Café Trágico

Café trágico
Por Nancy Arellano S.

Están en un café dos hombres, sentados en una pequeña mesa, el de la derecha fuma, el de la izquierda sostiene un cuadernito de notas y bebe un poco de café; el primero precisa:
− No hay posibilidad de hacer tragedia. ¡Lo digo y lo mantengo! Es más, ¿qué dijo Aristóteles? “la tragedia es la representación de una acción memorable y perfecta, de magnitud competente, recitando cada una de las partes por sí separadamente, y que no por modo de narración, sino moviendo a compasión y terror, dispone a la moderación de estas pasiones. Llamo estilo deleitoso al que se compone de número, consonancia y melodía”
− ¿Y?
− ¿Tú crees que hoy hay obras que hablen de acciones “esforzadas, perfectas, grandiosas? ¿tú crees que hay catarsis en quien observa el arte? La tragedia vive de la experiencia del que la ve. Si no hay “relación” y “sensación” no hay tragedia. Un público indiferente mata a la tragedia.
− Yo creo que sí la hay. Porque si no, no habría arte.
− Recuerda a Wilde, “la pura modernidad de la forma siempre es un tanto vulgarizadora” Estamos ante la pretensión de que el arte es útil, la gente quiere hablar de la realidad a través del arte, denunciar, contraponerse… y el arte no puede servirse de ello. La tragedia, por tanto, ha perdido valor, o nosotros hemos perdido el valor de la tragedia. No hay acciones memorables y perfectas en la vida moderna. No hay fatum porque Occidente nos ha dicho que tenemos el control del destino. Las leyes universales, los ideales supremos, no se alzan para hacerse sentir. El círculo no se cierra en la modernidad. No puede haber tragedia entonces. (lee) “El arte comienza con la decoración abstracta, con un trabajo puramente imaginativo y placentero que maneja lo irreal e inexistente(…) el arte toma a la vida como parte de su materia bruta, la recrea y la remodela en formas inéditas, es absolutamente indiferente a los hechos, inventa, imagina, sueña, y mantiene entre sí y la realidad la barrera impenetrable del estilo bello, del tratamiento decorativo o ideal” ¿Acaso no son Prometeo, Edipo, Medea, Zeus, Hefesto, Jerjes, Atenea personajes superiores? ¿Acaso no te atreverías a decir que son ellos modelos de virtudes? ¿Y que también son ellos modelos de defectos? Y es que “el objeto del arte no es la verdad, sino la belleza compleja”. Y eso, eso es lo que hemos perdido. La capacidad para mirar más allá de lo existente, de admirar absolutos. La fuerza que hay en el carácter propio que lleva al pozo de la destrucción y de la creación.
− ¿Y por qué crees que ha pasado eso?
− Por la tecnología, por el positivismo, por la racionalidad al servicio de la llamada “calidad de vida” y porque la “calidad de vida” se ha relacionado con la eficiencia, con la producción, con el dinero y el dinero, trae la necesidad de matar al tiempo en los medios y no en los fines. Porque el “otium humanístico” se ha perdido. Porque esta discusión que tú y yo sostenemos no es posible sino hoy, sábado, en la tarde. Porque no tenemos tiempo para la “poiesis”. Porque nadie celebra las creaciones y porque el arte-denuncia ya no habla del arte-moralizante. Y el arte-moralizante, ése que abarca a la tragedia, no puede tomar curso si está ante un público impasible, ante un mundo que no sabe sentir el arte, vivir el arte, amar y odiar el arte. La gente está en el teatro leyendo los correos en un Blackberry, recibiendo llamadas, comentando cosas, pensando en el carro, en la cola. Es más, se llega al final de la obra, y la gente corre para pagar el ticket primero porque no se dan el tiempo para sentirla, para dejar que los poros terminen de absorber lo que queda en el aire luego de la puesta en escena. ¿Cómo pueden hacer catarsis si no brindan el alma a la obra? El mundo moderno padece la ausencia del alma.
− Pero bien podríamos recuperarla.
− Quizás. Tal vez el arte pueda volver a alzarse. Quizás podamos comprender que esa multipolaridad es nuestra tragedia. Tal vez algo estremezca tanto al hombre que recupere la sensibilidad necesaria para ver más allá de lo presente, algo que lo devuelva a sí. Allí recuperaremos a la tragedia y al arte.

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