“…con el pasar de los años he descubierto que el exceso

de información es peor que la escasez.

Ahora los temas cambian continuamente.

El interés de las personas fluctúa con enorme facilidad.”

Zigmunt Bauman – El País 19/08/2012

Vivimos en un mundo interconectado. Las migraciones se suceden sin restricción alguna, o casi. Amanece, y nuestro marco de influencia es otro.  No en vano Bauman, sociólogo que respeto, señala que estamos ante la era “líquida”.  Una realidad que ya no obedece “estándares”, porque éstos cambian a una velocidad angustiosa, aquélla que impone la lógica de la sociedad de consumo. El siglo XXI está marcado por la cultura de “tienda por departamentos” objetos, accesorios, gadgets, ideas y personalidades que nos seducen con sus ofertas y que nos confrontan al sentimiento constante de insatisfacción y obsolescencia; con casi ningún reparo en por qué la “nueva propuesta” realmente “supera” a la anterior.  “La simple novedad” …manda.

 

El escenario comunicacional del 2.0 se presenta como una realidad inmediata y como una ventana -más presente que nunca- hacia el mundo.  No pasaron horas, ni una, para que desde todas las latitudes se empezaran a filtrar comentarios, información y noticias sobre los hechos de París.  Tampoco pasó mucho tiempo para que se hicieran eco de las elecciones legislativas venezolanas, o sobre los “resultados” de la COP21 en términos de limitación de emisiones y aportes de los países desarrollados.  Esto sin reparar en las “tendencias” locales y las noticias nacionales, así como las costumbres “mediáticas” del momento: la farándula y los memes. La política navega, con los motores apagados, al ritmo de este caótico mar de tendencias y novedades.

 

Perú no es la excepción. El escenario peruano sigue dudosos caminos. Las principales candidaturas no muestran nada innovador, ni distinto, sólo se mueven. La “tienda por departamentos” de la política peruana reetiqueta viejos productos.  La “angustia” tiene más que ver con la apatía que con una sinfín de ofertas novedosas.  La inercia y la resurrección  se alzan como banderas. Keiko tiene a sus fieles seguidores “heredados” haciendo barra. Toledo sigue capturando la atención de los clientes del espectáculo. Y PPK ya se rodea del clientelismo que tiene sus “cheques post-fechados” desde la elección pasada, con una rigidez y falta de verbo político que lo hacen inaccesible para los sectores mayoritarios.  Todos, a excepción de la Sra. Fujimori, sobrepasan los 60 años, y se nota. Sin embargo la propuesta “AlberKo” (Alberto y Keiko) tampoco es jovial.  Todos siguen apostando al personalismo, la figura del César (o Cesarina) que vendrá a resolver los males de la sociedad. El Mesías que comprende cómo encauzar el caos del Perú. La reciente alianza anunciada entre el APRA y el PPC se muestra bien como “dos abuelitos que se mudan a vivir juntos para no morir solos” o como una profunda reflexión de puntos de encuentro entre dos partidos que son instituciones en el Perú; si es la última, deben reforzar su comunicación política y electoral. Espero que se trate de ésta.

 

Entre los candidatos del menor al 5% hay de todo. Más caras resurrectas, más de las tendencias continuistas. Una que otra diferenciadora pero sin el “punch” que requieren estos tiempos de sobreexposición a la información.

 

¿Alguien aparecerá a hablar desde el s.XXI? ¿Será que el Apra y el PPC serán los protagonistas del viraje de la oferta política del Perú? Sería grandioso que dos de los protagonistas de la política democrática del s.XX realmente trasciendan y reescriban los escenarios.

 

Hace unos días leía un post de una profesora venezolana, ella argüía que no entendía cómo en Latinoamérica, esta región tan versátil para las creaciones culinarias “fusión”, tan dada para la generación de propuestas desde la síntesis del “viejo” y “nuevo” mundo (Europa y Estados Unidos) no haya logrado apostar a resolver los problemas de la afrenta “capitalismo” vs “socialismo”.  El exceso de información quizás nos está paralizando. O siguen mediando los viejos intereses, el electoralismo y la visión pacata y egoísta del poder.

 

Quisiera creer que, más allá de las figuras, encontraremos en enero unas campañas que pertenezcan a nuestros tiempos, atractivas para los jóvenes que representan casi el 50% del electorado peruano. Que limiten las informaciones, y apuesten a la formación de criterios. Lo necesario y suficiente.

 

Unas campañas que hayan optimizado presupuesto y verbo, y que desde las bancadas tradicionales se atrevan a apostar por la renovación de estructuras, la ruptura de las versiones modernas de “Saturno devorando a sus hijos” de los líderes de los partidos. Campañas que trabajen las propuestas por grupos de interés, que trabajen la comunicación de políticas públicas, la idea de las ciudades como “hechos económicos y sociales”, que reevalúen cuáles son los mercados competitivos para el Perú, que promuevan la cualificación para la industria peruana. Campañas que comprendan que “seguridad” es una noción prospectiva, que “educación” es un concepto de competencias y asimilación laboral. Finalmente que se trata de “calidad de vida” para el ciudadano y “sostenibilidad” para las instituciones y planes, de movilidad social y garantía de acceso a las oportunidades. En fin, de lo que ya la profesora venezolana hablaba: encontrar la solución entre el socialismo y el capitalismo. Comprender políticamente las lógicas económicas y la fragmentación del poder como una oportunidad de alianzas coopetitivas.

 

Ojalá que en enero de 2016, algo del s.XXI tome lugar en los titulares de las páginas de política, y no sólo en el Perú. Menos información y más formación para la democracia.

 

 

 

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