Cohabitación en gobierno por @nancyarellano

 

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En estos días de preparar el terreno para la transición de gobierno hemos visto desfilar temas y opiniones por doquier. El papel de la opinión pública y de los actores políticos es de suma importancia para la tarea efectiva de la transición hacia un quinquenio productivo que llene las expectativas de la ciudadanía de cara a consolidar el sistema de democracia de libre mercado.

La discusión mundial sobre las falencias del libre mercado han sido, y siguen siendo, tema de afrenta; vemos cómo en Estados Unidos y España dos opciones con similitudes y diferencias, han puesto de manifiesto las inconformidades con el status quo; así, desde Bernie Sanders hasta Pablo Iglesias.  Ciertamente el modelo de libre mercado debe superar los escollos creados por él mismo; y en este punto quiero ser enfática, creados por él mismo.

Ningún sistema político económico ha creado mejores estándares de vida que la democracia de libre mercado y ningún sistema ha establecido tantos correctivos como la propia democracia de libre mercado; ningún otro sistema ha admitido su perfectibilidad como éste. Desde los años 50 hasta nuestros días las conquistas de derechos laborales, ambientales, sociales y económicos ha tensado la relación de los poderes y ha resuelto, con algunos fallos y retos, la ansiada movilidad social.

El Perú acaba de pasar una elección. Algunos señalan que el 80% del país es “de derecha”. Particularmente no coincido con las cifras por razones varias, empezando porque el fujimorismo electoral no puede interpretarse a rajatabla como una opción de derecha y las propuestas electorales de PPK tampoco. Una cosa es la índole programática del partido, cuando éste lo posee, y otra la comunicación electoral, y aún más la práctica de gobierno. El discurso de derecha no ganó la elección, el discurso contra-izquierda lo hizo en la primera vuelta y el anti-fujimorismo en la segunda, por poco.  Pero tampoco podemos decir que había discursos propios de la derecha o de la izquierda.

¿A qué quiero llegar con esto? Lo que ocurre a nivel cuantitativo en democracia, no siempre refleja el nivel cualitativo. Así, las demandas comunes que se imponen en los sondeos de opinión hablan de una importante expectativa de intervención estatal, muy lejos de la tradicional derecha “minimalista”. ¿Hablamos entonces de una derecha a la peruana? Si el caso es que el concepto de derecha se ha peruanizado y responde en realidad a una centro derecha sui géneris, en términos de garantizar la libertad económica y delimitar asuntos privados, entonces los puntos en común de las diversas opciones políticas pueden ser, aún, más. Porque a toda peruanización sui géneris tendría que venir su pendulación, es decir, la izquierda peruanizada. ¿Qué es esa izquierda? Si debo extraer algún indicio de la reciente contienda electoral la izquierda peruanizada se presenta como un collage de tendencias que van desde la izquierda tradicional trasnacional hasta la centro izquierda progresista cosmopolita; la que, por cierto, reclama las mismas cosas cotidianas. En cada tendencia están los “inventores” es decir aquéllos que quieren crear un Estado diferente, reinventar el agua tibia y ofrecer opciones de reformulación del todo para que haya “algo diferente”. Pero no repararemos en ello.

En la segunda vuelta tenemos más de 1 millón de votos que no fueron adjudicados por inconsistencias (nulos) y más de 4,5 millones que no votó. Básicamente el sistema se definió con el 74,9 % de la población, por lo cual hablamos de una tibia diferencia de 37,5% en cada bando. Y me atrevo a decir que el sistema también se definió en el legislativo con mayoría fujimorista con más de 4 millones de votos.  Es decir, cuantitativa y electoralmente no es proporcional a la realidad hablar de mayorías.

¿Qué impone este escenario? La cohabitación. El entramado político (política como escenario y proceso) impone, bajo la lógica de la política como resultado, zanjar convergencias en función de la legitimación del sistema, la gobernabilidad y la gobernanza. Más allá de las buenas intenciones y discursos, en la generación de leyes y, sobre todo, la simplificación de normas y procesos en función de la Política Nacional de Modernización de la Gestión Pública; en términos de satisfacción de demandas y generación de indicadores de efectividad.  #LaConversaciónInicia.

 

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