Financiamiento público a los partidos: el mal necesario

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Publicado originalmente el 22 de Marzo del 2017 en @el_montonero

Para terminar con la racha de outsiders

Muchos discuten, en el marco de la reforma electoral, si el financiamiento público es una medida —ya tomada, además—, correcta. La democracia es un camino arduo, espinado, traicionero y voluble; pero es el camino que, hasta ahora, ha brindado mayores libertades y mayores grados de igualdad. La democracia no se decreta, por mucho que la Constitución la nombre como el sistema elegido por el país. No hay forma de fabricar demócratas por decreto, ni ley alguna. La democracia es un valor que propende a conjugar la libertad, igualdad y solidaridad como tres principios claves en la igualdad de oportunidades y el respeto a los derechos humanos.

¿Pero acaso estoy diciendo algo nuevo? No. Lo sé. El tema deviene cuando empezamos a poner en marcha el sistema y nos encontramos con que las reglas del juego no están todas escritas y que hay más, mucho más, que depende de las prácticas de los ciudadanos que de la “prescripción” de las normas.

Podemos tener democracia en el papel y no tenerla en la práctica. Podemos haber firmado los convenios internacionales en materia de DD.HH. y atentar contra estos cuando el Estado incumple su labor o se excede en el uso de la fuerza. Podemos haber tenido elecciones, pero no haber “elegido” (con todo lo que implica la palabra) a nuestros líderes políticos. Podemos tener Estado y recibir la amenaza terrorista, o tener un presupuesto de desastres naturales que fue malversado por algún incompetente. Podemos tener medios de comunicación, y no acceso real a la información… la lista es interminable.

La democracia tiene su base, su piso, en los partidos políticos. No hay sistema democrático organizado, institucionalizado, si no hay partidos. ¿Por qué? porque básicamente los partidos son los ciudadanos que se organizan y se validan como actores políticos. Son el puente entre los actores sociales y los entes de poder. No podemos hablar todos al mismo tiempo, todo el tiempo y en todos los lugares. Por ello los partidos, como organizaciones políticas, cumplen tres funciones: 1) Controlar la agenda pública 2) Generar candidatos 3) Generar políticas públicas. Tres funciones que van de la mano con una transversal: producir cuadros.

Los cuadros son los militantes de los partidos, formados, en los asuntos públicos. De estos cuadros derivan tres tipos de políticos: líderes, burócratas y agremiados. Los primeros tienen su espacio natural en las elecciones para ocupar cargos públicos en el Ejecutivo o el Legislativo, con la función de transformar las demandas sociales en políticas públicas (análisis, diseño, implementación y control) o de crear el marco para salvaguardar la creación o eficiencia de estas (control político).

El segundo tipo de políticos son los técnicos, con conciencia política, que operativizan las líneas estratégicas del plan de gobierno en forma de políticas públicas. Nuevamente las diseñan, implementan y controlan desde los espacios más cercanos de la burocracia estatal (entes, institutos y ministerios). Y los agremiados se encargan de engranar a la sociedad civil para hacer llegar las demandas sociales o productivas a los actores en el poder (Ejecutivo o Legislativo) según el grupo de interés o gremio al que pertenezcan. Nuevamente se trata de análisis y diseño, además de control.

Sin partidos que cumplan las funciones estamos a la deriva de la improvisación. Formar estos cuadros es una tarea titánica, que debe hacerse con independencia de los intereses de grupos económicos o de los políticos en poder. Para ello resulta necesario que el financiamiento público, y el respectivo control sobre el destino de los fondos, sea una realidad.

Ya los fondos están aprobados. ¿Son suficientes? ¿Son usados correctamente? Por primera vez estamos ante esta realidad. Esperemos que el control sobre el financiamiento sea el adecuado y que las estructuras políticas den el salto en términos de cualificación de sus cuadros. A ver si se termina la racha de los outsiders y de las carrozas electorales que debilitan a la democracia. Si seguimos dejando que la plata entre solo para campañas, y de manos de empresas (tipo Odebrecht) seguiremos con partidos que no general líderes, ni burócratas, ni agremiados, sino un montón de mercaderes de la política y unos pocos líderes honestos con las manos atadas.

Nancy Arellano

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