En este momento, mientras escribo esta columna, hay básicamente 8.300.000 peruanos que optaron por Keiko y 8.300.000 que optaron por PPK. La diferencia menor a 50.000 votos, sinceramente, debe leerse con cuidado, respeto e interpretarse democráticamente. Van cuatro procesos ininterrumpidos y eso es algo digno de resaltar, pero no suficiente para aplaudir ciegamente. Toda democracia es perfectible y la peruana no es la excepción.

Cuantitativamente puede ganar PPK o Keiko, con mayores probabilidades a estas horas de que sea PPK. Pero con una diferencia de menos del 0,5% su victoria está lejos de ser un mensaje de aprobación mayoritaria y cualitativa, y debe verse como un mensaje de alerta y de necesaria revisión del escenario de fuerzas políticas y de la cultura político-institucional.

La polarización, que he mencionado en mi artículo anterior, cuando hablaba de la asimetría en la motivación política, no deja de ser fuente de análisis electoral y post-electoral. La afrenta podríamos dividirla, si se quiere, en varios grupos:

  • Fujimoristas: Seguidores del estilo de gobierno de Alberto Fujimori, por lo general concebido como pragmático de derecha, populista. Ven, en los logros de los años 90, la única posibilidad del momento y creen que los crímenes cometidos fueron daños colaterales necesarios frente a amenazas más peligrosas como el terrorismo y la crisis económica. Siguen a Keiko Fujimori por lealtad al apellido y reconocen en ella un liderazgo meramente sucesoral.
  • Post-fujimoristas o fuerzapopulistas: Seguidores también del estilo de gobierno de Alberto Fujimori, advierten errores en la gestión de los 90, pero creen que son deficiencias ya superadas y que los culpables están pagando sus delitos, por lo cual el fujimorismo de hoy es un capítulo nuevo. Siguen a Keiko Fujimori como heredera, con personalidad propia, de Alberto Fujimori; reconociendo en ella un liderazgo labrado.
  • Anti-fujimoristas: Un sector no partidario propiamente que ven en el fujimorismo actual una amenaza latente a la democracia. No podemos decir que sea una opción política, pero sí que es un comportamiento político (electoral y de matriz de opinión) que aglutina fuerzas diversas en rechazo al fujimorismo. En líneas generales no reconoce al post-fujimorismo, y cree que cualquier validación de éste implica asentir vergonzosamente a las violaciones a los DDHH y la ruptura del hilo democrático de finales del siglo XX. Apoyan a Pedro Pablo Kuczynski, electoralmente. Dentro de éstos:
  • Anti- sistema: Por lo general asimilado a la izquierda peruana, los anti-sistema creen que el modelo económico y político del Perú debe ser reformado en su totalidad; empezando por la Constitución. Tiene representación en Verónika Mendoza y en Goyo Santos y matices varios dentro de sus tendencias.
  • Demócratas Liberales: Creen que el sistema político tiene falencias importantes y que el establishment político debe ser reformado, renovado y purgado. No cree en cambios económicos sino en el apuntalamiento de la formalización y la eficiencia en políticas públicas. En esta línea estuvo la candidatura de Julio Guzmán que bien podría entenderse como centro-derecha liberal. Pero es una opción que aún no cobra un corpus partidario sólido sino que se ha venido expresando electoralmente en líderes como Guzmán y el propio Pedro Pablo Kuczynski.
  • Progresismo Partidario: La centro izquierda peruana ha estado vagamente representada en el siglo XXI por dos fuerzas, tradicionalmente antifujimoristas, APRA y Acción Popular. No obstante del APRA podemos decir que su antifujimorismo, como agrupación, es electoralmente fuerte y políticamente light; así como las posturas progresistas que se han desdicho orgánicamente desde 2006, lo cual ha favorecido a la opción anti-sistema que ha capitalizado parte del sector de centro-izquierda.
  • Conservadores Partidarios: La centro derecha peruana puede identificarse con el PPC, no obstante gran parte de sus simpatizantes se han inclinado por PPK, de forma utilitaria y al perder el PPC la dinámica de bases. Incluso, cabe señalar que hay parte de los conservadores con el fuerzapopulismo.

En resumen, estamos en un escenario fragmentado, donde la credibilidad de la mitad del país está en juego, y con ello la armonía necesaria. Nunca los países están en perfecta armonía, pero sí en sana tensión.  Apartando el porcentaje radical antisistema, que es menor al obtenido por Mendoza y por Santos, pero eso es otro tema a analizar, más del 80% de la población está de acuerdo en puntos clave del sistema político-económico peruano, no así en la forma de gestionar el poder dentro del sistema, eso es lo que, a partir del 28 de julio, sea quien sea el que ocupe la silla, deberá conciliar para recuperar la credibilidad de las mayorías en la preferibilidad del sistema democrático pluripartidista.

[1] artículo originalmente publicado en http://www.elmontonero.pe ppk-keiko-fujimori-Noticia-708524.jpg

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