La alquimia del Marketing Electoral es absolutamente dañina para el debate democrático. Y muchos adoran crear “etiquetas” nuevas a viejos productos y les succionan el alma. Y hablo de “viejos” no por descalificar, sino por dar justo valor a la preeminencia de determinadas ideas. Platón plantea el “mundo de las ideas” y “el mundo de los sentidos” en el s.IV aC. Nadie discute eso. Recuerdo que cuando salió The Matrix (la película) se habló de que la creación de la realidad virtual engañosa era el Mundo de Los Sentidos y que la realidad de los cuerpos conectados a la Matriz, era el mundo real o mundo de las ideas platónica. El mito de las cavernas de Platón llevado al sigo XXI. Los hermanos Wachowski habían “innovado” respecto a Platón y con base en Platón, actualizando las teorías para plantear de otra forma lo mismo y hacerlo cercano al público contemporáneo.  Así en política es deseable unos Wachowski que innoven, pero no es lo que domina. Lo normal no es encontrar asesores políticos o secretarías de doctrina que logren actualizar el mensaje esencial que nos define, sino que optan por “mutar” a mensajes “potables” que “agraden” supuestamente a más gente.

 

La política es el arte -o ciencia- de conseguir y mantener el poder. El Poder es la capacidad de un sujeto —líder— para inducir un comportamiento deseado en muchos sujetos contra toda adversidad. La democracia el sistema político preferible, como diría Sartori, para fragmentar El Poder (con P mayúscula) y equilibrar a la sociedad: armonizarla en libertad creando fragmentos de poder a través de la separación de poderes en el Estado, la temporalidad de los mandatos y el pluralismo político, asociado a la tolerancia y diferencia. El capitalismo es el sistema económico dominante a escala mundial, preferible por su coherencia con la psicología humana — y de masas— que quiere que su esfuerzo se vea recompensado. El mercado es el espacio donde se da el intercambio entre una oferta —de bienes, servicios o ideas— y una demanda —de bienes, servicios o ideas— que la sociedad, los grupos o individuos convienen que son necesarias. Una cosa es la política, otra el sistema político, otro el sistema económico y otra el mercado.  Respecto del último se plantea si el mercado es “una inteligencia superior” que se regula a sí mismo. El bendito Laissez Faire. Y se ha concluido que hay fallos, y fallos de mercado que cuestan tiempo, y no cualquier tiempo sino el tiempo de las personas que nacen en ese lugar —o viven en ese lugar— y en ese momento: el determinismo geográfico e histórico. ¿Es justo que una persona esté excluida del mercado porque nació pobre en una zona subdesarrollada? Si la respuesta es Si, No o Depende, empieza la belleza: las ideologías.

 

Las ideologías son sistemas de valores que se admiten como regidores de la forma de actuar de los políticos —o de las personas— cuando se trata de formas de administración del poder en el Estado y el funcionamiento económico son ideologías políticas, cuando se trata de las prácticas sociales privadas por lo general son ideologías religiosas o sistemas de creencias.  En sí una ideología determina y exige “una forma de ser y de actuar” en todos los ámbitos. Lo interesante en política es que la ideología crea “conductas esperables” de los políticos y sanciones grupales cuando hay desvíos. Por eso, para mí , las ideologías en nuestras latitudes son importantísimas. Y en este mismo sentido los partidos son los alberges y templos de las ideologías políticas, logrando consensos y motivando la difusión de éstas, su debate, centrando posiciones de acuerdo al sistema de creencias y convicciones (nunca, nunca, por meros fines electorales).

 

Un sistema de partidos  fuerte ayuda a que las personas con sistemas de valores parecidos de junten, pero además convengan esas conductas comunes y exijan su cumplimiento en la identidad grupal y en su quehacer social y político. Son garantía de representación para la diversidad de grupos sociales en una sociedad democrática. ¡Necesitamos partidos! para que haya debate democrático y garantía de quiénes son nuestros políticos y cuál es el debate en el que usan nuestras voces como principio de legitimidad —como patente de corso—.

 

Las estrategias de Marketing electoral que reetiquetan a las ideologías, las mezclan, las confunden y las hacen potables, “atractivas” como el cuento del ponquecito, la magdalena o quequito, el muffin y el cupcake.  Donde el primero es una masita dulce, el segundo una masita dulce con un papelito lindo, y el tercero con papelito y chispitas de colores. Y la gente los compra por “moda”. Pero en esencia siguen siendo una masita dulce, el mismo quequito. Eso es el Marketing Político electoralista. Una salida a la calle y tropezarse con un atractivo cupcake. Pero… no podemos vivir de cupkakes, pero tampoco debemos vivir sin la posibilidad de tener un cupcake.

Magdalena-muffin-cupcake

En democracia, necesitamos la harina que no solo sirve para quequitos sino para infinidad de cosas más, necesitamos el azúcar, la mantequilla, la levadura, el papelito y las chispas… cada ingrediente —y muchos más—para una construcción social compleja, para muchas recetas, incluido el bendito postre pero con ofertas más allá. Si no, tendremos una democracia de reposteros de verano, personalismos como quien crea una marca de dulces o regenta un negocio a pedido del público, y no de ingredientes con posibilidades infinitas de creación culinaria para todos los gustos. En la interacción de partidos con sistemas de valores (ingredientes) para una especialidad culinaria.

 

Los partidos son propuestas con ingredientes esenciales (valores), la comunicación política puede asirse de armar un buffet electoral con sus ingredientes, pero cuando los partidos son reducidos a ser unas cocinas sin personalidad cuya carta va a la moda, son un peligro porque no se especializan en nada y tendrás a cevicheros haciendo “cupcakes” y el mes siguiente —en el poder— haciendo parilla con carne seca. No esperen una alta gastronomía de reposteros improvisados “a la moda”, ni una política seria de políticos que se acomodan.

 

 

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