Si no ayuda, no estorbe por @nancyarellano

“la verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimiento,

sino el hecho de negarse a adquirirlos” K. Popper

Muchos critican el estado actual de las cosas. Es cómodo criticar, no impone responsabilidad alguna. Lanzar la pelota al otro, o al vacío, es mucho más fácil que crear el equipo de futbol exitoso, ése es otro tema. Así en la política, en la economía o en los medios.

Aun me causa asombro ver a los “masoquistas de la contemporaneidad” que se dedican a criticar a diestra y siniestra con supuesto dolor el estado de las cosas: sufren, pero no hacen nada.  En estos días escuchaba con atención a dos “viejitos” —con todo respeto— de la televisión peruana, hablar desde la “élite” sobre cómo la política y la televisión atraviesan por “su peor momento”. Inmediatamente me causa curiosidad qué papel jugaron estos dos señores en la descomposición que señalan de la política y de la televisión. Me causa curiosidad qué hacen hoy día para mejorar la situación; además, claro está, de hablar.

Luego uno de ellos, ya para aniquilar cualquier respeto hacia el discurso que escuchaba, comenta sobre “la esperanza que Pablo Iglesias, de Podemos, en España le da”. ¿La esperanza en otro? ¿La esperanza en la “indignación”? ¿En la queja “desafinada”? ¿La comodidad nuevamente a través de los grupillos que quieren “lo nuevo”?  Me parece que optan, como todas las élites zombies del siglo XX que deambulan por este siglo, por mirar la realidad desde el balcón donde ellos mismos colocan su “superioridad”, o de olvidarse de la historia que dicen conocer con todos sus “itsmos”.  Dicen comprender que los tiempos han cambiado, pero ¿realmente comprenden?,  porque valoran con viejos sistemas de medidas una realidad de la que no son parte, o no quiere ser parte por mera inercia. Y encuentran, supongo, un placer solipsista en sentirse de “otro nivel”. Entonces no hay cilicio, sino justificación. Es encontrar una forma de supervivencia y visibilidad a través del medio cómodo e inútil de criticar sin proponer. Se anula además la única posibilidad de incidir, que es responsabilizarse por lo propuesto.

Desde una perspectiva liberal, no pertenecen a este gran mercado plural. Por tanto, no están en capacidad de establecer los “benchmarks“. Su propio discurso los excluye de la posibilidad real de incidir; no inciden porque el mercado los excluye al no estar ellos a la altura de interpretar las demandas posibles y efectivas. La serpiente se muerde la cola. Comprender que la esperanza está en “lo nuevo” no es responsable, cuando lo nuevo no es evolución, innovación, sino disrupción y atraso. Nada más peligroso, por los resultados inciertos —o repetidos—.

Volviendo a Popper, “La toma de conciencia de que necesitamos la ayuda de otros conduce a la tolerancia basada en nuestra ignorancia: es el fundamento de la democracia”. Cuando “las élites del Brandy” se dedican a la crítica superficial del estado actual de las cosas, me hacen pensar en la pobre noción de democracia, y los retos que de suyo implica, presente en sus mentes “instruidas”. Recuerdo el caso del venezolano Arturo Uslar Pietri.  Muy versado, muy “razonable” pero ajeno, por no decir incompatible, con el mercado de la democracia venezolana. Ávido por reivindicarse teóricamente en su estatus de superioridad y no por “ensuciarse” con propósito para cambiar efectivamente el status quo: quizás no era su propósito.  Se cita su célebre frase “Sembrar petróleo”, repetida por tantos los venezolanos, y que no fue más que la actualización del pensamiento del Alberto Adriani,  —de quien Pietri, por cierto, fue discípulo— en “El Café y Nosotros” (mayo, 1929): “Nunca se insistirá lo bastante en lo deplorable de la situación de un país cuya economía descansa sobre uno o pocos cultivos”. Adriani despreciaba al petróleo, decía “esa industria es precaria; está en manos extranjeras; es, desde el punto de vista económico, una provincia extranjera enclavada en el territorio nacional“.  Adriani  identificó el problema central del atraso económico en una única razón: “nuestra incapacidad para enfrentar sus problemas de manera racional y científica“.  Ciertamente la industria petrolera no se mostraba en 1929 como la opción sobre la que toda nuestra economía versaría —en el Perú son los minerales—.  Pero Adriani había ya señalado el problema central de la dependencia, y proponía enfrentarlo con diversificación productiva: con ciencia e innovación. ¿Suena familiar? No puedo menos que decir que Adriani hizo lo que pudo, la muerte le sorprende a los 38 años en plena reforma agrícola en Venezuela.

Los problemas de las economías rentistas se agudizan además si son monoproductoras y exportadoras: los shocks económicos. El problema real es que son economías dependientes del mercado internacional, subordinadas de la innovación —del consumo— de los países desarrollados.  El problema no es el sistema, sino cómo lo abordamos.  En la medida en que la oferta de nuestros países esté concentrada en la materia prima, su vulnerabilidad es una constante. No hay auténtica soberanía económica si nos dedicamos a ser proveedores de insumos primarios —sea petróleo, gas, oro, cobre o carbón—  de los países que sí generan la demanda.  El mercado no es ya un simple agregado de necesidades básicas, es la “modernidad líquida” —a lo Bauman— de consumidores que buscan satisfacer necesidades que se ofertan día con día, desde la innovación. Si no innovamos, nos subordinamos. Pero atención, la solución tampoco es tan simple. Y cuidado con quienes, dándoselas de Robin Hood, pretendan presentarlas en fórmulas electoralistas. A los D. Hood Morados españoles, propongo verlos con absoluto recelo. Entienden al mundo por la “mirilla” del siglo XX, vendiéndonos soluciones a nuestros problemas como si del último producto de “Como lo ví en TV” se tratara. Si fuese tan fácil ¿No sería ya un hecho?

Y para cerrar, una vez más Popper, “La sociedad abierta es una en la que los hombres han aprendido a ser hasta cierto punto críticos de los tabúes, y a basar las decisiones en la autoridad de su propia inteligencia”, y basar las decisiones en la autoridad de su propia inteligencia radica en identificar problemas para plantear soluciones, para innovar, para entender las oportunidades en el mercado. Repito, en el mercado. Luchar por cambiar al mercado, trastocar el sistema, es una estafa. La globalización económica, tecnológica y de las comunicaciones, no es una forma de hablar, que se niegue con palabras, o reversible a través de medidas locales, es un hecho que tomó lugar a escala mundial. El tiempo pasado no fue mejor, simplemente pasó. Quien que no mire hacia adelante es un subordinado más, quien puede elegir ser un masoquista, del presente. O un estafador que estorba, habla, y habla, del futuro al que no sabe cómo llegar porque no está, no realmente, en el presente.

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