturism (retro-futurism), término creado por el artista estadounidense Lloyd John Dunn hacia 1980.” Tomado de “El misterio de las Palabras” (en http://weblogs.clarin.com/revistaenie-elmisteriodelaspalabras/archives/2008/06/retrofuturismo.html)

Primera impresión: Tranquilidad. No hay relación con el futurismo en su lado más desalmado. Segunda impresión: Fantástico. Pareciera una suerte de retoma del concepto de Surrealismo planteado en 1924 por André Bretón; aquél que rezaba “Sustantivo, masculino, singular. Automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar verbalmente, escrito o de cualquier modo el funcionamiento real del pensamiento” Tercera impresión (ya reflexión): Es una propuesta que trasciende los límites meramente estéticos pero también los prescriptivos: hay apertura conceptual en la medida en que se rompen las barreras de temporalidad.

¿Pero a qué se refiere este término casi contradictorio de lo retro y el futurismo?

¿Cuál es la propuesta y a qué obedece? Ciertamente el prefijo “retro” nos habla del pasado y el futurismo como movimiento era casi una apología a la modernidad: lo rápido, lo tecnológico, de avanzada –con otras “cosillas” que ya he enumerado. Habría que hablar entonces de “La retoma de la visión futurista del pasado” como el acercamiento más acertado a una breve definición.

¿Y quién es Lloyd John Dunn y por qué acuñó el término?

Lloyd Dunn es un artista estadounidense egresado la escuela de Lingüística de la Universidad de Iowa que luego cursaría estudios en Cine, Fotografía y Medios. Su singularidad como artista reside en que ha trabajado con diferentes medios incluyendo películas, videos, audio, impresos e internet. Se define a sí mismo como un devoto del “xerox art” (Arte Xerox) y no es coincidencia sino que desarrolló un extenso trabajo empleando como única herramienta una fotocopiadora.

Photoestatic Nº1. Nos dice el equipo editor: “es una publicación periódica (esperamos aparezca cada mes) devota al proceso xerográfico como esfuerzo creativo.”
Entre el arte de fotocopiadora, el “mail art”, el llamado arte generativo y los “zines” (abreviatura para magazine que es empleada cuando la publicación es no comercial y casi siempre autopublicada) Dunn contribuye a crear la revista “Photo Static” donde vemos una amplia muestra de su trabajo y de la estética “retrofuturista”. Ésta comenzó como una larga publicación con amplios contenidos visuales que incluiría luego ensayos y crítica; luego se añadirían compilaciones de audio cassettes, series de libros de artistas independientes, y algunas compilaciones de videos.

Tiempo trascurrido aparece la revista Retrofuturism, YAWN, The Bulletin of the Copyright Violation Squad, The Expatriot, PSRF, and currently y The Photostatic Magazine Retrograde Archive. Una composición de los “mass-media” al servicio del arte: el urinario de Duchamp (los Ready-Made) son ahora las “máquinas” y sus productos para Dunn. Música, impresos, video… en juego con ideas contra el orden y al servicio del orden en una propuesta “retro” que busca acercarnos a la visión que de “nosotros” (nuestro tiempo) había en el pasado.

Revista Photo Static fundada en 1983 por Dunn.
DE LA MÚSICA RETROFUTURISTA

Durante los mismos 80’s surge la idea de crear música usando la tecnología de grabado y un solo instrumento musical; la inspiración es lo que se conoce como “musique concrète” (habría que dedicar largo tiempo a explicar este género de origen francés) el flux y algunos “experimentos” de los Beatles y otras bandas de rock experimental –valga la redundancia- de los 60’s. Hoy día la banda sigue en pie y Dunn trabajando en PWP (Public Work Productions) una empresa que se dedica a la promoción artística de todo tipo de trabajos (impresos, videos y música) que calificaríamos –en retoma- de vanguardistas.

John Heck, Lloyd Dunn and Todd Kimm at the Mill in Iowa City (http://pwp.detritus.net/news/interviews/kimm-icon.html)

Retrofuturism : La Revista
“Retrofuturism” se convirtió en una revista: la actitud polémica de Dunn (a lo Warhol) que ya se había hecho patente en Photo Static vuelve a hacer escuchar (o leer porpiamente) con Retrofuturism.
Sólo contó con 17 publicaciones, no periódicas, entre 1988-1993 y si hablar de la revista es menester diríamos que estuvo enfocada en “la producción en serie” y las ideas de “cultura de franja” y “el arte de máquina”. Como por ejemplo el arte de la fotocopiadora, el uso del plagio como arte, las gráficas deformadas y las tendencias “no arte” como arte, las “redes de correspondencia, el arte de audio, y mucho más.

Portada del Disco Music with Sound de The Tape- Beatles.
A lo largo de veinte años Dunn ha empleado el término “retrofuturismo”, “retrofuturista”, “retrofuturístico” de diversas formas; al principio, según él mismo afirma, se trató de una suerte de broma que luego cobraría un sentido real. De hecho hubo incluso una publicidad (falsa al final) sobre la publicación de un “Manifiesto Retrofuturista: Lectura y Desayuno-almuerzo” el cual fue atribuido a los seudónimos «Mono de Hollín” (Smut Monkey) y “Warren Ong». Lo cierto es que la utilidad de la palabra para Dunn –y hoy para nosotros- es indiscutible; de hecho podemos calificar el trabajo y algunos dibujos de las publicaciones en las que Dunn se involucró como retrofuturistas; y ello, no es por complacencia. En sí, referimos al término como la retoma de las visiones que en el pasado se tuvo del futuro: hoy presente.

Si usted tiene el deseo, tiempo y disposición le invito a visitar la web:
http://psrf.detritus.net/issues.html donde encontrará todas las “zines” de Dunn y sus amigos en formato PDF para descargar. Es una experiencia completa y permite comprender la estética e idiosincrasia involucrada en esta retoma de elementos como una suerte de “collage temporal”.

Podemos concluir simplemente señalando que el RETROFUTURISMO trasciende la terminología académica o la prescripción de un movimiento estético o artístico.

Aparentemente Dunn quiso hablar sobre “el trabajo posible”, sobre el arte de la combinatoria de tiempos: pasado, presente y futuro conjugándose de forma tal que den algo completamente novedoso. ¿Es posible el Retrofuturismo? Creo que, si luego de más de 25 años de que Dunn acuñara el término, Donatella Versace incursiona en esta tendencia pues hay bastante tela que cortar: Hay senderos inexplorados, hay proyecciones del futuro que hoy son presente, elementos interesantes y significativos de ese pasado que, en el redescubrimiento, llevan al artista a progresar paradójicamente en la comprensión y expresión de la forma de futuro que vivimos como presente. ¿O qué creen hoy de Orwell o de Bradbury? O ¿Qué pensarían los personajes de 1984 y Farenheit 451?

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