Un cuento político, pero no de los que cuentan esos políticos.

Por: @nancyarellano

 

“Es inútil para las ovejas pasar

 una resolución a favor del vegetarianismo

mientras que los lobos

mantienen una opinión diferente”

William Inge.

 

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La masa ha sido históricamente concebida como rebaño. Los más fuertes protegen al débil o los más virtuosos dirigen a los menos virtuosos. Las ovejas además deben seguir al pastor y el pastor guía la ruta. (Aunque haya algunas ovejas negras por ahí). La política del siglo XXI está en pleno cambio. Aunque haya pastores a los que no les guste, tanto como ovejas que no quieran seguirlos.

Los rebaños multiplican “ovejas negras” que ahora son grises, marrones, beige (e incluso blancas)… con ello, rápidamente el grupo se desintegra y proliferan los pastores sin rebaño que viven de las glorias mesiánicas del pasado. Dan golpes con su bastón y las dos o tres ovejitas que sueñan con ser pastor, le siguen, aunque a veces los golpes de ciego causen una o dos heridas.

Por las noches varias de esas ovejas toman el bastón en sus patitas, mientras el pastor duerme, y se miran y aplauden balando entre ellas. A veces miran al pastor y confabulan derrocarlo, la ovejita más chica vocifera y simula darle golpes en la cabeza mientras éste yace dormido, soñando con centenares de ovejitas que lo seguían antaño.

La oveja más vieja considera la posibilidad de irse con algunas de las fugitivas, pero recuerda la vez que lo intentó y cómo apenas tomó un bastón para arrearlas, lo echaron. — ¡No queremos un nuevo pastor! ¡Queremos ser libres! gritaban al unísono al tiempo que la empujaban fuera del territorio que dominaban, siguiendo las instrucciones de la “oveja negra” líder, que en realidad era blanca.  La oveja vieja regresó con el pastor, simulando que se había perdido. El retorno le costó algunos golpes y mucha resignación porque nunca podría pastorear ovejas — quizás a la pequeña, pensaba.

El pastor por su lado despierta otra vez de mal humor, vociferando que ha sido otro pastor el que le ha robado las ovejas. — Les ha puesto algo en el pasto o en el agua, refunfuña mientras camina en círculos. — no puedo seguir comprando ovejas, porque las engordo y luego ¡cualquiera se la lleva! Así que mantiene flaquitas a sus dos ovejitas conspiradoras que le siguen el trote solo porque sueñan con derrocarlo. Mientras tanto los lobos, derrotados en territorio de fugitivas, miran hambrientos y alucinados, a tres ovejas (una con sombrero y bastón) desde la colina.

Así pasa con muchos partidos políticos. No arrean más que dos ovejitas hambrientas de poder y hartas de ignorancia… ¿Cómo serán los candidatos a las próximas elecciones? ¿Un pastor paranoico a punto de ser comido o el líder de las ovejas negras que ahuyentas lobos?

Continuará…

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