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¡Qué difícil ser adeco!

Por: Nancy Arellano

Un partido como Acción Democrática es un peso inmenso a tener en la espalda. El problema se inicia con una simple razón: ser adeco no es algo que se “elige” como se elige una camisa o un par de lentes. Ser adeco es algo que sucede cuando comprendes que la política es el camino para transformar a la realidad social y, al mismo tiempo, asumes que la única forma coherente de transformarla es en la socialdemocracia.  Además entiendes que la lucha política no es algo que se saca de una caja de cereales, sino que deviene generacionalmente en un proceso dinámico y acumulativo de pensamiento social que comprende el valor de los valores y acepta la importancia de los principios como rectores de la conducta y del trabajo de grupo.

En ese sentido, admites que han existido hombres y mujeres que labraron un camino que merece ser continuado, y ese camino de la socialdemocracia en Venezuela lo ha labrado Acción Democrática. Así que no se elige a la socialdemocracia y a AD por el utilitario ejercicio de escoger una ideología política y un partido, sino nuevamente por el ejercicio personalísimo de entender que “el chamo del semáforo de la esquina” tiene el mismo derecho que “la hija de papá y mamá” de aspirar a buenos servicios, buena educación y disfrutar de los avances de la civilización. Y ves la lucha del siglo XX por esos valores y te atrapa. En dos palabras: igualdad de oportunidades.  Ser adeco es ver las diferencias sociales injustas e indignarse. Es ver el abuso de poder de un funcionario público y asquearse. Es escuchar a los que desprecian a nuestro país y sentirse insultados. Es sentir que tenemos todo para tener todos de todo y sentirnos impotentes ante tanta ineficiencia. Es creer en la igualdad, justicia y libertad –como reza nuestro himno-. Es querer que las cosas cambien y sentir que podemos lograrlo.  Es querer a la gente sea rica, sea pobre, sea blanca, negra o verde; es escuchar al filósofo de la plaza o al artesano de la playa con el interés del que quiere conocer a su pueblo.  Es respetar a la gente por como es, no por quién es o lo que tiene.  Es aspirar al cambio, comprender que el Partido es un instrumento para ello y aspirar a ser parte de una historia larga y dura, con errores y con aciertos, pero una historia de lucha –física e intelectual- por la que vale la pena seguir luchando.

Mucha gente critica ese slogan de “Adeco es adeco hasta la muerte” porque creen que se trata de una filiación de “membresía”, como un club, y no comprenden que se trata de una conciliación íntima de la personalidad individual y la inscripción social en un esquema de valores y razones por las que se ejerce la política como servicio.  Y esta es la misma interpretación que doy a la otra frase “Adeco es adeco desde el vientre materno” porque son los valores familiares los primeros que hacen a un adeco tal, no porque se crea en una “línea sucesoral”, sino porque el verdadero acciondemocratista forja a su familia para el venezolanismo, la democracia, la justicia social, el trabajo, el antiimperialismo y la insatisfacción perenne que trae consigo el asumir que somos un país perfectible y que el camino es largo y empinado.  Y puede que no se haya tenido carnet, como dice otro compañero “los papás de Rómulo no eran adecos”. Así que va más allá de eso. Venezuela es adeca, aunque AD no sea gobierno. Y como dijo Andrés Eloy desde el exilio cuando ilegalizaron a AD “no pueden destruir a Acción Democrática por decreto, porque Acción Democrática no nació por decreto”

Hoy día encontramos un escenario difícil, por la improvisación y varias generaciones que fueron indolentes con “el otro” –y lo siguen siendo-;  encontramos un Estado que fue desviándose del rumbo inicial y cayó en la trampa del rentismo, hoy exacerbado.  Con ello se pervirtió la función de la política social para transformarse en política clientelar.  Y, desde hace años, muchos que se decían adecos dejaron de serlo, y otros que nunca lo fueron adquirieron la membresía y pervirtieron la lucha.  Luego muchos de aquéllos cambiaron el carnet blanco por uno rojo, y siguieron cavando. Otros tantos sintiéndose invisibles guardaron el sentimiento adeco en el baúl de los recuerdos.  Por ahí también hay confundidos, creyendo cuentos de caminos…

En fin, aquí estamos los que estamos, pero sí estoy segura de que no estamos todos los que somos. Y es necesario que ese sentimiento adeco se haga eco, y enarbole más alto las banderas del Partido, esas banderas que comportan un real proyecto país con poderes públicos independientes, con funcionarios públicos entregados al servicio, una política económica de desarrollo sostenible y sustentable, una descentralización coherente, un empoderamiento popular real, una conciencia de trabajo genuina y una movilidad social consistente con la igualdad de oportunidades en igualdad de condiciones; y tenemos que hacerlo ferozmente, diseminados –pero en y como equipo- por el territorio nacional desde Macareo hasta Ureña, desde Mamo hasta San Simón de Cocuy;  sin vacilar, porque ser adeco es más difícil que no serlo, pero no puede evitarse.

Y algo debe estar claro, hacen falta muchos adecos de verdad para transformar este país en el país que merecemos, ése por el que lucharon con sangre, sudor y lágrimas los fundadores de nuestro Partido. El testigo está esperando.

¡Qué difícil ser adeco! Pero es imposible dejar de serlo.

“Nadie me mata con engaño y no con sus propias fuerzas» por @nancyarellano

«Cíclope, ¿me preguntas mi célebre nombre? Te lo voy a decir, mas dame tú el don de hospitalidad como me has prometido. Nadie es mi nombre, y Nadie me llaman mi madre y mi padre y todos mis compañeros.»

Así hablé, y él me contestó con corazón cruel:

«A Nadie me lo comeré el último entre sus compañeros, y a los otros antes. Este será tu don de hospitalidad.»      

 Odisea. Canto IX

El ánfora protoática procedente del cementerio G de Eleusis, que data del 650 a. C. muestra el mismo episodio en la decoración de su cuello: Un gigantesco Polifemo está despierto y sostiene en su mano derecha una copa, en alusión directa a su embriaguez, mientras que con la mano izquierda trata de retirarse la rama de su único  ojo.  Ebriedad y ceguera se funden como causa de la pérdida de Polifemo. 

Polyphêmos etimológicamente significa «de muchas palabras» y es el más famoso de los cíclopes hijo de Poseidón y Toosa  De estatura enorme, es un monstruo brutal y de costumbres antropófagas. En la Odisea, Homero lo presenta además como un ser violento y de voz profunda. La anécdota homérica es simple muestra de la astucia del héroe: Ulises engaña a Polifemo respecto a su nombre y luego le ofrece vino sin diluir, una vez ebrio Polifemo, nuestro héroe clava una rama en el ojo del cíclope dejándolo ciego y pudiendo huir. Luego vociferaba el cíclope “Nadie me mata con engaño y no con sus propias fuerzas» mientras sus compañeros, al escuchar lo absurdo, creen que Polifemo –el de muchas palabras- enloqueció, y  ha sido castigado por los dioses.

Hemos presenciado unas elecciones regionales con resultados adversos para la oposición y, peor aún, dañinos para el sistema democrático. La oposición lleva 14 años intentando enfrentar al Polifemo creciente que es el Estado y, a diferencia de Ulises, no logra comprender las debilidades del adversario ni canalizar sus propias fuerzas.   Nuestro Polifemo criollo tiene la fuerza de la renta petrolera, pero también adolece de la embriaguez que es el vicio de la improvisación e ineficiencia.  En este sentido este escenario desfavorable de 20 gobernaciones en manos del oficialismo, pudieran convertirse en la alforjas de vino sin diluir que llevaran a mas  embriaguez.  Evidentemente la diferencia deberá ser la sobriedad del héroe y la rama a enceguecer debería ser la eficiencia y eficacia de gestión de los tres ruedos político-administrativos que se conservan aunado –irrestrictamente- al trabajo político de calle de los partidos políticos que pongan, y uso otra metáfora de la Odisea- tapones de cera en los oídos del Pueblo para que no escuchen “los cantos de sirena”. Cera compuesta de cultura política y dosificada con trabajo social y formación de cuadros. De lo contrario “Nadie será devorado como muestra de hospitalidad”.  

No se trata de que exista engaño, se trata de que la fuerza que lleve a una alternativa real a aspirar vehementemente al poder deberá ser una opción que entienda las virtudes políticas necesarias. Un mensaje claro fue enviado en estas elecciones, y es que de tres gobernaciones, dos vienen del propio oficialismo y sólo una, tradicionalmente opositora, viene de una mega-campaña presidencial. No desmerezco los esfuerzos del reelecto gobernador de Miranda, pero si miro con preocupación que se embriaguen en “el éxito” cuando se obtuvieron 1490  votos menos que en la elección de gobernador de 2008, y con 1,17% de merma en términos de porcentaje.  Sea como sea, las alforjas siguen allí sin ser vistas  por Polifemo y siento que es la oposición la que bebe de ellas.

La buena política es como Ulises, comprende que el viaje es largo y lleno de experiencias. La política sana se refleja se hace eco de Ulises «Yo en verdad no soy capaz de ver cosa alguna más dulce que la tierra de uno” y por ello quiere ir a Ítaca luchando contra lo que sea con el arma del hábil –la astucia- y con la perseverancia del héroe. Estar en la política por “tomar el poder” a secas, es la razón del que ignora que la democracia suele ser un camino con desvíos, pero jamás con vuelta atrás. 

Como país tenemos aún mucho que aprender. Como clase política aún mucho que internalizar. Como pueblo mucho que exigir. Como hombres y mujeres mucho que trabajar. Algunos se quedan en la esfera del resultado: ganó, perdió. Otros aspiramos a comprender por qué realmente se ganó y por qué se perdió. Más aún, para qué se ganó y para qué se perdió.  Ya los resultados son los que son, ahora queda comprender que, sea cual sea el escenario venidero en los próximos meses, la amenaza de la mitificación sobre el oficialismo está latente y con ello la fuerza del voto emocional y mayoritario se fortalece; así mismo, la oposición debe empezar el trabajo renacentista de secularizar la política y deslastrarla del contenido pseudoreligioso. ¿Cómo lograrán esto? ¿Cómo clavarán la rama en el ojo de Polifemo? ¿Quién estará ebrio en ese caso? A algunos los he visto en vez de llenando barriles de tinto, lavando copas para zambullirse en la ebriedad de la ambición por el coroto.

 

Astropolítica o de Logos Retrógrado

«Sapere Aude»- atrévete a conocer-

I. Kant

El paso del mithos al logos significó en el siglo VI a.C. la revolución civilizatoria en el antiguo mundo heleno (hoy Griegos); y lo fue porque, pese a las fuertes corrientes religiosas que pervivieron muchos siglos más, la explicación racional de la realidad -entendida como la interacción en el mundo natural- abrió un mundo de posibilidades al hombre. Preguntas como de dónde venimos, qué es la felicidad, si las cosas cambian o permanecen son algunas de las interrogantes que ocuparon a los mentados filósofos griegos. De Tales de Mileto para quien el origen de todo era el agua hasta Anaximandro para quien el «Apeirón» era el origen infinito de todo o Anaxagoras quien introduce la idea del «nous» -pensamiento, inteligencia-. Encontramos una necesidad crítica de relación del hombre con el mundo circundante. Así pues, el hombre se alza frente al mito, frente a la verdad dada, heredada, para crear, hacer la verdad; para aprehenderla del mundo a través del logos (razón).

2600 años después estamos aquí, herederos de una evolución del pensamiento, hijos de la revolución cristiana, luego de la renacentista- burguesa, pasamos por la industrial, para formar parte de la tecnológica… y aún nos encontramos haciendo las mismas preguntas que den sentido a nuestra vida.

Hace varios días que la mayoría de los opinadores profesionales se han dedicado a elucubrar sobre el porvenir político de la nación. Porque pareciera que volvimos a la filosofía presocrática del siglo VI a.C. y se trata de «un solo elemento» que explique la causa, que sea la causa de todo. Aquí pareciese que el Sr. Presidente es la materia inicial del devenir político del país. Sin que ello implique por supuesto, que estemos ante unos opinadores que pasen del mito al logos. Muy por el contrario, pareciese que el «logos» está retrógrado.

Se combinan los caracoles con el tarot de la política, se advierten eclipses y se enciende un tabaco… está vivo, está muerto, está, no está… como si dependiese todo de un sujeto mítico -cual Leviathán postmoderno- centímano para abrazar a más de 2.500.000 de empleados públicos y omnipresente para advertir cualquier desvarío en el tejido vital de la rueca que teje la manta de creación de nuestro país.

Es triste. A 2600 años de tan importante paso de búsqueda de sentido, entremos en una fase de retroceso. Las razones son simples -a mi humilde modo de ver- el presidente no puede serlo todo, no puede hacerlo todo y no debe. Dos; el que no haya entendido que la llamada «revolución bolivariana» es más que Chávez está aún mirando cómo se consume el tabaco para entender el fenómeno. Tres; el que crea que la imposibilidad de que el presidente electo ejerza la posición de cabeza es la tendida del puente para que la oposición tome poder a secas, aún está barajeando el mazo. Y Cuatro; que se piense que los cabecillas están alineados dentro del corpus, más pragmático que real de la revolución.

Hay que entender, como los griegos, la relación del todo con la parte y de la parte con el todo. Hay que comprender que, así como Fidias en el Partenón, el efecto Chávez es el éntasis de esta construcción. Una pequeña desviación en cada columna que hace que la obra luzca perfectamente equilibrada o que a fuerza de repetición se haya creído realmente en una «revolución» política. No obstante, así como el éntasis se basa en la compresión de las leyes naturales de la óptica humana así la mentada «revolución» es el subproducto cultural de la fisonomía chorochapucérica enquistada en nuestra sociedad por la economía rentista-parasitaria.
Algo cierto, Chávez no es Chávez ya. Hace unos años dejó de ser el corpus falible. El tema es cómo la ausencia del corpus redimensiona la significación del personaje como constructo social.

En este sentido debo aludir a otros dos personajes que, sin pretender equipararlos al presidente bajo ningún esquema más allá de la utilidad estética, creo que su simbolismo puede darnos luz en algunos puntos: Sócrates y Jesús. Ambos detractores del sistema imperante, ambos revolucionarios reales del sistema; el primero de la noción de areté y de la vía al conocimiento; y el segundo del sentido de trascendencia y constructor de todo una nueva concepción del mundo. Ambos aún inciertos; Amados y/u odiados. ¿Qué los une? que dejaron obra inconclusa y espacio para la interpretación.

De Sócrates conocemos por Platón y Aristóteles; de Jesús por los evangelios «según»… en este sentido espero que -sin caer en discusión religiosa alguna y siendo católica- se entiende que el «gran proyecto» (filosóficos ambos) terminaron por ser interpretados, escritos, descritos y prescritos por sus seguidores.

Si queremos otros ejemplos podemos usar a Osiris (el emperador egipcio) o a Quetzalcoatl (el homónimo azteca) o sin ir muy lejos al propio Bolívar o Martí. Los dos primeros tampoco dejaron nada escrito como tal y sobre ellos se erigieron imperios; o Bolívar y Martí que ahora opinan de economía, sobre el fenotipo social y se convalidan con su nombre sistemas completamente difusos y anacrónicos.  Como si alguno de ellos fuese poseedor de «La Verdad»… ¿el filósofo rey acaso?

Vuelvo a repetir que no comparo sino ilustro con respecto a las consecuencias posibles. En este sentido, la falta de claridad en el proyecto del «Socialismo del S. XXI» que pareciera sólo estar en la mente del presidente -dado que los virajes siempre han venido de su persona, sea quien sea el que esté detrás- queda en el legado de los nuevos discípulos. La gran pregunta es si va a creerse ahora que sólo algunos pocos son los evangelistas, si a falta de Aló Presidente, el rumbo nacional quedará en nuevos improvisadores. Pues ahí es donde está el real tema a dilucidar. El país se enfrenta entonces a la creación mítica o la dialéctica real de la democracia venezolana del siglo XXI. ¿Cuál tomaremos? ¿Cuál exigiremos? ¿Seguirá logos retrógrado? o definitivamente entraremos en la «astropolítica» basándonos en los designios de los caracoles y las estrellas… Perpetuaremos la construcción unipersonal (o colegiada por intereses más allá del venezolanismo) o asumiremos el rol real dentro de la política nacional comprendiendo el significado del chavismo más allá de Chávez

La Venezuela de los venezolanos por @nancyarellano

«La historia exige una aseveración de verdad surgida del fondo de nuestra íntima experiencia»
Benedetto Croce

La venezolanidad implica una conciencia real de pertenencia a un grupo diverso y fluido. Se entiende como una construcción de más de cinco siglos donde, con profundos cambios sociales a lo interno y externo de nuestra maravillosa nación, hemos erigido una identidad basada en una sola realidad: somos diversos y esa diversidad nos enriquece como un corpus social sólido.

Mucho preocupa hoy día que algunos sectores de la población caigan en la trampa de la «creación» de una subcultura que los defina falsamente como un grupo identitario distinto o -peor aún- que los lleve a auto definirse como mayoría y que aquello justifique falazmente la imposición de formas sociales que contravienen justamente esa cualidad variopinta que nos define. A lo anterior hay que sumar el hecho de que muchos venezolanos, lamentablemente, continúan despreciando a nuestro país y se regocijan al pasearse por tierras foráneas de estar «lejos del caos» que es nuestra patria. Si bien debemos ver aguzando la vista a aquellos que pretenden hacerse protagonistas de la dictadura de la mayoría – como dijera el Sr. Tocqueville- también debemos adversar a los apátridas – o parias- que piensan que criticar al país los hace superiores. Los problemas de nuestra nación son «trapitos que se lavan en casa» y estas adversidades son, en su mayoría, la consecuencia de un actuar diario que nos involucra a todos los ciudadanos del país, no sólo a los grupos en el poder, ni únicamente al resto cuando hay elecciones o se ocupan cargos enunciativos dentro de un consejo comunal o institución de carácter público o mediático.

Las responsabilidades que implica el ser venezolanos pasan por la elección popular, la contraloría social y sigue por la actuación en un carrito por puesto o en la cola de un banco. La civilidad es una noción que tenemos que construir desde niños y que tiene su ejercicio diario y silente en cada actuación de nuestra vida. No se requiere a un tercero que nos perciba o la palestra pública para atestiguar nuestra convicción nacionalista. Si usted quiere un país distinto entonces empiece por decirse como el Mariscal Sucre que «está tranquilo con su conciencia» pero no venga de «aplastar» las libertades del otro o pregone indolente las deficiencias de su entorno, si no se ha tomado la molestia de protagonizar el «pequeño gran cambio» de hacer país. Muérdase la lengua antes de cometer el sacrilegio de desdeñar al país que le ha dado cobijo y futuro, que si usted está donde está se lo debe a Venezuela. Y si siente que Venezuela merece más es porque ella le ha dado justamente ese horizonte amplio para que se responsabilice en alcanzarlo.

Hay que asumir desde el fondo de nuestra íntima experiencia la aseveración de nuestra verdad como venezolanos para construir la historia que queremos sea escrita por las futuras generaciones. Esto no puede ser tarea de un grupo, ni de los actores políticos únicamente; si bien el papel de aquéllos es fundamental en el antagonismo histórico de los diferentes sectores de la política, es en la conjunción de actores políticos y sociales que confluyen los intereses que hacen que la unidad surja de la diversidad y que ésta – principal protagonista de nuestra historia patria- sea la base igualitaria de la necesidad de democracia que, desde principios del siglo XX, se hizo latente y ruidosa en las almas de nuestros conciudadanos tanto como en la labor de nuestros líderes sociales que pelearon férreamente contra los regímenes caudillistas, militaristas y autoritarios.

La Venezuela de los venezolanos es la Venezuela que aspiramos y ésta es responsabilidad de todos los que compartimos la nacionalidad; la partida de nacimiento no es un papel que yace en nuestros archivos, ha de ser la conciencia de pertenencia a un suelo rico en recursos y necesidades de una construcción colectiva que sea el reflejo de nuestra abundancia y diversidad étnica, religiosa y cultural para la meta trazada en nuestra Constitución como proyecto social de liberación continua en y para la democracia.

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Impertinencias de una impertinente en desuso por @nancyarellano

Impertinente: 3. Palabra en desuso.
Curiosidad, prolijidad, excesivo cuidado de algo
RAE 2012.

Probablemente la idea de que alguien “impertinente” sea alguien “curioso, prolijo o con cuidado excesivo” sea algo bastante difícil de comprender a primera vista. Pero es que hay muchas cosas, palabras y maneras que parecieran caer en el desuso; entrañables por demás. ¿Cómo llegar de ser curioso a ser molesto? ¿Cómo algo prolijo -esmerado-  llega a ser “Dicho o hecho fuera de propósito”?

Pues creo ver que en nuestro país -o civilización hispana- el cambio de la palabra “impertinente” es algo muy pertinente de tratar en estos tiempos de excesos, carencias y dificultades. Porque los cambios en la lengua, lejos de ser simples formas superfluas de relación, son muestra del fondo de las relaciones humanas.

Es impertinente el comentar alguna crítica al sistema venezolano, especialmente cuando la crítica no responde a la simple dualidad y afrenta de “buenos contra malos” ¿Pero es que acaso se cree realmente que todo chavista es bueno y todo opositor es malo? (o viceversa, claro está).  Se vuelve “impertinente” el defender a la mal llamada “vieja política” porque “la nueva política” está de moda y, en teoría, “jala más votos” (y hablo de los dos bandos -y subgrupos- que se autodefinen como “lo nuevo”). Es impertinente recoger del pasado las virtudes de grandes hombres que se sacrificaron por el voto universal, directo y secreto; por el voto de la mujer o la descentralización en el país… sólo por mencionar algunas cosas muy evidentes.  Pero sigo siendo impertinente porque eso “está en desuso”.  Me pregunto si los “impertinentes” de la política son en realidad los causantes de que la palabrita pasara del esmero a la molestia. Si los políticos acuciosos y esmerados se veían como impertinentes y era un halago; y ahora son desidiosos porque son impertinentes. (Algo parecido pasó con la demagogia, que lejos de ser “el que mejor dirige al pueblo” es el proceso por el que se “manipula al pueblo” para fines muy particulares) Pero la buena demagogia también está en desuso.

Nos encontramos en un mundo de resúmenes, facilismo y tecnología mayormente usada para la flojera y “golilleo”. Mientras más pasa el tiempo más me pregunto si los valores que nos definieron como modelo democrático y de desarrollo en América Latina alguna vez serán retomados; o si caerán en “desuso”. Algunos piensan que la política es como el formato de distribución musical: ya el disco de 45 está en desuso, el LP o el cassette… pero lo que parecieran que no ven es que la política no es forma, es fondo. No caerá Bach en desuso, ni Mozart, ni la Billos, ni Gualberto Ibarreto.  Las formas siempre cambian porque la cultura es dinámica como las sociedades que la fabrican; pero el fondo, el fondo tiene un núcleo duro que define a una nación. ¿Qué nos define como nación? ¿Qué somos como pueblo?

No llegamos a donde estamos por obra y gracia del Espíritu Santo, ni tampoco bastó el proceso de independencia de 1810 hasta 1826… (que tampoco comenzó en 1810 sino desde 1795 con Chirinos… pero supongo que eso también está en desuso). Un largo trayecto se recorrió y no son “las vedettes” de la política televisiva (de lado y lado) los que pusieron sangre, sudor, lágrimas, intelecto, manifiestos y clandestinidad para lograr los grados de libertad que hoy se poseen. Porque sí se poseen. ¿Que hay peligros que queremos enfrentar? ¿Que hay cosas que queremos defender? Si. Justamente ése es el punto. Hay qué defender. ¿No se preguntan de dónde salió ESO que hoy queremos defender? La ignorancia es un camino que jamás se vuelve a recorrer; por eso es que es tan difícil para Venezuela volver a caer bajo un sistema de injusticias y arbitrariedades. Quizás resulto impertinente pero no me molesta la idea de ser una impertinente en desuso…

Mientras más reviso la historia política de Venezuela más veo ecos en el presente. Parece que el hecho que no se corresponde con las necesidades de la República, está en olvidar de dónde venimos para saber a dónde vamos. Si alguien puede, le ruego me explique de dónde sale la idea esa de hablar de “nueva política” a la que califico de impertinente -y no me refiero a la palabra en desuso-.

Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él.
Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para
lograr descubrir y atraerse sus riquezas.
R. M. Rilke

Que el político sea un pequeño dios… por @nancyarellano

Que el verso sea como una llave
Que abra mil puertas.
V.Huidobro.

Hace casi un siglo (1916) que Vicente Huidobro y otros poetas dieron vida al movimiento creacionista. Una afrenta directa al modernismo que, con Rubén Darío, daba vida a la exquisitez literaria del exotismo y la perfección rítmica y métrica. La búsqueda literaria latinoamericana se centra con él, en la idea de “crear” en el poema; contrario a “importar” imágenes que eran ajenas a nuestra latinoamericanidad; imágenes llenas de vacío para nosotros. Hoy, a casi un siglo, pareciera que el movimiento creacionista recobra vida y con otro sentido.

“Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
El adjetivo, cuando no da vida, mata.”

Dice Huidobro en su “Arte Poética”; señalando que no vale tomar prestados los mundos ajenos para embellecer, diciendo que no vale calificar exhaustivamente sustantivos prestados porque son extranjeros que rondan el terruño y lo empobrecen. Luego nos recuerda en el poema que “Estamos en el ciclo de los nervios/ El músculo cuelga/ Como recuerdo, en los museos/ Mas no por eso tenemos menos fuerza: / El vigor verdadero/ Reside en la cabeza.” Maravilloso verso; porque nos habla de frente para decirnos que no se trata de “cuanto mundo haya” sino de cuanto mundo logremos interpretar con el intelecto, y que el primer mundo ha de ser el nuestro; el inmediato. El que no admira la belleza propia carece del sentido de participación –como diría Szymborska-.

Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!
Hacedla florecer en el poema;

No importemos modelos, ideologías, formas políticas. Para qué hablar de socialismo, comunismo, capitalismo, liberalismo… “Haced florecer el venezolanismo” debemos reinterpretar.

Sólo para nosotros
Viven todas las cosas bajo el Sol.
El Poeta es un pequeño Dios.

Yo diría –si Huidobro me lo permite-

Sólo para nosotros
Viven todas las cosas en Venezuela
El político verdadero
es un pequeño creador en su tierra.

Si no admiramos y nos abrimos a nuestra propia realidad y circunstancia estaremos como la princesa de Sonatina eternamente… “La princesa está triste/ qué tendrá la princesa(…)” Y no hay príncipe que venga a salvarla. Debemos ser nosotros con arpa, cuatro, maracas y un turpial, que nos hable de la mañana. La democracia venezolana es un proceso nacional que debe “crearse” sin matices importados que le hagan torpe y frívolo. En aquel momento, Enrique González Martínez, decía “Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje/ que da su nota blanca al azul de la fuente/ él pasea su gracia no más, pero no siente/ el alma de las cosas ni la voz del paisaje” Venezuela desde los venezolanos.

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Los Pendejos en La Política

El hombre poco claro no puede hacerse ilusiones:

o se engaña a sí mismo, o trata de engañar a otros.

Stendhal

En estos días estaba leyendo variadas opiniones sobre el tema del Estado Comunal. Una de las aseveraciones era que no se trata de cambiar la estructura político-administrativa de la nación sino más bien de complementarla con más “poder popular”. Adicionalmente se señalaba que el empoderamiento de las comunas vierte mayor eficiencia en la administración de recursos que lleguen directamente al Pueblo. Pero ¿Qué es el poder popular? ¿Qué son las comunas? ¿Cómo afectan al funcionamiento del Estado tal y como lo conocemos? ¿Afectan a las alcaldías y gobernaciones? ¿Qué leyes amparan esta nueva instancia? ¿Es constitucional? ¿Cómo me soluciona mis problemas diarios? Son algunas de las preguntas lógicas que, antes que nada, debería responder el propio gobierno; pero además deberían ser las respuestas que los políticos brinden con sustento en el análisis de las leyes involucradas y su pertinencia respecto a la ley máxima de nuestro país: La Constitución.

Desde el ala del Polo Patriótico se han hecho muchos comentarios retóricos, no menos que del lado de la oposición. ¿Y entonces? Pues finalmente el ciudadano de a pie termina con una opinión sesgada que no tiene utilidad real en el quehacer político cotidiano, haciendo virtualmente el papel de “pendejos”. ¿Y por qué virtualmente? Porque pretenden que el ciudadano común sea el “tonto” de la política, al atender –irrestrictamente- a la opinión de los “opinadores profesionales” que versan de lado y lado para sacarle “el coco” a la política y “liderar” la posición de cada lado. No hay salvadores señores. Cada ciudadano debe ser real partícipe de la política en la formación de criterio producto de la información exigible a aquéllos que, dicen, dedican su vida a la política.

¿Por qué usar una palabra como pendejo? Más allá de que el Sr. Presidente haya usado este calificativo en tiempos pasados; la uso con toda la acepción de la RAE. Específicamente cuando se señala: “2. m. coloq. Hombre cobarde y pusilánime. 3. m. coloq. Hombre tonto, estúpido.” Y es que la segunda acepción es lo que se espera del Pueblo; la primera va para con los cuasi-políticos.

¿Pero es que usted está diciendo que las Comunas son buenas? No. No digo eso. Y no lo digo porque crea que todo lo que viene del lado del oficialismo sea malo o bueno; sino porque este particular es deficiente, torcido, falaz y engañoso. Deficiente porque no corrige las ineficiencias burocráticas, administrativas y prácticas de la atención a los problemas locales. Torcido porque no se corresponden los enunciados de las leyes que atañen a la Comunas con el modelo sustitutivo –o complementario- propuesto para dar “mayor poder al Pueblo”; falaz porque en efecto no suma poder sino que resta a la localidad al subyugarlo al poder central pese a decir que es mayor poder; y engañoso porque, lleno de adjetivos “pro-popular”, adversa un modelo de transformación social volviendo la transformación burocrática, operativa y no sustantiva. Es una zanahoria puesta para que el burro ande…

En fin; revise las siete leyes relacionadas con las Comunas: Ley de Planificación Pública y Popular, Ley Poder Popular, Ley Contraloría, Ley Comunas, Ley Economía Comunal, Ley Consejo Federal y Ley Contraloría Social. Luego coteje lo que se señala en éstas versus lo que hablan los pendejos.

De todos modos, estaré publicando el análisis del entramado en los próximos días para que usted tenga una opinión formada al respecto; para que sea auténticamente libre de decidir. Y recuerde, no se deje manipular por pendejadas de cualquier lado, busque ser parte de los que creen y actúan con poder por, para, desde y con el Pueblo. Esto significa: información y criterio que empoderan.

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Democracia Real por @nancyarellano

Mucha gente habla de la democracia como si fuese su hija o su madre; como si le conocieran desde hace mucho tiempo y estuvieran seguros de cómo es, cómo habla, qué piensa. ¿Será la hija pródiga que dilapida sin razón?

La democracia hay que comprenderla como un proceso constante ; un ejercicio diario que, como dice el sociólogo chileno Fernando Mires, “debe estar internalizada en las almas ciudadanas”. La democracia, más allá del simple concepto de “Poder del Pueblo” es una forma de vida, de convivencia.  No puede darse un concepto realmente satisfactorio de lo que es porque en sí misma es lo que se llama un concepto “multívoco” (con diversos matices, no tiene un significado único e inequívoco); pero algo hay que tener bien claro, la democracia de cada país –por aquello de la soberanía y autodeterminación de los pueblos- si bien es distinta, tiene una base clara y definida: La Constitución.

Luego de la cantidad de atropellos históricos que en nombre de la democracia se dieran cita –desde el nacimiento del Estado-Nación hacia el s. XVI- se ha logrado un avance importante, y nada despreciable, en el llamado “Constitucionalismo Democrático”.  Esta corriente surge post segunda guerra mundial y establece un orden claro: la autoridad nacional –sea un sistema parlamentario o presidencialista como el nuestro- está sometida a los límites de la Constitución. Y no se trata de un capricho, se trata de garantizar una protección efectiva del ciudadano frente a la autoridad y de que ningún poder “elegido” es superior al poder del propio pueblo que es poder “pactado”; el real soberano que delega su soberanía –no en el gobierno- sino en la Constitución que luego “da poder” al Estado, que “opera” a través del gobierno para dar vida activa a la nación.

Pero no basta con que exista un “texto” llamado Constitución; para que las constituciones democráticas sean entendidas como tal, se hace necesario que ésta proteja a una serie de valores; que tenga un núcleo duro ético, un código de conducta llamado, en nuestro caso, “Principios Fundamentales” que rigen a la llamada parte “Orgánica o Funcional” –la operativa-.  Muchas personas ven en los Principios Fundamentales una verborrea poética, unas aspiraciones idealistas, una letra hermosa para colocar en la biblioteca y quitarle el polvo de vez en cuando. Allí está el error/horror.

Los principios fundamentales de la Constitución de cualquier país son “el asa de la taza” para poder “agarrar” al sistema democrático del que se trate. No podemos comprender si hablamos de una democracia sustantiva (de nombre) o una democracia operativa (en ejercicio) sin reparar en los valores que propugna la Constitución; esto es, porque, básicamente, esos valores deben fungir de “conciencia” y “amarrar” al poder a la hora de hacer algo contrario al espíritu democrático que queda pactado cuando el Pueblo aprueba la Constitución nacional.

En líneas generales podemos decir que toda auténtica democracia propugna los valores de integración, tolerancia, solidaridad, diálogo, prudencia, equidad, templanza, responsabilidad, perfectibilidad y humanidad. Y no son valores que se digan a priori, sino que han sido constatados como producto de los desvíos de las llamadas “democracias” mundiales. Son producto –a posteriori– de guerras civiles, internacionales o regímenes como el apartheid surafricano.  No se trata únicamente de que “votos” legitimen un sistema; esa es la legitimidad de origen, no la de ejercicio o lo que se llama “gobernanza”. Se trata de que la práctica diaria debe darse en el carril de unos principios que subyacen al valor mismo que es la democracia.

Nuestra Constitución establece como “valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político.” (art 2)

¿Y qué significa eso cuando vamos a hacer mercado? Al ciudadano común estos principios le brindan la seguridad de un suelo firme –no arenas movedizas- para desarrollar su vida en paz.  Hablo de que garantizar la vida significa que el Estado está en la obligación de dar seguridad, de que la libertad se logra cuando trabas sociales -como la pobreza- no impiden que el joven estudie para lo que es bueno; la justicia significa que no puede haber impunidad frente al delito; la igualdad que no pueden imponerse beneficios a un grupo y excluir a otro; la solidaridad significa que no está permitido ser indolente ante la tragedia ajena; la responsabilidad social es que ningún actor corporativo puede “hacerse el loco” con el impacto que tiene su empresa en la vida de un hombre/mujer; los derechos humanos son inviolables, la ética debe regir las actuaciones de los funcionarios; el pluralismo político significa que, sea quien sea gobierno, partidos de cualquier índole o corte político tienen derecho a existir –ser escuchado y actuar como peso/contrapeso en para el consenso-  y la democracia, es el valor supremo que arropa, como señalaba antes, a todos los valores prácticos. 

Pero debo decir, para ser justos, que no se trata sólo del Estado ni del gobierno de turno, se trata de todos los actores civiles, sociales, políticos del país.  Todo grupo político, económico, o agrupación social debe respetar la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político.  El pacto es ése; no otro. Y cuando aceptamos –o nos rendimos- frente a las violaciones de nuestra Carta Magna, somos cómplices de la destrucción de nuestra soberanía como nación, nos convertimos en co-autores del delito de crear el estado anómico –sin normas- en una sociedad que apenas hace 13 años repactó su fundación. 

Esto es un llamado a concientizar quiénes somos, qué queremos y dónde deberíamos estar. ¿Cuándo volverá la hija pródiga? (Que no es otra sino el conformismo y alejamiento del sentido real de nuestra democracia) ¿Dónde está el poder por, para, con y desde El Pueblo apegado a los valores pactados?

¡DOSIS DE FITINA PARA IR A VOTAR! por @nancyarellano

El juego democrático funciona bajo dos premisas: efectividad y posibilidad de alternabilidad.  No existe país alguno verdaderamente democrático donde ambos paradigmas no sean respetados y hermanados. Es decir, cuando un gobierno pierde efectividad se acude a la alternabilidad y, gracias a la alternabilidad, es que los gobiernos respetan las necesidades de eficiencia.

Fue el caso reciente de México, España, Estados Unidos y, en 1998, de Venezuela.   Los partidos gobernantes perdieron su poderío como producto del “Voto Castigo” unido a la opción que ofrecían; pero es absurdo pensar que se debe sólo a la opción que representan que obtuvieron el apoyo de la mayoría. Justamente en la posibilidad de cambio está el Poder del Pueblo para hacernos respetar ante los gobernantes.

En Venezuela pareciera que muchas veces falta esa bendita pastillita de Fitina –que es para la memoria- y que la gente tiene severas dificultades para recordar qué cosas prometen los candidatos y qué hacen luego; así mismo qué responsabilidades y poderes tienen.  Y es que el papel de un dirigente no se limita –y no debe limitarse- a encender a la masa; sino que debe comprender que se trata de responder a las facultades que le son otorgadas. ¿Y cuáles son? Vamos a repasar las más relevantes para juzgar a un gobierno, no vaya a ser que caigamos en el típico error de creer que está sobreentendido:

Artículo 236 de la Constitución: Son atribuciones y obligaciones del Presidente o Presidenta de la República:

1. Cumplir y hacer cumplir esta Constitución y la ley. ¿Si no cumple la Constitución está fallando en su trabajo? Si.

 

2. Dirigir la acción del Gobierno. ¿Si el gobierno no es eficiente es culpa de él/ella? Si. (Salvar a la Patria pasa por obedecer a la Constitución y cumplir con el fin para el que fue “contratado” –electo.

3. Nombrar y remover al Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva; nombrar y remover los Ministros o Ministras. ¿Si el Ministro/a es corrupto e ineficiente el presidente es cómplice? Si.

4. Dirigir las relaciones exteriores de la República y celebrar y ratificar los tratados, convenios o acuerdos internacionales. ¿Es responsable de todos los convenios buenos y malos que se celebran? Si.

5. Dirigir la Fuerza Armada Nacional en su carácter de Comandante en Jefe, ejercer la suprema autoridad jerárquica de ella y fijar su contingente. ¿Es responsable del buen funcionamiento de las FFAANN? Si.

6. Ejercer el mando supremo de la Fuerza Armada Nacional, promover sus oficiales a partir del grado de coronel o coronela o capitán o capitana de navío, y nombrarlos o nombrarlas para los cargos que les son privativos.  ¿Es responsable de los ascensos? Si. ¿Puede manipular a las FFAANN por esta razón? Si.

8. Dictar, previa autorización por una ley habilitante, decretos con fuerza de ley. ¿Entonces puede dictar leyes para atender situaciones muy importantes y para corregir desvíos en nuestro ordenamiento? Si.  ¿Y sería el único responsable de las leyes dictadas por él/ella? Si.

9. Convocar la Asamblea Nacional a sesiones extraordinarias. ¿Puede solicitar al gran cuerpo de la Asamblea a trabajar con él en leyes necesarias para la República, convocando a todos los diputados elegidos popularmente para que las leyes sean expresión de todos los sectores en real acuerdo? Si. ¿Lo ha hecho algún presidente desde 1999? No.

10. Reglamentar total o parcialmente las leyes, sin alterar su espíritu, propósito y razón. ¿Puede entonces precisar el alcance de una ley para darle mayor efectividad? Si.

11. Administrar la Hacienda Pública Nacional. ¿Es responsable del gasto público entonces? Si. ¿Y si se roban el dinero también es responsable? Si.

12. Negociar los empréstitos nacionales. ¿También es el responsable de las deudas? Si.

13. Decretar créditos adicionales al Presupuesto, previa autorización de la Asamblea Nacional o de la Comisión Delegada. ¿Y puede pedir más plata si le falta en el camino? Si.

15. Designar, previa autorización de la Asamblea Nacional o de la Comisión Delegada, al Procurador o Procuradora General de la República y a los jefes o jefas de las misiones diplomáticas permanentes. ¿También es responsable de las misiones diplomáticas afuera? Si.

16. Nombrar y remover a aquellos funcionarios o aquellas funcionarias cuya designación le atribuyen esta Constitución y la ley. ¿Si la gente alrededor no sirve y no la bota es porque así lo decide? Si.

17. Dirigir a la Asamblea Nacional, personalmente o por intermedio del Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, informes o mensajes especiales. ¿Puede comunicarse todo el tiempo con la Asamblea para saber bien cómo van las cosas o comunicarle sus ideas para que estén alineados? Si. Y no como partido político, sino como presidente a todos los diputados para escuchar y compartir todas las posiciones.

18. Formular el Plan Nacional de Desarrollo y dirigir su ejecución previa aprobación de la Asamblea Nacional. ¿Es decir que es responsable de para dónde vamos, cómo vamos y cómo enderezar la carga si algo va mal? Si. Exactamente. ¿Pero solo? No. Con todo el equipo, con la Asamblea, con los gobernadores y alcaldes.

19. Conceder indultos. ¿Puede liberar a aquéllos que han sido condenados injustamente? Si.

20. Fijar el número, organización y competencia de los ministerios y otros organismos de la Administración Pública Nacional, así como también la organización y funcionamiento del Consejo de Ministros, dentro de los principios y lineamientos señalados por la correspondiente ley orgánica. ¿El presidente/ta puede controlar cuántos ministerios hay y qué tienen que hacer para satisfacer las necesidades de la población? Si. ¿Y si no sirven puede modificarlos? Si.

22. Convocar referendos en los casos previstos en esta Constitución. ¿Puede promover cuando alguien no sirve que el pueblo vaya a referéndum revocatorio? Si. ¿Y puede consultarnos cuando quiera sobre leyes o propuestas? Si.

23. Convocar y presidir el Consejo de Defensa de la Nación. ¿Entonces tiene el control máximo sobre la seguridad de la República frente a amenazas extranjeras o internas? Si.

 

Entonces el presidente tiene todos los poderes para resolver la economía, seguridad y bienestar del Pueblo y es responsable por hacer uso u omisión de estas facultades –además de todo el dinero que ingresa por concepto de venta de petróleo-; no podemos pretender que no cumpla con las tareas asignadas por nuestra Constitución ni que evada responsabilidades frente a un equipo que puede remover, ampliar y que debe supervisar. Nosotros no podemos olvidar qué tiene como obligaciones y qué debe hacer con todo el poder conferido, además –teniendo todos los canales para hacerlo- puede gobernar completamente con, para, por y desde el Pueblo.

LA NUEVA IZQUIERDA NO ESTÁ PATENTADA

En el artículo anterior hablé de algunas cosas que vale la pena tener en mente en la construcción diaria –y sin papeles- que es la política y los retos de un mundo solidario. Hablo de izquierda porque, más allá de la clasificación clásica, el reconocimiento del otro como igual es un lazo que tenemos con la izquierda tradicional. Sí, hoy todo es diferente, y podemos sentirnos a gusto hablando libremente… Soy mujer, latinoamericana, venezolana, y tengo voz y voto. Este logro habla de que la nueva izquierda asume nuevos retos más allá de los Derechos Políticos en los Económicos, Sociales y Culturales.

No voy a negar que hay personas que me han tachado de idealista; porque ellos tienden a pensar que la Constitución y  la formación ideológica y teórica del político son “inútiles” frente a los males que aquejan a la praxis política.

En mi caso particular puedo ilustrar el tema de la siguiente forma: la política es como la medicina. No se prepara el médico para atender a pacientes sanos únicamente, sino que se prepara para los males que aquejan al cuerpo humano. En el caso de la política hay que comprender dos cosas: El deber ser y Cómo son las cosas.  Nadie pretende que el juego político se lleve a cabo únicamente en el deber ser; porque justamente a partir de las desviaciones de la teoría a la práctica es que se asumió finalmente que el marxismo ortodoxo es utópico e inviable.  Pero tampoco podemos sumirnos en un pragmatismo absoluto del “como son las cosas” al punto de perder las formas correctas. Sería como si el médico mal preparado extrajese un riñón en vez del apéndice –se da cuenta- extrae el apéndice, y deja al paciente igual sin riñón porque “de todos modos esta vivo”… y luego cada vez que tiene que hacer la operación pues “saquemos el riñón” porque “la otra vez salió vivo. No bien… pero vivo”.  Sería inadmisible que tal cosa fuese una práctica, pero así ocurre en la política.

La gente teme un cambio que hable del deber ser. La gente se vuelve agnóstica y duda de todo negándose a vivir con dos riñones –como debe ser- porque el médico aquél –que opera mal- igual saca “medio vivo” al paciente.

En la política el papel de las generaciones nuevas tiene que ser recordarle a aquellos que “ya tienen callo en la piel” que debajo de ese callo aún se siente. Tienen que recordar que el deber ser es la meta.  Tienen que saber que meterse en política es luchar por servir al otro, y –ante todo- servir a la Constitución.

Nuestra Constitución es muy joven; de hecho, quien haya nacido en 1999 aún no tiene edad para votar. Pero esa joven Constitución es el pacto de refundación de nuestro país. Ese librito es nuestra meta; y sus metas están enmarcadas en un país que es Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político” (art.2)

Además en el art.3 señala: El Estado tiene como fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes consagrados en esta Constitución”

Yo me siento orgullosa de esa meta. Y quiero que todos los venezolanos llevemos en la mente, el corazón y el espíritu (en ese orden) a nuestra Carta Magna cuando vayamos a votar.  No podemos seguir siendo conformistas con los pacientes medio vivos; no podemos seguir pensando que las palabras de nuestra Constitución son letra muerta. Nuestra joven Carta Magna es letra viva mientras nosotros como ciudadanos le demos aire. La política tiene EL DEBER de someterse a las reglas del juego que marca el Soberano quien, en acción directa, actuó en el poder constituyente.  Venezuela es un país que lo tiene todo para ser una potencia, que lo tiene todo para tener paz, seguridad, progreso, estabilidad y un nacionalismo boyante porque tenemos millones de cosas por la que sentirnos orgullosos. Pero necesitamos querernos más como país, querer más a nuestra industria, nuestros suelos, nuestro Estado. Necesitamos reconocernos los unos a los otros venezolanos todos, suficientes y necesarios para lograr la transformación nacional y el cumplimiento de las metas que nos trazamos en el 99.

A quienes lideran en la política: queremos un país tal cual como dijimos que lo queríamos en nuestra Constitución.  No queremos dádivas, sino cumplimiento. No queremos sectarismo sino inclusión y solidaridad. No queremos marramucias sino ética y justicia. Queremos lo que ya –como Soberano- pactamos. No me vengan con que sin un riñón igual se vive; quiero mis dos riñones.  La nueva izquierda no está patentada por un sector, está pactada en la Constitución. Un gobierno con, para, por y desde el Pueblo.