¿Va el renovar? O de la tarea sísifica de negociar con los poderes fácticos 

 

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Cuenta el mito que Sísifo osó retar a los dioses griegos, algunos dicen que les robó el fuego, símbolo de conocimiento, otros que rechazó beber el néctar, ofendiéndolos. Sea como sea Sísifo era de otra generación y trajo consigo la tragedia del castigo eterno: subiría una pesada roca por la montaña, para verla nuevamente descender e iniciar la tarea infinita.

La renovación partidaria, más allá de los partidos tradicionales, la renovación de los partidos como concepción en el siglo XXI puede ser una tarea sísifica si no se aborda con la seriedad y compromiso necesario. En estos días publiqué una video-columna sobre la renovación partidaria, señalando que se trataba de revisar estructura, valores y dinámica pero, a qué obedecen estas tres características. Primero que nada atienden a la relación con el poder. Entendamos primero que el poder es la capacidad de persuasión, como influencia de comportamiento, de la masa para seguir u adoptar las actitudes esperadas por el líder.  Entonces retomando la idea de la renovación partidaria, debemos atender a la configuración social en la actualidad; ¿cómo un partido puede ser puente de demandas de los actores sociales en pleno siglo XXI?

Si debemos revisar en torno al poder, la persuasión ha perdido efectividad desde los partidos, la mayoría de las agrupaciones políticas van al son de los movimientos sociales, sean éstos de índole económica, social o de minorías. Para muestra tenemos lo ocurrido con la Ley Pulpín, Conga y Tía María o, ahora, la presión que existe con el tema de las sentencias en los casos de Violencia de Género con la marcha del 13 de agosto: Ni una menos.  ¿Consustanciación o conveniencia? Cuando los partidos se montan sobre la ola, parece más conveniencia lo que le hace perder capacidad de representar realmente lo que ocurre en la dinámica social.

En este sentido, es que señalo la revisión de la dinámica. ¿Cómo logran los partidos hoy día comunicarse con la peruanidad rural y urbana? establecer dinámicas sociopolíticas es fundamental para ser puente de demandas. No sólo seguir la fila en calle con carteles del partido. La dinámica son los flujos de información, negociación y determinación de estrategias para incidir en la política como escenario. Obedece esto al principio de bidireccionalidad y mutabilidad comunicacional.

Esto, además, no es posible si las estructuras partidarias, paquidérmicas algunas, no se mueven con la agilidad que demandas nuevos tiempos y nuevos medios. En este sentido, revisar la estructura impone determinar dónde estarán las plazas de comunicación donde la dinámica se lleva a cabo y quiénes son los responsables de monitorear y advertir cambios en la estructura social que impulsan cambios en la dinámica. Obedece esto al principio de adaptabilidad estructural.

Así, los partidos, files barcas que persiguen el poder, deben saber cómo lograr crear lazos de empatía, filiaciones que resultan de compartir valores. ¿por qué hablamos de valores? porque para modificar la conducta en función a la prescripción de un líder, debemos confiar en éste. Porque para delegar nuestra voluntad en un representante, debemos creer en su capacidad para ejercer la discrecionalidad. Obedece esto al principio de coherencia empática en axiología política.

Hablar de los partidos es hablar de la institucionalidad democrática pero además éstos deben estar en capacidad de producir líderes, funcionarios y políticas públicas. Es decir, visión de país, burocracia estatal (en el sentido funcional) y directrices claras para garantizar la dinámica armónica en el sentido económico: paz y progreso.

La crisis actual de partidos, por su obsolescencia o su ausencia, es un problema sistémico que debe abordarse con urgencia porque trae consigo la crisis de políticas públicas, de funcionarios y de liderazgo; lo que bien puede ser paleado por los poderes fácticos mientras el sistema arroje, así sea por aborto, cabezas funcionales al mando y consensos con los poderes de hecho. Pero siempre queda a merced de la elección, y de la fortuna, si cada 5 años estaremos a punto de infarto por la amenaza de un outsider que pueda cambiarlo todo o destruirlo todo. El pacto de renovación o se hace con los poderes fácticos o es una tarea inútil. Esto va más allá de los hoy llamados partidos.

El reto es asumir esta tarea de forma responsable. No caer en cambiar caras sin cambiar mentes o poniendo títeres, con una renovación partidaria que se parezca más a una colocación milagrosa de maquillaje que a una tez saludable. Si cayésemos en los trucos de cámara, veremos a Sísifo estirando la espalda para empezar otra vez a subir la montaña porque los dioses seguirán ofendidos.

 

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