Partidos, Movimientos sociales y políticos: esencia de la conciencia democrática

Hay quienes abogan por una sociedad «monopartido» como algo democrático. Jamás se ha visto tal cosa en una sociedad que internalice el valor capital que es la democracia. Tampoco lo es una sociedad sin actores sociales que, sin querer el poder, eleven sus voces por reclamos o peticiones en favor de un proyecto, ley, medida o ausencia. Los movimientos sociales se definen como: «…comportamientos colectivos y movimientos sociales constituyen intentos fundados en un conjunto de valores compartidos para redefinir las formas de la acción social e influir en sus consecuencias. Comportamientos colectivos y movimientos sociales difieren según el grado y el tipo de cambio que intentan provocar en el sistema y según los valores y el nivel de integración interna…” (Bobbio, Matteucci y Pasquino, 1991:1015).

Por su parte, un movimiento político es un movimiento social que opera en el campo de la política, de forma estandarizada y organizada, pero sin la rigidez de un partido y sin pretender la «búsqueda del poder». Es decir, es un actor del juego político que persigue aglutinar en colectivos -integrados- una serie de demandas/peticiones hacia el poder político. Tienen entonces como primer motivador la satisfacción de necesidades, la corrección de políticas públicas ineficientes o la activación de políticas públicas que consideran necesarias para el colectivo.

Estos se vuelven una suerte de grupo de presión social organizado, por tanto, más eficiente. ¿Y por qué son pertinentes? Lo son porque -sin riesgo o costo partidista- y con mayor celeridad, pueden asumir posiciones y realizar exigencias, contraloría social o elevar propuestas de satisfacción social. En fin, operan de forma más dinámica y no responden a disciplina partidista sino que se guían por valores compartidos y con un sentido de cohesión de intereses. Son actores sociales. Por esto, son diversos. Entre los ejemplos citables está el movimiento feminista, el movimiento ecológico, el movimiento de izquierda o los pro-globalización.

Lo importante en este caso es que los movimientos sociales democráticos no eleven peticiones excluyentes, degradantes o contrarias a los valores de la Constitución del país donde se encuentren. En estos casos,al ser contrarios a los valores constitucionales, lejos de ser un ingrediente deseable para la mixtura de la democracia, se vuelven nocivos. Por ejemplo el Movimiento Neonazi o el KuKluxKlan (ambos profundamente racistas, clasistas, violentos y hasta criminales). En su salud, los movimientos sociales que se enlacen con los partidos, garantizan la vigencia de éste.

¿Y qué diferencia a los movimientos sociales de los partidos? Lo primero es el fin. Los movimientos no aspiran a ser gobierno. Segundo no responden a una estructura sólida que deba jerarquizar temas, medir posiciones o evaluar costos. Sino que funcionan de forma más orgánica, maleable y adaptable según el tema y localidad. Los movimientos sociales (temáticos o políticos) pueden asirse de los propios partidos para comunicar sus preocupaciones y funcionar como bloque frente a una demanda, o bien actuar solos como parte de la población afectada con exigencias directas, organizadas, sustentadas y con proposiciones.

Los partidos además presentan una tesis política, sustentada en una ideología y persigue poner en práctica esa tesis en la transformación social a través de la obtención del poder. Los movimientos sociales garantizan la vitalidad de las opciones políticas, su actualización y conexión con grupos de interés pertinentes.

¿Y por qué son importantes los partidos? Así como la organización social -sea en movimientos, grupos de presión, comportamientos colectivos- es importante para elevar demandas; los partidos organizados son fundamentales para estabilizar el sistema, defender los intereses de los diversos grupos al representarlos en los órganos de poder. Los partidos políticos son la base del sistema democrático, su diversidad ideológica permite el debate -por un lado- pero además asegura la protección de los diversos grupos y la no-afección a las minorías (discapacitados sensoriales, físicos, psíquicos, o minorías de género o sexuales).

En un país democrático siempre encontraremos partidos diversos que deben sentarse a discutir el proyecto país; conciliar las demandas y propuestas. Normalmente hablamos de partidos muy variados; que van desde el corte liberal, social e incluso, «radicales» de derecha o izquierda (radicales en ideas pero jamás con acciones paralelas al sistema). El pluripartidismo es muy deseable -si no esencial- en democracia. Así mismo lo es la existencia de partidos fuertes que representen a las mayorías sin pisar a las minorías.

Lo preocupante viene cuando un solo partido, sin respeto a la Constitución, con una mezcla ideológica que no permite comprender muy bien dónde se sitúa, se hace con la mayoría social, y la mayoría parlamentaria. En esos casos -como la Alemania Nazi, la Rusia Soviética o la Cuba Comunista- la bancada mayoritaria pudiese amenazar al sistema en vez de contribuir a la democratización.

Históricamente los partidos radicales que toman las mayorías -a través de la verborrea demagógica- dificultan y entorpecen el proceso de democratización de las instituciones, a veces, hasta lo anulan. Se trata de que entonces la bancada mayoritaria, lejos de contribuir al fortalecimiento plural, imponen su criterio y, en el peor de los casos, empiezan a tomar a la ligera al «Pacto Social», al «Poder Soberano» que es La Constitución. Única soberana real (también es importante cómo se adoptó la Constitución, cuáles son los valores que contiene y cómo defiende al ciudadano frente a las indemnidades ante el poder).

Los únicos partidos que históricamente velan por el pluralismo consensual -básicamente porque deben practicarlo a lo interno en primer lugar- son los partidos socialdemócratas. Si no lo hacen, mueren.  Esto debido a que la ideología les impone la aceptación de mayorías y minorías, el pluralismo, el policlasismo y la solidaridad social.

Pero pensar en una sociedad donde los partidos socialdemócratas sean los únicos del juego, también suena a falta de democracia. El hombre por definición siempre desea -en mayor o menor medida- protagonismo, por lo cual siempre habrá discenso en determinadas posiciones que llevará a unos o muchos a constituir nuevos partidos. Normalmente hay grupos que defienden intereses muy particulares como prioridad: Ej. Partidos Obreros, Laboristas, Verdes, Liberales etc.

¿Y entonces por qué si todos los intereses están en los partidos es importante los movimientos independientes? Son importantísimos en tanto que no giran en torno al tema del PODER político y cohesionado. Sino al tema de lo SOCIAL y el poder disgregrado; no buscar realizar un proyecto/tesis política sino al satisfacción de las necesidades/demandas sociales.

En pocas palabras: mientras los partidos dan curso y estabilidad, los movimientos sociales hacen de guardian del interés común, del interés de las comunidades, de los grupos, de los factores. Son el recordatorio para que los que detentan el poder sepan que el real poder democrático está en el Pueblo Grande. Aquél que incluye a todos los factores, no sólo a unos pocos. Democracia es internalización efectiva y acción propiciadora de bienestar para todos.

Libertad es Conciencia! Formarse para ser libres!

Formarse es lo primero antes de hablar de política. La libertad se ejerce realmente cuando elegimos racionalmente y sentimos la emoción de la verdad que nos cala un frio en los huesos. Democracia es un encuentro con el espejo de la sociedad. Cuando nos reflejamos en cada esquina, en cada rostro, en cada piel. Cuando nos vemos en cada sonrisa y nos indignamos ante cada injusticia. Cuando sentimos en carne viva las heridas de nuestros semejantes, de nuestros compañeros, de nuestros conciudadanos. Democracia es una palabra de potencia, un valor capital que incita a la acción. Democracia es una búsqueda y un encuentro que, como acto, se ejercita cotidianamente. Muchos políticos son demasiada poca cosa para esgrimir esa palabra como espada, como bandera, como voz o como pluma. La democracia es un medio, una senda por la que debemos caminar mirando dónde pisamos, porque pisar mal es destruir el camino de la democracia. No hay otra opción. La democracia es social o termina por no ser realmente democracia. Pisando gente no se puede llevar adelante la lucha, no se puede empoderar en el político la voz del Pueblo Grande, el pueblo incluyente. Dejo aquí, como primer grano, un libro que debe servir a todo demócrata de consulta. El maravilloso Diccionario de Política de Norberto Bobbio. Una referencia obligada para iniciar, con buen pie, la libertad de conciencia y el discernimiento. Adelante, hay que luchar por la democracia en acción. Diccionario de política – Norberto Bobbio

Sobre la Democracia o Poliarquía

Un acercamiento al teórico Robert Dahl.
Texto analizado: On Democracy.



La democracia nos presenta un reto: su acepción. En este sentido, Robert Dahl  busca en su texto definirla, enmarcarla y justificarla. Es bien sabido que la democracia en Occidente tiene una connotación positiva, que es símbolo de libertad, de grandeza y de desarrollo: de igualdad e imperio de la ley. ¿Por qué esto es bueno? Éstas son algunas de las preguntas que el autor se plantea a la hora de precisar al sistema democrático. El libro de Robert Dahl, teórico de la poliarquía, es una introducción al planteamiento del sistema democrático.

Principalmente el texto se centra en las democracias modernas. Describe la democracia ideal desde una especie de “pacto”  o acuerdo firmado, definitorio de las normas y reglas que rigen a esa “asociación de individuos”, es decir, la Carta Magna, Fundamental o  la Constitución.  “Si nos reunimos como un todo, como un todo tomamos las decisiones”.  Así mismo, el autor busca mostrarnos unos “indicadores” de la existencia de una Democracia real.: Así pues, establece cinco criterios de igualdad política necesarios para la democracia; los cuales serían: la participación efectiva, la igualdad de voto, oportunidad de instrucción acerca de políticas alternativas, control sobre la agenda de los asuntos públicos y los derechos de ciudadanía para todos los adultos. A través de estos “indicadores” podrá verse la “veracidad”· de la democracia en un Estrado que lleve como bandera los ideales democráticos. Los fundamentos de la democracia nos permiten determinar “calidad” democrática. (¿Son confiables estos “indicadores”? ¿Reflejan, cual fiel espejo, la realidad?)

Prosigo con Dahl ¿Por qué es apetecible la democracia? El autor nos enumera una serie de razones que justifican su elección; por ejemplo, que ayuda a evitar la tiranía, garantiza los derechos ciudadanos y la libertad, autodeterminación, brinda autonomía moral, así mismo una mayor responsabilidad en las decisiones, fomenta la igualdad política, fomenta el desarrollo humano y la protección de intereses. Además de favorecer el desarrollo de la paz y tiende a generar una mayor prosperidad general.

¿La igualdad es un valor intrínseco del hombre? La igualdad intrínseca es un juicio moral; cuya adopción es el resultado de una justificación ética y religiosa. Y considero más trascendente la ética; pues el abuso de poder por parte de quienes poseen el principio de superioridad intrínseca, es una opción no aceptable. Pues, en definitiva, atenta contra la prudencia y la aceptabilidad. Es decir, qué pasaría si nosotros somos los subyugados, si somos los considerados inferiores…  Adicionalmente, la aceptabilidad nos plantea un escenario donde es más sencillo conseguir el consentimiento, la toma de decisiones se hace más asequible.

Prosigue Dahl para hablarnos contra el argumento de la tutela platónica, contra el argumento de los “garantes del bienestar” o el “filósofo rey”: ¿hasta qué punto es peligroso darle el poder de gobernar el Estado a un reducido grupo de expertos en política?: Dahl plantea que la última palabra, en las decisiones del Estado, la debe tener  siempre el gobierno y no el grupo de expertos que lo asesoran; en este sentido porque gobernar un Estado, más que un conocimiento específico y estricto en materia política, requiere de una responsabilidad  que es conferida por los ciudadanos. Los problemas devenidos de la labor de gobierno no poseen una respuesta científica: además ¿qué pasa si el filósofo se corrompe?, en quién radica su elección, ¿no se supone a caso que todo ciudadano adulto está calificado para decidir en su esfera democrática, no son ciudadanos con derecho a voz y voto? Cuando se habla del “filosofo rey” se corre el peligro de crear  una tesis  poco probable en la realidad. Nombrarlo es fácil, hallarlo es lo difícil. Lo utópico. Se pregunta: ¿No recurrimos al piloto de la nave, al médico del cuerpo o al filósofo del alma?
Luego, el autor nos plantea que el quinto standard de la democracia es la inclusión del ciudadano. Pues es obvio que éste ha de formar parte de las instituciones que sustentan al sistema.

Adicionalmente Dahl presenta la solución a algunos de los problemas de la democracia. Es decir, que los ciudadanos requieren, ciertamente, del asesoramiento de expertos a fin de que los instruyan en materia de conocimientos no accesibles a ellos, pero siempre habrá de verse con recelo que éstos no deben tomar el mando del Estado. Así pues, dado el fin que plantea esta situación, el asesor no deberá ser visto como único punto de referencia, deberá verse también la divergencia. Adicionalmente, todos los ciudadanos tienen igualdad para acceder a diferentes fuentes de información. Por otra parte, es sumamente importante el educar a los ciudadanos a través de la deliberación, el debate y otras instituciones

Podría decirse entonces que los componentes de la democracia “real”, entre las instituciones que la hacen posible, se hallan los cargos públicos electos, las elecciones libres, imparciales y frecuentes, la libertad de expresión, acceso a diversas fuentes de información, y una ciudadanía inclusiva. Este conjunto integra lo que Dahl llamará poliarquía, que viene a ser una democracia representativa, en el sentido moderno, que cuente con sufragio universal y un electorado informado suficientemente para elegir.


Antes de mi comentario final les dejo este video:

      

Ahora bien, cabe preguntarse. ¿No son las democracias tan maleables y dinámicas que la legalidad pudiera disfrazar un autoritarismo de democracia? ¿No es acaso posible que un Estado se aproveche de las carencias de una población para manipularle a fin de que tergiverse su sentimiento de libertad? Después de Hitler o más aún, después de mirar con detenimiento la historia de las dictaduras latinoamericanas; ¿no es posible pensar que la democracia no puede ser resumida en “estándares”?  Los “checks” pueden ser manipulados fácilmente cuando los gobiernos se torna “juez y parte” de la democracia y sus indicadores. Por ello, se considera prudente el tomar en cuenta aspectos como la gobernabilidad y gobernanza ligada a la legitimidad y en consonancia con los índices de desarrollo humano; así mismo como la consideración de las relaciones internacionales y la capacidad de un Estado a propender mayores niveles de educación en su población; educación ampliada y una sociedad civil que tenga injerencia en los asuntos públicos más allá del puro carácter enunciativo. La realidad de la sociedad no es medible en términos de “estándares”, las democracias no pueden ser encasilladas dentro de un molde; atenta contra su principio humano, contra el carácter dinámico de la cultura humana, contra la maleabilidad de las necesidades de los grupos y contra las minorías que divergen de la mayoría. Sería ingenuo pensar que los indicadores de Dahl no pueden ser manipulados; pues la realidad latinoamericana «nos habla» de los cinco sin mostrarnos una democracia estable. Tenemos que revisar a Habermas y a Alexy… A Dahl -magnífico referente sin duda- le falta añadir puntos… al menos otros cinco. En el próximo post espero publicar algunas ideas adicionales.

¡Democracia es Acción continua y sin término! 

Joyas para la Memoria: Un artículo que ningún venezolano debe dejar de leer

El presente artículo me fue facilitado en el año 2009 por el Prof Arlán Narvaez durante sus clases de Economía en el postgrado de Finanzas Internacionales; a mi parecer, una de esas joyas que los venezolanos debemos leer, releer y volver a leer. Sobre todo en años electorales como electores, y -espero- con doble acusiocidad, los que son candidatos, porque lo que a veces duele es ver que la historia sigue siendo la misma. Algunos matices sí, pero en esencia, para el potencial que tenemos. Sigue siendo igual. Ojalá lo leamos en diez años y digamos «¿Cuándo fue eso? -con la extrañeza de quien no comprende algo que no vive-.
Les dejo entonces…


EL ALTO COSTO DE VENEZUELA. ([1])

La primera cosa que me encontré en Venezuela fue un letrero grande que decía : “Cúrese de la Sífilis”. La segunda cosa fue un hotel de “cuartos” sin ninguna ventana que costaba 8 dólares diarios. No es que los dos fenómenos estén relacionados.
Venezuela, lugar donde nació el Libertador Simón Bolívar, es un país que ha tenido 52 revoluciones en menos de un siglo; después vivió por 27 años bajo la tenaz y formal tiranía del General Gómez..
Venezuela es casi una vez y media más grande que el Estado Texas. La mitad del país se encuentra despoblado y tiene unas posibilidades de desarrollo ilimitadas. De sus 3.491.139 habitantes, por lo menos el 80% son mestizos, y casi el 90 % son analfabetas. Cuando los conscriptos del ejército son reclutados, por lo menos 95 de cada 100 se encuentran con deficiencias de salud o enfermos. Venezuela es un país que ha sido explotado cruelmente, y donde las explotaciones dejan una marca desagradable. Venezuela es un país que vive del Petróleo y , hasta hace poco, era el único país en el mundo sin deuda externa. El mayor problema de Venezuela es el de su evolución hacia una democracia constitucional, después de la larga dictadura del General J. V. Gómez.
La mayor lucha por el poder en Venezuela es entre los férreos andinos de las tierras altas y la pobre gente que vive en las costas cálidas.
Pero, lo más interesante de Venezuela no es ninguna de las cosas mencionadas. Lo que realmente impresiona y deja estupefactos a los visitantes es su alto costo de la vida.
PRECIOS ALTOS Y CRECIENTES
Una docena de huevos en Caracas, la capital de Venezuela, cuesta 95 centavos de dólar, el pan está a 32 centavos de dólar la libra, el tocino a $ 1.28 la libra, la leche a 24 centavos de dólar el cuarto de galón, y una sopa enlatada a 40 centavos de dólar. Una barra de chocolate Hershey cuesta 31 centavos de dólar; una docena de cambures está a 32 centavos de dólar, una panela de jabón, que cuesta en Nueva York 10 centavos, cuesta allí 80 centavos de dólar; una botella de cerveza cuesta 32 centavos. La mantequilla está a $ 1.22 la libra y el té está a $ 2.24, el pollo nacional cuesta $ 1.90 la libra y uno importado a $ 3.00 la libra; la camisa marca Arrow, que cuesta $ 1.50 en EEUU, está a $ 7.25 en Caracas; un paquete de cigarrillos estadounidenses, lo hará caer de espaldas, a ¡ 48 centavos de dólar!, un frasco de maní que cuesta 29 centavos le cuesta $ 1.24. Un par de zapatos estadounidenses cuesta alrededor de $ 20.00; un automóvil estadounidense (que cuesta en EEUU $ 1.180) cuesta en Venezuela $ 4.200. Yo jamás olvidaré la cara que puso un ejecutivo que regresaba a EEUU, y tuvo que comprar viruta de madera para empacar: ¡le costó $ 1.00 la libra!.
Cálculos oficiales, para febrero de 1941, sobre los precios al detal, muestran que los precios en Caracas sobrepasan a los precios en la ciudad de Nueva York en los siguientes porcentajes:
Leche
209 %
Azúcar
320 %
Sal
310 %
Manzanas, Peras, Albaricoques
575 %
Productos enlatados como la mermelada
483 %
Jamón
340 %
Caraotas
270 %
Huevos
313 %
Un joven ejecutivo en el negocio petrolero dijo: «Si un estadounidense de modestos recursos, es enviado a Venezuela, su presupuesto típico mensual sería el siguiente ([2]), sin incluir ropa, medicinas, seguro, ahorros o entretenimientos”:


Renta
Bs. 500
$ 140,00
Comida
Bs. 600
$ 168,00
Sirvientes
Bs. 270
$ 75,00
Electricidad
Bs. 60
$ 16,80
Combustible
Bs. 40
$ 11,20
Teléfono
Bs. 22
$ 06,16
Automóvil
Bs. 75
$ 21,00
Varios
Bs. 120
$ 33,60
Bs. 1,687
$471,76
En Venezuela los sueldos y salarios son los más altos de Sudamérica, pero aún así no alcanza a cubrir el desorbitante costo de la vida. Un trabajador agrícola gana 50 centavos de dólar diarios, un trabajador de la construcción gana Bs.12 diarios ó $3,36, un electricista gana $4,76, y un experto fabricante de herramientas gana $6,16. Un buen taquígrafo gana de Bs.300 a Bs.600, o de $84 a $168 mensuales y un empleado experimentado entre los $200 y $300 mensuales. Una Secretaria Bilingüe gana entre $2.650 y $3050 $ al año, un Contable con experiencia gana alrededor de $4.500 anuales y un ejecutivo por encima de los $5.000.
Existen muchísimas razones para explicar el elevado nivel de precios en Venezuela. Una de ellas es lo muy elevado de las barreras arancelarias, de las más altas del mundo: ya que, en promedio, son del 60 % ad valorem. El país prácticamente no tiene industrias y la mayoría de los productos manufacturados deben ser importados y, así, los severos impuestos aduanales disparan los precios fuera del alcance de la vista. Además la mayoría de los víveres comestibles deben ser importados. Todo en Venezuela ha sido sacrificado por el petróleo. El país ha abandonado la agricultura a tal extremo que debe comprar en el exterior bienes tan esenciales como el arroz y la harina, y éstos pagan también altos impuestos; por ejemplo, los huevos pagan una tasa de importación de 32 centavos de dólar por libra, y el maíz paga 18 centavos de dólar. Finalmente, el transporte es primitivo y los costos por concepto de flete y mercadeo son enormes.
Pero la principal explicación de los altos precios en Venezuela es otra cosa: el petróleo. El petróleo es vendido en el exterior en dólares de Estados Unidos, y la balanza comercial del país es considerablemente favorable, de tal manera que los dólares inundan el país y, en consecuencia, los dólares son baratos y la moneda local fantásticamente alta.
Cualquiera se preguntaría, con razón, ¿cómo se las arregla la gente común para vivir?. La respuesta casi que podría ser tan simple como: ¡no pueden!. Venezuela, el país, es rico pero, en general, su gente común es más pobre de lo que yo jamás haya visto.
PETRÓLEO EN AGUAS VENEZOLANAS
En realidad el Petróleo yace bajo las aguas. Toque a Venezuela en su suave superficie, abra un huequito en cualquier parte cerca del mar y el petróleo brotará. El Lago de Maracaibo es el depósito de petróleo más rico que haya conocido el hombre; torres de petróleo se levantan sobre las aguas amarillas del lago; aquí, petróleo y agua se mezclan.
Venezuela es el tercer país productor de petróleo en el mundo (después de los EE.UU. y la U.R.S.S.), y es el primer país exportador a nivel mundial. Sus exportaciones en 1939 sumaron la cantidad de 20.830.000 toneladas, las cifras de 1940 no están listas todavía, pero probablemente serán más altas, lo que constituirá un récord. El petróleo representa el 85 % de las exportaciones del país y 2/3 de los ingresos del gobierno (si se consideran sus contribuciones directas e indirectas). En Venezuela virtualmente no existen impuestos personales sobre la renta, ni impuestos sobre bienes raíces, ni impuestos al consumo, ni impuestos corporativos. En Venezuela, el petróleo es el amo. ¡El petróleo lo paga todo!.
La industria petrolera venezolana acaba de cumplir su vigésimo primer aniversario; las primeras exploraciones empezaron muchísimos años atrás, pero el gran estallido no empezó sino hasta 1920. Las exploraciones continúan y nadie sabe cómo o dónde finalizarán. Tres compañías controlan el grueso de la producción: Standard of New Jersey, Gulf Oil y la Royal Dutch Shell, la cual técnicamente es una corporación de Delaware, pero se encuentra controlada por intereses británicos y holandeses. Standard y Shell transportan el crudo desde Maracaibo hasta las islas holandesas de Aruba y Curazao, donde es refinado y después exportado; la Gulf lo transporta directamente a los Estados Unidos.
Las relaciones entre las compañías petroleras y el gobierno son “normales«, pero no son tan buenas como podrían ser. Las compañías pagan una complicada contribución basada, en parte, en la localización de los pozos; la cantidad combinada de los pagos por soberanía e impuestos sumaban alrededor del 20 % del valor del petróleo. Venezuela considera esto una buena ganga y, así, en la actualidad muy poca gente habla de expropiación o nacionalización. Hace poco un Ministro de Fomento tenía cierta reputación como expropiador, pero él es parte de una minoría. Muchos venezolanos dicen: «¿Por qué matar la gallina de los huevos de oro?«. Los venezolanos están muy contentos de sentarse, recibir su 20 %, y dejar que el futuro se vaya colando.
Por una generación Venezuela no tuvo parangón, era el único país sobre la faz de la tierra que no tenía ni deuda externa ni deuda interna. Sin embargo, al comenzar 1941 el gobierno recibió un préstamo por $10.000.000 del National City Bank de Nueva York; por cierto, éste fue el primer crédito comercial de los Estados Unidos a un país latinoamericano desde los desastrosos años 20. Este préstamo parecía una nota de mal presagio, pero se dio debido a que las exportaciones de petróleo venezolano, como consecuencia de la guerra y el bloqueo, comenzaron a reducirse.
Mientras tanto la caída de la agricultura prosigue. El país debe importar tales alimentos básicos como caraotas, papas y hasta arroz. Los andinos, que dependían fundamentalmente del café, necesitan subsidios para sobrevivir; los llaneros abandonaron lo que debería ser su principal actividad, la ganadería. El petróleo lubricó el tobogán de la caída. La mayoría de la gente sufre definitivamente de desnutrición y algunos están literalmente muriendo de hambre. Sí, hay petróleo, pero el petróleo no se puede comer, y lo que es mas, ni siquiera beber.
Aunque el país no se pueda alimentar a si mismo, el futuro de Venezuela puede ser brillante. ¿Quién lo puede decir?. ¿Qué pasaría si el petróleo se acabara algún día?.


[1]El presente material es una traducción al castellano de la primera parte del capítulo XII del libro “Inside Latin America”, del autor John Gunther, publicado en su primera edición por Harper & Brothers, en 1941. La selección y traducción ha sido realizada por el Prof. Arlán A. Narváez R. para su difusión y discusión en sus cursos de la FACES de la UCV, y forma parte de la investigación que adelanta bajo el título “Venezuela: Economía de Paradojas”
[2]  El bolívarse calcula a 28 céntimos de dólar

El "renegado" Kautsky y su discípulo Lenin

El «renegado» Kautsky y su discípulo Lenin

“Las tres fuentes del Marxismo; la obra histórica de Marx” presenta un interés histórico evidente. Kautsky era incontestablemente el maestro del pensamiento de la II Internacional y de su partido más potente: el partido socialdemócrata alemán. Guardián de la ortodoxia, Kautsky era casi universalmente considerado como el mejor conocedor de la obra de Marx y Engels, y como su intérprete privilegiado. Las posiciones de Kautsky son por tanto testimonio de toda una época del movimiento obrero, y merecen ser conocidas, aunque sólo sea a este título. Esta conferencia trata precisamente de una cuestión central para el movimiento proletario: la relación entre la clase obrera y la teoría revolucionaria. La respuesta que da Kautsky a esta cuestión constituye el fundamento teórico de la práctica y de la organización de todos los partidos que constituían la II Internacional, y por tanto, del partido socialdemócrata ruso y de su fracción bolchevique, miembro “ortodoxo” de la II Internacional hasta 1914, es decir, hasta su hundimiento frente a la primera guerra mundial.
Sin embargo, las tesis desarrolladas por Kautsky en este folleto no se han “hundido” al mismo tiempo que la II Internacional. Muy al contrario, han sobrevivido y constituido igualmente el fundamento de la III Internacional por medio del “leninismo” y de sus avatares estalinistas y trotskistas.
¡El leninismo, subproducto ruso del kautskismo! He ahí lo que hará sobresaltarse a aquellos que no conocen de Kautsky más que los anatemas lanzados contra él por el bolchevismo y, en particular, el folleto de Lenin: La bancarrota de la II Internacional y el renegado Kautsky, y que no conocen de Lenin más que lo que es bueno conocer de él en las diferentes iglesias, capillas o sacristías que frecuentan.
No obstante, el título mismo del folleto de Lenin define muy exactamente su relación con Kautsky. Si Lenin trata a Kautsky de renegado, es ciertamente porque considera que éste era antes un adepto de la verdadera fe, de la que él se considera ahora el único defensor calificado. Lejos de criticar el “kautskismo”, al que se considera incapaz de identificar, Lenin se contenta de hecho con reprochar a su antiguo maestro del pensamiento el traicionar su propia doctrina. Desde cualquier punto de vista, la ruptura de Lenin fue a la vez tardía y superficial. Tardía porque Lenin mantuvo las ilusiones más grandes acerca de la socialdemocracia alemana, y no comprendió sino después que la traición hubo sido consumada. Superficial porque Lenin se limita a romper sobre los problemas del imperialismo y de la guerra, sin remontarse a las causas profundas de la traición socialdemócrata de agosto de 1914 ligada a la naturaleza misma de estos partidos y de sus relaciones tanto con la sociedad capitalista como con el proletariado. Estas relaciones deben ser vueltas a llevar, a su vez, al movimiento mismo del capital y de la clase obrera, y comprendidas como fase del desarrollo del proletariado, y no como una cosa susceptible de ser modificada por la voluntad de una minoría, ni siquiera de una dirección revolucionaria, por muy consciente que sea.
De ahí se deriva la importancia actual de las tesis que Kautsky desarrolla en este folleto de modo particularmente coherente, y que constituye el tejido mismo de su pensamiento a lo largo de toda su vida, y que Lenin recoge y desarrolla desde 1900 en Los objetivos inmediatos de nuestro movimiento y después en ¿Qué hacer? en 1902, en que, por lo demás, cita larga y elogiosamente a Kautsky. En 1913, Lenin recuperará nuevamente estas concepciones en Las tres fuentes y las tres partes constitutivas del Marxismo en donde desarrolla los mismos temas repitiendo a veces palabra por palabra el texto de Kautsky.
Estas tesis, basadas en un análisis histórico superficial y sumario de las relaciones de Marx y Engels, tanto con el movimiento intelectual de su época como con el movimiento obrero, pueden resumirse en pocas palabras, y algunas citas bastarán para esclarecer su sustancia:

“Un movimiento obrero espontáneo y desprovisto de toda teoría que se erige, en las clases trabajadoras, contra el capitalismo creciente, es incapaz de realizar… el trabajo revolucionario.”

Por eso es necesario realizar lo que Kautsky llama La unión del movimiento obrero y del socialismo.
Ahora bien: “La conciencia socialista hoy (!?) no puede surgir sino sobre la base de un profundo conocimiento científico… Ahora bien, el portador de la ciencia no es el proletariado, sino los intelectuales burgueses; …así pues, la conciencia socialista es un elemento importado desde fuera dentro de la lucha de clase del proletariado y no algo que surge espontáneamente”. Estas palabras de Kautsky son, según Lenin, “profundamente justas”.
Cae de su peso que esta unión tan deseada del movimiento obrero y del socialismo no podía realizarse de la misma manera en las condiciones alemanas y en las condiciones rusas. Pero es importante ver que las divergencias profundas del bolchevismo en el terreno organizativo no resultan de concepciones diferentes, sino tan sólo de la aplicación de los mismos principios en situaciones políticas, económicas y sociales diferentes.
De hecho, lejos de desembocar en una unión cada vez más grande del movimiento obrero y del socialismo, la socialdemocracia no desembocará sino en una unión cada vez mayor con el capital y con la burguesía. En cuanto al bolchevismo, después de haber estado en la revolución rusa como pez en el agua (“Los revolucionarios están en la revolución como el agua en el agua”) y por el hecho del fracaso de ésta, acabará en una fusión casi completa con el capital estatal administrado por una burocracia totalitaria.
Sin embargo, el “leninismo” continúa atormentando la conciencia de muchos revolucionarios de más o menos buena voluntad, en la búsqueda de una receta susceptible de triunfar. Persuadidos de ser “de vanguardia” porque tienen la “conciencia” mientras que no poseen sino una teoría falsa, militan para unir esos dos monstruos metafísicos que son “Un movimiento obrero espontáneo, despojado de toda teoría” y una conciencia socialista desencarnada.
Esta actitud es simplemente voluntarista. Ahora bien, si como ha dicho Lenin, “La ironía y la paciencia son las principales cualidades del revolucionario”“la impaciencia es la principal fuente del oportunismo” (Trotsky). El intelectual, el teórico revolucionario no tiene que preocuparse de ligarse a las masas, pues si su teoría es revolucionaria, ya está ligado a las masas. No tiene que “elegir el campo del proletariado” (no es Sartre quien utiliza este vocablo, es Lenin) pues, hablando con propiedad, no puede elegir. La crítica teórica y práctica de que es portador está determinada por la relación que mantiene con la sociedad. No puede liberarse de esta pasión más que sometiéndose a ella (Marx). Si “puede elegir” es que ya no es revolucionario, y que su crítica teórica está ya manida. El problema de la penetración de las ideas revolucionarias que comparte en ambiente obrero es, por ahí mismo, transformado totalmente: cuando las condiciones históricas, la relación de fuerzas entre las clases en lucha, principalmente determinada por el movimiento autonomizado del capital, prohíben toda irrupción revolucionaria del proletariado en la escena de la historia, el intelectual hace como el obrero: lo que puede. Estudia, escribe, da a conocer sus trabajos lo mejor que puede, generalmente bastante mal. Cuando estudiaba en el Museo Británico, Marx, producto del movimiento histórico del proletariado, estaba ligado, si no a los trabajadores, al menos al movimiento histórico del proletariado. No estaba más aislado de los trabajadores que cualquier trabajador lo está a su vez de los demás, en la medida en que las condiciones del momento limitan sus relaciones a aquellos que el capitalismo permite.
Por contra, cuando el proletariado se constituye en clase y declara de una manera u otra la guerra al capital (y no tiene ninguna necesidad de que se le aporte EL SABER para hacerlo, pues al no ser él mismo, en las relaciones de producción capitalista, más que capital variable, basta que quiera cambiar aunque sea un poco su condición, para estar de lleno en el corazón del problema que el intelectual tendrá dificultad en entender) el revolucionario no está ni más ni menos ligado al proletariado de lo que ya lo estaba. Pero la crítica teórica se fusiona entonces con la crítica práctica, no porque se la ha aportado desde el exterior, sino porque son una sola y misma cosa.
Si en el período precedente el intelectual tuvo la debilidad de creer que el proletariado permanecía pasivo porque le faltaba la “conciencia” y si había llegado a creerse “de vanguardia” hasta el punto de querer dirigir al proletariado, entonces se reserva amargas decepciones.
Esta es, sin embargo, la concepción que constituye lo esencial del leninismo, y es lo que muestra la historia ambigua del bolchevismo. Estas concepciones sólo han podido mantenerse finalmente porque la revolución rusa ha fracasado, es decir, porque la relación de fuerzas a escala internacional entre el capital y el proletariado no ha permitido a este último hacer su crítica práctica y teórica.
Es lo que vamos a intentar mostrar analizando someramente lo que ha pasado en Rusia y el papel real del bolchevismo.
Al creer ver en los círculos revolucionarios rusos el fruto de “la unión del movimiento obrero y del socialismo”, Lenin se equivocaba gravemente. Los revolucionarios organizados en los grupos socialdemócratas no aportaban ninguna “conciencia” al proletariado. Bien entendido, una exposición o un artículo teórico sobre el marxismo era muy útil a los obreros: no servía para dar la conciencia, el conocimiento de la lucha de clases, sino solamente para precisar las cosas, para hacer reflexionar más. Lenin no comprendía esta realidad. No sólo quería aportar a la clase obrera el conocimiento de la necesidad del socialismo en general, sino que quería igualmente ofrecerle consignas imperativas que expresasen lo que debe hacer en un momento preciso. Por lo demás, esto es normal, puesto que el partido de Lenin, depositario de la conciencia de clase, es, 1º, el único capaz de discernir el interés general de la clase obrera por encima de todas sus divisiones en capas diversas, y 2º, el único capaz de analizar permanentemente la situación y formular consignas adecuadas. Ahora bien, la revolución de 1905 debía mostrar la incapacidad práctica del partido bolchevique para dirigir a la clase obrera y revelar el retraso del partido de vanguardia. Todos los historiadores, incluso favorables a los bolcheviques, reconocen que en 1905 el partido bolchevique no ha comprendido nada de los soviets. La aparición de formas de organización nuevas suscita la desconfianza de los bolcheviques: Lenin afirma que los soviets no eran “ni un parlamento obrero ni un órgano de autogobierno proletario”. Lo importante es ver que los obreros rusos no sabían que iban a constituir los soviets. Una minoría muy pequeña de entre ellos conocía la experiencia de la Comuna de París, y sin embargo crearon un embrión de Estado obrero, a pesar de que nadie les había educado. La tesis kautskista-leninista niega de hecho todo poder de creación original a la clase obrera desde el momento en que no es guiada por el partido-fusión-del-movimiento- obrero-y-del-socialismo. Ahora bien, se ve que en 1905, para retomar la frase de las “Tesis de Feuerbach”“que el educador necesita ser educado él mismo”.
Sin embargo, Lenin realizó un trabajo revolucionario (entre otros, su posición sobre la guerra), al contrario que Kautsky. Pero en realidad Lenin no fue revolucionario más que contra su teoría de la conciencia de clase. Tomemos el caso de su acción entre febrero y octubre de 1917. Lenin había trabajado más de 15 años (desde 1900) para crear una organización de vanguardia que realizase la unión del “socialismo” y del “movimiento obrero”, agrupando a los “jefes políticos”, los “representantes de vanguardia capaces de organizar el movimiento y dirigirlo”. Ahora bien, en 1917, como en 1905, esta dirección política, representada por el comité central del partido bolchevique, se muestra por debajo de las tareas del momento, con retraso con respecto a la actividad revolucionaria del proletariado. Todos los historiadores, comprendidos los historiadores estalinistas y trotskistas, muestran que Lenin tuvo que librar un combate largo y difícil contra la dirección de su propia organización para hacer triunfar sus tesis. Y no pudo triunfar más que apoyándose en los obreros del partido, en la verdadera vanguardia organizada en las fábricas en el interior o alrededor de los círculos socialdemócratas. Se dirá que todo esto habría sido imposible sin la actividad desarrollada durante años por los bolcheviques, tanto en el ámbito de las luchas cotidianas de los obreros como en el de la defensa y propaganda de las ideas revolucionarias. Efectivamente, la gran mayoría de los bolcheviques, y en primer lugar Lenin, han contribuido con su propaganda y su agitación incesantes al levantamiento de octubre de 1917. En tanto que militantes revolucionarios, han jugado un papel eficaz: pero en tanto que “dirección de la clase”, “vanguardia consciente”, han estadoretrasados respecto al proletariado. La revolución rusa se ha desarrollado contra las ideas de “¿Qué hacer?”. Y en la medida en que estas ideas han sido aplicadas (creación de un órgano que dirige a la clase obrera pero separado de ella), se han revelado como un freno y un obstáculo a la revolución. En 1905, Lenin está en retraso respecto a la historia porque se aferra a las tesis de “¿Qué hacer?”. En 1917, Lenin participa en el movimiento real de las masas rusas, y al hacer esto rechaza –en la práctica- la concepción desarrollada en “¿Qué hacer?”.
***
Si aplicamos a Kautsky y a Lenin el tratamiento inverso del que ellos hacen sufrir a Marx, si ligamos sus concepciones a la lucha de clases en lugar de separarlas de ella, el kautskismo-leninismo aparece como característica de todo un período de la historia del movimiento obrero dominado en primer lugar por la II Internacional. Después de haberse desarrollado y organizado mal que bien, el proletariado se encuentra desde el final del siglo XIX en una situación contradictoria. Posee diversas organizaciones cuyo fin es hacer la revolución y al mismo tiempo es incapaz de hacerla pues las condiciones no están todavía maduras. El kautskismo-leninismo es la expresión y la solución de esta contradicción. Al postular que el proletariado debe pasar por el rodeo del conocimiento científico para ser revolucionario, consagra y justifica la existencia de organizaciones que encuadran, dirigen y controlan al proletariado.
Como hemos señalado, el caso de Lenin es más complejo que el de Kautsky, en la medida en que Lenin fue, durante una parte de su vida, revolucionario contra el kautskismo-leninismo. Por lo demás, la situación de Rusia era totalmente diferente de la de Alemania, que poseía casi un régimen de democracia burguesa y en donde existía un movimiento obrero fuertemente desarrollado e integrado en el sistema. En Rusia, por el contrario, hacía falta construirlo todo, y no se trataba de participar en actividades parlamentarias burguesas y sindicales reformistas que no existían. En estas condiciones, Lenin podía adoptar una posición revolucionaria a pesar de sus ideas kautskistas. No obstante, hay que señalar que él consideró hasta la guerra mundial a la socialdemocracia alemana como un modelo.
En sus historias revisadas y corregidas del leninismo, los estalinistas y los trotskistas nos muestran a un Lenin lúcido que comprende bien y denuncia antes de 1914 la “traición” de la socialdemocracia y de la Internacional.Eso es pura leyenda y haría falta estudiar bien la verdadera historia de la II Internacional para mostrar que no sólo Lenin no lo denunciaba, sino que no había comprendido nada antes de la guerra sobre el fenómeno de degeneración socialdemócrata. Antes de 1914, Lenin elogia incluso al partido socialdemócrata alemán por haber sabido reunir el “movimiento obrero” y el “socialismo” (ver “¿Qué hacer?”). Citemos solamente estas líneas extraídas del artículo necrológico “Augusto Bebel” (que contiene, por lado, varios errores de detalle y de fondo sobre la vida de este “dirigente”, este “modelo de jefe obrero” y sobre la historia de la II Internacional).

“Las bases de la táctica parlamentaria de la socialdemocracia alemana (e internacional), que no cede un ápice a los enemigos, que no deja escapar la menor posibilidad de conseguir una mejora, por pequeña que sea, para los obreros, que se muestra al mismo tiempo intransigente en el plano de los principios y se orienta siempre hacia la realización del objetivo final, las bases de esta táctica fueron puestas a punto por Bebel…”

Lenin dirigía estas alabanzas a “la táctica parlamentaria de la socialdemocracia alemana (e internacional), “intransigente en el plano de los principios” (!) ¡en agosto de 1913! Cuando un año más tarde creyó que el número del Vorwärts (órgano del partido socialdemócrata alemán), anunciando el voto de los créditos de guerra por los diputados socialdemócratas, era una falsificación fabricada por el estado mayor alemán, solamente revelaba las ilusiones que había mantenido durante largo tiempo, de hecho desde 1900-1902, desde “¿Qué hacer?”, sobre la Internacional en general y la socialdemocracia alemana en particular. (No abordamos aquí la actitud de otros revolucionarios frente a estas cuestiones, Rosa Luxemburgo, por ejemplo. Este problema merecería de hecho un estudio detallado).
Hemos visto cómo Lenin había abandonado en la práctica las tesis de “¿Qué hacer?” en 1917. Pero la inmadurez de la lucha de clases a escala mundial, y en particular, la ausencia de revolución en Europa, conlleva la derrota de la revolución rusa. Los bolcheviques se encuentran en el poder con la tarea de “administrar Rusia” (Lenin), de realizar las tareas de la revolución burguesa que no ha podido llevarse a cabo, es decir, de hecho, asegurar el desarrollo de la economía rusa, no pudiendo ser este desarrollo más que capitalista. Meter en cintura a la clase obrera –y las oposiciones dentro del partido- se convierte en un objetivo esencial. Lenin, que no había rechazado “¿Qué hacer?” explícitamente en 1917, recupera enseguida las concepciones “leninistas” que son las únicas permiten el encuadramiento “necesario” de los obreros. Los Centralistas-demócratas, la Oposición obrera y el Grupo obrero son aplastados por haber negado “el papel dirigente del partido”. La teoría leninista del partido es igualmente impuesta a la Internacional. Después de la muerte de Lenin, Zinoviev, Stalin y tantos otros debían desarrollarla insistiendo cada vez más en la “disciplina de hierro”, “la unidad del pensamiento y la unidad de acción”: mientras que el principio sobre el que reposaba la Internacional estalinizada era el mismo que el que cimentaba los partidos socialistas reformistas (el partido separado de los trabajadores que les aporta la conciencia de sí mismos), cualquiera que rechazase la teoría leninista-estalinista caía en “el marasmo oportunista, socialdemócrata, menchevique…”. Por su parte, los trotskistas se aferraban al pensamiento de Lenin y recitaban “¿Qué hacer?”. La crisis de la humanidad no es otra que “la crisis de la dirección”, decía Trotsky: había que crear, por tanto, a cualquier precio una dirección. Supremo idealismo, la historia del mundo era explicada por la crisis de la conciencia.
En definitiva, el estalinismo no debía triunfar sino en los países en que el desarrollo del capitalismo no podía ser asegurado por la burguesía, sin que estuviesen reunidas las condiciones para que el movimiento obrero pudiese destruirlo. En Europa del Este, en China, en Cuba, se ha formado un grupo dirigente nuevo, compuesto de cuadros del movimiento obrero burocratizado, de antiguos especialistas o técnicos burgueses, a veces de cuadros del ejército o antiguos estudiantes incorporados al nuevo orden social como en China. En último análisis, un tal proceso no era posible más que en razón de la debilidad del movimiento obrero. En China, por ejemplo, la capa social motriz de la revolución fue el campesinado, incapaz de dirigirse a sí mismo, no podía sino ser dirigido por “el partido”. Antes de la toma del poder, este grupo organizado en “el partido” dirige las masas y las “regiones liberadas” si las hay. Después, toma en sus manos el conjunto de la vida social del país. En todas partes las tesis de Lenin han sido un potente factor burocrático. Para Lenin, la función de dirección del movimiento obrero era una función específica asegurada por “jefes” organizados separadamente del movimiento y cuyo único papel es ése. En la medida en que preconizaba un cuerpo separado de revolucionarios profesionales que guían a las masas, el leninismo ha servido de justificación ideológica a la formación de direcciones separadas de los trabajadores. En este estadio, el leninismo, desviado de su contexto original, ya no es más que una técnica de encuadramiento de las masas y una ideología que justifica la burocracia y sostiene al capitalismo: su recuperación era una necesidad histórica para el desarrollo de estas nuevas formaciones sociales que representan a su vez una necesidad histórica para el desarrollo del capital. A medida que el capitalismo se extiende y domina el planeta entero, las condiciones de posibilidad de la revolución maduran. La ideología leninista comienza a estar fuera de uso, en todos los sentidos de la palabra.
Es imposible examinar el problema del partido sin ligarlo a las condiciones históricas en las cuales este debate nace: en todos los casos, aunque bajo formas diferentes, el desarrollo de la ideología leninista es debido a la imposibilidad de la revolución proletaria. Si la historia ha dado la razón al kautskismo-leninismo, si sus adversarios jamás han podido ni organizarse de un modo duradero ni siquiera presentar una crítica coherente de él, no es debido a la casualidad: el éxito del kautskismo-leninismo es un producto de nuestra época y los primeros ataques serios – prácticos- contra él marcan el fin de todo un período histórico. Para ello hacía falta que el modo de producción capitalista se desarrollase ampliamente a escala del mundo entero. La revolución húngara de 1956 ha doblado las campanas por todo un período de contrarrevolución, pero también de maduración revolucionaria. Nadie sabe cuándo será definitivamente superado este período, pero es seguro que la crítica de las tesis de Kautsky y de Lenin, productos de esta época, se hace desde entonces posible y necesaria. Por esta razón hemos tenido empeño en reeditar “Las tres fuentes del marxismo, la Obra histórica de Marx», para mejor dar a conocer y comprender lo que fue, lo que todavía es, la ideología dominante de todo un período. Lejos de querer disimular las ideas que condenamos y combatimos, queremos, por el contrario, difundirlas ampliamente a fin de mostrar simultáneamente su necesidad y su límite históricos.
Las condiciones que han permitido el desarrollo y el esplendor de organizaciones de tipo socialdemócrata o bolchevique están hoy superadas. En cuanto a la ideología leninista, además de su utilización por los burócratas en el poder, lejos de servir en las agrupaciones revolucionarias que se reclaman de la unión del socialismo y del movimiento obrero, no puede servir desde ahora más que para afirmar provisionalmente la unión de intelectuales mediocres y de trabajadores mediocremente revolucionarios.

La literatura

En medio del caos económico la literatura es un refugio, en medio de la bonanza es un destino, en medio de la pobreza es la forma de recordarnos el carácter cualitativo y no cuantitativo de las cosas. Cuando eres feliz, la literatura es el recuerdo de que la miseria existe, de que debemos ser recelosos con nuestra dicha, somos vulnerables; y cuando eres desdichado, es la mano tibia que te hace sentir entendido. La literatura es… humana.

Ciclos o terquedad globalizada?

Revisando en internet me topé con esto. Ahora he descargado el libro. Ya haré comentarios. Por lo pronto dejo aquí algunas lineas encontradas en otra página web extraídas del libro. Estamos ante revisiones cíclicas? Ustedes dirán. La teoría de la dependencia Tomado del capítulo 9 de “The Commanding Heights” de Daniel Yerguin y Josepeh Stalislaw. Traducido por Adolfo Rivero El tradicional enfoque estatista en América Latina estuvo muy influido por lo que se conoce como la teoría de la dependencia. Esta racionalizaba el control del estado – altas barreras proteccionistas, una economía cerrada y un menosprecio general por el papel del mercado. Y desde fines de los años 40 hasta los años 80, disfrutó un dominio absoluto. Sus orígenes están en el final ee los años 20 y durante los años 30 y la Gran Depresión cuando el colapso de los precios de las materias primas devastó las economías latinoamericanas orientadas a la exportación. Al mismo tiempo, en consonancia con la época, la “seguridad nacional” se convirtió en una justificación para que los gobiernos se hicieran cargo de los “sectores estratégicos” de la economía con el presunto objetivo de satisfacer las necesidades del país y no las de los inversionistas extranjeros. Esto condujo a la formación de empresas petroleras estatales en un número de países. En Occidente, después de la II Guerra Mundial, el cambio hacia un mayor control estatal se vio impulsado tanto por el desarrollo del estado del bienestar social y el intervencionismo keynesiasno como por el prestigio del marxismo y de la Unión Soviética. Otro factor que también motivó a los economistas latinoamericanos y a sus gobiernos fue el anti-americanismo, la antipatía hacia las grandes empresas norteamericanas que se percibían como explotadoras en América Latina. Los teóricos de la dependencia rechazaban los beneficios del comercio mundial. A fines de los años 40, los elementos esenciales de su concepción eran expuestos y promovidos por Comisión Económica Para América Latina (CEPAL) de Naciones Unidas y, muy especialmente, por el economista argentino Raúl Prebisch, que dirigió la comisión de 1948 a 1962. Prebisch empezó su carrera como “un firme creyente en las teorías neo-clásicas”. Pero, según dijo, “la primera gran crisis del capitalismo” – la Gran Depresión – me hizo plantearme serias dudas en relación con esas ideas”. Prebisch y sus colegas de la CEPAL propusieron una versión internacional de la inevitabilidad de la lucha de clases. Alegaron que la economía mundial estaba dividida entre el “centro” industrial – Estados Unidos y Europa Occidental – y la “periferia” productora de materias primas. Los términos de intercambio siempre trabajarían en contra de la periferia, lo que significaba que el centro explotaría constantemente a la periferia. Los ricos se harían más ricos y los pobres más pobres. Según esta concepción (1), el comercio internacional no era una forma de elevar el nivel de vida sino más bien una forma de robo y explotación que las naciones industriales y sus corporaciones multinacionales perpetraban sobre los pueblos en vías de desarrollo. Estas ideas se convirtieron en artículos de fe en las universidades latinoamericanas. ¿Qué hacer? La periferia debía de romper ese ciclo siniestro y tomar su propio camino. En vez de exportar materias primas e importar productos manufacturados, estos países debían de desplazarse lo más rápidamente posible hacia lo que llamó la industrialización de “substitución de importaciones’’ (ISI). Esto se podría lograr rompiendo los vínculos con el comercio mundial mediante altas tarifas y otras formas de proteccionismo. La lógica de la infancia de una industria se convirtió en la lógica de toda la industria. Las monedas fueron sobrevaloradas, lo que abarataba las importaciones de los equipos necesarios para la industrialización. Todas las demás importaciones fueron severamente racionadas mediante permisos y licencias. Las monedas sobrevaloradas también desalentaban las exportaciones agrícolas y de otras materias primas al aumentar sus precios y destruir su competitividad. Los precios nacionales eran controlados y manipulados, y los subsidios se multiplicaron. Muchas industrias y actividades fueron nacionalizadas. Una verdadera jungla de controles y regulaciones proliferó por toda la economía. La forma de hacer dinero era aprender a navegar por el laberinto burocrático y no servir al mercado. En general, lo que guiaba la economía eran las decisiones políticas y burocráticas, y no las señales y el feedback del mercado. Hasta los años 70, este enfoque pareció funcionar. El ingreso real per cápita casi se duplicó entre 1950 y 1970. En el mismo período, el papel del estado siguió ampliándose asi como las empresas estatales. Se subieron las tarifas y otras barreras al comercio. La crítica más popular de la época era que los gobiernos no estaban haciendo lo suficiente, y que se debían de acercar al modelo de una economía centralmente planificada como la de la Unión Soviética y la Europa del este. La profunda debilidad del sistema permanecía fundamentalmente oculta – hasta principios de los años 80. La década perdida La crisis de la deuda golpeó muy duro a América Latina. Los préstamos habían sido enormes. Entre 1975 y 1982, la deuda externa de América Latina casi se cuadruplicó, pasando de $45,200 millones a $176,400 millones. Si se suman los préstamos a corto plazo y los créditos del Fondo Monetario Internacional, en 1982 la deuda era de $333,000 millones. Y, sin embargo, nadie le prestaba mucha atención hasta agosto de 1982, cuando México se vio al borde de la mora. Lo que siguió fue una doble bancarrota – financiera e intelectual. Las ideas que habían conformado el sistema económico de América Latina habían fracasado y los países latinoamericanos ya no podían financiarse. La dependencia los había llevado a la bancarrota. Los años que vinieron, en los que América Latina luchaba por reconformar su economía, fueron calificados como “la década perdida”. Y con razón. En 1990, el ingreso per cápita era menor que en 1980. Con el pasar de los años, se tuvo que reconocer la enorme debilidad intrínseca del viejo sistema. Las empresas industriales – tanto privadas como estatales – que había alentado eran ineficientes debido al proteccionismo, la falta de competencia y el aislamiento de la innovación tecnológica. En su mayor parte, no priorizaba la calidad ni la cantidad del servicio. La agricultura sufrió mucho. Los déficits presupuestarios crecieron enormemente. Con una inflación generalizada y muy difícil de desarraigar, los ahorros familiares fueron arrasados. Por consiguiente, la gente no se podía retirar. La inflación creció niveles increíbles, empujada por los déficits y por una política monetaria relajada. Las economías nacionales perdieron los beneficios del comercio internacional y, como es lógico, no hubo ninguna mejora en la desigualdad social.

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