Te veo desde lejos y no puedo tocarte

no se trata de la distancia de los cuerpos

se trata de algo más.

Te veo desde lejos, y no sé cómo nombrarte

a veces carezco de voz

o de recuerdos.

Te veo desde lejos, y no me reconozco

lanzo la puerta y cierro con llave.

¿Para qué?

para salvarme de la cercanía

para dejar la fragilidad

para sumirme en las formas cotidianas

de tranquilidad de cortes de cabello,

de revistas, de televisores, de expectativas.

Te veo desde lejos, y me vuelvo sombra,

una nueva interrogante empozada en mi…

No sé…

A veces, creo que no sale sino de mi,

otra forma más de concurrencia al olvido.

Te veo desde lejos, y no puedo alcanzarte.

Y aclaro: hablo de mí ante el espejo.

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