Salud (poema anónimo)

Entenderte a veces se vuelve más difícil que amarte
El gran muro alzado de peines, calculadoras, calendarios, pasaportes, prejuicios, cosas perecederas y dos colillas recuerdos de placer
Un muro de excusas y temores, trivialidades y sin sabores
Muro de ladrillos huecos que llenas de cobardía
-o ceguera-
Murito insignificante que sobre dimensionas para no ver que estoy aquí
Dos piedrecitas que juntas pacienzudamente para evadir
Lo que realmente, inscritos en el mundo, es sentir con el alma desnuda
Las ilusiones abiertas
Las venas palpitantes
Y palabras cortas, mudas
Que caen del cielo
Casilla abajo
Para clavarse en la conjugación
Auténtica
De lo que es el amor.

De este lado, vivo en la salud
Lloro
Pero vivo en la salud
No como la Maga ideal primitiva de J.
Porque finalmente es J.
Sino como sólo yo puedo estar saludable
Y tú? Sabes la salud? La comes, la sientes, la lloras?

Quizás sólo deba decir «Salud!» (Y llenar la copa)

Vienes? -sabes que no hay muro que valga-

En la noche silente estamos solos tú y yo.

Y estamos más acompañados que nunca…

Hallazgos de la Vida de César Vallejo

¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento, para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas.

Mi gozo viene de lo inédito de mi emoción. Mi exultación viene de que antes no sentí la presencia de la vida. No la he sentido nunca. Miente quien diga que la he sentido. Miente y su mentira me hiere a tal punto que me haría desgraciado. Mi gozo viene de mi fe en este hallazgo personal de la vida, y nadie puede ir contra esta fe. Al que fuera, se le caería la lengua, se le caerían los huesos y correría el peligro de recoger otros, ajenos, para mantenerse de pie ante mis ojos.

Nunca, sino ahora, ha habido vida. Nunca, sino ahora, han pasado gentes. Nunca, sino ahora, ha habido casas y avenidas, aire y horizonte. Si viniese ahora mi amigo Peyriet, les diría que yo no le conozco y que debemos empezar de nuevo. ¿Cuándo, en efecto, le he conocido a mi amigo Peyriet? Hoy sería la primera vez que nos conocemos. Le diría que se vaya y regrese y entre a verme, como si no me conociera, es decir, por la primera vez.

Ahora yo no conozco a nadie ni nada. Me advierto en un país extraño, en el que todo cobra relieve de nacimiento, luz de epifanía inmarcesible. No, señor. No hable usted a ese caballero. Usted no lo conoce y le sorprendería tan inopinada parla. No ponga usted el pie sobre esa piedrecilla: quién sabe no es piedra y vaya usted a dar en el vacío. Sea usted precavido, puesto que estamos en un mundo absolutamente inconocido.

¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan reciente, que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía! Señores: soy tan pequeñito, que el día apenas cabe en mí!

Nunca, sino ahora, oí el estruendo de los carros, que cargan piedras para una gran construcción del boulevard Haussmann. Nunca, sino ahora avancé paralelamente a la primavera, diciéndola: «Si la muerte hubiera sido otra…». Nunca, sino ahora, vi la luz áurea del sol sobre las cúpulas de Sacre-Coeur. Nunca, sino ahora, se me acercó un niño y me miró hondamente con su boca. Nunca, sino ahora, supe que existía una puerta, otra puerta y el canto cordial de las distancias.

¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.

En medio de la nada…

En medio de la nada apareces

para reconciliarme con el mundo

un ángel caído en medio de la cotidianidad marchita

unos ojos de girasol que brillan en el desierto

una voz calmada que arrulla dragones

la forma más pura de la palabra belleza.

La otra cara de los límites

dulzura absoluta

una tierna cara dura,

con sapiencia infinita.

Dando vida, en los ocasos

dando voz, en los silencios

dando amor, en los espacios

cuerpo lejano, eterno, sin cuerpo

como sólo las cosas importantes pueden ser.

Estás aquí, estoy allí

Aunque a veces la cotidianidad pretenda disimularnos

con vanos y tercos desvíos existenciales,

relojes, desesperos, rangos o planes…

Porque la existencia misma cobra sentido en tu cuerpo

el tiempo nunca ha sido suficiente en tu regazo

el desespero es la huella de las dicotomías
Lo eterno y efímero en un segundo

y el amor no acepta pasos, es compañía.
-sin retazos-

Búsqueda infinita de alcanzar el cielo,

ése al que perteneces…

Estoy aquí,

aunque el mundo quiera borrarnos.

En medio de la nada,
de esta nada de cosas…

me sucede que te extraño.

Walt Whitman… Canto a mí mismo…

5. Creo en ti, alma mía, el otro que soy
no debe humillarse ante ti,
ni tu debes ser humillada ante el otro.

Retoza conmigo sobre la hierba, quita
el freno de tu garganta,
no quiero palabras, ni música,
ni rimas, no quiero costumbres
ni discursos, ni aún los mejores,
sólo quiero la calma, el arrullo de tu
velada voz.

Recuerdo cómo yacimos juntos cierta
diáfana mañana de verano,
cómo apoyaste tu cabeza en mi cadera
y suavemente te volviste hacia mí,
y apartaste la camisa de mi pecho, y
hundiste la lengua hasta mi corazón
desnudo,
y te extendiste hasta tocar mi barba,
y te extendiste hasta abrazar mis pies.

Prontamente crecieron y me rodearon
la paz y el saber que rebasan todas
las disputas de la Tierra,
y sé que la mano de dios es mi
prometida,
y sé que el espíritu de Dios es mi
propio hermano,
y que todos los hombres que alguna
vez vivieron son también mis
hermanos, y las mujeres mis
hermanas y amantes,
y que el amor es la sobrequilla de la
creación,
y que son incontables las hojas rígidas
o lánguidas en los campos,
y las hormigas pardas en los pequeños
surcos,
y las costras de musgo en el cerco
sinuoso, las piedras apiladas, el saúco,
la hierba carmín y la candelaria.

Versión de León Felipe

He soñado tanto contigo… Robert Desnos

A LA MISTERIOSA
( 1926 )

Tanto he soñado contigo que pierdes tu realidad.

¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo
y besar sobre esa boca
el nacimiento de la voz que quiero?

Tanto he soñado contigo,
que mis brazos habituados a cruzarse
sobre mi pecho, abrazan tu sombra,
y tal vez ya no sepan adaptarse
al contorno de tu cuerpo.

Tanto he soñado contigo,
que seguramente ya no podré despertar.

Duermo de pie,
con mi pobre cuerpo ofrecido
a todas las apariencias
de la vida y del amor,  y tú, eres la única
que cuenta ahora para mí.

Más difícil me resultará tocar tu frente
y tus labios, que los primeros labios
y la primera frente que encuentre.

Y frente a la existencia real
de aquello que me obsesiona
desde hace días y años
seguramente me transformaré en sombra.

Tanto he soñado contigo,
tanto he hablado y caminado, que me tendí al lado
de tu sombra y de tu fantasma,
y por lo tanto,
ya no me queda sino ser fantasma
entre los fantasmas y cien veces más sombra
que la sombra que siempre pasea alegremente
por el cuadrante solar de tu vida.

Si has perdido y Un Amor más allá del Amor… de Roberto Juarroz

Si has perdido tu nombre… 

Si has perdido tu nombre,
recobraremos la puntada de las calles
más solas
para llamarte sin nombrarte.

Si has perdido tu casa,
despistaremos a los guardianes de la
cárcel
hasta dejarlos con su sombra y sin sus
muros.

Si has perdido el amor,
publicaremos un gran bando de palomas
desnudas
para atrasar la vida y darte tiempo.

Si has perdido tus límites,
recorreremos el cruento laberinto
hasta alzar otra forma desde el fondo.

Si has perdido tus ecos o tu origen,
los buscaremos, pero hacia adelante,
en el templo final de los orígenes.

Solamente si has perdido tu pérdida,
cortaremos el hilo
para empezar de nuevo.

……

Un amor más allá del amor…

Un amor más allá del amor,
por encima del rito del vínculo,
más allá del juego siniestro
de la soledad y de la compañía.
Un amor que no necesite regreso,
pero tampoco partida.
Un amor no sometido
a los fogonazos de ir y de volver,
de estar despiertos o dormidos,
de llamar o callar.
Un amor para estar juntos
o para no estarlo
pero también para todas las posiciones
intermedias.
Un amor como abrir los ojos.
Y quizá también como cerrarlos.

Pornopolítica o del exhibicionismo de las apetencias con fines corotales.

SR. XXX

La diferencia más importante entre la explotación del sexo 

y el arte erótico radica en la sensibilidad y talento del artista.
BRADLEY F. SMITH

 

El consumo adictivo de la pornografía tiene esa terrible faceta en la que termina por crear amantes mediocres.  Así, en la política, el electoralismo crea hombres y mujeres mediocres.

La euforia del «electoralismo» apalancado por un escenario de polarización social, hace a Venezuela el escenario perfecto para la incubación y proliferación masiva de oficinas de mercadeo político indiscriminado, dedicadas más a descubrir el ángulo perfecto que despierte las apetencias de público que a comprender lo que realmente necesita nuestro pueblo: contacto, integración y, sobre todo, soluciones.

Recuerdo un episodio de Rayuela. «Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto» Así en la política. Eligen un candidato ¡Y lo lanzan! ¡Eligen un líder “ideal” y lo presentan ataviado seductoramente a la masa! ¡Y la masa “elige” al líder!

Y aclaro que tampoco hablo de esa lamentable reducción del proceso de seducción en la política como medio para adherir gente en torno a una voluntad central y única. Hablo de aquella forma que se constituye en una conciencia y que se cristaliza en una vanguardia, cuya masa es abrazada y, dentro de ella, surgen, por la propia dinámica social, nuevos líderes que pasan a tomar el testigo. Un proceso de intercambio de “poder de transformación permanente” pero en la construcción de un “legado memorable” que se consustancia con la realidad de nuestro país. La diferencia entre una y otra concepción es como la televisión blanco y negro frente a la alta definición en 3D, que el país necesitará como visión en un plazo que podría llegar de urgencia, en contraste con la presentada por el mero deseo orgásmico del coroto por el coroto, que pronto se verá borroso como una película ochentosa.

Y es que la política en Venezuela se ha mediocrizado; prácticamente como lo ha hecho el consumismo íntimo en favor de la banalización de la seducción como un proceso única y exclusivamente orgásmico –real o no-. El tema es que de la política obtenemos el efecto «poder-clímax», fugaz e intrascendente, del coto en el poder admitido-filmado-producido por algún “otro”. Y por qué no… hasta fingido en el cénit de algunos partidos políticos que se vuelven el estudio de grabación perfecto para una vulgar película triple XXX de baja monta; donde entre néctares del olvido y carnes sanguinolentas se le dan “platos de comida” a las militancias-eco que repiten mensajes “seductores” y se creen, porque se lo creen, ungidos por la “verdad” divina.  Personajes poco creíbles, con afectos impostados y exaltaciones llenas de clichés… ¿El resultado? El mismo de siempre, una lluvia falsa que no cala en los huesos de nadie, y el país esperando…

¿Hasta cuándo seguiremos con cuerpos ajenos a nuestros deseos fingiendo placer para agradar a una audiencia inexistente?

Lo único que me tranquiliza es que hasta las porno cambian y la fascinación por lo “prohibido” ha venido transformando muchas hipocresías de cama en relaciones fallidas; para dar paso a parejas más sensatas. Así en la política.

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Pessoa, poeta del alma: Si yo pudiera morder la tierra toda…

Pessoa es de esos poetas que son universales. No obstante, el ritmo en portugués es otra cosa… No hablo portugués, pero el ritmo sigue siendo ritmo.

Aquí uno de mis poemas favoritos:

Si yo pudiera morder la tierra toda
y sentirle el sabor sería más feliz por un momento…
Pero no siempre quiero ser feliz
es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural…
No todo es días de sol
y la lluvia cuando falta mucho, se pide.
Por eso tomo la infelicidad con la felicidad.
Naturalmente como quien no se extraña
con que existan montañas y planicies y que haya rocas y hierbas…
Lo que es necesario es ser natural y calmado en la felicidad o en la
infelicidad.
Sentir como quien mira. Pensar como quien anda,
y cuando se ha de morir,
Recordar que el día muere y que el poniente
es bello y es bella la noche que queda.
Así es y así sea.

Versión de Teodoro Llorente

Para los que puedan disfrutar del poema en portugués, aquí lo dejo:

Se eu pudesse trincar a terra toda
E sentir-lhe um paladar,
E se a terra fosse uma cousa para trincar
Seria mais feliz um momento…
Mas eu nem sempre quero ser feliz.
É preciso ser de vez em quando infeliz
Para se poder ser natural…
Nem tudo é dias de sol,
E a chuva, quando falta muito, pede-se,
Por isso tomo a infelicidade com a felicidade
Naturalmente, como quem não estranha
Que haja montanhas e planícies
E que haja rochedos e erva…
O que é preciso é ser-se natural e calmo
Na felicidade ou na infelicidade,
Sentir como quem olha,
pensar como quem anda,
E quando se vai morrer, lembrar-se de que o dia morre,
E que o poente é belo e é bela a noite que fica…

Assim é e assim seja…

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Pero no puedo dejar este post sin otro gran poema:

Tabaquería*

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
De mi cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie sabe
quién es
(Y si supiesen, ¿qué sabrían?),
Dais al misterio de una calle cruzada constantemente por gente,
A una calle inaccesible a todos los pensamientos,
Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
Con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres,
Con la muerte que mancha de humedad las paredes y hace
blancos los cabellos de los hombres,
Con el Destino que conduce la carroza de todo por el camino de
nada.
Estoy hoy vencido, como si supiese la verdad.
Estoy hoy lúcido, como si estuviese por morir,
Y no tuviese más hermandad con las cosas
Que la de una despedida, tornándose esta casa a este lado de la
calle
La hilera de vagones de un tren, y el silbido de una partida
Dentro de mi cabeza,
Y una sacudida de mis nervios y un chirriar de huesos al arrancar.
Estoy hoy perplejo, como quien pensó y halló y olvidó.
Estoy hoy dividido entre la lealtad que debo
A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Fallé en todo.
Como no hice ningún propósito, tal vez todo fuese nada.
El aprendizaje que me dieron,
Descendí por la ventana trasera de la casa.
Fui al campo con grandes propósitos.
Pero allí sólo encontré yerbas y árboles,
Y cuando había gente era igual a la otra.
Me retiro de la ventana y me siento en una silla. ¿En qué he de
pensar?
¿Qué sé yo lo que seré, yo, que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tanta cosa!
¡Y hay tantos que piensan ser la misma cosa que no puede haber
tantos!
¿Genio? En este momento
Cien mil cerebros se piensan en sueños genios como yo,
Y la historia no señalará, ¿quién sabe? ni a uno,
No habrá sino un muladar para tantas futuras conquistas.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay tantos locos deschavetados con
tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna certeza, ¿soy más cierto o menos cierto?
No, ni en mí…
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
No están en esta hora genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas—
Sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas—,
Y quién sabe si realizables,
¿Nunca verán la luz del sol real ni hallaran oídos de nadie?
El mundo es de quien nace para conquistarlo
Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga
razón.
He soñado más que Napoleón.
He abrazado contra el pecho hipotético más humanidades que
Cristo.
Hice filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla,
Aunque no viva en ella;
Seré siempre el que no nació para esto,
Seré siempre sólo el que tenía cualidades;
Seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie
de una pared sin puerta,
Y cantó la cantiga del Infinito en un gallinero,
Y escuchó la voz de Dios en un pozo cegado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Que me derrame la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
Su sol, su lluvia, el viento que me despeina,
Y lo demás que venga si viene o que tenga que venir, o que no
venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
Conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama;
Pero nos despertamos y él es opaco,
Nos levantamos y es ajeno,
Salimos de casa y es la tierra entera,
Más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(Come chocolates, niña;
¡Come chocolates!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que la de los
chocolates.
Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, niña sucia, come!
¡Si pudiera yo comer chocolates con la misma verdad con que tú
los comes!
Pero yo pienso y, al quitarles el papel plateado, que es de estaño,
Arrojo todo al suelo, como tiré la vida.)
Pero queda al menos de la amargura de lo que nunca seré
La caligrafía rápida de estos versos,
Pórtico hendido hacia lo Imposible.
Pero al menos dedico a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
Noble al menos por el gesto amplio con que arrojo
La ropa sucia que soy, sin motivo, para el decurso de las cosas,
Y me quedo en casa sin camisa.
(Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
O diosa griega, concebida como estatua con vida,
O patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
O princesa de trovadores, gentilísima y colorida,
O marquesa del siglo dieciocho, escotada y distante,
O cocotte célebre del tiempo de nuestros padres,
O no sé qué moderno —no concibo bien qué—,
Todo eso, sea lo que fuera, lo que sea, si puede inspirar ¡qué
inspire!
Mi corazón es un balde vacío.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus me invoco
Me invoco a mí mismo y nada encuentro.
Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan.
Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
Veo los perros que también existen,
Y todo esto me pesa como un condena al destierro,
Y todo esto es extranjero, como todo.)
Viví, estudié, amé y hasta creí,
Y hoy no hay mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
En cada uno miro los andrajos y las llagas y la mentira,
Y pienso: tal vez nunca hayas vivido ni estudiado ni amado ni
creído
(Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer
nada de eso);
Tal vez hayas existido apenas, como un lagarto a quien cortan
la cola
Y que es cola más acá del lagarto que se retuerce.
Hice de mí lo que no supe,
Y lo que pude hacer de mí no lo hice.
Vestí un disfraz equivocado.
Me tomaron enseguida por quien no era, y no lo desmentí, y me
perdí.
Cuando quise arrancarme la máscara,
Estaba pegada a la cara.
Cuando la arrojé y me vi en el espejo,
Ya había envejecido.
Estaba borracho, y no sabía vestir el disfraz que no me había
quitado.
Arrojé la mascara y dormí en el vestidor
Como un perro tolerado por la gerencia
Por ser inofensivo
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles,
quién pudiera encontrarte como cosas que yo hice,
Y no quedarme siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente,
Pisoteando la conciencia de estar existiendo,
Como un tapete con el que tropieza un borracho
O la esterilla que los gitanos roban y no vale nada.
Pero el Dueño de la Tabaquería se asomó a la puerta y se quedó
en ella.
Lo miro con la incomodidad de la cabeza torcida
Y con la incomodidad de una alma que mal entiende.
Él morirá y yo moriré.
Él dejará el letrero, yo dejaré versos.
Y un día morirá el letrero y también mis versos.
Después morirá la calle donde estuvo el letrero,
Y la lengua en que fueron escritos los versos.
Morirá después el planeta girante en que todo esto sucedió.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como nosotros
Continuará haciendo cosas como versos y viviendo debajo de las
cosas como letreros,
Siempre una cosa frente a otra,
Siempre una cosa tan inútil como la otra.
Siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño del
misterio de la superficie,
Siempre ésta o aquella cosa o ni una ni la otra cosa.
Pero un hombre entró en la Tabaquería (¿a comprar tabaco?),
Y la realidad plausible cae de repente sobre mí.
Me incorporo a medias enérgico, convencido, humano,
Y voy a intentar escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
Y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como mi camino,
Y gozo, en un momento sensitivo y adecuado,
La liberación de todas las especulaciones
Y la conciencia de que la metafísica es la consecuencia de una
indisposición.
Después me reclino en la silla
Y sigo fumando.
Seguiré fumando hasta que el Destino me lo permita.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
Tal vez sería feliz.)
Visto esto, me levanto de la silla. Me acerco a la ventana.
El hombre salió de la Tabaquería (¿guarda el cambio en el bolsillo
del pantalón?).
Ah, lo conozco: es Esteves sin metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.)
Como por un instinto divino, Esteves se volvió y me vio.
Hizo una señal de adiós, le grité ¡Adiós, Esteves!, y el universo
Se reconstruye en mí sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la
Tabaquería sonrió.

*Álvaro de Campos
Versión de Miguel Ángel Flores

Entre tiempos jurídicos, tiempos políticos y el cultivo de peces por @nancyarellano

 

“En el juicio del pasado ante el futuro,

las memorias contemporáneas son los testigos,

 la historia es el juez, y el fallo es casi siempre una iniquidad,

ya sea por la falsedad de las declaraciones,

por su ausencia o por la ignorancia del tribunal.

Afortunadamente, la convocatoria sigue abierta para siempre,

y la luz de nuevos siglos,

proyectada desde lejos sobre los siglos transcurridos,

denuncia los juicios tenebrosos”

 

 Luis A. Blanqui

 

Cuando hablamos de Blanqui, es imposible no traer a la Comuna de París a colación. Pero no caeremos en su análisis por la inutilidad que presenta frente a nuestro tiempo político, y es que el mismo Blanqui dice “El hecho consumado tiene una potencia irresistible. Es el destino mismo” así que hablaremos de lo que ocurre hoy, ahora, aquí: el presidente Chávez fue electo para gobernar como presidente y, por ahora, no está presente. ¿Poder popular? Pues hablemos como pueblo.

 

Intento separarme de cualquier afecto hacia una tendencia política, y busco, evitando tropezar con inconsistencias, hacer un análisis de cuál es el lugar exacto y momento preciso en el que nos encontramos. Advierto al lector que no se trata de qué hizo o dejó de hacer la burocracia estatal a lo largo del siglo XX o XXI, sino de cuál es el deber ser y con qué contamos.

 

Venezuela sufrió un cambio importante en el S. XX.  Con Gómez se inicia una tesis desarrollista de la nación. El fin del Estado es procurar “ordenar” las capacidades y “crear” instituciones que superen los personalismos caudillistas –pese a ser él  mismo el “Gendarme necesario” o el “loquero” imprescindible; pero se comprende que la coacción –el poder de las armas- debe estar en manos de hombres que defiendan un valor superior.  Básicamente, aunque de forma rudimentaria y con las limitaciones del Gral. Gómez y el momento, se “enseria” al país. Luego vino una serie de profundizaciones que pusieron nombre y apellido a las aspiraciones nacionales y se perfiló un proyecto lo más acabado posible, buscando que la Institucionalidad se fundamentara en La Constitución. ¿Esto se logró cabalmente?

 

La pregunta es válida. Y más que válida, necesaria.  A prácticamente 100 años de ese proyecto de “orden” y “desarrollo” del país hemos logrado avances, eso es innegable, sean de donde vengan las opiniones.  El llamado sistema puntofijista trajo consigo el camino de la democracia, desarrolló infraestructura y apertura cultural, insertó la idea de una industria y amplificó el espectro político nacional –con las consideraciones y errores de un país que empezó a “pensarse” en el siglo XX, y tan es así que llevó al poder a un hombre como Hugo Chávez, quien luego de un intento de Golpe de Estado –por la razones válidas o inválidas- hizo campaña electoral en 1998 prometiendo además destruir a la Constitución que le llevaría al poder, pues califica a ésta como el centro del sistema “decadente” de la llamada Cuarta República.

 

Lo interesante de analizar someramente estos cien años de vida republicana (1913-2013) es que encontramos una tesis asociada al poder como “política de reparto justo” y es que ésta ha sido la bandera esgrimida por todos los gobiernos hijos de todas las constituciones que, si somos sinceros,  han tenido como aspiraciones unas ideas de “justicia” y “equidad” más ligadas a un poder capaz de distribuir la riqueza nacional que a generarla, al menos eso nos indica la práctica. Insisto en que tenemos que reparar en más que los discursos o propaganda política, para juzgar con algo de sensatez intelectual.

 

Pero aún estamos lejos de ser el país potencia, la economía boyante o la sociedad armónica que nos imaginamos merecer, y es que el descalabro que en varios momentos hemos vivido, responde a una falta de conciencia política real, -pongo el calificativo de real porque no se trata de las “palabras bellas” ni de “bálsamos de sábila” hechos de frases.  Se trata de que los libritos llamado “constituciones” no son poemas para enamorar, son pactos que deben comprometer a nuestra sociedad para consolidar un terreno fecundo para la generación de riqueza social y económica.  Nuestro principal capital no puede ser el petróleo, debe ser el talento de los venezolanos, asumiendo al petróleo como nuestro principal producto apalancador de una diversificación que permita expandir nuestras capacidades humanas.   Calidad educativa, una terapia de “electrochoques” a la conciencia venezolanista, por tanto patriota. Educar en la escuela, la calle, la casa; educar a la administración pública, la empresa privada; educar por todos los medios, de todas la formas, a todos los actores para la convivencia democrática.

 

Los gobiernos tienen que hacerse responsables de los males hechos, pero sobre todo de las fallas de una perspectiva centrada en el desarrollo banal de las potencialidades de nuestro país. Así, se centraron en la creación de “obras” y rápidamente descuidaron las bases humanas de la Gran Obra.  Muchos olvidaron que los edificios no sirven a los edificios, sino que son para ser habitados y su utilidad dependerá del uso que hombres y mujeres den a las instalaciones; así, parques, plazas, liceos y universidades. Particularmente creo que esto se asocia con algo que dice J. S. Mill,  La regla es hacer responsable a un individuo del mal que hace a los otros; la excepción, comparativamente se entiende, hacerle responsable del mal que no les evitó.”  ¿Eficiencia o nada? Sí. ¿Pero es que acaso eso se logra con una oficina de supervisión? ¿Se logra en un escenario de polarización social y política?

 

El tema social no es agenda nueva, aunque su visibilidad actual es sin precedente, pero ha sido la palabra usada como sable por generaciones de “políticos” a lo largo y ancho del país. El problema deviene cuando la “agenda social” se centra únicamente en “dar” cosas. Y aclaro que digo “únicamente” porque ¡claro que hay que darlas!, pero también hay que pedir a cambio. ¿A qué me refiero? A que no se puede ser absolutamente materialista, como tampoco absurdamente espiritualista. No se admite ser absurdamente revolucionario, como tampoco inútilmente conservador. El tema está en combinar la innovación material que imponga la renovación espiritual. El cambio que se advierte como movilizador y transformador del caos para dar paso al cosmos.  Dar el pescado, enseñar a pescar y que ¡Pesquen! Y luego… ¡que inventen un nuevo modo de pescar! Pero además que pesquen… ¡cultiven peces!

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Volviendo a Mill, él decía que “La verdad, en los grandes intereses prácticos de la vida, es ante todo una cuestión de combinación y de conciliación de los extremos; pero muy pocos hombres gozan del suficiente talento e imparcialidad para hacer este acomodo de una manera más o menos correcta: en este caso será llevado a cabo por el procedimiento violento de una lucha entre combatientes que militan bajo banderas hostiles” Y es que el peligro de la hostilidad es que no permite el aprovechamiento de los recursos disponibles, del talento complementario, sino que procura la indiscriminada lógica de la arbitrariedad para prejuzgar las capacidades de compromiso, utilidad e inutilidad de los talentos, por no decir lo peor: de los hombres y mujeres que no son vistos como útiles, sino como utilizables…; Y es que el escenario polarizante de modo abstracto -y de la política de contraste sólo superficial- crea una tensión anímica suficiente para desgastar cualquier intento prescriptivo de revolución como sistema de mejoramiento social sostenible y sustentable, mata cualquier intento de vanguardia real. Pues trae consigo el efecto de imponer tiempos políticos útiles sólo como ejercicio desde el poder, y ésos no se imponen, surgen hacia el poder para transformarlo. Son estallidos producto del cansancio de los músculos tensados por un tiempo imprudencial; porque, volviendo a Blanqui, el hecho consumado es el destino. Y los antecedentes inmediatos colocan en el centro de la dinámica la necesidad de la generación de una vanguardia genuina que sea conciencia prospectiva, producto de ver la riqueza y pobreza del ayer y el hoy, una que no busque ser sistema sino “moscardón que despierte a Atenas”; no guiada tanto por las formalidades de un libro-receta que, lamentablemente, nunca ha estado en real uso. Y voy más allá, y es que los tiempos jurídicos los dictan los juristas, pero los políticos los dictan los pueblos.

 

«Fueron hombres de otro cuño

los que han hecho de Inglaterra lo que ha sido;

y hombres de otro cuño serán necesarios

 para prevenir su decadencia»

 

 J. S. Mill (Sobre la Libertad)

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Una cultura para la paz por @nancyarellano

Un texto de 2007.

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La cultura para la paz viene a representar un aspecto determinante para la vida en sociedad; en tanto que significa excluir a la violencia entendiendo que era es un medio pre político –tal y como afirma Mires, F (2002)-. En este sentido, puede entenderse que la paz viene sustentada en la auténtica calidad democrática la cual se basa a su vez en el enfrentar problemas sin recurrir a medios violentos –en consonancia con Mires nuevamente- de comprender que el despliegue de medios políticos es característica de calidad democrática.

Ahora bien, ¿cómo hacer para que los individuos internalicen la paz con sistema de vida o cómo hacer que la democracia se halle impresa en sus almas ciudadanas? Allí es donde la educación cumple un rol fundamental; en tanto que forma a lo ciudadanos y les dota de una cultura política (c.p) donde se engranen coherentemente los valores supeditados al concepto de democracia y donde se entienda que la sociedad civil es la que hace éticamente a la ley –Mires nuevamente- y no la ley a la sociedad. La Ley (con mayúscula) ha de ser descriptiva, no prescriptiva.  De esto se emana que una real c.p. democrática entiende el por qué se superpone a a los Derechos Humanos por encima de los mandatos constitucionales; patentándolos como éticamente aprehendidos por la sociedad mundial; lo cual implica que el respeto a la vida y a las libertades (civiles, políticas, económicas, culturales y ecológicas) son imperativos no cuestionables por ninguna sociedad –incluso bajo “la excusa” del derecho de autodeterminación de los pueblos- y como metas primarias de por si ponen de manifiesto una cultura para la paz.

Mas no se trata simplemente de una nueva pirámide –ampliada- de Kelsen, sino de que la formación de los individuos es el único camino para que comprendan el auténtico significado de estos marcos ampliados de convivencia y valoricen por ejemplo el rol del DD.HH y del DIH para los conflictos armados (C. Ginebra y sus Protocolo adicionales). El debate sobre la paz no puede limitarse únicamente a los Estados sino que debe integrar a la sociedad civil pues es ella la que legitima el ejercicio del primero y la que brinda los índices de gobernabilidad ligados a la estabilidad del sistema.  Un ejemplo interesante es la actuación de los mexicanos ante el conflicto de Chiapas cuando éstos se lanzaron a las calles en un reclamo de alto al fuego; con lo cual lograron influir en la forma en la que el gobierno de Salinas enfrento al EZLN. Allí se develó cómo la cultura para la paz influyó determinantemente en las conciencias de los ciudadanos comunes y se tradujo en reclamo para con el gobierno federal.

Por otra parte está el problema de los niños armados en el medio oriente, donde se evidencia una cultura bélica que trae consecuencias devastadoras en los indicadores de mortalidad infantil, haciendo ver cómo se castra la libertad de esos niños al privarles del rol real de la infancia en la sociedad y al alienarlos con un sistema que aún no les compete y para el cual están imposibilitados, por facultades racionales, de comprender u apoyar -en el peor de los casos- libremente; esto sin hablar del terrorismo.

Todo esto, por un lado u otro,  está ligado a una pseudocultura política que mira a la violencia como medio lícito y único, y desconoce a la política –diálogo, consenso, debate- como auténtica forma de convivencia. El cambio que se pide es enteramente formacional y requiere un papel fundamental del Estado como figura responsable y protagónica.  ¿Asumirán algún día la tarea responsablemente?

 

Lista de Referencias

 

Mires, F (2002) Retorno a la Nación en La Eficacia del Derecho. España: Ed Trotta

San Miguel, R (2006) Guía para Estudios de Seguridad de la Universidad Metropolitana. S/E

Aveledo, G (2006) Guía de Lecturas de Retos y Amenazas para el desarrollo de América Latina. S/E.

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