Es la pregunta incesante que muchos, al mirar las cifras de las grandes casas de subasta, se preguntan.Y quienes, por una razón no simple, advierten a responder en acto. Sin palabras: los artistas.

Más de 10 años estudiando arte; y sigo interrogándome sobre la respuesta. No es mentira que hay indicadores claros de cómo debe preciarse una obra. Pero qué hace que una obra hechice, qué hace que el arte sea arte es la pregunta que queremos abordar. Y esta interrogante se hace más ardua cuando abordamos el arte del siglo XX y XXI. Houser, en su célebre libro “Historia Social del Arte y la Literatura” señala (con motivo del arte moderno) el abandono del argumento, del motivo artístico, la eliminación del héroe, el prescindir de la psicología, el “método automático de escritura” y, sobre todo, el montaje técnico y la mezcla de las formas espaciales y temporales del cine. El nuevo concepto del tiempo, cuyo elemento básico es la simultaneidad, y cuya esencia consiste en la espacialización de los elementos temporales, en ningún otro género se expresa más impresionantemente que en este arte joven, que data de la misma época que la filosofía del tiempo de Bergson. La coincidencia entre los métodos técnicos del cien y las características del nuevo concepto del tiempo es tan completa que se tienen el sentimiento de que las categorías temporales del arte moderno deben de haber nacido del espíritu de la forma cinematógrafica, y se inclina uno a considerar la película misma como el género estilístico más representativo, aunque cualitativamente no sea quizá el más fecundo”La simultaneidad. Es el rasgo que Hauser atina a señalar como una de las características de nuestro tiempo (y eso que no hablamos de la era Blackberry). Al finalizar su libro Hauser nos dice que “El problema no es limitar el arte al horizonte actual de las grandes masas; sino extender el horizonte de las masas tanto como sea posible. El camino para llegar a una verdadera apreciación del arte pasa a través de la educación. No la simplificación violenta del arte, sino la educación de la capacidad de juicio estético es el medio por el cual podrá impedirse la constante monopolización del arte por una pequeña minoría.”¿Acaso hablamos de que es arte lo que la clase poderosa llama arte? Pero cómo podemos aseverar esto en un mundo donde cada vez hay más galerías, salas de exposición, libros, etc… Básicamente porque aún sigue habiendo un gran modulador: El mercado. Y como señalába en alguna entrada anterior el Sr. Mercado (al menos en el campo del arte) es “leído” a través de lo que digan las grandes casas de subasta. Al hablar de las grandes casas; hablamos de un “pequeño grupo de gran poder adquisitivo” que precia un tipo de arte sobre otro al entrar a luchar fieramente chequera contra chequera. Sí es cierto que hay una gran apertura para entrar en el mundo del arte. Pero también que para ser realmente preciado requieres de un buen plan de marketing, y recursos con los que sufragar exposiciones y materiales. Siempre pueden encontrarse los “fenómenos virales” pero son “fenómenos” eso hay que acotarlo y resaltarlo.Hay mucha cuerda que jalar aún en el tema del arte;porque prolifera en muchos lugares y alimenta a pocos. Al menos en latinoamérica aún adolecemos de carencia de espacios realmente idóneos para promover el desarrollo artístico: hablo de espacios físicos, libros, revistas, espacios televisivos. Formas de promover abiertamente las propuestas estéticas y educar (como señala Hauser) a la masa.El arte es objeto único. La pregunta es ¿Debe serlo? ¿En qué radica su unicidad? Estas preguntas la dejo para el próximo post.

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