Nunca he sido capaz de poner verbo al odio

He sufrido decepciones innombrables.

Injusticia.

He visto cometer crímenes.

Y nunca he puesto verbo al odio,

a mis contrarios he deseado fortuna,

no por bondad, sino por egoísmo.

Que el destino le depare remanso,

—así distraen sus ansias de destrucción—

Pasarán de largo por la montaña

sin reparar en sus flores cercanas

persiguiendo estrellas fugaces.

Captura de pantalla 2015-12-31 a las 7.21.07 p.m.

No saben ver la belleza— y no me importa—

esa queda para los amigos.

He escuchado la voz del odio pronunciar mi nombre

— provoca tristeza ver un alma oscura conjugando verbos en solitario—

 

Hay soledades acompañadas que hablan de fe ante cristos carbonizados en su ira.

Mi tristeza espero pase cuando les resuciten los reales

que deambulan ignorados en una tarde gris.

Entonces no serán códigos

—Templos —

—O palabras—

las que sacien la sed de armonía que sus espíritus claman.

La fe no está escrita, se vive —y la tengo—

Espero que en este 2016 la miseria salga de viaje,

y los amigos celebren el regreso de los prófugos.

Anuncios