¿Cambiar el gabinete o cambiar la mentalidad?

PPKaída revela la necesidad de ajustes.

Por @nancyarellano

Si se sigue pensando que el problema está en las cabezas del gobierno…se tiene razón, pero igual se falla en el razonamiento. El problema no son los ministros, son sus cabezas. Si se cambia el gabinete, pero no se cambia la mentalidad del gobierno seguirán las insatisfacciones actuales. Todos saben la falta de operadores políticos, la ausencia de partido o que la propuesta Plan País de Peruanos por el Kambio estuvo llena de clichés y promesas “auditivamente” de lujo pero factiblemente difíciles en un país con la conflictividad social y la informalidad que tiene el Perú.

No me cansaré de repetirlo. El gobierno debe definir una Política Nacional de Comunicación Política (PNCP).  Eso implica la creación de canales de comunicación directos y efectivos para echar adelante las medidas que deben tomarse en torno al destrabe de los grandes proyectos y la ralentización económica.  A ello incorporar el papel de los medios de comunicación en función de la PNCP de forma útil; por lo cual no debe limitarse a la colocación de “propaganda política”, sino la explicación directa y verificable (controlable) del esfuerzo del gobierno central y de los gobiernos regionales para dar solución a los problemas centrales del país. Vimos cómo la huelga de maestros sacó a la luz esta carencia; y cómo los niños han sido los mayores dolientes de la imposibilidad de dar respuesta inmediata al conflicto laboral de los maestros con su “patrono”, el Estado.

En pleno siglo XXI, si un gobierno no tiene profesionales en gestión pública entre los cuadros que acceden al poder, está en graves problemas.  Hablamos de que las funciones básicas de los partidos son:

1) Generar candidatos,

2) Generar políticas públicas y

3) Generar cuadros de funcionariado.

Y esos cuadros son el centro de la realidad política del partido que pasa a ser gobierno, porque son los formados para ocupar la burocracia estatal una vez que gana el candidato y son los responsables inmediatos de aplicar las políticas públicas  ofertadas en el “plan de gobierno” con los valores que “vendió” el candidato en la campaña política, para evitar que luego lo tachen de “populista”, “farsante” o “aprovechado” por el fracaso en  la implementación de los planes o por las modificaciones que la tecnocracia, de baja empatía ciudadana, luego aplica.

Esto implica que en el equipo, detrás de toda propuesta política, haya:

1) Diseñadores de Políticas Públicas

2) Controladores de Políticas Públicas y

3) Estrategas de Comunicación Política.

Los primeros son los que evalúan la factibilidad y diseñan el proceso de implementación para producir el resultado deseado. Los segundos evalúan la efectividad y diseñan los programas de monitoreo y corrección (esquemas de medición de gestión bajo el enfoque en resultados);  por lo que establecen las alarmas cuando se rompen los rangos de tolerancia  sobre costos, cambios en materiales, desvíos en los tiempos de ejecución etc. y ,finalmente, los terceros son los estrategas de comunicación, quienes se encargan de mediar con los demandantes de esa determinada política (por ejemplo, reforma en el magisterio), o con los afectados colaterales producto de la implementación de una política (por ejemplo, vecinos de la construcción de una escuela). El comunicador político logra jerarquizar demandas, (establecer preferencias) conectar con el lenguaje de la audiencia/grupo de interés y logra construir con estos planes de acción verosímiles y factibles que se encaucen en la solución de las tensiones, que es siempre el escenario de lo político. Y lo logra, lo logra porque establece canales de comunicación (grupo de interés/ demandantes/ vocerías o liderazgos legítimos); comunica con calma costos de oportunidad (límites en el presupuesto/ concesiones de las partes) y trabaja de la mano con los diseñadores (ejecutores del presupuesto) y controladores de las políticas públicas (identificadores de las tolerancias de desvío presupuestal o reasignaciones).

Pero hay que asumir responsablemente que, en democracia, los grandes controladores deben ser los ciudadanos y los grandes comunicadores los políticos. Así al final se trata del papel de los partidos. Eso es democracia.

Entonces es necesario el empoderamiento ciudadano; que es real cuando se trata de “control sobre la agenda pública” lo que se traduce en legitimidad de ejercicio, gobernabilidad y gobernanza.

En resumen, el diseño y control de políticas públicas son tareas que no puede estar divorciadas de la comunicación política, se arriesga la confianza depositada, y la desconfianza genera miedo y el miedo violencia. Los esfuerzos de la gestión pública deben ser comunicados públicamente (rendición de cuentas) para que el ciudadano apoye o critique objetivamente la política pública. Ese proceso es la real Comunicación Política Transparencia en las finanzas públicas y formación de criterio ciudadano con base medible, no subjetividades… sino preferibilidad por efectividad e impacto. Lo demás, es show mediático.

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