En Perú es año electoral. Los latinoamericanos comprendemos este hecho como el momento de “ver y escuchar” a nuestros políticos. En ocasiones, el único momento.  No obstante las cosas van cambiando, guste o no a la clase política.  En este sentido me he vuelto una exploradora de la fauna y flora en estos predios; no sin advertir estos cambios de forma —y fondo— en el escenario. 

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Observo con detenimiento los movimientos en el Perú. Uso el mapa de ruta del Politing, cinco aspectos clave: Las Políticas Públicas que prometen en sus planes de gobierno, La Marca Ciudad (CityMarketing) que esbozan en la concatenación de propuestas, las formas de Comunicación Política que emplean, Los datos que sustentan sus propuestas (Gestión del Conocimiento) y la solidez de su carrera política (Marca Personal). ¿Por qué es importante tener un mapa?  El Politing me permite elaborar una suerte de estudio del terreno para comprender dónde están los fallos y por qué el clima se torna tan bochornoso en algunas latitudes.

Los planes de gobierno, parte esencial de la promesa electoral, suelen presentar fallos básicos. Para empezar, adolecen de segmentación, consistencia y propósito firme por grupo de interés. El tema de los Grupos de Interés es un fallo en todos los Programas,  no los delimitan y se nota a leguas de distancia. Las políticas públicas que se desprenden del programa no son claras y tampoco se entiende cómo esbozan lineamientos que salen de la competencia del ejecutivo para incidir en el legislativo. No están claros los alcances de cada poder y se presupone desde la oferta del ejecutivo la labor del legislativo.  No hay dupla entre Grupo de Interés y Política Pública dirigida y segmentada.

Lo que nos lleva al segundo aspecto. ¿Cómo vemos la creación de Marca Perú?  El CityMarketing / CountryMarketing para el caso del país. Una visión de cuál es el posicionamiento competitivo que se espera del Perú en la región. Todos los planes de gobierno plantean varios aspectos: Educación, Industria, Diversificación etc. ¿Pero para qué? Sabemos que la satisfacción de las necesidades son prioritarias, y lo son. Pero falta en todos los planes articular un sentido propio, qué hace del Perú un país que sea fuente de algo para el mundo. Si el Perú desea posicionarse como un país turístico, minero, agroindustrial, la panacea de la gastronomía o de los textiles. Un plan concertado sobre un fin permitirá que las industrias adyacentes puedan encadenarse oportunamente. Ningún plan de gobierno centra en una nueva industria y de ahí parte competitivamente por efecto helecho. Si alguien me preguntara, diría que el boom gastronómico del Perú ha logrado lo que nadie, armonizar la identidad nacional del peruano. En este sentido, lograr empoderar al sector gastronómico, dotándolo de una red turística, textil, agroindustrial al servicio de la gastronomía sería por demás interesante como proyecto país. Esto haría que existiera un mapa de ruta para el desarrollo de las ciudades, de los complejos industriales y de la tecnología, todas al servicio de un fin: hacer del Perú un deleite de sentidos.

Así llegamos al tercer aspecto: la comunicación política. Los fallos están por doquier. Desde los propios planes de gobierno, como la comunicación en gobierno. Hablo desde las instancias locales, regionales y, por supuesto, nacionales. El peruano común no entiende la diferencia entre actores sociales y políticos, tampoco entiende que la política tiene principal curso en los partidos como vasos comunicadores de inquietudes y requerimientos a las instancias de poder que ocupan sus delegados en gobierno. El papel de la oposición, esencial en democracia, está relegado a la crítica y el reclamo. No hay adhesión a proyectos políticos de liderazgo, ni hay liderazgo en proyectos políticos. De ahí que las militancias partidistas sean tan pequeñas y el transfugismo el pan de cada día. La bidireccionalidad de la comunicación, el uso de los nuevos medios, la activación virtual y el debate público no son constantes porque no hay comunicación política, sino mercadeo de figuración política que no es lo mismo. La debilidad entonces es fallo de poder. Sin adhesión, los políticos no logran incidir en la conducta de los ciudadanos: son impotentes.

Esto nos lleva al cuarto aspecto: Gestión del Conocimiento.  Muchos de los datos en las propuestas son extemporáneos, otras son declaraciones sobre la falta de cifras, y algunas propuestas carecen de data que estime su preponderancia. Por tanto la decisión de priorización de algunas propuestas son meras ideas sin sustento en su ponderación. Una declaración de intenciones como quien escribe una carta para enamorar. El conocimiento es básico, parte de la gente, de la comunicación y de la recopilación periódica de data a través de centros de pensamiento, Think Tanks y/o Universidades. Para ello la clase política debe estructurar esa necesidad de data y la Academia —en cualquiera de sus versiones— debe procurarla.

El quinto elemento y no menos importante, es Marca Personal o la noción de Carrera Política, que pasa por la vida política como espacio de conquista de poder, liderazgo y representación. Cuando un político es sólido, advierte su cuota de mercado ciudadano, la capacidad de incidir, convencer, persuadir y empoderar para liderar. En su espectro atiende a las demandas, encauza propuestas y soluciones, así como límites a los otros actores que puedan perjudicar a su grupo. Por tanto no salta de espacio en el espectro ideológico, menos de partido —o su partido de espectro ideológico—, y crea una reputación que le hace cercano, familiar y conocido a sus seguidores, por lo que confían en él y delegan en él su voluntad popular: el principio de representación y cualidad de reputación.

Con tal que esa es mi radiografía, aún hay muchas tareas pendientes en el escenario, pero debemos abrir el telón porque el show debe continuar. Y si hay alguna candidatura que no despega es porque no procura ser AVE, no busca la Adhesión de Voluntariado Estratégico. Aquél que disminuye el costo político, porque se adhiere a un proyecto y suma voluntades que se traduce en votos.

 

Seguiremos pensando.

@nancyarellano

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